El Que Espera Desespera
Si bien en un artículo anterior he escrito que la esperanza suele ser algo positivo, he de reconocer que se basa sobretodo en la paciencia, lo cual es algo que no todos poseemos. Muchas veces aquello que más deseamos es aquello que más se hace de rogar. Suelen decir que lo que vale la pena cuesta, pero no dinero sino tiempo. Pues de todos es sabido que lo que realmente vale la pena es difícil de obtener y por lo general nos resultara complicado llegar a esa meta.
En un mundo en el que estamos acostumbrados a que todo sea inmediato, donde las cartas llegan en menos de un segundo, (gracias a Internet), donde la velocidad de la red se mide en megas, ¿hay sitio para la espera? ¿Sabemos ser pacientes? ¿Sigue teniendo valor aquello que se hace esperar? En un mundo acelerado ¿es necesario que algunas cosas sigan siendo parsimoniosas?
Si estamos buscando trabajo, aunque lo hagamos por Internet las cosas no son tan rápidas como nos gustaría. Primero tenemos que darnos de alta en alguna página de ofertas de empleo, en el que nos hacen todo tipo de preguntas, luego tenemos que ponernos a mirar aquellas ofertas que más nos interesan. Probablemente estemos toda la tarde o toda la mañana en esta labor. Lo divertido es lo que ponen en requisitos deseados, ya que por desear algo que no sea, pero la mayoría de las veces lo que piden es realmente ridículo. Desde experiencia en un sector en el que si la tienes no estarías buscando empleo, hasta que seas de una edad o sexo determinado.
Luego tú les mandas tu currículo y tienes que esperar el largo proceso de selección. Lo primero es que alguien al otro lado de la red selecciona aquellos candidatos que le resultan interesantes, luego lee sus datos personales, los estudios y los anteriores puestos de trabajo. Y finalmente se ponen en contacto con la persona en cuestión. Pero para que lleguemos a este punto ya ha pasado por lo menos una semana o más. Algunas veces tienen incluso que recordarte en qué consiste el puesto de trabajo para el que te has apuntado.
Luego te presentas a las entrevistas para el puesto, y ya ha pasado un mes desde que presentaste la solicitud. Pero la demora no termina ahí, porque cuando sales de ser entrevistado, te dicen que tiene que ver a otros candidatos, por lo que te llamarán para decirte si el puesto es tuyo en un par de semanas. Es decir que aun cuando ya te han hecho la entrevista eres consciente de que para saber si el puesto es tuyo o no aun tiene que pasar más tiempo en el que estarás esperando a ver si tienes trabajo o no.
Por mucho que lo digan, eso de buscar trabajo no es tan rápido como podríamos pensarlo, y por lo general hace falta por lo menos un mes de tiempo hasta que entras en la plantilla, eso si has tenido suerte.
Pero no es el único ámbito de la vida en el que hay que saber esperar. Por lo general en casi todo es así. Ya no solo en el trabajo sino también en la vida personal. Cuando por ejemplo una pareja decide tener hijos es lo que sucede. Ya sea que pongan todos los medios de los que disponen o bien que les pille por sorpresa un embarazo espontáneo, lo mínimo que tienen que esperar serán 9 meses. Es más rápido ir a una tienda de animales y comprarse un perro. Pero claro no se trata de lo mismo, aunque ahí también se tarda.
Cuando a uno de mis peces le dio un ataque psicótico y se cargo a todo ser vivo que había en la pecera, pensé que sería hora de renovar las existencias acuáticas. Así que me fui a cambiarlo a la tienda de siempre, y eso fue lo más veloz de la transacción. Porque cuando quise comprar nuevos peces la cosa fue más difícil. No tenían los que yo quería, y los que podrían haber servido estaban en cuarentena porque estaban enfermos, así que me dijeron que pasase la semana siguiente. En la otra tienda en la que estuve me dijeron que volviese en dos días que tendrían más variedad. Y así en todos lados. Al final esa decisión tan rápida no se derivó en una acción tan veloz. Pero bueno, todo llega y al final sí que pude comprarme mis peces antes de que pasase una semana, pero me costó.
Pues bien, en el campo de las relaciones el tiempo es un factor crucial. Muchas veces creemos que porque en las películas nos metan por todos lados el tema del flechazo, que eso es lo único que existe. Mi experiencia me dice que no es así. Por el contrario la mayoría de relaciones que conozco que han funcionado se han basado en un comienzo muy lento. Pero esto se me olvida siempre que conozco a alguien nuevo.
De todas las relaciones que he tenido, la única que ha durado algo más que una temporada (más bien invierno, porque aquí el verano dura más que en el resto de España) ha sido una en la que las cosas se fueron desarrollando de forma lenta pero solidamente. Pasaron muchas semanas hasta que la cosa no se puso seria, y aun así fue algo bastante rápido en comparación con lo que me cuentan algunos amigos que son capaces de ir detrás de alguien durante meses sin saber si la cosa va a salir bien o no.
Lo chungo del flechazo es que es algo que la industria de los medios de comunicación nos ha hecho aceptar como lo único que vale, cuando se trata de un porcentaje ínfimo de éxito. Es muy difícil que cuando conoces a alguien sientas todo aquello que los años han conseguido hacer madurar en el corazón de las personas. Con esto no digo que no pueda pasar que conoces a alguien y que a los dos días ya te cases con él o ella, que eso también existe, pero seamos sinceros, son muy pocas personas las que han vivido eso y no se han dado con los dientes en el bordillo. La mayoría de veces eso sale mal, lo cual no significa que no pueda pasar. Pero por lo general son relaciones basadas únicamente en la pasión del primer encuentro, y una vez que eso se acaba, porque todo acaba, ya no queda nada porque la pasión ha sido capaz de oscurecer lo demás de tal forma que no somos capaces de apreciarlo.
En las relaciones que se producen de forma más lenta, el factor pasión también está presente, pero de forma más controlada. Las cosas se demoran más en suceder, pero cuando lo hacen no es de la forma tan torpe como cuando nos movemos cegados por la libido. El resultado que se hace esperar suele ser mejor, aunque claro, las expectativas suelen jugarnos malas pasadas. Por eso es importante que conservemos los pies en la tierra.
Si nos fijamos en las relaciones que nos rodean que han funcionado, como la de nuestros padres, tíos, abuelos, etc. la mayoría se han forjado con el paso del tiempo. Aunque está claro que el atractivo es importante, que si la persona no le ha entrado a la otra por los ojos en un primer momento la cosa está complicada, pero el roce es el que hace el cariño.
En una relación que pretende ser duradera, las cosas han de consolidarse de una forma natural, sin que sean forzadas, y para eso, por mucho que me cueste admitirlo, hace falta tiempo. Como bien dicen algunas personas, las escaleras se suben peldaño a peldaño, si no lo haces así es posible que te rompas la cadera.
Muchas personas basan las relaciones en el físico, con lo cual el problema es que, cuando estas acostumbrado a que solo te interese alguien por su cuerpo, no sueles dejar sitio para conocer realmente el interior de la persona, que es lo que realmente importa en la relación. Si bien lo de fuera está bien, porque es algo que no podemos obviar, es con el interior de la persona con el que hay que convivir. Lo de fuera es pasajero. Tú puedes salir con un cañón de persona, pero si de repente le da por aficionarse al chocolate, puedes decirle adiós a su forma física, y darle la bienvenida a los michelines. Si lo único que te interesaba de esa persona era que estaba buena, pues está claro que la cosa no podrá durar mucho. Por el contrario el interior es lo que no podemos cambiar porque nos de por comer o dejar de hacerlo. Cuando hemos llegado a cierta edad ya es muy difícil dejar aquellas cosas que forman parte de nuestra personalidad. Y todo ello no se conoce en un día, se va conociendo con el paso del tiempo. Con lo cual para que la relación funcione habría que ir lentamente, pero con pasos decididos.
El problema es que hoy en día estamos acostumbrados a que todo se suceda de una forma vertiginosa. Queremos que todo sea para ayer, cuando no nos damos cuenta de que las cosas que realmente merecen la pena, son aquellas que han tardado en producirse.
Si nos fijamos en la economía, uno de los productos más importantes de nuestra vida, el petróleo, tarda millones de años en generarse, de ahí que sea tan raro y por lo tanto tan valioso. Los diamantes también tardan millones de años en formarse, y todos lo considerareis algo valioso. Las carreras universitarias que más prestigio tiene son aquellas que duran más, y no por eso salimos mejor preparados, pero se les considera de mayor relevancia.
En fin, que todo aquello que la sociedad considera importante, muchas veces sin razón, pero algunas veces (las que más nos interesan) con toda la del mundo, son aquellas que no podemos conseguir en un abrir y cerrar de ojos, sino las que nos cuesta sufrimientos y mucha paciencia. Aquello que se nos resiste es a lo que mayor valor le damos, y una de las mayores pruebas de resistencia es la paciencia. ¡Ánimo!
En un mundo en el que estamos acostumbrados a que todo sea inmediato, donde las cartas llegan en menos de un segundo, (gracias a Internet), donde la velocidad de la red se mide en megas, ¿hay sitio para la espera? ¿Sabemos ser pacientes? ¿Sigue teniendo valor aquello que se hace esperar? En un mundo acelerado ¿es necesario que algunas cosas sigan siendo parsimoniosas?
Si estamos buscando trabajo, aunque lo hagamos por Internet las cosas no son tan rápidas como nos gustaría. Primero tenemos que darnos de alta en alguna página de ofertas de empleo, en el que nos hacen todo tipo de preguntas, luego tenemos que ponernos a mirar aquellas ofertas que más nos interesan. Probablemente estemos toda la tarde o toda la mañana en esta labor. Lo divertido es lo que ponen en requisitos deseados, ya que por desear algo que no sea, pero la mayoría de las veces lo que piden es realmente ridículo. Desde experiencia en un sector en el que si la tienes no estarías buscando empleo, hasta que seas de una edad o sexo determinado.
Luego tú les mandas tu currículo y tienes que esperar el largo proceso de selección. Lo primero es que alguien al otro lado de la red selecciona aquellos candidatos que le resultan interesantes, luego lee sus datos personales, los estudios y los anteriores puestos de trabajo. Y finalmente se ponen en contacto con la persona en cuestión. Pero para que lleguemos a este punto ya ha pasado por lo menos una semana o más. Algunas veces tienen incluso que recordarte en qué consiste el puesto de trabajo para el que te has apuntado.
Luego te presentas a las entrevistas para el puesto, y ya ha pasado un mes desde que presentaste la solicitud. Pero la demora no termina ahí, porque cuando sales de ser entrevistado, te dicen que tiene que ver a otros candidatos, por lo que te llamarán para decirte si el puesto es tuyo en un par de semanas. Es decir que aun cuando ya te han hecho la entrevista eres consciente de que para saber si el puesto es tuyo o no aun tiene que pasar más tiempo en el que estarás esperando a ver si tienes trabajo o no.
Por mucho que lo digan, eso de buscar trabajo no es tan rápido como podríamos pensarlo, y por lo general hace falta por lo menos un mes de tiempo hasta que entras en la plantilla, eso si has tenido suerte.
Pero no es el único ámbito de la vida en el que hay que saber esperar. Por lo general en casi todo es así. Ya no solo en el trabajo sino también en la vida personal. Cuando por ejemplo una pareja decide tener hijos es lo que sucede. Ya sea que pongan todos los medios de los que disponen o bien que les pille por sorpresa un embarazo espontáneo, lo mínimo que tienen que esperar serán 9 meses. Es más rápido ir a una tienda de animales y comprarse un perro. Pero claro no se trata de lo mismo, aunque ahí también se tarda.
Cuando a uno de mis peces le dio un ataque psicótico y se cargo a todo ser vivo que había en la pecera, pensé que sería hora de renovar las existencias acuáticas. Así que me fui a cambiarlo a la tienda de siempre, y eso fue lo más veloz de la transacción. Porque cuando quise comprar nuevos peces la cosa fue más difícil. No tenían los que yo quería, y los que podrían haber servido estaban en cuarentena porque estaban enfermos, así que me dijeron que pasase la semana siguiente. En la otra tienda en la que estuve me dijeron que volviese en dos días que tendrían más variedad. Y así en todos lados. Al final esa decisión tan rápida no se derivó en una acción tan veloz. Pero bueno, todo llega y al final sí que pude comprarme mis peces antes de que pasase una semana, pero me costó.
Pues bien, en el campo de las relaciones el tiempo es un factor crucial. Muchas veces creemos que porque en las películas nos metan por todos lados el tema del flechazo, que eso es lo único que existe. Mi experiencia me dice que no es así. Por el contrario la mayoría de relaciones que conozco que han funcionado se han basado en un comienzo muy lento. Pero esto se me olvida siempre que conozco a alguien nuevo.
De todas las relaciones que he tenido, la única que ha durado algo más que una temporada (más bien invierno, porque aquí el verano dura más que en el resto de España) ha sido una en la que las cosas se fueron desarrollando de forma lenta pero solidamente. Pasaron muchas semanas hasta que la cosa no se puso seria, y aun así fue algo bastante rápido en comparación con lo que me cuentan algunos amigos que son capaces de ir detrás de alguien durante meses sin saber si la cosa va a salir bien o no.
Lo chungo del flechazo es que es algo que la industria de los medios de comunicación nos ha hecho aceptar como lo único que vale, cuando se trata de un porcentaje ínfimo de éxito. Es muy difícil que cuando conoces a alguien sientas todo aquello que los años han conseguido hacer madurar en el corazón de las personas. Con esto no digo que no pueda pasar que conoces a alguien y que a los dos días ya te cases con él o ella, que eso también existe, pero seamos sinceros, son muy pocas personas las que han vivido eso y no se han dado con los dientes en el bordillo. La mayoría de veces eso sale mal, lo cual no significa que no pueda pasar. Pero por lo general son relaciones basadas únicamente en la pasión del primer encuentro, y una vez que eso se acaba, porque todo acaba, ya no queda nada porque la pasión ha sido capaz de oscurecer lo demás de tal forma que no somos capaces de apreciarlo.
En las relaciones que se producen de forma más lenta, el factor pasión también está presente, pero de forma más controlada. Las cosas se demoran más en suceder, pero cuando lo hacen no es de la forma tan torpe como cuando nos movemos cegados por la libido. El resultado que se hace esperar suele ser mejor, aunque claro, las expectativas suelen jugarnos malas pasadas. Por eso es importante que conservemos los pies en la tierra.
Si nos fijamos en las relaciones que nos rodean que han funcionado, como la de nuestros padres, tíos, abuelos, etc. la mayoría se han forjado con el paso del tiempo. Aunque está claro que el atractivo es importante, que si la persona no le ha entrado a la otra por los ojos en un primer momento la cosa está complicada, pero el roce es el que hace el cariño.
En una relación que pretende ser duradera, las cosas han de consolidarse de una forma natural, sin que sean forzadas, y para eso, por mucho que me cueste admitirlo, hace falta tiempo. Como bien dicen algunas personas, las escaleras se suben peldaño a peldaño, si no lo haces así es posible que te rompas la cadera.
Muchas personas basan las relaciones en el físico, con lo cual el problema es que, cuando estas acostumbrado a que solo te interese alguien por su cuerpo, no sueles dejar sitio para conocer realmente el interior de la persona, que es lo que realmente importa en la relación. Si bien lo de fuera está bien, porque es algo que no podemos obviar, es con el interior de la persona con el que hay que convivir. Lo de fuera es pasajero. Tú puedes salir con un cañón de persona, pero si de repente le da por aficionarse al chocolate, puedes decirle adiós a su forma física, y darle la bienvenida a los michelines. Si lo único que te interesaba de esa persona era que estaba buena, pues está claro que la cosa no podrá durar mucho. Por el contrario el interior es lo que no podemos cambiar porque nos de por comer o dejar de hacerlo. Cuando hemos llegado a cierta edad ya es muy difícil dejar aquellas cosas que forman parte de nuestra personalidad. Y todo ello no se conoce en un día, se va conociendo con el paso del tiempo. Con lo cual para que la relación funcione habría que ir lentamente, pero con pasos decididos.
El problema es que hoy en día estamos acostumbrados a que todo se suceda de una forma vertiginosa. Queremos que todo sea para ayer, cuando no nos damos cuenta de que las cosas que realmente merecen la pena, son aquellas que han tardado en producirse.
Si nos fijamos en la economía, uno de los productos más importantes de nuestra vida, el petróleo, tarda millones de años en generarse, de ahí que sea tan raro y por lo tanto tan valioso. Los diamantes también tardan millones de años en formarse, y todos lo considerareis algo valioso. Las carreras universitarias que más prestigio tiene son aquellas que duran más, y no por eso salimos mejor preparados, pero se les considera de mayor relevancia.
En fin, que todo aquello que la sociedad considera importante, muchas veces sin razón, pero algunas veces (las que más nos interesan) con toda la del mundo, son aquellas que no podemos conseguir en un abrir y cerrar de ojos, sino las que nos cuesta sufrimientos y mucha paciencia. Aquello que se nos resiste es a lo que mayor valor le damos, y una de las mayores pruebas de resistencia es la paciencia. ¡Ánimo!





