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Khayman en la Ciudad
Comentarios sobre la vida
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Se trata de una columna en la que me gusta publicar mis impresiones acerca de la vida, el sexo, en fin, muchas cosas, ..."Disfrutenla"
Sindicación
 
La Redención
No debería ponerme a escribir sobre este tema tan pronto, pero no quiero dejaros en la incógnita mucho tiempo, además de que me gusta dejar las cosas cerradas. Pienso que los finales abiertos, como aquellos del último capítulo de las temporadas de las series, esos en los que te joden porque se acaba de repente y tienes que esperarte unos 4 o 5 meses para saber cómo continua, eso es malsano. Por eso quiero concluir este amargo episodio de la historia.
Sé que últimamente no estoy escribiendo artículos como los de antes, con cosas irónicas e inclusive graciosas, sino que se torna más a algo parecido a un diario. Pero creo que, a lo mejor, viendo lo que me pasa, os podréis sentir menos solos en este mundo, ya que la esencia de lo que escribo sigue intacta, y es la de decir lo que todos pensamos y nos callamos, el poder comprobar que a todos nos rompen el corazón y de que hay más gente como nosotros aquí.
Lo cierto es que tengo que rectificar una cosa que dije la semana pasada. Y es que cuando él llegó a la playa pasó de mí. No es del todo cierto, aunque a mí me lo haya parecido. En realidad él llegó y como yo estaba “ocupado” hablando con otra persona, pues simplemente me “dio libertad”. Lo cierto es que yo estaba algo resentido por la espera por lo que no le presté tanta atención como lo suelo hacer. Esta rectificación se la debo ya que al final ha leído lo que he escrito, cosa muy sorprendente.
Y para ahorraros la espera os diré que sí que ha habido perdón. Pero que me ha costado lo mío. En esta vida nada es gratuito, por lo visto. Y más cuando el que comete el mayor error de los dos es uno mismo. Con esto quiero decir que si bien yo he sido la mano que ha disparado, detrás de esa mano hay un ojo que apunta y un corazón que siente. Y en este caso no son de la misma persona. Lo principal es reconocer el fallo de cada uno y seguir adelante, y “a lo hecho pecho”, como dicen.
Sin embargo hay que ver que muchas veces la culpabilidad es algo que no nos deja seguir adelante. Nos impide comer, respirar normalmente e inclusive dormir.
Supongo que esto irá en la conciencia de cada uno, porque la verdad es que para lo que hice no era tan tremendo. No quiero ni imaginarme como me habría sentido si yo hubiese sido unos de los inquisidores españoles…
Al final es la propia culpabilidad la que nos castiga, aunque esto no le baste a la persona ofendida, y siempre quiera una compensación por el daño sufrido.
Tengo un amigo que me ha dicho que por mucho complejo de culpabilidad que tenga, que no debería perder mi dignidad por ello, y que hubiese hecho mejor en arrastrarme menos. Yo considero que la cantidad de humillación a la que nos hemos de someter tiene que ser proporcional al daño hecho, o al valor que le demos al perdón de esa persona. Si es así ¿Cuándo nos hemos arrastrado lo suficiente? ¿Cuándo hemos de levantar la cabeza y decir basta? ¿llega el momento en el que ya pedir perdón ha perdido su sentido?
Yo creo que si realmente la persona te interesa o crees que realmente vale la pena, no hay limite para tirarse por los suelos. Y si realmente esa persona merece la pena, te perdona. Al menos es lo que me dice la experiencia. Lo cierto es que no os voy a contar los pormenores, pero me ha dicho que gracias a que estuve mucho tiempo pidiendo perdón y “humillándome” al final consiguió volver a admitirme en su vida. Aunque claro, el daño está hecho y mucha gente perdona pero no olvida.
Creo que olvidar no es bueno, se puede perdonar, pero hemos de recordar lo que ha sucedido, porque de ahí es de donde podemos aprender de nuestros errores.
Hay gente que cuando le hacen daño, quiere que le compensen de la misma manera, es decir ojo por ojo. Otras sin embargo quieren que se les haga justicia de una forma algo más creativa. En mi caso me dio a elegir entre hacerme lo mismo o bien tener que aguantar que se ponga borde conmigo y haga bromas al respecto hasta que se canse. Yo soy de las personas que suelen hacer lo segundo, pro lo que no me ha parecido nada fuera de lo común.
Mucha de la gente que haya leído el artículo de la semana pasada no entenderá por qué insisto tanto en este tema, cuando lo que debería hacer es pasar y a otra cosa mariposa. Pero no estoy de acuerdo con ellos. Las cosas desde fuera siempre se ven de manera diferente a como realmente son. Yo valoro mucho a las personas que conozco, y cuando encuentro a alguien especial, y no me refiero solo como pareja, sino que es alguien que se sale de lo común, me gusta conservarla a mi lado, porque son esas personas las que me ayudan a conservar la esperanza de que en esta vida hay cosas buenas. Cuando vives en un mundillo donde los valores reales de las personas no suben por encima de la cintura, siempre es bueno tener referentes de que hay algo más que eso. De ahí que yo insista tanto en conservar esas amistades, cueste lo que cueste.
Una cosa es la insistencia en que te perdonen y otra el afán por redimirse. Por lo general el tiempo que dedicas al perdón suele acabarse cuando efectivamente ya no tienes que cumplir con esa persona. Pero el de redención no acaba ahí, sino que acaba cuando realmente tú consideras que has exculpado tus penas. Porque el perdón que nos concedemos a nosotros mismos es mucho más difícil de obtener que el que nos den los demás.
Una de las formas de hacerlo es con la penitencia. Y lo más común es la abstinencia. Para poder aspirar a redimirnos, pensamos que lo más sensato para evitar la tentación no es hacernos más fuertes sino simplemente evitar las situaciones peligrosas. Es decir, si tenemos sobrepeso porque nos hemos pegado un atracón en las últimas semanas, nos vamos a sentir culpables por ser tan débiles de voluntad. Y para poder sentirnos mejor, en lugar de hacer deporte, de cuidarnos y esas cosas, vamos a tirarnos un par de días sin comer, o comiendo lechugas y demás sucedáneos de comida. En lugar de aprender y de cuidarnos más creemos que simplemente evitando la situación vamos a ser mejores personas.
La redención no es como nos la pintan en la misa, al menos a mi forma de ver. No se trata de arrepentirse y pedir perdón, sin consecuencias. La Iglesia Católica entiende que si te arrepientes (de corazón o no, eso no lo especifican) ya se te perdona. Pero de nada sirve que te arrepientas y pidas perdón si no has aprendido la lección. Al menos a mi parecer, somos humanos, y por lo tanto estamos destinados a aprender, y la mejor manera de hacerlo es cometiendo errores, pero hemos de aprender de ellos, no simplemente encogernos de hombros y seguir. Hay que saber crecer con los fallos que cometemos.
De ahí que yo no crea que baste con pedir perdón, “nunca lo haré” y ser débil por lo que la única solución que tienes es evitar la situación. Es mucho más provechoso que si se replantea la circunstancia en la que hemos errado, que sepamos como afrontarla, y no que salgamos corriendo como alma que se lleva el diablo.
No basta con decir que vas a dejar de fumar, tirar todas las cajetillas al retrete y pasar a 4 calles del estanco. Sólo habrás superado esa adicción el día en que te ofrezcan tabaco y digas que no, en que pases delante de una tienda especializada y no entres a comprar nada. No basta con evitar el peligro hay que afrontarlo.
Sé que puede sonar muy fuerte y que muchos diréis que yo soy el primero que no es coherente con esto. Pero mi deber es dar los consejos y poner algunos puntos sobre las ies. El otro día que estaba yo algo chef, cuando una compañera del curro me dijo que me fuera a tomar un café con ella. Le conté por encima la historia y me dijo que nadie se merece mis lágrimas, que no debería dejarme chafar así por nadie. Solos estamos mejor que en mala compañía. Pero la cuestión es como dijo ella “ya sé que es muy fácil decir estas cosas, porque yo soy la primera que me equivoco y me pongo en la situación en la que tú estas. Mi deber es decirte estas cosas aunque luego no dé bien el ejemplo.”
Pues tiene razón. Nosotros somos humanos. Nos equivocamos, cometemos errores, pero aprendemos de ellos. Damos consejos que muchas veces no somos capaces de aplicar, pero no tenéis que tener eso en cuenta, sino la buena voluntad. Sé que no soy la persona más indicada para dar consejos sobre relaciones, pero tal vez sea porque lo he pasado tan mal, y porque me pasan cosas tan raras que pueda verlas desde otra perspectiva.
Es difícil aprender de los errores, es difícil ser fuertes, pero tenemos que recordar que el Universo nos pone a prueba, pero únicamente cuando nos da las herramientas para poder superar la prueba. Solo cuando somos capaces de afrontar algo es cuando la situación se presenta. No tenéis por qué creer en Dios, o en lo que haya, pero recordad que si hay una situación difícil que se nos presenta, siempre tiene solución y de no poder ser superada, no se nos presentaría. Muchas veces esa prueba es menos complicada de solucionar de lo que pensamos.
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