logotipo

img_google
Khayman en la Ciudad
Comentarios sobre la vida
Acerca de
Se trata de una columna en la que me gusta publicar mis impresiones acerca de la vida, el sexo, en fin, muchas cosas, ..."Disfrutenla"
Sindicación
 
Hogueras 2008 (parte I).
Cada localidad vive las fiestas locales de una forma diferente en función de las personas que conforman su población. Como bien ya he comentado hace un par de años, aquí la festividad “estrella” son las hogueras de San Juan, aunque a veces no termine de entender su significado.
Para empezar se les prende fuego a las hogueras en la noche siguiente a San Juan, ya que se hace en la media noche del 24 al 25, y no como debería de ser y cuando se hacen en las demás localidades que celebran el solsticio de verano o la noche más corta. Que para algunos directamente es inexistente.
Otra de las cosas que conlleva dicha celebración, más allá del acto purificador del fuego que estaba al origen de dicha fiesta, es el consumo en cantidades industriales de alcohol. Que además está permitido en las calles, por lo que hay que tener cuidado con donde ponemos los pies, no sea que no llevemos una desagradable sorpresa.
Pero no todo tiene por que ser malo, aunque a primera vista así lo parezca. A continuación os voy a relatar, rompiendo un poco la dinámica que suelen seguir mis artículos, lo que me ha sucedido en estos 4 días de fiesta.
El planteamiento inicial, elaborado unas semanas antes, era interesante y tenía buena pinta. Aprovechando que me quedaba sólo en casa iba a invitar a Mr. C. y a una pareja de amigos a quedarse en casa y así podríamos ir a la playa y luego por la noche salir de marcha. Al menos eso el fin de semana. Había previsto las rutas de los autobuses y de los tranvías para que pudiésemos pasarlo bien, beber y no preocuparnos por las multas y sobretodo por dónde íbamos a aparcar, ya que media ciudad estando cortada al tráfico, la tarea de dejar el coche iba a convertirse en una odisea.
La semana de las fiestas, siendo que todo empezaba el viernes, las cosas comenzaron a perder el impulso que llevaban. Lo primero fue que Mr. C. cogió un buen trancazo, a saber de dónde, el cual no se mejoró cuando se fue a su caseta a regar y le dio un ataque de alergia como pocos vistos anteriormente. Por lo que hasta el jueves su asistencia estaba comprometida.
Siendo que él era de los que no iban a beber y podía coger el coche, la alternativa tranvía quedaba suspendida, y más aún cuando me confirmó que no podría venir, puesto que estaba demasiado mal para salir de su casa. Cosa que luego comprobé que no era del todo cierta.
En cuanto a mis otros dos amigos, hasta el sábado por la tarde no tuve confirmación de que íbamos a salir esa misma noche. Lo cual me dejó en cierta duda y tuve que recurrir a planes alternativos, que finalmente no vieron la luz.
Pero vamos por partes, antes del fin de semana, ya había elaborado un plan alternativo para la noche del lunes, siendo el martes siguiente festivos, y había quedado con mis ex compañeros de trabajo, donde yo estuve trabajando durante un año y medio. El plan era encontrarnos en el centro a las once de la noche los 4 con aquellos amigos que quisiéramos llevar para salir de fiesta.
Así pues, el sábado por la mañana, exceptuando la asistencia de Mr. C. (lo cual me resultó bastante molesto), tenía todo bajo control. Por lo que aproveché que hacía un buen día, para prepararme algo de comer e irme a pasar el día en la playa. Antes de salir de casa le mandé un mensaje de confirmación de la hora a mis amigos y me fui.
Sobre las 4 de la tarde, al no tener ninguna noticia de ellos, tuve que recurrir a esos dichosos planes B, que fueron mandar un mensaje de “¿sales esta noche?” a varios amigos y conocidos con los que no había quedado desde hace meses. Sólo uno me respondió comentando que él y sus amigos iban a salir por otra parte, pero que querían pasar a ver las hogueras, por lo que a las nueve de la noche me llamaría a confirmar qué iban a hacer. Al menos la alternativa estaba lanzada. La putada es que nunca más se supo de ellos.
A las seis me llama mi amigo a decirme que habían quedado para ir al cine a las diez, a ver Sexo en Nueva York, y luego salir de marcha, que como habíamos quedado en salir juntos que me fuese con ellos, lo cual me daba tan sólo 3 horas para recogerlo todo, volver a mi casa arreglarme y después coger un autobús e irme al centro. Puesto que no tenía más opción fue el plan que decidí seguir.
Para variar decidí no vestirme como siempre que salgo de marcha, es decir con vaqueros y camisa, sino por el contrario ponerme algo más sugerente, como unos vaqueros vintage y una camiseta de tirantes negra que deja poco a la imaginación. Cogí el autobús no sin antes llamar a Mr. C. para comentarle lo del cambio de planes ya que habíamos en hablar esa noche y no iba a ser posible. (sobretodo porque cuando no respondo enseguida a sus llamadas ya se cree que estoy con quien sabe quién).
Después de 6 llamadas perdidas, conseguí que me llamase. Por lo visto estaba demasiado mal para bajar a verme y salir de marcha pero no para irse a su caseta a regar y a que le picasen los mosquitos. Lo cual no hizo más que echarle aceite al malrollo que yo ya tenía con esa situación. Por lo que decidí que independientemente de ello, iba a pasármelo bien esa noche, cueste lo que cueste.
De la película no voy a hacer muchos comentarios, sino simplemente decir que al igual que la serie tiene sus momentos buenos, de risas, de carcajadas y los de lagrima fácil, todo entremezclado con nombres de costureros caros y zapatos de moda. Pero como toda comedia romántica tiene un final feliz, lo cual en el estado que yo estaba no era lo más apropiado, ya que desgraciadamente no creo que mi vida tenga un final tan de película como esa serie. Por lo que al salir del cine, de lo único que tenía ganas era de encontrar un garito donde el alcohol no costase demasiado y poder beber hasta perder la noción de la realidad.
Estuvimos en dos locales donde lo vendían a litros, aunque algo caros, y uno de ellos con un sabor por lo poco extraño, lo cual me dejó pensar en que al día siguiente la resaca iba a ser monumental, pero algo de lo que no me quería preocupar hasta llegado el momento.
Se ve que los efectos del alcohol hicieron mella en mis dos amigos, ya que al dejarles la amiga de uno de ellos, empezaron las hostilidades entre ambos. Todo comenzó con la típica broma de “como estamos borrachos vamos a llamar a nuestros exs a molestarles”. Cosa que todos sabemos que no hay que hacer bajo ningún concepto. Pero claro, si no hay nadie que te lo impida o te haga entrar en razón, pues terminas sucumbiendo a la tentación y marcas el número prohibido, del que todavía no te has olvidado. Lo cual es curioso, porque no te acuerdas de la clave de la tarjeta, del código pin del móvil, que ambos son de 4 dígitos, pero sí de un número de teléfono que son 9 cifras.
Total, que mi llamada a Mr. C. no tuvo mucha relevancia, pero parece ser que la que hizo mi amigo al suyo sí, porque su pareja no se lo tomó demasiado bien. Lo cual en su momento no conseguía entender ya que hasta ese momento parecía que las cosas iban bien entre los dos. Entonces empezó la guerra fría. Primero mi amigo quejándose de todo lo que le hacía el otro cuando no había gente por delante, luego con insinuaciones e indirectas, y para terminar con no tan indirectas dirigidas a la yugular del otro.
Llegado un momento, debo admitir que como amigo no me he comportado bien, y siendo egoísta, yo ya tenía bastante con lo mío como para tragar lo de los demás. Lo cual en un momento normal puede que hubiese dejado pasar, pero con los efectos del alcohol no iba yo a dejar que me aguaran la noche, por lo que en un momento en el que ambos casi se van a las manos, debido a un comentario que hizo mi amigo respecto a su pareja y su falta de interés por él, decidí pasar de ellos e irme por mi cuenta, sabiendo que mi amigos Smirnoff no estaba muy lejos.
Y eso hice, me metí en un local donde había gente conocida y me quedé ahí un buen rato, con la copa en la mano. Hasta que uno de ellos, ahora ya no recuerdo cual, me encontró y me comentó que estaban esperándome fuera. Desgraciadamente ya había terminado casi toda la bebida, por lo que salí a ver qué tripa se les había roto esta vez, y me los encontré en la calle, con cara de pocos amigos, uno de ellos con unos morros hasta el suelo y el otro demostrando una alegría demasiado exagerada de haberme vuelto a encontrar.
En vista de que no me iba a ser posible escaparme de esa situación, y de que por lo visto no habían resuelto sus conflictos personales opte por hacer de consejero matrimonial, en un estado de embriaguez algo curioso.
Por suerte mi amigo encontró a una amiga suya o algo así en mitad de la calle, por lo que se puso a hablar con ella, y yo aproveché la situación para hablar con su pareja e intentar que entrase en razón. Más que nada porque si nos habíamos quedado los dos a solas delante de la puerta del local, de algo habría que hablar. Después de unos minutos generando un monólogo él se decidió a hablar, o por lo menos a contestarme algo más que un asentimiento con la cabeza. Según él, mi amigo es una persona demasiado idealista y romántica para que permita los fallos que él comete, y no valora en absoluto la relación ni los esfuerzos que hace su pareja para que sigan juntos. Puesto que es algo que yo desconozco, mi consejo fue simplemente que ambos tuviesen paciencia, y puesto que él había descubierto lo romántico que podía ser mi amigo (demasiado para mi gusto, ya que no permite el más mínimo fallo), le dije que era él quien tenía que valorar la situación, y que si realmente le quería como decía hacerlo, tener paciencia con mi amigo.
Después de unos 45 interminables minutos de comedura de cabeza, mi amigo decidió volver con nosotros. Con la excusa de que quería salir conmigo y divertirse, y que el otro le importaba un pimiento. Ahí la gota colmó mi vaso, por lo que en vista de que ninguno de los dos quería dar su brazo a torcer, nos fuimos a la estación y los metí en un tren de vuelta a su casa, de donde nunca tendrían que haber salido, como dice mi amiga Raquel.
Me fui a dar una vuelta yo solo antes de irme a mi casa, y me entretuve en el camino de forma que acabé volviendo a mi casa sobre las 8 de la mañana. Con algo de resaca y dolor de estómago. Pero como al día siguiente no tenía planes ¿que más me daba?
 
Falsas Apariencias
Muchas veces la respuesta a ciertos comportamientos la podemos encontrar simplemente mirando en la naturaleza. Ahí es donde aprendemos el por qué de la forma que tenemos de actuar muchas veces, sobretodo relacionado con lo que pretendemos mostrar a los demás y lo que realmente somos.
Para empezar he de reconocer que eso de ir de cabrón funciona a las mil maravillas. No se trata de hacerle daño a la gente pero si de aparentar ser un chico malo. Por lo tanto las apariencias muchas veces engañan, pero como el fin justifica los medios, una vez que has pillado lo que ansiabas, ya da lo mismo que vean como eres realmente, y que detrás de esa fachada de malvado está una persona normal o incluso buena. Porque sabes que cuando el veneno ya lleva tiempo actuando en el cuerpo de la otra persona, llegará el momento en que no se pueda desprender de ti. Y ya le dará igual como seas.
Si nos fijamos en la naturaleza, ¿cuándo descubrieron las mariposas nocturnas que aparentar ser un búho era un éxito contra los depredadores? ¿Por qué algunos animales tienen una mala fama infundada? Y sobretodo ¿por qué otras especies se aprovechan de esa fama para vivir bajo su protección? Y si esto lo extrapolamos a los seres humanos, ¿podemos decir que realmente las apariencias engañan?
Lo primero que he de admitir, es que eso de ir de malote tiene buenos resultados, para prueba un botón. El sábado pasado salí de marcha con unos amigos y no sólo nos invitaron a chupitos sino también a copas. Con lo cual si es para beber gratis, ya de por sí merece la pena. Aunque luego a la hora de la verdad no pasase nada, pero bueno, ya es un comienzo. Y en alguna parte hay que empezar, digo yo.
Segundo, he de decir que el “poder barba”, como le llamo yo, es muy parecido al que tiene mi hermana al ir en bikini por la calle y que todos los tíos se voltean a mirarla, incluso cuando van con sus parejas. Pues este es parecido y funciona tanto con hombres como con mujeres. Aunque todavía no he terminado de dominar ese tema, pero todo es cuestión de tiempo…
Por lo que, aunque yo realmente no vaya atropellando a la gente, ni gastándole putadas, he de admitir que tener pinta de que soy un borde tiene sus ventajas. Pero me diréis que es posible que haya gente que se vea intimidada por mi apariencia… pues mala suerte, porque los cobardes nunca han ganado nada. Aparte que no me interesa alguien que se deje asustar por el aspecto, porque eso demuestra que es una persona tan frívola como aquellos que sólo van buscando un cuerpo 10 sin fijarse en lo que haya dentro del jarrón. Es tan malo aquel que se fija y va solo a por el físico atractivo, que el que se fija y se asusta, sin intentar ver más allá de lo exterior.
Mi amigo C. me dice que eso es pura fachada y que no me va lo de ir de malvado. Tiene razón, es pura fachada, quien me conozca o lleve tiempo leyendo lo que escribo sabe que no soy una persona insensible. Pero a veces hay que aparentar algo que no se es para evitar problemas, o simplemente que te coman los grandes. Incluso sin tratarse de un caso de supervivencia, he de admitir que muchas veces el parecer algo peor de lo que se es llega a tener su atractivo, como he podido comprobarlo últimamente.
Si volvemos al comienzo de mi artículo, entenderéis por qué pienso así. Si nos fijamos en las abejas, la verdad es que son unos bichitos, mayormente inofensivos, (aunque tengan su aguijón, pero si lo utilizan se mueren, por lo que no creo que eso les interese mucho), que viven con la reputación adquirida de las avispas, de que pican y duele.
Pues bien, una cosa es que tenga armas y otra que las utilicen. En este caso pueden hacer las dos cosas. Pero hay otros insectos, sobretodo moscas y algunas especies de polillas, que hay llegado a imitar los colores y el zumbido de estas especies, para que las dejen tranquilas. Y van por el campo, tan contentas sabiendo que aunque sean inofensivas, nadie se va a meter con ellas.
Ciertos tipos de orugas de otras mariposas, también utilizan esa técnica, aparentando ser serpientes, para que los pájaros pasen de ellas y no terminen formando parte de su dieta. Las propias culebras viven a la sombra de sus parientes venenosas, gozando muchas veces de la reputación que tienen unas para poder estar tranquilas. Aunque también cabe destacar que en múltiples ocasiones esto más que una ventaja es un inconveniente, ya que se les adjudica una mala fama que no tienen.
En el mundo de los animales, las señales empleadas son siempre las mismas, aquellos bichos que tengan colores vistosos, llamativos o fuertes, indican que son peligrosos, ya sea para sus presas o para sus depredadores. Como suele pasar con algunos batracios de colores rojos y naranjas, o con insectos e incluso aves que hacen del amarillo y el negro la señal inequívoca de que ni son comestibles, ni son aptos para el consumo.
Pero no todos son tan sinceros, ya que algunos, conociendo ese código visual, aprovechan para “vestirse” con esas pintas y parecer algo que no son. Entonces nos engañan cuando en realidad aparentan ser una cosa que no son.
Pero no todo es un tema de colores y vestimentas, que claro está podemos trasladar a nuestra vida cotidiana. Muchos de nosotros hemos sido prejuzgados por la forma que tenemos de vestir, ya que aparentamos algo que puede que no seamos. Cuántos chicos con problemas de pérdida de cabello han optado por la moda “al cero” y se han visto metidos en el saco de los Skins, sin por ello tener nada en común con ese grupo social. Si bien a algunos esa similitud les ha podido favorecer, a otros no. Por lo tanto unos han podidos servirse de esa apariencia para pretender ser algo que no son, a primera vista, y de paso quitarse de encima muchos dolores de cabeza, mientras que otros, por el contrario han sido perjudicados por esa pinta.
Lo mismo suele suceder con la gente de gimnasio. Por una parte me recuerdan a los animales que pretenden parecer más grandes de lo que son, y de esa forma evitarse problemas con los depredadores, que se verán sorprendidos por el tamaño de la presa. Es decir, a ninguno de nosotros se nos ocurriría meternos, cuando salimos de marcha, con alguno de esos armarios empotrados que nos encontramos en los locales. Y sin embargo, en la mayoría de las ocasiones, esas personas no son en absoluto peligrosas ni folloneras, por el contrario suelen ser gente que aparentando algo que no son, se ahorran más de un dolor de cabeza. Y esto es algo que a las mujeres les encanta. Saben que si salen con un tío de 2 por 2 nadie se va a meter con ellas, no porque su novio sepa pelear, sino que por su tamaño los demás se lo pensarán dos veces antes de arremeter contra ellos.
Cuando la realidad suele ser toda la contraria, y alguien peso pluma podría derribarlos sin el más mínimo esfuerzo, siempre que sepa dónde golpear, o con qué hacerlo para poder tumbarlos. Pero no se van a arriesgar a menos que tengan muy claro que no corren peligro. O en otras palabras, la serpiente más venenosa del planeta no sale huyendo, aunque sea muy chiquitina, ante un peligro enorme, puesto que sabe que un solo mordisco suyo bastaría para derribar a su oponente. Está segura de sí misma, y es ella la que no finge algo que no es.
Las ranas más venenosas que hay en la tierra son unos seres bastante pequeñitos y de colores llamativos, que para alguien que no sepa de señales naturales podrían resultar de los más atractivas, cuando en realidad sólo con tocarlas se iría al otro barrio. Y eso los animales que suelen ingerir ese tipo de seres vivos lo sabe.
El problema es que no todos tenemos ese veneno, o esa fuerza o esa rapidez, por lo que tenemos que aparentar algo que no somos para poder sobrevivir en la jungla del día a día.
Una de las cosas en las que se empeña mi amigo C. es en que yo vaya por el trabajo tirándole los tejos a todo ser con falda que se me presente por delante, para de tal manera parecer algo que no soy. Podría, siguiendo el ejemplo de la naturaleza, cambiar de color y ser un animal a rayas amarillas y negras para que entonces quien me vea no se atreva a pensar nada malo de mí, o simplemente no cuchicheen a mis espaldas sobre si me va una cosa o la otra. Por ejemplo. O simplemente puedo tener confianza en mí mismo y pasar olímpicamente de lo que piensen los demás de mí, puesto que no es algo que a mí me afecte emocionalmente. Como haría la serpiente que aunque sea una birria sabe que es venenosa y no tiene que aparentar nada.
Por lo tanto no se trata únicamente de fingir algo que no somos como medio de defensa, que en ocasiones viene bien, sino de saber cuándo tenemos que hacerlo y cuando no, en función del objetivo perseguido. Está claro que si yo quisiera que la gente pensase algo de mí que no es actuaría de otra forma, pero como no es el caso, que paso de lo que piensen, pues no lo hago. Sin embargo, en el tema que estoy tratando sí que es cierto que a veces merece la pena crear cierta confusión, para que de esa manera se genere un interés hacia la persona.
Por una parte podemos adornar la realidad de forma que parezcamos más interesantes, y uno de esos adornos es simplemente el parecer más malo de lo que se es, que por desgracia funciona a las mil maravillas. Mientras que por otro lado debemos de ser conscientes de nuestras limitaciones, para que la ilusión que proyectamos de nosotros mismos no termine por perjudicarnos, y hacernos el blanco de las iras de aquellos que nos rodeen. Ciertamente ser uno mismo es algo que debemos de tener en cuenta, aunque está claro que para una primera impresión, muchas veces no sirve.
 
Resident Evil
Cuando estaba en la universidad, del grupo de amigas (porque los chicos que iban con nosotros al final terminaban por cambiarse de carrera o de universidad), había una, con la que todavía mantengo una buena relación de amistad, que comentaba el tema de que en la vida siempre llega el momento de conectar con “nuestra puta interior”. Venía a referirse a otra de nuestras compañeras que por lo visto no solamente había conectado con ese lado suyo, sino que había tomado posesión de ella por completo. Y todos los meses nos soltaba la misma lata de que no le baja el periodo y que a ver si iba a estar preñada porque lo hacía sin protección. Las dos primeras veces nos dio lástima, pero que lo hiciera durante los 4 años de carrera ya tenía delito.
Sin embargo no puedo decir que le haya ido mal, ya que gracias a eso, se tiró una noche a un directivo de una empresa de publicidad o algo parecido y la contrataron en dicha empresa, que es donde estaba trabajando la última vez que tuve noticias suyas. Parece ser que a veces el fin justifica los medios.
Yo no quiero hablar de sexualidad hoy, aunque vaya incluida muchas veces en nuestras vidas, porque es un tema que tengo ya muy visto, sin embargo así como tratamos de conectar con nuestro zorrón interior, también hay veces que estaría bien conectar con nuestra maldad interna. No en el sentido bíblico de la palabra, como podría ser eso de ir por ahí haciendo el mal, sino en el sentido de que muchas veces pecamos de tontos y de buenazos. Como lo dice el título de este artículo, tenemos que conectar con nuestra Maldad Interior, o lo que viene a ser nuestro lado oscuro.
En un mundo en el que la ética viene regida por la finalidad a conseguir, y donde el fin justifica los medios más que nunca ¿Cómo podemos sobrevivir siendo simple y llanamente buenos? ¿Se nos puede reprochar el tener ese puntillo de maldad? ¿Por qué al final nos atraen las personas que nos hacen sufrir? ¿Qué atractivo tiene el travieso que no tenga el buenazo?
Obviamente todos tenemos un algo por aquellos malos y malas de las películas que se la pasan elaborando planes siniestros para acabar con la bondad del mundo. No me refiero a aquellos malvados torpes y bobos, como podrían ser los de los dibujos animados, que no representan ningún peligro para la humanidad, si no fuese por que por pura suerte pueden llegar a triunfar; sino de aquellos que tienen un pasado tormentoso que les ha llevado a ese lado, tienen una psicología retorcida debido a sus vivencias y en el fondo serían buenas personas si sus experiencias hubiesen sido distintas.
Me refiero a personajes como Darth Vader, Lex Luthor o Catwoman. Aunque esta última no se considere mala del todo, pero vamos, que su jefe la puteó tanto que temrinó volviéndose loca, vistiéndose de vinilo y contoneándose delante de Batman y del pingüino.
Todos ellos empezaron siendo buenos, pero por casualidades de la vida, o tal vez debido a su inteligencia terminaron cayendo en las redes del lado oscuro de la Fuerza. Lo cual no les hace menos atractivos, ya que aparte de su intelecto privilegiado poseen el poder que todos ansiamos, y además no tienen reparos morales a la hora de utilizarlos. A fin de cuentas la diferencia que podrían tener con los buenos, radica únicamente en eso, en que no tienen escrúpulos y se arriesgan.
Está claro que Miguel Bosé no habría tenido tanto éxito de haber titulado su canción Amante Buenazo en lugar de Amante Bandido, porque seamos sinceros, todos queremos que alguien nos robe el corazón, no que llegue por las buenas y sea el perfecto caballero o la perfecta dama. Eso está bien para las presentaciones a los padres o en sociedad, pero todos queremos a alguien que nos quite el aliento, y para ello no puede ser ninguna buena persona con todas las letras. Ha de tener algo de maldad interior para poder picarnos.
Además no dicen que en la vida de pareja, para evitar la monotonía y el aburrimiento, hay que darle picante al asunto, pues ese picante no existiría de no ser por aquellas personas traviesas que lo llevan a cabo. Si todos fuésemos unos ángeles sería todo muchísimo más aburrido.
Por alguna razón que desconozco, pero según mi amiga Raquel es algo que llevamos todos intrínsecamente junto con nuestras relaciones, sin poder separar lo uno de lo otro, cuando tenemos algo, no nos interesa, por el contrario queremos aquello que se nos resiste y que nos cuesta conseguir. Lo prohibido es mucho más tentador que lo permitido, y de hecho, si tenéis pareja os habréis fijado que cuando ya estáis fuera del mercado de repente hay muchas más ofertas que cuando estabais dentro.
Al menos eso me ha pasado a mí siempre. Cuando estaba en el instituto las chicas huían de mí como alma que se lleva el Diablo, sin querer que me les acercara. Cuando empecé a pasar de ellas mostraron interés. Y cuando ya directamente les dije que no me gustaban entonces es cuando admitían que yo a ellas sí, y que era una lástima porque hubiesen salido conmigo sin pensárselo dos veces… ya, claro.
Y si no está la típica excusa que te ponen tanto hombres como mujeres, aquella que todos tememos oír, pero que siempre nos persigue: “es que eres tan bueno y somos tan amigos que si salimos juntos nuestra amistad se puede estropear y sería una lástima”. Lo que realmente es una lástima es que luego esa persona sale con el más cabrón que encuentra y te tiene a ti de paño de lágrimas para contarte todas las putadas que le hace esa persona. Pero no le va a dejar porque en el fondo lo que le mola es que le metan caña. Porque tú ibas a ser todo mimitos y cariño, pero eso no le basta, quería al malo o a la mala de la película, porque la vida a su lado es más emocionante.
Yo veo a mi alrededor, conozco a las peores personas que te puedas echar a la cara y luego resulta que son aquellas personas que no sólo triunfan en la vida, sino que encima tienen unas parejas de alucine y que les comen en la mano. Simplemente porque en el fondo somos algo masoquistas y queremos alguien que nos ate y nos tenga bajo su dominio. Porque está claro que si esa persona nos da libertad, nos trata bien y no nos para los pies de vez en cuando no vamos a sentir ese cosquilleo que ansiamos.
Probablemente os preguntaréis por qué de repente hago apología de la maldad innata que tenemos todos, pero es que he llegado al punto en el que me he cansado de que si bien las cosas buenas también nos pasan a la gente buena, a la gente que es algo malvada, no digo aquellos que son pura maldad y que parecen recién salidos del Infierno, le pasan aún más cosas y se lo pasan mejor que yo.
Para empezar todos aquellos que le echan morro al asunto tienen más éxito que yo, cuando llegas en plan humilde te pisotean. Eso lo tengo más que comprobado, cuando hice mi segunda entrevista de trabajo aquí donde estoy, me comentaron las cualidades de la persona que buscaban para el puesto, y mi respuesta fue que dejasen de buscar que esa persona era yo. Obviamente fue un poco bestia, pero el caso es que al final me dieron el trabajo. Por lo que se ve que es una técnica que funciona.
Lo mismo pasa en donde doy las clases de Pilates. Hace 3 semanas les advertí que sólo iba a dar dos días a la semana, y como saben que soy buena persona, me dijeron que sí. Y la semana pasada me pidieron el favor de que esta semana, cuando ya se suponía que no tenía que ir sino esos dos días, fuera los 4. En el fondo está bien porque me pagarán las horas hechas, pero el caso es que tendría que haberles dicho que no, y llevar yo la sartén por el mango. Por el contrario, en cuanto me puse en mi sitio, fue cuando empezaron a respetarme y a tomarme más en serio. Porque a fin de cuentas o muerdes tú primero o te muerden a ti. Volvemos a la ley de la jungla.
Y en el terreno amoroso pasa lo mismo, cuando he ido de borde, es cuando la gente más interés ha mostrado por mí. Parece ser que ir de chico legal y bueno no tiene éxito, por el contrario, si vas de borde y cuando te entran los mandas a paseo entonces sí generas interés (claro que sin pasarte, a no ser que seas un monumento y sepas que aunque los trates como basura irán detrás de ti por el físico privilegiado que tienes). Dicen que menos es más, por lo tanto a menos interés que les muestres más te prestan a ti, y a más bordería, menos resistencia oponen. Esto incluso con C. me ha pasado, cuando he pasado de él, como recordaréis de mis artículos del verano pasado, es cuando más ganas ha tenido de estar conmigo, por el contrario, cuando voy detrás suya, pasa de mí. Más o menos como en un baile diabólico. Cuando tú vas, yo vengo, y cuando yo voy, tú vas…más o menos como dice la canción.
En conclusión, por eso pienso que si eres un poco más malo eres más interesante y tienes más éxito.
Por un lado principalmente porque me he dado cuenta de que la vida es de los espabilados, y no de la gente buena. Lo cual no significa que tengamos que ir por la vida atropellando gente o gastándole putadas a la gente. Pero sí que hay que tener un poco de picardía y cierta malicia para que luego no se nos suban a la chepa. Y si no me creéis, basta con echarle un vistazo a aquellas personas que han tenido éxito a nuestro alrededor.
La gran mayoría de ellos no han llegado donde están sin haber roto un plato, y si dicen que es así mienten. Porque está claro que para ascender tienes que dejarte parte de la piel, o como dicen en Francia, no se puede hacer una tortilla sin romper los huevos. Por lo tanto eso que dicen de que hay que ir de buenos por la vida, sí, pero solo si aspiras a ser el felpudo del mundo. Ya lo decía Mae West: “las chicas buenas van al Cielo, las chicas malas van a todas partes”. Así que a tomar ejemplo de la Diva.
 
Algo Pasa Con La Gente
Hace unas semanas que, aparte de los cotilleos en el trabajo, van sucediendo cosas a mi alrededor bastante curiosas. Ya sea en el horario laboral, como en mis ratos libres, las señales que emiten las personas de mi alrededor son bastante confusas, no dejando claro hacia donde van.
En un mundo en continuo cambio, no podemos más que dejarnos llevar por el flujo y ver como las cosas van evolucionando a nuestro alrededor. Pero tanto es así, que lo que antes era blanco ahora ya no tiene ese color. Nos confundimos con mayor facilidad antes la difuminación de las fronteras de lo que es y lo que no. Si bien antes había dos bandos, ¿estamos ante la proliferación del bando intermedio? En este mundo de cambios ¿cómo podemos interpretar las señales que nos da la gente? Y si lo hacemos mal, ¿de quien es la culpa? ¿Cómo podemos hoy en día saber si a alguien le gusta la carne o el pescado?
Exactamente no sé muy bien cuando empezó todo esto, pero sí que es cierto, que, echando la vista atrás, las cosas ya no son como hace 10 años. Y efectivamente, podemos pensar que los tiempos pasados fueron mejores, y añorarlos, pero no siempre es lo justo ni lo correcto. Si bien para ciertas cosas hemos ido a menos, para otras no. Por ejemplo en mi caso, hace diez años no me podía imaginar las cosas que he vivido y lo que ahora tengo. En ese momento no sabía conducir, vivía en casa de mis padres, no estaba ni siquiera en la universidad, y no sabía nada de la vida. Hoy en día, tengo el carné desde hace ya 8 años, coche también, dos trabajos, un hobbie que me encanta (y el tipazo que conlleva) y casi mi propio hogar. En eso mi vida ha mejorado mucho.
Pero en lo que a relaciones supone, la cosa no ha cambiado mucho. He tenido mis parejas formales, las no formales, y las de “temporada”, que son aquellas que no llegan a durar ni una estación. Pero también he de admitir, muy a mi pesar, que las cosas ya no son como antes. Recuerdo que en mis primeros pasos en este mundillo, podía conocer gente interesante al salir de marcha por las noches el fin de semana, o bien en la playa, dónde pasaba mis ratos libres. Sin embargo ahora ya no es así. Todavía queda gente interesante, por supuesto, pero ya no son tan abiertos como antes a empezar algo nuevo. Para ser más claros, ahora, si quitamos unos pocos individuos, la gran mayoría no quiere las “complicaciones” que conlleva una pareja. Solo quieren pasar un buen rato, y luego que te vayas a tu casa y no les molestes, y no quieren saber nada de ti hasta que no les vuelva a picar ahí abajo.
Supongo que ante la proliferación de chicos facilones, lo suyo es que la gente con inquietudes se haya percatado que es más fácil no complicarse la vida y pudiendo estar con uno diferente cada día, no se van a arriesgar a perder esa oportunidad por estar con alguien en exclusiva.
Pero no quiero atardarme mucho con este tema, del que ya he hablado suficientes veces, aunque parezca que nadie se da por aludido y que las cosas siguen igual.
El viernes pasado tuve una sorpresa en el trabajo. Como es el día que terminamos al medio día, nos dan unos minutillos para poder ir a almorzar y es cuando nos solemos reunir. El caso es que las chicas de marketing estaban hablando de los consejos que da las Cosmo acerca de la vida sexual o de cómo robarle el novio a la mejor amiga, cuando entramos los demás y las pillamos en pleno debate con los chicos de informática. El tema se desvió lentamente hacia los puntos clave en los individuos, terminando con la frase tajante de que los hombres tenemos el punto G ahí detrás. Nada que ya no supiera, pero que muchos “heteros” desconocen.
El caso es que algunos lo habían oído, otros lo sabían, igual por experiencia propia y uno en particular no tenía ni idea. Bueno, yo como ya tengo cierta “reputación” no les ha sorprendido que les dijese que yo sí sé donde está. Ante tal desvergüenza, uno de ellos me preguntó cómo llegar ahí, y si realmente era efectivo. No hace falta que diga lo sorprendido que me quedé con su propuesta. Pero como yo no soy de los que se echan atrás, o al menos ya no (eso hace diez años me habría ruborizado y habría salido corriendo, pero hoy no), le dije que cuando quisiera que se lo explicaba. Pero que no pensase que había que entrar muy adentro del asunto, con una sesión superficial podría estar más que satisfecho.
Ahí quedo la cosa, pero como yo no soy de los cobardes, le mandé un correo más tarde comentándole que me parecía el colmo que no supiese eso de su anatomía y que consideraba que había perdido su adolescencia (con eso de que es cuando experimentamos con nuestros cuerpos). Tuve la mala pata de mandarle ese correo a otro compañero, que por suerte se lo tomó con humor. Ahí sí que hubiese querido que me tragase la tierra, pero al ver su respuesta, la duda me volvió a asaltar. Un hombre de mas de 35 años, casado y con hijos, que diga que conoce ese punto y que ha experimentado y por lo tanto no ha malgastado su adolescencia es por lo menos preocupante…
El caso es que el malentendido resuelto, la cosa ha quedado en que mi compañero iba a probarlo el fin de semana y ya me diría si no conseguía encontrarlo para que le diese una clase de cómo llegar ahí, alentado por mi comentario sobre el hecho de que eso potencia las sensaciones que puedas sentir durante el proceso. Y nunca más se supo. Eso sí, el mail enviado por error ha dado la vuelta al departamento, y todo el mundo está con la duda de qué ha pasado el fin de semana y si estoy dispuesto a explicarles donde y cómo encontrarlo. Una vez más los rumores son más rápidos de lo que pensaba, y más escurridizos.
Otro caso curioso es el que me suele pasar con mis clases de Pilates. Por un lado está mi monitor, que me ha tocado en casi todas partes del cuerpo, con la excusa, no infundada, de ayudarme a la colocación. Lo cual viene a ser cierto, pero es bastante provocativo que llegue a sobarme más que mucha de la gente con la que he estado. Menos mal que se trabaja tanto que no da tiempo a que ciertas partes del cuerpo reaccionen. En el otro extremo, esta mi compañero del curso, que está como un pan, y que cada vez que tiene la oportunidad se pone a hacer las prácticas conmigo, de forma que le he metido mano hasta casi donde he querido, con la excusa de mi monitor. Pero de ahí no paso, porque tampoco quiero aprovecharme demasiado de la situación. Pero tenéis que admitir que a veces poder tocar una espalda, unos brazos o unas piernas como Dios manda es todo lo gratificante que se pueda uno imaginar, y esto sin llegar a nada sexual.
La duda que tengo acerca de este chaval, es el por qué de esta familiaridad. Porque el caso del monitor es lógico, aunque no le vayan los hombres, pero en un compañero, cuando soy el único chico, y los demás alumnos son mujeres de menos de 30 años muy en forma y muy buenas, lo cierto es que es algo curioso. Según mi amigo Luis, un chico de menos de 25 años, que está como un queso, que no tenga novia, y que se deje toquetear así, por lo menos siente curiosidad, pero claro, no me atrevo a ser yo el que le desvele los misterios de este mundo. En todo caso que lo pregunte él porque yo paso de llevarme algún disgusto.
Sin embargo el caso de la sexualidad dudosa no me es del todo desconocido. Hará más de 10 años, tenía en el instituto el típico amor platónico que todos tenemos, y que sería lo más parecido al capitán del equipo de fútbol si esto fuese una serie americana. Mientras que él pasaba de mí, yo hacía todo lo posible para que se fijase en mí y fuese mi mejor amigo, no sabiendo muy bien qué llevaba consigo toda esta historia. El caso es que el chaval pasaba de mí, como era de esperar. Unos años más tarde, mediante un amigo que teníamos en común, me enteré de un breve desliz que tuvieron los dos, lo cual me dejó no menos transpuesto. Por lo visto un día quedaron para ver una película, y mi colega, sin querer, durante la proyección, le puso una mano encima de la pierna. El otro, en lugar de rechazarle, como sería de esperar, le dejó, y, yendo más allá, se pasó la tarde cogido de su mano. El caso es que casi me da un pasmo cuando me enteré, pero nunca más hubo noticias de dicho affaire.
Y un último ejemplo, que demuestre que los heteros están locos, y cada vez tienen tendencias más raras, sin hablar de los que van de metrosexuales y pierden más aceite que un coche de principios del siglo pasado. Ayer volviendo de Pilates, iba por una avenida cercana a mi casa cuando de repente salta un chaval un par de años mayor que yo haciendo señas de que parase el coche. En vista de que hay que prestarle ayuda a la gente, paré el coche a ver qué pasaba. Por lo visto el chico tenia una cita en el bar de un colega suyo al final de la avenida y estaba llegando tarde, y como había por lo menos un kilómetro hasta el punto de encuentro quería saber si no me importaría acercarle. El caso es que le dije que sí. Al bromear acerca de que entendía que no confiase en un desconocido, pero que aparte del cuchillo y la pistola era un buen chaval, yo le contesté que si no le importaba el machete que llevaba al lado del freno de mano que yo no tenía inconveniente en acercarle.
Y lo hice, durante el breve trayecto, me comentó que ese fin de semana no había salido, pero que ayer lunes había decidido quedar con una chica, y me preguntó si yo salía de marcha o no. Lo cierto es que no tuve tiempo de contestarle porque ya habíamos llegado y se tuvo que ir, no sin darme las gracias “efusivamente” por la ayuda que le había acabado de prestar.
No sé si soy tonto o demasiado buena persona, pero está claro que es desaconsejable hacer ese tipo de recogidas de personas. Pero a veces pienso que la Providencia puede traerme cosas buenas, y siempre hay que hacer el bien, sobretodo cuando no cuesta nada hacerlo. En cuanto al tema que trataba hoy, sigo sin saber las respuestas, muchas veces la gente se comporta de una forma que da a entender algo que no es. Y otras veces simplemente nos mandan señales tan sutiles que no somos capaces de reconocerlas.
Como dice mi amigo C.: “la mayoría de la gente no tiende a un lado o al otro sino que van por el medio, y según el momento se acercan más o menos, el problema es que la libertad que hay hoy en día se presta mucho más a que la gente pruebe cosas nuevas sin por ello ser lapidados en la plaza pública. Antes el que era gay no podía esconderse, porque era demasiado evidente, pero hoy en día están todos aquellos que podían elegir que van fluctuando entre un mercado y el otro. La cantidad de heteros con dudas aumenta y son ellos los que nos crean confusión.” ¡Y nunca mejor dicho!