Cuando Callarse Es Lo Mejor
Hay un dicho en francés que dice que antes de hablar debemos darle 7 vueltas a la lengua dentro de la boca. Lo cual significa simplemente que antes de hablar deberíamos pensar las cosas. Es cierto que yo siempre digo que hay que decir lo que sentimos y ser sinceros, pero hay veces en las que es norma no hacerlo, que es mejor callar antes que meter la pata y hacerle daño a los demás.
En un mundo donde cuidamos la imagen que damos a los demás hasta el punto de fingir estatutos que ni siquiera somos capaces de soportar, ¿Por qué no cuidamos un poco más lo que sale por nuestra boca? ¿Hemos olvidado el arte de la palabra?
Hay personas que no saben calibrar las situaciones ni lo que puede llegar a significar lo que van a decir y simplemente lo sueltan sin más, sin preocuparse por el efecto que eso pueda llegar a tener en los demás. De ahí que a veces valga la pena en ciertas situaciones pensar un poco en lo que vas a decir y tal vez morderte la lengua antes de hacerlo no vaya a ser que al final metas la pata.
Dicen que las palabras se las lleva el viento, pero cuando no es así, que no hay viento sino calma aplastante, las palabras hacen daño. También dicen que la pluma es más fuerte que la espada, y eso es cierto porque hay personas que tienen el don de hacernos mucho daño con lo que dicen cuando a veces no tenían esa intención. Todo por no callarse unos segundos y pensar en que a lo mejor eso que van a decir esta fuera de contexto o puede ser malinterpretado.
Esto suele pasar siempre con temas dolorosos para la persona. Lo último que se me ocurre suele ser con casos de defunciones, en los que las personas están aun sensibles y van algunos a meter caña cuando deberían callarse. Algunas veces se producen casos que llegan hasta a ser divertidos de relatar. Como es cuando se esta en un funeral y se comenta que se esta muerto de hambre o que hace un calor o frío que te morirías. Esas son frases desafortunadas, pero que en el fondo no hacen mucho más daño que el de recordar que un ser querido ya no está.
Conozco varios casos en los que, en pleno entierro, con el cuerpo aun caliente, o bien cuando se esparcen las cenizas, el viudo suele hacer comentarios fuera de lugar. Por ejemplo comentar que se siente solo y que a ver si consigue a alguien nuevo, que ha conocido a una mujer genial que le gusta mucho o cosas así. Eso a los hijos de la difunta suele sentar fatal. Lo mismo que cuando ya pasado un tiempo la persona les comenta que va a buscarse a otra. Porque si bien, cuando es el padre el que quiere buscar sustituta a la madre, no sienta muy bien, pero se ha de aceptar, cuando no es el padre es aun peor.
Y digo yo, es cierto que es una gran pérdida, que todos debemos seguir adelante, porque la vida sigue y en el fondo aquella persona que ha fallecido no querría, en casi ningún caso, vernos solos y tristes, sino que siguiésemos siendo felices con nuestra vida, y todo eso. Pero una cosa es que eso lo pensemos y otra que lo digamos, y también está la forma de decirlo. Que casi siempre viene a ser mala y termina haciéndose daño a los demás al decirles que “voy a buscarle un reemplazo a tu madre”. Como si fuese un jarrón o un coche. Nadie merece estar solo, y perder a alguien es muy duro, pero no hace falta decir esas cosas. A veces más vale callar lo pensado que decirlo.
Y es que no solo con los sentimientos de pérdida es con los que hay que tener cuidado. A veces simplemente hay cosas que no hace falta que las digan porque ya las sabemos. Por ejemplo siempre esta el caso de la persona que tiene complejos con su figura, que no consigue perder esos kilos de más, que lo ha probado todo, pero que por razones tal vez de metabolismo, no consigue hacerlo. Y por mucho que se esfuerzan no han encontrado la forma de superarlo, o al menos de aceptarse como son, y es cuando va algún graciosillo y les suelta “estas más gordo/a ¿verdad?”. Esas cosas suelen ser terribles para la autoestima, y si bien puede que la otra persona lo haga por parecer graciosa, o bien simplemente porque es de aquellas que siempre dicen la verdad incluso cuando deberían morderse la lengua y envenenarse con su propio veneno. Decir la verdad está bien, pero hay que saber cuando y como. Y decirle a una persona con sobrepeso que está gorda es la peor manera de hacerlo, porque lo más probable es que ya lo sepa, y que si está así no es por voluntad propia.
Lo mismo sucede con los traumas relacionados con los estudios o el trabajo. Recuerdo que después de haber fallado varias veces en el examen del coche, la gente, de broma, me decía que qué mal debía de conducir para ser tan nulo que me suspendiesen tantas veces. Y lo cierto es que eso duele, por muy cierto o no que fuese. No hace falta que te recuerden que te has equivocado. Por lo general no necesitamos que nos recuerden las cosas en las que hemos fallado estrepitosamente. También suelen decir que eres un vago porque no encuentras trabajo, pero claro esas personas no consideran que la prostitución sea un mal empleo entonces claro, para ellos si no trabajas es porque no quieres, que siempre puedes estar chupando pollas por dinero. Ya somos lo bastante grandecitos como para saber que hemos cometido un error, y que debemos pagar las consecuencias, y encima van los demás a machacarnos todavía con más saña.
Y es que hay personas que son profesionales en eso de sacar a la luz los defectos de las personas y regocijarse en ellos. Parece ser que viven del pecado de los otros, para no ver los suyos propios, y han elaborado un vocabulario específico con campos lexicales que es hacen aun más hirientes de lo ya posible. Porque esas palabras que salen de sus bocas son como cuchillos afilados, esas personas conocen su poder destructor y saben como optimizarlo al máximo, cuando es que hacen más daño y con quien. Y son peores que aquellos que hacen daño con sus comentarios de forma inocente, porque ellos lo hacen con alevosía.
Para las personas que son malas de por si y a las que les gusta hacer daño con sus palabras envenenadas y sus lenguas bífidas no puedo decir nada, simplemente que las evitéis al máximo. Sin embargo a los otros les diré que antes de abrir la boca, que piensen en lo que van a decir, porque a veces es mejor callar que decir algo fuera de contexto.
En un mundo donde cuidamos la imagen que damos a los demás hasta el punto de fingir estatutos que ni siquiera somos capaces de soportar, ¿Por qué no cuidamos un poco más lo que sale por nuestra boca? ¿Hemos olvidado el arte de la palabra?
Hay personas que no saben calibrar las situaciones ni lo que puede llegar a significar lo que van a decir y simplemente lo sueltan sin más, sin preocuparse por el efecto que eso pueda llegar a tener en los demás. De ahí que a veces valga la pena en ciertas situaciones pensar un poco en lo que vas a decir y tal vez morderte la lengua antes de hacerlo no vaya a ser que al final metas la pata.
Dicen que las palabras se las lleva el viento, pero cuando no es así, que no hay viento sino calma aplastante, las palabras hacen daño. También dicen que la pluma es más fuerte que la espada, y eso es cierto porque hay personas que tienen el don de hacernos mucho daño con lo que dicen cuando a veces no tenían esa intención. Todo por no callarse unos segundos y pensar en que a lo mejor eso que van a decir esta fuera de contexto o puede ser malinterpretado.
Esto suele pasar siempre con temas dolorosos para la persona. Lo último que se me ocurre suele ser con casos de defunciones, en los que las personas están aun sensibles y van algunos a meter caña cuando deberían callarse. Algunas veces se producen casos que llegan hasta a ser divertidos de relatar. Como es cuando se esta en un funeral y se comenta que se esta muerto de hambre o que hace un calor o frío que te morirías. Esas son frases desafortunadas, pero que en el fondo no hacen mucho más daño que el de recordar que un ser querido ya no está.
Conozco varios casos en los que, en pleno entierro, con el cuerpo aun caliente, o bien cuando se esparcen las cenizas, el viudo suele hacer comentarios fuera de lugar. Por ejemplo comentar que se siente solo y que a ver si consigue a alguien nuevo, que ha conocido a una mujer genial que le gusta mucho o cosas así. Eso a los hijos de la difunta suele sentar fatal. Lo mismo que cuando ya pasado un tiempo la persona les comenta que va a buscarse a otra. Porque si bien, cuando es el padre el que quiere buscar sustituta a la madre, no sienta muy bien, pero se ha de aceptar, cuando no es el padre es aun peor.
Y digo yo, es cierto que es una gran pérdida, que todos debemos seguir adelante, porque la vida sigue y en el fondo aquella persona que ha fallecido no querría, en casi ningún caso, vernos solos y tristes, sino que siguiésemos siendo felices con nuestra vida, y todo eso. Pero una cosa es que eso lo pensemos y otra que lo digamos, y también está la forma de decirlo. Que casi siempre viene a ser mala y termina haciéndose daño a los demás al decirles que “voy a buscarle un reemplazo a tu madre”. Como si fuese un jarrón o un coche. Nadie merece estar solo, y perder a alguien es muy duro, pero no hace falta decir esas cosas. A veces más vale callar lo pensado que decirlo.
Y es que no solo con los sentimientos de pérdida es con los que hay que tener cuidado. A veces simplemente hay cosas que no hace falta que las digan porque ya las sabemos. Por ejemplo siempre esta el caso de la persona que tiene complejos con su figura, que no consigue perder esos kilos de más, que lo ha probado todo, pero que por razones tal vez de metabolismo, no consigue hacerlo. Y por mucho que se esfuerzan no han encontrado la forma de superarlo, o al menos de aceptarse como son, y es cuando va algún graciosillo y les suelta “estas más gordo/a ¿verdad?”. Esas cosas suelen ser terribles para la autoestima, y si bien puede que la otra persona lo haga por parecer graciosa, o bien simplemente porque es de aquellas que siempre dicen la verdad incluso cuando deberían morderse la lengua y envenenarse con su propio veneno. Decir la verdad está bien, pero hay que saber cuando y como. Y decirle a una persona con sobrepeso que está gorda es la peor manera de hacerlo, porque lo más probable es que ya lo sepa, y que si está así no es por voluntad propia.
Lo mismo sucede con los traumas relacionados con los estudios o el trabajo. Recuerdo que después de haber fallado varias veces en el examen del coche, la gente, de broma, me decía que qué mal debía de conducir para ser tan nulo que me suspendiesen tantas veces. Y lo cierto es que eso duele, por muy cierto o no que fuese. No hace falta que te recuerden que te has equivocado. Por lo general no necesitamos que nos recuerden las cosas en las que hemos fallado estrepitosamente. También suelen decir que eres un vago porque no encuentras trabajo, pero claro esas personas no consideran que la prostitución sea un mal empleo entonces claro, para ellos si no trabajas es porque no quieres, que siempre puedes estar chupando pollas por dinero. Ya somos lo bastante grandecitos como para saber que hemos cometido un error, y que debemos pagar las consecuencias, y encima van los demás a machacarnos todavía con más saña.
Y es que hay personas que son profesionales en eso de sacar a la luz los defectos de las personas y regocijarse en ellos. Parece ser que viven del pecado de los otros, para no ver los suyos propios, y han elaborado un vocabulario específico con campos lexicales que es hacen aun más hirientes de lo ya posible. Porque esas palabras que salen de sus bocas son como cuchillos afilados, esas personas conocen su poder destructor y saben como optimizarlo al máximo, cuando es que hacen más daño y con quien. Y son peores que aquellos que hacen daño con sus comentarios de forma inocente, porque ellos lo hacen con alevosía.
Para las personas que son malas de por si y a las que les gusta hacer daño con sus palabras envenenadas y sus lenguas bífidas no puedo decir nada, simplemente que las evitéis al máximo. Sin embargo a los otros les diré que antes de abrir la boca, que piensen en lo que van a decir, porque a veces es mejor callar que decir algo fuera de contexto.





