Radio Patio
La creencia popular dice que las mujeres son más cotillas que los hombres. Pero basta con echarle un vistazo a las revistas para ellos, o bien darse un paseo por los vestuarios masculinos (aquellos que puedan) para darse cuenta de que no es así. Si consideramos el término popular marujeo, nos deja entender que es un deporte exclusivo para las mujeres, pero ahora sabemos que no es así.
En un mundo en el que cada vez somos más parecidos a los vecinos y donde sin embargo no sabemos ni quien vive al lado o encima de nuestro apartamento, ¿Por qué no aficionamos tanto al radio patio? Hay un dicho popular que dice que la curiosidad mató al gato. Pero ¿el gato no tiene 7 vidas? Entonces, ¿acaso es tan poderosa la curiosidad que consiguió matarle tantas veces?
Bueno yo creo que sí, porque la verdad es que el cotilleo es algo que nos puede.
En mi grupito de la universidad, me acuerdo que nuestro pasatiempo favorito cuando no íbamos a clase, cuando faltaba un profesor o cuando nos quedábamos a hacer algún trabajo por las tardes, era lo que Carmen y yo llamábamos la peletería. Como decía ella tan bien, nos sentábamos a hacer abrigos de piel de los demás compañeros, tanto de los que nos caían mal (de los cuales no dejábamos ni uno intacto) como de los que nos caían bien (entonces solo era intercambio de información sin malicia). Lo divertido del asunto era ver el acceso a la cantidad de información que teníamos. Siempre estábamos al corriente del último ligue de tal profesor, o de qué alumna se había acostado con quién, qué había pasado con el desaparecido suspenso de alguien y cosas por el estilo. Pero dejando esas frivolidades aparte lo mejor era ver como influía la moda a ciertos grupos de alumnos. Ahí era donde más nos cebábamos, ya que en el fondo la vida sentimental y sexual de los demás no nos importaba tanto como las críticas de moda.
Lo cierto es que teníamos una compañera que siempre nos sorprendía por su manera muy personal de mezclar estilos, de tal manera que siempre iba horrorosa. Y lo cierto es que gracias a ella pasábamos unos buenos ratos comentando su falta de gusto. Porque, seamos sinceros, éramos muy malos y nos gustaba despellejar a los demás. Pero tenemos la certeza de que, así como nosotros contribuíamos a dispersar rumores sobre los demás, otros ya se encargaban de ponernos en nuestro sitio.
Porque si algo tiene el sistema del radio patio es que nadie esta a salvo de la polemiza y del escándalo. Y el día que menos te lo esperas eres tú la portada del informativo local universitario o de la empresa donde trabajas. Porque incluso los altos cargos son vulnerables y dados al cotilleo. Alguna vez hemos podido comprobarlo con profesores, que aprovechan las horas de tutorías para ponerse al día de lo último que sucede entre los alumnos o para lanzar rumores jugosos sobre sus compañeros de trabajo.
A los que no vayáis con la música a todo volumen por el gimnasio os aconsejo escuchar un poco lo que cuentan los hombres en los vestuarios. No tiene desperdicio. Recuerdo que en una ocasión no sólo comentaban sobre las series del momento, sino incluso sobre las telenovelas que daban en la primera cadena de televisión. No dejó de sorprenderme que dos tiarrones de estos que quitan el hipo tuvieran comentarios tan mundanos como que si Betty la Fea no debía haber vuelto con Armando. Aunque no siempre hablan de la televisión. En realidad radio patio también podría llamarse radio vestuario, porque es donde se ponen al tanto de todo lo que pasa en su lugar de trabajo, y puesto que desnudos todos somos iguales y no hay clasificación alguna, los jefes se mezclan con los empleados para comentar los últimos ligues de la secretaria cañón de la 5ª planta, o bien algún restaurante donde llevar a la novia e incluso de cual de los amigos tiene a la tía más buena. Incluso los hay que se plantean intercambiárselas mientras que están en las duchas…
Lo que uno puede llegar a oír en ciertos lugares no tiene desperdicio. Pero tampoco hace falta meterse en un gimnasio para formar parte del sistema informativo mundial. Simplemente basta con darse un paseo por los grandes almacenes, las tiendas de ropa o las cafeterías. Porque algo bueno que tiene la sociedad española es que todo lo vive abiertamente. Si tú te sientas en una cafetería o en un banco del parque estás seguro de poder oír la conversación íntima y personal que tienen los dos de al lado. Y al final acabas enterándote de los cotilleos del bloque de vecinos de la calle tal. Porque la gente lo comenta todo, y si eres una persona curiosa, tienes material para rato.
Ahora que se acerca el verano, y que en algunos lugares ya podemos decir que estamos realmente en verano, un buen sitio para cotillear es en la playa. Para empezar se puede hacer de forma personal, es decir comentar para uno mismo lo que llevan los demás, donde se sientan, qué hacen, como lo hacen, cuanto tiempo están tomando el sol y cuanto intentando ligarse al de al lado o a la tía de la toalla de enfrente. Lo divertido es cuando pillas conversaciones de toallas colindantes o de transeúntes a los que les gusta pasear por la orilla del mar tanto para lucir palmito como para regalarse la vista. Ahí es cuando te enteras de las conversaciones más jugosas.
Y si no quieres salir de tu casa lo más fácil es poner la televisión, y la pongas a la hora que sea siempre encontraras algún programa dedicado a eso. Porque si algo tiene la programación televisiva hoy en día es la redundancia de oferta en lo referente a los sucesos. Ya no hace falta salir a la calle a marujear, sino que dentro de nada podrás ver a tus vecinos en algún late show de por la noche sacándose mutuamente los trapos sucios.
En realidad la ciudad y sus alrededores están plagados de terrenos donde la información tiene libre curso, donde fluyen los comentarios a diestro y siniestro como lo hacen las olas sobre la arena. Pero no debemos olvidarnos de una cosa muy importante: así como nos gusta cotillear sobre otros, otros lo harán sobre nosotros. ¡Estad alerta!

En un mundo en el que cada vez somos más parecidos a los vecinos y donde sin embargo no sabemos ni quien vive al lado o encima de nuestro apartamento, ¿Por qué no aficionamos tanto al radio patio? Hay un dicho popular que dice que la curiosidad mató al gato. Pero ¿el gato no tiene 7 vidas? Entonces, ¿acaso es tan poderosa la curiosidad que consiguió matarle tantas veces?
Bueno yo creo que sí, porque la verdad es que el cotilleo es algo que nos puede.
En mi grupito de la universidad, me acuerdo que nuestro pasatiempo favorito cuando no íbamos a clase, cuando faltaba un profesor o cuando nos quedábamos a hacer algún trabajo por las tardes, era lo que Carmen y yo llamábamos la peletería. Como decía ella tan bien, nos sentábamos a hacer abrigos de piel de los demás compañeros, tanto de los que nos caían mal (de los cuales no dejábamos ni uno intacto) como de los que nos caían bien (entonces solo era intercambio de información sin malicia). Lo divertido del asunto era ver el acceso a la cantidad de información que teníamos. Siempre estábamos al corriente del último ligue de tal profesor, o de qué alumna se había acostado con quién, qué había pasado con el desaparecido suspenso de alguien y cosas por el estilo. Pero dejando esas frivolidades aparte lo mejor era ver como influía la moda a ciertos grupos de alumnos. Ahí era donde más nos cebábamos, ya que en el fondo la vida sentimental y sexual de los demás no nos importaba tanto como las críticas de moda.
Lo cierto es que teníamos una compañera que siempre nos sorprendía por su manera muy personal de mezclar estilos, de tal manera que siempre iba horrorosa. Y lo cierto es que gracias a ella pasábamos unos buenos ratos comentando su falta de gusto. Porque, seamos sinceros, éramos muy malos y nos gustaba despellejar a los demás. Pero tenemos la certeza de que, así como nosotros contribuíamos a dispersar rumores sobre los demás, otros ya se encargaban de ponernos en nuestro sitio.
Porque si algo tiene el sistema del radio patio es que nadie esta a salvo de la polemiza y del escándalo. Y el día que menos te lo esperas eres tú la portada del informativo local universitario o de la empresa donde trabajas. Porque incluso los altos cargos son vulnerables y dados al cotilleo. Alguna vez hemos podido comprobarlo con profesores, que aprovechan las horas de tutorías para ponerse al día de lo último que sucede entre los alumnos o para lanzar rumores jugosos sobre sus compañeros de trabajo.
A los que no vayáis con la música a todo volumen por el gimnasio os aconsejo escuchar un poco lo que cuentan los hombres en los vestuarios. No tiene desperdicio. Recuerdo que en una ocasión no sólo comentaban sobre las series del momento, sino incluso sobre las telenovelas que daban en la primera cadena de televisión. No dejó de sorprenderme que dos tiarrones de estos que quitan el hipo tuvieran comentarios tan mundanos como que si Betty la Fea no debía haber vuelto con Armando. Aunque no siempre hablan de la televisión. En realidad radio patio también podría llamarse radio vestuario, porque es donde se ponen al tanto de todo lo que pasa en su lugar de trabajo, y puesto que desnudos todos somos iguales y no hay clasificación alguna, los jefes se mezclan con los empleados para comentar los últimos ligues de la secretaria cañón de la 5ª planta, o bien algún restaurante donde llevar a la novia e incluso de cual de los amigos tiene a la tía más buena. Incluso los hay que se plantean intercambiárselas mientras que están en las duchas…
Lo que uno puede llegar a oír en ciertos lugares no tiene desperdicio. Pero tampoco hace falta meterse en un gimnasio para formar parte del sistema informativo mundial. Simplemente basta con darse un paseo por los grandes almacenes, las tiendas de ropa o las cafeterías. Porque algo bueno que tiene la sociedad española es que todo lo vive abiertamente. Si tú te sientas en una cafetería o en un banco del parque estás seguro de poder oír la conversación íntima y personal que tienen los dos de al lado. Y al final acabas enterándote de los cotilleos del bloque de vecinos de la calle tal. Porque la gente lo comenta todo, y si eres una persona curiosa, tienes material para rato.
Ahora que se acerca el verano, y que en algunos lugares ya podemos decir que estamos realmente en verano, un buen sitio para cotillear es en la playa. Para empezar se puede hacer de forma personal, es decir comentar para uno mismo lo que llevan los demás, donde se sientan, qué hacen, como lo hacen, cuanto tiempo están tomando el sol y cuanto intentando ligarse al de al lado o a la tía de la toalla de enfrente. Lo divertido es cuando pillas conversaciones de toallas colindantes o de transeúntes a los que les gusta pasear por la orilla del mar tanto para lucir palmito como para regalarse la vista. Ahí es cuando te enteras de las conversaciones más jugosas.
Y si no quieres salir de tu casa lo más fácil es poner la televisión, y la pongas a la hora que sea siempre encontraras algún programa dedicado a eso. Porque si algo tiene la programación televisiva hoy en día es la redundancia de oferta en lo referente a los sucesos. Ya no hace falta salir a la calle a marujear, sino que dentro de nada podrás ver a tus vecinos en algún late show de por la noche sacándose mutuamente los trapos sucios.
En realidad la ciudad y sus alrededores están plagados de terrenos donde la información tiene libre curso, donde fluyen los comentarios a diestro y siniestro como lo hacen las olas sobre la arena. Pero no debemos olvidarnos de una cosa muy importante: así como nos gusta cotillear sobre otros, otros lo harán sobre nosotros. ¡Estad alerta!






