Espera Y Sustitución
La segunda parte de mi trilogía sobre ese robo y sus consecuencias trata sobre lo que se hace después de padecerlo.
Si bien ya no seremos tan inocentes como antes de que nos atraquen, luego tenemos que seguir adelante y para ello restituir todo aquello que nos han quitado. Para eso hay dos maneras, la primera es ir de compras, y la segunda que es la que me interesa hoy es renovar todos los documentos robados.
En un mundo donde tu número del DNI es más importante que tu propio nombre, ¿podemos perder la identidad cuando no tenemos documento de identidad? Sin papeles oficiales ¿eres realmente un ciudadano o te has convertido en un anónimo? ¿Por qué siempre resulta tan complicado poder restituir todos esos documentos, incluso cuando no los has perdido por culpa tuya?
Lo cierto es que incluso cuando vas a poner la denuncia del robo, ya te das cuenta de que esos papeles son más que el material que los sustenta, sin ellos realmente no eres nada. Lo primero que te piden es un documento que acredite quién eres, pero si te lo han sustraído eso resulta más complicado. Así que lo primero que hay que hacer es ir a renovarlos a la vez que hay que tomar las medidas pertinentes para evitar que el robo vaya a más.
En general lo primero que se hace es anular todas las tarjetas de crédito, las de los locales en los que compras sin pagar con dinero contante y sonante, y las de puntos. Eso resulta relativamente fácil, ya que basta con una llamada a la entidad que te las ha entregado, ya puede ser un banco, unas grandes superficies o un supermercado. Si con la llamada no basta te presentas allí para pedir que cancelen la anterior y te den una nueva y con eso es suficiente. Porque claro, si tardas en realizar esta acción es posible que cuando te des cuenta hayan utilizado las tarjetas robadas y te hayan vaciado la cuenta del banco, se hayan amoblado la casa a su costa o bien hayan llamado a sus familias al otro lado del mundo gracias a ti. Y si bien ya es una putada que te hayan dejado sin esos efectos personales, es aun peor que los hayan utilizado en tu contra o mejor dicho que a costa tuya se puedan dar la buena vida.
Lo curioso es que cuando son documentos de entidades privadas las acciones de sustitución no suelen durar mucho, y por lo general sueles salir del local con tu nueva tarjeta.
Eso no pasa con los documentos oficiales. Por el contrario parece que no solo el castigo consista en que hayas padecido un robo, sino que encima tienes que ser de nuevo penalizado con largas horas de espera para que te den los nuevos documentos. Si se trata del DNI directamente sabes que vas a tener que hacer una cola interminable y de paso esperar varias semanas a que te den el nuevo. Pero eso todo el mundo lo sabe y ya estamos todos preparados de antemano a ello.
Pero lo chungo es lo que sucede con el carné de conducir. Las colas en tráfico son realmente impresionantes. La vez que fui yo a sustituirlo llegué a las 9 de la mañana y la cola daba la vuelta al bloque. Lo divertido es que eso solo era la parte visible del asunto, porque luego dentro del edificio era más de lo mismo. Total que a fin de cuentas tardé 4 horas y media en que me dieran mi permiso de conducir.
Pero ya a pesar de las colas y los follones, lo más interesante del asunto es como se comporta a gente en esos locales. Porque si bien todos estamos en las mismas no todos reaccionamos igual. Están los caras de siempre que al final terminan colándose, o al menos intentando hacerlo, porque si algo bueno tiene lo de las esperas eternas es que llega un momento que la gente está tan irascible que pobre de aquel que intente hacerse el listo. Esa vez hubo dos personas que vimos que probaron a hacerlo, uno de ellos salió abucheado públicamente y con suerte de que solo le dijeron palabras que no llevaron al cabo, porque lo cierto es que si la multitud lo pilla en serio lo descuartiza in situ. El otro no pensaba colarse sino simplemente adelantarse a los demás y cuando las personas que estaban a principio de cola lo mandaron al final incluso para ir a información, todo el mundo aplaudió. Por lo visto cuando estamos en situaciones desesperadas en las que no podemos hacer nada para remediarlo, sale nuestra vena solidaria.
A mi lo que más me gustó fue que conforme pasa el tiempo vas conociendo a las personas con las que has estado haciendo cola. Algunas de ellas te han contado su vida y milagros, otras simplemente el por qué de esa espera, alguna anécdota aleatoria o bien unas recetas para la tarta de manzana. Lo más probable es que no vuelvas a ver a esas personas, de ahí que a veces ni siquiera sepas su nombre, aunque sepas cuantos hijos tiene y qué están estudiando.
Después de varias horas en el mismo lugar, todos encerrados, ya hay confianza, y si tienes la suerte de que te toca pasar antes que los demás siempre puedes comentar con ellos el desarrollo afortunado de los acontecimientos. Y si no eres de esos, siempre puedes alegrarte por los que han salido antes que tu, siempre y cuando no se hayan colad, hayan hecho trampa y sean de los que estaban alrededor tuyo en las interminables colas para todos los papeleos. Y cuando finalmente todo salimos la alegría se apodera de nosotros, es como cuando vas a un partido en el que juega tu país contra uno extranjero y has ganado, la gente se abraza se besa y se alegra por los demás. Es curioso ver como sale la gente después de varias horas de espera, con su carné en la mano, con una sonrisa de oreja a oreja y alguna que otra lagrimita perdida, dando saltos de alegría y abrazando a todos los que hemos estado con ella durante toda la espera.
A fin de cuentas en esos momentos es cuando dejamos salir lo que realmente somos, los que son unas personas miserables, rastreras y que siempre buscan a hacer trampa, son aquellos que se cuelan, son desagradables y te quitan el sitio. Sin embargo aquellas personas que son más humanas, al final terminan dejando ver la luz que llevan dentro y hacen que la espera sea más llevadera. Porque a fin de cuentas no es culpa de los funcionarios ni del sistema que nos hayan robado, ellos hacen lo que pueden, mientras que el verdadero culpable está pasándolo guay con nuestros papeles.
Si bien ya no seremos tan inocentes como antes de que nos atraquen, luego tenemos que seguir adelante y para ello restituir todo aquello que nos han quitado. Para eso hay dos maneras, la primera es ir de compras, y la segunda que es la que me interesa hoy es renovar todos los documentos robados.
En un mundo donde tu número del DNI es más importante que tu propio nombre, ¿podemos perder la identidad cuando no tenemos documento de identidad? Sin papeles oficiales ¿eres realmente un ciudadano o te has convertido en un anónimo? ¿Por qué siempre resulta tan complicado poder restituir todos esos documentos, incluso cuando no los has perdido por culpa tuya?
Lo cierto es que incluso cuando vas a poner la denuncia del robo, ya te das cuenta de que esos papeles son más que el material que los sustenta, sin ellos realmente no eres nada. Lo primero que te piden es un documento que acredite quién eres, pero si te lo han sustraído eso resulta más complicado. Así que lo primero que hay que hacer es ir a renovarlos a la vez que hay que tomar las medidas pertinentes para evitar que el robo vaya a más.
En general lo primero que se hace es anular todas las tarjetas de crédito, las de los locales en los que compras sin pagar con dinero contante y sonante, y las de puntos. Eso resulta relativamente fácil, ya que basta con una llamada a la entidad que te las ha entregado, ya puede ser un banco, unas grandes superficies o un supermercado. Si con la llamada no basta te presentas allí para pedir que cancelen la anterior y te den una nueva y con eso es suficiente. Porque claro, si tardas en realizar esta acción es posible que cuando te des cuenta hayan utilizado las tarjetas robadas y te hayan vaciado la cuenta del banco, se hayan amoblado la casa a su costa o bien hayan llamado a sus familias al otro lado del mundo gracias a ti. Y si bien ya es una putada que te hayan dejado sin esos efectos personales, es aun peor que los hayan utilizado en tu contra o mejor dicho que a costa tuya se puedan dar la buena vida.
Lo curioso es que cuando son documentos de entidades privadas las acciones de sustitución no suelen durar mucho, y por lo general sueles salir del local con tu nueva tarjeta.
Eso no pasa con los documentos oficiales. Por el contrario parece que no solo el castigo consista en que hayas padecido un robo, sino que encima tienes que ser de nuevo penalizado con largas horas de espera para que te den los nuevos documentos. Si se trata del DNI directamente sabes que vas a tener que hacer una cola interminable y de paso esperar varias semanas a que te den el nuevo. Pero eso todo el mundo lo sabe y ya estamos todos preparados de antemano a ello.
Pero lo chungo es lo que sucede con el carné de conducir. Las colas en tráfico son realmente impresionantes. La vez que fui yo a sustituirlo llegué a las 9 de la mañana y la cola daba la vuelta al bloque. Lo divertido es que eso solo era la parte visible del asunto, porque luego dentro del edificio era más de lo mismo. Total que a fin de cuentas tardé 4 horas y media en que me dieran mi permiso de conducir.
Pero ya a pesar de las colas y los follones, lo más interesante del asunto es como se comporta a gente en esos locales. Porque si bien todos estamos en las mismas no todos reaccionamos igual. Están los caras de siempre que al final terminan colándose, o al menos intentando hacerlo, porque si algo bueno tiene lo de las esperas eternas es que llega un momento que la gente está tan irascible que pobre de aquel que intente hacerse el listo. Esa vez hubo dos personas que vimos que probaron a hacerlo, uno de ellos salió abucheado públicamente y con suerte de que solo le dijeron palabras que no llevaron al cabo, porque lo cierto es que si la multitud lo pilla en serio lo descuartiza in situ. El otro no pensaba colarse sino simplemente adelantarse a los demás y cuando las personas que estaban a principio de cola lo mandaron al final incluso para ir a información, todo el mundo aplaudió. Por lo visto cuando estamos en situaciones desesperadas en las que no podemos hacer nada para remediarlo, sale nuestra vena solidaria.
A mi lo que más me gustó fue que conforme pasa el tiempo vas conociendo a las personas con las que has estado haciendo cola. Algunas de ellas te han contado su vida y milagros, otras simplemente el por qué de esa espera, alguna anécdota aleatoria o bien unas recetas para la tarta de manzana. Lo más probable es que no vuelvas a ver a esas personas, de ahí que a veces ni siquiera sepas su nombre, aunque sepas cuantos hijos tiene y qué están estudiando.
Después de varias horas en el mismo lugar, todos encerrados, ya hay confianza, y si tienes la suerte de que te toca pasar antes que los demás siempre puedes comentar con ellos el desarrollo afortunado de los acontecimientos. Y si no eres de esos, siempre puedes alegrarte por los que han salido antes que tu, siempre y cuando no se hayan colad, hayan hecho trampa y sean de los que estaban alrededor tuyo en las interminables colas para todos los papeleos. Y cuando finalmente todo salimos la alegría se apodera de nosotros, es como cuando vas a un partido en el que juega tu país contra uno extranjero y has ganado, la gente se abraza se besa y se alegra por los demás. Es curioso ver como sale la gente después de varias horas de espera, con su carné en la mano, con una sonrisa de oreja a oreja y alguna que otra lagrimita perdida, dando saltos de alegría y abrazando a todos los que hemos estado con ella durante toda la espera.
A fin de cuentas en esos momentos es cuando dejamos salir lo que realmente somos, los que son unas personas miserables, rastreras y que siempre buscan a hacer trampa, son aquellos que se cuelan, son desagradables y te quitan el sitio. Sin embargo aquellas personas que son más humanas, al final terminan dejando ver la luz que llevan dentro y hacen que la espera sea más llevadera. Porque a fin de cuentas no es culpa de los funcionarios ni del sistema que nos hayan robado, ellos hacen lo que pueden, mientras que el verdadero culpable está pasándolo guay con nuestros papeles.





