Me Gusta, No Me Gusta
Con el mes de septiembre, el retorno al trabajo y a la vida normal, la mayoría de la gente siente la necesidad de volver a meterse al gimnasio para perder esos kilos de fritanga que pillaron en la playa. Es hora de volver a moldearse el cuerpo o mejor dicho de recuperar la figura. Porque en el fondo quieren recuperar su parte física que más les gusta.
En un mundo en el que el aspecto externo de las cosas es lo que más cuenta, ¿Cuál es la parte de tu cuerpo que más te gusta? ¿Qué es lo primero que miras en la otra persona? ¿Eres realmente sincero/a cuando contestas a eso? ¿Por qué nos cuesta tanto serlo en realidad?
En realidad no sé si os habéis fijado que la respuesta a las dos primeras preguntas suele se casi siempre la misma, o al menos ir por el mismo lado. Por mucho que la gente diga que va de espiritual, de que lo que le importa en la otra persona es su personalidad y de que la belleza esta en el interior, en realidad siempre contestan cosas que están relacionadas con el aspecto exterior. Digamos que más que nada porque a no ser que seamos ciegos, o bien que hayamos hablado antes con esa persona por teléfono, siempre lo primero que hacemos es una valoración externa, y luego, después de haber visto el envoltorio es cuando miramos lo que hay debajo de la fachada. Primero nos entran por los ojos y luego nos llegan al corazón, por así decirlo, lo cual es normal en una sociedad marcada por la fuerza audiovisual. Estamos en la sociedad de la imagen de ahí que el sentido que más desarrollemos o en el que nos apoyamos casi siempre sea la vista.
Entonces si preguntamos que es lo que más nos gusta de nuestro cuerpo, siempre se contestan cosas relacionadas con lo que los demás ven de nosotros a primera vista. Por lo general lo primero que se ve son lo que tenemos en la cara, es decir los ojos, la nariz los labios, la forma de la boca o el pelo y en segundo lugar las orejas o los dientes y la sonrisa. Peor vamos que nade dice, ya que estamos hablando de la cabeza, que lo que más le gusta es su inteligencia, su intelecto o bien su simpatía. Y la sonrisa no cuenta en este ámbito.
Luego ya se diferencia entre hombres y mujeres, pero ya no hablando de lo que les gusta de su cuerpo sino de lo que les gusta de la otra persona, porque claro es muy poco modesto decir que te gustan tus brazos o tus pechos. Entonces dices que es lo que te gusta de la otra persona, aunque eso es un gran ejercicio de sinceridad, porque no conozco a ninguna mujer que diga que le encantan sus pechos, sin embargo tíos que dicen que les mola tener los brazos musculosos si, se ve que somos menos modestos que las mujeres.
Lo mismo pasa cuando preguntas en qué se fijan en primera instancia en la otra persona. Casi nadie dirá que lo que primero mira es el culo, el paquete del tío, los pechos de ella, o si se le mueven al caminar o no. Pero lo cierto es que sí que lo hacen, porque luego después de un par de copas es cuando se les suelta la lengua y piensan que alabando tus atributos o tus formas van a conseguir llevarte antes a la cama, y es cuando desvelan sus mentes libidinosas. Lo cual no sería nada malo si no fuese porque no han sido personas sinceras desde el comienzo.
Y hablando de sinceridad, no se si os habéis fijado en algo curioso que tienen algunos hombres, y digo en tercera persona porque yo no me identifico con ellos, y es que tienen una necesidad obsesiva de estar todo el tiempo comprobando si sus partes siguen ahí. Y es que es constante que anden tocándose de forma ya casi obscena. Entonces yo me pregunto, si a esas personas les preguntásemos qué parte de su cuerpo les gusta más, si realmente nos contestarían la verdad, nadie dirá nunca que lo que más le gusta es su pene, o bien su culo. Y mira que les gusta tocárselo y mirárselo. Y si no os lo creéis simplemente basta con darse un paseo por los vestuarios de cualquier gimnasio o piscina publica y observarlo, los que podemos entrar en esos sitios claro. Por lo visto es algo que algunos hacen de forma inconsciente, porque a veces vez críos que ya están con la obsesión esa.
Mi madre siempre dice que las tías no tienen esa fijación con sus pechos. Que no se pasan el día tocándose las tetas o viendo a ver si siguen en su sitio. Lo cual seria divertido, porque no podrían ser tan discretas como los hombres, aunque algunos no conocen el significado de esa palabra, claro está. Pero es como le digo a mi madre, si las mujeres se pasasen el día sobándose los pechos, entonces los hombres heterosexuales no podrían sobrevivir, porque se estrellarían en coche al estar mirándolas, dejarían de rendir en el trabajo y se la pasarían en los aseos satisfaciéndose, la tasa de accidentes en los lugares de trabajo aumentaría gravemente, sobretodo en las obras y las canteras donde están esos obreros y albañiles tan majos, o peor aun, ya no les daría morbo. El caso es que la naturaleza sabe como hace las cosas, los hombres no lo soportarían.
A fin de cuentas es todo una cuestión de físico, por mucho que digan que no los puritanos, si alguien no nos entra por los ojos, no nos entra y punto, o bien lo tendrá muchísimo más difícil que alguien que sí que lo hace, aunque luego a final de cuentas no valga sino por la fachada. Porque personas florero, bonitas por fuera, pero vacías por dentro abundan, lo que pasa es que a veces debemos tomarnos la molestia de rellenarlas, o bien simplemente no buscarlas solo por el físico. Sin embargo sigo pensando que no tenemos porque tener que elegir entre un genio nuclear feo o bien una Barbie estúpida.
En un mundo en el que el aspecto externo de las cosas es lo que más cuenta, ¿Cuál es la parte de tu cuerpo que más te gusta? ¿Qué es lo primero que miras en la otra persona? ¿Eres realmente sincero/a cuando contestas a eso? ¿Por qué nos cuesta tanto serlo en realidad?
En realidad no sé si os habéis fijado que la respuesta a las dos primeras preguntas suele se casi siempre la misma, o al menos ir por el mismo lado. Por mucho que la gente diga que va de espiritual, de que lo que le importa en la otra persona es su personalidad y de que la belleza esta en el interior, en realidad siempre contestan cosas que están relacionadas con el aspecto exterior. Digamos que más que nada porque a no ser que seamos ciegos, o bien que hayamos hablado antes con esa persona por teléfono, siempre lo primero que hacemos es una valoración externa, y luego, después de haber visto el envoltorio es cuando miramos lo que hay debajo de la fachada. Primero nos entran por los ojos y luego nos llegan al corazón, por así decirlo, lo cual es normal en una sociedad marcada por la fuerza audiovisual. Estamos en la sociedad de la imagen de ahí que el sentido que más desarrollemos o en el que nos apoyamos casi siempre sea la vista.
Entonces si preguntamos que es lo que más nos gusta de nuestro cuerpo, siempre se contestan cosas relacionadas con lo que los demás ven de nosotros a primera vista. Por lo general lo primero que se ve son lo que tenemos en la cara, es decir los ojos, la nariz los labios, la forma de la boca o el pelo y en segundo lugar las orejas o los dientes y la sonrisa. Peor vamos que nade dice, ya que estamos hablando de la cabeza, que lo que más le gusta es su inteligencia, su intelecto o bien su simpatía. Y la sonrisa no cuenta en este ámbito.
Luego ya se diferencia entre hombres y mujeres, pero ya no hablando de lo que les gusta de su cuerpo sino de lo que les gusta de la otra persona, porque claro es muy poco modesto decir que te gustan tus brazos o tus pechos. Entonces dices que es lo que te gusta de la otra persona, aunque eso es un gran ejercicio de sinceridad, porque no conozco a ninguna mujer que diga que le encantan sus pechos, sin embargo tíos que dicen que les mola tener los brazos musculosos si, se ve que somos menos modestos que las mujeres.
Lo mismo pasa cuando preguntas en qué se fijan en primera instancia en la otra persona. Casi nadie dirá que lo que primero mira es el culo, el paquete del tío, los pechos de ella, o si se le mueven al caminar o no. Pero lo cierto es que sí que lo hacen, porque luego después de un par de copas es cuando se les suelta la lengua y piensan que alabando tus atributos o tus formas van a conseguir llevarte antes a la cama, y es cuando desvelan sus mentes libidinosas. Lo cual no sería nada malo si no fuese porque no han sido personas sinceras desde el comienzo.
Y hablando de sinceridad, no se si os habéis fijado en algo curioso que tienen algunos hombres, y digo en tercera persona porque yo no me identifico con ellos, y es que tienen una necesidad obsesiva de estar todo el tiempo comprobando si sus partes siguen ahí. Y es que es constante que anden tocándose de forma ya casi obscena. Entonces yo me pregunto, si a esas personas les preguntásemos qué parte de su cuerpo les gusta más, si realmente nos contestarían la verdad, nadie dirá nunca que lo que más le gusta es su pene, o bien su culo. Y mira que les gusta tocárselo y mirárselo. Y si no os lo creéis simplemente basta con darse un paseo por los vestuarios de cualquier gimnasio o piscina publica y observarlo, los que podemos entrar en esos sitios claro. Por lo visto es algo que algunos hacen de forma inconsciente, porque a veces vez críos que ya están con la obsesión esa.
Mi madre siempre dice que las tías no tienen esa fijación con sus pechos. Que no se pasan el día tocándose las tetas o viendo a ver si siguen en su sitio. Lo cual seria divertido, porque no podrían ser tan discretas como los hombres, aunque algunos no conocen el significado de esa palabra, claro está. Pero es como le digo a mi madre, si las mujeres se pasasen el día sobándose los pechos, entonces los hombres heterosexuales no podrían sobrevivir, porque se estrellarían en coche al estar mirándolas, dejarían de rendir en el trabajo y se la pasarían en los aseos satisfaciéndose, la tasa de accidentes en los lugares de trabajo aumentaría gravemente, sobretodo en las obras y las canteras donde están esos obreros y albañiles tan majos, o peor aun, ya no les daría morbo. El caso es que la naturaleza sabe como hace las cosas, los hombres no lo soportarían.
A fin de cuentas es todo una cuestión de físico, por mucho que digan que no los puritanos, si alguien no nos entra por los ojos, no nos entra y punto, o bien lo tendrá muchísimo más difícil que alguien que sí que lo hace, aunque luego a final de cuentas no valga sino por la fachada. Porque personas florero, bonitas por fuera, pero vacías por dentro abundan, lo que pasa es que a veces debemos tomarnos la molestia de rellenarlas, o bien simplemente no buscarlas solo por el físico. Sin embargo sigo pensando que no tenemos porque tener que elegir entre un genio nuclear feo o bien una Barbie estúpida.





