Hogueras 2008 (parte I).
Cada localidad vive las fiestas locales de una forma diferente en función de las personas que conforman su población. Como bien ya he comentado hace un par de años, aquí la festividad “estrella” son las hogueras de San Juan, aunque a veces no termine de entender su significado.
Para empezar se les prende fuego a las hogueras en la noche siguiente a San Juan, ya que se hace en la media noche del 24 al 25, y no como debería de ser y cuando se hacen en las demás localidades que celebran el solsticio de verano o la noche más corta. Que para algunos directamente es inexistente.
Otra de las cosas que conlleva dicha celebración, más allá del acto purificador del fuego que estaba al origen de dicha fiesta, es el consumo en cantidades industriales de alcohol. Que además está permitido en las calles, por lo que hay que tener cuidado con donde ponemos los pies, no sea que no llevemos una desagradable sorpresa.
Pero no todo tiene por que ser malo, aunque a primera vista así lo parezca. A continuación os voy a relatar, rompiendo un poco la dinámica que suelen seguir mis artículos, lo que me ha sucedido en estos 4 días de fiesta.
El planteamiento inicial, elaborado unas semanas antes, era interesante y tenía buena pinta. Aprovechando que me quedaba sólo en casa iba a invitar a Mr. C. y a una pareja de amigos a quedarse en casa y así podríamos ir a la playa y luego por la noche salir de marcha. Al menos eso el fin de semana. Había previsto las rutas de los autobuses y de los tranvías para que pudiésemos pasarlo bien, beber y no preocuparnos por las multas y sobretodo por dónde íbamos a aparcar, ya que media ciudad estando cortada al tráfico, la tarea de dejar el coche iba a convertirse en una odisea.
La semana de las fiestas, siendo que todo empezaba el viernes, las cosas comenzaron a perder el impulso que llevaban. Lo primero fue que Mr. C. cogió un buen trancazo, a saber de dónde, el cual no se mejoró cuando se fue a su caseta a regar y le dio un ataque de alergia como pocos vistos anteriormente. Por lo que hasta el jueves su asistencia estaba comprometida.
Siendo que él era de los que no iban a beber y podía coger el coche, la alternativa tranvía quedaba suspendida, y más aún cuando me confirmó que no podría venir, puesto que estaba demasiado mal para salir de su casa. Cosa que luego comprobé que no era del todo cierta.
En cuanto a mis otros dos amigos, hasta el sábado por la tarde no tuve confirmación de que íbamos a salir esa misma noche. Lo cual me dejó en cierta duda y tuve que recurrir a planes alternativos, que finalmente no vieron la luz.
Pero vamos por partes, antes del fin de semana, ya había elaborado un plan alternativo para la noche del lunes, siendo el martes siguiente festivos, y había quedado con mis ex compañeros de trabajo, donde yo estuve trabajando durante un año y medio. El plan era encontrarnos en el centro a las once de la noche los 4 con aquellos amigos que quisiéramos llevar para salir de fiesta.
Así pues, el sábado por la mañana, exceptuando la asistencia de Mr. C. (lo cual me resultó bastante molesto), tenía todo bajo control. Por lo que aproveché que hacía un buen día, para prepararme algo de comer e irme a pasar el día en la playa. Antes de salir de casa le mandé un mensaje de confirmación de la hora a mis amigos y me fui.
Sobre las 4 de la tarde, al no tener ninguna noticia de ellos, tuve que recurrir a esos dichosos planes B, que fueron mandar un mensaje de “¿sales esta noche?” a varios amigos y conocidos con los que no había quedado desde hace meses. Sólo uno me respondió comentando que él y sus amigos iban a salir por otra parte, pero que querían pasar a ver las hogueras, por lo que a las nueve de la noche me llamaría a confirmar qué iban a hacer. Al menos la alternativa estaba lanzada. La putada es que nunca más se supo de ellos.
A las seis me llama mi amigo a decirme que habían quedado para ir al cine a las diez, a ver Sexo en Nueva York, y luego salir de marcha, que como habíamos quedado en salir juntos que me fuese con ellos, lo cual me daba tan sólo 3 horas para recogerlo todo, volver a mi casa arreglarme y después coger un autobús e irme al centro. Puesto que no tenía más opción fue el plan que decidí seguir.
Para variar decidí no vestirme como siempre que salgo de marcha, es decir con vaqueros y camisa, sino por el contrario ponerme algo más sugerente, como unos vaqueros vintage y una camiseta de tirantes negra que deja poco a la imaginación. Cogí el autobús no sin antes llamar a Mr. C. para comentarle lo del cambio de planes ya que habíamos en hablar esa noche y no iba a ser posible. (sobretodo porque cuando no respondo enseguida a sus llamadas ya se cree que estoy con quien sabe quién).
Después de 6 llamadas perdidas, conseguí que me llamase. Por lo visto estaba demasiado mal para bajar a verme y salir de marcha pero no para irse a su caseta a regar y a que le picasen los mosquitos. Lo cual no hizo más que echarle aceite al malrollo que yo ya tenía con esa situación. Por lo que decidí que independientemente de ello, iba a pasármelo bien esa noche, cueste lo que cueste.
De la película no voy a hacer muchos comentarios, sino simplemente decir que al igual que la serie tiene sus momentos buenos, de risas, de carcajadas y los de lagrima fácil, todo entremezclado con nombres de costureros caros y zapatos de moda. Pero como toda comedia romántica tiene un final feliz, lo cual en el estado que yo estaba no era lo más apropiado, ya que desgraciadamente no creo que mi vida tenga un final tan de película como esa serie. Por lo que al salir del cine, de lo único que tenía ganas era de encontrar un garito donde el alcohol no costase demasiado y poder beber hasta perder la noción de la realidad.
Estuvimos en dos locales donde lo vendían a litros, aunque algo caros, y uno de ellos con un sabor por lo poco extraño, lo cual me dejó pensar en que al día siguiente la resaca iba a ser monumental, pero algo de lo que no me quería preocupar hasta llegado el momento.
Se ve que los efectos del alcohol hicieron mella en mis dos amigos, ya que al dejarles la amiga de uno de ellos, empezaron las hostilidades entre ambos. Todo comenzó con la típica broma de “como estamos borrachos vamos a llamar a nuestros exs a molestarles”. Cosa que todos sabemos que no hay que hacer bajo ningún concepto. Pero claro, si no hay nadie que te lo impida o te haga entrar en razón, pues terminas sucumbiendo a la tentación y marcas el número prohibido, del que todavía no te has olvidado. Lo cual es curioso, porque no te acuerdas de la clave de la tarjeta, del código pin del móvil, que ambos son de 4 dígitos, pero sí de un número de teléfono que son 9 cifras.
Total, que mi llamada a Mr. C. no tuvo mucha relevancia, pero parece ser que la que hizo mi amigo al suyo sí, porque su pareja no se lo tomó demasiado bien. Lo cual en su momento no conseguía entender ya que hasta ese momento parecía que las cosas iban bien entre los dos. Entonces empezó la guerra fría. Primero mi amigo quejándose de todo lo que le hacía el otro cuando no había gente por delante, luego con insinuaciones e indirectas, y para terminar con no tan indirectas dirigidas a la yugular del otro.
Llegado un momento, debo admitir que como amigo no me he comportado bien, y siendo egoísta, yo ya tenía bastante con lo mío como para tragar lo de los demás. Lo cual en un momento normal puede que hubiese dejado pasar, pero con los efectos del alcohol no iba yo a dejar que me aguaran la noche, por lo que en un momento en el que ambos casi se van a las manos, debido a un comentario que hizo mi amigo respecto a su pareja y su falta de interés por él, decidí pasar de ellos e irme por mi cuenta, sabiendo que mi amigos Smirnoff no estaba muy lejos.
Y eso hice, me metí en un local donde había gente conocida y me quedé ahí un buen rato, con la copa en la mano. Hasta que uno de ellos, ahora ya no recuerdo cual, me encontró y me comentó que estaban esperándome fuera. Desgraciadamente ya había terminado casi toda la bebida, por lo que salí a ver qué tripa se les había roto esta vez, y me los encontré en la calle, con cara de pocos amigos, uno de ellos con unos morros hasta el suelo y el otro demostrando una alegría demasiado exagerada de haberme vuelto a encontrar.
En vista de que no me iba a ser posible escaparme de esa situación, y de que por lo visto no habían resuelto sus conflictos personales opte por hacer de consejero matrimonial, en un estado de embriaguez algo curioso.
Por suerte mi amigo encontró a una amiga suya o algo así en mitad de la calle, por lo que se puso a hablar con ella, y yo aproveché la situación para hablar con su pareja e intentar que entrase en razón. Más que nada porque si nos habíamos quedado los dos a solas delante de la puerta del local, de algo habría que hablar. Después de unos minutos generando un monólogo él se decidió a hablar, o por lo menos a contestarme algo más que un asentimiento con la cabeza. Según él, mi amigo es una persona demasiado idealista y romántica para que permita los fallos que él comete, y no valora en absoluto la relación ni los esfuerzos que hace su pareja para que sigan juntos. Puesto que es algo que yo desconozco, mi consejo fue simplemente que ambos tuviesen paciencia, y puesto que él había descubierto lo romántico que podía ser mi amigo (demasiado para mi gusto, ya que no permite el más mínimo fallo), le dije que era él quien tenía que valorar la situación, y que si realmente le quería como decía hacerlo, tener paciencia con mi amigo.
Después de unos 45 interminables minutos de comedura de cabeza, mi amigo decidió volver con nosotros. Con la excusa de que quería salir conmigo y divertirse, y que el otro le importaba un pimiento. Ahí la gota colmó mi vaso, por lo que en vista de que ninguno de los dos quería dar su brazo a torcer, nos fuimos a la estación y los metí en un tren de vuelta a su casa, de donde nunca tendrían que haber salido, como dice mi amiga Raquel.
Me fui a dar una vuelta yo solo antes de irme a mi casa, y me entretuve en el camino de forma que acabé volviendo a mi casa sobre las 8 de la mañana. Con algo de resaca y dolor de estómago. Pero como al día siguiente no tenía planes ¿que más me daba?
Para empezar se les prende fuego a las hogueras en la noche siguiente a San Juan, ya que se hace en la media noche del 24 al 25, y no como debería de ser y cuando se hacen en las demás localidades que celebran el solsticio de verano o la noche más corta. Que para algunos directamente es inexistente.
Otra de las cosas que conlleva dicha celebración, más allá del acto purificador del fuego que estaba al origen de dicha fiesta, es el consumo en cantidades industriales de alcohol. Que además está permitido en las calles, por lo que hay que tener cuidado con donde ponemos los pies, no sea que no llevemos una desagradable sorpresa.
Pero no todo tiene por que ser malo, aunque a primera vista así lo parezca. A continuación os voy a relatar, rompiendo un poco la dinámica que suelen seguir mis artículos, lo que me ha sucedido en estos 4 días de fiesta.
El planteamiento inicial, elaborado unas semanas antes, era interesante y tenía buena pinta. Aprovechando que me quedaba sólo en casa iba a invitar a Mr. C. y a una pareja de amigos a quedarse en casa y así podríamos ir a la playa y luego por la noche salir de marcha. Al menos eso el fin de semana. Había previsto las rutas de los autobuses y de los tranvías para que pudiésemos pasarlo bien, beber y no preocuparnos por las multas y sobretodo por dónde íbamos a aparcar, ya que media ciudad estando cortada al tráfico, la tarea de dejar el coche iba a convertirse en una odisea.
La semana de las fiestas, siendo que todo empezaba el viernes, las cosas comenzaron a perder el impulso que llevaban. Lo primero fue que Mr. C. cogió un buen trancazo, a saber de dónde, el cual no se mejoró cuando se fue a su caseta a regar y le dio un ataque de alergia como pocos vistos anteriormente. Por lo que hasta el jueves su asistencia estaba comprometida.
Siendo que él era de los que no iban a beber y podía coger el coche, la alternativa tranvía quedaba suspendida, y más aún cuando me confirmó que no podría venir, puesto que estaba demasiado mal para salir de su casa. Cosa que luego comprobé que no era del todo cierta.
En cuanto a mis otros dos amigos, hasta el sábado por la tarde no tuve confirmación de que íbamos a salir esa misma noche. Lo cual me dejó en cierta duda y tuve que recurrir a planes alternativos, que finalmente no vieron la luz.
Pero vamos por partes, antes del fin de semana, ya había elaborado un plan alternativo para la noche del lunes, siendo el martes siguiente festivos, y había quedado con mis ex compañeros de trabajo, donde yo estuve trabajando durante un año y medio. El plan era encontrarnos en el centro a las once de la noche los 4 con aquellos amigos que quisiéramos llevar para salir de fiesta.
Así pues, el sábado por la mañana, exceptuando la asistencia de Mr. C. (lo cual me resultó bastante molesto), tenía todo bajo control. Por lo que aproveché que hacía un buen día, para prepararme algo de comer e irme a pasar el día en la playa. Antes de salir de casa le mandé un mensaje de confirmación de la hora a mis amigos y me fui.
Sobre las 4 de la tarde, al no tener ninguna noticia de ellos, tuve que recurrir a esos dichosos planes B, que fueron mandar un mensaje de “¿sales esta noche?” a varios amigos y conocidos con los que no había quedado desde hace meses. Sólo uno me respondió comentando que él y sus amigos iban a salir por otra parte, pero que querían pasar a ver las hogueras, por lo que a las nueve de la noche me llamaría a confirmar qué iban a hacer. Al menos la alternativa estaba lanzada. La putada es que nunca más se supo de ellos.
A las seis me llama mi amigo a decirme que habían quedado para ir al cine a las diez, a ver Sexo en Nueva York, y luego salir de marcha, que como habíamos quedado en salir juntos que me fuese con ellos, lo cual me daba tan sólo 3 horas para recogerlo todo, volver a mi casa arreglarme y después coger un autobús e irme al centro. Puesto que no tenía más opción fue el plan que decidí seguir.
Para variar decidí no vestirme como siempre que salgo de marcha, es decir con vaqueros y camisa, sino por el contrario ponerme algo más sugerente, como unos vaqueros vintage y una camiseta de tirantes negra que deja poco a la imaginación. Cogí el autobús no sin antes llamar a Mr. C. para comentarle lo del cambio de planes ya que habíamos en hablar esa noche y no iba a ser posible. (sobretodo porque cuando no respondo enseguida a sus llamadas ya se cree que estoy con quien sabe quién).
Después de 6 llamadas perdidas, conseguí que me llamase. Por lo visto estaba demasiado mal para bajar a verme y salir de marcha pero no para irse a su caseta a regar y a que le picasen los mosquitos. Lo cual no hizo más que echarle aceite al malrollo que yo ya tenía con esa situación. Por lo que decidí que independientemente de ello, iba a pasármelo bien esa noche, cueste lo que cueste.
De la película no voy a hacer muchos comentarios, sino simplemente decir que al igual que la serie tiene sus momentos buenos, de risas, de carcajadas y los de lagrima fácil, todo entremezclado con nombres de costureros caros y zapatos de moda. Pero como toda comedia romántica tiene un final feliz, lo cual en el estado que yo estaba no era lo más apropiado, ya que desgraciadamente no creo que mi vida tenga un final tan de película como esa serie. Por lo que al salir del cine, de lo único que tenía ganas era de encontrar un garito donde el alcohol no costase demasiado y poder beber hasta perder la noción de la realidad.
Estuvimos en dos locales donde lo vendían a litros, aunque algo caros, y uno de ellos con un sabor por lo poco extraño, lo cual me dejó pensar en que al día siguiente la resaca iba a ser monumental, pero algo de lo que no me quería preocupar hasta llegado el momento.
Se ve que los efectos del alcohol hicieron mella en mis dos amigos, ya que al dejarles la amiga de uno de ellos, empezaron las hostilidades entre ambos. Todo comenzó con la típica broma de “como estamos borrachos vamos a llamar a nuestros exs a molestarles”. Cosa que todos sabemos que no hay que hacer bajo ningún concepto. Pero claro, si no hay nadie que te lo impida o te haga entrar en razón, pues terminas sucumbiendo a la tentación y marcas el número prohibido, del que todavía no te has olvidado. Lo cual es curioso, porque no te acuerdas de la clave de la tarjeta, del código pin del móvil, que ambos son de 4 dígitos, pero sí de un número de teléfono que son 9 cifras.
Total, que mi llamada a Mr. C. no tuvo mucha relevancia, pero parece ser que la que hizo mi amigo al suyo sí, porque su pareja no se lo tomó demasiado bien. Lo cual en su momento no conseguía entender ya que hasta ese momento parecía que las cosas iban bien entre los dos. Entonces empezó la guerra fría. Primero mi amigo quejándose de todo lo que le hacía el otro cuando no había gente por delante, luego con insinuaciones e indirectas, y para terminar con no tan indirectas dirigidas a la yugular del otro.
Llegado un momento, debo admitir que como amigo no me he comportado bien, y siendo egoísta, yo ya tenía bastante con lo mío como para tragar lo de los demás. Lo cual en un momento normal puede que hubiese dejado pasar, pero con los efectos del alcohol no iba yo a dejar que me aguaran la noche, por lo que en un momento en el que ambos casi se van a las manos, debido a un comentario que hizo mi amigo respecto a su pareja y su falta de interés por él, decidí pasar de ellos e irme por mi cuenta, sabiendo que mi amigos Smirnoff no estaba muy lejos.
Y eso hice, me metí en un local donde había gente conocida y me quedé ahí un buen rato, con la copa en la mano. Hasta que uno de ellos, ahora ya no recuerdo cual, me encontró y me comentó que estaban esperándome fuera. Desgraciadamente ya había terminado casi toda la bebida, por lo que salí a ver qué tripa se les había roto esta vez, y me los encontré en la calle, con cara de pocos amigos, uno de ellos con unos morros hasta el suelo y el otro demostrando una alegría demasiado exagerada de haberme vuelto a encontrar.
En vista de que no me iba a ser posible escaparme de esa situación, y de que por lo visto no habían resuelto sus conflictos personales opte por hacer de consejero matrimonial, en un estado de embriaguez algo curioso.
Por suerte mi amigo encontró a una amiga suya o algo así en mitad de la calle, por lo que se puso a hablar con ella, y yo aproveché la situación para hablar con su pareja e intentar que entrase en razón. Más que nada porque si nos habíamos quedado los dos a solas delante de la puerta del local, de algo habría que hablar. Después de unos minutos generando un monólogo él se decidió a hablar, o por lo menos a contestarme algo más que un asentimiento con la cabeza. Según él, mi amigo es una persona demasiado idealista y romántica para que permita los fallos que él comete, y no valora en absoluto la relación ni los esfuerzos que hace su pareja para que sigan juntos. Puesto que es algo que yo desconozco, mi consejo fue simplemente que ambos tuviesen paciencia, y puesto que él había descubierto lo romántico que podía ser mi amigo (demasiado para mi gusto, ya que no permite el más mínimo fallo), le dije que era él quien tenía que valorar la situación, y que si realmente le quería como decía hacerlo, tener paciencia con mi amigo.
Después de unos 45 interminables minutos de comedura de cabeza, mi amigo decidió volver con nosotros. Con la excusa de que quería salir conmigo y divertirse, y que el otro le importaba un pimiento. Ahí la gota colmó mi vaso, por lo que en vista de que ninguno de los dos quería dar su brazo a torcer, nos fuimos a la estación y los metí en un tren de vuelta a su casa, de donde nunca tendrían que haber salido, como dice mi amiga Raquel.
Me fui a dar una vuelta yo solo antes de irme a mi casa, y me entretuve en el camino de forma que acabé volviendo a mi casa sobre las 8 de la mañana. Con algo de resaca y dolor de estómago. Pero como al día siguiente no tenía planes ¿que más me daba?





