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Khayman en la Ciudad
Comentarios sobre la vida
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Se trata de una columna en la que me gusta publicar mis impresiones acerca de la vida, el sexo, en fin, muchas cosas, ..."Disfrutenla"
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The Power Of No.
Madonna decía en su canción The Power Of Goodbye que no “hay poder más grande que el poder del Adiós”. No estaba mal encaminada, pero hay una cosa más potente aún y es saber decir NO. El otro día estaba hablando con un amigo que me contaba que estaba siendo acosado por varios chicos a la vez que querían tema con él pero que no encontraba la manera de deshacerse de ellos. Y es cierto que resulta tarea muy difícil.
En un mundo en el que las ofertas en todos los ámbitos son tan variadas que no sabemos qué elegir, ¿por qué nos cuesta tanto decir que no?
Por un lado están aquellas personas que sí que consiguen decirlo, y que lo suelen practicar con nosotros, consiguiendo que les odiemos profundamente aunque la envidia nos corroa porque nosotros querríamos ser capaces de eso. Son todos esos que cuando les pedimos salir o quedar o cualquier otra cosa nos contestan con un contundente y aplastante “no”. Después de recibir semejante loza en la cabeza nos quedamos un poco hechos polvo, pero en el fondo les admiramos, porque la mayoría de nosotros no sabríamos mantener el tipo ante alguien que nos pida algo, que no queremos, con ojos de corderito y contestarle negativamente.
Por otro lado están todas esas personas que como nosotros no saben decir que no, y se inventan quimeras para poder escaparse de la responsabilidad. Son esos troleros y fantasmas que tanto odiamos, gente que se la pasa dando largas porque no son capaces de mirar a la muerte en el blanco de los ojos, ni de coger al toro por los cuernos. Gente que ha perdido a su abuela como unas tres veces ya, pero que sigue sin poder quedar contigo, y si no leed el artículo sobre las excusas que publiqué anteriormente.
Para no llegar a ser como esas personas que tanto despreciamos y que se pasan la vida engañando, una de las cosas que debemos aprender en esta vida es a ser firmes y poder decir que no, tal y como lo han aprendido aquellos de los que he hablando recientemente, pero tal vez de forma no tan rotunda. Mi opinión es que nos cuesta decir que no por varias razones.
Una de ellas es que por empatía con la otra persona o por propio recuerdo no queremos que se sientan como nos hemos sentido todos nosotros. No queremos que el rechazo les humille o les haga perder la fe. No nos consideramos tan fuertes como para poder plantarle cara a la gente y decir simplemente una palabra de dos letras que tanto nos cuesta. Entonces empezamos con evasivas para lentamente ir derivando hacia el segundo grupo de gente de la que ya he hablado. Porque mientras más excusas empleemos, más nos hacemos adictos a ellas, y al final todo son tramas para enfrentarnos a la verdad: que no queremos decir que no.
Pero debemos pararnos a pensar que eso de que no queramos herir los sentimientos de la gente está muy bien. Sin embargo hay que tener en cuenta cuál es el mal mayor, si es decir una verdad a tiempo, que duela un poco o mantener la esperanza viva para que duela más tarde pero intensamente. Es como cuando te depilan a la cera. Es doloroso y molesto al principio, pero a largo plazo sus resultados son los óptimos. Mientras que seguir con excusas es como depilarse las ingles con una pinza de depilar, quitando los pelillos uno por uno. Tardas mil años sufriendo y cuando acabas no sólo tienes que volver a empezar sino que has terminado tan escaldado que ya pasas de todo.
Así que lo ideal es poder decir que no en cuanto la cosa ya no nos interesa, no nos gusta o cuando queremos realmente pasar del tema. Y aún así la cosa no se soluciona tan fácilmente. Porque hay un grupito de gente que ha descubierto una máxima que les permite agotar al oponente: “el que la sigue la consigue”. Y ya puedes tú decirles que no, que ellos insisten e insisten hasta que uno de los dos se dé por vencido. Al final se convierten en una versión Light y más o menos poco peligrosa de los acosadores a famosos. Lo cual tiene la ventaja de que sabes que siempre tendrás a alguien dispuesto a estar contigo a pesar de todo lo malo.
Pero como el amor propio de cada uno nos impide rendirnos, antes que admitir una derrota nos dedicaremos a evadirla y al final volvemos a ser aquellos capullos que dan largas. Ya que lo más probable es que la otra persona siga con su acoso más tiempo del que nosotros podamos aguantar y terminamos o bien aceptándole o bien convirtiéndonos en el grupo maldito de los “mentirosos”. Claro que aquí está menos mal visto, porque ¿quién les manda ser tan pesados? Aunque eso no es un justificante. Al final terminamos tan quemados que acabamos diciendo algo así como “que no joder, que me dejes so pesado de mierda. ¡Lárgate ya de una puta vez!”
No hace falta llegar a esos extremos, porque la solución es, por un lado saber pararle los pies a la otra persona ya que cuando algo no gusta lo importante es la sinceridad, y por otra parte hay que respetar los sentimientos de los demás y no intentar forzarles a hacer algo que no quieren. Es decir, lo importante es comunicar y ser sincero, ya que si la verdad duele, también es liberadora.
Así que no sólo es difícil decir que no sino que hay que ser consecuentes ya que es una palabra que si a veces tiene efectos prolongados en el tiempo, es decir que con decirla una vez basta, no suele ser el caso y hay que repetirla unas cuantas veces más antes de legar a conseguir que sus efectos sean permanentes. Algo así como la depilaron por láser, hay que hacérsela varias veces antes de quedarnos totalmente sin pelos.
No