Nuevas Oportunidades
Dicen que cuando la vida te cierra una puerta también te abre una ventana. Cuando cortas con alguien o te echan de un puesto de trabajo, lo primero que haces es lamentarte y ponerte negativo. Pero la mayoría de las veces no lo vemos como la posibilidad de un nuevo comienzo.
En un mundo frenético en el que las cosas se suceden tan rápido que mucha gente no tiene tiempo ni para dormir, ¿Cuánto tiempo debemos esperar para volver a tener confianza? ¿Cuándo sabemos que estamos listos para seguir adelante?
Mi tío siempre me dice lo siguiente, aunque la verdad es que no hablamos mucho, pero siempre me aconseja pensar en positivo. Según él los pensamientos positivos atraen a los eventos positivos, y una vez que se empieza a poner en funcionamiento el engranaje se mueve solo por pura inercia. Lo cual también funciona al revés, porque todos sabemos que las desgracias nunca llegan solas. Entonces por está lógica, o bien nos queremos hundir o salir a flote, y sabiéndolo, lo mejor es intentar cambiar el sentido de la corriente, viendo siempre el lado positivo de las cosas.
Para mi estar soltero es una de ellas. Mucha gente me dice que no debería de pensar así. Y lo cierto es que empiezo a darme cuenta de que tienen razón. Es curioso lo que suele suceder cuando te dejan solo. Por lo general te das cuenta de que existe un mundo entero ahí fuera esperando a que le hagas caso. Porque siempre se nos olvida que las desgracias de unos pueden ser las alegrías de otros. Porque es cuando nos damos cuenta de que al perder a un ser, que creíamos que estaba con nosotros, hemos encontrado una cantidad razonable de nuevos proyectos en los que nos podemos centrar. Se han dado casos de personas que han dejado a sus parejas y nada más hacerlo el amor de su vida ha golpeado a la puerta de su casa. Y ahora resulta que son las personas más felices del mundo por haberse conocido, lo cual hubiese sido imposible de haber seguido en las relaciones pasadas.
Así pues a veces, las rupturas no son finales, sino nuevos comienzos. Si tomamos la cita del principio, a veces no sólo se nos abre una ventana, sino que se abren otras puertas y más ventanas y nos quedamos en mitad de la casa, en medio de esas corrientes que nuestras abuelas temen tanto. Por eso no debemos perder el norte y volvernos locos, porque al final lo único que vamos a conseguir es un buen resfriado. Por eso siempre es necesario que después de un corte la continuidad de nuestras vidas, nos tomemos un tiempo de reflexión. O como dice mi profesor de yoga: relajarse y observar los cambios en nuestro cuerpo (aunque en este caso serían en nuestro alrededor).
Pero también él nos dice que como somos personas individuales, y que cada uno tiene su propio funcionamiento interno, cada uno tiene su ritmo. Algunos curan sus heridas más rápido que otros, y están preparados para seguir adelante antes que los demás, mientras que algunos tardan eternidades en reponerse de una caída.
Yo siempre he pensado que el síndrome del trapecista es malo, es decir aquella persona que no suelta presa hasta que no tiene otra donde agarrarse. Son aquellos que vemos que van de pareja en pareja, nada más cortar ya están con otra. Lo cierto es que es un fenómeno curioso, pero también es más seguro y te evita comerte la red de vez en cuando (cuando la hay, porque a veces no hay redes y el suelo es muy duro). Y claro, también hay gente que cae en la red y de ahí no salen por miedo a volver a caer (si no vuelves a jugar no puedes volver a perder, pero tampoco ganar). Estos son los que tardan más tiempo en curarse las heridas. Pero el reloj interno de cada uno marca un ritmo distinto.
Lo difícil es saber cuando tú estas preparado para volver a intentar saltar al vacío. Mucha gente me dice que hay que escuchar a tu corazón. Pero a veces el muy capullo está mudo, o bien dice cosas sin sentido. En ese caso lo mejor sería esperar a que se calme. Lo mismo pasa cuando el corazón da dos ordenes opuestas. De ahí que a veces sea necesario tomarse un respiro después de que te lo hayan roto.
Yo tengo la costumbre de decir que cuando alguien te rompe el corazón es como cuando te partes una pierna, tienes que estar un tiempo con el yeso puesto y con muletas o silla de ruedas, o el caso más dramático, en cama, luego viene la rehabilitación, que es lenta y progresiva, y finalmente puedes volver a caminar como si nunca te la hubieses fracturado. Pero cuando son roturas de huesos, o de ligamentos, es decir cosas físicas, se puede saber el tiempo que se va a tardar en reponerse. Cuando la fractura es del alma o de los sentimientos, generalmente no podemos seguir unas pautas tan precisas y fijas en el tiempo. Por supuesto también para esos casos hay especialistas que son capaces de tratarnos y de decirnos en cuanto tiempo nos vamos a poner bien y podremos volver a ser los de antes. Pero por lo general nadie acude a un psicólogo después de cortar con su pareja porque necesite ayuda. Aunque muchos deberían, eso les permitiría no cometer los errores del pasado.
Sin embargo a veces la única solución para salir adelante es enfrentarse al problema. Dicen que un clavo saca otro clavo, y a veces creo que es cierto. Es posible que el corazón sea el único órgano capaz de restablecerse mediante la acción, es decir que somos capaces de volver a amar sin que hayamos pasado ese periodo de cuarentena. Tal vez al hacerle funcionar en otra persona podemos hacer que el dolor que hemos sentido por otras personas se mitigue solo. Es posible que sólo el amor sea capaz de hacernos olvidar el sufrimiento que nos ha causado un fracaso sentimental pasado.
En un mundo frenético en el que las cosas se suceden tan rápido que mucha gente no tiene tiempo ni para dormir, ¿Cuánto tiempo debemos esperar para volver a tener confianza? ¿Cuándo sabemos que estamos listos para seguir adelante?
Mi tío siempre me dice lo siguiente, aunque la verdad es que no hablamos mucho, pero siempre me aconseja pensar en positivo. Según él los pensamientos positivos atraen a los eventos positivos, y una vez que se empieza a poner en funcionamiento el engranaje se mueve solo por pura inercia. Lo cual también funciona al revés, porque todos sabemos que las desgracias nunca llegan solas. Entonces por está lógica, o bien nos queremos hundir o salir a flote, y sabiéndolo, lo mejor es intentar cambiar el sentido de la corriente, viendo siempre el lado positivo de las cosas.
Para mi estar soltero es una de ellas. Mucha gente me dice que no debería de pensar así. Y lo cierto es que empiezo a darme cuenta de que tienen razón. Es curioso lo que suele suceder cuando te dejan solo. Por lo general te das cuenta de que existe un mundo entero ahí fuera esperando a que le hagas caso. Porque siempre se nos olvida que las desgracias de unos pueden ser las alegrías de otros. Porque es cuando nos damos cuenta de que al perder a un ser, que creíamos que estaba con nosotros, hemos encontrado una cantidad razonable de nuevos proyectos en los que nos podemos centrar. Se han dado casos de personas que han dejado a sus parejas y nada más hacerlo el amor de su vida ha golpeado a la puerta de su casa. Y ahora resulta que son las personas más felices del mundo por haberse conocido, lo cual hubiese sido imposible de haber seguido en las relaciones pasadas.
Así pues a veces, las rupturas no son finales, sino nuevos comienzos. Si tomamos la cita del principio, a veces no sólo se nos abre una ventana, sino que se abren otras puertas y más ventanas y nos quedamos en mitad de la casa, en medio de esas corrientes que nuestras abuelas temen tanto. Por eso no debemos perder el norte y volvernos locos, porque al final lo único que vamos a conseguir es un buen resfriado. Por eso siempre es necesario que después de un corte la continuidad de nuestras vidas, nos tomemos un tiempo de reflexión. O como dice mi profesor de yoga: relajarse y observar los cambios en nuestro cuerpo (aunque en este caso serían en nuestro alrededor).
Pero también él nos dice que como somos personas individuales, y que cada uno tiene su propio funcionamiento interno, cada uno tiene su ritmo. Algunos curan sus heridas más rápido que otros, y están preparados para seguir adelante antes que los demás, mientras que algunos tardan eternidades en reponerse de una caída.
Yo siempre he pensado que el síndrome del trapecista es malo, es decir aquella persona que no suelta presa hasta que no tiene otra donde agarrarse. Son aquellos que vemos que van de pareja en pareja, nada más cortar ya están con otra. Lo cierto es que es un fenómeno curioso, pero también es más seguro y te evita comerte la red de vez en cuando (cuando la hay, porque a veces no hay redes y el suelo es muy duro). Y claro, también hay gente que cae en la red y de ahí no salen por miedo a volver a caer (si no vuelves a jugar no puedes volver a perder, pero tampoco ganar). Estos son los que tardan más tiempo en curarse las heridas. Pero el reloj interno de cada uno marca un ritmo distinto.
Lo difícil es saber cuando tú estas preparado para volver a intentar saltar al vacío. Mucha gente me dice que hay que escuchar a tu corazón. Pero a veces el muy capullo está mudo, o bien dice cosas sin sentido. En ese caso lo mejor sería esperar a que se calme. Lo mismo pasa cuando el corazón da dos ordenes opuestas. De ahí que a veces sea necesario tomarse un respiro después de que te lo hayan roto.
Yo tengo la costumbre de decir que cuando alguien te rompe el corazón es como cuando te partes una pierna, tienes que estar un tiempo con el yeso puesto y con muletas o silla de ruedas, o el caso más dramático, en cama, luego viene la rehabilitación, que es lenta y progresiva, y finalmente puedes volver a caminar como si nunca te la hubieses fracturado. Pero cuando son roturas de huesos, o de ligamentos, es decir cosas físicas, se puede saber el tiempo que se va a tardar en reponerse. Cuando la fractura es del alma o de los sentimientos, generalmente no podemos seguir unas pautas tan precisas y fijas en el tiempo. Por supuesto también para esos casos hay especialistas que son capaces de tratarnos y de decirnos en cuanto tiempo nos vamos a poner bien y podremos volver a ser los de antes. Pero por lo general nadie acude a un psicólogo después de cortar con su pareja porque necesite ayuda. Aunque muchos deberían, eso les permitiría no cometer los errores del pasado.
Sin embargo a veces la única solución para salir adelante es enfrentarse al problema. Dicen que un clavo saca otro clavo, y a veces creo que es cierto. Es posible que el corazón sea el único órgano capaz de restablecerse mediante la acción, es decir que somos capaces de volver a amar sin que hayamos pasado ese periodo de cuarentena. Tal vez al hacerle funcionar en otra persona podemos hacer que el dolor que hemos sentido por otras personas se mitigue solo. Es posible que sólo el amor sea capaz de hacernos olvidar el sufrimiento que nos ha causado un fracaso sentimental pasado.
Comentario:
Yo siempre he dicho que me sirvo de mi experiencia personal para poder escribir este blog. Por esa razón puede que ahora esté siempre escribiendo sobre el mismo tema, pero creo que se entiende el por qué.
Comentario:
genial como de costumbre ,lo que pasa es que en todos los relatos que escribes siempre haces mencion a la ruptura de una forma o de otra,hasta ahora no dejo de sentirme algo culpable por ello pero bueno supongo que expresas lo que sientes y lo que has pasado ,que siempre esta bien ,,,un abrazo





