En Todo Lados Cuecen Habas (Parte 1)
Esta es otra de las frases que debería escribir en algún lugar donde la pueda leer todos los días al igual que esa que reza que “todo sucede por una razón”.
Hace mucho tiempo que no escribo nada, uno por la falta de tiempo, entre el trabajo, las amistades y las relaciones fallidas o no; y por otra parte porque consideraba que todo aquello que me sucedía, aunque algunas veces fuese digno de contar, no era interesante como para escribir sobre ello. Sin embargo es muy posible que un día me entren las ganas de hacerlo y saque a la luz todo lo acontecido desde la última vez que me puse manos a la obra. Como se dice ha llovido mucho desde entonces, pero no me olvido.
Hace mucho tiempo escribí un artículo en el que comparaba la vida laboral con la vida sentimental, esto es muy cierto, sin embargo es como pasa con el sexo, que hasta que no lo pruebas no lo terminas de entender. Pues bien en lo que concierne mi vida laboral, no me podía imaginar que llegase a ser tan “curiosa” como mi vida sentimental.
Para que podáis entender a lo que me refiero, os voy a tener que poner en situación para que sepáis de lo que hablo, por lo tanto es muy posible que este artículo en particular no siga la estructura de los que he ido escribiendo hasta ahora, sino que se parezca más bien un poco más a un diario o a una historia más.
Como todos ya sabéis hace tiempo entré a trabajar en una empresa, que constituiría mi primer empleo remunerado “dignamente” y con alta en la Seguridad Social y todas las demás cosas oficiales que se supone que deben de tener todos. Digo esto porque no hemos de olvidar que hay mucha gente que trabaja en negro, y ahora entiendo por qué, y es un mundillo en el que hice una pequeña incursión antes que aquí, y del que no guardo muy buen recuerdo.
Pues bien, las cosas me iban bien, poco a poco fui haciéndome mi sitio en ese mundo, me gane un nombre, un puesto de trabajo más o menos fijo e incluso un aumento de salario. Lo cual va sucediendo con el paso del tiempo, al igual que en cualquier relación. Primero os conocéis, poco a poco, os adaptáis el uno al otro, y un buen día te das cuenta de que tienes una relación seria con esa persona. Pero digamos que el error que no se debe cometer, y que muchas veces hacemos, es el de empezar la casa por el tejado. Es decir, que de buenas a primeras ya lo quieres todo. Esto en el mundo de las relaciones es una muy mala idea, sin embargo en el mundo laboral puede tener una oportunidad de existir.
Para volver a mí historia, os diré que aparte de que era un puesto que me gustaba, y con el que me sentía a gusto, también he conocido gente allí con la que he congeniado, y que al ser de un medio extraño al que yo solía frecuentar, me han enseñado lo que es el mundo real. Así que hasta ahora todo parece estar pintado de color de rosa.
Pero nada más lejos de la realidad. No quiero ser injusto con mi antiguo trabajo, por lo que he querido dar una parte positiva de ello, ya que yo creo que toda cosa, mala o buena, tiene su contrapartida.
Así que si bien a nivel legal estaba bien (aunque no del todo y ya veréis por qué), y en el ámbito de las amistades no me puedo quejar, no todo el monte era orégano. Lo peor de todo era el horario. Contrariamente a muchos puesto de trabajo más estrictos, ahí no se fichaba, por lo cual las horas trabajadas eran relativas (la teoría de la relatividad nunca ha sido tan bien demostrada). Muchas veces he tenido que rechazar planes interesantes con los amigos simplemente porque sabía a la hora a la que entraba, pero no a la que iba a terminar.
Muchos me diréis que me estoy quejando de vicio. Pues no es el caso. Yo soy una persona responsable, y considero que si tienes que hacer una hora extra de vez en cuando porque tienes que rematar una faena, lo haces y no pasa nada. El problema es cuando esas horas extraordinarias las tienes que hacer por costumbre, o que simplemente se dan por supuestas. Si te tienes que quedar un día un poco más para terminar un trabajo lo haces. Pero tener que hacerlo obligatoriamente todos los viernes y a saber hasta qué hora, pues no.
Hay convenios que observan este tipo de anomalías más que nada porque se generan por el tipo de trabajo desempeñado. Me explico, cuando se trabaja en el mundo de la logística, muchas veces no se es puntual, siempre hay retrasos, siempre hay atascos, o bien proveedores a los que se les estropea una maquina y la producción se ve frenada por dicho incidente. Hasta ahí todo correcto. Pero el problema sobreviene cuando la empresa lo asume pero no compensa esas horas de más, como lo indica el convenio. Ahí está explicado claramente que todas horas extraordinarias deben de ser restituidas como horas libres o bien pagadas. Cosa que no se hacía donde yo estaba. Por lo tanto llegó un momento en el que yo trabajaba de gratis para la empresa, que ni siquiera se me daban las gracias y que además me estaban afectando a mi vida social, que como todos sabréis no es que sea la de Paris Hilton precisamente.
Aparte de esto, habían ciertos temas estructurales de la empresa que me estaban sacando de quicio. Uno de ellos era la imposibilidad de aspirar a más a nivel laboral. Con la edad que tengo, y pensando que me queda mucho por vivir, pensar que ya he tocado techo en una empresa no es lo más motivador que se me pueda ocurrir. Además de eso me encontraba con ciertos temas de incompetencia debido al mal trabajo de ciertas personas, que afectaban directamente a la función que yo desempeñaba en la empresa. Hablando en plata, porque algunos compañeros metiesen la pata o fueran irresponsables, yo tenía que comerme el marrón y solucionarles la papeleta. Y esto lo haces una vez o dos, pero que se tome como costumbre, pues tampoco. Lo mismo que sentir que donde trabajas, la dirección no se preocupa de buscar innovaciones si estas no les vienen impuestas por otras sucursales más fuertes. Quiero decir que allí no se les ocurría pensar en que hay cosas que pueden hacerse de otra manera, y llegar a hacerlas, si no fuese porque las sedes de las grandes capitales no se las inventaban y las imponían.
Yo llamaba a esa situación entrar en estado de fosilización, por una parte porque la mayoría de los compañeros ya tienen cierta edad, y no como pasa en otras empresas que he visitado en la que la mayoría de la plantilla no supera los 35 años; y por otro lado porque al igual que los restos de dinosaurios, me estaba empezando a anquilosar, a sentirme cómodo en esa pasividad tan calentita, y estaba empezando a perder la ilusión de mejorar, de aprender y de moverme. Te vas petrificando lentamente.
Así que un día, cabreado por la falta de motivación y la perspectiva negativa que tenía, me metí en una pagina de búsqueda de empleo, y mandé mi historial a la empresa que se sitúa justo enfrente.
Con lo de perspectiva negativa me refiero a que una persona con mis conocimientos, ya sean de idiomas, de estudios o de trabajo, no puede aspirar a quedarse el resto de su vida siendo mileurista. Eso y que ya me habían dicho en el banco que con lo que gano no puedo pedir una hipoteca. Yo quiero independizarme y me hicieron sentirme marginado porque gano muy poco. Y todo esto después de haber pedido un aumento de sueldo, por lo que tampoco podría haber intentado negociar condiciones económicas más favorables. Así que decidí probar suerte. Y eso hice.
Me presenté a la entrevista, en la cual a los 10 minutos ya me decían que si quería el puesto era mío. Lo cual me recuerda el dicho de que “no es oro todo lo que reluce”. Debería haberme acordado de ello.
El caso es que aceptaron las condiciones que les puse para marcharme de donde estaba, e incluso el plazo de reflexión que les pedí. Dicho plazo fue abreviado debido a que la semana siguiente estuve sobrecargado de una manera inusual de trabajo. Mis compañeros se fueron a una ceremonia en Barcelona, dejándome al mando de las expediciones. Esto me lo tomé como que tenían tanta confianza en mí que consideraban que yo era digno de llevar esa tarea. Y así se lo demostré. Pero los niveles de estrés a los que me llevó esa situación fueron los que me empujaron a barajar el cambio, ya que mi cuerpo no podría soportar mucho tiempo esa situación. Y los nervios son algo que debemos de tener muy en cuenta. Total, que al final les dije que sí, que me iba de allí y en la empresa di el preaviso legal y me preparé para irme.
Los altos cargos se limitaron a desearme buena suerte en mi marcha y que esperaban que hablase bien de la empresa. Me quedó claro la poca valoración que tenían de mí y de mi trabajo en la empresa, con lo cual me hicieron más fácil el partir. Algún que otro compañero intentó disuadirme, regateando o incluso haciendo una contra-oferta, pero los que deberían de haberlo hecho pasaron. Hoy en día sé que uno de mis compañeros me reprocha el haberle abandonado después de haberme enseñado todo lo que sé de ese trabajo. Es cierto, es una putada, pero así como ellos me enseñaban, yo trabajaba para ellos por debajo del salario que deberían haberme pagado, así que no sé muy bien quien es peor persona. Yo me aprovechaba de lo que me enseñaban y ellos me hacían trabajar casi gratis. No he podido hablar con esta persona desde entonces, pero sí les he dicho a mis demás amigos que la culpa no es mía, yo dije que me iba y ninguno de los que debería haberlo hecho intentó retenerme. Así que las culpas se las debería de echar a ellos.
Esos quince días fueron los más curiosos que he vivido nunca. La situación en la que estaba era incluso divertida. Es como cuando sabes que te vas a morir y entonces quieres cerrar todas las cuentas pendientes que tienes y quedar bien y en paz con todo el mundo. Al menos es la impresión que me daba. Las personas con las que me llevaba mal se portaban bien conmigo, y aquellos que siguen a día de hoy siendo mis amigos me miraban con nostalgia. En cuanto a los problemas con los que me encontraba en el trabajo, esa era la mejor parte. Conforme me llegaban los trataba sabiendo que todo eso no importaba, y esa libertad es algo de lo que disfruté muchísimo. Esta muy bien decir eso de “¿que no ha llegado su mercancía? Pues me da lo mismo porque yo la semana que viene no estaré aquí.”
Al final el último día fue el más aburrido, fue un desfile de gente despidiéndose, como cuando te vas a morir. Y lo curioso del asunto es que yo me iba justo enfrente. Al final pasó el día, me despedí de todo el mundo con la alegría de que iba a otro sitio mejor y me fui.
Ahora que lo veo todo escrito, lo recuerdo todo muy bonito, y lo añoro, sobretodo sabiendo lo que me iba a tocar después.
Hace mucho tiempo que no escribo nada, uno por la falta de tiempo, entre el trabajo, las amistades y las relaciones fallidas o no; y por otra parte porque consideraba que todo aquello que me sucedía, aunque algunas veces fuese digno de contar, no era interesante como para escribir sobre ello. Sin embargo es muy posible que un día me entren las ganas de hacerlo y saque a la luz todo lo acontecido desde la última vez que me puse manos a la obra. Como se dice ha llovido mucho desde entonces, pero no me olvido.
Hace mucho tiempo escribí un artículo en el que comparaba la vida laboral con la vida sentimental, esto es muy cierto, sin embargo es como pasa con el sexo, que hasta que no lo pruebas no lo terminas de entender. Pues bien en lo que concierne mi vida laboral, no me podía imaginar que llegase a ser tan “curiosa” como mi vida sentimental.
Para que podáis entender a lo que me refiero, os voy a tener que poner en situación para que sepáis de lo que hablo, por lo tanto es muy posible que este artículo en particular no siga la estructura de los que he ido escribiendo hasta ahora, sino que se parezca más bien un poco más a un diario o a una historia más.
Como todos ya sabéis hace tiempo entré a trabajar en una empresa, que constituiría mi primer empleo remunerado “dignamente” y con alta en la Seguridad Social y todas las demás cosas oficiales que se supone que deben de tener todos. Digo esto porque no hemos de olvidar que hay mucha gente que trabaja en negro, y ahora entiendo por qué, y es un mundillo en el que hice una pequeña incursión antes que aquí, y del que no guardo muy buen recuerdo.
Pues bien, las cosas me iban bien, poco a poco fui haciéndome mi sitio en ese mundo, me gane un nombre, un puesto de trabajo más o menos fijo e incluso un aumento de salario. Lo cual va sucediendo con el paso del tiempo, al igual que en cualquier relación. Primero os conocéis, poco a poco, os adaptáis el uno al otro, y un buen día te das cuenta de que tienes una relación seria con esa persona. Pero digamos que el error que no se debe cometer, y que muchas veces hacemos, es el de empezar la casa por el tejado. Es decir, que de buenas a primeras ya lo quieres todo. Esto en el mundo de las relaciones es una muy mala idea, sin embargo en el mundo laboral puede tener una oportunidad de existir.
Para volver a mí historia, os diré que aparte de que era un puesto que me gustaba, y con el que me sentía a gusto, también he conocido gente allí con la que he congeniado, y que al ser de un medio extraño al que yo solía frecuentar, me han enseñado lo que es el mundo real. Así que hasta ahora todo parece estar pintado de color de rosa.
Pero nada más lejos de la realidad. No quiero ser injusto con mi antiguo trabajo, por lo que he querido dar una parte positiva de ello, ya que yo creo que toda cosa, mala o buena, tiene su contrapartida.
Así que si bien a nivel legal estaba bien (aunque no del todo y ya veréis por qué), y en el ámbito de las amistades no me puedo quejar, no todo el monte era orégano. Lo peor de todo era el horario. Contrariamente a muchos puesto de trabajo más estrictos, ahí no se fichaba, por lo cual las horas trabajadas eran relativas (la teoría de la relatividad nunca ha sido tan bien demostrada). Muchas veces he tenido que rechazar planes interesantes con los amigos simplemente porque sabía a la hora a la que entraba, pero no a la que iba a terminar.
Muchos me diréis que me estoy quejando de vicio. Pues no es el caso. Yo soy una persona responsable, y considero que si tienes que hacer una hora extra de vez en cuando porque tienes que rematar una faena, lo haces y no pasa nada. El problema es cuando esas horas extraordinarias las tienes que hacer por costumbre, o que simplemente se dan por supuestas. Si te tienes que quedar un día un poco más para terminar un trabajo lo haces. Pero tener que hacerlo obligatoriamente todos los viernes y a saber hasta qué hora, pues no.
Hay convenios que observan este tipo de anomalías más que nada porque se generan por el tipo de trabajo desempeñado. Me explico, cuando se trabaja en el mundo de la logística, muchas veces no se es puntual, siempre hay retrasos, siempre hay atascos, o bien proveedores a los que se les estropea una maquina y la producción se ve frenada por dicho incidente. Hasta ahí todo correcto. Pero el problema sobreviene cuando la empresa lo asume pero no compensa esas horas de más, como lo indica el convenio. Ahí está explicado claramente que todas horas extraordinarias deben de ser restituidas como horas libres o bien pagadas. Cosa que no se hacía donde yo estaba. Por lo tanto llegó un momento en el que yo trabajaba de gratis para la empresa, que ni siquiera se me daban las gracias y que además me estaban afectando a mi vida social, que como todos sabréis no es que sea la de Paris Hilton precisamente.
Aparte de esto, habían ciertos temas estructurales de la empresa que me estaban sacando de quicio. Uno de ellos era la imposibilidad de aspirar a más a nivel laboral. Con la edad que tengo, y pensando que me queda mucho por vivir, pensar que ya he tocado techo en una empresa no es lo más motivador que se me pueda ocurrir. Además de eso me encontraba con ciertos temas de incompetencia debido al mal trabajo de ciertas personas, que afectaban directamente a la función que yo desempeñaba en la empresa. Hablando en plata, porque algunos compañeros metiesen la pata o fueran irresponsables, yo tenía que comerme el marrón y solucionarles la papeleta. Y esto lo haces una vez o dos, pero que se tome como costumbre, pues tampoco. Lo mismo que sentir que donde trabajas, la dirección no se preocupa de buscar innovaciones si estas no les vienen impuestas por otras sucursales más fuertes. Quiero decir que allí no se les ocurría pensar en que hay cosas que pueden hacerse de otra manera, y llegar a hacerlas, si no fuese porque las sedes de las grandes capitales no se las inventaban y las imponían.
Yo llamaba a esa situación entrar en estado de fosilización, por una parte porque la mayoría de los compañeros ya tienen cierta edad, y no como pasa en otras empresas que he visitado en la que la mayoría de la plantilla no supera los 35 años; y por otro lado porque al igual que los restos de dinosaurios, me estaba empezando a anquilosar, a sentirme cómodo en esa pasividad tan calentita, y estaba empezando a perder la ilusión de mejorar, de aprender y de moverme. Te vas petrificando lentamente.
Así que un día, cabreado por la falta de motivación y la perspectiva negativa que tenía, me metí en una pagina de búsqueda de empleo, y mandé mi historial a la empresa que se sitúa justo enfrente.
Con lo de perspectiva negativa me refiero a que una persona con mis conocimientos, ya sean de idiomas, de estudios o de trabajo, no puede aspirar a quedarse el resto de su vida siendo mileurista. Eso y que ya me habían dicho en el banco que con lo que gano no puedo pedir una hipoteca. Yo quiero independizarme y me hicieron sentirme marginado porque gano muy poco. Y todo esto después de haber pedido un aumento de sueldo, por lo que tampoco podría haber intentado negociar condiciones económicas más favorables. Así que decidí probar suerte. Y eso hice.
Me presenté a la entrevista, en la cual a los 10 minutos ya me decían que si quería el puesto era mío. Lo cual me recuerda el dicho de que “no es oro todo lo que reluce”. Debería haberme acordado de ello.
El caso es que aceptaron las condiciones que les puse para marcharme de donde estaba, e incluso el plazo de reflexión que les pedí. Dicho plazo fue abreviado debido a que la semana siguiente estuve sobrecargado de una manera inusual de trabajo. Mis compañeros se fueron a una ceremonia en Barcelona, dejándome al mando de las expediciones. Esto me lo tomé como que tenían tanta confianza en mí que consideraban que yo era digno de llevar esa tarea. Y así se lo demostré. Pero los niveles de estrés a los que me llevó esa situación fueron los que me empujaron a barajar el cambio, ya que mi cuerpo no podría soportar mucho tiempo esa situación. Y los nervios son algo que debemos de tener muy en cuenta. Total, que al final les dije que sí, que me iba de allí y en la empresa di el preaviso legal y me preparé para irme.
Los altos cargos se limitaron a desearme buena suerte en mi marcha y que esperaban que hablase bien de la empresa. Me quedó claro la poca valoración que tenían de mí y de mi trabajo en la empresa, con lo cual me hicieron más fácil el partir. Algún que otro compañero intentó disuadirme, regateando o incluso haciendo una contra-oferta, pero los que deberían de haberlo hecho pasaron. Hoy en día sé que uno de mis compañeros me reprocha el haberle abandonado después de haberme enseñado todo lo que sé de ese trabajo. Es cierto, es una putada, pero así como ellos me enseñaban, yo trabajaba para ellos por debajo del salario que deberían haberme pagado, así que no sé muy bien quien es peor persona. Yo me aprovechaba de lo que me enseñaban y ellos me hacían trabajar casi gratis. No he podido hablar con esta persona desde entonces, pero sí les he dicho a mis demás amigos que la culpa no es mía, yo dije que me iba y ninguno de los que debería haberlo hecho intentó retenerme. Así que las culpas se las debería de echar a ellos.
Esos quince días fueron los más curiosos que he vivido nunca. La situación en la que estaba era incluso divertida. Es como cuando sabes que te vas a morir y entonces quieres cerrar todas las cuentas pendientes que tienes y quedar bien y en paz con todo el mundo. Al menos es la impresión que me daba. Las personas con las que me llevaba mal se portaban bien conmigo, y aquellos que siguen a día de hoy siendo mis amigos me miraban con nostalgia. En cuanto a los problemas con los que me encontraba en el trabajo, esa era la mejor parte. Conforme me llegaban los trataba sabiendo que todo eso no importaba, y esa libertad es algo de lo que disfruté muchísimo. Esta muy bien decir eso de “¿que no ha llegado su mercancía? Pues me da lo mismo porque yo la semana que viene no estaré aquí.”
Al final el último día fue el más aburrido, fue un desfile de gente despidiéndose, como cuando te vas a morir. Y lo curioso del asunto es que yo me iba justo enfrente. Al final pasó el día, me despedí de todo el mundo con la alegría de que iba a otro sitio mejor y me fui.
Ahora que lo veo todo escrito, lo recuerdo todo muy bonito, y lo añoro, sobretodo sabiendo lo que me iba a tocar después.





