LA BATALLA DE INGLATERRA
Estamos en junio de 1941; Francia se ha rendido a la Alemania del tercer Reich de Hitler y las tropas británicas que habían acudido a defender el flanco norte del frente francés, como lo hicieran en 1914, han tenido que reembarcar en Dunkerke, dejando en las playas una gran cantidad de armamento y equipo en manos de los alemanes. Gran Bretaña se quedaba sola frente a la maquinaria de guerra nazi y nadie apostaba por una victoria británica. LA OPERACIÓN "LEÓN MARINO"
Al terminar las hostilidades entre Francia y Alemania, el 25 de junio de 1940, el único enemigo activo que le quedaba al III Reich era Gran Bretaña. Hitler, convencido hasta entonces de que Inglaterra no iría a la guerra o se quedaría en gestos simbólicos, estaba ahora convencido de que había que hacer algo con los recalcitrantes británicos. No se habían estudiado planes en serio para una invasión, y ahora, desde el 5 de junio, el ejército y la escuadra estaban en desacuerdo sobre los planes de la misma, designada bajo el nombre clave de operación León Marino. La Wehrmacht quería una acometida en grande a través de La Mancha y sobre un gran frente, y la Kriegsmarine era renuente incluso a emprender siquiera un ataque menor por el estrecho de Calais, en vista de sus terribles pérdidas en la campaña de Noruega.
Tras la derrota de Francia y la persistente negativa de los Estados unidos a involucrarse en una guerra en Europa, Winston Churchill, primer ministro de Gran Bretaña, se vio en la tesitura de rendirse o enfrentarse solo a los alemanes en la mismísima Inglaterra, cosa que no había sucedido desde que los rebeldes escoceses de William Wallace habían hecho varias correrías por las ciudades del norte del país.
En un discurso ante las dos cámaras del Parlamento, Churchill afirmó: "combatiremos en las playas y combatiremos en las calles", prometiendo "sangre, sudor y lágrimas" al pueblo británico. Su postura estaba clara: resistirían hasta el final y sólo se rendirían, como dijo el embajador británico en Suiza a su homólogo alemán, "cuando los tanques alemanes llegasen ante las puertas del Parlamento, y ni aún así". Los meses de julio y agosto transcurrieron en relativa calma sobre el Canal de la Mancha, limitándose la acción a algunos vuelos de reconocimiento y a ataques contra convoyes de suministro británicos por parte de la Lüftwaffe alemana, que estaba "instalándose" en el norte de Francia, en más de doscientos aeródromos entre Rotterdam y la ciudad francesa de Le Havre.
Este fenomenal despliegue era el primer paso de la operación "León Marino", el desembarco de tropas de la Wehrmatch en la costa sur de Inglaterra, para el que los alemanes estaban acumulando un gigantesco contingente de hombres, carros de combate y equipo en los puertos de la zona del Paso de Calais.
Por fin, el plan el plan ideado por los estrategas alemanes tenía como primer objetivo eliminar a la RAF (las Reales Fuerzas Aéreas británicas, Royal Air Force) de los cielos del Canal de la Mancha, lo que dejaría las manos libres a la Lüftwaffe para proteger a las fuerzas de asalto contra la poderosísima Royal Navy, contra la que la Marina de Guerra alemana poco podía hacer en una batalla frente a frente en el mar, cerca de la costa británica. 6
Para lograr este objetivo, el mariscal de campo Kesselring, comandante de la Lüftwaffe en el Norte de Francia contaba con más de 1200 aparatos, contra los menos de 650 con los que contaba la RAF en su totalidad.

PRIMEROS COMBATES
El primer intento alemán fue atraer a los aviones británicos a los cielos del Canal, atacando los convoyes de suministro, pero pronto los ingleses hicieron navegar de noche a sus barcos y hacer que los aviones alemanes tuvieran que internarse sobre territorio enemigo.
El siguiente paso de la Lüftwaffe consistía en cegar a los pilotos enemigos, atacando las estaciones de RADAR, la nueva "arma" con la que contaban los británicos no sólo para detectar la aproximación del enemigo, sino también para guiar a los pilotos de los cazas británicos hacia las formaciones de bombarderos alemanes.
Los primeros enfrentamientos en serio no tardaron en llegar sobre las estaciones de RADAR de la zona de Dover, en el estrecho de Calais, entre el 29 de agosto y el 3 de septiembre, lugar escogido por el Alto Mando alemán para las futuras operaciones de desembarco. Estos primeros duelos aéreos acabaron en un empate teórico, con algunas estaciones de RADAR fuera de combate y unos pocos aparatos de ambos bandos derribados. Pero el Mariscal del Aire Dowding, Comandante en Jefe de la RAF, tenía claro que el empate no bastaba, ya que la producción de aparatos de reposición era lenta, tenía pocos aparatos "Supermarine Spitfire", los únicos capaces de enfrentarse de tú a tú a los "Messerschmit BF 109" alemanes y contaba con un número limitadísimo de pilotos en servicio, aunque de inmediato se hizo un llamamiento a los países de la Commonwealth y se empezó a instruir a aviadores franceses, holandeses, belgas, checos y polacos que se habían refugiado en Gran Bretaña tras las conquistas de Hitler.
EN LAS GARRAS DEL ÁGUILA
Por su parte, Kesselring cambió los objetivos de sus bombarderos a los campos de aviación de la RAF, ya que los daños a las estaciones de RADAR eran fácilmente reparables y estaba perdiendo cazabombarderos de ataque en picado, muy eficaces en misiones de apoyo a las fuerzas de tierra, pero demasiado lentos y prácticamente indefensos contra los interceptores Spitfire y Hurricane de la RAF.
La estrategia de Kesselring empezaba a dar buenos resultados y los campos de aviación del sudeste de Gran Bretaña eran devastados uno detrás de otro, destruyendo y averiando una buen cantidad de aparatos, tanto en tierra como en el aire. Pero los británicos también derribaban aparatos alemanes y Kesselring no podía creer que, pese a los informes y fotografías aéreas que demostraban que los aeródromos ingleses estaban destruidos, todos los días había aviones enemigos enfrentándose a sus escuadrillas de bombarderos y a los BF 109 de la escolta en pequeños grupos de seis a nueve aparatos; pocos, sí, pero siempre presentes.
Además, una buena parte de los pilotos británicos derribados sobrevivía, lanzándose en paracaídas y eran reintegrados a sus escuadrillas, mientras que los pilotos y tripulantes alemanes supervivientes caían en territorio enemigo, sin posibilidad de encontrar refugio ni modo de llegar a territorio amigo, por lo que se perdían para siempre, en campos de prisioneros en Escocia y Canadá.
Pero la superioridad alemana empezaba a dejarse sentir día tras día y el 17 de septiembre, el vicemariscal Parks, comandante del Sector 11, el más castigado por la Lüftwaffe y el más cercano al Canal de la Mancha, , declaró ante su superior que no podría resistir 48 horas más de ataques repetidos contra los campos de aviación y las fábricas de cazas. La RAF estaba a punto de sucumbir, y con ella, toda Inglaterra. LA GUERRA TOTAL
Pero la noche del 17 al 18 de septiembre de 1940, un suceso iba a cambiar el curso de la batalla. Una oleada de bombarderos alemanes que debía atacar una de las fábricas de Aviones en las cercanías de Londres pasó de largo sobre su objetivo y descargó sus bombas sobre la City londinense, pese a la expresa prohibición de Kesselring de atacar las ciudades británicas indiscriminadamente. A este gesto, los británicos respondieron con un "Raid" sobre Berlín a la noche siguiente, un ataque llevado a cabo por los Bombarderos Lancaster de largo alcance de la RAF. Esta "afrenta" al corazón de la Gran Alemania enfureció a Hitler, que ordenó al Reichsmarshall Herman Goering, comandante en jefe de la Lüftwaffe arrasar las ciudades inglesas. "Los Ingleses podrán tirar cincuenta bombas una noche sobre nosotros, pero La Alemania Nacional Socialista podrá arrojar sobre ellos 50, 100, 500 y hasta cinco mil bombas en una hora", prometió un exaltado Adolf Hitler al pueblo alemán.
Kesselring no podía creerlo. Sabía que estaba a punto de doblegar la resistencia de la RAF, cuando le llegaron órdenes expresas desde Berlín para que dejase los campos de aviación y concentrase sus fuerzas en Londres y otras ciudades del Sur de Inglaterra. Las pérdidas en vidas humanas fueron enormes en los primeros bombardeos y ciudades enteras se convirtieron en ruinas humeantes. Londres era atacada tanto de día como de noche, pero, pese a las pérdidas, era lo que la RAF necesitaba para reagrupar sus efectivos y reconstruir sus maltrechos campos. El vicemariscal del Aire Parks tuvo en ese momento el acierto de no utilizar algunos de los campos de aviación más atacados por los alemanes, sustituyéndolos por aeródromos civiles y pistas improvisadas en la campiña inglesa, en lugares donde los alemanes no pudieran imaginar que se ocultaban las escuadrillas inglesas.
Por otra parte, se cambió la táctica: los aviadores británicos empezaron a actuar por pareja, táctica mucho más eficaz que el anterior sistema de escuadrillas de seis y ya no atacaban en número reducido, sino que se agrupaban de cincuenta a sesenta aparatos y atacaban desde varios puntos a la vez a las grandes formaciones de Bombarderos "Heinkel HE-111" y "Dornier DO-17" , dificultando la actuación de la escolta de cazas alemanes, que hasta entonces actuaban en una "escolta abierta", por delante de las formaciones de bombarderos, que debían multiplicarse para hacer frente a los aparatos británicos, con la dificultad añadida de que con los ataques a Londres, apenas les llegaba el combustible para estar diez minutos sobre el objetivo, antes de tener que retirarse a sus bases del norte de Francia.
El número de aviones derribados empezó a crecer alarmantemente y las nuevas promociones de pilotos británicos y aliados empezaban a llegar a las escuadrillas operativas. La situación no mejoró mucho "atando" a los cazas de la escolta a los bombarderos y a mediados de octubre, con previsiones ya de mal tiempo sobre el canal de la Mancha, el alto mando de la Wehrmatch aplazó indefinidamente, aunque en la práctica, ya no se volvería a intentar.Los bombardeos sobre Londres y otras ciudades de Gran Bretaña continuaron, aunque de noche para evitar los encuentros directos con la RAF y se dejó a los submarinos de la Kriegsmarine la tarea de asfixiar la economía británica, mientras las bombas trataban de desmoralizar a sus ciudadanos. Sir Winston Churchill, una vez que la amenaza de invasión alemana estaba ya lejana, declaró que "en la historia de los conflictos humanos, nunca tantos debieron tanto a tan pocos", en agradecimiento a los pilotos de la RAF, que sin duda habían salvado a Gran Bretaña de la conquista alemana.