Hasta Que La Muerte Nos Separe
Esta es una frase que todos conocemos, aunque algunos no sean muy partidarios de oírla en su vida, mientras que otras personas se mueren porque alguien les “adjudique” esa tarea. Y más sabiendo que hoy en día nada dura hasta que la muerte nos separe. Ni siquiera la sagrada institución del matrimonio.
En un mundo en el que los valores eternos se están perdiendo, ¿Qué vigencia tiene un contrato de por vida? Con lo de los matrimonios homosexuales ¿llega una nueva bocanada de esperanza para esta institución?
La verdad es que de pequeños a todos nos comen la cabeza con eso de que los seres humanos debemos arrejuntarnos en parejas y casarnos, como si fuéramos los pasajeros del arca de Noe. Independientemente de nuestra orientación sexual, muchos creemos en el amor, y que una manera de demostrarlo es casándose con alguien, aunque todos sepamos que no se demuestra el amor de esa forma.
Sin embargo en las bodas en las que he estado no se trata más que de una forma de aprovecharse de los demás. Por ejemplo, muchas parejas deciden casarse a pesar de que ya llevan años juntos y de que forman un conjunto ya reconocido por los amigos. Son aquellas personas que nunca pensamos que se vayan a separar y que sin embargo deciden dar el gran paso. No por formalizar nada, ni por las cuestiones de derechos, sino simplemente porque necesitan amoblar su nueva casa. Ya sabemos que las listas de boda sirven para eso.
Pero el que pone la ley pone la trampa, y al final los listos siempre compramos los regalos más baratos, en representación a lo que se refiere esa unión. Es decir un mero intento de aprovecharse de los amigos para llenar el hogar de trastos a veces inútiles, o de lujos que de otra manera no se podrían permitir. Y claro, como a veces no se los compramos, la moda hoy en día ya no es pedir regalos materiales, sino dinero.
Gracias a ese cruel estratagema, los novios pueden pagarse parte de la hipoteca del piso, o simplemente irse de vacaciones a Bali o al Caribe, todos los gastos pagados por los amigos. Y digo que es una manera malvada de ponernos contra la pared, porque cuando se hacen obsequios en dinero la gente es más criticona. Tú puedes comprarles un regalo por 50 euros, que viene a ser lo que necesitan, o algo que realmente les guste. Pero claro si tienes que regalar dinero entonces tienes que invertir más. De ahí que sean unos cabrones a la hora de pedir regalos en metálico.
Luego la ceremonia suele ser un evento que por lo menos resulta curioso de ver. A pesar de que la gran mayoría de novios no sea religioso, siempre se hacen bodas por la iglesia, más que nada porque esa institución pone menos problemas que las legales, tiene el mismo valor, y las listas de espera no son tan grandes, ya que iglesias hay muchas más que juzgados. Así que por una parte la elección del lugar se hace más por comodidad que por lo que realmente significa. Otro convencionalismo que se usa mucho es el traje de la novia. Siempre es ella la importante. El novio no, ese va vestido como la mayoría de los invitados, porque para él no es el día más importante de su vida. Para ella si, pero para él es lo más normal. Siempre siguen esa óptica machista. Es la novia la que tiene que deslumbrar, pero él no. Y por supuesto se viste de blanco, aunque todos sepamos que lo de que el blanco representa la pureza en su caso no se puede aplicar. Ya me gustaría ver una boda en la que los novios sean sinceros y vaya ella con un traje rojo, que también los hacen muy bonitos.
Luego están los invitados. Una norma general suele ser que ninguna mujer ha de llevar un traje que ensombrezca al de la novia. Pero nadie lo respeta. De hecho más que una boda eso parece un desfile de modelos, a ver cual ha conseguido el mejor peinado y el mejor traje. O cual lleva al chico florero más guapo, etc. Total, la pasarela ya está puesta, y aunque muchas quieran que las lleven al altar, lo cierto es que es más por el trayecto y por el protagonismo que por lo que eso representa.
Otra curiosidad es que siempre hay un bar cerca de la iglesia, y la mayoría de los invitados que no son importantes, y con eso me refiero a que no son ni testigos ni de los que tienen que sentarse en las primeras filas de la iglesia, se la pasan ahí. En una ocasión recuerdo que yo fui invitado a una boda, y estuvimos comiendo panchitos en el bar de al lado de la iglesia, cuando sonaron las campanas salimos a tirarles arroz y ya está. Porque lo cierto es que la mayoría de los invitados ya ni se acuerdan de lo que es una misa, y van por puro compromiso a hacer que se saben cuando tienen que hablar y todo eso. Pero en el fondo lo cierto es que estarían mejor en casa viendo el fútbol que viendo una ceremonia que ya no tiene sentido alguno.
A pesar de que considero que la palabra matrimonio, para referirse a la unión de parejas del mismo sexo no sea correcta, si que creo que ya era hora de que todos los ciudadanos tuviésemos los mismos derechos. Dicen que estas nuevas bodas van a relanzar el mercado del sector, porque la verdad es que hoy en día, todos se cansa, pero ninguno dura lo que debería, y los divorcios están a la hora del día. Así que abarcando un sector más amplio de la sociedad, las instituciones se aseguran que haya más gente que se case y menos que se divorcie. Pero esto está lejos de poder ser factible.
Con la de problemas que tiene la gente para relacionarse con los demás, para formar pareja estable con otro ser, para respetarse y para vencer los obstáculos, creo que es cada día más difícil encontrar a alguien dispuesto a compartir su vida contigo. Es más fácil huir del problema que afrontarlo, es más fácil cambiar de pareja cada vez que la carretera se pone en mal estado que intentar arreglarlo. Le das una patada a una piedra y tienes todos los amantes que quieras, pero encontrar a alguien que te llene ya no es que sea complicado, sino que si lo encuentras es más que probable que ya no tenga la ilusión de estar con nadie, que esté tan quemado/a que ya no se pueda sacar nada bueno de su persona, o que hayas llegado demasiado tarde. A fin de cuentas, es posible que los valores que nos han inculcado de pequeños estén en vía de extinción, por no decir desaparecidos por completo en ciertas personas.
En un mundo en el que los valores eternos se están perdiendo, ¿Qué vigencia tiene un contrato de por vida? Con lo de los matrimonios homosexuales ¿llega una nueva bocanada de esperanza para esta institución?
La verdad es que de pequeños a todos nos comen la cabeza con eso de que los seres humanos debemos arrejuntarnos en parejas y casarnos, como si fuéramos los pasajeros del arca de Noe. Independientemente de nuestra orientación sexual, muchos creemos en el amor, y que una manera de demostrarlo es casándose con alguien, aunque todos sepamos que no se demuestra el amor de esa forma.
Sin embargo en las bodas en las que he estado no se trata más que de una forma de aprovecharse de los demás. Por ejemplo, muchas parejas deciden casarse a pesar de que ya llevan años juntos y de que forman un conjunto ya reconocido por los amigos. Son aquellas personas que nunca pensamos que se vayan a separar y que sin embargo deciden dar el gran paso. No por formalizar nada, ni por las cuestiones de derechos, sino simplemente porque necesitan amoblar su nueva casa. Ya sabemos que las listas de boda sirven para eso.
Pero el que pone la ley pone la trampa, y al final los listos siempre compramos los regalos más baratos, en representación a lo que se refiere esa unión. Es decir un mero intento de aprovecharse de los amigos para llenar el hogar de trastos a veces inútiles, o de lujos que de otra manera no se podrían permitir. Y claro, como a veces no se los compramos, la moda hoy en día ya no es pedir regalos materiales, sino dinero.
Gracias a ese cruel estratagema, los novios pueden pagarse parte de la hipoteca del piso, o simplemente irse de vacaciones a Bali o al Caribe, todos los gastos pagados por los amigos. Y digo que es una manera malvada de ponernos contra la pared, porque cuando se hacen obsequios en dinero la gente es más criticona. Tú puedes comprarles un regalo por 50 euros, que viene a ser lo que necesitan, o algo que realmente les guste. Pero claro si tienes que regalar dinero entonces tienes que invertir más. De ahí que sean unos cabrones a la hora de pedir regalos en metálico.
Luego la ceremonia suele ser un evento que por lo menos resulta curioso de ver. A pesar de que la gran mayoría de novios no sea religioso, siempre se hacen bodas por la iglesia, más que nada porque esa institución pone menos problemas que las legales, tiene el mismo valor, y las listas de espera no son tan grandes, ya que iglesias hay muchas más que juzgados. Así que por una parte la elección del lugar se hace más por comodidad que por lo que realmente significa. Otro convencionalismo que se usa mucho es el traje de la novia. Siempre es ella la importante. El novio no, ese va vestido como la mayoría de los invitados, porque para él no es el día más importante de su vida. Para ella si, pero para él es lo más normal. Siempre siguen esa óptica machista. Es la novia la que tiene que deslumbrar, pero él no. Y por supuesto se viste de blanco, aunque todos sepamos que lo de que el blanco representa la pureza en su caso no se puede aplicar. Ya me gustaría ver una boda en la que los novios sean sinceros y vaya ella con un traje rojo, que también los hacen muy bonitos.
Luego están los invitados. Una norma general suele ser que ninguna mujer ha de llevar un traje que ensombrezca al de la novia. Pero nadie lo respeta. De hecho más que una boda eso parece un desfile de modelos, a ver cual ha conseguido el mejor peinado y el mejor traje. O cual lleva al chico florero más guapo, etc. Total, la pasarela ya está puesta, y aunque muchas quieran que las lleven al altar, lo cierto es que es más por el trayecto y por el protagonismo que por lo que eso representa.
Otra curiosidad es que siempre hay un bar cerca de la iglesia, y la mayoría de los invitados que no son importantes, y con eso me refiero a que no son ni testigos ni de los que tienen que sentarse en las primeras filas de la iglesia, se la pasan ahí. En una ocasión recuerdo que yo fui invitado a una boda, y estuvimos comiendo panchitos en el bar de al lado de la iglesia, cuando sonaron las campanas salimos a tirarles arroz y ya está. Porque lo cierto es que la mayoría de los invitados ya ni se acuerdan de lo que es una misa, y van por puro compromiso a hacer que se saben cuando tienen que hablar y todo eso. Pero en el fondo lo cierto es que estarían mejor en casa viendo el fútbol que viendo una ceremonia que ya no tiene sentido alguno.
A pesar de que considero que la palabra matrimonio, para referirse a la unión de parejas del mismo sexo no sea correcta, si que creo que ya era hora de que todos los ciudadanos tuviésemos los mismos derechos. Dicen que estas nuevas bodas van a relanzar el mercado del sector, porque la verdad es que hoy en día, todos se cansa, pero ninguno dura lo que debería, y los divorcios están a la hora del día. Así que abarcando un sector más amplio de la sociedad, las instituciones se aseguran que haya más gente que se case y menos que se divorcie. Pero esto está lejos de poder ser factible.
Con la de problemas que tiene la gente para relacionarse con los demás, para formar pareja estable con otro ser, para respetarse y para vencer los obstáculos, creo que es cada día más difícil encontrar a alguien dispuesto a compartir su vida contigo. Es más fácil huir del problema que afrontarlo, es más fácil cambiar de pareja cada vez que la carretera se pone en mal estado que intentar arreglarlo. Le das una patada a una piedra y tienes todos los amantes que quieras, pero encontrar a alguien que te llene ya no es que sea complicado, sino que si lo encuentras es más que probable que ya no tenga la ilusión de estar con nadie, que esté tan quemado/a que ya no se pueda sacar nada bueno de su persona, o que hayas llegado demasiado tarde. A fin de cuentas, es posible que los valores que nos han inculcado de pequeños estén en vía de extinción, por no decir desaparecidos por completo en ciertas personas.
Comentario:
bueno ha sido un buen texto la verdad practicamente no tengo nada que decir comparto plenamente tus lineas jejejeje
tienes mucha razon
besitos
tienes mucha razon
besitos





