Como Una Virgen
A no ser que hayamos estado viviendo bajo una piedra los últimos 21 años, todos conocemos la canción de Madonna que da nombre al artículo de hoy: Like a Virgin. Su cantante, muy en su línea, aprovecho la polémica que originó el tema para poder promocionarse. Las mentes puritanas no sabía muy bien que flanco atacar, si el de las relaciones prematrimoniales o el de la virginidad expuesta por la canción. Lo cierto es que nuestra sociedad le da mucha importancia a la primera vez. Todo lo que hacemos está marcado por esa ruptura de costumbres.
En un mundo en el que los valores tradicionales son cada vez menos, ¿sigue siendo importante la pérdida de la virginidad? ¿Consideramos importantes las primeras veces de cada relación? ¿Podemos realmente considerarnos, como en la canción, como unas vírgenes con cada persona nueva en nuestra vida?
Tengo un amigo al que yo llamo victoriano, debido a que sus códigos éticos y morales son más propios a los de esa época que a los del siglo XXI. Pues bien, él es una persona que siempre valora las primeras veces. Le da mucha importancia al primer beso, a la primera caricia, a la primera mirada furtiva y lasciva, y claro, como no, a la primera relación sexual, que sea dicho de paso no suele llegar antes de varios meses de tonteo con la persona elegida. Para él, toda nueva relación es como un folio en blanco, es totalmente pura en sus comienzos, por lo que se toma mucho cuidado en las primeras impresiones y en que todo sea muy especial.
Otros sin embargo le dan tanta importancia a la primera vez, que no son capaces de repetir con nadie. Su motivación es la de estar siempre con una persona diferente y no volver con ninguna con la que ya hayan estado. Esto suele generar problemas en pequeñas localidades donde la población no se renueva lo suficientemente rápido, o bien si so promiscuidad le lleva a tener ganas de estar con alguien con mucha frecuencia. Sin embargo, lo curioso del asunto es que incluso estas personas suelen conseguir su propósito de virginidad.
Está claro que lo que aprendemos de pequeños nos influye mucho de mayores. Cuando crecemos en un entorno en el que se la da mucha importancia a la pérdida de la virginidad como un evento casi social, como podría ser cumplir los 18 años, o la primera comunión (en este caso no es con Dios sino con el cuerpo), debemos ser concientes de que nuestra vida posterior no será como alguien que no le da importancia a esas cosas. Y solemos pensar que la primera vez ha de ser maravillosa, como lo cuentan en las películas americana de quinceañeras, interpretadas por mujeres de 30 años. Nos venden esa idea de que hemos de ser puro hasta que encontremos a ese ser especial (y si somos católicos, hasta el matrimonio).
La realidad suele ser mucho más diferente de eso. Por lo general en lo que a relaciones heterosexuales se refiere, la primera vez para las chicas nunca suele ser tan especial como se cree. Ya que ellas permanecen a la espera del momento ideal, conservando su flor para el príncipe azul, como les han enseñado sus padres. Pero la verdad es que al final se cansan de tanta espera y terminan haciéndolo, ya no por amor, sino como por quitarse las telarañas. Al menos eso me han contado mis amigas, para ellas no fue una experiencia bonita ni para contarla con violines.
Lo cual no es de extrañar, porque si nos ponemos a pensar detenidamente, ¿como va a ser bonito y especial hacer algo que nunca has hecho, con alguien que a lo mejor tampoco lo ha hecho, y en condiciones que no se controlan? Es de cajón que la primera vez debería de ser algo así como una circuncisión, o por lo menos como cuando se te caen los dientes de leche, es decir, algo molesto, necesario y por lo que quieres pasar lo antes posible para no tener que repetirlo.
Porque no podemos comparar el saber de la experiencia a la candidez de la virginidad, en la que somos torpes, patosos, no sabemos si estamos haciéndolo bien o si estamos torturando a la otra persona, y encima podemos coger malos hábitos. Lo ideal siempre es ir con alguien que sepa de qué va el asunto, pero claro, no siempre podemos elegirlo.
Pero esa torpeza no sólo se refieres a la primera vez de todas las primeras veces, no solo lo somos cuando perdemos la virginidad. Porque, como bien dice la canción de Madonna, cuando estamos con alguien nuevo, siempre somos como vírgenes. Todo es nuevo y brillante, es impoluto, al menos por nuestras manos. Luego puede que esa persona haya estado con un estadio de fútbol al completo, pero para nosotros siempre será la primera vez. Y lo mismo va en el otro sentido, para esa persona, somos algo nuevo, nunca ha estado con nosotros, ya podemos habernos tirado a media ciudad, que seremos algo virgen a sus ojos. (Y si no es así esa persona no vale la pena y mejor pasar de ella).
Entonces claro, si partimos desde esa óptica, todo lo nuevo, por definición, es desconocido, y por lo tanto, ya podemos ser las personas con más experiencia del planeta, que no sabremos como va a reaccionar la otra persona. Tenemos que adaptarnos a sus gustos y ese individuo a los nuestros, por lo que es casi imposible que la primera vez sea bonita y romántica, sino que más bien o es producto de la lujuria, y no sale tan mal, o bien lo hacemos por amor, y seremos algo más patosos. Por eso no debemos preocuparnos por que la primera vez las cosas no sean como deberían ser, sino más bien que salgan fatal.
Sin embargo hay un pequeño porcentaje, que digamos que serían las excepciones, y es cuando la primera vez es especial, cuando el primer beso es perfecto, y cuando la primera relación sexual es realmente impactante. Esos caso no suelen darse sino cada mucho tiempo, y por lo general considero que son una señal de que la química con esa persona funciona y se puede llegar a mucho más. Claro que eso puede fallar también. Si bien la primera impresión puede ser buena y dar a pensar que hay un futuro, lo contrario puede darse, es decir que sea una mierda, y luego resulta que estáis hechos el uno para el otro. Yo personalmente no me fío de la primera impresión, porque no suele ser la adecuada, las cosas suelen mejorar con el uso y con la práctica.

En un mundo en el que los valores tradicionales son cada vez menos, ¿sigue siendo importante la pérdida de la virginidad? ¿Consideramos importantes las primeras veces de cada relación? ¿Podemos realmente considerarnos, como en la canción, como unas vírgenes con cada persona nueva en nuestra vida?
Tengo un amigo al que yo llamo victoriano, debido a que sus códigos éticos y morales son más propios a los de esa época que a los del siglo XXI. Pues bien, él es una persona que siempre valora las primeras veces. Le da mucha importancia al primer beso, a la primera caricia, a la primera mirada furtiva y lasciva, y claro, como no, a la primera relación sexual, que sea dicho de paso no suele llegar antes de varios meses de tonteo con la persona elegida. Para él, toda nueva relación es como un folio en blanco, es totalmente pura en sus comienzos, por lo que se toma mucho cuidado en las primeras impresiones y en que todo sea muy especial.
Otros sin embargo le dan tanta importancia a la primera vez, que no son capaces de repetir con nadie. Su motivación es la de estar siempre con una persona diferente y no volver con ninguna con la que ya hayan estado. Esto suele generar problemas en pequeñas localidades donde la población no se renueva lo suficientemente rápido, o bien si so promiscuidad le lleva a tener ganas de estar con alguien con mucha frecuencia. Sin embargo, lo curioso del asunto es que incluso estas personas suelen conseguir su propósito de virginidad.
Está claro que lo que aprendemos de pequeños nos influye mucho de mayores. Cuando crecemos en un entorno en el que se la da mucha importancia a la pérdida de la virginidad como un evento casi social, como podría ser cumplir los 18 años, o la primera comunión (en este caso no es con Dios sino con el cuerpo), debemos ser concientes de que nuestra vida posterior no será como alguien que no le da importancia a esas cosas. Y solemos pensar que la primera vez ha de ser maravillosa, como lo cuentan en las películas americana de quinceañeras, interpretadas por mujeres de 30 años. Nos venden esa idea de que hemos de ser puro hasta que encontremos a ese ser especial (y si somos católicos, hasta el matrimonio).
La realidad suele ser mucho más diferente de eso. Por lo general en lo que a relaciones heterosexuales se refiere, la primera vez para las chicas nunca suele ser tan especial como se cree. Ya que ellas permanecen a la espera del momento ideal, conservando su flor para el príncipe azul, como les han enseñado sus padres. Pero la verdad es que al final se cansan de tanta espera y terminan haciéndolo, ya no por amor, sino como por quitarse las telarañas. Al menos eso me han contado mis amigas, para ellas no fue una experiencia bonita ni para contarla con violines.
Lo cual no es de extrañar, porque si nos ponemos a pensar detenidamente, ¿como va a ser bonito y especial hacer algo que nunca has hecho, con alguien que a lo mejor tampoco lo ha hecho, y en condiciones que no se controlan? Es de cajón que la primera vez debería de ser algo así como una circuncisión, o por lo menos como cuando se te caen los dientes de leche, es decir, algo molesto, necesario y por lo que quieres pasar lo antes posible para no tener que repetirlo.
Porque no podemos comparar el saber de la experiencia a la candidez de la virginidad, en la que somos torpes, patosos, no sabemos si estamos haciéndolo bien o si estamos torturando a la otra persona, y encima podemos coger malos hábitos. Lo ideal siempre es ir con alguien que sepa de qué va el asunto, pero claro, no siempre podemos elegirlo.
Pero esa torpeza no sólo se refieres a la primera vez de todas las primeras veces, no solo lo somos cuando perdemos la virginidad. Porque, como bien dice la canción de Madonna, cuando estamos con alguien nuevo, siempre somos como vírgenes. Todo es nuevo y brillante, es impoluto, al menos por nuestras manos. Luego puede que esa persona haya estado con un estadio de fútbol al completo, pero para nosotros siempre será la primera vez. Y lo mismo va en el otro sentido, para esa persona, somos algo nuevo, nunca ha estado con nosotros, ya podemos habernos tirado a media ciudad, que seremos algo virgen a sus ojos. (Y si no es así esa persona no vale la pena y mejor pasar de ella).
Entonces claro, si partimos desde esa óptica, todo lo nuevo, por definición, es desconocido, y por lo tanto, ya podemos ser las personas con más experiencia del planeta, que no sabremos como va a reaccionar la otra persona. Tenemos que adaptarnos a sus gustos y ese individuo a los nuestros, por lo que es casi imposible que la primera vez sea bonita y romántica, sino que más bien o es producto de la lujuria, y no sale tan mal, o bien lo hacemos por amor, y seremos algo más patosos. Por eso no debemos preocuparnos por que la primera vez las cosas no sean como deberían ser, sino más bien que salgan fatal.
Sin embargo hay un pequeño porcentaje, que digamos que serían las excepciones, y es cuando la primera vez es especial, cuando el primer beso es perfecto, y cuando la primera relación sexual es realmente impactante. Esos caso no suelen darse sino cada mucho tiempo, y por lo general considero que son una señal de que la química con esa persona funciona y se puede llegar a mucho más. Claro que eso puede fallar también. Si bien la primera impresión puede ser buena y dar a pensar que hay un futuro, lo contrario puede darse, es decir que sea una mierda, y luego resulta que estáis hechos el uno para el otro. Yo personalmente no me fío de la primera impresión, porque no suele ser la adecuada, las cosas suelen mejorar con el uso y con la práctica.

Comentario:
bueno como de costumbre .la verdad eres un tio del que se aprenden cosas ,o por lo menos las sacas aflote despues de tenerlas tan cerca y no darte cuenta de que estan ahi ,no se cosas que pasan desapercibidas para mi y las puedo cuestinar bien o mal despues de tus comentarios
besillos ,,,,muakksss
besillos ,,,,muakksss





