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Khayman en la Ciudad
Comentarios sobre la vida
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Se trata de una columna en la que me gusta publicar mis impresiones acerca de la vida, el sexo, en fin, muchas cosas, ..."Disfrutenla"
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El Reemplazo
La tercera y última parte es algo más frívola, sin embargo me resulto curioso lo que conlleva. Se trata de la parte en la que nos toca salir de compras para poder reemplazar todo aquello que nos han robado y que puede ser efectivamente sustituido por algo nuevo, porque siempre quedan algunos objetos personales que no pueden serlo ya que son regalos especiales o que contienen un significado oculto y especial para nosotros.
¿Podemos reemplazar realmente todos los objetos robados? ¿Es posible que haya cosas que por mucho que lo intentemos ya no recuperaremos? ¿Por qué les adjudicamos tanta importancia a simples objetos?
Cuando quedé con mis amigas y les conté los pormenores de esta aventura, lo que más les impresionó fue que me robaron el bolso con todos mis efectos personales dentro. Según ellas que me rompiera una de las lunas del coche para poder entrar y robarme era lo de menos, porque de eso se encargaba el seguro, que por cierto se tiró unas 2 semanas en mandarme el perito con lo cual estuve sin el coche 3 semanas y eso sí que fue una molestia. Para ellas lo malo era que tendría que ir a comprarme un nuevo bolso, reemplazar todo lo que tenia dentro, la cartera, los papeles, y todo lo demás que no se puede decir, más que nada porque ni yo mismo sé lo que hay dentro. Según ellas por mucho que buscase otro bolso y otra cartera nunca encontraría ninguno tan bueno como el que tenía. Lo cual no es del todo cierto.
A mí me resultó de lo mejor, al contrario, porque como estábamos en periodo de rebajas pude aprovechar y sustituir un montón de cosas que no me servían para lo que quería o bien cuyo uso ya no era el demandado. De hecho lo primero que compré fue un bolso nuevo, más barato que cuando obtuve el robado, de mejor calidad y con más espacio interior, más bolsillos y por lo tanto mayor utilidad, (aunque esto parezca la compra de un coche). Lo más difícil fue encontrar una cartera ya que la que tenia era bastante antigua y tenia monedero incluido, cosa que hoy con los euros es esencial, ya que la mayoría del dinero que llevamos la gente “pobre” es en metálico y no en papeles. Y a pesar de la gran oferta que hay de monederos o de carteras casi ninguno combina los dos, así que tienes que hacer una compra doble y llevar siempre los dos. Sin embargo ahí es cuando tuve suerte con el bolso, porque ya venia con monedero incluido, con lo cual sólo tuve que preocuparme por encontrar una cartera de adulto que me gustase. Y digo de adulto porque las de surfista a pesar de ser bonitas (y caras) no son muy de vestir.
Lo bueno de esa parte de la compra es que si se piensa bien, si se sabe lo que se busca, donde buscarlo y cuanto estamos dispuestos a gastarnos, podemos incluso salir ganando y haber hecho una inversión próspera. Incluso en el caso de la cartera conseguí una de esas que llevan un bolsillo para meter el carné de conducir, que es otro armatoste enorme e inútil…
Lo que ya no se pude reemplazar son todas aquellas cosas que llevan las carteras y los bolsos y que por lo general no son compradas sino que son regalos. Se trata de por ejemplo las fotos de los exs que tengas en la cartera (aunque en algunos casos los ladrones nos hacen un favor al robarnos porque de paso podemos actualizarlas y no tener que llevar siempre consigo a algún ex maltrecho). Pero hay casos en los que llevas fotos de gente a la que aprecias y a la que resulta complicado pedirle nuevas fotos, más que nada porque si no viven cerca de ti hay que esperar a quedar con ellos para pedírselas, y que tengan lo cual no siempre sucede. Luego hay chorraditas a las que les damos cierto valor sentimental y que en cualquier momento pueden ser regaladas de nuevo, como podría ser una goma del pelo, un llavero o una medallita. Solo necesitamos volver a pedírsela a dicha persona, o bien sustraérsela cuando no se de cuenta.
Lo malo es cuando los regalos en cuestión son realmente especiales porque son de algún familiar difunto, porque son efectos personales de alguien a quien no vamos a volver a ver, o bien porque no será posible comprar nada parecido. Entonces es cuando realmente el robo se convierte en una mala asada (por si no lo era ya de antes). En mi caso tenia varias cosas que me habían dado de mis tíos y que por mucho que lo intente no podré recuperarlos nunca ni volver a pedírselos porque ya no están con nosotros. Y eso jode bastante, porque en el fondo son objetos que en sí no tienen valor alguno, los ladrones no podrán hacer nada con ellos, pero para nosotros el valor añadido es bastante superior. Son cosas que sí que son irremplazables, a pesar de tratarse de tonterías. Ahí es cuando realmente hacemos fetiches, como dicen algunos de mis profesores. Porque el valor que les adjudicamos es totalmente diferente a su valor real.
Al final, mis amigas tienen razón en ese aspecto, la mayoría de efectos personales que tenemos no tienen un valor efectivo, sino que tienen un valor especial añadido que le hemos adjudicado nosotros, lo cual los hace diferentes de cualquier otro objeto que podamos comprar. Un regalo de alguien especial, aunque sea una baratija, es especial y por lo tanto irremplazable. Establecer fetiches resulta, pues, peligroso porque nos arriesgamos a perderlos en el momento menos pensado lo cual puede causarnos un gran disgusto. En el fondo lo material es tan sólo eso, no aporta esencia a nuestra alma más que un sustituto de lo que representa, y los sustitutos a final de cuentas simplemente son eso, una ilusión, no son lo que realmente deseamos.
No