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Khayman en la Ciudad
Comentarios sobre la vida
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Se trata de una columna en la que me gusta publicar mis impresiones acerca de la vida, el sexo, en fin, muchas cosas, ..."Disfrutenla"
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¡Que Llega El Verano!
Estos últimos días con las temperaturas en alza, nuestros hogares son un centro de actividad conocida como “sacar la ropa de verano y guardar la de invierno”. A pesar de que aun no hemos llegado a la estación propiamente dicha, ya en muchos litorales españoles las playas empiezan a abarrotarse de gente los fines de semana. Y claro, surge el conocido problema de los trajes de baño. Porque claro, las navidades aun nos pesan.
Cuando llega la hora de lucir tipazo en las playas y las piscinas, ¿Por qué nos importa tanto lo que piensen los demás? ¿Es realmente el físico tan importante? ¿Por qué en verano nos volvemos tan superficiales?
Yo siempre me fijo en como se comporta la gente en el gimnasio porque es una especie de mini.- sociedad probeta. Por ejemplo, cuando han pasado las vacaciones de Semana Santa, que por cierto, este año han sido más pronto, la gente se da cuenta de que los bañadores del año anterior no le van y se vuelven paranoicos. Entonces es cuando se apuntan a centros de adelgazamiento, gimnasios y otros. De paso es el periodo del año que podemos reconocer fácilmente al poner la televisión, todo son anuncios de productos para perder peso y no ganarlo, para no aumentar de peso, para cuidarse, etc.
En el mes de abril y mayo, de repente, empezó a llegar una cantidad enorme de gente a mi gimnasio, personas que no conocía y que realmente necesitaban ponerse en forma. De repente la sala de máquinas estaba llena de gente. Tuve que cambiarme de horario, porque a la hora punta era imposible hacer nada, las maquinas de cardio, es decir las de correr y las bicicletas, estaban siempre todas ocupadas por gente obsesionada por perder lo antes posible los kilos que han acumulado desde el año pasado.
Lo mismo sucede con las clases colectivas explosivas, como las llamo yo, es decir todas aquellas en las que se queman muchas calorías, como pueden ser todos los ejercicios aeróbicos, de saltar o de dar botes, e incluso los de bicicleta estática. En las horas punta hay que pedir número para poder entrar, o reservase uno un tiempo antes de que empiece. Incluso algunas veces han tenido que aumentar el número de clases que ofrecen.
Sin embargo lo divertido es que a las clases “espirituales” solo van los asiduos. Es el caso de las clases de yoga, de estiramientos y de Tai Chi. Solo gente que realmente se preocupa por su estado interior, o que quieren ir a la moda de lo oriental, acuden a esas clases. Lo bueno de esas clases es que siempre hay sitio, nunca hay que pedir número y al ser en grupos reducidos el profesor o la profesora pueden estar más atentos a que los ejercicios se hagan correctamente.
Mi experiencia en estas clases ha sido positiva. De hecho salgo con más agujetas que cuando he ido a las de “pérdida rápida de peso”. Y no es porque necesite perder peso, sino porque siempre me ha gustado hacer deporte, y sentirme bien con mi cuerpo. Pero se me había olvidado cuidar también de mi mente, y para eso están esas clases. En las que se trabaja tanto cuerpo como mente. Y puede que no salga hecho un mastodonte como de la sala de pesas. Pero al menos podré lucir algo más que cuerpo en la playa.
Eso si lo que uno quiere es salir a la playa a lucirse. Porque mucha gente solo lo ve como una pasarela. Ya no se trata de pasar unas vacaciones lejos de los problemas, ni de relajarse, sino de ir a ligar. A mostrarse, a desfilar y a juzgar y ser juzgado. Como un trozo de carne en el mercado.
Lo curioso del asunto es que esta pasarela también se traslada a la calle y al resto de la ciudad. Porque es cuando empezamos a usar ropa con cada vez menos tela, y si eres una mujer con que te tape lo imprescindible es suficiente. Los chicos a veces casi lo tenemos más fácil porque solo con llevar un pantalón corto o muy corto basta. Pero el caso es que la urbe se convierte en unos camerinos de la sala de desfile en la que se convierte la playa y su paseo.
Yo puedo entender que aquellas personas que se han dejado un dineral en el cirujano, en los centros de adelgazamiento o en el gimnasio, y que hayan sabido darles buen uso, quieran mostrar en qué han invertido, porque es lo suyo. Yo no me compro un coche caro para dejarlo guardado en el garaje. Lo mismo supongo que una mujer no se compra un par de tetas para llevarlas escondidas en una camiseta ancha.
Lo triste del asunto es cuando aparte de ese montón de silicona, la persona no tiene nada más que ofrecer. Porque uno puede gastarse el dineral que quiera en quitarse arrugas, ponerse cosas, cambiarlas de sitio subirlas o bajarlas, o por quedar relleno como un pavo, pero lo que tenemos dentro no se puede operar ni transformar de esa manera. Y al final esas personas pueden convertirse en una fachada muy atractiva, pero con nada que valga la pena detrás. La imagen puede ser muy bonita, pero si en el interior no hay nada, sólo sirve como florero. Y los floreros al final terminan enterrados en el fondo de un armario comiendo polvo.
El culto al cuerpo es algo que desde un punto de vista estético es positivo, desde la óptica de la salud, viene bien cuidarse porque solo tenemos un cuerpo para toda la vida y debemos atenderle bien. Pero no por ello debemos olvidarnos que lo que importa también está en nuestro interior y que ante todo somos personas con un alma, y que esa alma también necesita que la alimentemos, necesita hacer deporte y a veces incluso que nos acordemos de que esta ahí.
No