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Khayman en la Ciudad
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Se trata de una columna en la que me gusta publicar mis impresiones acerca de la vida, el sexo, en fin, muchas cosas, ..."Disfrutenla"
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Los Carnavales
Hay una época del año que algunas personas esperan con ansiedad, mientras que otras simplemente la desprecian porque lo ven como algo ridículo. Pero lo cierto es cada año que pasa hay más ocasiones para disfrazarse. Por mucho que algunas personas no quieran, al final es una tradición que va cobrando más fuerza en nuestras vidas, muchos dicen que porque se importa de fuera, pero lo que no saben es la necesidad innata que tenemos a llevar máscaras y disfraces en al vida cotidiana. Carnavales, y cada día más Halloween, no son más que una excusa para que podamos quitarnos el disfraz que tenemos al ponernos uno físico.
En un mundo en el que estamos acostumbrados a tener que fingir cosas, y llevar máscaras todos los días ¿por qué nos gusta tanto disfrazarnos a la mínima ocasión? ¿Tienen razón aquellos escépticos de las máscaras? ¿Acaso no tenemos suficiente con el día a día? O ¿podemos considerar las fiestas de disfraces y los carnavales como una catarsis?
Si bien no voy a entrar en los orígenes de las fiestas de disfraces, de los bailes de máscaras y demás, he de reconocer que es algo que está presente en todas las culturas del orbe, por lo tanto ha de ser algo importante, y no simplemente una chorrada como piensa mucha gente. Se ve que es una tradición que se lleva perpetuando desde las culturas más primitivas como las del Amazonas o las africanas, donde el llevar máscaras tiene un significado práctico, hasta los tiempos más modernos. Si no es así no tendría sentido toda la parafernalia que se monta para los Carnavales de Rio de Janeiro, como es haber traído a los Rolling Stones para un concierto masivo en la playa, o bien los de nuestro país que se celebran en las Canarias.
Claro que muchas personas dirán que estamos ante algo tan comercial como podría ser la reciente San Valentín, o bien otras fechas que no tienen sentido como Halloween o las Navidades. Pero refiriéndome a estas últimas, diría que la culpa ya no es de la fiesta en sí, que existía desde tiempos inmemoriales, sino que es la sociedad que las ha convertido en unas celebraciones puramente comerciales y capitalistas, donde no se mide el valor de la fiesta sino la cantidad de dinero desembolsado para realizarlas.
Porque la mayoría de fiestas que nos vienen de hace más de 200 años, cuando el capitalismo no era lo que regia el mundo, tienen una base tradicional que es la que debemos de respetar. Hay gente que lucha por la independencia de zonas de nuestra geografía bajo la excusa de que el gobierno central está minando su tradición, que les oprime, y sin embargo otras tradiciones más importante si que son rechazadas en masa por la gente por una simple cuestión de ignorancia, porque piensan que son fruto del poder capitalista americano.
Si quitamos aquellas personas que no soportan eso de disfrazarse porque lo encuentran ridículo, o porque piensan que ya es bastante rollo eso de tener que llevar una máscara durante el día (tema que ya trataré más abajo), hay mucha gente a la que le encanta la idea de poder ser otra persona durante un día o al menos durante unas horas.
Muchísimas personas aprovechan cualquier ocasión para dejar atrás sus traumas y poder ser otra persona. Es ponerse un disfraz y cambiar el chip. Las estadísticas indican que la mayoría de los hombres se disfrazan de mujer para los carnavales, lo cual no indica que muchos quieran ser mujer, sino que eso les permite sacar su lado femenino durante unas horas sin que por ello su hombría corra peligro.
Otras personas pueden aprovechar el hecho de que llevan una máscara o un disfraz que les hace irreconocibles por sus amigos o conocidos, y aprovechan para hacer lo que no pueden hacer durante el resto del año. Con una buena máscara puedes meterte en todos aquellos locales a los que no accederías en tiempo normal y a cara descubierta. Por ejemplo, si el tío en cuestión está armarizado por completo y quiere saber como es un local de ambiente, es consciente de que puede acudir allí sin miedo a ser reconocido por sus amigos. Es una protección contra los demás.
Esta es una de las funciones más tradicionales de las máscaras, las de proteger nuestra intimidad de la curiosidad de los demás. No pueden reconocernos, así que somos un extraño entre nuestros amigos. Es una forma de poder liberarnos de las ataduras que conlleva la vida que llevamos sin que por ello corramos el peligro de cargar con las consecuencias. Eso es lo que hacen los ladrones y los atracadores, para que no les reconozcan y luego no puedan ser inculpados. Aquí no estoy hablando de nada ilegal, pero en la base, el propósito es el mismo, el poder hacer algo de lo que no seríamos capaces, por vergüenza, tal vez, y que sin embargo al saber que estamos seguros lo haremos.
Nos sirve para poder sacar de dentro aquello que tenemos y que necesitamos exteriorizar.
Muchas veces no es solo por lo de llevar una máscara que nos gusta disfrazarnos, y la libertad que ello conlleva. A veces es porque realmente queremos ser otra persona, el llevar un traje de esos nos permite ser por el espacio de una noche alguien diferente. Si siempre hemos querido ser un vaquero o una princesa, es el día en el que podemos serlo. De hecho una de las mayores diversiones de la noche de carnavales o de las fiestas de disfraces es poder meterse en el papel del personaje que representamos.
Ese día tenemos la oportunidad de hacer lo que deseamos por unas horas, de ahí que a tanta gente le guste disfrazarse de cosas totalmente opuestas a lo que son realmente, por eso tantos hombres se visten de mujer ese día, no hablo de aquellos que lo hacen con frecuencia, otros se visten de sus héroes de la infancia, o bien ellas se ponen trajes de época para poder ser princesas o reinas durante un corto periodo de tiempo. Puedes sacarte esa espinita que tenias dentro y ser lo que te gustaría ser por un día.
Pero no siempre hay que llevar máscaras en fiestas de carnavales. A veces tenemos la desgracia de tener que hacerlo todos los días. No me refiero a aquellas personas que trabajan en los parques temáticos y que deben de convertirse en el pato Donald todos los días. Estoy hablando de que la sociedad nos obliga a ocultar nuestro rostro o como realmente somos.
La vida cotidiana no siempre nos permite ser como nos gustaría ser, y muchas veces la sinceridad es un privilegio que no nos podemos permitir. Esto es algo que muchos hombres con tendencias sexuales contrarias a lo que deberían ser tienen que padecer, y que comúnmente se le llama estar dentro del armario. Para estas personas el día a día es un baile de disfraces, o como decía yo, es ser Batman, porque de noche son una persona y durante el día, en el trabajo, y para la gente de su familia son otra persona, que no tiene por que ser incompatible, pero que la mayoría de veces lo es.
Esas personas llevan el disfraz durante el día, con sus seres cercanos, a los que no les revelan su verdadera identidad, y por la noche, o en la intimidad, se quitan esa máscara y son como ellos querrían ser realmente, aunque siempre les quede algo de disfraz puesto.
Pero no únicamente la gente que está en el armario tiene por qué llevar un disfraz, todo ser humano tiene que hacerlo para que la sociedad lo respete. Nuestras acciones o comportamientos nunca serían reconocidos y aprobados por todo el mundo. Muchas veces hemos de ocultar la verdad a los ojos de los demás. Los jóvenes muchas veces tienen que esconderse para fumar y que no les pillen los padres, o se hacen tatuajes en zonas donde sus progenitores no irán a mirar. Las chicas han de mentir acerca de los chicos con los que han estado en la cama porque la sociedad no admite que una mujer sea sexualmente desinhibida, aunque esto cada día es más frecuente, pero no lo queremos admitir. Incluso las personas adultas han de ocultar ciertos datos de sus vidas que no han de saber los demás, porque no les entenderían, les podrían rechazar o marginar.
Hemos de llevar esas máscaras todo el día para poder sobrevivir a la sociedad y ser felices. Pero la cantidad de capas de llevemos va en relación con el estado de satisfacción que tengamos hacia nosotros mismos. Porque hay ciertas personas que se disfrazan para no reconocerse a sí mismos. Es cierto que para algunas personas el mirarse al espejo es una especie de bailes de disfraces, porque hacen todo lo posible por no reconocer a quien tienen delante. No se aceptan a sí mismos y por lo tanto intentan engañarse a ellos mismos con artilugios diversos. Ellos siempre llevan una máscara porque no se aceptan como son, y por lo tanto intentan esconder aquello que no soportan de ellos mismos.
Al final son unas fechas para pasarlo bien, únicamente. No se trata de buscarle los tres pies al gato, a aquellas personas que les gusta hacerse pasar por otra cosa durante unas horas, les viene bien, a aquellos que no les gusta, siempre pueden irse de viaje, o simplemente pasar de todo. Pero al final de cuentas, el verdadero carnaval es aquel al que debemos acudir todos los días. El de la vida.
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