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Khayman en la Ciudad
Comentarios sobre la vida
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Se trata de una columna en la que me gusta publicar mis impresiones acerca de la vida, el sexo, en fin, muchas cosas, ..."Disfrutenla"
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¿Cuanto Cuesta?
Tenemos la costumbre de medir todo lo que poseemos en función de lo que cuesta o de la marca que es. De hecho lo segundo es menos frecuente que lo primero, porque la marca leva incluida un precio de salida. Nunca vas a decir que unas zapatillas Converse te han costado 10 euros, aunque fuese el caso, porque incluso cuando son una ganga la marca de la que son ya conlleva en si misma un cierto desembolse económico, y si no es el caso no se dice. Por lo tanto siempre medimos los objetos que nos rodean en función de lo que cuestan o bien de la marca de la que son.
Pero, si ya no hablamos de los objetos sino de todo lo que nos rodea ¿podemos hablar de marca para los animales de compañía? ¿Si hacemos eso, por qué no de paso hacerlo de las personas? ¿Dónde quedan las cualidades de las cosas, animales y personas? ¿Por qué somos tan superficiales, incluso tratándose de “seres de la familia”?
Tal vez resulte curioso esta calificación, pero muchas veces consideramos a los animales de compañía como si fuesen otros miembros de nuestras familias. Les hablamos, les damos de comer, los cuidamos y los mimamos, como si fuesen personas. Muchas veces incluso hacemos cosas con los animales que no haríamos con las personas que nos rodena. No penséis mal. Me refiero que a veces les tratamos mejor que a las personas. Hay personas capaces de gastarse un dineral en un perro, de darle de comer comida carísima, cuando ven a gente a su alrededor que lo esta pasando mal (ya no sea solo por dinero) y no son capaces de hacerles caso. Hay personas crueles que sin embargo son unas personas cariñosísimas cuando tratan con animales, así como lo contrario también existe. Está claro que a veces tenemos más afinidades con algunos animales, o nos sentimos mejor en su compañía y nos aportan mayores beneficios que los propios miembros de nuestra raza. Si no fuese el caso no habría todas esas terapias para niños autistas o con problemas que sufren mejoras al estar en contacto con animales como delfines o burros. Todas esas terapias se basan en que muchas veces nos sentimos más cómodos con ellos que con los seres humanos.
Pero para no seguir en un tema demasiado complicado para mis conocimientos, me gustaría volver a lo que iba a tratar. Es decir las marcas. Porque por muco que lo evitemos siempre las utilizamos y en algunos casos resulta ridículo.
Cuando tienes un perro, por poner un ejemplo, pero con los demás animales de compañía es lo mismo, siempre hay una pregunta que te hace la gente cuando lo sacas a pasear, aparte de la de “¿muerde?” y es la típica “¿de qué raza es?”
Por lo visto tu animal de compañía solo se puede medir en las cabezas de la gente si consiguen establecer una jerarquía marquista en ella. Si les dices que es un dobermán o un bóxer ya pensaran que es un perro violento, aunque sea un sol. Y si les dices que es un yorkshire entonces pensaran que eres una persona con pasta. Pero no es importante el perro en sí, sino lo que representa.
En esos casos, se supone que las personas compran o adquieren el animal para que les dé un estatus especial. Un perro grande dará un aura de poder sobre los demás. Los perros pequeños suelen dar valores económicos a la persona. Conforme son más pequeños más caros y por lo tanto más dinero tiene su amo. Así pues perros como los labradores son más bien familiares, los pastores alemanes son como el comodín de los perros, ya que sirven para todo, y los caniches son para gente pija que quiere lucir a su perro con unos cortes de pelo ridículos.
Pero digamos, que excepto en pocos casos, la función del perro no se tiene en cuenta. Obviamente si tengo una mansión y quiero unos guardianes para ella, no me compraría unos chihuahuas para que la vigilasen y patrullasen por sus jardines, aunque igual podría resultar sorprendente el resultado. Si fuese el caso me compraría unos perros grandes y con pinta de lobos, aunque luego no lo fuesen en absoluto. Por lo demás no debería de importarnos la raza del perro o si es fino o no.
En mi caso tengo un perro que es un cruce entre quien sabe que animales, pero para lo que lo quiero me basta, porque sus cualidades no suelen ser comprables. Es un animal cariñoso, muy inteligente, que sabe comportarse, no ladra más de lo debido, sabe quedarse en casas ajenas sin montar follones, por lo que para personas que viajan mucho es una pasada, y encima suele caerle bien a todo el mundo. Y cuando me preguntan de qué raza es, yo me pregunto si realmente eso importa, si al ser de tal o cual raza entonces sería más cariñoso conmigo, o más fiel, o bien si cuando me voy de viaje y lo dejo con mi abuela, se portaría mejor, o al contrario.
Por ella he pagado 20 euros, porque sus dueños ya le habían puesto las vacunas cuando era un cachorro, sino me habría salido gratis. Luego veo personas que son capaces de gastarse un sueldo entero por un perro, porque resulta que es súper fino, o del tamaño de una rata, que parece mas bien un mocho que un perro, y que tiene más mala leche que un gremlin con hambre. De esos perrillos que no paran de ladrar y que si no les haces caso te muerden con saña y que por el contrario si se lo haces entonces te muerden por pesado. Pues bien, todos conocemos alguno de esos bichos tan insoportables y que han costado tan caro a sus dueños. Y sin embargo nos parece normal que alguien se gaste 500 euros en un perro, cuando hay un montón de animales en la protectora que desean ser adoptados y sin embargo no lo son porque no tienen pedigrí. Y lo peor de todo es que esas personas que gastan sumas escandalosas en un animal que a las dos semanas pilla un resfriado y la palma, mientras que tu perro callejero y sin marca duerme al aire libre en pleno mes de enero y no se enferma nunca.
Con los gatos pasa lo mismo. Algunas personas son capaces de comprarse un bicho que parece una rata pelada y decir que es un gato finísimo de esos que no tienen pelo, pero yo sigo pensando que eso no es un gato sino que tiene más en común con una serpiente que con un felino. Pero claro, como es fino pues es bonito aunque parezca que le va a dar un yuyu del frío que debe de estar pasando el animal. O esas bolas de pelo que no tienen ni derecho ni revés, que tienes que ver hacia donde caminan para saber donde está su cabeza y que muchas veces mueren atragantados por su propio pelo, porque el oxigeno no llega a atravesar semejante abrigo de piel. Luego ya no importa si ese “gato” es de esos que solo quieren sacarle los ojos a todo lo que pillan o bien si por el contrario son animales cariñosos, si son un simple adorno en la casa, como quien tiene un cuadro de Picasso o si realmente es un animal vivo que puede interactuar con los seres vivientes de la casa. Porque de lo contrario es más económico comprarse una cabeza de alce de esas que hay y que adorne la habitación.
Pero hay personas que no buscan las cualidades reales de los animales sino las que les aportan su marca. Luego esas personas son a veces capaces de llegar a extremos ridículos con tal de salirse con la suya. Les compran complementos totalmente risibles, los peinan a la última e incluso les ponen perfume. Es un perro, los perros huelen a perro, como nosotros debemos de oler a humanos, y encima con el olfato que tienen debe de ser malísimo, pero como eso no es lo que le importa al dueño como si el perro no sabe distinguir el olor de ajo del de Chanel.
Muchas veces pienso que esas personas, que tanta importancia le dan a los animales de raza fina, son capaces de hacer lo mismo con los seres humanos. Es posible que incluso lleguen a fardar de que sus hijos son rubios con pinta alemana, por así decirlo, ya que eso de ser moreno no se lleva, o al menos no hasta que llegaron los de Pasión de Gavilanes, hasta entonces el look latino no era más que símbolo de ser vividor o ladrón. Pero volviendo a esas personas, muchas veces parece como si para ellos fuese más importante que sus hijos puedan salir en un concurso de belleza, como hacen los americanos con sus hijas rubias de 12 años a las que visten como si fuesen el adorno de una tarta de bodas. Ya no importa si su hijos les quiere y está bien, sino que lo que importa es que los vecinos digan “que bien les ha salido ese niño, es de concurso, ojalá el mío fuese así y pudiese presentarlo en los concursos de belleza”. Se que eso no pasa casi nunca, pero a veces la gente se comporta con los animales como si no fuesen más que meros objetos de decoración. Está claro que no son como hijos, aunque a veces si que lo parezcan, pero de ahí a que a veces resulte ridículo.
La gente muchas veces busca las cualidades de lo que compra en la marca, porque se supone que una cierta marca nos las va a aportar. Obviamente no siempre es así, pero casi todos pensamos que comprarse un Mercedes es símbolo de poder económico y que si por el contrario tu coche es un Volvo, entonces no solo tienes dinero, sino que también votas por la seguridad. Puedes conocer a la persona por el coche que lleva o por lo menos saber lo que intenta aparentar ser. No es lo mismo llevar un bolso de Prada que uno del mercado, aunque tal vez con lo que te compras el primero puedes reemplazar todos aquellos del mercado que salgan defectuosos.
A veces las cualidades del producto no te las ofrece la marca en exclusividad. Si lo que quieres es un medio para que tus pies no pasen frío y puedas caminar largas distancias, no necesitas que tus zapatillas cuesten cinco veces más por ser de marca. Como dice la canción esas zapatillas están hechas para caminar, así que lo demás es superfluo.
Y con algunas cosas más aun. Porque no puedes medir el valor de ciertas cosas en función de la marca o del coste que tengan. No puedes medir la amistad de tus amigos porque sean de raza pura, ni a tu familia porque provenga de familias ancestrales de alta alcurnia. Hay cosas que el dinero no puede medir, que las marcas no pueden encasillar y cuyas cualidades vienen intrínsecas en la persona o el animal y que no son determinadas por su denominación de origen.
No