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Khayman en la Ciudad
Comentarios sobre la vida
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Se trata de una columna en la que me gusta publicar mis impresiones acerca de la vida, el sexo, en fin, muchas cosas, ..."Disfrutenla"
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See You When You're 40
Siguiendo con la línea de darle nombres da canciones a mis artículos, voy a hacerlo de nuevo con una de la misma cantante que anteriormente, y del mismo disco, canción llamada Nos Vemos Cuando Tengas 40 Años. En ella Dido arremete con una suave melodía contra un antiguo novio suyo, quejándose de su falta de madurez para las relaciones y la vida, y termina diciendo que ya no volverá con él nunca más puesto que es un niño y no un hombre.
Lo cierto es que no pensaba esperar hasta los 40 para darme cuenta de ciertas cosas que he visto en mi vida, y sobretodo relativas a las relaciones en el mundo gay.
Si bien con 27 años no puedo decir que me las sé todas, es cierto que he vivido bastante, y volviendo al tema de siempre, he de daros las conclusiones a las que he llegado en este tiempo.
Si bien hay gente para todo, en un mundo en el que estamos cada vez más solos, en el que ya no se conversa con la gente ni siquiera en el autobús porque vamos todos con los auriculares puestos, hasta tal punto que en el mismo lugar de trabajo podemos estar escuchando la radio o la música con tal de no hablar con nadie, las relaciones se vuelven cada vez más difíciles. Llegamos incluso al punto en el que mucha gente ya no es capaz de ceder parte de su vida privada a los demás ni de poder acoger a nadie en su mundo. Los amigos se hacen cada vez más distantes y las parejas se diluyen. Si a esto le agregamos la facilidad que hay a encontrar sexo sin compromisos, llegamos a un lugar donde el valor que tienen ciertas cosas ya no existe o llega a ser sub-cero. En ese mundo ¿es posible todavía mantener la esperanza de encontrar a tu media naranja? ¿Realmente podemos pensar que existe el amor más allá de los 4 o 5 polvos? ¿Queda todavía gente con la ilusión de vivir en pareja?
Sé que no debería generalizar, porque siempre hay excepciones a lo que voy a decir a continuación. Pero creo que encontraréis que muchas de las personas que os puedan rodear entran dentro de estas tres categorías.
Como bien he dicho antes, no creo que porque tenga 27 años lo haya visto todo, pero sí lo suficiente como para pensar en que la mayoría de parejas potenciales que he tenido se incluyen dentro de estos tres grupos, aunque podréis discrepar con los porcentajes, debéis admitir que no estoy lejos de tener razón.
El primero, y más numeroso es el de los salidos. Son aquellos o aquellas que te dicen lo que quieres oír con tal de que acabes en su cama, o incluso ni eso, con que sea en la parte trasera del coche basta. Hablo de los gays que solo piensan con la entrepierna y que no valoran a los demás más allá de su físico o de su potencia sexual. Estas personas son peligrosas porque consiguen engancharte con dulces palabras (cuando no tienen el descaro de ir de frente y a saco), para luego dejarte tirado en la basura junto con el condón, si es que lo han utilizado.
Para mí son 3 cuartas partes de la gente que circula por el ambiente, aunque disfracen su “vicio” de mala suerte o de exigencia, al final siempre buscan lo mismo: pegar un polvo y a por otra cosa mariposa. Podría decirse que tienen complejo de abejorro, con eso de ir de flor en flor. Sólo que se les ve venir (a los insectos) mientras que nosotros muchas veces no somos capaces de reconocer que lo único que les interesa es nuestro cuerpo, y cual trofeo, una vez obtenido, irán a por otro mientras que tú te quedes como mucho en la estantería a llenarte de polvo, o simplemente te conviertas en un número más o una nueva muesca en el cabezal de su cama.
Mi amigo C. dice que es por la facilidad del sexo y porque terminan enviciándose, o drogándose gracias a él. Estoy de acuerdo. Si puedes tener a quien quieras en tu cama, con menos de 15 minutos de esfuerzo y cuando te cansas de él lo puedes mandar a su casa y que no te moleste ni te agobie, no es necesario romperse la cabeza intentando conquistar algo complicado. Vas a lo fácil y a lo seguro, a lo rápido y efímero, y terminas “con cuarenta años, solo, siendo consolado por extraños que no necesitas llegar a conocer”. Y de estos conozco a muchísimos. Justamente si con esa edad puedes estar todas las semanas con un chavalín distinto, a cada cual más buenorro, además sin compromisos, y cuando quieres que te dejen solo, lo consigues, no vas a complicarte la vida teniendo pareja. La única ventaja que tienen, es que son buenos en la cama, y si sabes jugar bien tus cartas puedes llevarte un buen rato de placer, siempre y cuando seas consciente de que no se va a repetir. En el mundo hetero es lo que hacen las putas, satisfacer sexualmente a los demás a cambio de dinero. Aquí se hace gratis. Ahí cada cual decide qué es lo que más le interesa.
Detrás de ellos, por cantidad, vienen las setas, los helechos, líquenes y demás seres asexuales. Ellos serían la cara opuesta de la moneda que hemos visto antes. Son gente cuya vida gira entorno a los sentimientos, son todo sensaciones, amor y edulcorantes. Pero no les pidáis nada en la cama, ya que, como se reproducen por esporas, con un polvo al mes, más o menos, podéis daros por satisfechos. No son realmente nefastos en la cama, pero como su líbido es prácticamente inexistente no hay que pedirle mucha caña, porque de lo contrario se agobian y salen huyendo, o se desecan como una seta al sol.
Eso sí, no son capaces de interrumpir un pase bajo las estrellas, ni de romper la magia del momento más romántico que puedas elaborar con alguna frivolidad. De hecho, es la única forma de ablandarlos lo suficiente como para poder llevarlos a la cama. Suelen llevar una vida muy tranquila, sin preocupaciones de alcoba, e incluso si llevan más cuernos que un alce canadiense, no suelen quejarse, porque lo que valoran es la relación humana. No son mala gente, pero si tienes sangre en las venas, acabas matándote a pajas, o incluso haciendo cosas peores. Porque una vez más, el mundo gira alrededor de lo que ellos desean. Si bien el primer grupo orbita alrededor de la entrepierna, en ellos todo está en función de sus sentimientos. Lo que necesitemos los demás no es importante, y si tienes la mala suerte de insistir, es porque eres “obsesivo compulsivo” y acosador o un agobio de tío. Así que al final acaban abandonándote porque eres un pesado, si es que no has tirado tú la toalla antes ante tanta pasividad adornada con azúcares añadidos. Porque llega un momento que, aunque no seas un salido, necesitas algo de vidilla, y más en un mundo donde le das una patada a una piedra y te salen 10 tíos dispuestos a cumplir tus fantasías sin pedirte el amor eterno a cambio. Pero no os preocupéis por ellos, porque como son tantos, al igual que en el primer grupo, siempre encuentran la horma de su zapato, y terminan arrejuntándose con alguien igual que ellos, con el que comparten un montón de emociones, y con quien van soltando esporas una vez al año, durante la luna llena. O por el contrario están emparejados con uno del primer grupo, desde hace eones, y están ya tan acostumbrados a la cornamenta que no sabrían vivir sin ella. Probablemente porque valoran más que al final esa persona con quien se va a dormir es con ellos, a pesar de que haya estado en varias camas un par de horas antes.
Por último, el grupo menos numeroso, que no llega al 1% de la gente que conozco. Y hasta hace pocos días pensaba que su diferencia radicaba en el origen del otro lado de la acera, pero no es el caso, puesto que conozco gays que llevan más años que yo en este mundillo, y que sin embargo no han sido corrompidos por el sexo fácil o no se han convertido en helechos. Siguen teniendo sentimientos, muchas veces más complicados de lo que nos podríamos imaginar, y por otra parte no son unos muertos en la cama, sino que les va la marcha en todos los sentidos. Suelen ser ideales como pareja, puesto que no van a intentar engañarte para que te vayas a su cama y luego te tiren a la basura una vez que se les ha pasado el subidón. Al igual que no son de esos que te obligan a ir detrás de ellos durante semanas o incluso meses, guardando un ayuno forzado proporcional al interés que se supone que tienes en ellos, vamos que no te obligan a matarte a pajas porque no quieren acostarse contigo antes de que te hayas ganado su corazón. De hecho te lo puedes ganar con el roce, puesto que son de los que creen que el roce hace el cariño, y qué mejor roce que el de la cama, sean las sábanas de raso o de algodón. Y aunque esto suceda en la primera cita, no van a pensar que eres fácil por haber llegado ahí tan rápido.
Lo malo es que es tan difícil dar con estas personas, que muchas veces dudamos de su existencia. Y que sean así no se debe a que provengan del mundo hetero, donde para ganarse la cama hay que currárselo porque he conocido gente así que no viene de ese lado de la acera. Sin embargo es donde más abundan, de ahí su poderoso atractivo. Siempre nos interesa más lo que no podemos tener o lo que es más difícil de conseguir.
Aun así, sigo pensando que igual es mejor lo que poco abunda, porque una vez que lo consigues es más gratificante que estar con gente del montón, o con lo más vulgar que te puedas encontrar por ahí (y por vulgar quiero decir que es demasiado común).
Y es verdad que lo que más abunda es la morralla, los hongos, y los pervertidos, sin embargo siempre hay alguna joya perdida entre tanta basura cósmica, y una vez que la has encontrado es cuando tienes que pensar en no dejarla escapar bajo ningún concepto. Cosa que mucha gente hace, pensando que ese tren volverá a pasar una vez más por ahí. Hasta que llegue el día que no lo haga y se encuentren solos y aburridos, con su soledad como única compañera, rodeados de lujos con los que pretenden comprar el polvo del próximo fin de semana, pero sabiendo que si no fuera por eso ni siquiera se fijarían en ellos, y que los niñatos con los que se acuestan sólo buscan dicha opulencia. Y adornar esa soledad con muchas amistades no compensa, porque en las frías noches de invierno que están al caer, no van a tener a nadie que les caliente la cama más allá de un par de polvos, ya que los amigos suelen tener sus propias casas… aunque tal vez sea lo único a lo que puedan aspirar y se hayan resignado a ello. Yo no.
No