Sand In My Shoes
En septiembre de 2004 la cantante Dido sacó como single la canción que da título a este artículo de su álbum Life For Rent. En ella habla del retorno después de las vacaciones al hogar y de lo que es la vuelta a la rutina. Sin embargo hay una lectura literal de la canción en la que habla de un amor de verano, de estos que todos conocemos o por lo menos hemos oído hablar de ellos. “Todavía tengo arena en los zapatos/Y no puedo sacudirme de la mente tu pensamiento/Debería seguir adelante y olvidarte/Pero para qué iba yo a querer hacerlo/Sé que nos dijimos adiós/Cualquier otra cosa habría sido confusa/Pero quiero volver a verte.” Dice la canción en el estribillo.
Pues bien, me temo que yo mismo he sido victima voluntaria de este tipo de “relación” con alguien que conocí en la playa, entre la arena y el sol, para luego volver a la realidad una vez que volvió a su tierra.
El resto de la canción habla de la vuelta a la rutina, de la falta de tiempo en un apartamento en la calle donde los coches no paran de circular hacia la noche donde no hay tiempo para ver la puesta de sol.
En ese mundo donde no podemos permitirnos el “lujo” de apreciar esas cosas de la naturaleza, muchas veces tenemos que parar el carro para poder darnos un respiro, y es cuando vienen esas relaciones esporádicas que muchas veces nos dejan con ganas de más. La lógica nos diría que deberíamos huir de ellas y buscar algo más serio, y si no somos capaces de hacerlo por lo menos tener las cosas claras, y una vez que se dice Adiós, no volver a vernos, pero ¿por qué no volver a vernos? ¿Podemos encontrar algo de lo que buscamos en dichas relaciones? ¿Por qué son tan atractivas y tan divertidas? ¿Puede salir algo positivo de ellas?
Tal vez debería poneros en situación para que entendáis por qué de repente no estoy en contra de estas aventuras. Mi relación con C. iba de mal a peor, agobiándonos mutuamente cada vez más. Si bien seguimos siendo amigos, el seguir como pareja el fin de semana y sin embargo sin estarlo realmente ya no daba más de sí. Durante toda la semana unos sueños recurrentes me habían estado persiguiendo. Sueños bastante preocupantes en un primer momento, pero que me hicieron darme cuenta de una cosa: necesito estar con alguien en serio y no puedo hacerlo si antes no le pongo solución a esa no-relación.
Total, que el fin de semana sólo nos íbamos a ver el domingo, por lo que durante el resto del fin de semana tendría que buscarme la vida. Y eso hice. Me fui el viernes por la tarde a la playa, habiendo dudado en a cual ir, pero al final opté por una cerca de Benidorm. Llegué y me fui directamente al agua ya que hacia mucho calor. Ahí es cuando él apareció, con la excusa de que pensaba que yo era otra persona entablamos conversación. Resulta que había llegado el día de antes y se iba el domingo siguiente a su tierra (Valladolid), por lo que solamente iba a estar ese fin de semana. Estuvimos toda la tarde charlando, y la verdad es que lo pasé muy bien. Me dijo que podríamos vernos esa noche o bien al día siguiente, antes de que se fuera, ya que a pesar de que quedamos que con los “extranjeros” no se puede tener nada serio, podría surgir una bonita amistad. Me dio su número de teléfono, y hasta ahí todo lo más normal. Pero cuando se fue a despedir, porque sus amigos ya se iban, me plantó un beso en la boca, que me dejó algo sorprendido.
De camino a casa me quedé pensando en si merecería la pena salir esa noche con él por Benidorm, o si por el contrario me esperaba a vernos al día siguiente en la playa. La respuesta no tardó en llegarme. Le mandé un mensaje al móvil diciéndole que si quería verme que esa noche podría ir hasta donde él estaba y saldríamos juntos. Me llamó enseguida a decirme que por supuesto que le encantaría volver a verme.
Y así fue. Quedamos ya directamente en Benidorm. Salimos de marcha por ahí, y la verdad es que nos lo pasamos muy bien. Hasta ese fatídico momento en el que no sabes si dar el primer paso o no. Pero puesto que es con alguien que igual no volvería a ver, me arriesgué ya que de los cobardes no se ha escrito nada. Y tuve éxito. A partir de ahí la cosa cambió de tercio y ya no éramos solo dos amigos, sino algo un poco más íntimos. Vamos que estuve el resto de la noche chupando caracoles. Y tengo que admitir que hacía mucho que no me lo pasaba tan bien. ¡Porque el tío besa de muerte!
Sobre las 3 de la mañana le dije que ya estaba cansado (y me dolía la boca ya) y que me iba a casa, pero que me gustaría volver a verle al día siguiente. Me dijo que me mandaría un mensaje para que no tuviese que esperarles mucho tiempo en la playa. Nos despedimos con un buen beso y me fui a casa, muerto de sueño pero pletórico.
Lo malo fue que C. se enteró porque yo soy muy malo guardando secretos, y más cuando ligo con alguien que está de muy buen ver, que muestra interés por mí y con quien me lo paso bomba, aunque sea de la otra punta de España. En principio la cosa no trascendió más allá de eso. Pero C. se puso un poco chungo con el tema de que yo le restregaba por la cara que estaba conociendo gente. Al final después de una discusión por teléfono y otra por el MSN me dijo que lo mejor es que dejásemos de vernos, puesto que el distanciamiento era lo único que podría salvar la amistad que llevamos más de dos años forjando. De lo contrario la cosa iba a acabar mal. Creo que ha sido lo más sensato. Por mucho que le eche de menos, es mejor que estemos sin vernos un tiempo, porque si no, nunca podremos ser amigos como queremos serlo.
El día siguiente, en la playa ya fue lo más. Estuvimos nadando, tonteando en el agua, en la toalla, en el aparcamiento, en la colchoneta en mitad del mar. Algo así como si tuviésemos 15 años cada uno. Tanto fue así que, a pesar de mis ganas de volver a verle, le dije que esa noche no iba a poder, ya que la vuelta de la noche anterior se me hizo muy pesada, y que tenía miedo de que me pasase algo en la carretera. Pero que, para compensarle, cuando sus amigos se fueran de la playa nos podíamos quedar los dos solos y luego yo le acercaba. Plan redondo con puesta de sol incluida. Le llevé a su casa y nos despedimos, sabiendo que cualquier otra cosa sería confusa, ya que él no busca pareja ahora mismo, y yo vivo a 8 horas en autobús de su casa. Pero podríamos volvernos a ver en otra ocasión que él o yo fuéramos a un lado o al otro del país.
Como cierre a la narración he de decir que me mandó un mensaje cuando llegó a su casa para decirme que había llegado bien y que se alegraba de haberme conocido.
He estado pensando en por qué un amor de verano, por llamarlo de alguna manera, siempre resulta tan atractivo, a pesar de que sea algo que sabemos de ante mano que no durará.
En mi caso, yo había perdido la esperanza de encontrar a alguien normal y que no buscase sólo sexo. Pensaba que todos eran iguales e iban a lo mismo y que además nada bueno podría salir de estar dos días con alguien y no volverle a ver. Pero me equivocaba. Todavía hay esperanza. He podido sentir, al menos durante un fin de semana, lo que es estar con alguien, lo que es sentir que alguien tiene ganas de verte y te desea, y lo que es salir con alguien en serio, que no se tenga que esconder de los demás y del qué dirán.
Probablemente es la idea de saber que no hay compromiso lo que nos permite ser nosotros mismos y dar lo mejor que tenemos, vivir una ilusión, de alguna forma, pero que nos haga la vida más llevadera. Seguramente con esa persona no sería feliz. Pero nunca lo sabré, y lo poco que he conocido me ha gustado, me ha devuelto la fe lo cual es mucho.
Seguramente la gente que tiene romances de verano es lo que busca. Poder sentirse amado/a durante ese tiempo, sin los problemas de la convivencia, poder querer a alguien y pasarlo bien, independientemente de donde viva. Cuando sabemos que algo no va a durar, podemos esforzarnos en ello. Nos da igual lo que digan los demás porque nos iremos de ahí, por lo que podemos ser cariñosos o mostrarnos afectivos con esa persona, ya que cuando nos vayamos todo volverá a la normalidad. Es decir, tomarse un respiro de la vida cotidiana y agobiante y una bocanada de aire fresco.
No sería justo decir que con C. no he tenido eso, porque en cierta manera sí que se comportaba así. Pero la esencia de un rollo de verano es que no puede ser repetitivo ni puede alargarse demasiado. De lo contrario se convierte en una relación, con los inconvenientes que eso conlleva. Cuando lo que buscas es simplemente un respiro no puedes estar constantemente liándote con esa persona. Y al final, aunque no fuese su intención, C. se convirtió en un agobio para ambos, sobretodo para él mismo, ya que su idea de “mientras no tengas a nadie me tienes a mí” solo funciona durante un corto periodo de tiempo. Pasado el cual o se corta o se formaliza la situación. Ese carácter efímero muchas veces sienta bien, siendo la base de ese tipo de relaciones.
Yo he visto algo de luz en esa oscuridad que tenía rodeándome desde hace unos meses, en los cuales todos aquellos que se interesaban por mí iban a lo único. He visto que hay gente que no es así, aunque sólo haya durado 48 horas. Es poco, pero me ha devuelto la fe en la gente y la esperanza de que lo que busco lo puedo conseguir. He retomado fuerzas para volver a la vida cotidiana en la que no hay tiempo para ver las puestas de sol. Además he hecho un nuevo amigo o mejor dicho, dos, ya que al haber distanciado la relación con C. probablemente consigamos nuestro propósito de amistad. Lo cual es todo un tesoro. Es el inicio de una nueva era.





