Los Putones
Por lo visto, podemos estar en pleno siglo XXI, haber hecho progresos en todos los campos de la ciencia, e incluso tener leyes que permitan que personas del mismo sexo puedan casarse. Pero lo que sigue sin cambiar es la visión que tiene la gente del sexo. Por lo visto, la moral judeocristiana sigue siendo tan poderosa como antes en lo referente a los tabúes sexuales.
En un mundo donde se enfrentan constantemente la modernidad con el arcaísmo religioso, ¿Quién tiene la razón? ¿Somos realmente unos putones?
Me parece que la respuesta a esa pregunta es indudablemente que sí. Porque hagamos lo que hagamos, desde el día que perdemos la virginidad estamos condenados a convertirnos en cosas sexuales sin cabeza.
Una vez más queda comprobado que el dicho popular “por un perro que maté…” se hace realidad y es más veraz que todo lo que podamos imaginar. En la lucha contra la discriminación sexual, aquellos que no seamos puros y castos tenemos todas las de perder.
Hasta hace poco, pensaba que una persona normal, que haya tenido una serie de parejas estables, luego otras que no, pero con las que haya mantenido relaciones sexuales era lo más común de este mundo. Que los periodos de puritanismo en los que el sexo era sólo un medio de reproducción y no una práctica aparte habían pasado. Que todo aquello de que el cuerpo y la mente deben de estar nutridos y tratados de forma igual, y no de favorecer a la mente por encima del cuerpo, había sido admitido por todos. Pero no es así, todo aquel que haya tenido sexo sin fines procreativos, estando casado y encima con una persona del otro sexo es un putón.
Pero no somos los únicos, porque si nos ponemos a pensar, cualquier persona de más de 35 años lo es, porque para empezar habrá tenido un número considerable de parejas estables, con las que habrá practicado el sexo, luego habrá tenido sus escarceos fuera de la pareja o estando soltero, porque aquí nadie es de piedra. Por lo tanto el número de relaciones sexuales a lo largo de su vida nos llevan a pensar que realmente aquí no se salva nadie. Ya toca ir a los chavales y chavalas de menos de 18 años, aunque los pobres no tienen mucho que perder ya.
Si eres hombre, se te concede un poco más de margen, pero si eres una mujer entonces vas directa al infierno. Yo tenia una amiga, que estaba soltera, es una chica muy guapa y atractiva y por lo tanto podía tener a casi quien quisiese, y más estando soltera. La verdad es que no tardó ni un mes en ser tachada de puta. Ya no porque cobrase por los favores que daba, ni que se acostase con todo lo que pillase, sino simplemente porque no era una chica difícil y recatada. Entonces empezó a circular su fama de facilona. Y al poco tiempo ya nadie podía impedirse los cotilleos sobre ella.
Lo cierto es que alguno escarceo habrá tenido, y muchas veces serian solo encuentros fortuitos. Pero como decía un amigo nuestro, “estaba confundida y desorientada”. Porque en algo si que tenia razón. A veces es muy fácil perder el norte y considerar que el sexo es una vía de escape fácil de satisfacer. Pero más que intentar llevar a esa gente perdida a la hoguera, ¿no sería mejor enseñarles el camino correcto?
Con eso no quiero decir que el sexo sea malo y que debamos pasarnos el día metidos en casa haciendo ovillos de lana. Simplemente digo que es muy fácil juzgar a los demás y condenarlos. Es mucho más fácil que intentar ver por qué esa persona se comporta así o si realmente es algo malo lo que está haciendo.
Porque claro, las personas como mi amiga, o en general cualquiera que haya tenido más de dos relaciones sexuales sin pareja, sino sólo por diversión, tiene un veredicto automático emitido por la sociedad. Y siempre es el mismo, en cuanto a la condena es la del ostracismo obligado. En esta sociedad todo el mundo tira la piedra y esconde la mano, pero pocas veces intenta pensar en los motivos de las conductas de los demás.
Cualquiera me dirá que esto es producto de la mente religiosa y que basta con tratar con personas más abiertas, ateas o científicas. Pues me temo que no basta. Conozco personas que se consideran muy progres, que dicen que nunca juzgan y que no creen en la moral católica. Esos son los más peligrosos, porque en el fondo tienen más complejos que los creyentes recalcitrantes. Puede que de cara a la galería vayan de gente maja, pero cuando les das la espalda es cuando aprovechan para clavarte el cuchillo de sus complejos. Su puritanismo es encubierto, lo que hace que bajemos la guardia (y digo bajemos, porque todos somos unos putones para ellos), y entonces es cuando aprovechan para sacar a la luz todo lo malo que según ellos tenemos. Y que por supuesto a ellos no se les puede aplicar porque son personas impolutas e intachables de ninguna manera. Por supuesto, todos sabemos que no es así, pero claro, no se puede demostrar lo contrario, así que al final somos siempre culpables y llevados a la hoguera de la denigración.
Cualquier cosa en exceso es mala, o eso dicen, pero es que a veces me da la impresión de que si los que no tenemos muchos complejos en ese campo, nos drogásemos, fuésemos unos ladrones y matásemos a la gente, no estaríamos tan mal vistos. A veces no es porque seamos fáciles en la cama, sino porque no tenemos problemas en hablar del sexo que directamente somos unos putones. Pero a la gente se le olvida una cosa muy importante, a veces las personas solo hablamos, y no hacemos ni la mitad de lo que decimos, y otras veces no decimos la mitad de lo que hacemos. Tampoco debemos olvidar dos cosas más, una es que muchas veces el ladrón cree que todos son de su condición, y que la mayoría de las veces habla aquel que debería callar.
En un mundo donde se enfrentan constantemente la modernidad con el arcaísmo religioso, ¿Quién tiene la razón? ¿Somos realmente unos putones?
Me parece que la respuesta a esa pregunta es indudablemente que sí. Porque hagamos lo que hagamos, desde el día que perdemos la virginidad estamos condenados a convertirnos en cosas sexuales sin cabeza.
Una vez más queda comprobado que el dicho popular “por un perro que maté…” se hace realidad y es más veraz que todo lo que podamos imaginar. En la lucha contra la discriminación sexual, aquellos que no seamos puros y castos tenemos todas las de perder.
Hasta hace poco, pensaba que una persona normal, que haya tenido una serie de parejas estables, luego otras que no, pero con las que haya mantenido relaciones sexuales era lo más común de este mundo. Que los periodos de puritanismo en los que el sexo era sólo un medio de reproducción y no una práctica aparte habían pasado. Que todo aquello de que el cuerpo y la mente deben de estar nutridos y tratados de forma igual, y no de favorecer a la mente por encima del cuerpo, había sido admitido por todos. Pero no es así, todo aquel que haya tenido sexo sin fines procreativos, estando casado y encima con una persona del otro sexo es un putón.
Pero no somos los únicos, porque si nos ponemos a pensar, cualquier persona de más de 35 años lo es, porque para empezar habrá tenido un número considerable de parejas estables, con las que habrá practicado el sexo, luego habrá tenido sus escarceos fuera de la pareja o estando soltero, porque aquí nadie es de piedra. Por lo tanto el número de relaciones sexuales a lo largo de su vida nos llevan a pensar que realmente aquí no se salva nadie. Ya toca ir a los chavales y chavalas de menos de 18 años, aunque los pobres no tienen mucho que perder ya.
Si eres hombre, se te concede un poco más de margen, pero si eres una mujer entonces vas directa al infierno. Yo tenia una amiga, que estaba soltera, es una chica muy guapa y atractiva y por lo tanto podía tener a casi quien quisiese, y más estando soltera. La verdad es que no tardó ni un mes en ser tachada de puta. Ya no porque cobrase por los favores que daba, ni que se acostase con todo lo que pillase, sino simplemente porque no era una chica difícil y recatada. Entonces empezó a circular su fama de facilona. Y al poco tiempo ya nadie podía impedirse los cotilleos sobre ella.
Lo cierto es que alguno escarceo habrá tenido, y muchas veces serian solo encuentros fortuitos. Pero como decía un amigo nuestro, “estaba confundida y desorientada”. Porque en algo si que tenia razón. A veces es muy fácil perder el norte y considerar que el sexo es una vía de escape fácil de satisfacer. Pero más que intentar llevar a esa gente perdida a la hoguera, ¿no sería mejor enseñarles el camino correcto?
Con eso no quiero decir que el sexo sea malo y que debamos pasarnos el día metidos en casa haciendo ovillos de lana. Simplemente digo que es muy fácil juzgar a los demás y condenarlos. Es mucho más fácil que intentar ver por qué esa persona se comporta así o si realmente es algo malo lo que está haciendo.
Porque claro, las personas como mi amiga, o en general cualquiera que haya tenido más de dos relaciones sexuales sin pareja, sino sólo por diversión, tiene un veredicto automático emitido por la sociedad. Y siempre es el mismo, en cuanto a la condena es la del ostracismo obligado. En esta sociedad todo el mundo tira la piedra y esconde la mano, pero pocas veces intenta pensar en los motivos de las conductas de los demás.
Cualquiera me dirá que esto es producto de la mente religiosa y que basta con tratar con personas más abiertas, ateas o científicas. Pues me temo que no basta. Conozco personas que se consideran muy progres, que dicen que nunca juzgan y que no creen en la moral católica. Esos son los más peligrosos, porque en el fondo tienen más complejos que los creyentes recalcitrantes. Puede que de cara a la galería vayan de gente maja, pero cuando les das la espalda es cuando aprovechan para clavarte el cuchillo de sus complejos. Su puritanismo es encubierto, lo que hace que bajemos la guardia (y digo bajemos, porque todos somos unos putones para ellos), y entonces es cuando aprovechan para sacar a la luz todo lo malo que según ellos tenemos. Y que por supuesto a ellos no se les puede aplicar porque son personas impolutas e intachables de ninguna manera. Por supuesto, todos sabemos que no es así, pero claro, no se puede demostrar lo contrario, así que al final somos siempre culpables y llevados a la hoguera de la denigración.
Cualquier cosa en exceso es mala, o eso dicen, pero es que a veces me da la impresión de que si los que no tenemos muchos complejos en ese campo, nos drogásemos, fuésemos unos ladrones y matásemos a la gente, no estaríamos tan mal vistos. A veces no es porque seamos fáciles en la cama, sino porque no tenemos problemas en hablar del sexo que directamente somos unos putones. Pero a la gente se le olvida una cosa muy importante, a veces las personas solo hablamos, y no hacemos ni la mitad de lo que decimos, y otras veces no decimos la mitad de lo que hacemos. Tampoco debemos olvidar dos cosas más, una es que muchas veces el ladrón cree que todos son de su condición, y que la mayoría de las veces habla aquel que debería callar.





