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Khayman en la Ciudad
Comentarios sobre la vida
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Se trata de una columna en la que me gusta publicar mis impresiones acerca de la vida, el sexo, en fin, muchas cosas, ..."Disfrutenla"
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La Guerra De Los Mundos
Cuando ya hemos acabado con algunos de los mitos que nos rodean, nos damos cuenta de que muchas veces desconocemos lo que tenemos en nuestro ecosistema social. Muchas veces esto nos pone en una situación desagradable, porque nuestros valores personales y nuestras enseñanzas se enfrentan a lo que realmente es nuestro mundo. Lo cual nos provoca muchas veces un desconcierto e incluso un mal rollo algo molesto.
Dicen que en la vida todas las elecciones nos llevan por caminos distintos. Sin embargo lo que elegimos hoy, al igual que en el cruce de ríos, nos puede llevar o muy lejos de donde queremos ir o muy cerca. Sin embargo ¿cómo podemos saber si la elección que vamos a tomar es la correcta? Y si no puedes elegir ¿qué haces al respecto? ¿Qué pasa cuando estás del lado que no te gusta, pero no hay manera de cambiar de forma de ser?
Mi amigo C. siempre me dice que ningún lado de la acera es mejor que el otro, que cada uno tiene sus pros y sus contras, y que debemos mirar qué es lo que más nos conviene, en el caso de poder elegir. Pero cuando te tienes que quedar donde estas, porque no eres capaz de sobrevivir del otro lado, entonces es cuando tienes que conformarte con lo que hay y buscarle el lado bueno. Está claro que para llegar a ello has tenido que haberlos visto los dos.
Esta claro que la perfección no existe y por lo tanto cada parte tiene sus lados bueno y sus lados malos, y si puedes elegir debes valorar qué es lo que más te aporta. Por eso cuando mi amigo C. me dice que él ha elegido la parte que menos me conviene, no se lo puedo reprochar.
En publicidad nos enseñaron que una de las mejores campañas de la historia fue aquella en el que el anuncio decía “busque, compare y si encuentra algo mejor, cómprelo”. Esto lo podemos aplicar fácilmente en este ámbito. Para ello, lo primero es conocer las ofertas que hay en el mercado, y luego ya se puede decidir. Pero lo difícil es cuando no existe tal elección.
Antes de ponerme dramático, me gustaría compartir lo que he visto que existe en el exterior del mundo al que estaba acostumbrado.
He de decir que gracias al trabajo, desde el que escribo últimamente, y por culpa del cual ya solo lo hago cada 15 o 20 días, he descubierto que no todo gira alrededor del ambiente. Y, por el contrario, de que somos una gran minoría, a pesar de que estemos en todos lados. El mundo no gira alrededor del ambiente, ni de la purpurina ni de la pluma. Lo cual es un alivio, la verdad.
Tengo un compañero, que ha entrado hace poco, que con 34 años nos ha contado que conoce a su mujer desde hace 20 años. Cuando nos ha dicho eso, me he quedado muerto. Yo tengo sólo 9 años menos y mi relación más larga ha sido de 4 años. Vamos que ya no llego a esos niveles de intimidad por la parte que me toca. Esta cuestión me ha hecho pensar en lo que son las relaciones de un lado y las del otro. Cuando mis padres tenían mi edad ya estaban casados. Cuando mis abuelos tenían mi edad, ya tenían 2 hijos. Mis amigas del instituto, que son con las únicas que hablo, ya que los compañeros de clase han desaparecido en combate, ya están casadas y algunas ya van por el segundo hijo.
Parece ser que me he quedado en los 20 años, y ya estoy más cerca de los 30 que de los 20. y sin embargo las cosas no han cambiado mucho. El único amigo del instituto con el que todavía tengo contacto esta peor que yo. Porque los compañeros de verano de mi urbanización, que también tienen mi edad, ya van por la boda o por los niños. No me pregunto por qué es así, porque sé la respuesta.
En el mundo general hay un periodo en el que los chicos se divierten, salen de marcha y conocen chicas. Luego un día conocen una chica que les mola, que les trata bien y que es cariñosa, y entonces la enganchan y se lían, se conocen mejor, se gustan y al final forman una pareja. Siempre hay excepciones, gente que le cuesta más arrejuntarse o que son más ariscos. Una de mis compañeras de clase sigue tan soltera como cuando la conocí. Pero he de admitir que su caso es bastante poco frecuente. Ya que las demás llevan ya varios años con sus parejas.
En el mundo gay la cosa va mucho más rápida y se queda en la superficie. No hay edades tan definidas. Los chicos se divierten igual con 16 años que con 46. Y aunque esto suene muy extremo, es lo que hay. Saliendo por los locales de marcha de ambiente se ven todo tipo de personas. Hay chicos muy jóvenes y gente mayor por igual. Cosa que no se ve en los locales heterosexuales. Los hay de gente mayor, y los hay de gente joven, al igual que locales intermedios, pero no se suelen mezclar. Sin embargo ene l mundo gay sí que hay esta variedad. Lo cual en un primer momento es algo positivo.
Pero si miramos más allá de la superficie, nos damos cuenta del lado oscuro que esto demuestra. La gente de más de 35 años, sigue saliendo de marcha, porque no tiene más remedio. No han encontrado nadie que los saque de ahí, y como sus vidas no tienen nada que les llene en el lado afectivo, lo compensan con la marcha. No digo que no se diviertan, simplemente que hay más.
Mi amigo C. me decía que cuando me conoció, se aburría mucho, porque sus amigos ya no salen de marcha. Ya han pasado la edad de salir, tienen sus parejas y sus familias, y ya no tienen tiempo para la diversión. Como él estaba soltero y ya ha pasado la edad en la que salía con los amigos, se aburría. A él le gusta mucho la fiesta, y por eso encuentra que el mundo gay es tan divertido, porque ahí no se siente desplazado al querer salir todos los fines de semana. Cosa que no puede hacer con sus amigos. Y lo mejor de todo, es que cuando sale de marcha no es el más mayor, al contrario, encuentra que hay gente mucho mayor que él que sale de marcha, y puede codearse con gente joven a la vez. No tiene que recluirse en los locales para la gente de más de 35 años, como tendría que hacer en los locales “normales”.
En este caso se entiende, pero demuestra mi argumento. Al no tener familia ni pareja, se busca llenar el vacío emocional divirtiéndose uno solo. Es mejor eso que pasarse el día lamentándose. Eso seguro. Si no tienes pareja, no te vas a amargar, sino que tienes que aprovechar y hacer todo aquello que no podrías hacer si la tuvieses. Pero no hay que hacer que nuestra vida gire entorno a ello.
La mayoría de los gays obvian las relaciones porque tienen miedo a perder esa libertad. Para ellos la pareja, la familia, y los sentimientos es algo negativo. O al menos eso creen. Se han quedado, como Peter Pan en una edad de la que no quieren salir, porque las responsabilidades que eso conlleva no pueden ser asumidas por ellos. Una forma de evitar pasarlo mal es rechazar todo aquello que nos pueda afectar emocionalmente. Si al enamorarnos tenemos muchas posibilidades de que nos rompan el corazón, lo más fácil es evitarlo y así no sufriremos. Aunque es posible que nos perdamos una ocasión de conocer a alguien especial y vivir una bonita experiencia. La valoración de riesgo se hace en función al placer que nos pueda aportar a corto plazo. Si algo nos puede aportar sufrimiento, lo mejor es obviarlo, no vaya a ser que salga bien. Es decir que se vive el momento sin pensar en el futuro porque da miedo que podamos pasarlo mal. Mucha gente se resigna por miedo a que las cosas puedan mejorar y por lo tanto representar un cambio en nuestras vidas.
Por un lado tenemos a los chicos jóvenes que solo piensan en divertirse como lo harían sus compañeros de clase heterosexuales. Y luego están los viejos jóvenes, que son aquellos que con bastante más edad se siguen comportando de la misma manera, bajo la excusa de que la edad es algo que se lleva por dentro, y que hay que seguir siendo jóvenes en el interior. Esto no es cierto, porque no se trata de que se mida la juventud en función de la cantidad de horas que puedes permanecer despierto o bailando, sino que se trata de que ser joven es tener esperanza. Y ellos ya no la tienen.
Casi todos los tíos de más de 35 años que he conocido están totalmente de vueltas de todo. Ya nada les emociona hasta la médula, no sienten ilusión por nada, y peor aun, ya no esperan nada de la pareja ni de la vida. Lo único que les mueve es su egoísmo propio. Intentar ser pareja de alguien de esa edad es darse de cabezazos contra una pared. Es gente tan quemada que pasan de todo lo que pueda alejarles de la diversión momentánea.
Por un lado están esos, que supongo que en el mundo general también existen, teniendo en cuenta mis compañeras de trabajo divorciadas, que ya tienen esa edad. Ellas también están hastiadas de los hombres y pasan de todo, lo único que buscan es divertirse y poco más.
En los chicos jóvenes no pasa lo que he comentado antes. Si bien, los heteros en cuanto consiguen una chica que les apañe la enganchan (y ella es la que más ganas tiene de que la capturen), en los gays no pasa eso. Ellos salen a divertirse, a conocer mundo y ya está. En su programación interna no está el archivo responsable de la voluntad de tener pareja estable y de vivir con otra persona. Ellos no pillan a nadie. Porque hay tanto donde elegir, o al menos eso creen, que si encuentran a un chico que les apañe prefieren dejarle pasar porque están seguros de que algo mejor llegará. Y si no es por eso es porque no se quieren atar, puesto que chicos así de buenos los hay a palas. Lo curioso es que el mercado donde se pueden mover está mucho más restringido que el de los heteros. Además, si te puedes acostar con alguien distinto cada noche o cada semana, no compensa tener que elegir a uno solo para toda la vida.
Mi amigo C. me lo comenta muchas veces, si yo me moviese por el mundo general, no duraría ni 6 meses. Por mi forma de ser encontraría enseguida una chica que me enganchase y que me querría para toda la vida. Por otra parte si los gays tuviesen el chip de la pareja como lo tienen los heterosexuales, también encontraría pronto mi media naranja, porque un chico como yo no se deja pasar. Pero como ni una versión ni la otra son válidas, sigo estando soltero.
Y esto no es algo que me afecte exclusivamente a mí. Hay muchos chicos como yo que están sueltos en la nebulosa del ambiente y que no hacen más que dar vueltas y vueltas como cometas. Pero que al igual que esos cuerpos celestes, no se pueden capturar, no porque eso sea imposible, sino porque nadie se da la pena ni hace el esfuerzo de hacerlo. Así que seguiremos en nuestro viaje hasta que un día nos peguemos el batacazo que haga que perdamos la ilusión que nos hace brillar como astros y nos convirtamos en los seres oscuros y apagados que son los gays de más de 35 años. Probablemente esa libertad y esa facilidad para viajar al no tener ataduras es la mayor ventaja que tenga pertenecer al lado de la acera desprovisto de sentimientos.
No