La Falsa Dualidad
Una costumbre que tenemos los seres humanos es la de querer encasillar a la gente, las acciones y todo lo que nos rodea. Si no podemos ponerle una etiqueta a algo es como si no existiese. De ahí que intentemos siempre que todo encuadre en un eje que va desde un polo al otro. Las cosas que se encuentran a nuestro alrededor han de moverse sobre ese eje polarizado. Va de un punto a otro opuesto. Nos movemos guiados por la voluntad de que todo lo que existe tenga su opuesto que haga que sea complementario.
En un mundo en el que el polo norte se opone al polo sur, donde el frío se encuentra en constante pelea con el frío, y donde el Madrid siempre se enfrentará al Barça, ¿existen puntos intermedios? ¿Somos irremediablemente maniqueos? ¿Existe un tercero en discordia que es el que se encarga de que haya variedad y equilibrio en el universo? ¿Realmente es factible la idea de que el universo entra en equilibrio? o ¿se mueve simplemente entre polos opuestos?
Si nos remitimos a la religión, que es aquella institución que intenta darnos respuestas desde tiempos inmemoriales, hay una dualidad irrevocable. Sea cual sea nuestra religión, o nuestro credo, siempre hay un bien y un mal que se oponen. De ahí no nos pueden sacar. Por lo tanto siempre habrá algo malo y algo bueno, pero el término intermedio, algo neutro no existe. O al menos eso es lo que nos indica esta institución.
Podemos reducir a la gente entre los que creen, ya sea en Dios, Alá, Buda, los extraterrestres o lo que sea, y los que no creen en nada más que el cuerpo, que una vez que muramos no hay nada más. Hasta ahí todo quedaba claro, pero luego apareció un grupito de gente que no se conformaba con esa dualidad. Y llegaron los agnósticos y todos aquellos que piensan que puede haber algo no demostrado. No quieren tomar partido por ningún grupo.
Si nos metemos ya en lo que es la religión cristiana, siempre ha habido ese concepto del bien y del mal, de hecho si eras bueno ibas al cielo, pero si eras malo irías al infierno. Claro que luego se dieron cuenta de que no todo el mundo podía ser clasificado de forma tan simplista, por lo que se inventaron un tercer lugar adonde ir una vez muertos, que era el limbo. Lo malo es que con la llegada del nuevo Papa esto se ha reducido a la antiquísima dualidad. Porque si hasta entonces aquellos que no eran ni buenos ni malos tenían algún sitio adonde ir, pero ahora ya no es así, ahora solo están los buenos y los malos, hay que tomar partido por algún bando. Esto viene a ser como una especie de retroceso en el proceso evolutivo, puesto que primero pensamos en línea y luego en tres dimensiones, pero eso ya lo comentaré más adelante.
Si nos vamos a cosas más mundanas, nos daremos cuenta de que casi todo lo que nos rodea se mueve por ese sistema de dualidades. Por ejemplo, están los hombres y las mujeres, lo masculino y lo femenino. Aunque claro cada día es más difícil hacer diferencia entre ambos, por lo que se crean una frontera cada vez más difusa.
Luego si nos fijamos bien es muy difícil poder encasillar a las personas en dos grupos. Si ya no son sólo hombres y mujeres, luego se crearon los grupos de heterosexuales y homosexuales, los gays y las lesbianas, los machos y las hembras (aunque no se correspondan con el sexo que pone en su DNI). Pero claro, había mucha gente que no podía entrar en esos dos grupos, y aparecieron los bisexuales (una sexualidad dual, de nuevo), que son aquellos a los que les gusta tanto la carne como el pescado. Según mi amiga Carmen, eso es trampa porque juegan a dos bandas, pero claro, es el tercero en discordia. Ellos se mueven en un eje que va desde aquel a que le gustan los hombres como a un tonto un lápiz, pero que como se ha liado una vez con una mujer, no quiere reconocer que es homosexual; hasta los casos contrarios, que les van las mujeres y porque una vez tocaron un miembro sexual masculino ya se dicen bisexuales (o bien porque está de moda). Y si nos ponemos a hablar de aquellas personas a las que no les gustan ni los hombres ni las mujeres sino los animales pues ya tenemos aquel tercero en discordia, porque obviamente los bisexuales se polarizan en gustos opuestos, pero no entran a ver una tercera posibilidad.
En lo que concierne a las personas, sin hablar de su sexualidad, también hay una tendencia, algo falsa, a la dualidad. Están los diestros y los zurdos, que se oponen, pero luego llegan aquellos que no son ni lo uno ni lo otro, y que se llaman ambidiestros. Los guapos y los feos, y luego un montón enorme que se le denomina como “gente del montón” y que no son ni guapos ni feos. Los altos y los bajos, y los de estatura media. Los gordos y los flacos, y aquellos que no son ni lo uno ni lo otro. A fin de cuentas si nos remitimos a este ámbito, por mucho que queramos no podemos dividir a las personas en dos grupos, sino por lo menos en tres. Por lo tanto queda casi imposible hablar de dualidad real, sino más bien de mucha gente que va de un extremo a otro, con muchas medias tintas. De hecho tantas medias tintas, que los extremos ni se ven.
En el mundo de la política nos quieren hacer creer que sólo hay dos grupos, los de derechas y los de izquierdas, el PP y el PSOE, los republicanos y los demócratas, los fachas y los rojos, etc. Pero claro, esto es una forma muy simple de ver las cosas, porque no todos son de un lado o del otro, algunos fluctúan entre ambos y que tendemos a decir que son del centro. Porque claro, si hay una izquierda y una derecha, pues tiene que haber un centro también, que sea el equilibrio entre ambos.
En lo social es lo mismo, están los ricos y los pobres, pero cada día es más difícil encontrar ejemplares puros de ambos grupos (aunque sea más fácil encontrarlos del segundo que del primero), por lo que se crea una clase intermedia que viene a agrupar a todo lo que no se puede polarizar. Son las clases medias. De hecho en la mayoría de manuales de sociología se suele dividir a la población en 3 grupos en lugar de 2. Así que ahí tampoco tenemos una dualidad clara.
Incluso en lo que se refiere a los juegos del azar suele haber una tercera opción. Por ejemplo en la quiniela hay tres opciones, una en la que gana un equipo, otra en la que gana el otro, y por último aquella en la que ninguno gana. Aunque claro esta que este ámbito es el que mejor se adapta a la dualidad porque o ganas o pierdes, pero no te sueles quedar a medias (a no ser que te toque el reintegro con lo cual no se sabe donde meterlo).
El universo mismo se rige por una triada, vivimos en 3 dimensiones (X, Y y Z), y no en dos como estamos acostumbrados a imaginar. De hecho muchas veces nos cuesta encontrar soluciones a nuestros problemas porque pensamos de forma lineal sin acordarnos de que existen otras dos direcciones para encontrar lo que buscamos. No existe únicamente el largo y el ancho, sino también el alto. Esto nos produce muchas más combinaciones que la simple dualidad y es una señal de un pensamiento más desarrollado y que busca algo más perfecto y estable.
Los pares a fin de cuentas son una repetición de la dualidad. Por ejemplo, una mesa tiene 4 patas para apoyarse, y muchas veces cojea. Sin embargos las estructuras que se sustentan en 3 apoyos suelen ser más firmes y estar en equilibrio, si no fuese así en fotografía no se utilizaría un trípode para aguantar la cámara de fotos.
Si nos referimos a la lengua, en la que tenemos no se nota mucho, al igual que en la mayoría de lenguas latinas, pero las lenguas anglosajonas han pasado de la dualidad, lo cual las suele hacer más ricas. Si bien en esos idiomas hay como en el nuestro un genero masculino y otro femenino, ellos han ido más lejos y han agregado un tercero para todo aquello que no ha de entrar en una de estas dos categorías, es el neutro. Es una especie de cajón de sastre donde entra todo aquello que no tiene género marcado, que no puede ser considerado de uno o del otro porque no tendría lógica. Por ejemplo, ¿por qué una mesa ha de ser femenina y no masculina? A fin de cuentas es un objeto y por lo tanto no tiene diferenciación sexual. De ahí que sean idiomas que se consideren más ricos a nivel de vocabulario, puesto que se mueven en 3 dimensiones.
Y si esto sucede con el género, también lo hace con el número, pero de forma menos evidente. Si bien podemos reducirlo todo a plural o a singular, luego hemos tenido que crear una nueva categoría para todo aquello que no es ni lo uno ni lo otro, por que no se puede contar. Son los incontables. Es decir todo aquello que no se puede dividir o multiplicar porque no es medible. Se refiere por lo general a términos abstractos, puesto que todo lo que es material se puede contar, pero lo que no se puede tocar o que solo existe en nuestra mente. Esto proviene de una evolución del pensamiento, que nos hace más complejos en ese ámbito, como pasa con la aparición del neutro. Al tener una conciencia más compleja, debemos encontrar el equilibrio saliendo de la dualidad.
Si nos fijamos bien todo lo que nos rodea se mueve en una falsa dualidad que viene a encubrir un estado de equilibrio que solamente es posible si consideramos un tercer elemento que viene a darnos lo que los dos primeros no consiguen completar. Si bien el universo siempre tiende al equilibrio, no lo hace porque se mueva en un eje de un lado positivo a uno negativo, sino que lo hace porque se mueve en las 3 dimensiones, con lo cual al final siempre llega a un punto neutro.
En un mundo en el que el polo norte se opone al polo sur, donde el frío se encuentra en constante pelea con el frío, y donde el Madrid siempre se enfrentará al Barça, ¿existen puntos intermedios? ¿Somos irremediablemente maniqueos? ¿Existe un tercero en discordia que es el que se encarga de que haya variedad y equilibrio en el universo? ¿Realmente es factible la idea de que el universo entra en equilibrio? o ¿se mueve simplemente entre polos opuestos?
Si nos remitimos a la religión, que es aquella institución que intenta darnos respuestas desde tiempos inmemoriales, hay una dualidad irrevocable. Sea cual sea nuestra religión, o nuestro credo, siempre hay un bien y un mal que se oponen. De ahí no nos pueden sacar. Por lo tanto siempre habrá algo malo y algo bueno, pero el término intermedio, algo neutro no existe. O al menos eso es lo que nos indica esta institución.
Podemos reducir a la gente entre los que creen, ya sea en Dios, Alá, Buda, los extraterrestres o lo que sea, y los que no creen en nada más que el cuerpo, que una vez que muramos no hay nada más. Hasta ahí todo quedaba claro, pero luego apareció un grupito de gente que no se conformaba con esa dualidad. Y llegaron los agnósticos y todos aquellos que piensan que puede haber algo no demostrado. No quieren tomar partido por ningún grupo.
Si nos metemos ya en lo que es la religión cristiana, siempre ha habido ese concepto del bien y del mal, de hecho si eras bueno ibas al cielo, pero si eras malo irías al infierno. Claro que luego se dieron cuenta de que no todo el mundo podía ser clasificado de forma tan simplista, por lo que se inventaron un tercer lugar adonde ir una vez muertos, que era el limbo. Lo malo es que con la llegada del nuevo Papa esto se ha reducido a la antiquísima dualidad. Porque si hasta entonces aquellos que no eran ni buenos ni malos tenían algún sitio adonde ir, pero ahora ya no es así, ahora solo están los buenos y los malos, hay que tomar partido por algún bando. Esto viene a ser como una especie de retroceso en el proceso evolutivo, puesto que primero pensamos en línea y luego en tres dimensiones, pero eso ya lo comentaré más adelante.
Si nos vamos a cosas más mundanas, nos daremos cuenta de que casi todo lo que nos rodea se mueve por ese sistema de dualidades. Por ejemplo, están los hombres y las mujeres, lo masculino y lo femenino. Aunque claro cada día es más difícil hacer diferencia entre ambos, por lo que se crean una frontera cada vez más difusa.
Luego si nos fijamos bien es muy difícil poder encasillar a las personas en dos grupos. Si ya no son sólo hombres y mujeres, luego se crearon los grupos de heterosexuales y homosexuales, los gays y las lesbianas, los machos y las hembras (aunque no se correspondan con el sexo que pone en su DNI). Pero claro, había mucha gente que no podía entrar en esos dos grupos, y aparecieron los bisexuales (una sexualidad dual, de nuevo), que son aquellos a los que les gusta tanto la carne como el pescado. Según mi amiga Carmen, eso es trampa porque juegan a dos bandas, pero claro, es el tercero en discordia. Ellos se mueven en un eje que va desde aquel a que le gustan los hombres como a un tonto un lápiz, pero que como se ha liado una vez con una mujer, no quiere reconocer que es homosexual; hasta los casos contrarios, que les van las mujeres y porque una vez tocaron un miembro sexual masculino ya se dicen bisexuales (o bien porque está de moda). Y si nos ponemos a hablar de aquellas personas a las que no les gustan ni los hombres ni las mujeres sino los animales pues ya tenemos aquel tercero en discordia, porque obviamente los bisexuales se polarizan en gustos opuestos, pero no entran a ver una tercera posibilidad.
En lo que concierne a las personas, sin hablar de su sexualidad, también hay una tendencia, algo falsa, a la dualidad. Están los diestros y los zurdos, que se oponen, pero luego llegan aquellos que no son ni lo uno ni lo otro, y que se llaman ambidiestros. Los guapos y los feos, y luego un montón enorme que se le denomina como “gente del montón” y que no son ni guapos ni feos. Los altos y los bajos, y los de estatura media. Los gordos y los flacos, y aquellos que no son ni lo uno ni lo otro. A fin de cuentas si nos remitimos a este ámbito, por mucho que queramos no podemos dividir a las personas en dos grupos, sino por lo menos en tres. Por lo tanto queda casi imposible hablar de dualidad real, sino más bien de mucha gente que va de un extremo a otro, con muchas medias tintas. De hecho tantas medias tintas, que los extremos ni se ven.
En el mundo de la política nos quieren hacer creer que sólo hay dos grupos, los de derechas y los de izquierdas, el PP y el PSOE, los republicanos y los demócratas, los fachas y los rojos, etc. Pero claro, esto es una forma muy simple de ver las cosas, porque no todos son de un lado o del otro, algunos fluctúan entre ambos y que tendemos a decir que son del centro. Porque claro, si hay una izquierda y una derecha, pues tiene que haber un centro también, que sea el equilibrio entre ambos.
En lo social es lo mismo, están los ricos y los pobres, pero cada día es más difícil encontrar ejemplares puros de ambos grupos (aunque sea más fácil encontrarlos del segundo que del primero), por lo que se crea una clase intermedia que viene a agrupar a todo lo que no se puede polarizar. Son las clases medias. De hecho en la mayoría de manuales de sociología se suele dividir a la población en 3 grupos en lugar de 2. Así que ahí tampoco tenemos una dualidad clara.
Incluso en lo que se refiere a los juegos del azar suele haber una tercera opción. Por ejemplo en la quiniela hay tres opciones, una en la que gana un equipo, otra en la que gana el otro, y por último aquella en la que ninguno gana. Aunque claro esta que este ámbito es el que mejor se adapta a la dualidad porque o ganas o pierdes, pero no te sueles quedar a medias (a no ser que te toque el reintegro con lo cual no se sabe donde meterlo).
El universo mismo se rige por una triada, vivimos en 3 dimensiones (X, Y y Z), y no en dos como estamos acostumbrados a imaginar. De hecho muchas veces nos cuesta encontrar soluciones a nuestros problemas porque pensamos de forma lineal sin acordarnos de que existen otras dos direcciones para encontrar lo que buscamos. No existe únicamente el largo y el ancho, sino también el alto. Esto nos produce muchas más combinaciones que la simple dualidad y es una señal de un pensamiento más desarrollado y que busca algo más perfecto y estable.
Los pares a fin de cuentas son una repetición de la dualidad. Por ejemplo, una mesa tiene 4 patas para apoyarse, y muchas veces cojea. Sin embargos las estructuras que se sustentan en 3 apoyos suelen ser más firmes y estar en equilibrio, si no fuese así en fotografía no se utilizaría un trípode para aguantar la cámara de fotos.
Si nos referimos a la lengua, en la que tenemos no se nota mucho, al igual que en la mayoría de lenguas latinas, pero las lenguas anglosajonas han pasado de la dualidad, lo cual las suele hacer más ricas. Si bien en esos idiomas hay como en el nuestro un genero masculino y otro femenino, ellos han ido más lejos y han agregado un tercero para todo aquello que no ha de entrar en una de estas dos categorías, es el neutro. Es una especie de cajón de sastre donde entra todo aquello que no tiene género marcado, que no puede ser considerado de uno o del otro porque no tendría lógica. Por ejemplo, ¿por qué una mesa ha de ser femenina y no masculina? A fin de cuentas es un objeto y por lo tanto no tiene diferenciación sexual. De ahí que sean idiomas que se consideren más ricos a nivel de vocabulario, puesto que se mueven en 3 dimensiones.
Y si esto sucede con el género, también lo hace con el número, pero de forma menos evidente. Si bien podemos reducirlo todo a plural o a singular, luego hemos tenido que crear una nueva categoría para todo aquello que no es ni lo uno ni lo otro, por que no se puede contar. Son los incontables. Es decir todo aquello que no se puede dividir o multiplicar porque no es medible. Se refiere por lo general a términos abstractos, puesto que todo lo que es material se puede contar, pero lo que no se puede tocar o que solo existe en nuestra mente. Esto proviene de una evolución del pensamiento, que nos hace más complejos en ese ámbito, como pasa con la aparición del neutro. Al tener una conciencia más compleja, debemos encontrar el equilibrio saliendo de la dualidad.
Si nos fijamos bien todo lo que nos rodea se mueve en una falsa dualidad que viene a encubrir un estado de equilibrio que solamente es posible si consideramos un tercer elemento que viene a darnos lo que los dos primeros no consiguen completar. Si bien el universo siempre tiende al equilibrio, no lo hace porque se mueva en un eje de un lado positivo a uno negativo, sino que lo hace porque se mueve en las 3 dimensiones, con lo cual al final siempre llega a un punto neutro.





