Los Contenidos Light
No sé si os habéis dado cuenta de que conforme pasan los años, los contenidos audiovisuales que nos presentan son cada vez más vacíos y superficiales. Solo es poner la tele para ver cosas que lo único que hacen es que perdamos el tiempo, lo mismo e el cine y en la música.
En el mundo de la obsolescencia programada, ¿están los medios audiovisuales de entretenimiento también contaminados? ¿Por qué es cada vez más difícil entretenerse de forma inteligente?
Con esto no quiero decir que tengamos todos que ir haciendo crucigramas de los changos, o bien jugar al ajedrez o al cubo de rubic. Simplemente quiero señalar lo vacío que está todo hoy en día.
Por ejemplo en el cine. Si os fijáis la mayoría de películas que nos presentan en el cine son todas predecibles. Solo hace falta ir a ver los trailers para saber de que van, qué va a pasar y como van a acabar. Ya no llevan nada de sorpresa, pero el problema grave es cuando quieren hacer películas de suspense, supuestamente, en el que el final no debe ser revelado. Pues bien, luego va la gente al cine, y entre los listillos que te cuentan el final, y los que no se enteran, la verdad es que no se puede sacar mucho. Porque ya no es culpa de ellos, sino que o bien se puede conocer el final por la manera que tienen de presentarnos la película, o bien no tiene ningún sentido y nos sentimos frustrados, o sino pensad en la película del Bosque. La gente salió furiosa del cine porque les metieron gato por liebre. Y es que últimamente películas que sorprendan positivamente hay muy pocas. De hecho no recuerdo cual fue la última que vi que me haya parecido bien hecha y no pasable como todas.
Pero no sólo el mundo de la gran pantalla está soso, si nos metemos con la televisión pues la verdad es que nos darían las uvas. Es muy simple, si quitamos los informativos, y algún que otro documental, la mayoría de programas no nos aportan absolutamente nada. Porque si miramos la parrilla diaria, lo único que vemos son programas de corazón y de cotilleo y de más corazón. Más que una parrilla televisiva eso parece un centro de transplantes cardiacos. Que si el de verano, invierno, primavera, etc. Todas las temporadas tiene el suyo. Y en cualquier programa de los pseudo culturales está la parte dedicada al cotilleo y a los “concursos” del momento.
En realidad son una especie de “cosa nueva que no tiene nombre” y que nos han metido como concursos, porque en realidad la mayoría están amañados y los que no la verdad es que de competición tienen poco. Me refiero a todas las casas de tu vida, grandes hermanos, hoteles, granjas barcos, selvas y etc. Sin embargo con el paso de las ediciones cada vez les van metiendo más pruebas para que no nos demos cuenta de que en realidad es lo mismo de siempre. Porque personalmente ver lo que hace un poco de gente en una casa las 24 horas del día me la suda. Y eso sin hablar de los “famosos” de turno y sus hoteles fabulosos, sus selvas donde se los comen las bestias (al menos que sirvan de comida a los pobres animalitos), y los que construyen sus propias casas. Realmente que nos muestren eso en la televisión, y que sean programas con tanta audiencia es por lo menos preocupante, porque denota la calidad mental de la mayoría de los espectadores. Porque si una cosa es cierta, y es que la televisión tiene como principal función la de entretener e informar como segunda, lo cierto es que si nos entretiene la vida de los demás más que la nuestra estamos algo perdidos.
Y si nos vamos al mundo musical, lo cierto es que es un poco más de lo mismo. La mayoría de canciones, y más en estas fechas, no tienen sentido ni contenido algunos. Si hablase de la canción del verano, todos estaríais de acuerdo conmigo de que lo único que pretende es hacer que los borrachos de turno tengan algo con lo que bailar. Una melodía con el ritmo suficiente para que puedan tambalearse un rato y dar tumbos por la calle o por la pista de baile de la discoteca. Incluso los cantantes de renombre se han lanzado a esta piscina de banalidad y terminan sacando álbumes que brillan por la ausencia de un mensaje que transmitir diferente al de las demás canciones y que se basan sobretodo en el efecto comercial que quieren obtener sin fijarse en la calidad. Me refiero a que aparte de las típicas canciones de amor (que no van más allá de lo de “te quiero y tal”), las de desamor (que bueno, son solo lloriqueos sin sentido) o las que no dicen nada del otro mundo (¿alguien sabe de que va la letra del Aserejé?). Esto conlleva que un gran número de personas ya ni se preocupe por lo que dicen las canciones sino solo por la música. Es decir que si hacéis la prueba y le preguntáis a vuestros amigos que piensan de lo que dice tal canción lo más probable es que os digan que ni siquiera saben de que va, o lo que dice la letra, y si hablamos de canciones en otro idioma lo más probable es que ni siquiera hayan buscado la traducción para saber al menos lo que dice.
El problema no es que abunden los productos sin contenido profundo, lo malo es que es lo que pide la gente. Las personas ya no quieren nada que les suponga un esfuerzo a la hora de entender o de escuchar o de ver, quieren que todo sea predigerido como hacen las aves con sus crías. Cualquier cosa que requiera un trabajo de digestión por parte de ellos es automáticamente rechazada y excluida a los confines de lo marginal. Esto provoca que se origine una corriente alterna que permite que algunas personas puedan interesarse por los contenidos, pero suelen ser vistas de forma negativas por los demás, ya que quedan como pedantes.
Lo triste del asunto, es que hoy en día con los medios de comunicación de masa e Internet, cualquier persona tiene tanto acceso a la información que quiera como podían tenerlo los antiguos sabios y las elites pensantes. Todos podemos cultivarnos más, pero parece que está mal visto, parece que los que leen libros en vez de ver GH u OT son los raros y los que deben de ser perseguidos y públicamente rechazados. Estamos en la cultura de la no – cultura, donde ser ignorante está bien visto, y donde todo lo Light está a la orden del día (y no me refiero a la comida).
En el mundo de la obsolescencia programada, ¿están los medios audiovisuales de entretenimiento también contaminados? ¿Por qué es cada vez más difícil entretenerse de forma inteligente?
Con esto no quiero decir que tengamos todos que ir haciendo crucigramas de los changos, o bien jugar al ajedrez o al cubo de rubic. Simplemente quiero señalar lo vacío que está todo hoy en día.
Por ejemplo en el cine. Si os fijáis la mayoría de películas que nos presentan en el cine son todas predecibles. Solo hace falta ir a ver los trailers para saber de que van, qué va a pasar y como van a acabar. Ya no llevan nada de sorpresa, pero el problema grave es cuando quieren hacer películas de suspense, supuestamente, en el que el final no debe ser revelado. Pues bien, luego va la gente al cine, y entre los listillos que te cuentan el final, y los que no se enteran, la verdad es que no se puede sacar mucho. Porque ya no es culpa de ellos, sino que o bien se puede conocer el final por la manera que tienen de presentarnos la película, o bien no tiene ningún sentido y nos sentimos frustrados, o sino pensad en la película del Bosque. La gente salió furiosa del cine porque les metieron gato por liebre. Y es que últimamente películas que sorprendan positivamente hay muy pocas. De hecho no recuerdo cual fue la última que vi que me haya parecido bien hecha y no pasable como todas.
Pero no sólo el mundo de la gran pantalla está soso, si nos metemos con la televisión pues la verdad es que nos darían las uvas. Es muy simple, si quitamos los informativos, y algún que otro documental, la mayoría de programas no nos aportan absolutamente nada. Porque si miramos la parrilla diaria, lo único que vemos son programas de corazón y de cotilleo y de más corazón. Más que una parrilla televisiva eso parece un centro de transplantes cardiacos. Que si el de verano, invierno, primavera, etc. Todas las temporadas tiene el suyo. Y en cualquier programa de los pseudo culturales está la parte dedicada al cotilleo y a los “concursos” del momento.
En realidad son una especie de “cosa nueva que no tiene nombre” y que nos han metido como concursos, porque en realidad la mayoría están amañados y los que no la verdad es que de competición tienen poco. Me refiero a todas las casas de tu vida, grandes hermanos, hoteles, granjas barcos, selvas y etc. Sin embargo con el paso de las ediciones cada vez les van metiendo más pruebas para que no nos demos cuenta de que en realidad es lo mismo de siempre. Porque personalmente ver lo que hace un poco de gente en una casa las 24 horas del día me la suda. Y eso sin hablar de los “famosos” de turno y sus hoteles fabulosos, sus selvas donde se los comen las bestias (al menos que sirvan de comida a los pobres animalitos), y los que construyen sus propias casas. Realmente que nos muestren eso en la televisión, y que sean programas con tanta audiencia es por lo menos preocupante, porque denota la calidad mental de la mayoría de los espectadores. Porque si una cosa es cierta, y es que la televisión tiene como principal función la de entretener e informar como segunda, lo cierto es que si nos entretiene la vida de los demás más que la nuestra estamos algo perdidos.
Y si nos vamos al mundo musical, lo cierto es que es un poco más de lo mismo. La mayoría de canciones, y más en estas fechas, no tienen sentido ni contenido algunos. Si hablase de la canción del verano, todos estaríais de acuerdo conmigo de que lo único que pretende es hacer que los borrachos de turno tengan algo con lo que bailar. Una melodía con el ritmo suficiente para que puedan tambalearse un rato y dar tumbos por la calle o por la pista de baile de la discoteca. Incluso los cantantes de renombre se han lanzado a esta piscina de banalidad y terminan sacando álbumes que brillan por la ausencia de un mensaje que transmitir diferente al de las demás canciones y que se basan sobretodo en el efecto comercial que quieren obtener sin fijarse en la calidad. Me refiero a que aparte de las típicas canciones de amor (que no van más allá de lo de “te quiero y tal”), las de desamor (que bueno, son solo lloriqueos sin sentido) o las que no dicen nada del otro mundo (¿alguien sabe de que va la letra del Aserejé?). Esto conlleva que un gran número de personas ya ni se preocupe por lo que dicen las canciones sino solo por la música. Es decir que si hacéis la prueba y le preguntáis a vuestros amigos que piensan de lo que dice tal canción lo más probable es que os digan que ni siquiera saben de que va, o lo que dice la letra, y si hablamos de canciones en otro idioma lo más probable es que ni siquiera hayan buscado la traducción para saber al menos lo que dice.
El problema no es que abunden los productos sin contenido profundo, lo malo es que es lo que pide la gente. Las personas ya no quieren nada que les suponga un esfuerzo a la hora de entender o de escuchar o de ver, quieren que todo sea predigerido como hacen las aves con sus crías. Cualquier cosa que requiera un trabajo de digestión por parte de ellos es automáticamente rechazada y excluida a los confines de lo marginal. Esto provoca que se origine una corriente alterna que permite que algunas personas puedan interesarse por los contenidos, pero suelen ser vistas de forma negativas por los demás, ya que quedan como pedantes.
Lo triste del asunto, es que hoy en día con los medios de comunicación de masa e Internet, cualquier persona tiene tanto acceso a la información que quiera como podían tenerlo los antiguos sabios y las elites pensantes. Todos podemos cultivarnos más, pero parece que está mal visto, parece que los que leen libros en vez de ver GH u OT son los raros y los que deben de ser perseguidos y públicamente rechazados. Estamos en la cultura de la no – cultura, donde ser ignorante está bien visto, y donde todo lo Light está a la orden del día (y no me refiero a la comida).





