PROLOGO
En la soledad del espacio, en la constelación del Aguila brilla una estrella azul: Altair.
Se trata de una estrella bastante joven y mucho más brillante que Sol, fenómeno debido al rápido consumo de su combustible principal, el hidrógeno.
Altair presenta una rotación de gran velocidad, solo observada en las estrellas de neutrones, por lo cual se encuentra fuertemente distorsionada en su zona ecuatorial y probablemente, con pérdida de masa en el espacio.
Este fenómeno hace de Altair una estrella única, hermosa y refulgente, pero profundamente anómala.
El acelerado consumo de hidrógeno hace presumir que Altair no vivirá mucho tiempo más.
Se trata de una estrella bastante joven y mucho más brillante que Sol, fenómeno debido al rápido consumo de su combustible principal, el hidrógeno.
Altair presenta una rotación de gran velocidad, solo observada en las estrellas de neutrones, por lo cual se encuentra fuertemente distorsionada en su zona ecuatorial y probablemente, con pérdida de masa en el espacio.
Este fenómeno hace de Altair una estrella única, hermosa y refulgente, pero profundamente anómala.
El acelerado consumo de hidrógeno hace presumir que Altair no vivirá mucho tiempo más.
2 - EL RITUAL INICIÁTICO
Qué engañosos pueden resultar los recuerdos!
Especialmente esos que creemos particularmente importantes o vívidos.
Podemos pensar que recordamos con facilidad los rostros, las palabras e incluso los sentimientos que experimentamos en esos momentos ya perdidos.
Y sin embargo, cuando queremos reconstruir esas experiencias fundamentales, cuando deseamos ver ese rostro amado que ya no está, todo empieza a volverse borroso e impreciso
Por lo tanto, la historia que sigue, tal vez no sea totalmente fiel a los hechos, hace una eternidad de dos años y no se parezca tampoco a una novela, ya que está hecha de realidades, pero también deformada por las pasiones y el tiempo.
Subí sola al micro Buenos Aires - Mar del Plata una tarde de fin del verano.
Tenía quince años y regresaba a mi ciudad luego de unas vacaciones en casa de mi abuela.
Hasta ese momento, mi vida giraba en torno a mi mamá, mi hermanito, los estudios y los problemas que me traía mi condición de epiléptica crónica.
Ningún chico me atraía, aunque hacía rato que las hormonas me quitaban el sueño.
Mis sueños húmedos: siempre eran con chicos carilindos y delicados, casi como si fueran chicas...
En la vida real, nunca llegaba a nada con los chicos que se me acercaban, me parecían como incompletos y un poco tontos.
Mi asiento era en el piso superior al fondo.
Me acomodé, puse mi bolsito en el portaequipaje y cuando me disponía a estirar las piernas en el asiento de al lado, se sentó en el mismo una mujer alta y de pelo y ojos oscuros.
Por un momento me miró y sonrió fugazmente, sonrisa que creo que retribuí mecánicamente.
Creo recordar que ella inició la conversación casi inmediatamente, de modo que cuando el micro salió a la ruta, ya hablábamos como si fuéramos viejas amigas.
Era una noche hermosa y por la ventanilla se veían las estrellas.
Malena tenía una voz profunda y ojos oscuros y brillantes y me hablaba muy bajito y cerca de mi oído, acariciándome con su aliento.
Cuando yo giraba la cara hacia ella, quedábamos muy cerquita la una de la otra.
Me empecé a sentir rara, nerviosa, como si deseara algo, pero no sabía qué.
Realmente, no sé muy bien cómo me sedujo, si fueron sus palabras o sus manos... sí recuerdo que me robó un beso en la oscuridad, mi primer beso de verdad, el que estoy segura que jamás olvidaré.
Sentí como si una tormenta empezara a formarse en mi interior, sensaciones y sentimientos que jamás había ni remotamente experimentado y que no sabía si reprimir o no: O acaso una mujer de 36 años podía producirme semejante conmoción?
Me dejé arrastrar por la pasión (cosa que luego se me haría costumbre) y la besé hasta quedarme sin aliento.
Sus manos me recorrieron, me desgarraron y yo la dejé hacer hasta que me sentí explotar... un mar de sensaciones nuevas, maravillosas, extáticas.
Siempre me gustó leer, especialmente los clásicos, pero en ese momento entendí la diferencia entre ficción y realidad.
Ahora podía comprender lo que lleva a la gente a escribir, o componer música, o suicidarse, lo que significa la intensidad de la pasión, del amor.
Para cuando llegamos a Mar del Plata cinco horas después, ya teníamos decidido mantener una relación, que forzozamente debería ser clandestina.
Me sentía desbordada por los sentimientos, sentía mariposas en la panza, me sentía poderosa, sensual y con una ansiedad que jamás había sentido antes, la ansiedad de volver a ver a Malena...
Especialmente esos que creemos particularmente importantes o vívidos.
Podemos pensar que recordamos con facilidad los rostros, las palabras e incluso los sentimientos que experimentamos en esos momentos ya perdidos.
Y sin embargo, cuando queremos reconstruir esas experiencias fundamentales, cuando deseamos ver ese rostro amado que ya no está, todo empieza a volverse borroso e impreciso
Por lo tanto, la historia que sigue, tal vez no sea totalmente fiel a los hechos, hace una eternidad de dos años y no se parezca tampoco a una novela, ya que está hecha de realidades, pero también deformada por las pasiones y el tiempo.
Subí sola al micro Buenos Aires - Mar del Plata una tarde de fin del verano.
Tenía quince años y regresaba a mi ciudad luego de unas vacaciones en casa de mi abuela.
Hasta ese momento, mi vida giraba en torno a mi mamá, mi hermanito, los estudios y los problemas que me traía mi condición de epiléptica crónica.
Ningún chico me atraía, aunque hacía rato que las hormonas me quitaban el sueño.
Mis sueños húmedos: siempre eran con chicos carilindos y delicados, casi como si fueran chicas...
En la vida real, nunca llegaba a nada con los chicos que se me acercaban, me parecían como incompletos y un poco tontos.
Mi asiento era en el piso superior al fondo.
Me acomodé, puse mi bolsito en el portaequipaje y cuando me disponía a estirar las piernas en el asiento de al lado, se sentó en el mismo una mujer alta y de pelo y ojos oscuros.
Por un momento me miró y sonrió fugazmente, sonrisa que creo que retribuí mecánicamente.
Creo recordar que ella inició la conversación casi inmediatamente, de modo que cuando el micro salió a la ruta, ya hablábamos como si fuéramos viejas amigas.
Era una noche hermosa y por la ventanilla se veían las estrellas.
Malena tenía una voz profunda y ojos oscuros y brillantes y me hablaba muy bajito y cerca de mi oído, acariciándome con su aliento.
Cuando yo giraba la cara hacia ella, quedábamos muy cerquita la una de la otra.
Me empecé a sentir rara, nerviosa, como si deseara algo, pero no sabía qué.
Realmente, no sé muy bien cómo me sedujo, si fueron sus palabras o sus manos... sí recuerdo que me robó un beso en la oscuridad, mi primer beso de verdad, el que estoy segura que jamás olvidaré.
Sentí como si una tormenta empezara a formarse en mi interior, sensaciones y sentimientos que jamás había ni remotamente experimentado y que no sabía si reprimir o no: O acaso una mujer de 36 años podía producirme semejante conmoción?
Me dejé arrastrar por la pasión (cosa que luego se me haría costumbre) y la besé hasta quedarme sin aliento.
Sus manos me recorrieron, me desgarraron y yo la dejé hacer hasta que me sentí explotar... un mar de sensaciones nuevas, maravillosas, extáticas.
Siempre me gustó leer, especialmente los clásicos, pero en ese momento entendí la diferencia entre ficción y realidad.
Ahora podía comprender lo que lleva a la gente a escribir, o componer música, o suicidarse, lo que significa la intensidad de la pasión, del amor.
Para cuando llegamos a Mar del Plata cinco horas después, ya teníamos decidido mantener una relación, que forzozamente debería ser clandestina.
Me sentía desbordada por los sentimientos, sentía mariposas en la panza, me sentía poderosa, sensual y con una ansiedad que jamás había sentido antes, la ansiedad de volver a ver a Malena...
UN POEMA
Mi corazón arde en la soledad
Como una estrella crepitando en la oscuridad
Una supernova en su minuto final,
solitaria en el cielo
Altaira, el águila celeste,
La princesa anómala.
Dijo personalidad histeriforme doctor?
Me dará esas pastillas doctor?
son suizas...
de un país serio, o no?
gente seria, los suizos...
como lo eran sus primos alemanes
Los que transformaban a la gente en cenizas.
Harán cenizas de mi corazón?
No lo siente latir doc?
Acaso no lo ve incendiar los cielos?
Es sólo el corazón de una chica...
Pero arrasaría las estrellas...
Como una estrella crepitando en la oscuridad
Una supernova en su minuto final,
solitaria en el cielo
Altaira, el águila celeste,
La princesa anómala.
Dijo personalidad histeriforme doctor?
Me dará esas pastillas doctor?
son suizas...
de un país serio, o no?
gente seria, los suizos...
como lo eran sus primos alemanes
Los que transformaban a la gente en cenizas.
Harán cenizas de mi corazón?
No lo siente latir doc?
Acaso no lo ve incendiar los cielos?
Es sólo el corazón de una chica...
Pero arrasaría las estrellas...
LA REVELACION
Cada minuto que no estaba con ella era una lenta agonía.
Contaba las horas, me distraía en la escuela, no escuchaba cuando mamá me hablaba, solo podía pensar en ella.
Todo lo que había sido mi vida hasta ese momento pareció empalidecer, quedar opacado por la emoción del próximo encuentro, por la pasión que nos envolvería, por la necesidad de que nuestras citas fuesen clandestinas, como si fuéramos dos criminales o dos terroristas.
Malena tenía veintiún años más que yo... las consecuencias podían ser terribles, especialmente para ella, si nos descubrían.
De modo que nos encontrábamos en su departamento o íbamos en su coche a lugares ocultos, hermosos...
Recuerdo un atardecer en especial, en el asiento trasero, tras los cristales oscuros empañados por nuestro aliento, por nuestra transpiración...
El coche estaba estacionado frente a los acantilados, mirando hacia un mar teñido por el crepúsculo.
La espuma parecía brotar de olas de sangre, el cielo estaba incendiado por castillos de nubes rojizas, violáceas, con bordes ambarinos...
Rojo como la pasión, ámbar como el olvido...
Adentro del coche, en otro universo, las amantes nos robabámos una a la otra el aliento, nuestras manos nos recorrían nerviosas, nos desnudaban mutuamente con impaciencia, con la torpeza de la excitación... nos prometíamos amor y pasión eternos, con frases secretas, con caricias que no pueden describirse en palabras, por momentos con la furia de dos leonas arrastradas por el delirio... de dos almas que no pueden unirse, sino a través de la carne, de la sucia carne...
En un momento me ví reflejada en el retrovisor: una desconocida de pelo rojo sangre y ojos alucinados... rojo contra el atardecer rojo...
Alto corazón! Alto!
Te ruego que no sigas más con tus recuerdos!
No me arrastres al pasado, corazón...
La miel puede ser tan agridulce, corazón...
Los recuerdos podrían perderte otra vez, corazón!
Eres fuerte corazón? podrías soportarlo de nuevo?
Si?
Porque antes de renacer, habías muerto
Recuerdas corazón?
No sigas, amor... la miel no siempre fue tan dulce, corazón...
"De modo que la princesa se enamoró totalmente... perdidamente...
Su alma y su carne pertenecerían para siempre a la hechicera.
La clave era la pasión, la pasión desgarrada, que arrebata los cuerpos y pierde a las almas.
Y el amor incondicional, que nada niega, que no niega nada y lo pide todo, absolutamente todo.
Y la realidad cruel, que desgarra el cuerpo y el alma ya que resulta inevitable cuando se permite a la carne dominar al espíritu.
No diré aquí cuáles fueron las palabras mágicas que se formularon, ni las promesas secretas que de nuestros labios brotaron.
No contaré de los pactos de sangre,
Pues son terribles y sólo se revelan en la penumbra de la pasión, en el lecho de las amantes...
En el desenfreno de las enamoradas.
Contaba las horas, me distraía en la escuela, no escuchaba cuando mamá me hablaba, solo podía pensar en ella.
Todo lo que había sido mi vida hasta ese momento pareció empalidecer, quedar opacado por la emoción del próximo encuentro, por la pasión que nos envolvería, por la necesidad de que nuestras citas fuesen clandestinas, como si fuéramos dos criminales o dos terroristas.
Malena tenía veintiún años más que yo... las consecuencias podían ser terribles, especialmente para ella, si nos descubrían.
De modo que nos encontrábamos en su departamento o íbamos en su coche a lugares ocultos, hermosos...
Recuerdo un atardecer en especial, en el asiento trasero, tras los cristales oscuros empañados por nuestro aliento, por nuestra transpiración...
El coche estaba estacionado frente a los acantilados, mirando hacia un mar teñido por el crepúsculo.
La espuma parecía brotar de olas de sangre, el cielo estaba incendiado por castillos de nubes rojizas, violáceas, con bordes ambarinos...
Rojo como la pasión, ámbar como el olvido...
Adentro del coche, en otro universo, las amantes nos robabámos una a la otra el aliento, nuestras manos nos recorrían nerviosas, nos desnudaban mutuamente con impaciencia, con la torpeza de la excitación... nos prometíamos amor y pasión eternos, con frases secretas, con caricias que no pueden describirse en palabras, por momentos con la furia de dos leonas arrastradas por el delirio... de dos almas que no pueden unirse, sino a través de la carne, de la sucia carne...
En un momento me ví reflejada en el retrovisor: una desconocida de pelo rojo sangre y ojos alucinados... rojo contra el atardecer rojo...
Alto corazón! Alto!
Te ruego que no sigas más con tus recuerdos!
No me arrastres al pasado, corazón...
La miel puede ser tan agridulce, corazón...
Los recuerdos podrían perderte otra vez, corazón!
Eres fuerte corazón? podrías soportarlo de nuevo?
Si?
Porque antes de renacer, habías muerto
Recuerdas corazón?
No sigas, amor... la miel no siempre fue tan dulce, corazón...
"De modo que la princesa se enamoró totalmente... perdidamente...
Su alma y su carne pertenecerían para siempre a la hechicera.
La clave era la pasión, la pasión desgarrada, que arrebata los cuerpos y pierde a las almas.
Y el amor incondicional, que nada niega, que no niega nada y lo pide todo, absolutamente todo.
Y la realidad cruel, que desgarra el cuerpo y el alma ya que resulta inevitable cuando se permite a la carne dominar al espíritu.
No diré aquí cuáles fueron las palabras mágicas que se formularon, ni las promesas secretas que de nuestros labios brotaron.
No contaré de los pactos de sangre,
Pues son terribles y sólo se revelan en la penumbra de la pasión, en el lecho de las amantes...
En el desenfreno de las enamoradas.
UN SUEÑO
Estoy perdida en un laberinto crepuscular y tengo que encontrar a mi amada.
Parece como iluminado por carbones, aunque no veo llamas ni brasas.
Hay gente que no parece perdida como yo, sino todo lo contrario, como si moverse en un laberinto oscuro fuese lo más normal del mundo.
Empiezo a correr y a empujar a estas personas indiferentes, a gritar su nombre, a preguntar por ella.
Nadie parece verme o escucharme, por más fuerte que grite.
De pronto, me parece verla a lo lejos, entre la gente.
Es ella! Trato de gritar, de llamarla, pero la voz no sale de mi garganta.
Quiero correr, pero no avanzo, mis piernas se doblan y caigo sobre mis manos al piso.
Ella se pierde definitivamente en un pasillo lateral, tal vez para siempre...
Me despierto bañada en lágrimas y en sudor, con el corazón martillando mi pecho como una ametralladora.
Ahora entiendo que era un sueño profético.
Parece como iluminado por carbones, aunque no veo llamas ni brasas.
Hay gente que no parece perdida como yo, sino todo lo contrario, como si moverse en un laberinto oscuro fuese lo más normal del mundo.
Empiezo a correr y a empujar a estas personas indiferentes, a gritar su nombre, a preguntar por ella.
Nadie parece verme o escucharme, por más fuerte que grite.
De pronto, me parece verla a lo lejos, entre la gente.
Es ella! Trato de gritar, de llamarla, pero la voz no sale de mi garganta.
Quiero correr, pero no avanzo, mis piernas se doblan y caigo sobre mis manos al piso.
Ella se pierde definitivamente en un pasillo lateral, tal vez para siempre...
Me despierto bañada en lágrimas y en sudor, con el corazón martillando mi pecho como una ametralladora.
Ahora entiendo que era un sueño profético.
El principio del fin
Sentías celos de mi amiga.
Pero si solo era mi compañera de banco
Qué creíste? que te cambiaría por una nena?
Si eso era Vanesa, tan infantil como cuando nos elegimos en el jardín de infantes.
Cómo pudiste seguirme? ver si la abrazaba...
Es un delito abrazar a una amiga? porque no era más que eso: mi amiga de siempre.
Tenías que seguirnos? y qué viste? el cristal de los celos te mostró una imagen distorsionada.
Viste solo el fantasma de tus miedos.
No me creíste, me hiciste jurarte cosas que ya tenías de mí... si mi amor era incondicional, exclusivo, solo para vos.
A partir de ese día comenzaron tus interrogatorios, cada vez más obsesivos, más crueles.
Por qué no me creías? si yo era solo tuya, tuya, tuya!
Tenías que tirarme sobre la cama? aferrarme las muñecas como si tus manos fuesen tenazas?
Interrogarme mirando en el fondo de mis ojos de ese modo?
Qué esperabas ver? he? qué esperabas?
Alguna chispa de duda en mis pupilas? algo nuevo quizás? algo que no te perteneciera?
Qué querías que confiese?
Sólo lo que confesé: que mi corazón era tuyo!
Que solo entrego el alma a mi amor!
Y no me creíste
No me creíste!!
Pero si solo era mi compañera de banco
Qué creíste? que te cambiaría por una nena?
Si eso era Vanesa, tan infantil como cuando nos elegimos en el jardín de infantes.
Cómo pudiste seguirme? ver si la abrazaba...
Es un delito abrazar a una amiga? porque no era más que eso: mi amiga de siempre.
Tenías que seguirnos? y qué viste? el cristal de los celos te mostró una imagen distorsionada.
Viste solo el fantasma de tus miedos.
No me creíste, me hiciste jurarte cosas que ya tenías de mí... si mi amor era incondicional, exclusivo, solo para vos.
A partir de ese día comenzaron tus interrogatorios, cada vez más obsesivos, más crueles.
Por qué no me creías? si yo era solo tuya, tuya, tuya!
Tenías que tirarme sobre la cama? aferrarme las muñecas como si tus manos fuesen tenazas?
Interrogarme mirando en el fondo de mis ojos de ese modo?
Qué esperabas ver? he? qué esperabas?
Alguna chispa de duda en mis pupilas? algo nuevo quizás? algo que no te perteneciera?
Qué querías que confiese?
Sólo lo que confesé: que mi corazón era tuyo!
Que solo entrego el alma a mi amor!
Y no me creíste
No me creíste!!
Una y el universo
Estaba sola en el acantilado, mirando el mar... otra vez.
Miraba al mar, ansiosamente, pensando? esperando?
En ese momento...
Comencemos de nuevo,
Esta es la era de la imagen, no?
Hagámoslo como si fuera un clip...
O como el inicio de una película...
A ver...
La cámara baja desde el cielo.
Se ve un acantilado y las olas rompiendo furiosas allá abajo, entre las piedras.
Conforme pierde altura, se puede ver una figurita humana, sentada en el borde del precipicio.
Es una chica, flaquita y pelirroja, con pantalones y campera de jean desteñidos.
El pelo le flota en el viento.
La cámara gira alrededor de ella, como un pájaro curioso.
Gira y gira... alternativamente se ve su espalda estrecha, su rostro muy pálido... el mar, los árboles...
La chica tiene pecas y ojos verdes... llora?
Ajá... está llorando, y parece que desde hace rato, pues los tiene muy enrojecidos.
La cámara se detiene en su cara, el plano se cierra...
Parece enojada, tiene labios carnosos, pero tan apretados que se ven pálidos.
Su mirada cambia, se endurece, ya no llora,
Se muerde el labio inferior -parece un gesto común en ella-,
se pasa la lengua por el labio, tiene sangre...
Sus hombros se tensan...
Se inclina hacia adelante, hacia el vacío tentador... de la muerte? de la nada? del olvido?
Por un momento parece resbalar...
Se tira hacia atrás de golpe, como si de repente comprendiera lo que está por hacer...
Mira hacia el horizonte, ahora sí sus ojos cambian, su rostro parece iluminarse, incluso esbozar una sonrisa... vió algo, algo especial, distinto... Hermoso?
La cámara vuela como un misil hacia el horizonte, rozando la espuma, rápido, más rápido...
Se ven aletas, lomos oscuros, se deslizan por las olas, suben, bajan, fluyen... Son ballenas! las ballenas de octubre!
Se las ve claramente, perfectas, bellas, indiferentes...
Escena final: la chica pelirroja camina hacia una bicicleta tirada en el pasto, se sube y toma por la banquina de la ruta costera...
Se pierde a lo lejos, bajo la luz del crepúsculo.
Miraba al mar, ansiosamente, pensando? esperando?
En ese momento...
Comencemos de nuevo,
Esta es la era de la imagen, no?
Hagámoslo como si fuera un clip...
O como el inicio de una película...
A ver...
La cámara baja desde el cielo.
Se ve un acantilado y las olas rompiendo furiosas allá abajo, entre las piedras.
Conforme pierde altura, se puede ver una figurita humana, sentada en el borde del precipicio.
Es una chica, flaquita y pelirroja, con pantalones y campera de jean desteñidos.
El pelo le flota en el viento.
La cámara gira alrededor de ella, como un pájaro curioso.
Gira y gira... alternativamente se ve su espalda estrecha, su rostro muy pálido... el mar, los árboles...
La chica tiene pecas y ojos verdes... llora?
Ajá... está llorando, y parece que desde hace rato, pues los tiene muy enrojecidos.
La cámara se detiene en su cara, el plano se cierra...
Parece enojada, tiene labios carnosos, pero tan apretados que se ven pálidos.
Su mirada cambia, se endurece, ya no llora,
Se muerde el labio inferior -parece un gesto común en ella-,
se pasa la lengua por el labio, tiene sangre...
Sus hombros se tensan...
Se inclina hacia adelante, hacia el vacío tentador... de la muerte? de la nada? del olvido?
Por un momento parece resbalar...
Se tira hacia atrás de golpe, como si de repente comprendiera lo que está por hacer...
Mira hacia el horizonte, ahora sí sus ojos cambian, su rostro parece iluminarse, incluso esbozar una sonrisa... vió algo, algo especial, distinto... Hermoso?
La cámara vuela como un misil hacia el horizonte, rozando la espuma, rápido, más rápido...
Se ven aletas, lomos oscuros, se deslizan por las olas, suben, bajan, fluyen... Son ballenas! las ballenas de octubre!
Se las ve claramente, perfectas, bellas, indiferentes...
Escena final: la chica pelirroja camina hacia una bicicleta tirada en el pasto, se sube y toma por la banquina de la ruta costera...
Se pierde a lo lejos, bajo la luz del crepúsculo.
EL AURA
Los médicos le llaman "el aura", para mí es "el país de los sueños perdidos".
Qué sentís en tus ausencias?
Y en tus crisis epilépticas?
Qué sentís nena?
Antes de caer puedo sentir:
Que el sonido desaparece
Que todo se vuelve azul
Que mis manos no son mías
O que las recorre una electricidad suave
Que mi piel arde
Que mis ojos quisieran girarse hacia adentro
A veces siento olores que jamás existieron
O la sensación de haber vivido algo
en otro lugar?
en otro cuerpo?
Y luego caigo...
las convulsiones son lo de menos
los mordiscos sí que duelen...
y ciertas partes de mi cuerpo se rebelan,
se niegan a funcionar
Y por fin me duermo,
entre algodones negros.
A veces
simplemente me pierdo de algo
ahora estoy aquí,
y ahora estoy allá,
Debo haber hecho algo muy malo
en otra vida.
Qué sentís en tus ausencias?
Y en tus crisis epilépticas?
Qué sentís nena?
Antes de caer puedo sentir:
Que el sonido desaparece
Que todo se vuelve azul
Que mis manos no son mías
O que las recorre una electricidad suave
Que mi piel arde
Que mis ojos quisieran girarse hacia adentro
A veces siento olores que jamás existieron
O la sensación de haber vivido algo
en otro lugar?
en otro cuerpo?
Y luego caigo...
las convulsiones son lo de menos
los mordiscos sí que duelen...
y ciertas partes de mi cuerpo se rebelan,
se niegan a funcionar
Y por fin me duermo,
entre algodones negros.
A veces
simplemente me pierdo de algo
ahora estoy aquí,
y ahora estoy allá,
Debo haber hecho algo muy malo
en otra vida.
Una caminata
Caminaba entre los durmientes de la vía que va a Miramar...
Fumaba con ansiedad un kool, era una tarde cálida y nublada de noviembre. Por enésima vez trataba de entender porqué había terminado todo. Un año y medio! demasiado para tener solo 16. Y todo por ser tan imperfecta...
Sin embargo, la crisis se había desatado por no tomar la medicación.
O sea que era mi culpa, no?
Seamos razonables...
Qué hace una mujer de 36 años
con una adolescente desnuda e inconsciente
en el piso de su habitación? eh?
Cómo controlar las convulsiones?
Cómo parar la sangre del labio que la chica
se partió contra la mesita de luz?
Cómo? sangre y espuma, mordidas sin ton ni son...
Tal vez dejándola de costado,
tal vez pegándose a su espalda,
con la mayor suavidad posible,
Esquivando los golpes de la muñeca eléctrica.
En fin, no todos saben como tratar a una epiléptica, no?
No es algo que te enseñen en la escuela, o si?
Como sea... tu desición tuvo que ser de un día para el otro?
O ya lo habías calculado?
Pero... y dónde quedaron tus ruegos?
Si hasta me pediste perdón de rodillas
si besaste mis manos
ese día de maltrato,
si las bañaste con lágrimas...
Así es como deciden los adultos?
Tomaré nota para el futuro...
No sea cosa que cuando baje mi escudo nuevamente,
reciba como premio otro puñal de hielo en mi corazón.
Fumaba con ansiedad un kool, era una tarde cálida y nublada de noviembre. Por enésima vez trataba de entender porqué había terminado todo. Un año y medio! demasiado para tener solo 16. Y todo por ser tan imperfecta...
Sin embargo, la crisis se había desatado por no tomar la medicación.
O sea que era mi culpa, no?
Seamos razonables...
Qué hace una mujer de 36 años
con una adolescente desnuda e inconsciente
en el piso de su habitación? eh?
Cómo controlar las convulsiones?
Cómo parar la sangre del labio que la chica
se partió contra la mesita de luz?
Cómo? sangre y espuma, mordidas sin ton ni son...
Tal vez dejándola de costado,
tal vez pegándose a su espalda,
con la mayor suavidad posible,
Esquivando los golpes de la muñeca eléctrica.
En fin, no todos saben como tratar a una epiléptica, no?
No es algo que te enseñen en la escuela, o si?
Como sea... tu desición tuvo que ser de un día para el otro?
O ya lo habías calculado?
Pero... y dónde quedaron tus ruegos?
Si hasta me pediste perdón de rodillas
si besaste mis manos
ese día de maltrato,
si las bañaste con lágrimas...
Así es como deciden los adultos?
Tomaré nota para el futuro...
No sea cosa que cuando baje mi escudo nuevamente,
reciba como premio otro puñal de hielo en mi corazón.
Un sueño... Un sueño?
Sueño:
Somos muchos, caminando interminablemente por una ruta embarrada.
Cruzamos campos infinitos, como una pampa interminable...
Soy un muchacho!! En realidad soy un soldado, y llevo un uniforme igual al de mis compañeros más cercanos; azul grisáceo, botas largas, casco con un borde saliente como un ala...
Está nublado y hace frío, se siente el zumbido de aviones invisibles, serán enemigos?
De frente pasan vehículos enormes que salpican barro, tienen unas cruces negras ribeteadas en blanco. Me parece ver rostros que transpiran miedo en sus ventanillas.
A lo lejos se ven columnas de humo negro que me causan una sensación de inquietud.
Estoy cansadísimo, me duele todo el cuerpo, especialmente el hombro donde llevo algo así como una V de metal pesadísima.
Quiero fumar un kool, pero el atado que sale del bolsillo es de una marca desconocida; tiene un águila roja sobre fondo amarillo, y el gusto es espantoso.
Estoy medio confundida... confundido: Nadie lleva celular.
Oscurece y seguimos marchando...
Nadie habla, tengo miedo a la noche...
Nos acercamos a un bosque enorme y oscuro...
Los soldados van entrando en las tinieblas, solo se sienten
sus pasos en el pedregullo, en el barro.
Sé que esta noche moriré a balazos...
Otra vez me despierto toda transpirada y llorando.
Me repito una y otra vez que es sólo un sueño... sólo un sueño...
Somos muchos, caminando interminablemente por una ruta embarrada.
Cruzamos campos infinitos, como una pampa interminable...
Soy un muchacho!! En realidad soy un soldado, y llevo un uniforme igual al de mis compañeros más cercanos; azul grisáceo, botas largas, casco con un borde saliente como un ala...
Está nublado y hace frío, se siente el zumbido de aviones invisibles, serán enemigos?
De frente pasan vehículos enormes que salpican barro, tienen unas cruces negras ribeteadas en blanco. Me parece ver rostros que transpiran miedo en sus ventanillas.
A lo lejos se ven columnas de humo negro que me causan una sensación de inquietud.
Estoy cansadísimo, me duele todo el cuerpo, especialmente el hombro donde llevo algo así como una V de metal pesadísima.
Quiero fumar un kool, pero el atado que sale del bolsillo es de una marca desconocida; tiene un águila roja sobre fondo amarillo, y el gusto es espantoso.
Estoy medio confundida... confundido: Nadie lleva celular.
Oscurece y seguimos marchando...
Nadie habla, tengo miedo a la noche...
Nos acercamos a un bosque enorme y oscuro...
Los soldados van entrando en las tinieblas, solo se sienten
sus pasos en el pedregullo, en el barro.
Sé que esta noche moriré a balazos...
Otra vez me despierto toda transpirada y llorando.
Me repito una y otra vez que es sólo un sueño... sólo un sueño...
No sobran las razones
La vida puede ser muy dura a veces...
A veces pareciera que Dios quiere decirnos algo, pero qué?
A veces sacrifica a alguien, crucifica un inocente.
Descarta un peón.
O será que está ocupado en otro lugar, en otras cosas?
Se distrae y tu mamá se muere.
O enciende un quásar y te transformás en cocainómana.
Mientras repone estrellas
y mira para otro lado,
estalla una guerra por un barro sucio
Llamado petróleo.
Será que sueña? que tiene pesadillas?
Pesadillas que sufrimos
nosotros, sus... hijos?
O será que éramos nomás
una pasión inútil?
El rey de la creación!
No deja de ser un buen chiste, no?
El hombre?
un pobre bicho, más bien...
Un bichito de dos patas
ciego y sordo, débil y cruel.
Estúpido.
Y sin embargo
ese muñeco de barro,
Santificado por el amor
insignificante y desorientado
ávido de verdades absolutas,
A veces, sólo a veces
es capaz de pequeños actos heroicos
que lo redimen,
que lo salvan?
Puede intentar, intentar, intentar...
Rescatar a un amigo
eternizar la modesta magia del amor
O revelar sus pesadillas, exorcisarlas.
para que el dolor no duela tanto.
Son unas pocas razones
para acallar el dolor y el sinsentido
de seguir viviendo, de respirar...
A veces pareciera que Dios quiere decirnos algo, pero qué?
A veces sacrifica a alguien, crucifica un inocente.
Descarta un peón.
O será que está ocupado en otro lugar, en otras cosas?
Se distrae y tu mamá se muere.
O enciende un quásar y te transformás en cocainómana.
Mientras repone estrellas
y mira para otro lado,
estalla una guerra por un barro sucio
Llamado petróleo.
Será que sueña? que tiene pesadillas?
Pesadillas que sufrimos
nosotros, sus... hijos?
O será que éramos nomás
una pasión inútil?
El rey de la creación!
No deja de ser un buen chiste, no?
El hombre?
un pobre bicho, más bien...
Un bichito de dos patas
ciego y sordo, débil y cruel.
Estúpido.
Y sin embargo
ese muñeco de barro,
Santificado por el amor
insignificante y desorientado
ávido de verdades absolutas,
A veces, sólo a veces
es capaz de pequeños actos heroicos
que lo redimen,
que lo salvan?
Puede intentar, intentar, intentar...
Rescatar a un amigo
eternizar la modesta magia del amor
O revelar sus pesadillas, exorcisarlas.
para que el dolor no duela tanto.
Son unas pocas razones
para acallar el dolor y el sinsentido
de seguir viviendo, de respirar...
Cuando un taxi es una ambulancia
Caen las gotas fuera de la ventanilla, no siento el labio y prefiero ni mirarme en el retrovisor.
Desgracia con suerte: mamá no llega hasta el domingo a la mañana. Tengo dos días completos para inventar una mentira piadosa y para que se me desinche un poco la boca.
Malena viene a mi lado, no habla y -cosa rara-, evita tocarme. Tampoco me mira a los ojos y la siento extrañamente distante, ensimismada en sus pensamientos.
Tuvo que llamar a una médica amiga para que viniera a asistirme.
La situación fue bastante fea: yo sentía rabia, vergüenza y dolor, todo al mismo tiempo.
Mientras me cosía el labio sentía sus miradas... me culpaban de algo? porqué?
Y porqué esta mujer me miraba como a una enemiga?
Pasan las luces mientras el taxi encara por la costa para la zona de La Perla... en otro universo la radio habla de cosas sin ningún sentido.
Me bajo en casa, sola, me tiemblan las piernas y me siento afiebrada.
No entiendo porqué no se queda a acompañarme, si nadie nos ve.
Yo lo hubiese hecho por ella, nunca la dejaría si se sintiera como yo me siento.
Me apoyo en la puerta para no caerme, no va ser nada facil subir la escalera.
Ella sube al taxi, que arranca y se pierde en la noche y la lluvia.
Si hubiese sabido que su beso frío sería el último...
Esa noche dormiré sobre brasas ardientes.
Desgracia con suerte: mamá no llega hasta el domingo a la mañana. Tengo dos días completos para inventar una mentira piadosa y para que se me desinche un poco la boca.
Malena viene a mi lado, no habla y -cosa rara-, evita tocarme. Tampoco me mira a los ojos y la siento extrañamente distante, ensimismada en sus pensamientos.
Tuvo que llamar a una médica amiga para que viniera a asistirme.
La situación fue bastante fea: yo sentía rabia, vergüenza y dolor, todo al mismo tiempo.
Mientras me cosía el labio sentía sus miradas... me culpaban de algo? porqué?
Y porqué esta mujer me miraba como a una enemiga?
Pasan las luces mientras el taxi encara por la costa para la zona de La Perla... en otro universo la radio habla de cosas sin ningún sentido.
Me bajo en casa, sola, me tiemblan las piernas y me siento afiebrada.
No entiendo porqué no se queda a acompañarme, si nadie nos ve.
Yo lo hubiese hecho por ella, nunca la dejaría si se sintiera como yo me siento.
Me apoyo en la puerta para no caerme, no va ser nada facil subir la escalera.
Ella sube al taxi, que arranca y se pierde en la noche y la lluvia.
Si hubiese sabido que su beso frío sería el último...
Esa noche dormiré sobre brasas ardientes.
La vivisección
Es una noche helada y el viento barre la loma sobre la que estoy parada.
La desolación y la soledad son totales.
Estoy desnuda y mis pies se hunden en un barro helado.
En el cielo, las nubes desgarradas pasan volando por delante de la luna menguante.
Gotas de lluvia empiezan a caer, encegueciéndome. Me pongo de espaldas al viento con los brazos cruzados, buscando conservar algo de calor, temblando de pies a cabeza.
Con la certeza irracional de los sueños, sé que va a pasarme algo muy malo.
Sé que sufriré una transformación irreversible y dolorosísima.
Ya llega... ya llega...
Dios, no lo permitas!
Siento que una cuchilla invisible y helada se desliza por entre mis piernas y comienza a ascender lentamente.
El metal frío sube verticalmente, cortando mi cuerpo en dos, lenta, sádicamente.
Es extraño, pero no siento el dolor insoportable que debería sentir...
La hoja sigue subiendo, cortando el vientre, el tronco, mi cuello...
Solo experimento un frío glacial que me va dividiendo en dos mitades perfectas, como la vivisección de una muñeca de plástico. No sangro.
La cuchilla continúa su recorrido, la siento atravesar mi boca, mi nariz, corta el cerebro, el cuerpo calloso...
Siento cómo sale por la parte superior de mi cráneo, con un débil chasquido.
El horror y la vergüenza que siento no pueden ser puestos en palabras.
Me sujeto a mi misma abrazándome con todas mis fuerzas, si me soltara, caería al piso dividida en dos mitades...
El espectáculo más grotesco que pudiera imaginar.
Me despierto ahogada en lágrimas.
La desolación y la soledad son totales.
Estoy desnuda y mis pies se hunden en un barro helado.
En el cielo, las nubes desgarradas pasan volando por delante de la luna menguante.
Gotas de lluvia empiezan a caer, encegueciéndome. Me pongo de espaldas al viento con los brazos cruzados, buscando conservar algo de calor, temblando de pies a cabeza.
Con la certeza irracional de los sueños, sé que va a pasarme algo muy malo.
Sé que sufriré una transformación irreversible y dolorosísima.
Ya llega... ya llega...
Dios, no lo permitas!
Siento que una cuchilla invisible y helada se desliza por entre mis piernas y comienza a ascender lentamente.
El metal frío sube verticalmente, cortando mi cuerpo en dos, lenta, sádicamente.
Es extraño, pero no siento el dolor insoportable que debería sentir...
La hoja sigue subiendo, cortando el vientre, el tronco, mi cuello...
Solo experimento un frío glacial que me va dividiendo en dos mitades perfectas, como la vivisección de una muñeca de plástico. No sangro.
La cuchilla continúa su recorrido, la siento atravesar mi boca, mi nariz, corta el cerebro, el cuerpo calloso...
Siento cómo sale por la parte superior de mi cráneo, con un débil chasquido.
El horror y la vergüenza que siento no pueden ser puestos en palabras.
Me sujeto a mi misma abrazándome con todas mis fuerzas, si me soltara, caería al piso dividida en dos mitades...
El espectáculo más grotesco que pudiera imaginar.
Me despierto ahogada en lágrimas.
LA TEMPESTAD
Otra vez el acantilado. Otra vez el crepúsculo.
Un frente de tormenta negro y compacto viene desde el sur, las nubes ruedan sobre sí mismas, los relámpagos las iluminan desde adentro. El cielo está cada vez más oscuro.
La chica pelirroja está parada al borde del abismo. Se nota su cuerpo tenso, duro, con los puños cerrados al costado del cuerpo.
Las primeras gotas de la tormenta la mojan, no se mueve: mira fijamente al mar.
Las gotas le dan en la cara, las lágrimas se mezclan con el agua helada, se pierden en la lluvia...
Ahora el viento es un temporal, la lluvia un diluvio, el viento pampero parece querer arrasarlo todo, los árboles crujen, el mar hierve en las rocas, pero la chica pelirroja sigue parada en el borde del acantilado.
Grita, grita con todas sus fuerzas, grita al mar, a la lluvia, al viento, a la noche que avanza...
Su cuerpo se dobla por el esfuerzo... el estruendo de la tormenta apaga su voz.
Qué le gritará a la tormenta?
Le reprochará algo a Dios?
Tal vez que otra vez se distrajo, que se quedó dormido.
O que es un creador fracasado, un farsante.
Él y su profeta fallido.
Que no sirvió de nada, que no cambió nada.
Que su creación es un error, un zoológico, un circo.
Y que porqué no la mata a ella
de una buena vez?
O acaso no es lo que los poderosos hacen?
Destruir a los débiles.
Jugar con las cartas marcadas.
Tomar todo sin arriesgar nada.
La chica escupe, insulta,
arroja piedras al mar...
La tempestad ruge mientras la chica cae de rodillas en el barro.
Un frente de tormenta negro y compacto viene desde el sur, las nubes ruedan sobre sí mismas, los relámpagos las iluminan desde adentro. El cielo está cada vez más oscuro.
La chica pelirroja está parada al borde del abismo. Se nota su cuerpo tenso, duro, con los puños cerrados al costado del cuerpo.
Las primeras gotas de la tormenta la mojan, no se mueve: mira fijamente al mar.
Las gotas le dan en la cara, las lágrimas se mezclan con el agua helada, se pierden en la lluvia...
Ahora el viento es un temporal, la lluvia un diluvio, el viento pampero parece querer arrasarlo todo, los árboles crujen, el mar hierve en las rocas, pero la chica pelirroja sigue parada en el borde del acantilado.
Grita, grita con todas sus fuerzas, grita al mar, a la lluvia, al viento, a la noche que avanza...
Su cuerpo se dobla por el esfuerzo... el estruendo de la tormenta apaga su voz.
Qué le gritará a la tormenta?
Le reprochará algo a Dios?
Tal vez que otra vez se distrajo, que se quedó dormido.
O que es un creador fracasado, un farsante.
Él y su profeta fallido.
Que no sirvió de nada, que no cambió nada.
Que su creación es un error, un zoológico, un circo.
Y que porqué no la mata a ella
de una buena vez?
O acaso no es lo que los poderosos hacen?
Destruir a los débiles.
Jugar con las cartas marcadas.
Tomar todo sin arriesgar nada.
La chica escupe, insulta,
arroja piedras al mar...
La tempestad ruge mientras la chica cae de rodillas en el barro.
El accidente
Otro día de lluvia de primavera.
Camino por plaza, hacia la calle España y oscurece.
No quiero volver a casa en colectivo, necesito el aire fresco de la tarde.
Me paro en el semáforo de Luro. Los autos y colectivos pasan rápido, salpicando al pisar los charcos.
Bajo del cordón... Miro el semáforo: tres luces azules... Azules?
El estruendo del tráfico desaparece, reemplazado por un débil silbido, como una tetera hirviendo.
Todo se vuelve azul, la tarde parece apagarse... un crepúsculo azul...
Todo mi cuerpo hormiguea...
El aura... el aura...
Una camioneta azul, con luces azules enceguecedoras dobla sin bajar la velocidad, se me viene encima, patinando sobre asfalto azul...
El golpe, la caída en cámara lenta... y todo en silencio.
Raro no sentir nada.
Me hundo en una tiniebla azul...
Abro los ojos, luces blancas me obligan a cerrarlos.
Los abro de nuevo, el techo se mueve, se sienten gritos, una bolsa llena de líquido se agita encima mío. El ruido me hace doler la cabeza.
Me ponen una luz blanca en los ojos, me hacen preguntas que no puedo responder... ahora la tiniebla es negra... y quema.
Abro los ojos de nuevo, hace frío y estoy boca arriba en una sala blanca, rodeada de gente con batas de colores: verdes, celestes, rosa. De nuevo luces en el techo. Tengo la boca y la garganta resecas. No siento el cuerpo... vuelvo a cerrar los ojos...
Me despierto en la cama de una habitación desconocida... No hay músculo ni hueso que no me duela. Siento la cabeza y la cara como un globo lleno de agua y duele, duele...
Mamá me mira desde los pies de la cama, con las manos cruzadas sobre el pecho, la conozco demasiado como para no darme cuenta del esfuerzo que hace para no llorar.
Quiero levantar la cabeza... el dolor es como un estallido dentro del cráneo. Ya no me moveré más.
Mi cuerpo tardará dos meses en volver a ser mío.
Camino por plaza, hacia la calle España y oscurece.
No quiero volver a casa en colectivo, necesito el aire fresco de la tarde.
Me paro en el semáforo de Luro. Los autos y colectivos pasan rápido, salpicando al pisar los charcos.
Bajo del cordón... Miro el semáforo: tres luces azules... Azules?
El estruendo del tráfico desaparece, reemplazado por un débil silbido, como una tetera hirviendo.
Todo se vuelve azul, la tarde parece apagarse... un crepúsculo azul...
Todo mi cuerpo hormiguea...
El aura... el aura...
Una camioneta azul, con luces azules enceguecedoras dobla sin bajar la velocidad, se me viene encima, patinando sobre asfalto azul...
El golpe, la caída en cámara lenta... y todo en silencio.
Raro no sentir nada.
Me hundo en una tiniebla azul...
Abro los ojos, luces blancas me obligan a cerrarlos.
Los abro de nuevo, el techo se mueve, se sienten gritos, una bolsa llena de líquido se agita encima mío. El ruido me hace doler la cabeza.
Me ponen una luz blanca en los ojos, me hacen preguntas que no puedo responder... ahora la tiniebla es negra... y quema.
Abro los ojos de nuevo, hace frío y estoy boca arriba en una sala blanca, rodeada de gente con batas de colores: verdes, celestes, rosa. De nuevo luces en el techo. Tengo la boca y la garganta resecas. No siento el cuerpo... vuelvo a cerrar los ojos...
Me despierto en la cama de una habitación desconocida... No hay músculo ni hueso que no me duela. Siento la cabeza y la cara como un globo lleno de agua y duele, duele...
Mamá me mira desde los pies de la cama, con las manos cruzadas sobre el pecho, la conozco demasiado como para no darme cuenta del esfuerzo que hace para no llorar.
Quiero levantar la cabeza... el dolor es como un estallido dentro del cráneo. Ya no me moveré más.
Mi cuerpo tardará dos meses en volver a ser mío.
Recuerdos felices
La ruta a Miramar debe ser una de las más hermosas del País.
Sube y baja y zigzaguea paralela a la costa. Van pasando los bosques, los balnearios, las casitas, los barrios de chalets, los campos...
Era una tarde luminosa de Diciembre, justo antes de la invasión de turistas, apenas nos cruzábamos algún auto o algún ciclista sudando bajo el sol.
En la radio del Seat sonaba uno de mis temas favoritos, mientras yo fumaba un kool y largaba el humo por la ventanilla abierta.
Era una tarde perfecta.
El viento cálido que entraba por la ventanilla me despeinaba. Cruzando los brazos me apoyé contra la puerta, mirando a Malena que manejaba sin perder la sonrisa, mientras tarareaba la canción rítmica y pegadiza, totalmente nueva para ella.
-Vos te quedaste con esos dinosaurios de los Bee gees Male, a ver si aprendés algo nuevo, le dije ahogando una risita.
- A ver si me enseñás vos que sabés tanto, nena... Me dijo y me tiró un vasito de plástico vacío.
- Te voy a enseñar lo que soy yo, pero cuando lleguemos a esa cabaña.
Me miró no sé si con ternura o como saboreando lo que iba a pasar... Siguió sonriendo sin decir nada.
Pasamos la zona de la quinta presidencial y los hoteles viejos de Chapadmalal, a la izquierda se veía una entrada de tierra que se metía en el acantilado. El mar era de un azul increíble.
- Pará! pará! metete en esa entrada Male, que nunca fuimos!
- Tus deseos son órdenes nena.
El coche se metió como pudo en la salida, dando tumbos en la tierra, giró a la derecha y frenó, cerquita del borde del acantilado.
Pasaban gaviotas chillando.
No le dí tiempo a nada: ni bien frenó, me solté el cinturón y me le tiré encima, esquivando la palanca de cambios.
- Te voy a comer a besos, morocha!
- Mmmmm... sos una coloradita muy zafada, nunca te dijeron?
- Sí, me lo dijo una morocha la otra tarde en su habitación, no serías vos, por casualidad?
- Vení para acá pendejita!
La conversación siguió más o menos en ese tono un ratito, entre mimos y besos, mientras el auto empezaba a calentarse bajo el sol.
Bajamos.
El viento tibio y salado venía del mar, que parecía un infinito azul con olitas blancas y miles de gaviotas revoloteando.
Nos abrazamos bajo el sol, bajo los chillidos de las gaviotas, yo me colgué de su cuello y la besé hasta sacarle el aliento, hasta sentir cómo se estremecía entre mis brazos.
La tomé de la cintura, apoyé mi cabeza en su hombro y nos fuimos despacito para el auto.
Nos esperaba una cita de pasión en una cabaña escondida entre eucaliptos, frente a nuestro mar.
Sube y baja y zigzaguea paralela a la costa. Van pasando los bosques, los balnearios, las casitas, los barrios de chalets, los campos...
Era una tarde luminosa de Diciembre, justo antes de la invasión de turistas, apenas nos cruzábamos algún auto o algún ciclista sudando bajo el sol.
En la radio del Seat sonaba uno de mis temas favoritos, mientras yo fumaba un kool y largaba el humo por la ventanilla abierta.
Era una tarde perfecta.
El viento cálido que entraba por la ventanilla me despeinaba. Cruzando los brazos me apoyé contra la puerta, mirando a Malena que manejaba sin perder la sonrisa, mientras tarareaba la canción rítmica y pegadiza, totalmente nueva para ella.
-Vos te quedaste con esos dinosaurios de los Bee gees Male, a ver si aprendés algo nuevo, le dije ahogando una risita.
- A ver si me enseñás vos que sabés tanto, nena... Me dijo y me tiró un vasito de plástico vacío.
- Te voy a enseñar lo que soy yo, pero cuando lleguemos a esa cabaña.
Me miró no sé si con ternura o como saboreando lo que iba a pasar... Siguió sonriendo sin decir nada.
Pasamos la zona de la quinta presidencial y los hoteles viejos de Chapadmalal, a la izquierda se veía una entrada de tierra que se metía en el acantilado. El mar era de un azul increíble.
- Pará! pará! metete en esa entrada Male, que nunca fuimos!
- Tus deseos son órdenes nena.
El coche se metió como pudo en la salida, dando tumbos en la tierra, giró a la derecha y frenó, cerquita del borde del acantilado.
Pasaban gaviotas chillando.
No le dí tiempo a nada: ni bien frenó, me solté el cinturón y me le tiré encima, esquivando la palanca de cambios.
- Te voy a comer a besos, morocha!
- Mmmmm... sos una coloradita muy zafada, nunca te dijeron?
- Sí, me lo dijo una morocha la otra tarde en su habitación, no serías vos, por casualidad?
- Vení para acá pendejita!
La conversación siguió más o menos en ese tono un ratito, entre mimos y besos, mientras el auto empezaba a calentarse bajo el sol.
Bajamos.
El viento tibio y salado venía del mar, que parecía un infinito azul con olitas blancas y miles de gaviotas revoloteando.
Nos abrazamos bajo el sol, bajo los chillidos de las gaviotas, yo me colgué de su cuello y la besé hasta sacarle el aliento, hasta sentir cómo se estremecía entre mis brazos.
La tomé de la cintura, apoyé mi cabeza en su hombro y nos fuimos despacito para el auto.
Nos esperaba una cita de pasión en una cabaña escondida entre eucaliptos, frente a nuestro mar.
Demasiado tarde para lágrimas
A veces creo que Dios debiera pedir disculpas...
Qué frase no?
Parece un poquito soberbia?
Qué descaro pedir al creador que rinda cuentas!
Bueno, en realidad yo soy bastante imperfecta... por donde se me mire...
Tendría derecho al reclamo.
A ver, enumeremos unos pocos defectos:
Primero y principal: epiléptica.
Solo con éste ya estaría autorizada para reclamar que me cumplan la garantía de fábrica.
O a los cinco años ya vencía?
Porque si es así... la primera crisis fue justito
para mi cumple de cinco añitos.
Mirá que venga el Señor Hacedor de Estrellas y diga:
"Lo lamento mucho señora,
pero su nena ya cumplió los cinco,
garantía vencida. El que sigue!"
Si vamos a empezar así... vamos mal.
A ver señor Gerente de Universo Sociedad Anónima,
Tiene que fabricar sus productos de cualquier manera?
Armarlos con cualquier cosa que encontró por ahí?
Hacer lo primero que le viene a la cabeza?
En realidad me da un poquito de lástima,
pobre creador fracasado:
"Este nucleótido iba acá? Ah... no? "
"Perdón embrioncito... perdón amorcito... "
"Los dioses también nos equivocamos"
Ud. disculpe Sr. Gerente, pero, sabe qué?
Estas criaturas vienen con un par de componentes dentro:
Les llamamos: Corazón y Alma.
Y aunque también sean defectuosos,
sienten y sufren, lloran y gozan.
Podríamos añadir otros defectitos al reclamo:
Como las pesadillas.
Tenían que ser tan horribles?
No habrá alguna endorfina, algo que las calme?
Nos evitaría tantos dolores...
Como los que vienen después de comprar ciertas sustancias
que se consiguen en las calles
en lugares sórdidos,
Y que tampoco tienen garantía.
En realidad, vienen con la garantía de que sufrirás,
Que sufrirás mucho, mucho...
Y todo porque el pobre dios (animémonos a la minúscula)
se equivocó en el diseño del pobre bicho bípedo.
Qué pena, nena,
Qué pena, nena!
Pero mirá que puta pena nena!
Tenés tu maldito corazón!
Arrastrás tu alma sangrante...
Pero no disponés de la eternidad
no disponés de la puta eternidad
para empezar de nuevo.
Qué frase no?
Parece un poquito soberbia?
Qué descaro pedir al creador que rinda cuentas!
Bueno, en realidad yo soy bastante imperfecta... por donde se me mire...
Tendría derecho al reclamo.
A ver, enumeremos unos pocos defectos:
Primero y principal: epiléptica.
Solo con éste ya estaría autorizada para reclamar que me cumplan la garantía de fábrica.
O a los cinco años ya vencía?
Porque si es así... la primera crisis fue justito
para mi cumple de cinco añitos.
Mirá que venga el Señor Hacedor de Estrellas y diga:
"Lo lamento mucho señora,
pero su nena ya cumplió los cinco,
garantía vencida. El que sigue!"
Si vamos a empezar así... vamos mal.
A ver señor Gerente de Universo Sociedad Anónima,
Tiene que fabricar sus productos de cualquier manera?
Armarlos con cualquier cosa que encontró por ahí?
Hacer lo primero que le viene a la cabeza?
En realidad me da un poquito de lástima,
pobre creador fracasado:
"Este nucleótido iba acá? Ah... no? "
"Perdón embrioncito... perdón amorcito... "
"Los dioses también nos equivocamos"
Ud. disculpe Sr. Gerente, pero, sabe qué?
Estas criaturas vienen con un par de componentes dentro:
Les llamamos: Corazón y Alma.
Y aunque también sean defectuosos,
sienten y sufren, lloran y gozan.
Podríamos añadir otros defectitos al reclamo:
Como las pesadillas.
Tenían que ser tan horribles?
No habrá alguna endorfina, algo que las calme?
Nos evitaría tantos dolores...
Como los que vienen después de comprar ciertas sustancias
que se consiguen en las calles
en lugares sórdidos,
Y que tampoco tienen garantía.
En realidad, vienen con la garantía de que sufrirás,
Que sufrirás mucho, mucho...
Y todo porque el pobre dios (animémonos a la minúscula)
se equivocó en el diseño del pobre bicho bípedo.
Qué pena, nena,
Qué pena, nena!
Pero mirá que puta pena nena!
Tenés tu maldito corazón!
Arrastrás tu alma sangrante...
Pero no disponés de la eternidad
no disponés de la puta eternidad
para empezar de nuevo.
La Conversación
Me muevo hacia arriba, cruzando capas de oscuridad, buscando la luz.
Floto entre algodones color carbón...
Trato de recuperar las sensaciones, de ver, de oír...
- Duele Princesa?
- Eh?
- Si te duele, si sentís los huesos quebrados, los ligamentos rotos...
- No siento nada... Y vos? Quién sos?
- Me llamaste, por eso vine.
- Donde está Mamá? porque no la veo? porqué no veo nada?
- No llores, nena, vine para que no llores... no así.
- Yo no te llamé. Quiero a Mamá!
- Ella está aquí, no la ves? Te está cuidando.
- Te dije que no veo nada... Y no me dijiste quién carajo sos!
- Así está mejor, nena. Mejor la rabia que el vacío no?
- Se puede saber quién sos? Y quién te pidió opinión?
- Te dije que me llamaste. Por eso vine.
- Esto es otra pesadilla, no?
- No. O acaso la vida es una pesadilla?
- Estoy muerta? No, Dios! Quiero a Mamá!!
- No estás muerta, Princesa. Acaso hablan los muertos? O sufren?
- Estás conmigo, o no? O sea que estás viva.
- Y se puede saber quién carajo sos? Dios?
- Así me llaman algunos. Otros me dicen Abbadón, o Hacedor de estrellas, u otros nombres. Algunos dicen que no tengo nombre.
- Que soy el Alfa, el Omega, que sueño Universos... Algunos dicen que no son sueños, sino pesadillas. Te suena?
- QUIERO A MAMÁ!!
- No tengás miedo, el dolor es parte de vivir...
- ...Viene con todo lo demás...
- O no te acordás que vos elegiste vivir? Que elegiste nacer...
Siento que se me acerca y que, de algún modo incomprensible me toca...
Entonces siento como si cayera suavemente, hacia la vida, hacia lo que los desmemoriados llamamos realidad...
Como un ángel caído, otra vez...
Hacia Mamá...
Ahora cruzo otra vez los algodones negros como la noche...
Empiezo a sentir mi cuerpo, su peso sobre la cama, el ardor en el labio superior, en la ceja derecha... las costillas rotas, la rodilla hecha polvo.
Vivir duele, el cuerpo duele de solo existir, no me había dado cuenta nunca... Nunca?
Una lucecita amarilla ilumina a Mamá, que está sentada a mi lado... duerme? sueña?
El... sueño? no se disipa con la conciencia... Recuerdo cada palabra, el tono de su voz, como los acordes de música angelical...
Ya nada volverá a ser lo que era.
Floto entre algodones color carbón...
Trato de recuperar las sensaciones, de ver, de oír...
- Duele Princesa?
- Eh?
- Si te duele, si sentís los huesos quebrados, los ligamentos rotos...
- No siento nada... Y vos? Quién sos?
- Me llamaste, por eso vine.
- Donde está Mamá? porque no la veo? porqué no veo nada?
- No llores, nena, vine para que no llores... no así.
- Yo no te llamé. Quiero a Mamá!
- Ella está aquí, no la ves? Te está cuidando.
- Te dije que no veo nada... Y no me dijiste quién carajo sos!
- Así está mejor, nena. Mejor la rabia que el vacío no?
- Se puede saber quién sos? Y quién te pidió opinión?
- Te dije que me llamaste. Por eso vine.
- Esto es otra pesadilla, no?
- No. O acaso la vida es una pesadilla?
- Estoy muerta? No, Dios! Quiero a Mamá!!
- No estás muerta, Princesa. Acaso hablan los muertos? O sufren?
- Estás conmigo, o no? O sea que estás viva.
- Y se puede saber quién carajo sos? Dios?
- Así me llaman algunos. Otros me dicen Abbadón, o Hacedor de estrellas, u otros nombres. Algunos dicen que no tengo nombre.
- Que soy el Alfa, el Omega, que sueño Universos... Algunos dicen que no son sueños, sino pesadillas. Te suena?
- QUIERO A MAMÁ!!
- No tengás miedo, el dolor es parte de vivir...
- ...Viene con todo lo demás...
- O no te acordás que vos elegiste vivir? Que elegiste nacer...
Siento que se me acerca y que, de algún modo incomprensible me toca...
Entonces siento como si cayera suavemente, hacia la vida, hacia lo que los desmemoriados llamamos realidad...
Como un ángel caído, otra vez...
Hacia Mamá...
Ahora cruzo otra vez los algodones negros como la noche...
Empiezo a sentir mi cuerpo, su peso sobre la cama, el ardor en el labio superior, en la ceja derecha... las costillas rotas, la rodilla hecha polvo.
Vivir duele, el cuerpo duele de solo existir, no me había dado cuenta nunca... Nunca?
Una lucecita amarilla ilumina a Mamá, que está sentada a mi lado... duerme? sueña?
El... sueño? no se disipa con la conciencia... Recuerdo cada palabra, el tono de su voz, como los acordes de música angelical...
Ya nada volverá a ser lo que era.
Almas de Destrucción Masiva
Una ventaja inesperada de tener que estar internada dos meses:
Mamá me regaló un celular!
Sólo me sobraban tres cosas: dolor, tedio y tiempo.
Instantáneamente comencé a enviar mensajes al celular de Malena.
No tuve vergüenza en escribir las palabras más patéticas que se me ocurrieron: que me había abandonado cobardemente, que la médica que me cosió el labio seguro era su amante, que se había aprovechado de mí desde el primer momento, que no tendría los ovarios de venir a verme, que la denunciaría por corrupción de menores... a menos que volviera por mí.
Cualquier bajeza vale en el amor y en la guerra, o no?
Al fin y al cabo, porqué siempre tengo que jugar el papel de víctima?
Porqué tengo que ser usada, atropellada, vivir medicada?
Porqué no puedo contragolpear, vengarme, hacer sufrir, causar dolor?
Porqué no?
O vendrá Dios a pedirme que rinda cuentas?
Sentí una retorcida satisfacción.
Tenía que sentir el golpe bajo, o no?
Pasaron los días...
La falta de noticias transformaron mi determinación, primero en nerviosismo, luego en desesperación, luego en llanto...
Mis mensajes pasaron de las amenazas a los insultos y, por último, a los ruegos, a las amenazas de suicidio...
Algo que siempre rondó mi mente.
Una mañana en que miraba por la ventana al cielo gris, mi mano izquierda (la que no estaba enyesada) empezó a temblar...
Parecía la pata de un insecto, se movía con su propio ritmo y yo no podía hacer nada por evitarlo.
Mi cuerpo me traicionaba... otra vez
Empecé a llorar sin ruido, sin mocos, sólo las lágrimas frías rodando por mis mejillas, con resignación...
El celular se iluminó y tarareó un ringtone pegadizo y tonto...
La pantallita decía: "mensaje nuevo"
Infructuosamente intenté agarrarlo, ahora mi mano temblaba como una máquina defectuosa...
Me mordí el labio hasta sacarme sangre, no podía darme vuelta para usar el brazo enyesado...
Una señora entró a la habitación, atraída por mi llanto... llamó a la enfermera...
De nuevo el pinchazo del anticonvulsivo salvador...
Me alcanzaron mi celular rosa Barbi y me dejaron sola.
Leí desesperada el mensaje de Malena...
Mamá me regaló un celular!
Sólo me sobraban tres cosas: dolor, tedio y tiempo.
Instantáneamente comencé a enviar mensajes al celular de Malena.
No tuve vergüenza en escribir las palabras más patéticas que se me ocurrieron: que me había abandonado cobardemente, que la médica que me cosió el labio seguro era su amante, que se había aprovechado de mí desde el primer momento, que no tendría los ovarios de venir a verme, que la denunciaría por corrupción de menores... a menos que volviera por mí.
Cualquier bajeza vale en el amor y en la guerra, o no?
Al fin y al cabo, porqué siempre tengo que jugar el papel de víctima?
Porqué tengo que ser usada, atropellada, vivir medicada?
Porqué no puedo contragolpear, vengarme, hacer sufrir, causar dolor?
Porqué no?
O vendrá Dios a pedirme que rinda cuentas?
Sentí una retorcida satisfacción.
Tenía que sentir el golpe bajo, o no?
Pasaron los días...
La falta de noticias transformaron mi determinación, primero en nerviosismo, luego en desesperación, luego en llanto...
Mis mensajes pasaron de las amenazas a los insultos y, por último, a los ruegos, a las amenazas de suicidio...
Algo que siempre rondó mi mente.
Una mañana en que miraba por la ventana al cielo gris, mi mano izquierda (la que no estaba enyesada) empezó a temblar...
Parecía la pata de un insecto, se movía con su propio ritmo y yo no podía hacer nada por evitarlo.
Mi cuerpo me traicionaba... otra vez
Empecé a llorar sin ruido, sin mocos, sólo las lágrimas frías rodando por mis mejillas, con resignación...
El celular se iluminó y tarareó un ringtone pegadizo y tonto...
La pantallita decía: "mensaje nuevo"
Infructuosamente intenté agarrarlo, ahora mi mano temblaba como una máquina defectuosa...
Me mordí el labio hasta sacarme sangre, no podía darme vuelta para usar el brazo enyesado...
Una señora entró a la habitación, atraída por mi llanto... llamó a la enfermera...
De nuevo el pinchazo del anticonvulsivo salvador...
Me alcanzaron mi celular rosa Barbi y me dejaron sola.
Leí desesperada el mensaje de Malena...
Almas de Destrucción Masiva (continuación)
...El celular temblaba en mi mano, lo levanté con infinito cuidado para no mover mucho las vendas elásticas que ceñían mis cuatro costillas quebradas...
"mensaje nuevo" Las palabras mágicas se veían un poco borrosas...
Tomé los anteojos de la mesita de luz, no sin sentir un latigazo de fuego en las costillas.
El nerviosismo me hizo olvidar el dolor... temblando teclée para leer su primer mensaje...
Me pediría perdón? se despediría de mí para siempre?
Las líneas del mensaje empezaron a desplazarse a medida que yo tocaba el cursor con el pulgar... leí con desesperación:
"perdoname nena"
Sentí como si mi corazón quisiera saltar de mi pecho.
"tnias razon q la medica era mi amante"
Sentí como si una garra de hielo estrujara mi corazón.
"en realidad la abia abandonado por vos"
"pero lo nuestro nunca podria ser"
A través de la niebla de las lágrimas leía las letritas titilantes, inocentes en su limbo electrónico...
"lo mejor es q no nos volvamos a ver"
"nos volvemos a espana"
Así, sin "ñ"... como si no valiera la pena teclear un poquito más...
Un mensajito rápido en un mundo de sentimientos rápidos... de seres fast food.
"pero nunca t olvidare"
Qué consuela saberlo! Mi mano se derrumbó sin peso, sin fuerzas sobre la cama.
Cada línea había sido un misil apuntado directo a mi corazón.
Me quedé en la misma posición un buen rato...
La enfermera pelirroja que siempre me hacía chistes entró, habló durante un rato con alguien que tenía mi cuerpo, mientras mi alma se hundía en una ciénaga oscura.
Cuando se fue, ya tenía decidido matarme.
"mensaje nuevo" Las palabras mágicas se veían un poco borrosas...
Tomé los anteojos de la mesita de luz, no sin sentir un latigazo de fuego en las costillas.
El nerviosismo me hizo olvidar el dolor... temblando teclée para leer su primer mensaje...
Me pediría perdón? se despediría de mí para siempre?
Las líneas del mensaje empezaron a desplazarse a medida que yo tocaba el cursor con el pulgar... leí con desesperación:
"perdoname nena"
Sentí como si mi corazón quisiera saltar de mi pecho.
"tnias razon q la medica era mi amante"
Sentí como si una garra de hielo estrujara mi corazón.
"en realidad la abia abandonado por vos"
"pero lo nuestro nunca podria ser"
A través de la niebla de las lágrimas leía las letritas titilantes, inocentes en su limbo electrónico...
"lo mejor es q no nos volvamos a ver"
"nos volvemos a espana"
Así, sin "ñ"... como si no valiera la pena teclear un poquito más...
Un mensajito rápido en un mundo de sentimientos rápidos... de seres fast food.
"pero nunca t olvidare"
Qué consuela saberlo! Mi mano se derrumbó sin peso, sin fuerzas sobre la cama.
Cada línea había sido un misil apuntado directo a mi corazón.
Me quedé en la misma posición un buen rato...
La enfermera pelirroja que siempre me hacía chistes entró, habló durante un rato con alguien que tenía mi cuerpo, mientras mi alma se hundía en una ciénaga oscura.
Cuando se fue, ya tenía decidido matarme.
Angel Caído
Lo peor son las noches... cuando se está sola, digo.
No podés dormir, pero pensás... pensás.
Pensaba en cómo vengarme.
Y ya sabía cómo.
Me autodestruiría.
Me hundiría en el barro y por último me suicidaría.
Y ella no dejaría de enterarse. Debería vivir el resto de su vida con la culpa de mi corrupción y mi muerte.
Disfrutá si podés de tu vieja amante!
Esa cuarentona teñida de rubio!
Ya lo tenía planeado: primero me hundiría en lo peor del sexo.
Me acostaría con cualquiera y me dejaría hacer cualquier porquería, incluso con hombres.
Hasta podría hacerlo por dinero.
Y se lo haría saber. Por el movil o por mail.
Mi movil tiene una camarita. Le enviaría las peores imágenes de mí misma haciendo cualquier cosa sucia.
Ya vas a ver en qué se transformó tu princesita!
Tu "coloradita dulce"!
Después empezaría a tomar drogas.
Especialmente cocaína.
Muy indicada para la epilepsia.
En realidad podría ir mandándole una foto de mi estado actual...
Un mes de internación... no llego ni a los cuarenta kilos.
Y por último... mi suicidio.
Me arrojaría desde "nuestra" roca en el acantilado.
Incluso podría intentar llamarla en ese preciso instante.
Alguien lo habrá hecho?
Escucharía desde España el golpe de mi cuerpo contra las piedras?
Un final apoteótico.
Un plan perfecto.
Pero que fracasó en su primer paso.
Y del modo más increíble.
No podés dormir, pero pensás... pensás.
Pensaba en cómo vengarme.
Y ya sabía cómo.
Me autodestruiría.
Me hundiría en el barro y por último me suicidaría.
Y ella no dejaría de enterarse. Debería vivir el resto de su vida con la culpa de mi corrupción y mi muerte.
Disfrutá si podés de tu vieja amante!
Esa cuarentona teñida de rubio!
Ya lo tenía planeado: primero me hundiría en lo peor del sexo.
Me acostaría con cualquiera y me dejaría hacer cualquier porquería, incluso con hombres.
Hasta podría hacerlo por dinero.
Y se lo haría saber. Por el movil o por mail.
Mi movil tiene una camarita. Le enviaría las peores imágenes de mí misma haciendo cualquier cosa sucia.
Ya vas a ver en qué se transformó tu princesita!
Tu "coloradita dulce"!
Después empezaría a tomar drogas.
Especialmente cocaína.
Muy indicada para la epilepsia.
En realidad podría ir mandándole una foto de mi estado actual...
Un mes de internación... no llego ni a los cuarenta kilos.
Y por último... mi suicidio.
Me arrojaría desde "nuestra" roca en el acantilado.
Incluso podría intentar llamarla en ese preciso instante.
Alguien lo habrá hecho?
Escucharía desde España el golpe de mi cuerpo contra las piedras?
Un final apoteótico.
Un plan perfecto.
Pero que fracasó en su primer paso.
Y del modo más increíble.
Vencedores Vencidos
Mi primer víctima: Bety, la enfermera pelirroja simpática.
Aclaración: no me gustan las pelirrojas (lo digo en el sentido puramente físico), aunque yo sea más pelirroja que nadie.
Misterios del alma femenina no?
Decidí seducirla, ya que no tenía dudas de gustarle.
Nunca me equivoco con las chicas... las miro al fondo de los ojos y sé lo que hay en su corazón.
Y Bety... no tenía dudas. Me trataba con una dulzura tan especial...
Hasta me había puesto un apodo lindísimo: "Campanita", ya que decía que le recordaba al hadita de Peter Pan.
Y siempre me acariciaba el pelo.
Qué mejor forma de vengarme?
La seduciría, experimentaría con su cuerpo y con su alma cuanto se me ocurriera... me aprovecharía de ella y luego la abandonaría cruelmente.
Total, qué podría hacerme?
Armar un escándalo a una menor de edad?
Debo reconocer que me gustaba físicamente, era muy linda y tenía algo que siempre me atrajo muchísimo en cualquier mujer: caderas curvadas y cintura estrecha.
Mi alma era como un hervidero de contradicciones, como víboras que se mordían y lastimaban unas a otras.
Pero seguí fiel a mi plan.
Esa noche, mientras me comía un caramelito de miel, toqué el llamador y en un minutito, Bety se apareció por mi habitación.
- Qué querés Campanita?
- Me ayudás a hacer pis?
(Aclaro que no podía levantarme, me habían vuelto a enclavijar la rodilla rota)
- Claro Campanita, podés levantar la cola?
- Me duele todo, no me ayudás vos?
- Campanita, para vos, cualquier cosa.
Mientras me tocaba, empecé a jadear despacito, mi aliento a miel debería empezar a turbarla, o no?
- Me ayudás a sentarme Bety?
Esto se lo dije en un susurro.
- Cómo decís linda? no te escuché bien...
Se lo repetí jadeando en su oído cuando se me arrimó.
Me abracé a ella para que me sentara en la cama... el contacto de mi mano en su cadera me hizo estremecer.
- Qué te pasa Campanita? de nuevo tuviste pesadillas?
Esto último me lo dijo muy cerquita de mi boca y con sus dedos peinándome el flequillo.
No aguanté más y le dí un beso en los labios que me hizo doler la herida recién cicatrizada...
Bety se tiró para atrás, yo me golpée la cabeza contra el respaldo de la cama.
- Qué hacés nena? qué te pasa? estás loca?
En un segundo todo mi plan se derrumbó como el castillo de naipes que era: me sentí estúpida, avergonzada, desubicada, ridícula.
Todo al mismo tiempo.
Bety me miraba con sus ojos marrones abiertos como dos platos y con la boca abierta.
Por supuesto, me puse a llorar como una tarada, mientras me tapaba la cara con la mano izquierda (la otra seguía enyesada), con los ojos fuertemente cerrados.
No quería abrirlos de la vergüenza que sentía.
Entre convulsiones de llanto le dije:
- Andate! perdoname! perdoname!
Increíblemente, Bety se me acercó y me abrazó muy fuerte, tomándome de la cintura y de la nuca.
- Qué te pasa Campanita? qué te pasa? porqué no me decís que te pasa?
Yo no aguanté más, las palabras salieron de mi interior... sin pensar, sin quererlo...
- Sólo quiero que me amen! Sólo quiero que alguien me ame!
- Es un crimen? o acaso no soy humana?
- Porqué nadie me ama, eh?
No pude hablar más, me ahogaba en mis propias lágrimas.
- Quién te hizo esto Campanita? quién te pudo hacer esto nena?
Me abrazaba fuerte, fuerte, pero sin lastimarme... ella sabía dónde tenía las costillas recién soldadas...
- No llorés Campanita, yo te voy a cuidar, nena...
Yo hundí la cara en su pecho, se lo bañé en lágrimas... esto no podía hacerlo con Mamá, no sin confesarle todo.
- Quién te pudo hacer esto Campanita? Yo te voy a cuidar, nena...
Bety empezó a tararear, a cantar despacito una canción, una canción de cuna, como si yo fuera una beba, su beba...
Me fui calmando de a poco, abrazada a ella, sintiendo su calorcito...
Y me dormí...
Esa noche soñé que volaba...
Yo era una hadita y volaba al lado de una chica pelirroja.
Miré hacia atrás, hacia las nubes de las que salíamos, íbamos dejando dos estelas de chispitas, plateadas y doradas.
La chica pelirroja era una adolescente hermosísima que reía y reía...
Y tenía la misma cara de Mamá.
Aclaración: no me gustan las pelirrojas (lo digo en el sentido puramente físico), aunque yo sea más pelirroja que nadie.
Misterios del alma femenina no?
Decidí seducirla, ya que no tenía dudas de gustarle.
Nunca me equivoco con las chicas... las miro al fondo de los ojos y sé lo que hay en su corazón.
Y Bety... no tenía dudas. Me trataba con una dulzura tan especial...
Hasta me había puesto un apodo lindísimo: "Campanita", ya que decía que le recordaba al hadita de Peter Pan.
Y siempre me acariciaba el pelo.
Qué mejor forma de vengarme?
La seduciría, experimentaría con su cuerpo y con su alma cuanto se me ocurriera... me aprovecharía de ella y luego la abandonaría cruelmente.
Total, qué podría hacerme?
Armar un escándalo a una menor de edad?
Debo reconocer que me gustaba físicamente, era muy linda y tenía algo que siempre me atrajo muchísimo en cualquier mujer: caderas curvadas y cintura estrecha.
Mi alma era como un hervidero de contradicciones, como víboras que se mordían y lastimaban unas a otras.
Pero seguí fiel a mi plan.
Esa noche, mientras me comía un caramelito de miel, toqué el llamador y en un minutito, Bety se apareció por mi habitación.
- Qué querés Campanita?
- Me ayudás a hacer pis?
(Aclaro que no podía levantarme, me habían vuelto a enclavijar la rodilla rota)
- Claro Campanita, podés levantar la cola?
- Me duele todo, no me ayudás vos?
- Campanita, para vos, cualquier cosa.
Mientras me tocaba, empecé a jadear despacito, mi aliento a miel debería empezar a turbarla, o no?
- Me ayudás a sentarme Bety?
Esto se lo dije en un susurro.
- Cómo decís linda? no te escuché bien...
Se lo repetí jadeando en su oído cuando se me arrimó.
Me abracé a ella para que me sentara en la cama... el contacto de mi mano en su cadera me hizo estremecer.
- Qué te pasa Campanita? de nuevo tuviste pesadillas?
Esto último me lo dijo muy cerquita de mi boca y con sus dedos peinándome el flequillo.
No aguanté más y le dí un beso en los labios que me hizo doler la herida recién cicatrizada...
Bety se tiró para atrás, yo me golpée la cabeza contra el respaldo de la cama.
- Qué hacés nena? qué te pasa? estás loca?
En un segundo todo mi plan se derrumbó como el castillo de naipes que era: me sentí estúpida, avergonzada, desubicada, ridícula.
Todo al mismo tiempo.
Bety me miraba con sus ojos marrones abiertos como dos platos y con la boca abierta.
Por supuesto, me puse a llorar como una tarada, mientras me tapaba la cara con la mano izquierda (la otra seguía enyesada), con los ojos fuertemente cerrados.
No quería abrirlos de la vergüenza que sentía.
Entre convulsiones de llanto le dije:
- Andate! perdoname! perdoname!
Increíblemente, Bety se me acercó y me abrazó muy fuerte, tomándome de la cintura y de la nuca.
- Qué te pasa Campanita? qué te pasa? porqué no me decís que te pasa?
Yo no aguanté más, las palabras salieron de mi interior... sin pensar, sin quererlo...
- Sólo quiero que me amen! Sólo quiero que alguien me ame!
- Es un crimen? o acaso no soy humana?
- Porqué nadie me ama, eh?
No pude hablar más, me ahogaba en mis propias lágrimas.
- Quién te hizo esto Campanita? quién te pudo hacer esto nena?
Me abrazaba fuerte, fuerte, pero sin lastimarme... ella sabía dónde tenía las costillas recién soldadas...
- No llorés Campanita, yo te voy a cuidar, nena...
Yo hundí la cara en su pecho, se lo bañé en lágrimas... esto no podía hacerlo con Mamá, no sin confesarle todo.
- Quién te pudo hacer esto Campanita? Yo te voy a cuidar, nena...
Bety empezó a tararear, a cantar despacito una canción, una canción de cuna, como si yo fuera una beba, su beba...
Me fui calmando de a poco, abrazada a ella, sintiendo su calorcito...
Y me dormí...
Esa noche soñé que volaba...
Yo era una hadita y volaba al lado de una chica pelirroja.
Miré hacia atrás, hacia las nubes de las que salíamos, íbamos dejando dos estelas de chispitas, plateadas y doradas.
La chica pelirroja era una adolescente hermosísima que reía y reía...
Y tenía la misma cara de Mamá.
Un Milagro en el Laberinto
Tarde luminosa de domingo en Parque Camet.
Perfecto para tomar unos matecitos en familia.
Mamá, una amiga, mi hermano y yo, bajo el sol, al borde del arenero donde juegan los nenes.
Era mi primer salida desde el accidente.
A pesar de las cicatrices en la cara (que de a poquito se iban borrando) y de mi cojera, me sentía casi feliz: parece mentira qué importantes pueden ser el sol y los pajaritos.
El parque estaba lleno de chicos jugando, así que mamá me encargó que no lo perdiera a Lucio de vista.
Así que me senté sola en la cerca de troncos del arenero, cosa de que mi hermanito no se me escapara.
Estaba en eso, cuando sentí una mirada clavada en mi nuca.
Es una sensación que nunca me falla: sé muy bien si alguien me está mirando fijamente a mis espaldas.
Esta vez era especialmente fuerte, casi podía sentir como si la piel del cuello y de la nuca me ardiera.
Me dí vuelta sólo uno o dos segundos.
Una chica me miraba fijo a los ojos.
Giré la cabeza de vuelta, muerta de vergüenza y miedo.
Me quedé quieta, congelada donde estaba.
Era una chica delgada, de pelo negro lacio, flequillo y cejas gruesas.
Estaba apoyada en un arbol, vestía pantalones y campera de jean desteñidos y fumaba.
Y era hermosísima.
Y me miraba a mí.
Sentí cómo mis rodillas se aflojaban y se me secaba la garganta.
Debo aclarar que me sentía fea y patética con mi renguera y mis cicatrices.
Cómo podía estar mirándome?
Saqué fuerzas no sé de dónde y me volví a dar vuelta.
Se sacó el cigarrillo de los labios y me miró directo a los ojos...
Yo sentí como si algo me explotara en el pecho, no sé muy bien si miedo, ansiedad, vergüenza... o una mezcla de estas y otras emociones.
Mientras... ví como Lucio se metía en el laberinto de plantas y se perdía de mi vista.
Desesperada, me lo fui a buscar, es un lugar grande y con muchos pasillos que pueden ser solitarios.
No quería que me viera cojear, aunque por más que me esforcé no pude caminar normalmente.
La fui controlando mirándola por debajo del flequillo...
La chica del cabello renegrido me seguía con la mirada.
Entré al laberinto y como siempre, cesaron todos los ruidos exteriores.
Es un lugar muy lindo, mágico...
Está formado por plantas y pinitos y los pasillos se abren en todas direcciones.
Antes de que alcanzara a Lucio, éste ya había salido por la otra punta y corría de vuelta al arenero.
Me volví despacito por donde había entrado... me había apurado tanto por nada.
Cuando llegué al círculo central, casi me muero de la impresión:
La chica pálida entraba por la otra punta!
Estábamos solas y sólo se sentía algún pajarito y el zumbido de los bichitos...
Se me vino derechito... mi corazón parecía querer salirse por mi boca.
Cuando estuvo frente a mí dijo:
-Me gustás mucho colorada.
Yo me quedé muda, mirándo sus ojos marrones almendrados, sentía como si pudiera hundirme en ellos...
Me puso un papelito en la palma de la mano y me la cerró con las suyas, que eran calentitas y suaves.
La mía temblaba y parecía a punto de disolverse en transpiración.
Todavía me avergüenza recordar mi reacción.
Como una estúpida, salí corriendo por donde había entrado, sin mirar atrás, cojeando.
Me refugié pegada a Mamá y no me le separé por el resto de la tarde.
La chica de los ojos almendrados salió del laberinto y me dedicó una sonrisa enigmática, como una Gioconda adolescente...
Miré el papelito, todo húmedo por mi transpiración...
Escrito en tinta azul, había un número de teléfono celular.
Perfecto para tomar unos matecitos en familia.
Mamá, una amiga, mi hermano y yo, bajo el sol, al borde del arenero donde juegan los nenes.
Era mi primer salida desde el accidente.
A pesar de las cicatrices en la cara (que de a poquito se iban borrando) y de mi cojera, me sentía casi feliz: parece mentira qué importantes pueden ser el sol y los pajaritos.
El parque estaba lleno de chicos jugando, así que mamá me encargó que no lo perdiera a Lucio de vista.
Así que me senté sola en la cerca de troncos del arenero, cosa de que mi hermanito no se me escapara.
Estaba en eso, cuando sentí una mirada clavada en mi nuca.
Es una sensación que nunca me falla: sé muy bien si alguien me está mirando fijamente a mis espaldas.
Esta vez era especialmente fuerte, casi podía sentir como si la piel del cuello y de la nuca me ardiera.
Me dí vuelta sólo uno o dos segundos.
Una chica me miraba fijo a los ojos.
Giré la cabeza de vuelta, muerta de vergüenza y miedo.
Me quedé quieta, congelada donde estaba.
Era una chica delgada, de pelo negro lacio, flequillo y cejas gruesas.
Estaba apoyada en un arbol, vestía pantalones y campera de jean desteñidos y fumaba.
Y era hermosísima.
Y me miraba a mí.
Sentí cómo mis rodillas se aflojaban y se me secaba la garganta.
Debo aclarar que me sentía fea y patética con mi renguera y mis cicatrices.
Cómo podía estar mirándome?
Saqué fuerzas no sé de dónde y me volví a dar vuelta.
Se sacó el cigarrillo de los labios y me miró directo a los ojos...
Yo sentí como si algo me explotara en el pecho, no sé muy bien si miedo, ansiedad, vergüenza... o una mezcla de estas y otras emociones.
Mientras... ví como Lucio se metía en el laberinto de plantas y se perdía de mi vista.
Desesperada, me lo fui a buscar, es un lugar grande y con muchos pasillos que pueden ser solitarios.
No quería que me viera cojear, aunque por más que me esforcé no pude caminar normalmente.
La fui controlando mirándola por debajo del flequillo...
La chica del cabello renegrido me seguía con la mirada.
Entré al laberinto y como siempre, cesaron todos los ruidos exteriores.
Es un lugar muy lindo, mágico...
Está formado por plantas y pinitos y los pasillos se abren en todas direcciones.
Antes de que alcanzara a Lucio, éste ya había salido por la otra punta y corría de vuelta al arenero.
Me volví despacito por donde había entrado... me había apurado tanto por nada.
Cuando llegué al círculo central, casi me muero de la impresión:
La chica pálida entraba por la otra punta!
Estábamos solas y sólo se sentía algún pajarito y el zumbido de los bichitos...
Se me vino derechito... mi corazón parecía querer salirse por mi boca.
Cuando estuvo frente a mí dijo:
-Me gustás mucho colorada.
Yo me quedé muda, mirándo sus ojos marrones almendrados, sentía como si pudiera hundirme en ellos...
Me puso un papelito en la palma de la mano y me la cerró con las suyas, que eran calentitas y suaves.
La mía temblaba y parecía a punto de disolverse en transpiración.
Todavía me avergüenza recordar mi reacción.
Como una estúpida, salí corriendo por donde había entrado, sin mirar atrás, cojeando.
Me refugié pegada a Mamá y no me le separé por el resto de la tarde.
La chica de los ojos almendrados salió del laberinto y me dedicó una sonrisa enigmática, como una Gioconda adolescente...
Miré el papelito, todo húmedo por mi transpiración...
Escrito en tinta azul, había un número de teléfono celular.
Princesas de Corazones
Después de una agonía de dos días de indesición, llamé al número de celular de la chica del parque.
Lo hice desde un teléfono público de la esquina de casa, no me atrevía a revelarle mi número, no sé porqué.
Después de unos segundos interminables, escuché una voz cristalina:
- Hola...
- Hola, te habla la chica del parque... la del laberinto... la perlirroja.
Pasaron un par de segundos en blanco, aterrorizada le dije:
- Te acordás de mí?
- Claro que me acuerdo de vos... dónde estás? Te quiero ver ya mismo.
Sentí cómo mis piernas se aflojaban y un vacío en la panza me dejaba sin aire...
- Hola! me escuchás? Nos podremos ver ahora linda?
Hayyy amorcito! la palabra "linda" me sonó como dicha por un ángel.
- Tiene que ser ya mismo?
Esto lo dije haciéndome la interesante.
De dónde saqué semejante caradurez? parecía que otra chica hablara por mí. Estaba desesperada por verla.
- Si, es muy importante, linda. Ahora... en un ratito. Te voy a esperar en la loma de Santa Cecilia, en uno de los bancos que miran al mar.
- Bueno, en media hora... o un poquito más... antes tengo algo que hacer...
Nos despedimos y cojeando corrí a mi casa a cambiarme y pintarme un poquito, no podía ir así como estaba.
Debo haber roto algún record de personas con la rodilla recién operada, porque subí las escaleras, me puse lo mejor que tenía y algo así como medio kilo de maquillaje (no podía estar pálida como una presa recién salida de la cárcel) en menos de media hora.
Me miré en el espejo (perfil izquierdo, tapando las cicatrices con el pelo).
Parecía una modelito.
Pantalones jeans bordados en turquesa, camisa con voladitos, labios rojos y piercieng brillante en la naricita.
Perfecta!
Con una seguridad cada vez menos firme, me apuré para llegar al lugar de la cita, gastándome mis últimos cinco pesos en un taxi.
Me escondí atrás de un árbol en la vereda de la capilla para espiar... Cruzando la avenida, frente al acantilado, estaba la chica de los ojos almendrados, sentada en un banco, con una camperita corta y oscura. Fumaba y miraba para los costados.
Parecía nerviosa.
Me arreglé la ropa lo mejor que pude, me metí un par de chicles de mentol en la boca y como para completar el efecto de chica segura de sí misma prendí un kool.
Toda una femme fatal.
Con el corazón en la boca, crucé la calle hacia mi primera cita después de tanto tiempo y tantos desastres...
Otra vez no ví venir el auto...
El chirrido de la frenada y mi grito histérico hicieron que la chica de los ojos almendrados se diera vuelta y viniera corriendo.
Se le fue encima al pobre hombre que casi me atropella hecha una fiera!
Le dijo de todo... animal, boludo, que de dónde había sacado el registro de conductor, que me podría haber matado...
Y por supuesto, la culpa era mía: por cruzar en las nubes.
Me tomó de la mano y me llevó para el banquito.
Yo lloraba como una estúpida y fumaba mi cigarrillo como si fuera el último.
Pero no hay mal que por bien no venga.
Ni había empezado nuestra primera cita y la chica más hermosa de Mar del Plata ya me estaba abrazando y consolando.
Nos presentamos y empezamos a conocernos sentadas en ese banquito frente al mar, que ahora tiene grabados nuestros nombres.
Lo hice desde un teléfono público de la esquina de casa, no me atrevía a revelarle mi número, no sé porqué.
Después de unos segundos interminables, escuché una voz cristalina:
- Hola...
- Hola, te habla la chica del parque... la del laberinto... la perlirroja.
Pasaron un par de segundos en blanco, aterrorizada le dije:
- Te acordás de mí?
- Claro que me acuerdo de vos... dónde estás? Te quiero ver ya mismo.
Sentí cómo mis piernas se aflojaban y un vacío en la panza me dejaba sin aire...
- Hola! me escuchás? Nos podremos ver ahora linda?
Hayyy amorcito! la palabra "linda" me sonó como dicha por un ángel.
- Tiene que ser ya mismo?
Esto lo dije haciéndome la interesante.
De dónde saqué semejante caradurez? parecía que otra chica hablara por mí. Estaba desesperada por verla.
- Si, es muy importante, linda. Ahora... en un ratito. Te voy a esperar en la loma de Santa Cecilia, en uno de los bancos que miran al mar.
- Bueno, en media hora... o un poquito más... antes tengo algo que hacer...
Nos despedimos y cojeando corrí a mi casa a cambiarme y pintarme un poquito, no podía ir así como estaba.
Debo haber roto algún record de personas con la rodilla recién operada, porque subí las escaleras, me puse lo mejor que tenía y algo así como medio kilo de maquillaje (no podía estar pálida como una presa recién salida de la cárcel) en menos de media hora.
Me miré en el espejo (perfil izquierdo, tapando las cicatrices con el pelo).
Parecía una modelito.
Pantalones jeans bordados en turquesa, camisa con voladitos, labios rojos y piercieng brillante en la naricita.
Perfecta!
Con una seguridad cada vez menos firme, me apuré para llegar al lugar de la cita, gastándome mis últimos cinco pesos en un taxi.
Me escondí atrás de un árbol en la vereda de la capilla para espiar... Cruzando la avenida, frente al acantilado, estaba la chica de los ojos almendrados, sentada en un banco, con una camperita corta y oscura. Fumaba y miraba para los costados.
Parecía nerviosa.
Me arreglé la ropa lo mejor que pude, me metí un par de chicles de mentol en la boca y como para completar el efecto de chica segura de sí misma prendí un kool.
Toda una femme fatal.
Con el corazón en la boca, crucé la calle hacia mi primera cita después de tanto tiempo y tantos desastres...
Otra vez no ví venir el auto...
El chirrido de la frenada y mi grito histérico hicieron que la chica de los ojos almendrados se diera vuelta y viniera corriendo.
Se le fue encima al pobre hombre que casi me atropella hecha una fiera!
Le dijo de todo... animal, boludo, que de dónde había sacado el registro de conductor, que me podría haber matado...
Y por supuesto, la culpa era mía: por cruzar en las nubes.
Me tomó de la mano y me llevó para el banquito.
Yo lloraba como una estúpida y fumaba mi cigarrillo como si fuera el último.
Pero no hay mal que por bien no venga.
Ni había empezado nuestra primera cita y la chica más hermosa de Mar del Plata ya me estaba abrazando y consolando.
Nos presentamos y empezamos a conocernos sentadas en ese banquito frente al mar, que ahora tiene grabados nuestros nombres.
Princesas de Corazones (Continuación)
Caminamos bajando la loma de Santa Cecilia hacia el puente nuevo.
El tránsito pasaba por debajo nuestro y veíamos a los coches ir volando mientras charlábamos apoyadas en la baranda de madera...
- Y vos estudiás Ayelén?
- Segundo año de diseño industrial... dejé veterinaria porqe extrañaba mucho a mis papás y a Mar del Plata... y vos?
- Creo que voy a estudiar psicología... Mamá dice que como no ando muy bien de la cabeza, quiero ser psicóloga...
- Y eso es verdad?
Su risa me hizo cosquillitas en la panza.
- Seguro... a mi psiquiatra no le hizo mucha gracia... me parece.
- Vas a un psiquiatra?
- Si, pero en cualquier momento mando todo a la mierda.
Me miró arrugando la frente y entrecerrando esos ojos oscuros y brillantes.
- Y eso porqué?
- Porque mi enfermedad es que no me amen... entendés?
- Cómo? Y tus papás? no te quieren?
- Mi papá está en Miami y Mamá me ama más que a nada en el mundo.
- Y entonces?
- Yo hablo de otra clase de amor... el que me puede dar otra mujer... otra chica...
La miré a los ojos y pensé con todas mis fuerzas:
"Quiero que me amés vos, ojos hermosos, ojos chispeantes, ojos almendrados..."
Fue un segundo, un segundo mágico, cósmico, nos miramos a los ojos y el universo dejó de girar... todo se detuvo, se congeló...
- Una chica como yo, tal vez?
- Una chica que tenga tus ojos... que tenga tus oyuelos...
Había demasiada gente en el puente, así que no la besé a pesar de las oleadas de calor que me subían desde la panza, a pesar de las ganas.
- Oíme coloradita... no querrías dar una vuelta en auto?
- Qué... tenés coche?
Ayelén no dejaba de sorprenderme.
- Claro, el de mi mamá.
- Dale, vamos, adónde?
- Adonde quieras... vení...
Me abrazó tomandome por la cintura... sentí como si me derritiera.
Me le colgué del hombro... sentía miedo, todo parecía demasiado bueno, demasiado lindo para ser cierto.
Ni bien estacionó su autito en la zona de Playa Varese no aguanté más y me le tiré encima...
Ay amorcito! Ay amorcito dulce!
Qué dulces y húmedos pueden ser los labios de una chica!
Cómo puede latir su corazón! con que intensidad, con que tibieza...
Yo estaba hambrienta de amor, mi alma era como tierra reseca, esperando la lluvia.
Y diluviaba.
Le comí la boca, la estrujé con todas mis fuerzas, tomé sus mejillas entre mis manos... miré el abismo de sus ojos oscuros...
(Ay amorcito! dónde estabas Amorcito, dónde!)
- Te esperé siempre, Amorcito, te esperé siempre y ahora llegaste...
- Ahora estás acá... conmigo... Amorcito.
Ayelén jadeaba y estaba colorada como un tomate, con voz entrecortada me dijo:
- Me estoy... enamorando... coloradita... me estoy... enamorando... de vos...
No tuve ninguna vergüenza de acariciarla y recorrerla con mis manos y mi boca... de buscar y encontrar sus zonas más sensibles... de saborearla... mi cabeza giraba...
El mundo volvía a tener sentido.
El tránsito pasaba por debajo nuestro y veíamos a los coches ir volando mientras charlábamos apoyadas en la baranda de madera...
- Y vos estudiás Ayelén?
- Segundo año de diseño industrial... dejé veterinaria porqe extrañaba mucho a mis papás y a Mar del Plata... y vos?
- Creo que voy a estudiar psicología... Mamá dice que como no ando muy bien de la cabeza, quiero ser psicóloga...
- Y eso es verdad?
Su risa me hizo cosquillitas en la panza.
- Seguro... a mi psiquiatra no le hizo mucha gracia... me parece.
- Vas a un psiquiatra?
- Si, pero en cualquier momento mando todo a la mierda.
Me miró arrugando la frente y entrecerrando esos ojos oscuros y brillantes.
- Y eso porqué?
- Porque mi enfermedad es que no me amen... entendés?
- Cómo? Y tus papás? no te quieren?
- Mi papá está en Miami y Mamá me ama más que a nada en el mundo.
- Y entonces?
- Yo hablo de otra clase de amor... el que me puede dar otra mujer... otra chica...
La miré a los ojos y pensé con todas mis fuerzas:
"Quiero que me amés vos, ojos hermosos, ojos chispeantes, ojos almendrados..."
Fue un segundo, un segundo mágico, cósmico, nos miramos a los ojos y el universo dejó de girar... todo se detuvo, se congeló...
- Una chica como yo, tal vez?
- Una chica que tenga tus ojos... que tenga tus oyuelos...
Había demasiada gente en el puente, así que no la besé a pesar de las oleadas de calor que me subían desde la panza, a pesar de las ganas.
- Oíme coloradita... no querrías dar una vuelta en auto?
- Qué... tenés coche?
Ayelén no dejaba de sorprenderme.
- Claro, el de mi mamá.
- Dale, vamos, adónde?
- Adonde quieras... vení...
Me abrazó tomandome por la cintura... sentí como si me derritiera.
Me le colgué del hombro... sentía miedo, todo parecía demasiado bueno, demasiado lindo para ser cierto.
Ni bien estacionó su autito en la zona de Playa Varese no aguanté más y me le tiré encima...
Ay amorcito! Ay amorcito dulce!
Qué dulces y húmedos pueden ser los labios de una chica!
Cómo puede latir su corazón! con que intensidad, con que tibieza...
Yo estaba hambrienta de amor, mi alma era como tierra reseca, esperando la lluvia.
Y diluviaba.
Le comí la boca, la estrujé con todas mis fuerzas, tomé sus mejillas entre mis manos... miré el abismo de sus ojos oscuros...
(Ay amorcito! dónde estabas Amorcito, dónde!)
- Te esperé siempre, Amorcito, te esperé siempre y ahora llegaste...
- Ahora estás acá... conmigo... Amorcito.
Ayelén jadeaba y estaba colorada como un tomate, con voz entrecortada me dijo:
- Me estoy... enamorando... coloradita... me estoy... enamorando... de vos...
No tuve ninguna vergüenza de acariciarla y recorrerla con mis manos y mi boca... de buscar y encontrar sus zonas más sensibles... de saborearla... mi cabeza giraba...
El mundo volvía a tener sentido.
Querido Diario:
Hoy te voy a contar cómo fue la primer visita que Aye me hizo en la facu.
Fue espectacular!
Como ya te había contado antes, queridísmo diario, me encanta darle celos a mi amorcito.
Bué, la cuestión es que sí hay una chica rubia que siempre me mira con ojitos enamorados, pero es de otro curso, así que no tuvo excusa para hablarme más que un par de veces y de rebote.
Por ahí le de miedo avanzar a una menor.
No nos olvidemos ese pequeño detalle.
Como te podrás imaginar, querido diario, no traicionaré a mi amorcito por la susodicha rubia (que es bastante linda, debo confesar), ni por ninguna otra.
Sin embargo, me halaga que una chica más grande y muy linda me mire de ese modo y más me gusta hacerla reventar de celos a Aye.
Como te decía, querido diario, nos encontramos con mi amorcito en la cafetería de la facu.
Mientras nos tomábamos unas cocas y fumábamos unos koolcitos, quién estaba en una mesa justo enfrente nuestro?
Bingo! la rubia de ojitos celestes y enamorados!
A que no sabés qué? Aye se avivó de cómo me miraba!
Uyuyuyyyyy! no quieras saber cómo se puso...
Parecía un tomate de lo colorada que estaba!
Como no le salían las palabras, empezó a hacer lo que siempre hace cuando está muy nerviosa: frotarse las manos y mirar para todos lados.
Y yo? como te imaginarás, querido diario, haciéndome la tonta, como si nada.
Una lady inglesa.
- Ves cómo te mira la rubia esa?
- Qué decís Aye? no te escucho...
- Digo que cómo te está mirando esa hija de puta de la rubia que está sentada ahí adelante...
- Shhhh! No me hagás pasar vergüenza, que por ahí andan todos mis compañeros y un par de profes...
- De cuál rubia me hablás?
- Ésa, la de negro... para colmo se parece a Natalia Oreiro, la muy hija de puta...
- Ah! Romina? es una chica de segundo año.
- Qué? la conocés?
- Si, la otra vez, en el pasillo...
- Estuviste hablando con ellla?
- Si, le pregunté por un apunte...
- Te sigue mirando así y la mato, mirá!
- Te querés calmar Aye? o me levanto y me voy.
En este punto debo reconocer que la cosa se estaba poniendo pesada, así que dejé de meterle fichas a la pobre Ayelén, que estaba a punto de reventar.
- Y se puede saber de qué te habló? Hija de puta, mirá el pelo rubio que tiene... se debe hacer un baño de crema cada quince minutos... yegua!
- Te podés calmar Amorcito? acaso no te juré amor eterno?
Justo en ese punto del diálogo, Aye quiso manotear la botellita de coca, pero estaba tan loca que le dió con la punta de los dedos y salió volando como un misil, rociando coca-cola para todos lados y reventando contra el piso justo en esos raros momentos en que se hace el silencio...
Nos miraba todo el mundo: Aye toda colorada y yo con cara de aquí no ha pasado nada.
Para colmo, la rubia se dió cuenta de todo... mamita querida!
Yo no aguanté más: me dió tal ataque de risa que Aye se quedó helada... y como no paraba, como siempre, la terminé contagiando.
Terminamos cagándonos de risa juntas, mientras todo el mundo nos miraba como si fuésemos un par de payasos que no hacen reír a nadie.
Como verás, queridísimo diario:
CONDENADAS AL RIDÍCULO.
Fue espectacular!
Como ya te había contado antes, queridísmo diario, me encanta darle celos a mi amorcito.
Bué, la cuestión es que sí hay una chica rubia que siempre me mira con ojitos enamorados, pero es de otro curso, así que no tuvo excusa para hablarme más que un par de veces y de rebote.
Por ahí le de miedo avanzar a una menor.
No nos olvidemos ese pequeño detalle.
Como te podrás imaginar, querido diario, no traicionaré a mi amorcito por la susodicha rubia (que es bastante linda, debo confesar), ni por ninguna otra.
Sin embargo, me halaga que una chica más grande y muy linda me mire de ese modo y más me gusta hacerla reventar de celos a Aye.
Como te decía, querido diario, nos encontramos con mi amorcito en la cafetería de la facu.
Mientras nos tomábamos unas cocas y fumábamos unos koolcitos, quién estaba en una mesa justo enfrente nuestro?
Bingo! la rubia de ojitos celestes y enamorados!
A que no sabés qué? Aye se avivó de cómo me miraba!
Uyuyuyyyyy! no quieras saber cómo se puso...
Parecía un tomate de lo colorada que estaba!
Como no le salían las palabras, empezó a hacer lo que siempre hace cuando está muy nerviosa: frotarse las manos y mirar para todos lados.
Y yo? como te imaginarás, querido diario, haciéndome la tonta, como si nada.
Una lady inglesa.
- Ves cómo te mira la rubia esa?
- Qué decís Aye? no te escucho...
- Digo que cómo te está mirando esa hija de puta de la rubia que está sentada ahí adelante...
- Shhhh! No me hagás pasar vergüenza, que por ahí andan todos mis compañeros y un par de profes...
- De cuál rubia me hablás?
- Ésa, la de negro... para colmo se parece a Natalia Oreiro, la muy hija de puta...
- Ah! Romina? es una chica de segundo año.
- Qué? la conocés?
- Si, la otra vez, en el pasillo...
- Estuviste hablando con ellla?
- Si, le pregunté por un apunte...
- Te sigue mirando así y la mato, mirá!
- Te querés calmar Aye? o me levanto y me voy.
En este punto debo reconocer que la cosa se estaba poniendo pesada, así que dejé de meterle fichas a la pobre Ayelén, que estaba a punto de reventar.
- Y se puede saber de qué te habló? Hija de puta, mirá el pelo rubio que tiene... se debe hacer un baño de crema cada quince minutos... yegua!
- Te podés calmar Amorcito? acaso no te juré amor eterno?
Justo en ese punto del diálogo, Aye quiso manotear la botellita de coca, pero estaba tan loca que le dió con la punta de los dedos y salió volando como un misil, rociando coca-cola para todos lados y reventando contra el piso justo en esos raros momentos en que se hace el silencio...
Nos miraba todo el mundo: Aye toda colorada y yo con cara de aquí no ha pasado nada.
Para colmo, la rubia se dió cuenta de todo... mamita querida!
Yo no aguanté más: me dió tal ataque de risa que Aye se quedó helada... y como no paraba, como siempre, la terminé contagiando.
Terminamos cagándonos de risa juntas, mientras todo el mundo nos miraba como si fuésemos un par de payasos que no hacen reír a nadie.
Como verás, queridísimo diario:
CONDENADAS AL RIDÍCULO.
Los días más felices de nuestras vidas
Pareciera que a veces dios quisiera pedirme disculpas.
Como la noche del sábado de otoño en que Ayelén vino a cenar a casa.
Aclaraciones necesarias:
1) Mamá no sabe que soy lesbiana.
2) O sea que cree que Aye es sólo una buena amiga mía.
3) Todavía no me decido a contarle todo a Mamá... no sé muy bien por dónde empezar y cómo se lo tomaría.
Por lo tanto, fue una cena en familia con una amiga.
Como buena criollita que soy... organicé un flor de asado!
Y música... mucha música.
Iba a ser una noche especial... mi amorcito conocería a mi familia.
Así que durante la semana preparé todo con mucho cuidado:
El mejor asado en la carnicería de la vuelta de casa, los paquetes de leña (uf! cómo pesaban), la verdura para las ensaladas, un buen vinito tinto, las infaltables coca-colas (qué gauchita!) y preparé música, especialmente: tango para Mamá, Norah Jones para mi amorcito, t.A.T.u. para mí , Madonna para bailar y muchos otros detalles.
Tempranito prendí la leña y preparé todo como me había enseñado papá.
El secreto del asado: horas a fuego lento y apurarlo antes de servirlo.
Como buena gauchita que soy, tenía un vasito de tinto a mano (a escondidas de Mamá, para que no me mate), durante el ritual de asar la carne.
A las ocho tocaron timbre...
Mi corazón quería explotar en el pecho: era Aye!
Y estaba más hermosa que nunca!
Se la presenté a Mamá con el corazón en la boca...
Se saludaron con mucha amabilidad... yo las miraba en puntitas de pies...
Mamá le dijo que estaba muy contenta de que fuera mi nueva amiga, que yo había cambiado mucho desde que la conocí...
Aye (como siempre)) se empezó a poner colorada, así que intervine yo y me la llevé para mostrarle mi habitación.
Así que Ayelén conoció mi dormitorio... le mostré mis libros, mi música, mi camita perfumada y con olorcito a mí y le prometí que ya la agarraría ahí cuando no hubiera nadie a la vista...
Hay amorcito! qué carita me pusiste!
Y cómo te cumplí esa promesa, amorcito dulce!
Pero esa será otra historia...
Volviendo al tema:
La noche más hermosa de mi vida!
Un asado espectacular, las estrellitas encima nuestro, la brisa que venía del mar (otoño es la estación más linda en Mar del Plata), los brindis (con coca-cola, claro) y los ojitos de Aye brillantes en su carita sonrojada, loca de felicidad.
Después puse música y bailamos:
Creo que la imagen de Ayelén y Mamá bailando el tango es la más linda que ví en mis diecisiete años...
Mamá baila el tango como nadie y Aye se dejaba llevar con esa gracia natural que tiene y que hace que todos los hombres (y mujeres también, grrrrr!) se den vuelta en la calle para mirarla.
Los dos seres que mas amo en el mundo!
A los postres, tomamos helado y cuando Mamá se fue para adentro porque se caía de sueño, Aye me lo dió con su cucharita en la boca...
Hay amorcito! Cómo hice para aguantarme y no saltarte encima como una gatita!
Nos quedamos hasta tarde escuchando a Norah Jones, a León Gieco
y a T.A.T.U.
Cuando Mamá se fue a dormir... ardió Troya! (frase de mi abuelita gallega)
Los besos que te dí, amorcito de mi vida!
Hasta me había reservado ese helado de chocolate que tanto te gusta, para besarte con ese gustito en los labios y en la lengua!
Por supuesto, y aprovechando que Mamá roncaba, me fumé un par de koolcitos abrazadita a mi amor...
No sé que tan larga sea la vida, ni si nuestro amor dure por siempre, ni siquiera sé si mi epilepsia terminará matándome algún día de estos...
Pero sí se muy bien cuál fue el día más feliz de mi vida.
Como la noche del sábado de otoño en que Ayelén vino a cenar a casa.
Aclaraciones necesarias:
1) Mamá no sabe que soy lesbiana.
2) O sea que cree que Aye es sólo una buena amiga mía.
3) Todavía no me decido a contarle todo a Mamá... no sé muy bien por dónde empezar y cómo se lo tomaría.
Por lo tanto, fue una cena en familia con una amiga.
Como buena criollita que soy... organicé un flor de asado!
Y música... mucha música.
Iba a ser una noche especial... mi amorcito conocería a mi familia.
Así que durante la semana preparé todo con mucho cuidado:
El mejor asado en la carnicería de la vuelta de casa, los paquetes de leña (uf! cómo pesaban), la verdura para las ensaladas, un buen vinito tinto, las infaltables coca-colas (qué gauchita!) y preparé música, especialmente: tango para Mamá, Norah Jones para mi amorcito, t.A.T.u. para mí , Madonna para bailar y muchos otros detalles.
Tempranito prendí la leña y preparé todo como me había enseñado papá.
El secreto del asado: horas a fuego lento y apurarlo antes de servirlo.
Como buena gauchita que soy, tenía un vasito de tinto a mano (a escondidas de Mamá, para que no me mate), durante el ritual de asar la carne.
A las ocho tocaron timbre...
Mi corazón quería explotar en el pecho: era Aye!
Y estaba más hermosa que nunca!
Se la presenté a Mamá con el corazón en la boca...
Se saludaron con mucha amabilidad... yo las miraba en puntitas de pies...
Mamá le dijo que estaba muy contenta de que fuera mi nueva amiga, que yo había cambiado mucho desde que la conocí...
Aye (como siempre)) se empezó a poner colorada, así que intervine yo y me la llevé para mostrarle mi habitación.
Así que Ayelén conoció mi dormitorio... le mostré mis libros, mi música, mi camita perfumada y con olorcito a mí y le prometí que ya la agarraría ahí cuando no hubiera nadie a la vista...
Hay amorcito! qué carita me pusiste!
Y cómo te cumplí esa promesa, amorcito dulce!
Pero esa será otra historia...
Volviendo al tema:
La noche más hermosa de mi vida!
Un asado espectacular, las estrellitas encima nuestro, la brisa que venía del mar (otoño es la estación más linda en Mar del Plata), los brindis (con coca-cola, claro) y los ojitos de Aye brillantes en su carita sonrojada, loca de felicidad.
Después puse música y bailamos:
Creo que la imagen de Ayelén y Mamá bailando el tango es la más linda que ví en mis diecisiete años...
Mamá baila el tango como nadie y Aye se dejaba llevar con esa gracia natural que tiene y que hace que todos los hombres (y mujeres también, grrrrr!) se den vuelta en la calle para mirarla.
Los dos seres que mas amo en el mundo!
A los postres, tomamos helado y cuando Mamá se fue para adentro porque se caía de sueño, Aye me lo dió con su cucharita en la boca...
Hay amorcito! Cómo hice para aguantarme y no saltarte encima como una gatita!
Nos quedamos hasta tarde escuchando a Norah Jones, a León Gieco
y a T.A.T.U.
Cuando Mamá se fue a dormir... ardió Troya! (frase de mi abuelita gallega)
Los besos que te dí, amorcito de mi vida!
Hasta me había reservado ese helado de chocolate que tanto te gusta, para besarte con ese gustito en los labios y en la lengua!
Por supuesto, y aprovechando que Mamá roncaba, me fumé un par de koolcitos abrazadita a mi amor...
No sé que tan larga sea la vida, ni si nuestro amor dure por siempre, ni siquiera sé si mi epilepsia terminará matándome algún día de estos...
Pero sí se muy bien cuál fue el día más feliz de mi vida.
Rosas y Jazmines
Decía mi abuelita que todo llega en la vida...
Y ciertas cosas que pueden parecer imposibles o dificilísimas, a veces resultan ser increíblemente sencillas...
Como confesarle a Mamá que soy lesbiana y que mi mejor amiga es en realidad, mi amorcito.
Estábamos sentadas a la mesita de la cocina, el lugar de las grandes conversaciones de madre e hija...
Mamá me miraba con los ojos muy abiertos, sin pestanear...
Mis rodillas temblaban.
- Vos me querés decir que Aye es tu novia?
- Exactamente eso es lo que te dije.
- Y desde cuándo?
- Aye? desde hace dos meses...
- No, desde cuándo vos sos... te gustan... sos...
- Desde cuándo soy lesbiana? Desde siempre, Mamá.
- Y porqué nunca me dijiste nada nena?
No supe qué contestar.
- Y Ayelén es tu primera... tu primera... experiencia? estás segura?
- Si es mi primera experiencia. Mentí.
- Y sí... estoy segura de lo que siento por ella y de lo que soy.
- Porqué Mamá? Te defraudé?
Se me llenaron los ojos de lágrimas.
- Vení para acá, nena... abrazo a mamá!
- Cada flor es lo que es... con sus propios colores y con su perfume... no lo sabías nena?
- Qué importa si sos una rosa o un jazmín?
- Ay Mami! no ves que me hacés llorar?
- Me lo hubieran dicho antes, che! o no soy tu mami?
- Tenía miedo, Mamá.
- Miedo de mí?
- De lo que pensaras... a veces dijiste cosas feas de las lesbianas...
- Yo? cuándo?
- No importa Mamá... ya fue...
- Bueno, habré criticado a alguna en particular... porque hay cada una!
- Pero yo no creo que nadie sea mejor que otro por su sexualidad, o acaso eso no lo aprendiste de mí?
- Es cierto Mami... soy yo que me persigo.
- Bueno, ahora me vas contar cómo se conocieron con Aye.
Le conté a Mamá (sin entrar en ciertos detalles, claro) nuestra historia de amor...
Hablamos y hablamos hasta la madrugada.
Ya era tiempo de crecer un poco más.
Y ciertas cosas que pueden parecer imposibles o dificilísimas, a veces resultan ser increíblemente sencillas...
Como confesarle a Mamá que soy lesbiana y que mi mejor amiga es en realidad, mi amorcito.
Estábamos sentadas a la mesita de la cocina, el lugar de las grandes conversaciones de madre e hija...
Mamá me miraba con los ojos muy abiertos, sin pestanear...
Mis rodillas temblaban.
- Vos me querés decir que Aye es tu novia?
- Exactamente eso es lo que te dije.
- Y desde cuándo?
- Aye? desde hace dos meses...
- No, desde cuándo vos sos... te gustan... sos...
- Desde cuándo soy lesbiana? Desde siempre, Mamá.
- Y porqué nunca me dijiste nada nena?
No supe qué contestar.
- Y Ayelén es tu primera... tu primera... experiencia? estás segura?
- Si es mi primera experiencia. Mentí.
- Y sí... estoy segura de lo que siento por ella y de lo que soy.
- Porqué Mamá? Te defraudé?
Se me llenaron los ojos de lágrimas.
- Vení para acá, nena... abrazo a mamá!
- Cada flor es lo que es... con sus propios colores y con su perfume... no lo sabías nena?
- Qué importa si sos una rosa o un jazmín?
- Ay Mami! no ves que me hacés llorar?
- Me lo hubieran dicho antes, che! o no soy tu mami?
- Tenía miedo, Mamá.
- Miedo de mí?
- De lo que pensaras... a veces dijiste cosas feas de las lesbianas...
- Yo? cuándo?
- No importa Mamá... ya fue...
- Bueno, habré criticado a alguna en particular... porque hay cada una!
- Pero yo no creo que nadie sea mejor que otro por su sexualidad, o acaso eso no lo aprendiste de mí?
- Es cierto Mami... soy yo que me persigo.
- Bueno, ahora me vas contar cómo se conocieron con Aye.
Le conté a Mamá (sin entrar en ciertos detalles, claro) nuestra historia de amor...
Hablamos y hablamos hasta la madrugada.
Ya era tiempo de crecer un poco más.
Los Futuros Recuerdos
Me encanta caminar por las playas cuando están solitarias.
Y ahora que la tengo a mi amorcito conmigo... ciertas cosas parecen la cristalización de la felicidad, la realización de un sueño tan deseado.
Las playas más lindas son las del sur, pasando Chapadmalal, rumbo a Miramar.
Siempre que podemos, en el Corsa de Aye, nos escapamos para nuestras playitas solitarias.
Llegamos a una bajada medio escondida en una parte donde los acantilados no son tan altos.
Era una tarde templada y nublada, sin viento y el mar se veía de ese colorcito verde claro con olitas blancas que tanto me gusta.
Caminábamos con Aye tomadas de la mano, pateando piedritas y buscando estrellitas de mar en la arena.
- Nunca te vas a aburrir de mí Aye?
- Cómo que me voy a aburrir de vos Coloradita? estás loca? de qué me hablás?
- No serías la primera que me abandona...
- Yo te voy a amar siempre, siempre, Dita (*)... ...nunca podría hacerte daño. Si sos un ángel... mi ángel.
Para variar, se me llenaron los ojos de lágrimas y Ayelén me abrazó fuerte, fuerte, mientras me peinaba el flequillo con sus dedos y me miraba a los ojos...
Hay amorcito! cómo dudar de tu amor, si lo veo arder en tus ojos!
Si parece que pudiera ver en ellos hasta el fondo de tu alma!
- Perdoname amorcito, soy siempre la misma tonta...
- Y yo te amo y te amaré siempre, tontita... chupetín.
- Hay amorcito... sentémonos acá... juguemos!
- A qué, Dita?
- Un juego nuevo que se me ocurrió, si?
- Dale, me encantan tus locuras, Coloradita... cómo se juega?
- Así Aye: yo te digo algo lindo y vos me contestás algo lindo, pero distinto, si? Tiene que ser rapidito: la que no responde en seguida pierde, si?
- Me gustó! quien empieza? palabras o frases?
- Mmmmmm... palabras! Y empiezo yo!
- Bueno, dale, empezá Colo.
- Ojitos dulces.
- Dijimos palabras, che...
- Bueno, Aye, pueden ser fracesitas también, dale...
- Coloradita tierna.
- Ojitos enamorados.
- Chupetín.
- Alfajorcito de chocolate.
- Amorcito mío.
- Angelito.
- Amorcito saladito.
- Coloradita calentita.
- Hay Aye! no me digas esas cosas, que se termina el juego...
- Dale, vos no podés con el genio...
- Bueno... morochita enamorada...
De repente, todos los sonidos desaparecieron...
Por un momento ví a Ayelén hablar, pero sólo la veía mover la boca...
La luz del día empezó a bajar, a volverse azul...
Oscuridad... y silencio.
Floto en la oscuridad... no siento mi cuerpo... no existe el tiempo...
- Dita... Dita... me oís?
De a poquito veo...
La cara de Aye... está iluminada desde atrás, parece un ángel...
Ahora aparece un acantilado a sus espaldas...
Escucho el sonido del mar, los chillidos de las gaviotas.
- Nena, no me asustés... Dita!
- No grités Aye... porqué te asustás? ...qué pasa?
- Colo... Dita... hace como media hora que estás como congelada... con los ojos abiertos...
- Eh? me... caí? me... lastimé?
- No nena, no... nada más te quedaste ahí... como congelada... qué susto, amorcito! Estás bien?
- Estoy bien... creo... un poco confundida... fue una ausencia... nada más...
- Vení acá, nena, vení!
Aye me abrazó con todas sus fuerzas, sentí sus lagrimitas tibias en mi mejilla... parecía mentira... ser feliz después de sufrir una ausencia.
Cómo explicar ciertas cosas sin caer en frases cursis!
Pero es así, el amor puede transformarlo todo... hasta a la epilepsia.
Aye me ayudó a levantarme, sentía las manos acalambradas y el cuerpo débil, pero nada más... no era la sensación de muerte en vida posterior a una crisis...
Nos volvimos al coche caminando abrazadas, despacito, diciéndonos cositas de enamoradas, palabras dulces y secretas...
Que solo conocemos Aye y yo.
(*) N. de la E.: "Dita": Colora-Dita.
Y ahora que la tengo a mi amorcito conmigo... ciertas cosas parecen la cristalización de la felicidad, la realización de un sueño tan deseado.
Las playas más lindas son las del sur, pasando Chapadmalal, rumbo a Miramar.
Siempre que podemos, en el Corsa de Aye, nos escapamos para nuestras playitas solitarias.
Llegamos a una bajada medio escondida en una parte donde los acantilados no son tan altos.
Era una tarde templada y nublada, sin viento y el mar se veía de ese colorcito verde claro con olitas blancas que tanto me gusta.
Caminábamos con Aye tomadas de la mano, pateando piedritas y buscando estrellitas de mar en la arena.
- Nunca te vas a aburrir de mí Aye?
- Cómo que me voy a aburrir de vos Coloradita? estás loca? de qué me hablás?
- No serías la primera que me abandona...
- Yo te voy a amar siempre, siempre, Dita (*)... ...nunca podría hacerte daño. Si sos un ángel... mi ángel.
Para variar, se me llenaron los ojos de lágrimas y Ayelén me abrazó fuerte, fuerte, mientras me peinaba el flequillo con sus dedos y me miraba a los ojos...
Hay amorcito! cómo dudar de tu amor, si lo veo arder en tus ojos!
Si parece que pudiera ver en ellos hasta el fondo de tu alma!
- Perdoname amorcito, soy siempre la misma tonta...
- Y yo te amo y te amaré siempre, tontita... chupetín.
- Hay amorcito... sentémonos acá... juguemos!
- A qué, Dita?
- Un juego nuevo que se me ocurrió, si?
- Dale, me encantan tus locuras, Coloradita... cómo se juega?
- Así Aye: yo te digo algo lindo y vos me contestás algo lindo, pero distinto, si? Tiene que ser rapidito: la que no responde en seguida pierde, si?
- Me gustó! quien empieza? palabras o frases?
- Mmmmmm... palabras! Y empiezo yo!
- Bueno, dale, empezá Colo.
- Ojitos dulces.
- Dijimos palabras, che...
- Bueno, Aye, pueden ser fracesitas también, dale...
- Coloradita tierna.
- Ojitos enamorados.
- Chupetín.
- Alfajorcito de chocolate.
- Amorcito mío.
- Angelito.
- Amorcito saladito.
- Coloradita calentita.
- Hay Aye! no me digas esas cosas, que se termina el juego...
- Dale, vos no podés con el genio...
- Bueno... morochita enamorada...
De repente, todos los sonidos desaparecieron...
Por un momento ví a Ayelén hablar, pero sólo la veía mover la boca...
La luz del día empezó a bajar, a volverse azul...
Oscuridad... y silencio.
Floto en la oscuridad... no siento mi cuerpo... no existe el tiempo...
- Dita... Dita... me oís?
De a poquito veo...
La cara de Aye... está iluminada desde atrás, parece un ángel...
Ahora aparece un acantilado a sus espaldas...
Escucho el sonido del mar, los chillidos de las gaviotas.
- Nena, no me asustés... Dita!
- No grités Aye... porqué te asustás? ...qué pasa?
- Colo... Dita... hace como media hora que estás como congelada... con los ojos abiertos...
- Eh? me... caí? me... lastimé?
- No nena, no... nada más te quedaste ahí... como congelada... qué susto, amorcito! Estás bien?
- Estoy bien... creo... un poco confundida... fue una ausencia... nada más...
- Vení acá, nena, vení!
Aye me abrazó con todas sus fuerzas, sentí sus lagrimitas tibias en mi mejilla... parecía mentira... ser feliz después de sufrir una ausencia.
Cómo explicar ciertas cosas sin caer en frases cursis!
Pero es así, el amor puede transformarlo todo... hasta a la epilepsia.
Aye me ayudó a levantarme, sentía las manos acalambradas y el cuerpo débil, pero nada más... no era la sensación de muerte en vida posterior a una crisis...
Nos volvimos al coche caminando abrazadas, despacito, diciéndonos cositas de enamoradas, palabras dulces y secretas...
Que solo conocemos Aye y yo.
(*) N. de la E.: "Dita": Colora-Dita.
Tormentas de pasión
Llueve sobre el mar...
Es de tarde en Mar del Plata, una tarde gris de invierno y la lluvia cae con fuerza, gotas pesadas y frías... un mundo en tonos grises.
Un Peugeot estaciona bajo la lluvia en la loma de Santa Cecilia.
En su interior dos chicas hablan y fuman.
La del asiento del conductor es rubia y la acompañante tiene el pelo rojo oscuro.
- Porqué parás acá, Romina?
- Me gusta ver los relámpagos cayendo en el mar... a vos no?
- Si... claro... me encanta...
- Y entonces? cuál es el problema?
(Nada, cuál va a ser el problema? Se puede saber qué hago en el lugar de mi primera cita con Aye, en el auto de Romina? No me iba a dejar en casa?)
- No... ningún problema... es que es un poquito tarde...
- Tarde? si no son ni las tres... y tu hermanito sale de la escuela a las cinco, no?
- Si, claro, no... lo que pasa... es que... yo pensaba estudiar un poco... antes...
(Y se puede saber porqué no le digo que me lleve ya mismo a casa? Será que es una chica tan atenta y... cuál sería el peligro? Me va a violar acaso?)
- Qué ricos estos kool, nunca los había probado, Mel.
(Mierda! La que me decía Mel era Malena!)
- Viste? yo los fumo desde los once años.
- Qué? en serio me hablás?
- De verdad, es mi único vicio... creo.
- Creés? y qué otro vicio tendrás, eh?
- Bueno... comer como una chancha... tomarme a veces algún vinito. Igual, vos sabés que el alcohol lo tengo prohibido.
- Si... tu epilepsia... no debe ser nada fácil no?
- Y... te terminás acostumbrando viste?
(No me mires así Romy, que no quiero tener que rechazarte)
- Y... además de tu mamá, tenés alguien más que te cuide... un novio?
- Eh... sí... no, un novio no... tengo una... amiga... eh...
- Muy amiga? quién? será la chica que a veces te viene a buscar a la facu? la de pelo lacio negro tan linda?
- Sí, Aye... vos la conocés... de vista... yo... eh...
(Se puede saber porqué tartamudeo de este modo?)
- Oíme Mel... te enojarías si te pregunto algo?
(Qué hago? me bajo del auto? me quedo? qué hago???)
- No... claro... sí... no sé... algo? cómo qué?
- A vos te gustan las chicas no?
(Hay... si acertara así a la lotería...)
- Y porqué me preguntás esto? a qué viene?
- Vos dijiste que no te ibas a enojar...
- Yo no dije nada... no me enojo... qué pasa si me gustan? y a vos, te gustan las chicas?
- Siempre me gustaron las chicas, sabés? ...me gustan las chicas... las chicas como vos.
(Y para qué habré preguntado? siempre metiéndome en quilombos... será el signo?)
- Pará... pará un poquito... oíme Romy...
- Decime Mel... vos sos lesbiana, no?
(Qué hago, le digo la verdad? le miento? salgo volando?)
- Bueno... sí lo soy... y... sí, Ayelén no es mi amiga... es mucho más que eso, sabés? Es mi amorcito.
(Listo... ya se lo dije... habré hecho bien? Romina será de confianza?)
- Y vos estás muy enamorada de ella?
Romy se me acercó mucho... sentí su aliento en mi cara.
- No te gustaría probar conmigo... nenita?
- Yo... eh... no...
Antes de que pudiera reaccionar, Romy me tomó de las mejillas y me besó en la boca.
- No... pará Romy... dejame!
- Perdoname Mel... soy una zarpada... pero vos me gustás mucho!
- No... está bien... por ahí la culpa es mía...
- Claro que es tu culpa, por ser tan linda... tan simpática...
- Romy, llevame a casa, por favor... no lo tomes a mal... pero yo ya tengo novia.
El corazón me golpeaba en el pecho... jamás me había visto en una situación como ésta.
- Está bien, Mel... te dejo en tu casa. Estás enojada conmigo? No le digas nada a ella, eh... no quiero tener problemas con nadie, sabés Mel?
- Claro Romy, esto queda acá... amigas y nada más...
- No me pidas lo que no te pueda cumplir Mel... yo siempre te voy a estar esperando... sabés?
(Debo admitir que sos hermosa, con esos ojazos celestes y esa melena dorada... pero jamás traicionaré a mi amorcito... y espero que no me estés leyendo la mente Romy)
- Por favor Romy... no sigas, vos me caés bien... pero yo... Aye...
- Está bien, vamos para tu casa... soy una tonta, ya sé.
A pesar de la tormenta Romy me llevó rapidito para casa. En el camino no hablamos.
- Acá está bien Romy, es a la vuelta de la esquina, gracias por traerme.
- Estás enojada conmigo, Mel?
- No, cómo voy a estar enojada, acaso me dijiste algo malo?
- Te robé un beso Mel...
(Porqué no soy capaz de mantener la boca cerrada, digo yo?)
- Bueno... no, no estoy enojada...
- Te gustó que te bese?
- Chau Romy, nos vemos en la facu, si?
- Chau Mel!
Romina me besó cerquita de la boca, pude sentir la humedad de sus labios en la penumbra del coche...
Saqué las llaves de mi carterita y me bajé casi corriendo.
Doblé la esquina y sentí que se me doblaban las piernas... el auto de Ayelén estaba estacionado en la puerta de casa!
Subí las escaleras volando, ya hace rato que debería haber llegado a casa... desde cuándo me estaría esperando Aye? Habría faltado a la facu? me habría ido a buscar?
- Por fin llegás nena, hace como una hora que estamos con Aye tomando mate y esperándote a vos... te llamó al celular y no respondías. Ya nos estábamos asustando.
- Habían varias calles inundadas Mamá y el celular lo tengo en la cartera, no lo habré oído, dónde está Aye?
En ese momento Ayelén entró a la cocina, venía del baño y ella y Mamá me miraron y se quedaron congeladas, como si yo fuera un fantasma o algo peor...
- Se puede saber quién te besó en la boca?
Jamás había escuchado a Aye con ese tono de voz... desesperada miré a Mamá... en sus ojos se veía una mezcla de horror y reproche... yo no podía entender nada.
- Cómo que quién me besó? no te entiendo...
Mamá me dijo con un tono helado:
- Andá al baño y lavate ese rouge.
Salí corriendo para el baño... cuando me miré al espejo me quise morir... el rouge de Romina! cómo no me dí cuenta! qué estúpida! y para colmo me había hecho la desentendida con Aye... y con Mamá como testigo!
No sabía qué hacer, me daba vergüenza salir del baño, me temblaban las rodillas... me lavé la boca... maldita Romy... lo habría hecho a propósito?
La puerta del baño se abrió de golpe...
Era Mamá.
- Aye se fue llorando... se puede saber qué hiciste? con quién estuviste? Ella no se merece esto.
Ahora sí sentí como si el universo entero se derrumbara sobre mí... Salí corriendo, casi la tiré a Mamá al piso de la desesperación.
Cuando llegué a la calle, el coche de Aye ya no estaba...
Me quedé llorando...
Mis lágrimas se perdían mezcladas con la lluvia.
Es de tarde en Mar del Plata, una tarde gris de invierno y la lluvia cae con fuerza, gotas pesadas y frías... un mundo en tonos grises.
Un Peugeot estaciona bajo la lluvia en la loma de Santa Cecilia.
En su interior dos chicas hablan y fuman.
La del asiento del conductor es rubia y la acompañante tiene el pelo rojo oscuro.
- Porqué parás acá, Romina?
- Me gusta ver los relámpagos cayendo en el mar... a vos no?
- Si... claro... me encanta...
- Y entonces? cuál es el problema?
(Nada, cuál va a ser el problema? Se puede saber qué hago en el lugar de mi primera cita con Aye, en el auto de Romina? No me iba a dejar en casa?)
- No... ningún problema... es que es un poquito tarde...
- Tarde? si no son ni las tres... y tu hermanito sale de la escuela a las cinco, no?
- Si, claro, no... lo que pasa... es que... yo pensaba estudiar un poco... antes...
(Y se puede saber porqué no le digo que me lleve ya mismo a casa? Será que es una chica tan atenta y... cuál sería el peligro? Me va a violar acaso?)
- Qué ricos estos kool, nunca los había probado, Mel.
(Mierda! La que me decía Mel era Malena!)
- Viste? yo los fumo desde los once años.
- Qué? en serio me hablás?
- De verdad, es mi único vicio... creo.
- Creés? y qué otro vicio tendrás, eh?
- Bueno... comer como una chancha... tomarme a veces algún vinito. Igual, vos sabés que el alcohol lo tengo prohibido.
- Si... tu epilepsia... no debe ser nada fácil no?
- Y... te terminás acostumbrando viste?
(No me mires así Romy, que no quiero tener que rechazarte)
- Y... además de tu mamá, tenés alguien más que te cuide... un novio?
- Eh... sí... no, un novio no... tengo una... amiga... eh...
- Muy amiga? quién? será la chica que a veces te viene a buscar a la facu? la de pelo lacio negro tan linda?
- Sí, Aye... vos la conocés... de vista... yo... eh...
(Se puede saber porqué tartamudeo de este modo?)
- Oíme Mel... te enojarías si te pregunto algo?
(Qué hago? me bajo del auto? me quedo? qué hago???)
- No... claro... sí... no sé... algo? cómo qué?
- A vos te gustan las chicas no?
(Hay... si acertara así a la lotería...)
- Y porqué me preguntás esto? a qué viene?
- Vos dijiste que no te ibas a enojar...
- Yo no dije nada... no me enojo... qué pasa si me gustan? y a vos, te gustan las chicas?
- Siempre me gustaron las chicas, sabés? ...me gustan las chicas... las chicas como vos.
(Y para qué habré preguntado? siempre metiéndome en quilombos... será el signo?)
- Pará... pará un poquito... oíme Romy...
- Decime Mel... vos sos lesbiana, no?
(Qué hago, le digo la verdad? le miento? salgo volando?)
- Bueno... sí lo soy... y... sí, Ayelén no es mi amiga... es mucho más que eso, sabés? Es mi amorcito.
(Listo... ya se lo dije... habré hecho bien? Romina será de confianza?)
- Y vos estás muy enamorada de ella?
Romy se me acercó mucho... sentí su aliento en mi cara.
- No te gustaría probar conmigo... nenita?
- Yo... eh... no...
Antes de que pudiera reaccionar, Romy me tomó de las mejillas y me besó en la boca.
- No... pará Romy... dejame!
- Perdoname Mel... soy una zarpada... pero vos me gustás mucho!
- No... está bien... por ahí la culpa es mía...
- Claro que es tu culpa, por ser tan linda... tan simpática...
- Romy, llevame a casa, por favor... no lo tomes a mal... pero yo ya tengo novia.
El corazón me golpeaba en el pecho... jamás me había visto en una situación como ésta.
- Está bien, Mel... te dejo en tu casa. Estás enojada conmigo? No le digas nada a ella, eh... no quiero tener problemas con nadie, sabés Mel?
- Claro Romy, esto queda acá... amigas y nada más...
- No me pidas lo que no te pueda cumplir Mel... yo siempre te voy a estar esperando... sabés?
(Debo admitir que sos hermosa, con esos ojazos celestes y esa melena dorada... pero jamás traicionaré a mi amorcito... y espero que no me estés leyendo la mente Romy)
- Por favor Romy... no sigas, vos me caés bien... pero yo... Aye...
- Está bien, vamos para tu casa... soy una tonta, ya sé.
A pesar de la tormenta Romy me llevó rapidito para casa. En el camino no hablamos.
- Acá está bien Romy, es a la vuelta de la esquina, gracias por traerme.
- Estás enojada conmigo, Mel?
- No, cómo voy a estar enojada, acaso me dijiste algo malo?
- Te robé un beso Mel...
(Porqué no soy capaz de mantener la boca cerrada, digo yo?)
- Bueno... no, no estoy enojada...
- Te gustó que te bese?
- Chau Romy, nos vemos en la facu, si?
- Chau Mel!
Romina me besó cerquita de la boca, pude sentir la humedad de sus labios en la penumbra del coche...
Saqué las llaves de mi carterita y me bajé casi corriendo.
Doblé la esquina y sentí que se me doblaban las piernas... el auto de Ayelén estaba estacionado en la puerta de casa!
Subí las escaleras volando, ya hace rato que debería haber llegado a casa... desde cuándo me estaría esperando Aye? Habría faltado a la facu? me habría ido a buscar?
- Por fin llegás nena, hace como una hora que estamos con Aye tomando mate y esperándote a vos... te llamó al celular y no respondías. Ya nos estábamos asustando.
- Habían varias calles inundadas Mamá y el celular lo tengo en la cartera, no lo habré oído, dónde está Aye?
En ese momento Ayelén entró a la cocina, venía del baño y ella y Mamá me miraron y se quedaron congeladas, como si yo fuera un fantasma o algo peor...
- Se puede saber quién te besó en la boca?
Jamás había escuchado a Aye con ese tono de voz... desesperada miré a Mamá... en sus ojos se veía una mezcla de horror y reproche... yo no podía entender nada.
- Cómo que quién me besó? no te entiendo...
Mamá me dijo con un tono helado:
- Andá al baño y lavate ese rouge.
Salí corriendo para el baño... cuando me miré al espejo me quise morir... el rouge de Romina! cómo no me dí cuenta! qué estúpida! y para colmo me había hecho la desentendida con Aye... y con Mamá como testigo!
No sabía qué hacer, me daba vergüenza salir del baño, me temblaban las rodillas... me lavé la boca... maldita Romy... lo habría hecho a propósito?
La puerta del baño se abrió de golpe...
Era Mamá.
- Aye se fue llorando... se puede saber qué hiciste? con quién estuviste? Ella no se merece esto.
Ahora sí sentí como si el universo entero se derrumbara sobre mí... Salí corriendo, casi la tiré a Mamá al piso de la desesperación.
Cuando llegué a la calle, el coche de Aye ya no estaba...
Me quedé llorando...
Mis lágrimas se perdían mezcladas con la lluvia.
Tormentas de Pasión (Continuación)
Desesperada, subí a casa... fui a buscar el celular a mi carterita, tenía que hablar urgente con Aye, esto no podía quedar así... ni seguir empeorando.
Si algo había aprendido en estos últimos meses, era que los problemas debían ser enfrentados mientras podían ser resueltos... quedarme encerrada o al borde de un acantilado no me llevaría a nada bueno.
Mamá me vio pasar como un relámpago... ni le di tiempo de preguntarme nada o retarme... empecé a revolver mi cartera como una loca... dónde estaba el maldito móvil?
- Mamá! dónde está mi celular?
Mamá apareció en mi cuarto.
- Ahora me vas a explicar qué estuviste haciendo nena!
- Te voy a explicar todo, pero dónde está mi celular?
- Qué lo perdiste también?
- También...? bueno... ahora te cuento... esperá.
Inutilmente busqué el celular... no aparecía, así que la llamé a Aye desde el teléfono de casa.
Me atendió el padre... me dijo que ya me atendía, que estaba en su dormitorio, que espere...
Pasó un minuto interminable... cuando creía que ya no me atendería escuché su voz tensa.
- Para qué me llamás? No tengo ganas de hablar con vos.
- Escuchame Aye, tenemos que hablar...
- Te equivocás pendeja, no tenemos nada de qué hablar.
- Escuchame amorcito, dejame explicarte qué pasó... te juro que no hice nada malo!
Aye no contestó, yo sentía su respiración agitada en el auricular...
- Por favor Aye, si me dejás que te explique vas a entender... o acaso cuando te conocí vos no me robaste un beso, eh? Eso fue lo que pasó.
- Así?... tan fácil?
Decidí decirle toda la verdad de golpe:
- Fue Romina, en su auto... Me robó un beso. Yo le dije que tenía novia, que me lleve a casa. Creeme. Es la verdad, amorcito. Nunca te traicionaría.
Aye no contestó. Seguí escuchando su respiración agitada.
- Me oís amorcito? Nunca te traicionaría, preferiría matarme. Palabra de honor!
Tenía que creerme... era mi juramento... la fórmula mágica que jamás podía romperse bajo ningún concepto. Que siempre respeté.
- Estoy muy caliente todavía. Llamame mañana.
- Por favor amorcito... te lo juro... yo no hice nada malo... te puedo contar todo. Ya me voy para tu casa.
- Pará Dita, pará un poco, dejá que se me pase el enojo.
Se notaba que ya no estaba tan enojada: ya no me decía Melisa.
- Dale Aye, soy yo: Dita, la misma de siempre. Romina no existe. Vos sos mi amorcito. A vos te prometí amor eterno.
- Oíme Dita, porqué no me dijiste que esa rubia hija de mil putas te había llevado a tu casa? Porqué lo ocultaste? Y encima te hiciste la boluda, que es lo que más bronca me da!
- Ya sé que estuve mal en no avisar de entrada... pero era para que no te enojes Aye. Te juro que yo no la provoqué ni me gustó que me besara.
- Esa rubia hija de puta es mucho más linda que yo!
Esto último Aye lo dijo bajito y llorando. Sentí como si me estrujaran el corazón.
- Vos sos la chica más linda del mundo Aye! Mucho más linda que cualquiera... Y sos mi amorcito y nunca te voy a cambiar por nadie!
La escuché llorar bajito y soplarse los mocos... no soportaba que Ayelén sufriera de ese modo por mi culpa.
- Ya me voy para tu casa Aye, no aguanto escucharte llorar y no tenerte para abrazarte.
- Dita... escuchame...
- Ya salgo amorcito, no te muevas de tu casa!
Otra vez salí corriendo como una loca. Mamá me miraba con cara de preocupación. Había escuhcado todo, obviamente.
- Yo te llevo nena, está diluviando y hace un frío terrible.
Salimos volando para el garage.
Si algo había aprendido en estos últimos meses, era que los problemas debían ser enfrentados mientras podían ser resueltos... quedarme encerrada o al borde de un acantilado no me llevaría a nada bueno.
Mamá me vio pasar como un relámpago... ni le di tiempo de preguntarme nada o retarme... empecé a revolver mi cartera como una loca... dónde estaba el maldito móvil?
- Mamá! dónde está mi celular?
Mamá apareció en mi cuarto.
- Ahora me vas a explicar qué estuviste haciendo nena!
- Te voy a explicar todo, pero dónde está mi celular?
- Qué lo perdiste también?
- También...? bueno... ahora te cuento... esperá.
Inutilmente busqué el celular... no aparecía, así que la llamé a Aye desde el teléfono de casa.
Me atendió el padre... me dijo que ya me atendía, que estaba en su dormitorio, que espere...
Pasó un minuto interminable... cuando creía que ya no me atendería escuché su voz tensa.
- Para qué me llamás? No tengo ganas de hablar con vos.
- Escuchame Aye, tenemos que hablar...
- Te equivocás pendeja, no tenemos nada de qué hablar.
- Escuchame amorcito, dejame explicarte qué pasó... te juro que no hice nada malo!
Aye no contestó, yo sentía su respiración agitada en el auricular...
- Por favor Aye, si me dejás que te explique vas a entender... o acaso cuando te conocí vos no me robaste un beso, eh? Eso fue lo que pasó.
- Así?... tan fácil?
Decidí decirle toda la verdad de golpe:
- Fue Romina, en su auto... Me robó un beso. Yo le dije que tenía novia, que me lleve a casa. Creeme. Es la verdad, amorcito. Nunca te traicionaría.
Aye no contestó. Seguí escuchando su respiración agitada.
- Me oís amorcito? Nunca te traicionaría, preferiría matarme. Palabra de honor!
Tenía que creerme... era mi juramento... la fórmula mágica que jamás podía romperse bajo ningún concepto. Que siempre respeté.
- Estoy muy caliente todavía. Llamame mañana.
- Por favor amorcito... te lo juro... yo no hice nada malo... te puedo contar todo. Ya me voy para tu casa.
- Pará Dita, pará un poco, dejá que se me pase el enojo.
Se notaba que ya no estaba tan enojada: ya no me decía Melisa.
- Dale Aye, soy yo: Dita, la misma de siempre. Romina no existe. Vos sos mi amorcito. A vos te prometí amor eterno.
- Oíme Dita, porqué no me dijiste que esa rubia hija de mil putas te había llevado a tu casa? Porqué lo ocultaste? Y encima te hiciste la boluda, que es lo que más bronca me da!
- Ya sé que estuve mal en no avisar de entrada... pero era para que no te enojes Aye. Te juro que yo no la provoqué ni me gustó que me besara.
- Esa rubia hija de puta es mucho más linda que yo!
Esto último Aye lo dijo bajito y llorando. Sentí como si me estrujaran el corazón.
- Vos sos la chica más linda del mundo Aye! Mucho más linda que cualquiera... Y sos mi amorcito y nunca te voy a cambiar por nadie!
La escuché llorar bajito y soplarse los mocos... no soportaba que Ayelén sufriera de ese modo por mi culpa.
- Ya me voy para tu casa Aye, no aguanto escucharte llorar y no tenerte para abrazarte.
- Dita... escuchame...
- Ya salgo amorcito, no te muevas de tu casa!
Otra vez salí corriendo como una loca. Mamá me miraba con cara de preocupación. Había escuhcado todo, obviamente.
- Yo te llevo nena, está diluviando y hace un frío terrible.
Salimos volando para el garage.





