El Pelo
Bueno, la cosa del pelo es algo muy complicado para la mujer, pero para el hombre ya ni os cuento. Y de eso uno se da cuenta yendo donde el especialista, es decir a las peluquerías. Tengo que decir que por la zona en la que vivo hay casi más que panaderías, debemos tocar a una por habitante en invierno, por lo menos.
En un mundo en el que la apariencia importa tanto, ¿podemos descuidarnos la cabeza? ¿Dónde está el mito de Sansón?
La cosa es que para las personas a las que nos cuesta mucho irnos a la peluquería, es toda una odisea el decidirse y cumplir con ello. Algunas veces después de que has estado meses pensando, concienciándote y meditando sobre a donde acudir, te decides porque hoy es el día X en el que vas a acudir al especialista. Y sales a la calle a la peluquería de confianza, y resulta que ese día esta cerrada, que se han ido de vacaciones, o que hay demasiada gente. Y eso es una putada porque después de todo el trabajo mental que ha supuesto hay que dejárselo para otro día.
Porque lo queráis admitir o no, lo de ir al peluquero es un riesgo, porque hay que saber elegir. A pesar del numero de peluquerías que hay en este país, que parecen mas bien setas por lo rápido que salen nuevas. Pero entran varios factores a la hora de elegir una, lo primero es la proximidad geográfica, porque si tienes que irte al pueblo de al lado para cortarte el pelo o hacerte mechas, mejor olvídalo. Aunque a veces vale la pena. Luego esta la cuestión del precio, que aunque no debería importar, lo cierto es que algunos abusan, porque más que peluqueros parecen los estilistas de las estrellas de cine, y total para cortarte las puntas no hace falta que quedes con el que le hace el tinte a Madonna. Y claro, luego esta el pánico extremo, que es que la mayoría de los peluqueros hacen lo que les da la gana con tu pelo. Tu vas a que te corten dos dedos y de repente te dejan rapado, o bien les pides un corte moderno y original y te dejan igual que todo el mundo. Y al final resulta que hacen pruebas contigo pero sin decirlo, por lo que hay que ver que no busquen cobayas o que al menos hagan lo que uno les pide.
Lo divertido es cuando uno va a pedirles opinión, porque es cuando ellos deciden hacer lo que quieren con tu pelo, y terminas siendo un cobaya suyo, pero bueno, en tal caso eso pasa por pedir consejo. Claro que para eso están. Lo malo es cuando gente que no tiene ni idea del tema empieza a dárselas de que sabe del asunto y se ponen a decirte como peinarte, como llevar el pelo, como cortarlo o qué color te viene genial. Si no son profesionales deberían callarse, porque al final lo único que hacen es meter la pata. Porque a la gente siempre le gusta opinar e intentar dirigir a los demás a lo que ellos quieren. Eso sin tener en cuenta los gustos particulares de la persona en cuestión, que al fin y al cabo es quien tiene que llevar el pelo como ha decidido hacerlo. Después de todo si te dejas el pelo largo, vas a ser tú el que pase calor en verano, ni tus amigos ni tu familia.
Entonces estamos en el punto en el que ya tenemos un peluquero que más o menos cumple con nosotros, no nos deja mal del todo, no es caro, y no hace experimentos con nosotros. Sin embargo no todo está solucionado, porque la mayoría de las veces cuando encuentras un tío o una tía que te haga todo eso, no vas a ser la única persona que sepa reconocer un diamante en un lodazal. Y claro al poco tiempo de haber descubierto a la estrella, ya está la peluquería a rebosar de gente, y ya no puedes ir cuando habías planeado sino que casi tienes que pedir cita.
Es cuando se genera el problema del overbooking. Porque muchos son reacios a tomar cita a la gente o solo atender con reserva, entonces lo que sucede es que pierdes el tiempo yendo y viniendo del local a ver si te hacen un hueco, y al final tienes que rendirte y o bien pelearte con las marujas para ver quien es el primero en llegar. A mi me ha pasado que si el tío habría a las 5 tenía que estar desde las tres esperando para que no me tocase hora a las ocho. Eso cuando no te hacen volver al día siguiente y al día siguiente y así te tienen como una pelota de tenis durante varios días, hasta que dices que ya basta y decides probar suerte en otro lado.
Algunos sí que lo han previsto y han puesto horarios en sus agendas. Lo que pasa es que no se como no saben ser previsores, y al final siempre te hacen esperar, por mucho que hayas pedido turno a primera hora, siempre hay alguien antes que tu y que se tira más de lo debido. Pero son cosas de la vida, que siempre hay alguien antes que tu y siempre hay que esperar para todo.
Lo chungo es que después de haber superado todo eso, después de haber conseguido hora, después de haber conseguido que te hagan el corte de pelo que quieres, y después de haber evitado que te vendan mil productos o que te peinen como si fueras un modelo de Pasarela Gaudí, total, que después de todas esas pruebas sales a la calle, y tus amigos ni se enteran que has estado en la peluquería. O lo peor es cuando un día llegas rapado al cero a clase o que has quedado con ellos, y te preguntan “¿te has cortado el pelo?”, dan ganas de contestarles que se te ha caído mientras dormías. Porque para preguntas tontas, esa. A veces no se si es peor que te ignoren o que se hagan los listos. O peor es que ni te reconozcan.
En un mundo en el que la apariencia importa tanto, ¿podemos descuidarnos la cabeza? ¿Dónde está el mito de Sansón?
La cosa es que para las personas a las que nos cuesta mucho irnos a la peluquería, es toda una odisea el decidirse y cumplir con ello. Algunas veces después de que has estado meses pensando, concienciándote y meditando sobre a donde acudir, te decides porque hoy es el día X en el que vas a acudir al especialista. Y sales a la calle a la peluquería de confianza, y resulta que ese día esta cerrada, que se han ido de vacaciones, o que hay demasiada gente. Y eso es una putada porque después de todo el trabajo mental que ha supuesto hay que dejárselo para otro día.
Porque lo queráis admitir o no, lo de ir al peluquero es un riesgo, porque hay que saber elegir. A pesar del numero de peluquerías que hay en este país, que parecen mas bien setas por lo rápido que salen nuevas. Pero entran varios factores a la hora de elegir una, lo primero es la proximidad geográfica, porque si tienes que irte al pueblo de al lado para cortarte el pelo o hacerte mechas, mejor olvídalo. Aunque a veces vale la pena. Luego esta la cuestión del precio, que aunque no debería importar, lo cierto es que algunos abusan, porque más que peluqueros parecen los estilistas de las estrellas de cine, y total para cortarte las puntas no hace falta que quedes con el que le hace el tinte a Madonna. Y claro, luego esta el pánico extremo, que es que la mayoría de los peluqueros hacen lo que les da la gana con tu pelo. Tu vas a que te corten dos dedos y de repente te dejan rapado, o bien les pides un corte moderno y original y te dejan igual que todo el mundo. Y al final resulta que hacen pruebas contigo pero sin decirlo, por lo que hay que ver que no busquen cobayas o que al menos hagan lo que uno les pide.
Lo divertido es cuando uno va a pedirles opinión, porque es cuando ellos deciden hacer lo que quieren con tu pelo, y terminas siendo un cobaya suyo, pero bueno, en tal caso eso pasa por pedir consejo. Claro que para eso están. Lo malo es cuando gente que no tiene ni idea del tema empieza a dárselas de que sabe del asunto y se ponen a decirte como peinarte, como llevar el pelo, como cortarlo o qué color te viene genial. Si no son profesionales deberían callarse, porque al final lo único que hacen es meter la pata. Porque a la gente siempre le gusta opinar e intentar dirigir a los demás a lo que ellos quieren. Eso sin tener en cuenta los gustos particulares de la persona en cuestión, que al fin y al cabo es quien tiene que llevar el pelo como ha decidido hacerlo. Después de todo si te dejas el pelo largo, vas a ser tú el que pase calor en verano, ni tus amigos ni tu familia.
Entonces estamos en el punto en el que ya tenemos un peluquero que más o menos cumple con nosotros, no nos deja mal del todo, no es caro, y no hace experimentos con nosotros. Sin embargo no todo está solucionado, porque la mayoría de las veces cuando encuentras un tío o una tía que te haga todo eso, no vas a ser la única persona que sepa reconocer un diamante en un lodazal. Y claro al poco tiempo de haber descubierto a la estrella, ya está la peluquería a rebosar de gente, y ya no puedes ir cuando habías planeado sino que casi tienes que pedir cita.
Es cuando se genera el problema del overbooking. Porque muchos son reacios a tomar cita a la gente o solo atender con reserva, entonces lo que sucede es que pierdes el tiempo yendo y viniendo del local a ver si te hacen un hueco, y al final tienes que rendirte y o bien pelearte con las marujas para ver quien es el primero en llegar. A mi me ha pasado que si el tío habría a las 5 tenía que estar desde las tres esperando para que no me tocase hora a las ocho. Eso cuando no te hacen volver al día siguiente y al día siguiente y así te tienen como una pelota de tenis durante varios días, hasta que dices que ya basta y decides probar suerte en otro lado.
Algunos sí que lo han previsto y han puesto horarios en sus agendas. Lo que pasa es que no se como no saben ser previsores, y al final siempre te hacen esperar, por mucho que hayas pedido turno a primera hora, siempre hay alguien antes que tu y que se tira más de lo debido. Pero son cosas de la vida, que siempre hay alguien antes que tu y siempre hay que esperar para todo.
Lo chungo es que después de haber superado todo eso, después de haber conseguido hora, después de haber conseguido que te hagan el corte de pelo que quieres, y después de haber evitado que te vendan mil productos o que te peinen como si fueras un modelo de Pasarela Gaudí, total, que después de todas esas pruebas sales a la calle, y tus amigos ni se enteran que has estado en la peluquería. O lo peor es cuando un día llegas rapado al cero a clase o que has quedado con ellos, y te preguntan “¿te has cortado el pelo?”, dan ganas de contestarles que se te ha caído mientras dormías. Porque para preguntas tontas, esa. A veces no se si es peor que te ignoren o que se hagan los listos. O peor es que ni te reconozcan.





