En La Sala De Espera
Creo que voy a iniciar un ciclo sobre las rupturas, porque es lo que más se ve hoy en día. Las parejas cortan por razones tan insignificantes que a veces no merece la pena ni recordarlas o nombrarlas. En este caso se trata de una mutación de la clásica ruptura chunga. Cuando las dos personas deciden tomarse un tiempo de descanso para reflexionar. Siempre hay una de las dos que no sabe donde está ni que es lo que debe hacer. Si una relación es cosa de dos, ¿por qué siempre hay una persona que se queda a la deriva? Al final ¿Quién toma la decisión fatal? ¿Si la otra persona ha tomado una decisión por su cuenta debemos luchar o resignarnos?
En un mundo en el que todo funciona bajo los principios de la obsolescencia programada, ¿Quién programa la duración de nuestras relaciones?
Nuestra cabeza es un hervidero de preguntas sin respuesta que se nos van acumulando durante el periodo de descanso. Nos martillean los sesos intentando que nos volvamos locos, los que no lo estamos ya de alguna forma. Y al final la mayoría se quedan en el tintero porque nunca encontraremos la solución a lo que nos está sucediendo.
Primero que todo he de admitir que no todas las veces que se decide tomarse un respiro la cosa no se pueda arreglar después. Pero en la mayoría de los casos es una forma sencilla y menos dolorosa de cortar, porque la distancia hace que poco a poco nos vayamos olvidando de la persona, y cuando nos damos cuenta ya no la necesitamos a nuestro lado.
Generalmente siempre es cuando una de las dos personas se agobia cuando se pide un respiro. Y aunque la otra no lo quiera aceptar, no tiene más remedio que tragar y quedarse en el banquillo viendo el partido desde fuera, porque ya no tiene palabra que decir en ese juego. Entonces es cuando empieza la tortura realmente dicha.
Es como cuando estas en la sala de espera de un consultorio médico esperando que te den los resultados de unos análisis, aunque muchos lo que hacemos es estar preparándonos para oír la palabra cáncer o algo así. Siempre me han dicho que si te preparas a lo peor, luego cuando sucede lo bueno, que de todos modos aunque no lo sea lo parece en comparación con lo peor, te alivia mucho más que si te cogen por sorpresa y te sueltan la bomba encima. Al menos ya estabas en posición para que te destrocen y duele menos.
Por eso cuando estamos puestos en espera, estamos pensando en lo que podría salir mal, y de alguna forma anticipándonos a ello, porque todos sabemos que cuando una relación empieza a cojear, por lo general nunca vale la pena arreglarla. Porque hoy en día todo funciona bajo el principio de que si algo se estropea lo tiras y te lo compras nuevo. Si tu novio no termina de gustarte, o tienes algún problema con él, cortas y te vas a buscar a otro, porque siempre hay algo mejor esperando. Eso de que más vale malo conocido que bueno por conocer no se lo aplica ya ni el que se invento esa cita.
Pero cuando el electrodoméstico que han dejado en el fondo del armario esperando a que un día vuelvan a necesitar eres tú, las cosas cambian. Hay gente que se cree que somos objetos que pueden dejar a un lado un periodo de tiempo y que cuando vuelvan a querer usarnos o cuando se acuerden de que existimos. Pero el problema que tenemos son nuestros sentimientos.
Nadie se merece estar en la sala de espera sin saber cual va a ser el veredicto. De hecho creo que los que se inventaron este proceso judicial lo hicieron para poder torturar a los culpables antes de que sean reconocidos como tales. De esa forma la mayoría deberían rajarse y por la presión declararse culpables para que por fin les digan algo y se acabe la agonía.
Seamos sinceros, esto es una crónica de una muerte anunciada. La muerte de la relación que tanto apreciábamos. Y como con las enfermedades en las que nuestros seres queridos sufren horrores antes de expirar, nosotros estamos deseando que el dolor acabe pronto y que nos llegue la paz. Estamos en un momento en el que no sabemos ni qué pensar, ni qué decir, ni qué hacer. Lo único que sabemos con certeza es que estamos emocionalmente devastados, y que necesitamos que alguien nos remate y nos de la paz.
Lo difícil siempre es encontrar la forma de mantenerse ocupado mientras se espera el veredicto. Porque de otra forma nos podríamos volver locos. Algunos piensan que una forma es desquitándose y haciendo todo lo que no pueden hacer cuando están con pareja, ya que oficialmente es un tiempo en el que uno está en un estado parecido al de la soltería. Entonces salen a ligar y a acostarse con tantas personas como puedan para luego no tener que arrepentirse de haber desaprovechado oportunidades. Otros eligen poner al día sus vidas, lo cual siempre viene bien, quedar con amigos dejados de lado durante la relación, o reabrir expedientes pendientes. Y por lo general eso suele ser positivo porque nos damos cuenta de que hay vida después del amor, y que esta relación nos estaba consumiendo, o que nos habíamos convertido en algo que no somos o no queremos ser. A veces una relación es como una exposición violenta de radiación, hace que mutemos y nos transformemos en una cosa muy lejana a lo que éramos. Es el Lado Oscuro de la Fuerza del que es muy difícil volver, te vas convirtiendo poco a poco y cuando te quieres dar cuenta eres Darth Vader.
Pero donde manda el corazón no manda nadie más, y él es muy caprichoso, a pesar de que nos demos cuenta de que tal vez las cosas son mejor como están y no como iban con esa persona Es muy difícil poder decir sinceramente que nos alegramos de que la cosa vaya a salir mal y de que nos declaren culpables, de que nos condenen a no volver a amarles, ni tocarles, ni poder besarles una sola vez más.
Los momentos que nos conceden para pensar sobre nuestra relación no deben de ser un momento de tortura, sino de introspección en el que nos debemos dar cuenta de lo que realmente queremos, ya sea estar con esa persona o no, y al final con esos conocimientos, ya podremos llegar a un acuerdo o no. Ya tenemos más cartas para jugar, porque nos hemos encontrado con una parte de nosotros que la relación estaba ocultándonos. Pero no nos olvidemos que una relación entre dos personas es cosa de ambas, y las soluciones deberían buscarse entre los dos.

En un mundo en el que todo funciona bajo los principios de la obsolescencia programada, ¿Quién programa la duración de nuestras relaciones?
Nuestra cabeza es un hervidero de preguntas sin respuesta que se nos van acumulando durante el periodo de descanso. Nos martillean los sesos intentando que nos volvamos locos, los que no lo estamos ya de alguna forma. Y al final la mayoría se quedan en el tintero porque nunca encontraremos la solución a lo que nos está sucediendo.
Primero que todo he de admitir que no todas las veces que se decide tomarse un respiro la cosa no se pueda arreglar después. Pero en la mayoría de los casos es una forma sencilla y menos dolorosa de cortar, porque la distancia hace que poco a poco nos vayamos olvidando de la persona, y cuando nos damos cuenta ya no la necesitamos a nuestro lado.
Generalmente siempre es cuando una de las dos personas se agobia cuando se pide un respiro. Y aunque la otra no lo quiera aceptar, no tiene más remedio que tragar y quedarse en el banquillo viendo el partido desde fuera, porque ya no tiene palabra que decir en ese juego. Entonces es cuando empieza la tortura realmente dicha.
Es como cuando estas en la sala de espera de un consultorio médico esperando que te den los resultados de unos análisis, aunque muchos lo que hacemos es estar preparándonos para oír la palabra cáncer o algo así. Siempre me han dicho que si te preparas a lo peor, luego cuando sucede lo bueno, que de todos modos aunque no lo sea lo parece en comparación con lo peor, te alivia mucho más que si te cogen por sorpresa y te sueltan la bomba encima. Al menos ya estabas en posición para que te destrocen y duele menos.
Por eso cuando estamos puestos en espera, estamos pensando en lo que podría salir mal, y de alguna forma anticipándonos a ello, porque todos sabemos que cuando una relación empieza a cojear, por lo general nunca vale la pena arreglarla. Porque hoy en día todo funciona bajo el principio de que si algo se estropea lo tiras y te lo compras nuevo. Si tu novio no termina de gustarte, o tienes algún problema con él, cortas y te vas a buscar a otro, porque siempre hay algo mejor esperando. Eso de que más vale malo conocido que bueno por conocer no se lo aplica ya ni el que se invento esa cita.
Pero cuando el electrodoméstico que han dejado en el fondo del armario esperando a que un día vuelvan a necesitar eres tú, las cosas cambian. Hay gente que se cree que somos objetos que pueden dejar a un lado un periodo de tiempo y que cuando vuelvan a querer usarnos o cuando se acuerden de que existimos. Pero el problema que tenemos son nuestros sentimientos.
Nadie se merece estar en la sala de espera sin saber cual va a ser el veredicto. De hecho creo que los que se inventaron este proceso judicial lo hicieron para poder torturar a los culpables antes de que sean reconocidos como tales. De esa forma la mayoría deberían rajarse y por la presión declararse culpables para que por fin les digan algo y se acabe la agonía.
Seamos sinceros, esto es una crónica de una muerte anunciada. La muerte de la relación que tanto apreciábamos. Y como con las enfermedades en las que nuestros seres queridos sufren horrores antes de expirar, nosotros estamos deseando que el dolor acabe pronto y que nos llegue la paz. Estamos en un momento en el que no sabemos ni qué pensar, ni qué decir, ni qué hacer. Lo único que sabemos con certeza es que estamos emocionalmente devastados, y que necesitamos que alguien nos remate y nos de la paz.
Lo difícil siempre es encontrar la forma de mantenerse ocupado mientras se espera el veredicto. Porque de otra forma nos podríamos volver locos. Algunos piensan que una forma es desquitándose y haciendo todo lo que no pueden hacer cuando están con pareja, ya que oficialmente es un tiempo en el que uno está en un estado parecido al de la soltería. Entonces salen a ligar y a acostarse con tantas personas como puedan para luego no tener que arrepentirse de haber desaprovechado oportunidades. Otros eligen poner al día sus vidas, lo cual siempre viene bien, quedar con amigos dejados de lado durante la relación, o reabrir expedientes pendientes. Y por lo general eso suele ser positivo porque nos damos cuenta de que hay vida después del amor, y que esta relación nos estaba consumiendo, o que nos habíamos convertido en algo que no somos o no queremos ser. A veces una relación es como una exposición violenta de radiación, hace que mutemos y nos transformemos en una cosa muy lejana a lo que éramos. Es el Lado Oscuro de la Fuerza del que es muy difícil volver, te vas convirtiendo poco a poco y cuando te quieres dar cuenta eres Darth Vader.
Pero donde manda el corazón no manda nadie más, y él es muy caprichoso, a pesar de que nos demos cuenta de que tal vez las cosas son mejor como están y no como iban con esa persona Es muy difícil poder decir sinceramente que nos alegramos de que la cosa vaya a salir mal y de que nos declaren culpables, de que nos condenen a no volver a amarles, ni tocarles, ni poder besarles una sola vez más.
Los momentos que nos conceden para pensar sobre nuestra relación no deben de ser un momento de tortura, sino de introspección en el que nos debemos dar cuenta de lo que realmente queremos, ya sea estar con esa persona o no, y al final con esos conocimientos, ya podremos llegar a un acuerdo o no. Ya tenemos más cartas para jugar, porque nos hemos encontrado con una parte de nosotros que la relación estaba ocultándonos. Pero no nos olvidemos que una relación entre dos personas es cosa de ambas, y las soluciones deberían buscarse entre los dos.






