El Remake
Estos días de habla mucho de esta forma de hacer películas, debido al éxito que esta teniendo la película King Kong, que es el remake de aquella con el mismo nombre, de hecho ya es la tercera versión. Lo cual me ha hecho pensar en lo que ello representa en nuestras vidas, y si no somos al fin y al cabo animales de costumbres. Porque si nos ponemos a verlo con detenimiento, la mayoría de las cosas que hacemos son continuos deja vus. Y en el ámbito de las relaciones es aun peor que eso, porque ya no es que seamos masoquistas, sino que parece que busquemos siempre aquellas personas que sabemos que nos van a hacer daño porque no somos compatibles.
En un mundo en el que la mayoría de cosas ya han sido descubiertas, en el que ya no quedan bosques desconocidos o islas misteriosas, ¿hemos de recurrir a los remakes para revisitar las cosas? ¿Somos realmente capaces de tropezar varias veces en la misma piedra? Es momento de pensar en todo aquello que nos gustaría modificar para el futuro. ¿Tenemos que reinventarnos a nosotros mismos? ¿Dónde queda la originalidad?
Tal vez lo primero que haya que definir es mi visión de lo que es un remake en una relación. Porque muchas personas puede que no sean concientes de la relación que existe entre este tipo de películas y la vida real.
Para empezar, hay que decir que en el mundo del arte, eso de copiar las cosas es algo muy recurrente. No me refiero al plagio, que viene a ser lo mismo sino que en este último no se reconoce la intención, en cambio en la copia sí. En la pintura muchos artistas suelen reproducir, es decir, hacer de nuevo y bajo sus pinceladas y su visión, obras que ya han realizado otros autores anteriormente. En la música es algo muy conocido y tiene como nombre “cover” que viene a ser cuando un cantante o compositor hace suya una obra de otro, algunas veces añadiéndole un toque personal. Entre las canciones que más veces han sido copiadas esta el mítico I Will Survive, que lo han cantado todas las cantantes de renombre, y muchos hombres del mundo de la canción. Los derechos de autor siguen perteneciendo al que haya escrito el primero la obra, pero sin embargo algunas veces la persona que la toma se permite agregarle efectos personales que le dan un gran valor.
En el cine es también muy común recurrir a copiar películas, para hacerlas más actuales, como pasó con la versión de Romeo y Julieta en la que salía el Di Capprio. Aunque el texto era el mismo, la ambientación era muchísimo más moderna, con lo cual se conseguía llegar a un público diferente. Algunas veces suele ser un bombazo de taquilla, como pasa con esta versión actual del rey de los monos gigantes. Otras veces es todo lo contrario, porque las comparaciones pueden llegar a destrozar la obra por completo.
Pues bien en la vida real podemos aplicar esto que hemos visto antes. Por lo general en nuestro día a día, todo lo desconocido nos asusta, de ahí que siempre busquemos aquello que conocemos o que controlamos. Y en las relaciones es exactamente lo mismo. Siempre buscaremos a alguien que nos sugiera a una persona ya conocida.
Yo mismo no estoy exento de ello, ya que últimamente me he dado cuenta de que las 3 últimas personas con las que he estado son, físicamente incluso, parecidas. Lo cual crea en mí un patrón de comportamiento bastante preocupante. Porque si bien de apariencia no son muy diferentes, o al menos desde mi punto de vista tienen muchos parecidos, en carácter viene a ser casi lo mismo. No se puede decir que esas 3 personas sean iguales, simplemente que el fallo ha sido las tres veces el mismo. Entonces es cuando me pregunto si es que soy masoca o si es que no he aprendido la lección.
Bueno, me he dado cuenta de que hay una respuesta bastante convincente para ello. En general soy conciente de que hay puntos comunes entres esas personas, y cuando empiezo la relación con ellos es a sabiendas de eso. Lo que pasa es que mi personalidad me indica que si una vez ha fallado no tiene por qué ser siempre así y que igual, a lo mejor, esta vez es la vencida. Pero no es así. Porque si bien se me ha olvidado la parte fundamental del remake. El final ha de ser coherente con la historia y por lo tanto siempre es el mismo. No hay una sola versión de Drácula en el que el vampiro se libre, o al menos en ninguna de las famosas. En Romeo y Julieta todos conocemos el final, aunque esté representado por otros actores. La letra de las canciones es siempre la misma, aunque la melodía pueda variar. En Fever, siempre eres tú el que me produce fiebre, y el que hace que se me iluminen los ojos cuando dices mi nombre. Eso es invariable.
Por lo tanto siempre acabamos cometiendo el mismo error, o al menos acabamos sintiéndonos igual, porque la historia no va a cambiar. Es cierto que cambiamos a los actores, que el decorado es diferente, que la ambientación es distinta e incluso que la música puede ser de una producción totalmente diferente, pero lo cierto es que la historia de fondo será la misma. El nudo y el desenlace van a ser idénticos, aunque tal vez haya alguna diferencia con la versión original, pero lo que es el tronco del tema no puede cambiar. Por muchas versiones que se haga del cumpleaños feliz, siempre dirá lo mismo, aunque lo digan tus padres o el tío del metro. De ahí que siempre tengamos la impresión de que la historia se repite. En realidad es algo parecido, pero se repite mientras que no cambiemos el chip.
Para las personas que tienen un tipo muy cerrado de gustos, esto es algo muy frecuente. Si siempre te has sentido atraído/a por la misma clase de gente, ya sea físicamente o emocionalmente, al final vas a caer en el bucle infinito del remake. Conozco personas a las que solo le gustan las personas mayores o menores que ellos, las chicas rubias, o morenas, los cachas, o los aniñados, la chicas con curvas o con el pelo largo, los y las latinas, etc. Tienen una imagen mental de la persona que les pone y con la que querrían tener algo e intentan proyectarla en los demás.
Y el problema es cuando no es el físico lo que buscan, porque hay personas que pueden ser idénticas físicamente, pero no de personalidad. Pero cuando es lo del interior lo que te interesa entonces es más difícil ver las señales de peligro. Una vez un amigo intentó buscarle el punto que tenían en común mis exs, porque físicamente no se parecen. Le dije que eso no es algo externo, que en el interior si que lo hacen. Ahí debería haberme dado cuenta de cual era el fallo y que si seguía buscando lo mismo iba a verme condenado a caer siempre en el mismo tipo de situación.
Relacionarnos con personas que actúan de una forma determinada, nos va a llevar a que siempre acabemos de la misma forma. Si siempre nos enrollamos con personas celosas, no podemos pretender que ellos o ellas cambien por nosotros, al contrario, no lo van a hacer sino que intentaran que nos adecuemos a su visión de la vida.
Yo siempre he dicho que hay que aceptar a la gente con sus defectos y sus virtudes, pero debemos pensar también en nosotros mismos, porque podemos acabar muy mal si nos dejamos llevar por los demás. Aceptar a una persona es una cosa, pero ser permisivo con ella es otra. Con la gente celosa es lo que pasa, pero así también con los fumadores o con la gente que le da las drogas duras, con los adictos al sexo o los que ponen los cuernos. Muchas veces culpamos a los otros de esas actitudes, pero de lo que no somos concientes es de que somos nosotros mismos los que permitimos que eso ocurra, porque buscamos a esas personas. Nos da miedo buscar algo diferente por lo que preferimos malo conocido que bueno por conocer.
Lo difícil es darse cuenta de cual es nuestro patrón de comportamiento, para poder modificarlo. Yo aun no lo tengo del todo definido, por lo que no pretendo daros el ejemplo, pero sí poneros en la vía correcta. Si todos nos quejamos de que no se inventa nada nuevo, de que todas las películas se parecen, de que las canciones son todo covers y samples, debemos encontrar la manera de reinventarnos a nosotros mismos y de crear algo nuevo con ello.
No podemos cambiarnos a nosotros por gustarles a los demás, más que nada porque somos lo que somos, y nos deben de querer por eso, pero lo que si podemos cambiar es nuestra visión de los otros y aquellas actitudes que nos hacen cometer errores y por lo tanto nos hacen infelices. Debemos buscar en nosotros mismos el cambio, pero repito que no es para agradarle a la gente, es para gustarnos más a nosotros mismos.
Este fin de año, pensad en todo aquello que habéis leído y visto que os pueda ayudar a ser mejores personas y, sobretodo, a ser más felices. Feliz año nuevo.
En un mundo en el que la mayoría de cosas ya han sido descubiertas, en el que ya no quedan bosques desconocidos o islas misteriosas, ¿hemos de recurrir a los remakes para revisitar las cosas? ¿Somos realmente capaces de tropezar varias veces en la misma piedra? Es momento de pensar en todo aquello que nos gustaría modificar para el futuro. ¿Tenemos que reinventarnos a nosotros mismos? ¿Dónde queda la originalidad?
Tal vez lo primero que haya que definir es mi visión de lo que es un remake en una relación. Porque muchas personas puede que no sean concientes de la relación que existe entre este tipo de películas y la vida real.
Para empezar, hay que decir que en el mundo del arte, eso de copiar las cosas es algo muy recurrente. No me refiero al plagio, que viene a ser lo mismo sino que en este último no se reconoce la intención, en cambio en la copia sí. En la pintura muchos artistas suelen reproducir, es decir, hacer de nuevo y bajo sus pinceladas y su visión, obras que ya han realizado otros autores anteriormente. En la música es algo muy conocido y tiene como nombre “cover” que viene a ser cuando un cantante o compositor hace suya una obra de otro, algunas veces añadiéndole un toque personal. Entre las canciones que más veces han sido copiadas esta el mítico I Will Survive, que lo han cantado todas las cantantes de renombre, y muchos hombres del mundo de la canción. Los derechos de autor siguen perteneciendo al que haya escrito el primero la obra, pero sin embargo algunas veces la persona que la toma se permite agregarle efectos personales que le dan un gran valor.
En el cine es también muy común recurrir a copiar películas, para hacerlas más actuales, como pasó con la versión de Romeo y Julieta en la que salía el Di Capprio. Aunque el texto era el mismo, la ambientación era muchísimo más moderna, con lo cual se conseguía llegar a un público diferente. Algunas veces suele ser un bombazo de taquilla, como pasa con esta versión actual del rey de los monos gigantes. Otras veces es todo lo contrario, porque las comparaciones pueden llegar a destrozar la obra por completo.
Pues bien en la vida real podemos aplicar esto que hemos visto antes. Por lo general en nuestro día a día, todo lo desconocido nos asusta, de ahí que siempre busquemos aquello que conocemos o que controlamos. Y en las relaciones es exactamente lo mismo. Siempre buscaremos a alguien que nos sugiera a una persona ya conocida.
Yo mismo no estoy exento de ello, ya que últimamente me he dado cuenta de que las 3 últimas personas con las que he estado son, físicamente incluso, parecidas. Lo cual crea en mí un patrón de comportamiento bastante preocupante. Porque si bien de apariencia no son muy diferentes, o al menos desde mi punto de vista tienen muchos parecidos, en carácter viene a ser casi lo mismo. No se puede decir que esas 3 personas sean iguales, simplemente que el fallo ha sido las tres veces el mismo. Entonces es cuando me pregunto si es que soy masoca o si es que no he aprendido la lección.
Bueno, me he dado cuenta de que hay una respuesta bastante convincente para ello. En general soy conciente de que hay puntos comunes entres esas personas, y cuando empiezo la relación con ellos es a sabiendas de eso. Lo que pasa es que mi personalidad me indica que si una vez ha fallado no tiene por qué ser siempre así y que igual, a lo mejor, esta vez es la vencida. Pero no es así. Porque si bien se me ha olvidado la parte fundamental del remake. El final ha de ser coherente con la historia y por lo tanto siempre es el mismo. No hay una sola versión de Drácula en el que el vampiro se libre, o al menos en ninguna de las famosas. En Romeo y Julieta todos conocemos el final, aunque esté representado por otros actores. La letra de las canciones es siempre la misma, aunque la melodía pueda variar. En Fever, siempre eres tú el que me produce fiebre, y el que hace que se me iluminen los ojos cuando dices mi nombre. Eso es invariable.
Por lo tanto siempre acabamos cometiendo el mismo error, o al menos acabamos sintiéndonos igual, porque la historia no va a cambiar. Es cierto que cambiamos a los actores, que el decorado es diferente, que la ambientación es distinta e incluso que la música puede ser de una producción totalmente diferente, pero lo cierto es que la historia de fondo será la misma. El nudo y el desenlace van a ser idénticos, aunque tal vez haya alguna diferencia con la versión original, pero lo que es el tronco del tema no puede cambiar. Por muchas versiones que se haga del cumpleaños feliz, siempre dirá lo mismo, aunque lo digan tus padres o el tío del metro. De ahí que siempre tengamos la impresión de que la historia se repite. En realidad es algo parecido, pero se repite mientras que no cambiemos el chip.
Para las personas que tienen un tipo muy cerrado de gustos, esto es algo muy frecuente. Si siempre te has sentido atraído/a por la misma clase de gente, ya sea físicamente o emocionalmente, al final vas a caer en el bucle infinito del remake. Conozco personas a las que solo le gustan las personas mayores o menores que ellos, las chicas rubias, o morenas, los cachas, o los aniñados, la chicas con curvas o con el pelo largo, los y las latinas, etc. Tienen una imagen mental de la persona que les pone y con la que querrían tener algo e intentan proyectarla en los demás.
Y el problema es cuando no es el físico lo que buscan, porque hay personas que pueden ser idénticas físicamente, pero no de personalidad. Pero cuando es lo del interior lo que te interesa entonces es más difícil ver las señales de peligro. Una vez un amigo intentó buscarle el punto que tenían en común mis exs, porque físicamente no se parecen. Le dije que eso no es algo externo, que en el interior si que lo hacen. Ahí debería haberme dado cuenta de cual era el fallo y que si seguía buscando lo mismo iba a verme condenado a caer siempre en el mismo tipo de situación.
Relacionarnos con personas que actúan de una forma determinada, nos va a llevar a que siempre acabemos de la misma forma. Si siempre nos enrollamos con personas celosas, no podemos pretender que ellos o ellas cambien por nosotros, al contrario, no lo van a hacer sino que intentaran que nos adecuemos a su visión de la vida.
Yo siempre he dicho que hay que aceptar a la gente con sus defectos y sus virtudes, pero debemos pensar también en nosotros mismos, porque podemos acabar muy mal si nos dejamos llevar por los demás. Aceptar a una persona es una cosa, pero ser permisivo con ella es otra. Con la gente celosa es lo que pasa, pero así también con los fumadores o con la gente que le da las drogas duras, con los adictos al sexo o los que ponen los cuernos. Muchas veces culpamos a los otros de esas actitudes, pero de lo que no somos concientes es de que somos nosotros mismos los que permitimos que eso ocurra, porque buscamos a esas personas. Nos da miedo buscar algo diferente por lo que preferimos malo conocido que bueno por conocer.
Lo difícil es darse cuenta de cual es nuestro patrón de comportamiento, para poder modificarlo. Yo aun no lo tengo del todo definido, por lo que no pretendo daros el ejemplo, pero sí poneros en la vía correcta. Si todos nos quejamos de que no se inventa nada nuevo, de que todas las películas se parecen, de que las canciones son todo covers y samples, debemos encontrar la manera de reinventarnos a nosotros mismos y de crear algo nuevo con ello.
No podemos cambiarnos a nosotros por gustarles a los demás, más que nada porque somos lo que somos, y nos deben de querer por eso, pero lo que si podemos cambiar es nuestra visión de los otros y aquellas actitudes que nos hacen cometer errores y por lo tanto nos hacen infelices. Debemos buscar en nosotros mismos el cambio, pero repito que no es para agradarle a la gente, es para gustarnos más a nosotros mismos.
Este fin de año, pensad en todo aquello que habéis leído y visto que os pueda ayudar a ser mejores personas y, sobretodo, a ser más felices. Feliz año nuevo.





