Crimen y Castigo.
A veces esto de escribir sirve para exorcizar aquellas cosas que tenemos dentro. En mi caso, no sé muy bien si este experimento saldrá bien. No voy a hacer un artículo como de costumbre sino que quiero contaros una experiencia real que me ha sucedido recientemente. Como podréis ver, ni en los mejores capítulos de Anatomía de Grey les pasan estas cosas a los personajes.
Revivir esta historia de nuevo es muy doloroso y sobretodo cuando llevo desde entonces o bien llorando a moco tendido o bien conteniéndome las lágrimas para que no me digan nada en el trabajo. Tened en cuenta de que probablemente la otra parte cuente la historia de forma diferente ya que no voy a ser objetivo en absoluto. En estas cosas siempre hay 3 versiones, las dos de cada parte y luego la que pasó en realidad. Yo os voy a contar la que yo he vivido.
Lo cierto es que al ser yo el malo de la película, o al menos así me lo quiso hacer creer, me da vergüenza tener que contar la historia ya que luego ¿con qué cara os pido sinceridad?
Todo empezó hace ya tiempo, cuando vimos que esta relación no iba a llegar a ninguna parte, ya que yo buscaba alguien serio y él solo podía estar de forma temporal conmigo, ya que un buen día tendría que volver a lo suyo que son las mujeres. Esto debido a que, a pesar de que los dos nos llevábamos muy bien como pareja, él quiere tener hijos suyos naturales (nada de adopciones), cosa que ya sabéis todos que me resulta imposible. Así que debido a esa buena relación llegamos al acuerdo de que seríamos siempre amigos.
Hace un tiempo la cosa empezó a enfriarse por ambas partes y a los dos nos costaba cada vez más estar juntos. Nuestras prioridades, bueno, mejor dicho las suyas, ya no era el otro sino las amistades. Yo seguía intentando que la cosa cambiase, con el chip de la pareja, por si al final conseguía que sintiese algo más que cariño por mí. Pero en lugar de eso lo único que conseguía era agobiarle más y más.
La semana pasada quedamos en que ya sólo éramos amigos, que él quería que yo encontrase pareja antes que él, porque así no lo pasaría mal el día que decidiese volver con las mujeres. La única condición era que no lo viera él. Por mi parte he de admitir que ya llevaba semanas pidiendo al Universo que me enviase una señal porque estaba empezando a perder paciencia. Además de que me estaba dando la impresión de que nuestra relación era un error.
Esto se vio acentuado la semana pasada cuando, habiendo hecho planes para estar juntos, recibió una llamada de su ex mientras yo dormía la siesta. Habíamos estado todo el día trabajando en el campo por lo que habíamos dicho de no salir ese fin de semana sino de descansar la noche del sábado. Pero esa llamada lo cambió todo y en cuestión de 30 minutos, después de haberme despertado, yo ya estaba camino de mi casa, porque claro, no podía quedar conmigo y su ex a la vez (las cosas de estar dentro del armario). Ahí ya me di cuenta de que la cosa no iba por buen camino. Lo cual se lo comuniqué y me dijo que como había confianza entre los dos que no era para tomárselo a la tremenda. Entre amigos esas cosas se comprenden, además ya iba siendo hora que yo cambiase el chip a amistad (palabras suyas).
La catástrofe llegó este fin de semana. No fue como un huracán que te lo ves venir. Esto fue más bien del tipo terremoto, había señales que lo presagiaban, pero solo un ojo alerta y experimentado podría haber predicho que la cosa iba a terminar en un “baño de sangre”.
Este fin de semana alquilamos una habitación en una población vecina, con mucha marcha, para salir por la noche y pasarlo bien, en plan amigos como dice él. La cosa era que viniese por la mañana a mi casa, no muy tarde, y que desde ahí nos fuésemos en mi coche.
Dieron la una y media del medio día cuando decidí que ya bastaba de esperar y tomé la decisión de irme yo por mi cuenta y que luego ya nos veríamos allí. Y más cuando le llamo y me dice que acaba de llegar y que aun tiene que ducharse y hacer las cosas. La excusa fue que tuvo mucho trabajo en el campo. Lo entiendo, pero aun así una llamada telefónica no le hubiese matado.
Cuando llegué sobre las dos de la tarde al hotel, le llamo para ver si comía yo sólo o si le esperaba. Me dijo que en vista de que me había puesto como una furia, que se había hecho la comida, que iba a ducharse, arreglarse y que ya bajaría luego sobre las cinco de la tarde. Aquellos que me conozcan sabrán que a estas alturas yo ya no estaba hecho una furia sino que escupía fuego por las narices.
Me fui a la playa y quedamos allí. Me instalé en un sitio bastante amplio para que no tuviese el problema de que no quepan ambas toallas. Con el paso de las horas fue llegando gente, entre los cuales varias personas que yo conocía de mi historial en este mundillo y que hacía tiempo que no veía o que no hablaba con ellos. Así que para amenizar la espera me puse a charlar con ellos. Dos de los cuales se me acoplaron cogiendo todo el sitio. Supongo que mi primer error fue darles el permiso de que se sentaran ahí. Tendría que haberles dicho que se fueran que estaba esperando a alguien, pero como es mi amigo pensé que no pasaría anda y así nos divertiríamos más. Ellos no eran los únicos que había en la playa, también otras personas con las que yo ya me había relacionado en el pasado y que de casualidad estaban allí. Demasiadas señales para mi gusto.
Él llego a las cinco y media. Se sentó y directamente pasó de mí y se fue al agua. Supongo que sería porque como yo estaba hablando con alguien, para no molestar. Pero he de admitir que su falta de saludo cariñoso (ni un beso ni nada) debería haberme puesto en alerta.
Uno de los que se me sentó al lado se pasó la tarde tirándome los tejos, de tal manera que ya el cachondeo era entre mi amigo y yo en que me liara con él, que parecía buen chaval. Yo sinceramente no soy de las personas que hacen esas cosas delante de un ex, así que no era algo que tenía en mente. Pero vista su insistencia empecé a pensar que tal vez todo esto era una señal para que ambos siguiésemos adelante como amigos y anda más.
Nos íbamos a ir de la playa cuando mi amigo les dijo que por qué no nos salían de marcha. Yo creo que sobraban, porque quería estar a solas con él, pero dado que insistía tanto en que me llevara bien con este chico, que le diese mi número y que quedásemos, no me lo vi venir.
La verdad es que yo hubiese pasado de ellos, pero en vista de que él insistía tanto y de que el chico que me tiraba los tejos a mí me gustaba, decidí seguirles la corriente.
Nos fuimos al hotel, y ahí la cosa se puso fea. Ellos querían ir a tomar algo, él quería subir a ducharse y ver la tele, y yo quería estar a solas con él. Pero ya que nos dijo que nos fuésemos juntos, pensé que a lo mejor era lo que él querrá realmente. Ahora que lo pienso, la cosa no tenia buen aspecto. Para mí que la suerte ya estaba echada.
Lo peor es que nos fuimos los tres a otro pub a tomar algo y le dejé solo viendo la televisión. Ellos se pusieron a insistir en que nos liásemos el chico nuevo y yo. Y subimos a la habitación a ver si estaba.
Aquí es cuando todo se fue a tomar viento, los edificios se colapsaron, los ríos se salieron de sus cauces, los planetas se desviaron de sus órbitas y todo fue a mal.
Muy a regañadientes, pero en mi interior, acepté la oferta del chico de liarnos (acostarnos) teniendo el beneplácito de mi amigo, que en ningún momento me dijo nada de lo que me esperaba.
Ahorrando los detalles escabrosos voy a indagar en mis sentimientos. No me gustó, lo pasé muy mal, no estaba a gusto, y encima estuve todo el rato pensando en mi amigo. De haber sabido lo que me iba a esperar no habría hecho anda, porque encima no me gustó. Se que decir esto ahora no sirve de nada, y que él no lo va a leer. Pero quería que quedase muy claro que a veces cometemos errores y nos sale todo mal.
Al final dejamos la cosa como estaba, nos duchamos y nos fuimos. Mi amigo estaba borracho según dice él. Lo malo fue que el otro iba en plan parejita, no paraba de agarrarme por todos lados, y yo delante de mi amigo sin saber qué hacer, porque rechazarle me resultaba muy incomodo, pero seguir así era casi peor. Supongo que nadie lo entenderá pero yo no creo recordar haber estado tan incomodo en mi vida.
Ellos se fueron, mi amigo fingió encontrarse mal y nos fuimos a la cama, a dormir. Intenté romper el hielo y no pude, ahí me di cuenta de que algo iba mal. Pero aun así no me esperaba lo que iba a pasar. Él me dijo que yo podía salir de marcha, que él estaba mal. Pero por si acaso decidí quedarme. Cerré la puerta de la habitación con llave y deje las llaves en la puerta.
Me desperté al amanecer y él ya no estaba. Había recogido sus cosas y se había ido, me dejó su parte del precio de la habitación y se fue. Cuando vi que sus cosas no estaban me cogió algo en el corazón y supe que todo había terminado, que algo malo había sucedido y que la culpa era mía. Sabia que iba a pasarme factura, pero nunca me imaginé que su ira iba a ser de proporciones bíblicas. Recogí mis cosas en menos de medio minuto, me vestí y salí de la habitación como alma que se lleva el diablo. Le llamé pero no contestaba al teléfono, después de insistirle muchas veces apagó el teléfono. Yo ya no sabía si llorar, gritar o tirarme de los pelos.
Cogí el coche y me fui a su casa, a su caseta, me recorrí los 80 Km. de carretera de montaña como si se me fuese la vida. Desde ese momento las lágrimas no dejaron de rodar por más de diez minutos seguidos. Después de 4 horas dando vueltas por su ciudad, decidí que no iba a conseguir dar con él. Así que me volví a mi casa, muy a mi pesar porque tendría que hacer a mi madre partícipe de la situación, cosa que no me gusta, porque esto les hace sufrir.
Seguí llamándole tantas veces que me quedé sin batería, pero no lo conseguí. En casa le dejé mensajes por Internet. A las 2 de la tarde me fui a la playa del crimen, porque habíamos quedado con esta gente. Yo quería saber si al menos había merecido la pena. Y tenía la esperanza de que él se presentase. Pero no fue el caso. Además estar con ellos no hizo más que agravar mi dolor interno. Después de un rato con ellos, me fui, no soportaba estar más tiempo con esa gente. No eran responsables, pero fueron el cuerpo del delito.
Cuando llegué a mi casa él me había dejado un mensaje en el que me decía que no me perdonaría la ofensa que le había hecho, que le había traicionado y que no se esperaba que alguien como yo fuese capaz de ser tan arrastrado.
Por la noche conseguí hablar con él. Me dijo que con esto ya no quería saber nada del mundo gay, que nos pierde el sexo, y que esperaba que hubiese sacado provecho de esto porque había destrozado nuestra relación. Que me iba a devolver mis cosas y que no sabía si sería capaz de perdonarme. Tanto dolor no era normal. Debíamos haberlo dejado hace mucho tiempo. Estaba asustado porque nadie le había hecho tanto daño antes.
Todo esto fue por escrito ya que me dijo que si oía mi voz me mandaría a la mierda porque no soportaba hablar conmigo, que lo que hice era tan asqueroso que no podía aguantarme más.
Hemos quedado así. Un día hablaremos y veremos si después de un año y medio de compartir cosas buenas y malas, este error que he cometido es capaz de barrer todo eso y mandarlo todo a paseo. Yo me pregunto si es posible si un solo gesto es capaz de hacer desaparecer todo lo bueno que ha habido. Si es el caso, no sé cómo podré afrontarlo. No me quito responsabilidades, pero considero que si bien yo puse la mano que disparó, el ojo que apuntó y el corazón que pensó no fue el mío.
Tal vez esta situación me sirva para seguir adelante, para romper con una relación en la que yo estaba prisionero. Porque he de admitir que mi fallo ha sido hacer que mi mundo girase entorno a una sola persona. Él era mi mundo, era mi amigo, lo era todo, y ahora todo se ha acabado. Lo he echado todo a perder porque no supe ver las señales, porque no fui lo bastante valiente para parar a tiempo, para evitar que llegásemos hasta este punto.
Me dice mi madre que nadie se merece mis lágrimas. Yo sólo sé que desde el domingo a las seis de la mañana no paro de llorar, no tengo hambre y todo es gris. Sé que las cosas suceden por una razón, y espero que esta razón haya valido la pena tanto dolor. Sé que él lo estará pasando mal también. Pero yo no sé como seguir adelante. Su amistad era un pilar en mi vida y ahora estoy al aire.
Todos salimos adelante, y los que no lo hacen son unos cobardes. No sé como terminará la historia. Pero sé que las culpas en estas situaciones son de los dos. Yo asumo mi parte de responsabilidad, pero no puedo soportar cargar con todo. Vosotros podréis juzgar lo que hay, podréis pensar en quien tiene la culpa, pero creo que si bien todo crimen merece su castigo, los hombres somos humanos, no podemos ser perfecto. A veces cometemos errores y de ellos hemos de aprender. Pero sin el perdón de aquellos a los que hemos ofendido no podemos seguir.
Esto me recuerda a aquel capítulo de Friends en el que Ross y Rachel deciden darse un respiro, y él se acuesta con una chica. Al final no se sabe quien ha tenido la culpa, ya que ambas versiones son creíbles y viables. Sin embargo al final ellos logran superar el dolor y la rabia y volver a ser amigos. Pero eso era ficción y en la vida real las cosas no son así de simples.
Solo espero que puedas perdonarme.
Revivir esta historia de nuevo es muy doloroso y sobretodo cuando llevo desde entonces o bien llorando a moco tendido o bien conteniéndome las lágrimas para que no me digan nada en el trabajo. Tened en cuenta de que probablemente la otra parte cuente la historia de forma diferente ya que no voy a ser objetivo en absoluto. En estas cosas siempre hay 3 versiones, las dos de cada parte y luego la que pasó en realidad. Yo os voy a contar la que yo he vivido.
Lo cierto es que al ser yo el malo de la película, o al menos así me lo quiso hacer creer, me da vergüenza tener que contar la historia ya que luego ¿con qué cara os pido sinceridad?
Todo empezó hace ya tiempo, cuando vimos que esta relación no iba a llegar a ninguna parte, ya que yo buscaba alguien serio y él solo podía estar de forma temporal conmigo, ya que un buen día tendría que volver a lo suyo que son las mujeres. Esto debido a que, a pesar de que los dos nos llevábamos muy bien como pareja, él quiere tener hijos suyos naturales (nada de adopciones), cosa que ya sabéis todos que me resulta imposible. Así que debido a esa buena relación llegamos al acuerdo de que seríamos siempre amigos.
Hace un tiempo la cosa empezó a enfriarse por ambas partes y a los dos nos costaba cada vez más estar juntos. Nuestras prioridades, bueno, mejor dicho las suyas, ya no era el otro sino las amistades. Yo seguía intentando que la cosa cambiase, con el chip de la pareja, por si al final conseguía que sintiese algo más que cariño por mí. Pero en lugar de eso lo único que conseguía era agobiarle más y más.
La semana pasada quedamos en que ya sólo éramos amigos, que él quería que yo encontrase pareja antes que él, porque así no lo pasaría mal el día que decidiese volver con las mujeres. La única condición era que no lo viera él. Por mi parte he de admitir que ya llevaba semanas pidiendo al Universo que me enviase una señal porque estaba empezando a perder paciencia. Además de que me estaba dando la impresión de que nuestra relación era un error.
Esto se vio acentuado la semana pasada cuando, habiendo hecho planes para estar juntos, recibió una llamada de su ex mientras yo dormía la siesta. Habíamos estado todo el día trabajando en el campo por lo que habíamos dicho de no salir ese fin de semana sino de descansar la noche del sábado. Pero esa llamada lo cambió todo y en cuestión de 30 minutos, después de haberme despertado, yo ya estaba camino de mi casa, porque claro, no podía quedar conmigo y su ex a la vez (las cosas de estar dentro del armario). Ahí ya me di cuenta de que la cosa no iba por buen camino. Lo cual se lo comuniqué y me dijo que como había confianza entre los dos que no era para tomárselo a la tremenda. Entre amigos esas cosas se comprenden, además ya iba siendo hora que yo cambiase el chip a amistad (palabras suyas).
La catástrofe llegó este fin de semana. No fue como un huracán que te lo ves venir. Esto fue más bien del tipo terremoto, había señales que lo presagiaban, pero solo un ojo alerta y experimentado podría haber predicho que la cosa iba a terminar en un “baño de sangre”.
Este fin de semana alquilamos una habitación en una población vecina, con mucha marcha, para salir por la noche y pasarlo bien, en plan amigos como dice él. La cosa era que viniese por la mañana a mi casa, no muy tarde, y que desde ahí nos fuésemos en mi coche.
Dieron la una y media del medio día cuando decidí que ya bastaba de esperar y tomé la decisión de irme yo por mi cuenta y que luego ya nos veríamos allí. Y más cuando le llamo y me dice que acaba de llegar y que aun tiene que ducharse y hacer las cosas. La excusa fue que tuvo mucho trabajo en el campo. Lo entiendo, pero aun así una llamada telefónica no le hubiese matado.
Cuando llegué sobre las dos de la tarde al hotel, le llamo para ver si comía yo sólo o si le esperaba. Me dijo que en vista de que me había puesto como una furia, que se había hecho la comida, que iba a ducharse, arreglarse y que ya bajaría luego sobre las cinco de la tarde. Aquellos que me conozcan sabrán que a estas alturas yo ya no estaba hecho una furia sino que escupía fuego por las narices.
Me fui a la playa y quedamos allí. Me instalé en un sitio bastante amplio para que no tuviese el problema de que no quepan ambas toallas. Con el paso de las horas fue llegando gente, entre los cuales varias personas que yo conocía de mi historial en este mundillo y que hacía tiempo que no veía o que no hablaba con ellos. Así que para amenizar la espera me puse a charlar con ellos. Dos de los cuales se me acoplaron cogiendo todo el sitio. Supongo que mi primer error fue darles el permiso de que se sentaran ahí. Tendría que haberles dicho que se fueran que estaba esperando a alguien, pero como es mi amigo pensé que no pasaría anda y así nos divertiríamos más. Ellos no eran los únicos que había en la playa, también otras personas con las que yo ya me había relacionado en el pasado y que de casualidad estaban allí. Demasiadas señales para mi gusto.
Él llego a las cinco y media. Se sentó y directamente pasó de mí y se fue al agua. Supongo que sería porque como yo estaba hablando con alguien, para no molestar. Pero he de admitir que su falta de saludo cariñoso (ni un beso ni nada) debería haberme puesto en alerta.
Uno de los que se me sentó al lado se pasó la tarde tirándome los tejos, de tal manera que ya el cachondeo era entre mi amigo y yo en que me liara con él, que parecía buen chaval. Yo sinceramente no soy de las personas que hacen esas cosas delante de un ex, así que no era algo que tenía en mente. Pero vista su insistencia empecé a pensar que tal vez todo esto era una señal para que ambos siguiésemos adelante como amigos y anda más.
Nos íbamos a ir de la playa cuando mi amigo les dijo que por qué no nos salían de marcha. Yo creo que sobraban, porque quería estar a solas con él, pero dado que insistía tanto en que me llevara bien con este chico, que le diese mi número y que quedásemos, no me lo vi venir.
La verdad es que yo hubiese pasado de ellos, pero en vista de que él insistía tanto y de que el chico que me tiraba los tejos a mí me gustaba, decidí seguirles la corriente.
Nos fuimos al hotel, y ahí la cosa se puso fea. Ellos querían ir a tomar algo, él quería subir a ducharse y ver la tele, y yo quería estar a solas con él. Pero ya que nos dijo que nos fuésemos juntos, pensé que a lo mejor era lo que él querrá realmente. Ahora que lo pienso, la cosa no tenia buen aspecto. Para mí que la suerte ya estaba echada.
Lo peor es que nos fuimos los tres a otro pub a tomar algo y le dejé solo viendo la televisión. Ellos se pusieron a insistir en que nos liásemos el chico nuevo y yo. Y subimos a la habitación a ver si estaba.
Aquí es cuando todo se fue a tomar viento, los edificios se colapsaron, los ríos se salieron de sus cauces, los planetas se desviaron de sus órbitas y todo fue a mal.
Muy a regañadientes, pero en mi interior, acepté la oferta del chico de liarnos (acostarnos) teniendo el beneplácito de mi amigo, que en ningún momento me dijo nada de lo que me esperaba.
Ahorrando los detalles escabrosos voy a indagar en mis sentimientos. No me gustó, lo pasé muy mal, no estaba a gusto, y encima estuve todo el rato pensando en mi amigo. De haber sabido lo que me iba a esperar no habría hecho anda, porque encima no me gustó. Se que decir esto ahora no sirve de nada, y que él no lo va a leer. Pero quería que quedase muy claro que a veces cometemos errores y nos sale todo mal.
Al final dejamos la cosa como estaba, nos duchamos y nos fuimos. Mi amigo estaba borracho según dice él. Lo malo fue que el otro iba en plan parejita, no paraba de agarrarme por todos lados, y yo delante de mi amigo sin saber qué hacer, porque rechazarle me resultaba muy incomodo, pero seguir así era casi peor. Supongo que nadie lo entenderá pero yo no creo recordar haber estado tan incomodo en mi vida.
Ellos se fueron, mi amigo fingió encontrarse mal y nos fuimos a la cama, a dormir. Intenté romper el hielo y no pude, ahí me di cuenta de que algo iba mal. Pero aun así no me esperaba lo que iba a pasar. Él me dijo que yo podía salir de marcha, que él estaba mal. Pero por si acaso decidí quedarme. Cerré la puerta de la habitación con llave y deje las llaves en la puerta.
Me desperté al amanecer y él ya no estaba. Había recogido sus cosas y se había ido, me dejó su parte del precio de la habitación y se fue. Cuando vi que sus cosas no estaban me cogió algo en el corazón y supe que todo había terminado, que algo malo había sucedido y que la culpa era mía. Sabia que iba a pasarme factura, pero nunca me imaginé que su ira iba a ser de proporciones bíblicas. Recogí mis cosas en menos de medio minuto, me vestí y salí de la habitación como alma que se lleva el diablo. Le llamé pero no contestaba al teléfono, después de insistirle muchas veces apagó el teléfono. Yo ya no sabía si llorar, gritar o tirarme de los pelos.
Cogí el coche y me fui a su casa, a su caseta, me recorrí los 80 Km. de carretera de montaña como si se me fuese la vida. Desde ese momento las lágrimas no dejaron de rodar por más de diez minutos seguidos. Después de 4 horas dando vueltas por su ciudad, decidí que no iba a conseguir dar con él. Así que me volví a mi casa, muy a mi pesar porque tendría que hacer a mi madre partícipe de la situación, cosa que no me gusta, porque esto les hace sufrir.
Seguí llamándole tantas veces que me quedé sin batería, pero no lo conseguí. En casa le dejé mensajes por Internet. A las 2 de la tarde me fui a la playa del crimen, porque habíamos quedado con esta gente. Yo quería saber si al menos había merecido la pena. Y tenía la esperanza de que él se presentase. Pero no fue el caso. Además estar con ellos no hizo más que agravar mi dolor interno. Después de un rato con ellos, me fui, no soportaba estar más tiempo con esa gente. No eran responsables, pero fueron el cuerpo del delito.
Cuando llegué a mi casa él me había dejado un mensaje en el que me decía que no me perdonaría la ofensa que le había hecho, que le había traicionado y que no se esperaba que alguien como yo fuese capaz de ser tan arrastrado.
Por la noche conseguí hablar con él. Me dijo que con esto ya no quería saber nada del mundo gay, que nos pierde el sexo, y que esperaba que hubiese sacado provecho de esto porque había destrozado nuestra relación. Que me iba a devolver mis cosas y que no sabía si sería capaz de perdonarme. Tanto dolor no era normal. Debíamos haberlo dejado hace mucho tiempo. Estaba asustado porque nadie le había hecho tanto daño antes.
Todo esto fue por escrito ya que me dijo que si oía mi voz me mandaría a la mierda porque no soportaba hablar conmigo, que lo que hice era tan asqueroso que no podía aguantarme más.
Hemos quedado así. Un día hablaremos y veremos si después de un año y medio de compartir cosas buenas y malas, este error que he cometido es capaz de barrer todo eso y mandarlo todo a paseo. Yo me pregunto si es posible si un solo gesto es capaz de hacer desaparecer todo lo bueno que ha habido. Si es el caso, no sé cómo podré afrontarlo. No me quito responsabilidades, pero considero que si bien yo puse la mano que disparó, el ojo que apuntó y el corazón que pensó no fue el mío.
Tal vez esta situación me sirva para seguir adelante, para romper con una relación en la que yo estaba prisionero. Porque he de admitir que mi fallo ha sido hacer que mi mundo girase entorno a una sola persona. Él era mi mundo, era mi amigo, lo era todo, y ahora todo se ha acabado. Lo he echado todo a perder porque no supe ver las señales, porque no fui lo bastante valiente para parar a tiempo, para evitar que llegásemos hasta este punto.
Me dice mi madre que nadie se merece mis lágrimas. Yo sólo sé que desde el domingo a las seis de la mañana no paro de llorar, no tengo hambre y todo es gris. Sé que las cosas suceden por una razón, y espero que esta razón haya valido la pena tanto dolor. Sé que él lo estará pasando mal también. Pero yo no sé como seguir adelante. Su amistad era un pilar en mi vida y ahora estoy al aire.
Todos salimos adelante, y los que no lo hacen son unos cobardes. No sé como terminará la historia. Pero sé que las culpas en estas situaciones son de los dos. Yo asumo mi parte de responsabilidad, pero no puedo soportar cargar con todo. Vosotros podréis juzgar lo que hay, podréis pensar en quien tiene la culpa, pero creo que si bien todo crimen merece su castigo, los hombres somos humanos, no podemos ser perfecto. A veces cometemos errores y de ellos hemos de aprender. Pero sin el perdón de aquellos a los que hemos ofendido no podemos seguir.
Esto me recuerda a aquel capítulo de Friends en el que Ross y Rachel deciden darse un respiro, y él se acuesta con una chica. Al final no se sabe quien ha tenido la culpa, ya que ambas versiones son creíbles y viables. Sin embargo al final ellos logran superar el dolor y la rabia y volver a ser amigos. Pero eso era ficción y en la vida real las cosas no son así de simples.
Solo espero que puedas perdonarme.





