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Khayman en la Ciudad
Comentarios sobre la vida
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Se trata de una columna en la que me gusta publicar mis impresiones acerca de la vida, el sexo, en fin, muchas cosas, ..."Disfrutenla"
Sindicación
 
Sand In My Shoes

En septiembre de 2004 la cantante Dido sacó como single la canción que da título a este artículo de su álbum Life For Rent. En ella habla del retorno después de las vacaciones al hogar y de lo que es la vuelta a la rutina. Sin embargo hay una lectura literal de la canción en la que habla de un amor de verano, de estos que todos conocemos o por lo menos hemos oído hablar de ellos. “Todavía tengo arena en los zapatos/Y no puedo sacudirme de la mente tu pensamiento/Debería seguir adelante y olvidarte/Pero para qué iba yo a querer hacerlo/Sé que nos dijimos adiós/Cualquier otra cosa habría sido confusa/Pero quiero volver a verte.” Dice la canción en el estribillo.
Pues bien, me temo que yo mismo he sido victima voluntaria de este tipo de “relación” con alguien que conocí en la playa, entre la arena y el sol, para luego volver a la realidad una vez que volvió a su tierra.
El resto de la canción habla de la vuelta a la rutina, de la falta de tiempo en un apartamento en la calle donde los coches no paran de circular hacia la noche donde no hay tiempo para ver la puesta de sol.
En ese mundo donde no podemos permitirnos el “lujo” de apreciar esas cosas de la naturaleza, muchas veces tenemos que parar el carro para poder darnos un respiro, y es cuando vienen esas relaciones esporádicas que muchas veces nos dejan con ganas de más. La lógica nos diría que deberíamos huir de ellas y buscar algo más serio, y si no somos capaces de hacerlo por lo menos tener las cosas claras, y una vez que se dice Adiós, no volver a vernos, pero ¿por qué no volver a vernos? ¿Podemos encontrar algo de lo que buscamos en dichas relaciones? ¿Por qué son tan atractivas y tan divertidas? ¿Puede salir algo positivo de ellas?
Tal vez debería poneros en situación para que entendáis por qué de repente no estoy en contra de estas aventuras. Mi relación con C. iba de mal a peor, agobiándonos mutuamente cada vez más. Si bien seguimos siendo amigos, el seguir como pareja el fin de semana y sin embargo sin estarlo realmente ya no daba más de sí. Durante toda la semana unos sueños recurrentes me habían estado persiguiendo. Sueños bastante preocupantes en un primer momento, pero que me hicieron darme cuenta de una cosa: necesito estar con alguien en serio y no puedo hacerlo si antes no le pongo solución a esa no-relación.
Total, que el fin de semana sólo nos íbamos a ver el domingo, por lo que durante el resto del fin de semana tendría que buscarme la vida. Y eso hice. Me fui el viernes por la tarde a la playa, habiendo dudado en a cual ir, pero al final opté por una cerca de Benidorm. Llegué y me fui directamente al agua ya que hacia mucho calor. Ahí es cuando él apareció, con la excusa de que pensaba que yo era otra persona entablamos conversación. Resulta que había llegado el día de antes y se iba el domingo siguiente a su tierra (Valladolid), por lo que solamente iba a estar ese fin de semana. Estuvimos toda la tarde charlando, y la verdad es que lo pasé muy bien. Me dijo que podríamos vernos esa noche o bien al día siguiente, antes de que se fuera, ya que a pesar de que quedamos que con los “extranjeros” no se puede tener nada serio, podría surgir una bonita amistad. Me dio su número de teléfono, y hasta ahí todo lo más normal. Pero cuando se fue a despedir, porque sus amigos ya se iban, me plantó un beso en la boca, que me dejó algo sorprendido.
De camino a casa me quedé pensando en si merecería la pena salir esa noche con él por Benidorm, o si por el contrario me esperaba a vernos al día siguiente en la playa. La respuesta no tardó en llegarme. Le mandé un mensaje al móvil diciéndole que si quería verme que esa noche podría ir hasta donde él estaba y saldríamos juntos. Me llamó enseguida a decirme que por supuesto que le encantaría volver a verme.
Y así fue. Quedamos ya directamente en Benidorm. Salimos de marcha por ahí, y la verdad es que nos lo pasamos muy bien. Hasta ese fatídico momento en el que no sabes si dar el primer paso o no. Pero puesto que es con alguien que igual no volvería a ver, me arriesgué ya que de los cobardes no se ha escrito nada. Y tuve éxito. A partir de ahí la cosa cambió de tercio y ya no éramos solo dos amigos, sino algo un poco más íntimos. Vamos que estuve el resto de la noche chupando caracoles. Y tengo que admitir que hacía mucho que no me lo pasaba tan bien. ¡Porque el tío besa de muerte!
Sobre las 3 de la mañana le dije que ya estaba cansado (y me dolía la boca ya) y que me iba a casa, pero que me gustaría volver a verle al día siguiente. Me dijo que me mandaría un mensaje para que no tuviese que esperarles mucho tiempo en la playa. Nos despedimos con un buen beso y me fui a casa, muerto de sueño pero pletórico.
Lo malo fue que C. se enteró porque yo soy muy malo guardando secretos, y más cuando ligo con alguien que está de muy buen ver, que muestra interés por mí y con quien me lo paso bomba, aunque sea de la otra punta de España. En principio la cosa no trascendió más allá de eso. Pero C. se puso un poco chungo con el tema de que yo le restregaba por la cara que estaba conociendo gente. Al final después de una discusión por teléfono y otra por el MSN me dijo que lo mejor es que dejásemos de vernos, puesto que el distanciamiento era lo único que podría salvar la amistad que llevamos más de dos años forjando. De lo contrario la cosa iba a acabar mal. Creo que ha sido lo más sensato. Por mucho que le eche de menos, es mejor que estemos sin vernos un tiempo, porque si no, nunca podremos ser amigos como queremos serlo.
El día siguiente, en la playa ya fue lo más. Estuvimos nadando, tonteando en el agua, en la toalla, en el aparcamiento, en la colchoneta en mitad del mar. Algo así como si tuviésemos 15 años cada uno. Tanto fue así que, a pesar de mis ganas de volver a verle, le dije que esa noche no iba a poder, ya que la vuelta de la noche anterior se me hizo muy pesada, y que tenía miedo de que me pasase algo en la carretera. Pero que, para compensarle, cuando sus amigos se fueran de la playa nos podíamos quedar los dos solos y luego yo le acercaba. Plan redondo con puesta de sol incluida. Le llevé a su casa y nos despedimos, sabiendo que cualquier otra cosa sería confusa, ya que él no busca pareja ahora mismo, y yo vivo a 8 horas en autobús de su casa. Pero podríamos volvernos a ver en otra ocasión que él o yo fuéramos a un lado o al otro del país.
Como cierre a la narración he de decir que me mandó un mensaje cuando llegó a su casa para decirme que había llegado bien y que se alegraba de haberme conocido.
He estado pensando en por qué un amor de verano, por llamarlo de alguna manera, siempre resulta tan atractivo, a pesar de que sea algo que sabemos de ante mano que no durará.
En mi caso, yo había perdido la esperanza de encontrar a alguien normal y que no buscase sólo sexo. Pensaba que todos eran iguales e iban a lo mismo y que además nada bueno podría salir de estar dos días con alguien y no volverle a ver. Pero me equivocaba. Todavía hay esperanza. He podido sentir, al menos durante un fin de semana, lo que es estar con alguien, lo que es sentir que alguien tiene ganas de verte y te desea, y lo que es salir con alguien en serio, que no se tenga que esconder de los demás y del qué dirán.
Probablemente es la idea de saber que no hay compromiso lo que nos permite ser nosotros mismos y dar lo mejor que tenemos, vivir una ilusión, de alguna forma, pero que nos haga la vida más llevadera. Seguramente con esa persona no sería feliz. Pero nunca lo sabré, y lo poco que he conocido me ha gustado, me ha devuelto la fe lo cual es mucho.
Seguramente la gente que tiene romances de verano es lo que busca. Poder sentirse amado/a durante ese tiempo, sin los problemas de la convivencia, poder querer a alguien y pasarlo bien, independientemente de donde viva. Cuando sabemos que algo no va a durar, podemos esforzarnos en ello. Nos da igual lo que digan los demás porque nos iremos de ahí, por lo que podemos ser cariñosos o mostrarnos afectivos con esa persona, ya que cuando nos vayamos todo volverá a la normalidad. Es decir, tomarse un respiro de la vida cotidiana y agobiante y una bocanada de aire fresco.
No sería justo decir que con C. no he tenido eso, porque en cierta manera sí que se comportaba así. Pero la esencia de un rollo de verano es que no puede ser repetitivo ni puede alargarse demasiado. De lo contrario se convierte en una relación, con los inconvenientes que eso conlleva. Cuando lo que buscas es simplemente un respiro no puedes estar constantemente liándote con esa persona. Y al final, aunque no fuese su intención, C. se convirtió en un agobio para ambos, sobretodo para él mismo, ya que su idea de “mientras no tengas a nadie me tienes a mí” solo funciona durante un corto periodo de tiempo. Pasado el cual o se corta o se formaliza la situación. Ese carácter efímero muchas veces sienta bien, siendo la base de ese tipo de relaciones.
Yo he visto algo de luz en esa oscuridad que tenía rodeándome desde hace unos meses, en los cuales todos aquellos que se interesaban por mí iban a lo único. He visto que hay gente que no es así, aunque sólo haya durado 48 horas. Es poco, pero me ha devuelto la fe en la gente y la esperanza de que lo que busco lo puedo conseguir. He retomado fuerzas para volver a la vida cotidiana en la que no hay tiempo para ver las puestas de sol. Además he hecho un nuevo amigo o mejor dicho, dos, ya que al haber distanciado la relación con C. probablemente consigamos nuestro propósito de amistad. Lo cual es todo un tesoro. Es el inicio de una nueva era.
 
Mejor Sólo Que Mal Acompañado.
Después del “fiestón” de hogueras, la verdad es que muchas cosas quedaron en el aire, y muchas de ellas en lo referente a la amistad. Está claro que cuando acabaron las fiestas y las aguas volvieron a su cauce, debemos pagar los platos rotos o lo que hayamos consumido durante las fiestas.
Dicen que cuando pasas por momentos difíciles tienes que recurrir a los amigos para poder superarlos, que son ellos quienes siempre estarán a tu lado, y que no hay que dejar tirados a los amigos porque tengas pareja. ¿Pero quien se aplica ese cuento hoy en día? ¿Qué pasa cuando realmente a nadie le importas una mierda sin no es por puro interés? ¿Podemos considerar como amigos a gente que está para lo bueno pero no para lo malo? ¿Qué demonios pasa en este mundo?
Por un lado está mi “amigo” Luis, que después de su debacle amorosa me ha dejado “abandonado” bajo el temor de que al salir juntos podríamos encontrarnos con su ex, y no soportaría el verle de nuevo y más si va con otro. Mi respuesta, después de haberme tragado lo que realmente pienso, puesto que no sería algo beneficioso, sobretodo para mí, fue que igual de esa forma podría darse cuenta de que no era para él y podría seguir con su vida. Porque después de 3 meses puedes encapricharte con alguien pero no ponerte en plan “si no vuelve conmigo me suicido”, o “mi vida ya no tiene sentido si no estamos juntos” y demás chorradas que solemos decir cuando cortamos con alguien. Cosa de la que nos arrepentimos con el paso del tiempo.
El otro que también va a recibir palos es mi “amigo” Salva, que después de haberme dicho ese sábado en cuestión que me llamaría, cosa que no hizo, no ha vuelto a dar señales de vida. Eso es algo que entiendo, puesto que ya no soy un niñato de 20 años, y que ahora soy económicamente autosuficiente, pues ya no interesa mi amistad. Como dice mi amigo C. “como lo único que tenía para ofrecerle era mi cuerpo, ya no tiene interés”. Pues vaya gracia. Y luego dice que es amigo mío. Yo entiendo que ya no sea de su agrado, sin embargo la última vez que salimos juntos de marcha, recuerdo que me sorprendió su afán por presentarme a sus amigos y conocidos como un ex. Era la primera vez que alardeaba de mí de esa manera.
Cada vez que me presentaba a un amigo suyo o a algún conocido era del tipo “estuvimos saliendo juntos”. A lo que yo agregaba casi inmediatamente “sí, pero solo durante un par de meses y ya hace mucho tiempo de eso”. Y cuando con otros me preguntaba cuanto tiempo estuvimos juntos, le contestaba que ya hacía tanto tiempo que no me acordaba. Hasta que al final les dije que por esa época yo estaba desorientado y no sabía lo que estaba haciendo.
Ni siquiera cuando estuvimos saliendo juntos se comportaba de esa forma (¿en qué estaría yo pensando en ese momento?). Y de repente después de unos 3 años viene con que si habíamos compartido algo más que unas cañas… la verdad es que no me cuadraba la situación. Y si encima ahora resulta que no queda conmigo cuando queda con sus colegas, tal vez porque tenga miedo que le levante algún ligue.
Lo que me queda claro es que después de tanto tiempo que no cuente conmigo para nada más. Yo creo que las amistades hay que cuidarlas, no dejar tirada a la gente porque tengas que irte a follar con algún niñato, o simplemente porque te avergüenzas de la persona, o porque con quien sales no vas a poder lucir a quien llevas… la verdad es que no sé cual es la razón. Y no me creo que sea tan simple como lo plantea C. aunque podría tener razón.
Parece ser que en el mundillo del ambiente, los amigos o vienen de serie de antes de que entraras ahí, o no harás nuevas amistades. Ya que por lo que veo todo se mueve por el interés físico. Si estas bueno y eres fácil (o follable) entonces tienes todos los amigos que quieras. Si por el contrario no vas bajándote los pantalones a la mínima de cambio. Entonces lo tienes complicado.
Siempre está la alternativa geográfica, es decir, que si tienes un apartamento o una casa donde montar fiestas e invitar a todo quisqui, entonces sí que tendrás amigos a palas. Si por el contrario vives en casa de tus padres, entonces mejor olvídate. Y de esos conozco a unos cuantos. Son gente que no vale un duro, que a nivel personal están más vacíos que las arcas del Estado, pero que como se montan sus fiestecillas, cada semana o cada 15 días, son populares. Eso sí, no merecen la pena, pero tienen sitio. Y probablemente nadie les aprecie, pero claro fomentan la diversión. Uno de ellos es “amigo” de Jose y le conozco más por haber ido de gorra a sus fiestas que por otra cosa. Porque está claro que después de intercambiar 3 frases ya no suscitaba ningún interés por mi parte. Y dado que yo no me iba a su habitación a “charlar”, yo tampoco le resultaba interesante. Pero claro, como tiene su apartamento en el centro, pues es un tío “majo”.
Y hablando de Jose. Bueno, con él también tengo algo que saldar. Después de 4 años juntos, entiendo que llega el momento en que tu actual pareja es más importante que tus amigos. Pero no digas que echas de menos a alguien del que no eres capaz de buscar información en meses. Si no es porque le llamo yo, ni se molesta en llamarme. Y mira que no es difícil hoy en día, que los móviles guardan los datos de la gente. Pero aun así como no sea yo quien coja el teléfono, no es capaz de ni siquiera llamar a preguntar si sigo vivo. Lo cual se agradece. Es una lástima porque después de todo lo vivido juntos, ahora ya no queda ni el cariño. Pero en cierta parte me alegro de ello, ya que eso significa que ha podido superar el pasado y que ahora puede vivir tranquilamente sin mí. Pero entonces que no me llame amigo, porque no es cierto.
Al menos no es como yo lo veo. Yo a quienes considero mis amigos les reservo un trato especial, y aunque no podamos vernos todos los fines de semana, no les llamo cuando estoy cachondo únicamente, o cuando me acuerdo de la existencia de esa persona. Intento mantener un contacto más cercano, aunque sea a través del teléfono.
Entiendo que yo haya hecho lo mismo con mucha de la gente que me rodea. Que les haya dejado marchar, pero bueno, eso es cosa de dos, y si uno no se esfuerza, no va a ser siempre el mismo el que tire del carro.
Mi amigo C. , que es el único que se merece, a día de hoy, ese calificativo, me dice que a él sólo le llaman el fin de semana para salir. Pues a mí es todo lo contrario, el fin de semana pasan de mi, porque el que no esta en su casa llorando porque su novio le ha dejado, porque no estaban hechos el uno para el otro, está en su casa con algún niñato que ha conocido por Internet, o esta de viaje con su pareja a miles de kilómetros de distancia. Eso sí, he de ser justo, claro que hay gente que me llama el fin de semana para quedar. Pero como ya dije antes, son aquellas personas para las cuales el interés que represento para ellos es puramente sexual. Son aquellas personas que cuando yo tenía pareja habían desaparecido de la faz de la Tierra, y que misteriosamente resurgen en esos momentos, como si oliesen a carne fresca. Es lo que mi amigo C. llama la técnica del buitre, es decir que ellos se ponen a volar en círculos a mucha altura esperando a que alguien la palme, y cuando eso sucede (yo no he muerto pero sí mi relación y por lo tanto vuelvo a estar disponible) empiezan a descender a comprobar que soy comestible y es cuando se me tiran encima como aves de rapiña.
Bueno, a nadie le amarga un dulce, y si realmente estoy soltero, de alguna manera tendría que divertirme y aprovechar para conocer gente. El problema es que esas personas lo único que buscan es un polvo rápido y nada más. Si todavía buscasen algo formal, o por lo menos una amistad con derecho a roce, podría replantearme mi postura tan extremista, pero como sé que lo que quieren es chichi y luego que te vayas a tu casa y no les molestes, pues paso. Y esto lo sé porque la gran mayoría de ellos ya tienen pareja, y buscan fuera el morbo que no les dan en casa. Y yo como que paso de ese tipo de gente.
Incluso los hay que van más allá en su desfachatez. El otro día estaba hablando con un niñato que tengo agregado al MSN, y cuando me preguntó qué buscaba, le dije que amistad y lo que surja, como no. En esas que va y me dice que él no, que lo que busca es un polvo y nada más, que amigos ya tiene y que con el cariño de su familia le basta. Pero que como vive solo que si me apetece un día que me pase y nos lo pasamos bien… vamos como que yo no tengo nada mejor que hacer que ir a liarme con alguien para quien no soy más que un objeto. Que triste.
Luego está la mala suerte que hace que aquellas personas con las que sí que he hecho amistad al final o se van o me voy yo. Eso me ha pasado con mis antiguos compañeros del trabajo, o incluso con mi amiga Raquel, a la que ya sólo le quedan un par de semanas aquí y después se irá. Pero eso no significa que no nos volvamos a ver ni nada por el estilo, simplemente que ya no será algo cotidiano. Pero aun así fastidia ver que aquellas personas con las que mejor te llevas al final terminan alejándose de alguna manera de tu vida, y suele ser gente a la que con quien te vayas a la cama por las noches no sea algo que les importe en absoluto.
Por otra parte, en este mundillo queda más que comprobado que el cariño no dura nunca más que lo que dure la erección, y que el dicho de que “por el interés te quiero Andrés” es más de actualidad que nunca. Si no tienes nada para ofrecer, entonces tienes pocas posibilidades de tener amigos, y al final acabas saliendo solo. Aunque pensándolo bien no siempre es una mala opción. Yo nunca he considerado que uno sea un pringado por tener que salir sólo, al contrario, creo que requiere mucho valor plantarse delante de toda esa gente cotilla y decirles “sí salgo yo solo, ¡y que! porque yo lo valgo…”
 
Hogueras 2008 (Parte II)
Teniendo en cuenta lo que bebí la noche anterior, lo suyo hubiese sido haber dormido un par de horas y haberme despertado con una resaca espantosa, pero las cosas nunca pasan como uno cree. Para empezar, el dolor de estómago se transformó en náuseas matinales, y terminó llevándome de cabeza al inodoro donde me deshice de todo lo bebido la noche anterior. Por alguna razón curiosa, solo era líquido, con lo cual eso de que me iba a quedar con un tipazo de muerte no era cierto. Pasados los primeros momentos malos, me volví a la cama, pensando que ya había pasado todo, no si un cierto escozor en la garganta. A saber qué coño llevaban esos cubatas.
A la hora o así, un nuevo retortijón me mandó a la carrerilla al aseo, pensando que eso era imposible, ya que no me quedaba nada por vomitar. Pero cuando menos te lo esperas siempre sale más, incluso cuando ya crees que no vas a poder seguir, sacas algo. Lo cual me dejo aun más hecho polvo y con más dolor de garganta.
Por fin, después de esa segunda tanda tan malvada y traicionera, donde casi me quedo sin estómago, conseguí volver a la cama, para seguir durmiendo. No sin antes haber comprobado que era hora suficiente como para llamar a Mr. C. para pedirle ánimos, como los que me había dado la última vez que tuve un encontronazo parecido con el alcohol.
Nada más lejos de la realidad, lo primero que me dijo fue que eso me lo tenía merecido por borracho (claro yo soy un borracho si me todo 3 o 4 cubatas, pero si él se toma 8 o 9, como cuando le conocí, es un machote). Luego estuvo un rato cachondeándose de mi suerte, y por último me dijo que a ver si así aprendía a beber, porque como soy un crío de 10 años, no sé lo que me meto (cada día se parece más a mis padres).
Así que al final decidí tirar la toalla, no sin antes haber hecho una nota mental acerca del incidente para recordársela cuando tuviese la oportunidad. Me fui a dormir, esperando no tener que volver a levantarme de esa forma.
A las dos horas, fue el hambre quien me hizo abrir los ojos, y como lo había previsto Mr. C. con su fabulosa experiencia, fue comer y se me pasaron todos los males del mundo.
Otro día más para estar sólo, por lo que pensé que no estaría mal intentar repetir la experiencia de la playa, sólo que esta vez tenía que conseguir triunfar mínimamente. Por lo que después de comer, preparé mis cosas y me fui a la playa.
Y eso hice, sólo que cuando estaba de camino, me llamó mi amigo a pedir disculpas por el rollo que me soltaron anoche, y comentarme que había cortado con su pareja, después de una larga discusión en la que él le había dicho que haber hablado conmigo le había abierto los ojos y que lo que le dije se lo hizo ver todo claro.
Me preguntó obviamente qué le había dicho para que hubiese reaccionado de tal manera, lo cual le conté, y seguimos sin saber exactamente qué fue lo que entendió de mis palabras. Eso sí parece ser que después de esa trifulca quería volver a quedar conmigo, y eso es algo que nunca sabremos por qué, ya que yo por mi parte me niego a hacer. No me ha gustado que me hayan utilizado como arma arrojadiza entre ellos y menos como excusa para cortar. Se ve que tomó nota de la trama de la película de la noche anterior pensando que le serviría de excusa, pero no le salió bien la jugada.
Personalmente creo que si, después de 3 meses de relación, ya están en el punto de hacerse daño constantemente, utilizando los puntos débiles que conocen el uno del otro, no vale la pena seguir en esa relación. Aunque lo siento por mi amigo, porque se le veía bastante feliz, no se merece estar con alguien que se pasa el rato torturándole, y menos si encima utiliza a sus amigos para hacerle más daño aún.
Dejando ese tema de lado, y a pesar de que mi amigo estaba algo mal, decidí no acudir en su ayuda, tal vez porque me sentía un poco utilizado por ellos dos, y queriendo buscar algo de paz para mí mismo. Por lo que me fui a la playa yo sólo. Ahí me quede hasta demasiado tarde, cosa de la que no me daría cuenta hasta el día siguiente, cuando empecé a darme cuenta de todas las picaduras de mosquitos que tenía en el cuerpo, y cada vez descubriendo que habían sido más descarados a la hora de picarme.
La noche del lunes fue diferente.
Para empezar, había quedado con mis amigos heteros, lo cual es un cambio. Pero el día fue diferente. Intenté ir a la playa, pero hacia tanto viento que no pude aguantar más de 2 horas. Por una parte el mar estaba asqueroso por lo que de no haber sido por el aire, me habría achicharrado; luego a pesar de ser una playa de rocas, la poca arena que había por ahí dispersa nos abofeteaba con saña. Por lo que duró poco. Eso sí, me di cuenta de que mis conocimientos de italiano son bastante pobres, ya que de la poca gente que había en el sitio, se me acerco un milanés a charlar conmigo. Lo cual ahora que lo pienso dice mucho a mi favor, ya que podría haber pasado olímpicamente de mí.
A las ocho me llama mi amigo para decirme que al final sólo va a ir él porque los demás estaban demasiado cansados para salir de marcha. Lo cual no me sorprendió nada dado el éxito que estaba teniendo ese fin de semana. Pero bueno, a eso de las once pasaron él y un compañero suyo de la discoteca a buscarme. He de admitir que eso de que ambos trabajen en una discoteca tiene dos vertientes, una que están muy bien, y otra que me dejan a la altura del betún.
Total, que nos fuimos a la barraca de unas amigas suyas, en pleno centro, con el coche, y el muy cabrón, porque no tiene otra denominación consiguió aparcar en la puerta de la barraca. Si yo tuviese la mitad de suerte haría milagros. Ahí nos esperaban sus demás amigos, que los que no eran gogo’s eran camareros, así que una vez más tuve que esconderme los dientes donde pude.
No recuerdo a qué juego jugamos, ya que era parecido al Trivial, pero no era sólo de preguntas. El caso es que me tocó hacer equipo con una chica que no conocía de nada, pero que, cuando se dio cuenta de que estábamos ganando, me invitó incluso a dormir a su casa… por lo visto la inteligencia es un valor en alza en ese mundo, tal vez cuando estás rodeada de tíos tremendos pero algo simples. Vamos, que no me quejo, porque me hubiese salido plan, lo que pasa es que no era con quien yo quería.
No recuerdo qué hora era cuando decidieron ir a otro sitio de marcha, pero no sin antes pasar por la playa a cumplir la tradición de meter los pies en el mar… cosa que yo no hubiese podido hacer ya que no iba como debía de ir vestido. Por lo que después de recorrernos media ciudad llegamos a la playa, donde la cantidad de gente aglomerada cumpliendo con ese ritual de buena suerte nos lo hizo pensar un par de veces. El caso es que me quedó demostrado que eso de que trae buena suerte es una chorrada puesto que uno de ellos al salir del agua, descalzo pisó un trozo de botella de algún borracho desaprensivo y se paso el resto de la noche desangrándose por el pie.
Visto el éxito y la hora tan tardía decidieron volver a la zona de marcha, donde nos quedamos por fin algo más tranquilos.
Después de un cubata y un cigarrillo, me di cuenta de varias cosas. La primera es que fumar ya no es lo mío, de hecho no pude ni siquiera acabármelo porque me dio asco y todo. Segundo, es que ligar con mujeres es difícil, pero no tanto como con los gays, porque a la mayoría de ellas les gusta lo mismo: un chico que esté bien, que sea inteligente, que sea divertido y si tiene dinero mejor. Vamos que buscan un buen partido. Lo de que ellos vayan detrás de ellas a saco es algo que por mucho que digan que no, les encanta. Porque se dio el caso de uno de ellos, que se tiró toda la noche intentando hacer reír a la chica detrás de la cual iba, hasta que lo consiguió. Otra de las cosas de las que me di cuenta es de que los heteros pueden ser parecidos a los gays en el sentido de que también quieren mojar todo el día. Pero estos por lo menos, estaban buenorros, a pesar de ser jóvenes (creo que ninguno era mayor que yo) y sobretodo no tienen pluma. Como dice Mr. C. mi problema es que me gustan los tíos heteros, por lo que es imposible que encuentre jamás a nadie así por donde yo me muevo, que es que más y el que menos algo de plumón tiene.
Es muy difícil pasarse toda la noche en un mundo donde puedes ligar con algo que no te interesa y lo que te interesa pasa de ti. Al menos eso es como yo lo he visto. Y peor aun es que cuando ya estás pillándole el truco, a eso de las 4 de la mañana, de repente cogen y dicen que están cansados y que se quieren ir a dormir. O uno de ellos que tenía que ir al hospital a que le pusiesen la antitetánica por si las moscas.
Así que una vez más me quedé yo solo a dar una vuelta por ahí, hasta que se me hicieron las 8 de la mañana y pensé que sería mejor volver a casa, así como me fui. Sin nada. Eso sí, hay que ver siempre el vaso medio lleno, por lo que puedo decir que a la edad que tengo todavía puedo aguantar hasta las 8 de la mañana sin meterme nada. Lo que es un gran logro.
El resumen queda en eso, mucha fiesta, nada interesante, y poco sueño. Ahora entiendo por qué hay gente que sale huyendo de dichas fiestas, porque al final no consiguen nada de lo que buscan. Yo me pasé todo el fin de semana pensando que si no había podido quedar ni con Mr. C. ni con mis amigos conforme habíamos planeado era por alguna razón, porque iba a conocer a alguien o porque iba a dejar de echarle de menos o simplemente porque algo extraordinario y genial iba a pasarme. Pues sigo esperando a encontrar dicha razón. Si bien está claro que todo sucede por una razón, pues yo todavía me pregunto cual es. Y ahí sigo.