El accidente
Otro día de lluvia de primavera.
Camino por plaza, hacia la calle España y oscurece.
No quiero volver a casa en colectivo, necesito el aire fresco de la tarde.
Me paro en el semáforo de Luro. Los autos y colectivos pasan rápido, salpicando al pisar los charcos.
Bajo del cordón... Miro el semáforo: tres luces azules... Azules?
El estruendo del tráfico desaparece, reemplazado por un débil silbido, como una tetera hirviendo.
Todo se vuelve azul, la tarde parece apagarse... un crepúsculo azul...
Todo mi cuerpo hormiguea...
El aura... el aura...
Una camioneta azul, con luces azules enceguecedoras dobla sin bajar la velocidad, se me viene encima, patinando sobre asfalto azul...
El golpe, la caída en cámara lenta... y todo en silencio.
Raro no sentir nada.
Me hundo en una tiniebla azul...
Abro los ojos, luces blancas me obligan a cerrarlos.
Los abro de nuevo, el techo se mueve, se sienten gritos, una bolsa llena de líquido se agita encima mío. El ruido me hace doler la cabeza.
Me ponen una luz blanca en los ojos, me hacen preguntas que no puedo responder... ahora la tiniebla es negra... y quema.
Abro los ojos de nuevo, hace frío y estoy boca arriba en una sala blanca, rodeada de gente con batas de colores: verdes, celestes, rosa. De nuevo luces en el techo. Tengo la boca y la garganta resecas. No siento el cuerpo... vuelvo a cerrar los ojos...
Me despierto en la cama de una habitación desconocida... No hay músculo ni hueso que no me duela. Siento la cabeza y la cara como un globo lleno de agua y duele, duele...
Mamá me mira desde los pies de la cama, con las manos cruzadas sobre el pecho, la conozco demasiado como para no darme cuenta del esfuerzo que hace para no llorar.
Quiero levantar la cabeza... el dolor es como un estallido dentro del cráneo. Ya no me moveré más.
Mi cuerpo tardará dos meses en volver a ser mío.
Camino por plaza, hacia la calle España y oscurece.
No quiero volver a casa en colectivo, necesito el aire fresco de la tarde.
Me paro en el semáforo de Luro. Los autos y colectivos pasan rápido, salpicando al pisar los charcos.
Bajo del cordón... Miro el semáforo: tres luces azules... Azules?
El estruendo del tráfico desaparece, reemplazado por un débil silbido, como una tetera hirviendo.
Todo se vuelve azul, la tarde parece apagarse... un crepúsculo azul...
Todo mi cuerpo hormiguea...
El aura... el aura...
Una camioneta azul, con luces azules enceguecedoras dobla sin bajar la velocidad, se me viene encima, patinando sobre asfalto azul...
El golpe, la caída en cámara lenta... y todo en silencio.
Raro no sentir nada.
Me hundo en una tiniebla azul...
Abro los ojos, luces blancas me obligan a cerrarlos.
Los abro de nuevo, el techo se mueve, se sienten gritos, una bolsa llena de líquido se agita encima mío. El ruido me hace doler la cabeza.
Me ponen una luz blanca en los ojos, me hacen preguntas que no puedo responder... ahora la tiniebla es negra... y quema.
Abro los ojos de nuevo, hace frío y estoy boca arriba en una sala blanca, rodeada de gente con batas de colores: verdes, celestes, rosa. De nuevo luces en el techo. Tengo la boca y la garganta resecas. No siento el cuerpo... vuelvo a cerrar los ojos...
Me despierto en la cama de una habitación desconocida... No hay músculo ni hueso que no me duela. Siento la cabeza y la cara como un globo lleno de agua y duele, duele...
Mamá me mira desde los pies de la cama, con las manos cruzadas sobre el pecho, la conozco demasiado como para no darme cuenta del esfuerzo que hace para no llorar.
Quiero levantar la cabeza... el dolor es como un estallido dentro del cráneo. Ya no me moveré más.
Mi cuerpo tardará dos meses en volver a ser mío.
Recuerdos felices
La ruta a Miramar debe ser una de las más hermosas del País.
Sube y baja y zigzaguea paralela a la costa. Van pasando los bosques, los balnearios, las casitas, los barrios de chalets, los campos...
Era una tarde luminosa de Diciembre, justo antes de la invasión de turistas, apenas nos cruzábamos algún auto o algún ciclista sudando bajo el sol.
En la radio del Seat sonaba uno de mis temas favoritos, mientras yo fumaba un kool y largaba el humo por la ventanilla abierta.
Era una tarde perfecta.
El viento cálido que entraba por la ventanilla me despeinaba. Cruzando los brazos me apoyé contra la puerta, mirando a Malena que manejaba sin perder la sonrisa, mientras tarareaba la canción rítmica y pegadiza, totalmente nueva para ella.
-Vos te quedaste con esos dinosaurios de los Bee gees Male, a ver si aprendés algo nuevo, le dije ahogando una risita.
- A ver si me enseñás vos que sabés tanto, nena... Me dijo y me tiró un vasito de plástico vacío.
- Te voy a enseñar lo que soy yo, pero cuando lleguemos a esa cabaña.
Me miró no sé si con ternura o como saboreando lo que iba a pasar... Siguió sonriendo sin decir nada.
Pasamos la zona de la quinta presidencial y los hoteles viejos de Chapadmalal, a la izquierda se veía una entrada de tierra que se metía en el acantilado. El mar era de un azul increíble.
- Pará! pará! metete en esa entrada Male, que nunca fuimos!
- Tus deseos son órdenes nena.
El coche se metió como pudo en la salida, dando tumbos en la tierra, giró a la derecha y frenó, cerquita del borde del acantilado.
Pasaban gaviotas chillando.
No le dí tiempo a nada: ni bien frenó, me solté el cinturón y me le tiré encima, esquivando la palanca de cambios.
- Te voy a comer a besos, morocha!
- Mmmmm... sos una coloradita muy zafada, nunca te dijeron?
- Sí, me lo dijo una morocha la otra tarde en su habitación, no serías vos, por casualidad?
- Vení para acá pendejita!
La conversación siguió más o menos en ese tono un ratito, entre mimos y besos, mientras el auto empezaba a calentarse bajo el sol.
Bajamos.
El viento tibio y salado venía del mar, que parecía un infinito azul con olitas blancas y miles de gaviotas revoloteando.
Nos abrazamos bajo el sol, bajo los chillidos de las gaviotas, yo me colgué de su cuello y la besé hasta sacarle el aliento, hasta sentir cómo se estremecía entre mis brazos.
La tomé de la cintura, apoyé mi cabeza en su hombro y nos fuimos despacito para el auto.
Nos esperaba una cita de pasión en una cabaña escondida entre eucaliptos, frente a nuestro mar.
Sube y baja y zigzaguea paralela a la costa. Van pasando los bosques, los balnearios, las casitas, los barrios de chalets, los campos...
Era una tarde luminosa de Diciembre, justo antes de la invasión de turistas, apenas nos cruzábamos algún auto o algún ciclista sudando bajo el sol.
En la radio del Seat sonaba uno de mis temas favoritos, mientras yo fumaba un kool y largaba el humo por la ventanilla abierta.
Era una tarde perfecta.
El viento cálido que entraba por la ventanilla me despeinaba. Cruzando los brazos me apoyé contra la puerta, mirando a Malena que manejaba sin perder la sonrisa, mientras tarareaba la canción rítmica y pegadiza, totalmente nueva para ella.
-Vos te quedaste con esos dinosaurios de los Bee gees Male, a ver si aprendés algo nuevo, le dije ahogando una risita.
- A ver si me enseñás vos que sabés tanto, nena... Me dijo y me tiró un vasito de plástico vacío.
- Te voy a enseñar lo que soy yo, pero cuando lleguemos a esa cabaña.
Me miró no sé si con ternura o como saboreando lo que iba a pasar... Siguió sonriendo sin decir nada.
Pasamos la zona de la quinta presidencial y los hoteles viejos de Chapadmalal, a la izquierda se veía una entrada de tierra que se metía en el acantilado. El mar era de un azul increíble.
- Pará! pará! metete en esa entrada Male, que nunca fuimos!
- Tus deseos son órdenes nena.
El coche se metió como pudo en la salida, dando tumbos en la tierra, giró a la derecha y frenó, cerquita del borde del acantilado.
Pasaban gaviotas chillando.
No le dí tiempo a nada: ni bien frenó, me solté el cinturón y me le tiré encima, esquivando la palanca de cambios.
- Te voy a comer a besos, morocha!
- Mmmmm... sos una coloradita muy zafada, nunca te dijeron?
- Sí, me lo dijo una morocha la otra tarde en su habitación, no serías vos, por casualidad?
- Vení para acá pendejita!
La conversación siguió más o menos en ese tono un ratito, entre mimos y besos, mientras el auto empezaba a calentarse bajo el sol.
Bajamos.
El viento tibio y salado venía del mar, que parecía un infinito azul con olitas blancas y miles de gaviotas revoloteando.
Nos abrazamos bajo el sol, bajo los chillidos de las gaviotas, yo me colgué de su cuello y la besé hasta sacarle el aliento, hasta sentir cómo se estremecía entre mis brazos.
La tomé de la cintura, apoyé mi cabeza en su hombro y nos fuimos despacito para el auto.
Nos esperaba una cita de pasión en una cabaña escondida entre eucaliptos, frente a nuestro mar.
Demasiado tarde para lágrimas
A veces creo que Dios debiera pedir disculpas...
Qué frase no?
Parece un poquito soberbia?
Qué descaro pedir al creador que rinda cuentas!
Bueno, en realidad yo soy bastante imperfecta... por donde se me mire...
Tendría derecho al reclamo.
A ver, enumeremos unos pocos defectos:
Primero y principal: epiléptica.
Solo con éste ya estaría autorizada para reclamar que me cumplan la garantía de fábrica.
O a los cinco años ya vencía?
Porque si es así... la primera crisis fue justito
para mi cumple de cinco añitos.
Mirá que venga el Señor Hacedor de Estrellas y diga:
"Lo lamento mucho señora,
pero su nena ya cumplió los cinco,
garantía vencida. El que sigue!"
Si vamos a empezar así... vamos mal.
A ver señor Gerente de Universo Sociedad Anónima,
Tiene que fabricar sus productos de cualquier manera?
Armarlos con cualquier cosa que encontró por ahí?
Hacer lo primero que le viene a la cabeza?
En realidad me da un poquito de lástima,
pobre creador fracasado:
"Este nucleótido iba acá? Ah... no? "
"Perdón embrioncito... perdón amorcito... "
"Los dioses también nos equivocamos"
Ud. disculpe Sr. Gerente, pero, sabe qué?
Estas criaturas vienen con un par de componentes dentro:
Les llamamos: Corazón y Alma.
Y aunque también sean defectuosos,
sienten y sufren, lloran y gozan.
Podríamos añadir otros defectitos al reclamo:
Como las pesadillas.
Tenían que ser tan horribles?
No habrá alguna endorfina, algo que las calme?
Nos evitaría tantos dolores...
Como los que vienen después de comprar ciertas sustancias
que se consiguen en las calles
en lugares sórdidos,
Y que tampoco tienen garantía.
En realidad, vienen con la garantía de que sufrirás,
Que sufrirás mucho, mucho...
Y todo porque el pobre dios (animémonos a la minúscula)
se equivocó en el diseño del pobre bicho bípedo.
Qué pena, nena,
Qué pena, nena!
Pero mirá que puta pena nena!
Tenés tu maldito corazón!
Arrastrás tu alma sangrante...
Pero no disponés de la eternidad
no disponés de la puta eternidad
para empezar de nuevo.
Qué frase no?
Parece un poquito soberbia?
Qué descaro pedir al creador que rinda cuentas!
Bueno, en realidad yo soy bastante imperfecta... por donde se me mire...
Tendría derecho al reclamo.
A ver, enumeremos unos pocos defectos:
Primero y principal: epiléptica.
Solo con éste ya estaría autorizada para reclamar que me cumplan la garantía de fábrica.
O a los cinco años ya vencía?
Porque si es así... la primera crisis fue justito
para mi cumple de cinco añitos.
Mirá que venga el Señor Hacedor de Estrellas y diga:
"Lo lamento mucho señora,
pero su nena ya cumplió los cinco,
garantía vencida. El que sigue!"
Si vamos a empezar así... vamos mal.
A ver señor Gerente de Universo Sociedad Anónima,
Tiene que fabricar sus productos de cualquier manera?
Armarlos con cualquier cosa que encontró por ahí?
Hacer lo primero que le viene a la cabeza?
En realidad me da un poquito de lástima,
pobre creador fracasado:
"Este nucleótido iba acá? Ah... no? "
"Perdón embrioncito... perdón amorcito... "
"Los dioses también nos equivocamos"
Ud. disculpe Sr. Gerente, pero, sabe qué?
Estas criaturas vienen con un par de componentes dentro:
Les llamamos: Corazón y Alma.
Y aunque también sean defectuosos,
sienten y sufren, lloran y gozan.
Podríamos añadir otros defectitos al reclamo:
Como las pesadillas.
Tenían que ser tan horribles?
No habrá alguna endorfina, algo que las calme?
Nos evitaría tantos dolores...
Como los que vienen después de comprar ciertas sustancias
que se consiguen en las calles
en lugares sórdidos,
Y que tampoco tienen garantía.
En realidad, vienen con la garantía de que sufrirás,
Que sufrirás mucho, mucho...
Y todo porque el pobre dios (animémonos a la minúscula)
se equivocó en el diseño del pobre bicho bípedo.
Qué pena, nena,
Qué pena, nena!
Pero mirá que puta pena nena!
Tenés tu maldito corazón!
Arrastrás tu alma sangrante...
Pero no disponés de la eternidad
no disponés de la puta eternidad
para empezar de nuevo.
La Conversación
Me muevo hacia arriba, cruzando capas de oscuridad, buscando la luz.
Floto entre algodones color carbón...
Trato de recuperar las sensaciones, de ver, de oír...
- Duele Princesa?
- Eh?
- Si te duele, si sentís los huesos quebrados, los ligamentos rotos...
- No siento nada... Y vos? Quién sos?
- Me llamaste, por eso vine.
- Donde está Mamá? porque no la veo? porqué no veo nada?
- No llores, nena, vine para que no llores... no así.
- Yo no te llamé. Quiero a Mamá!
- Ella está aquí, no la ves? Te está cuidando.
- Te dije que no veo nada... Y no me dijiste quién carajo sos!
- Así está mejor, nena. Mejor la rabia que el vacío no?
- Se puede saber quién sos? Y quién te pidió opinión?
- Te dije que me llamaste. Por eso vine.
- Esto es otra pesadilla, no?
- No. O acaso la vida es una pesadilla?
- Estoy muerta? No, Dios! Quiero a Mamá!!
- No estás muerta, Princesa. Acaso hablan los muertos? O sufren?
- Estás conmigo, o no? O sea que estás viva.
- Y se puede saber quién carajo sos? Dios?
- Así me llaman algunos. Otros me dicen Abbadón, o Hacedor de estrellas, u otros nombres. Algunos dicen que no tengo nombre.
- Que soy el Alfa, el Omega, que sueño Universos... Algunos dicen que no son sueños, sino pesadillas. Te suena?
- QUIERO A MAMÁ!!
- No tengás miedo, el dolor es parte de vivir...
- ...Viene con todo lo demás...
- O no te acordás que vos elegiste vivir? Que elegiste nacer...
Siento que se me acerca y que, de algún modo incomprensible me toca...
Entonces siento como si cayera suavemente, hacia la vida, hacia lo que los desmemoriados llamamos realidad...
Como un ángel caído, otra vez...
Hacia Mamá...
Ahora cruzo otra vez los algodones negros como la noche...
Empiezo a sentir mi cuerpo, su peso sobre la cama, el ardor en el labio superior, en la ceja derecha... las costillas rotas, la rodilla hecha polvo.
Vivir duele, el cuerpo duele de solo existir, no me había dado cuenta nunca... Nunca?
Una lucecita amarilla ilumina a Mamá, que está sentada a mi lado... duerme? sueña?
El... sueño? no se disipa con la conciencia... Recuerdo cada palabra, el tono de su voz, como los acordes de música angelical...
Ya nada volverá a ser lo que era.
Floto entre algodones color carbón...
Trato de recuperar las sensaciones, de ver, de oír...
- Duele Princesa?
- Eh?
- Si te duele, si sentís los huesos quebrados, los ligamentos rotos...
- No siento nada... Y vos? Quién sos?
- Me llamaste, por eso vine.
- Donde está Mamá? porque no la veo? porqué no veo nada?
- No llores, nena, vine para que no llores... no así.
- Yo no te llamé. Quiero a Mamá!
- Ella está aquí, no la ves? Te está cuidando.
- Te dije que no veo nada... Y no me dijiste quién carajo sos!
- Así está mejor, nena. Mejor la rabia que el vacío no?
- Se puede saber quién sos? Y quién te pidió opinión?
- Te dije que me llamaste. Por eso vine.
- Esto es otra pesadilla, no?
- No. O acaso la vida es una pesadilla?
- Estoy muerta? No, Dios! Quiero a Mamá!!
- No estás muerta, Princesa. Acaso hablan los muertos? O sufren?
- Estás conmigo, o no? O sea que estás viva.
- Y se puede saber quién carajo sos? Dios?
- Así me llaman algunos. Otros me dicen Abbadón, o Hacedor de estrellas, u otros nombres. Algunos dicen que no tengo nombre.
- Que soy el Alfa, el Omega, que sueño Universos... Algunos dicen que no son sueños, sino pesadillas. Te suena?
- QUIERO A MAMÁ!!
- No tengás miedo, el dolor es parte de vivir...
- ...Viene con todo lo demás...
- O no te acordás que vos elegiste vivir? Que elegiste nacer...
Siento que se me acerca y que, de algún modo incomprensible me toca...
Entonces siento como si cayera suavemente, hacia la vida, hacia lo que los desmemoriados llamamos realidad...
Como un ángel caído, otra vez...
Hacia Mamá...
Ahora cruzo otra vez los algodones negros como la noche...
Empiezo a sentir mi cuerpo, su peso sobre la cama, el ardor en el labio superior, en la ceja derecha... las costillas rotas, la rodilla hecha polvo.
Vivir duele, el cuerpo duele de solo existir, no me había dado cuenta nunca... Nunca?
Una lucecita amarilla ilumina a Mamá, que está sentada a mi lado... duerme? sueña?
El... sueño? no se disipa con la conciencia... Recuerdo cada palabra, el tono de su voz, como los acordes de música angelical...
Ya nada volverá a ser lo que era.
Almas de Destrucción Masiva
Una ventaja inesperada de tener que estar internada dos meses:
Mamá me regaló un celular!
Sólo me sobraban tres cosas: dolor, tedio y tiempo.
Instantáneamente comencé a enviar mensajes al celular de Malena.
No tuve vergüenza en escribir las palabras más patéticas que se me ocurrieron: que me había abandonado cobardemente, que la médica que me cosió el labio seguro era su amante, que se había aprovechado de mí desde el primer momento, que no tendría los ovarios de venir a verme, que la denunciaría por corrupción de menores... a menos que volviera por mí.
Cualquier bajeza vale en el amor y en la guerra, o no?
Al fin y al cabo, porqué siempre tengo que jugar el papel de víctima?
Porqué tengo que ser usada, atropellada, vivir medicada?
Porqué no puedo contragolpear, vengarme, hacer sufrir, causar dolor?
Porqué no?
O vendrá Dios a pedirme que rinda cuentas?
Sentí una retorcida satisfacción.
Tenía que sentir el golpe bajo, o no?
Pasaron los días...
La falta de noticias transformaron mi determinación, primero en nerviosismo, luego en desesperación, luego en llanto...
Mis mensajes pasaron de las amenazas a los insultos y, por último, a los ruegos, a las amenazas de suicidio...
Algo que siempre rondó mi mente.
Una mañana en que miraba por la ventana al cielo gris, mi mano izquierda (la que no estaba enyesada) empezó a temblar...
Parecía la pata de un insecto, se movía con su propio ritmo y yo no podía hacer nada por evitarlo.
Mi cuerpo me traicionaba... otra vez
Empecé a llorar sin ruido, sin mocos, sólo las lágrimas frías rodando por mis mejillas, con resignación...
El celular se iluminó y tarareó un ringtone pegadizo y tonto...
La pantallita decía: "mensaje nuevo"
Infructuosamente intenté agarrarlo, ahora mi mano temblaba como una máquina defectuosa...
Me mordí el labio hasta sacarme sangre, no podía darme vuelta para usar el brazo enyesado...
Una señora entró a la habitación, atraída por mi llanto... llamó a la enfermera...
De nuevo el pinchazo del anticonvulsivo salvador...
Me alcanzaron mi celular rosa Barbi y me dejaron sola.
Leí desesperada el mensaje de Malena...
Mamá me regaló un celular!
Sólo me sobraban tres cosas: dolor, tedio y tiempo.
Instantáneamente comencé a enviar mensajes al celular de Malena.
No tuve vergüenza en escribir las palabras más patéticas que se me ocurrieron: que me había abandonado cobardemente, que la médica que me cosió el labio seguro era su amante, que se había aprovechado de mí desde el primer momento, que no tendría los ovarios de venir a verme, que la denunciaría por corrupción de menores... a menos que volviera por mí.
Cualquier bajeza vale en el amor y en la guerra, o no?
Al fin y al cabo, porqué siempre tengo que jugar el papel de víctima?
Porqué tengo que ser usada, atropellada, vivir medicada?
Porqué no puedo contragolpear, vengarme, hacer sufrir, causar dolor?
Porqué no?
O vendrá Dios a pedirme que rinda cuentas?
Sentí una retorcida satisfacción.
Tenía que sentir el golpe bajo, o no?
Pasaron los días...
La falta de noticias transformaron mi determinación, primero en nerviosismo, luego en desesperación, luego en llanto...
Mis mensajes pasaron de las amenazas a los insultos y, por último, a los ruegos, a las amenazas de suicidio...
Algo que siempre rondó mi mente.
Una mañana en que miraba por la ventana al cielo gris, mi mano izquierda (la que no estaba enyesada) empezó a temblar...
Parecía la pata de un insecto, se movía con su propio ritmo y yo no podía hacer nada por evitarlo.
Mi cuerpo me traicionaba... otra vez
Empecé a llorar sin ruido, sin mocos, sólo las lágrimas frías rodando por mis mejillas, con resignación...
El celular se iluminó y tarareó un ringtone pegadizo y tonto...
La pantallita decía: "mensaje nuevo"
Infructuosamente intenté agarrarlo, ahora mi mano temblaba como una máquina defectuosa...
Me mordí el labio hasta sacarme sangre, no podía darme vuelta para usar el brazo enyesado...
Una señora entró a la habitación, atraída por mi llanto... llamó a la enfermera...
De nuevo el pinchazo del anticonvulsivo salvador...
Me alcanzaron mi celular rosa Barbi y me dejaron sola.
Leí desesperada el mensaje de Malena...
Almas de Destrucción Masiva (continuación)
...El celular temblaba en mi mano, lo levanté con infinito cuidado para no mover mucho las vendas elásticas que ceñían mis cuatro costillas quebradas...
"mensaje nuevo" Las palabras mágicas se veían un poco borrosas...
Tomé los anteojos de la mesita de luz, no sin sentir un latigazo de fuego en las costillas.
El nerviosismo me hizo olvidar el dolor... temblando teclée para leer su primer mensaje...
Me pediría perdón? se despediría de mí para siempre?
Las líneas del mensaje empezaron a desplazarse a medida que yo tocaba el cursor con el pulgar... leí con desesperación:
"perdoname nena"
Sentí como si mi corazón quisiera saltar de mi pecho.
"tnias razon q la medica era mi amante"
Sentí como si una garra de hielo estrujara mi corazón.
"en realidad la abia abandonado por vos"
"pero lo nuestro nunca podria ser"
A través de la niebla de las lágrimas leía las letritas titilantes, inocentes en su limbo electrónico...
"lo mejor es q no nos volvamos a ver"
"nos volvemos a espana"
Así, sin "ñ"... como si no valiera la pena teclear un poquito más...
Un mensajito rápido en un mundo de sentimientos rápidos... de seres fast food.
"pero nunca t olvidare"
Qué consuela saberlo! Mi mano se derrumbó sin peso, sin fuerzas sobre la cama.
Cada línea había sido un misil apuntado directo a mi corazón.
Me quedé en la misma posición un buen rato...
La enfermera pelirroja que siempre me hacía chistes entró, habló durante un rato con alguien que tenía mi cuerpo, mientras mi alma se hundía en una ciénaga oscura.
Cuando se fue, ya tenía decidido matarme.
"mensaje nuevo" Las palabras mágicas se veían un poco borrosas...
Tomé los anteojos de la mesita de luz, no sin sentir un latigazo de fuego en las costillas.
El nerviosismo me hizo olvidar el dolor... temblando teclée para leer su primer mensaje...
Me pediría perdón? se despediría de mí para siempre?
Las líneas del mensaje empezaron a desplazarse a medida que yo tocaba el cursor con el pulgar... leí con desesperación:
"perdoname nena"
Sentí como si mi corazón quisiera saltar de mi pecho.
"tnias razon q la medica era mi amante"
Sentí como si una garra de hielo estrujara mi corazón.
"en realidad la abia abandonado por vos"
"pero lo nuestro nunca podria ser"
A través de la niebla de las lágrimas leía las letritas titilantes, inocentes en su limbo electrónico...
"lo mejor es q no nos volvamos a ver"
"nos volvemos a espana"
Así, sin "ñ"... como si no valiera la pena teclear un poquito más...
Un mensajito rápido en un mundo de sentimientos rápidos... de seres fast food.
"pero nunca t olvidare"
Qué consuela saberlo! Mi mano se derrumbó sin peso, sin fuerzas sobre la cama.
Cada línea había sido un misil apuntado directo a mi corazón.
Me quedé en la misma posición un buen rato...
La enfermera pelirroja que siempre me hacía chistes entró, habló durante un rato con alguien que tenía mi cuerpo, mientras mi alma se hundía en una ciénaga oscura.
Cuando se fue, ya tenía decidido matarme.
Angel Caído
Lo peor son las noches... cuando se está sola, digo.
No podés dormir, pero pensás... pensás.
Pensaba en cómo vengarme.
Y ya sabía cómo.
Me autodestruiría.
Me hundiría en el barro y por último me suicidaría.
Y ella no dejaría de enterarse. Debería vivir el resto de su vida con la culpa de mi corrupción y mi muerte.
Disfrutá si podés de tu vieja amante!
Esa cuarentona teñida de rubio!
Ya lo tenía planeado: primero me hundiría en lo peor del sexo.
Me acostaría con cualquiera y me dejaría hacer cualquier porquería, incluso con hombres.
Hasta podría hacerlo por dinero.
Y se lo haría saber. Por el movil o por mail.
Mi movil tiene una camarita. Le enviaría las peores imágenes de mí misma haciendo cualquier cosa sucia.
Ya vas a ver en qué se transformó tu princesita!
Tu "coloradita dulce"!
Después empezaría a tomar drogas.
Especialmente cocaína.
Muy indicada para la epilepsia.
En realidad podría ir mandándole una foto de mi estado actual...
Un mes de internación... no llego ni a los cuarenta kilos.
Y por último... mi suicidio.
Me arrojaría desde "nuestra" roca en el acantilado.
Incluso podría intentar llamarla en ese preciso instante.
Alguien lo habrá hecho?
Escucharía desde España el golpe de mi cuerpo contra las piedras?
Un final apoteótico.
Un plan perfecto.
Pero que fracasó en su primer paso.
Y del modo más increíble.
No podés dormir, pero pensás... pensás.
Pensaba en cómo vengarme.
Y ya sabía cómo.
Me autodestruiría.
Me hundiría en el barro y por último me suicidaría.
Y ella no dejaría de enterarse. Debería vivir el resto de su vida con la culpa de mi corrupción y mi muerte.
Disfrutá si podés de tu vieja amante!
Esa cuarentona teñida de rubio!
Ya lo tenía planeado: primero me hundiría en lo peor del sexo.
Me acostaría con cualquiera y me dejaría hacer cualquier porquería, incluso con hombres.
Hasta podría hacerlo por dinero.
Y se lo haría saber. Por el movil o por mail.
Mi movil tiene una camarita. Le enviaría las peores imágenes de mí misma haciendo cualquier cosa sucia.
Ya vas a ver en qué se transformó tu princesita!
Tu "coloradita dulce"!
Después empezaría a tomar drogas.
Especialmente cocaína.
Muy indicada para la epilepsia.
En realidad podría ir mandándole una foto de mi estado actual...
Un mes de internación... no llego ni a los cuarenta kilos.
Y por último... mi suicidio.
Me arrojaría desde "nuestra" roca en el acantilado.
Incluso podría intentar llamarla en ese preciso instante.
Alguien lo habrá hecho?
Escucharía desde España el golpe de mi cuerpo contra las piedras?
Un final apoteótico.
Un plan perfecto.
Pero que fracasó en su primer paso.
Y del modo más increíble.
Vencedores Vencidos
Mi primer víctima: Bety, la enfermera pelirroja simpática.
Aclaración: no me gustan las pelirrojas (lo digo en el sentido puramente físico), aunque yo sea más pelirroja que nadie.
Misterios del alma femenina no?
Decidí seducirla, ya que no tenía dudas de gustarle.
Nunca me equivoco con las chicas... las miro al fondo de los ojos y sé lo que hay en su corazón.
Y Bety... no tenía dudas. Me trataba con una dulzura tan especial...
Hasta me había puesto un apodo lindísimo: "Campanita", ya que decía que le recordaba al hadita de Peter Pan.
Y siempre me acariciaba el pelo.
Qué mejor forma de vengarme?
La seduciría, experimentaría con su cuerpo y con su alma cuanto se me ocurriera... me aprovecharía de ella y luego la abandonaría cruelmente.
Total, qué podría hacerme?
Armar un escándalo a una menor de edad?
Debo reconocer que me gustaba físicamente, era muy linda y tenía algo que siempre me atrajo muchísimo en cualquier mujer: caderas curvadas y cintura estrecha.
Mi alma era como un hervidero de contradicciones, como víboras que se mordían y lastimaban unas a otras.
Pero seguí fiel a mi plan.
Esa noche, mientras me comía un caramelito de miel, toqué el llamador y en un minutito, Bety se apareció por mi habitación.
- Qué querés Campanita?
- Me ayudás a hacer pis?
(Aclaro que no podía levantarme, me habían vuelto a enclavijar la rodilla rota)
- Claro Campanita, podés levantar la cola?
- Me duele todo, no me ayudás vos?
- Campanita, para vos, cualquier cosa.
Mientras me tocaba, empecé a jadear despacito, mi aliento a miel debería empezar a turbarla, o no?
- Me ayudás a sentarme Bety?
Esto se lo dije en un susurro.
- Cómo decís linda? no te escuché bien...
Se lo repetí jadeando en su oído cuando se me arrimó.
Me abracé a ella para que me sentara en la cama... el contacto de mi mano en su cadera me hizo estremecer.
- Qué te pasa Campanita? de nuevo tuviste pesadillas?
Esto último me lo dijo muy cerquita de mi boca y con sus dedos peinándome el flequillo.
No aguanté más y le dí un beso en los labios que me hizo doler la herida recién cicatrizada...
Bety se tiró para atrás, yo me golpée la cabeza contra el respaldo de la cama.
- Qué hacés nena? qué te pasa? estás loca?
En un segundo todo mi plan se derrumbó como el castillo de naipes que era: me sentí estúpida, avergonzada, desubicada, ridícula.
Todo al mismo tiempo.
Bety me miraba con sus ojos marrones abiertos como dos platos y con la boca abierta.
Por supuesto, me puse a llorar como una tarada, mientras me tapaba la cara con la mano izquierda (la otra seguía enyesada), con los ojos fuertemente cerrados.
No quería abrirlos de la vergüenza que sentía.
Entre convulsiones de llanto le dije:
- Andate! perdoname! perdoname!
Increíblemente, Bety se me acercó y me abrazó muy fuerte, tomándome de la cintura y de la nuca.
- Qué te pasa Campanita? qué te pasa? porqué no me decís que te pasa?
Yo no aguanté más, las palabras salieron de mi interior... sin pensar, sin quererlo...
- Sólo quiero que me amen! Sólo quiero que alguien me ame!
- Es un crimen? o acaso no soy humana?
- Porqué nadie me ama, eh?
No pude hablar más, me ahogaba en mis propias lágrimas.
- Quién te hizo esto Campanita? quién te pudo hacer esto nena?
Me abrazaba fuerte, fuerte, pero sin lastimarme... ella sabía dónde tenía las costillas recién soldadas...
- No llorés Campanita, yo te voy a cuidar, nena...
Yo hundí la cara en su pecho, se lo bañé en lágrimas... esto no podía hacerlo con Mamá, no sin confesarle todo.
- Quién te pudo hacer esto Campanita? Yo te voy a cuidar, nena...
Bety empezó a tararear, a cantar despacito una canción, una canción de cuna, como si yo fuera una beba, su beba...
Me fui calmando de a poco, abrazada a ella, sintiendo su calorcito...
Y me dormí...
Esa noche soñé que volaba...
Yo era una hadita y volaba al lado de una chica pelirroja.
Miré hacia atrás, hacia las nubes de las que salíamos, íbamos dejando dos estelas de chispitas, plateadas y doradas.
La chica pelirroja era una adolescente hermosísima que reía y reía...
Y tenía la misma cara de Mamá.
Aclaración: no me gustan las pelirrojas (lo digo en el sentido puramente físico), aunque yo sea más pelirroja que nadie.
Misterios del alma femenina no?
Decidí seducirla, ya que no tenía dudas de gustarle.
Nunca me equivoco con las chicas... las miro al fondo de los ojos y sé lo que hay en su corazón.
Y Bety... no tenía dudas. Me trataba con una dulzura tan especial...
Hasta me había puesto un apodo lindísimo: "Campanita", ya que decía que le recordaba al hadita de Peter Pan.
Y siempre me acariciaba el pelo.
Qué mejor forma de vengarme?
La seduciría, experimentaría con su cuerpo y con su alma cuanto se me ocurriera... me aprovecharía de ella y luego la abandonaría cruelmente.
Total, qué podría hacerme?
Armar un escándalo a una menor de edad?
Debo reconocer que me gustaba físicamente, era muy linda y tenía algo que siempre me atrajo muchísimo en cualquier mujer: caderas curvadas y cintura estrecha.
Mi alma era como un hervidero de contradicciones, como víboras que se mordían y lastimaban unas a otras.
Pero seguí fiel a mi plan.
Esa noche, mientras me comía un caramelito de miel, toqué el llamador y en un minutito, Bety se apareció por mi habitación.
- Qué querés Campanita?
- Me ayudás a hacer pis?
(Aclaro que no podía levantarme, me habían vuelto a enclavijar la rodilla rota)
- Claro Campanita, podés levantar la cola?
- Me duele todo, no me ayudás vos?
- Campanita, para vos, cualquier cosa.
Mientras me tocaba, empecé a jadear despacito, mi aliento a miel debería empezar a turbarla, o no?
- Me ayudás a sentarme Bety?
Esto se lo dije en un susurro.
- Cómo decís linda? no te escuché bien...
Se lo repetí jadeando en su oído cuando se me arrimó.
Me abracé a ella para que me sentara en la cama... el contacto de mi mano en su cadera me hizo estremecer.
- Qué te pasa Campanita? de nuevo tuviste pesadillas?
Esto último me lo dijo muy cerquita de mi boca y con sus dedos peinándome el flequillo.
No aguanté más y le dí un beso en los labios que me hizo doler la herida recién cicatrizada...
Bety se tiró para atrás, yo me golpée la cabeza contra el respaldo de la cama.
- Qué hacés nena? qué te pasa? estás loca?
En un segundo todo mi plan se derrumbó como el castillo de naipes que era: me sentí estúpida, avergonzada, desubicada, ridícula.
Todo al mismo tiempo.
Bety me miraba con sus ojos marrones abiertos como dos platos y con la boca abierta.
Por supuesto, me puse a llorar como una tarada, mientras me tapaba la cara con la mano izquierda (la otra seguía enyesada), con los ojos fuertemente cerrados.
No quería abrirlos de la vergüenza que sentía.
Entre convulsiones de llanto le dije:
- Andate! perdoname! perdoname!
Increíblemente, Bety se me acercó y me abrazó muy fuerte, tomándome de la cintura y de la nuca.
- Qué te pasa Campanita? qué te pasa? porqué no me decís que te pasa?
Yo no aguanté más, las palabras salieron de mi interior... sin pensar, sin quererlo...
- Sólo quiero que me amen! Sólo quiero que alguien me ame!
- Es un crimen? o acaso no soy humana?
- Porqué nadie me ama, eh?
No pude hablar más, me ahogaba en mis propias lágrimas.
- Quién te hizo esto Campanita? quién te pudo hacer esto nena?
Me abrazaba fuerte, fuerte, pero sin lastimarme... ella sabía dónde tenía las costillas recién soldadas...
- No llorés Campanita, yo te voy a cuidar, nena...
Yo hundí la cara en su pecho, se lo bañé en lágrimas... esto no podía hacerlo con Mamá, no sin confesarle todo.
- Quién te pudo hacer esto Campanita? Yo te voy a cuidar, nena...
Bety empezó a tararear, a cantar despacito una canción, una canción de cuna, como si yo fuera una beba, su beba...
Me fui calmando de a poco, abrazada a ella, sintiendo su calorcito...
Y me dormí...
Esa noche soñé que volaba...
Yo era una hadita y volaba al lado de una chica pelirroja.
Miré hacia atrás, hacia las nubes de las que salíamos, íbamos dejando dos estelas de chispitas, plateadas y doradas.
La chica pelirroja era una adolescente hermosísima que reía y reía...
Y tenía la misma cara de Mamá.
Un Milagro en el Laberinto
Tarde luminosa de domingo en Parque Camet.
Perfecto para tomar unos matecitos en familia.
Mamá, una amiga, mi hermano y yo, bajo el sol, al borde del arenero donde juegan los nenes.
Era mi primer salida desde el accidente.
A pesar de las cicatrices en la cara (que de a poquito se iban borrando) y de mi cojera, me sentía casi feliz: parece mentira qué importantes pueden ser el sol y los pajaritos.
El parque estaba lleno de chicos jugando, así que mamá me encargó que no lo perdiera a Lucio de vista.
Así que me senté sola en la cerca de troncos del arenero, cosa de que mi hermanito no se me escapara.
Estaba en eso, cuando sentí una mirada clavada en mi nuca.
Es una sensación que nunca me falla: sé muy bien si alguien me está mirando fijamente a mis espaldas.
Esta vez era especialmente fuerte, casi podía sentir como si la piel del cuello y de la nuca me ardiera.
Me dí vuelta sólo uno o dos segundos.
Una chica me miraba fijo a los ojos.
Giré la cabeza de vuelta, muerta de vergüenza y miedo.
Me quedé quieta, congelada donde estaba.
Era una chica delgada, de pelo negro lacio, flequillo y cejas gruesas.
Estaba apoyada en un arbol, vestía pantalones y campera de jean desteñidos y fumaba.
Y era hermosísima.
Y me miraba a mí.
Sentí cómo mis rodillas se aflojaban y se me secaba la garganta.
Debo aclarar que me sentía fea y patética con mi renguera y mis cicatrices.
Cómo podía estar mirándome?
Saqué fuerzas no sé de dónde y me volví a dar vuelta.
Se sacó el cigarrillo de los labios y me miró directo a los ojos...
Yo sentí como si algo me explotara en el pecho, no sé muy bien si miedo, ansiedad, vergüenza... o una mezcla de estas y otras emociones.
Mientras... ví como Lucio se metía en el laberinto de plantas y se perdía de mi vista.
Desesperada, me lo fui a buscar, es un lugar grande y con muchos pasillos que pueden ser solitarios.
No quería que me viera cojear, aunque por más que me esforcé no pude caminar normalmente.
La fui controlando mirándola por debajo del flequillo...
La chica del cabello renegrido me seguía con la mirada.
Entré al laberinto y como siempre, cesaron todos los ruidos exteriores.
Es un lugar muy lindo, mágico...
Está formado por plantas y pinitos y los pasillos se abren en todas direcciones.
Antes de que alcanzara a Lucio, éste ya había salido por la otra punta y corría de vuelta al arenero.
Me volví despacito por donde había entrado... me había apurado tanto por nada.
Cuando llegué al círculo central, casi me muero de la impresión:
La chica pálida entraba por la otra punta!
Estábamos solas y sólo se sentía algún pajarito y el zumbido de los bichitos...
Se me vino derechito... mi corazón parecía querer salirse por mi boca.
Cuando estuvo frente a mí dijo:
-Me gustás mucho colorada.
Yo me quedé muda, mirándo sus ojos marrones almendrados, sentía como si pudiera hundirme en ellos...
Me puso un papelito en la palma de la mano y me la cerró con las suyas, que eran calentitas y suaves.
La mía temblaba y parecía a punto de disolverse en transpiración.
Todavía me avergüenza recordar mi reacción.
Como una estúpida, salí corriendo por donde había entrado, sin mirar atrás, cojeando.
Me refugié pegada a Mamá y no me le separé por el resto de la tarde.
La chica de los ojos almendrados salió del laberinto y me dedicó una sonrisa enigmática, como una Gioconda adolescente...
Miré el papelito, todo húmedo por mi transpiración...
Escrito en tinta azul, había un número de teléfono celular.
Perfecto para tomar unos matecitos en familia.
Mamá, una amiga, mi hermano y yo, bajo el sol, al borde del arenero donde juegan los nenes.
Era mi primer salida desde el accidente.
A pesar de las cicatrices en la cara (que de a poquito se iban borrando) y de mi cojera, me sentía casi feliz: parece mentira qué importantes pueden ser el sol y los pajaritos.
El parque estaba lleno de chicos jugando, así que mamá me encargó que no lo perdiera a Lucio de vista.
Así que me senté sola en la cerca de troncos del arenero, cosa de que mi hermanito no se me escapara.
Estaba en eso, cuando sentí una mirada clavada en mi nuca.
Es una sensación que nunca me falla: sé muy bien si alguien me está mirando fijamente a mis espaldas.
Esta vez era especialmente fuerte, casi podía sentir como si la piel del cuello y de la nuca me ardiera.
Me dí vuelta sólo uno o dos segundos.
Una chica me miraba fijo a los ojos.
Giré la cabeza de vuelta, muerta de vergüenza y miedo.
Me quedé quieta, congelada donde estaba.
Era una chica delgada, de pelo negro lacio, flequillo y cejas gruesas.
Estaba apoyada en un arbol, vestía pantalones y campera de jean desteñidos y fumaba.
Y era hermosísima.
Y me miraba a mí.
Sentí cómo mis rodillas se aflojaban y se me secaba la garganta.
Debo aclarar que me sentía fea y patética con mi renguera y mis cicatrices.
Cómo podía estar mirándome?
Saqué fuerzas no sé de dónde y me volví a dar vuelta.
Se sacó el cigarrillo de los labios y me miró directo a los ojos...
Yo sentí como si algo me explotara en el pecho, no sé muy bien si miedo, ansiedad, vergüenza... o una mezcla de estas y otras emociones.
Mientras... ví como Lucio se metía en el laberinto de plantas y se perdía de mi vista.
Desesperada, me lo fui a buscar, es un lugar grande y con muchos pasillos que pueden ser solitarios.
No quería que me viera cojear, aunque por más que me esforcé no pude caminar normalmente.
La fui controlando mirándola por debajo del flequillo...
La chica del cabello renegrido me seguía con la mirada.
Entré al laberinto y como siempre, cesaron todos los ruidos exteriores.
Es un lugar muy lindo, mágico...
Está formado por plantas y pinitos y los pasillos se abren en todas direcciones.
Antes de que alcanzara a Lucio, éste ya había salido por la otra punta y corría de vuelta al arenero.
Me volví despacito por donde había entrado... me había apurado tanto por nada.
Cuando llegué al círculo central, casi me muero de la impresión:
La chica pálida entraba por la otra punta!
Estábamos solas y sólo se sentía algún pajarito y el zumbido de los bichitos...
Se me vino derechito... mi corazón parecía querer salirse por mi boca.
Cuando estuvo frente a mí dijo:
-Me gustás mucho colorada.
Yo me quedé muda, mirándo sus ojos marrones almendrados, sentía como si pudiera hundirme en ellos...
Me puso un papelito en la palma de la mano y me la cerró con las suyas, que eran calentitas y suaves.
La mía temblaba y parecía a punto de disolverse en transpiración.
Todavía me avergüenza recordar mi reacción.
Como una estúpida, salí corriendo por donde había entrado, sin mirar atrás, cojeando.
Me refugié pegada a Mamá y no me le separé por el resto de la tarde.
La chica de los ojos almendrados salió del laberinto y me dedicó una sonrisa enigmática, como una Gioconda adolescente...
Miré el papelito, todo húmedo por mi transpiración...
Escrito en tinta azul, había un número de teléfono celular.
Princesas de Corazones
Después de una agonía de dos días de indesición, llamé al número de celular de la chica del parque.
Lo hice desde un teléfono público de la esquina de casa, no me atrevía a revelarle mi número, no sé porqué.
Después de unos segundos interminables, escuché una voz cristalina:
- Hola...
- Hola, te habla la chica del parque... la del laberinto... la perlirroja.
Pasaron un par de segundos en blanco, aterrorizada le dije:
- Te acordás de mí?
- Claro que me acuerdo de vos... dónde estás? Te quiero ver ya mismo.
Sentí cómo mis piernas se aflojaban y un vacío en la panza me dejaba sin aire...
- Hola! me escuchás? Nos podremos ver ahora linda?
Hayyy amorcito! la palabra "linda" me sonó como dicha por un ángel.
- Tiene que ser ya mismo?
Esto lo dije haciéndome la interesante.
De dónde saqué semejante caradurez? parecía que otra chica hablara por mí. Estaba desesperada por verla.
- Si, es muy importante, linda. Ahora... en un ratito. Te voy a esperar en la loma de Santa Cecilia, en uno de los bancos que miran al mar.
- Bueno, en media hora... o un poquito más... antes tengo algo que hacer...
Nos despedimos y cojeando corrí a mi casa a cambiarme y pintarme un poquito, no podía ir así como estaba.
Debo haber roto algún record de personas con la rodilla recién operada, porque subí las escaleras, me puse lo mejor que tenía y algo así como medio kilo de maquillaje (no podía estar pálida como una presa recién salida de la cárcel) en menos de media hora.
Me miré en el espejo (perfil izquierdo, tapando las cicatrices con el pelo).
Parecía una modelito.
Pantalones jeans bordados en turquesa, camisa con voladitos, labios rojos y piercieng brillante en la naricita.
Perfecta!
Con una seguridad cada vez menos firme, me apuré para llegar al lugar de la cita, gastándome mis últimos cinco pesos en un taxi.
Me escondí atrás de un árbol en la vereda de la capilla para espiar... Cruzando la avenida, frente al acantilado, estaba la chica de los ojos almendrados, sentada en un banco, con una camperita corta y oscura. Fumaba y miraba para los costados.
Parecía nerviosa.
Me arreglé la ropa lo mejor que pude, me metí un par de chicles de mentol en la boca y como para completar el efecto de chica segura de sí misma prendí un kool.
Toda una femme fatal.
Con el corazón en la boca, crucé la calle hacia mi primera cita después de tanto tiempo y tantos desastres...
Otra vez no ví venir el auto...
El chirrido de la frenada y mi grito histérico hicieron que la chica de los ojos almendrados se diera vuelta y viniera corriendo.
Se le fue encima al pobre hombre que casi me atropella hecha una fiera!
Le dijo de todo... animal, boludo, que de dónde había sacado el registro de conductor, que me podría haber matado...
Y por supuesto, la culpa era mía: por cruzar en las nubes.
Me tomó de la mano y me llevó para el banquito.
Yo lloraba como una estúpida y fumaba mi cigarrillo como si fuera el último.
Pero no hay mal que por bien no venga.
Ni había empezado nuestra primera cita y la chica más hermosa de Mar del Plata ya me estaba abrazando y consolando.
Nos presentamos y empezamos a conocernos sentadas en ese banquito frente al mar, que ahora tiene grabados nuestros nombres.
Lo hice desde un teléfono público de la esquina de casa, no me atrevía a revelarle mi número, no sé porqué.
Después de unos segundos interminables, escuché una voz cristalina:
- Hola...
- Hola, te habla la chica del parque... la del laberinto... la perlirroja.
Pasaron un par de segundos en blanco, aterrorizada le dije:
- Te acordás de mí?
- Claro que me acuerdo de vos... dónde estás? Te quiero ver ya mismo.
Sentí cómo mis piernas se aflojaban y un vacío en la panza me dejaba sin aire...
- Hola! me escuchás? Nos podremos ver ahora linda?
Hayyy amorcito! la palabra "linda" me sonó como dicha por un ángel.
- Tiene que ser ya mismo?
Esto lo dije haciéndome la interesante.
De dónde saqué semejante caradurez? parecía que otra chica hablara por mí. Estaba desesperada por verla.
- Si, es muy importante, linda. Ahora... en un ratito. Te voy a esperar en la loma de Santa Cecilia, en uno de los bancos que miran al mar.
- Bueno, en media hora... o un poquito más... antes tengo algo que hacer...
Nos despedimos y cojeando corrí a mi casa a cambiarme y pintarme un poquito, no podía ir así como estaba.
Debo haber roto algún record de personas con la rodilla recién operada, porque subí las escaleras, me puse lo mejor que tenía y algo así como medio kilo de maquillaje (no podía estar pálida como una presa recién salida de la cárcel) en menos de media hora.
Me miré en el espejo (perfil izquierdo, tapando las cicatrices con el pelo).
Parecía una modelito.
Pantalones jeans bordados en turquesa, camisa con voladitos, labios rojos y piercieng brillante en la naricita.
Perfecta!
Con una seguridad cada vez menos firme, me apuré para llegar al lugar de la cita, gastándome mis últimos cinco pesos en un taxi.
Me escondí atrás de un árbol en la vereda de la capilla para espiar... Cruzando la avenida, frente al acantilado, estaba la chica de los ojos almendrados, sentada en un banco, con una camperita corta y oscura. Fumaba y miraba para los costados.
Parecía nerviosa.
Me arreglé la ropa lo mejor que pude, me metí un par de chicles de mentol en la boca y como para completar el efecto de chica segura de sí misma prendí un kool.
Toda una femme fatal.
Con el corazón en la boca, crucé la calle hacia mi primera cita después de tanto tiempo y tantos desastres...
Otra vez no ví venir el auto...
El chirrido de la frenada y mi grito histérico hicieron que la chica de los ojos almendrados se diera vuelta y viniera corriendo.
Se le fue encima al pobre hombre que casi me atropella hecha una fiera!
Le dijo de todo... animal, boludo, que de dónde había sacado el registro de conductor, que me podría haber matado...
Y por supuesto, la culpa era mía: por cruzar en las nubes.
Me tomó de la mano y me llevó para el banquito.
Yo lloraba como una estúpida y fumaba mi cigarrillo como si fuera el último.
Pero no hay mal que por bien no venga.
Ni había empezado nuestra primera cita y la chica más hermosa de Mar del Plata ya me estaba abrazando y consolando.
Nos presentamos y empezamos a conocernos sentadas en ese banquito frente al mar, que ahora tiene grabados nuestros nombres.
Princesas de Corazones (Continuación)
Caminamos bajando la loma de Santa Cecilia hacia el puente nuevo.
El tránsito pasaba por debajo nuestro y veíamos a los coches ir volando mientras charlábamos apoyadas en la baranda de madera...
- Y vos estudiás Ayelén?
- Segundo año de diseño industrial... dejé veterinaria porqe extrañaba mucho a mis papás y a Mar del Plata... y vos?
- Creo que voy a estudiar psicología... Mamá dice que como no ando muy bien de la cabeza, quiero ser psicóloga...
- Y eso es verdad?
Su risa me hizo cosquillitas en la panza.
- Seguro... a mi psiquiatra no le hizo mucha gracia... me parece.
- Vas a un psiquiatra?
- Si, pero en cualquier momento mando todo a la mierda.
Me miró arrugando la frente y entrecerrando esos ojos oscuros y brillantes.
- Y eso porqué?
- Porque mi enfermedad es que no me amen... entendés?
- Cómo? Y tus papás? no te quieren?
- Mi papá está en Miami y Mamá me ama más que a nada en el mundo.
- Y entonces?
- Yo hablo de otra clase de amor... el que me puede dar otra mujer... otra chica...
La miré a los ojos y pensé con todas mis fuerzas:
"Quiero que me amés vos, ojos hermosos, ojos chispeantes, ojos almendrados..."
Fue un segundo, un segundo mágico, cósmico, nos miramos a los ojos y el universo dejó de girar... todo se detuvo, se congeló...
- Una chica como yo, tal vez?
- Una chica que tenga tus ojos... que tenga tus oyuelos...
Había demasiada gente en el puente, así que no la besé a pesar de las oleadas de calor que me subían desde la panza, a pesar de las ganas.
- Oíme coloradita... no querrías dar una vuelta en auto?
- Qué... tenés coche?
Ayelén no dejaba de sorprenderme.
- Claro, el de mi mamá.
- Dale, vamos, adónde?
- Adonde quieras... vení...
Me abrazó tomandome por la cintura... sentí como si me derritiera.
Me le colgué del hombro... sentía miedo, todo parecía demasiado bueno, demasiado lindo para ser cierto.
Ni bien estacionó su autito en la zona de Playa Varese no aguanté más y me le tiré encima...
Ay amorcito! Ay amorcito dulce!
Qué dulces y húmedos pueden ser los labios de una chica!
Cómo puede latir su corazón! con que intensidad, con que tibieza...
Yo estaba hambrienta de amor, mi alma era como tierra reseca, esperando la lluvia.
Y diluviaba.
Le comí la boca, la estrujé con todas mis fuerzas, tomé sus mejillas entre mis manos... miré el abismo de sus ojos oscuros...
(Ay amorcito! dónde estabas Amorcito, dónde!)
- Te esperé siempre, Amorcito, te esperé siempre y ahora llegaste...
- Ahora estás acá... conmigo... Amorcito.
Ayelén jadeaba y estaba colorada como un tomate, con voz entrecortada me dijo:
- Me estoy... enamorando... coloradita... me estoy... enamorando... de vos...
No tuve ninguna vergüenza de acariciarla y recorrerla con mis manos y mi boca... de buscar y encontrar sus zonas más sensibles... de saborearla... mi cabeza giraba...
El mundo volvía a tener sentido.
El tránsito pasaba por debajo nuestro y veíamos a los coches ir volando mientras charlábamos apoyadas en la baranda de madera...
- Y vos estudiás Ayelén?
- Segundo año de diseño industrial... dejé veterinaria porqe extrañaba mucho a mis papás y a Mar del Plata... y vos?
- Creo que voy a estudiar psicología... Mamá dice que como no ando muy bien de la cabeza, quiero ser psicóloga...
- Y eso es verdad?
Su risa me hizo cosquillitas en la panza.
- Seguro... a mi psiquiatra no le hizo mucha gracia... me parece.
- Vas a un psiquiatra?
- Si, pero en cualquier momento mando todo a la mierda.
Me miró arrugando la frente y entrecerrando esos ojos oscuros y brillantes.
- Y eso porqué?
- Porque mi enfermedad es que no me amen... entendés?
- Cómo? Y tus papás? no te quieren?
- Mi papá está en Miami y Mamá me ama más que a nada en el mundo.
- Y entonces?
- Yo hablo de otra clase de amor... el que me puede dar otra mujer... otra chica...
La miré a los ojos y pensé con todas mis fuerzas:
"Quiero que me amés vos, ojos hermosos, ojos chispeantes, ojos almendrados..."
Fue un segundo, un segundo mágico, cósmico, nos miramos a los ojos y el universo dejó de girar... todo se detuvo, se congeló...
- Una chica como yo, tal vez?
- Una chica que tenga tus ojos... que tenga tus oyuelos...
Había demasiada gente en el puente, así que no la besé a pesar de las oleadas de calor que me subían desde la panza, a pesar de las ganas.
- Oíme coloradita... no querrías dar una vuelta en auto?
- Qué... tenés coche?
Ayelén no dejaba de sorprenderme.
- Claro, el de mi mamá.
- Dale, vamos, adónde?
- Adonde quieras... vení...
Me abrazó tomandome por la cintura... sentí como si me derritiera.
Me le colgué del hombro... sentía miedo, todo parecía demasiado bueno, demasiado lindo para ser cierto.
Ni bien estacionó su autito en la zona de Playa Varese no aguanté más y me le tiré encima...
Ay amorcito! Ay amorcito dulce!
Qué dulces y húmedos pueden ser los labios de una chica!
Cómo puede latir su corazón! con que intensidad, con que tibieza...
Yo estaba hambrienta de amor, mi alma era como tierra reseca, esperando la lluvia.
Y diluviaba.
Le comí la boca, la estrujé con todas mis fuerzas, tomé sus mejillas entre mis manos... miré el abismo de sus ojos oscuros...
(Ay amorcito! dónde estabas Amorcito, dónde!)
- Te esperé siempre, Amorcito, te esperé siempre y ahora llegaste...
- Ahora estás acá... conmigo... Amorcito.
Ayelén jadeaba y estaba colorada como un tomate, con voz entrecortada me dijo:
- Me estoy... enamorando... coloradita... me estoy... enamorando... de vos...
No tuve ninguna vergüenza de acariciarla y recorrerla con mis manos y mi boca... de buscar y encontrar sus zonas más sensibles... de saborearla... mi cabeza giraba...
El mundo volvía a tener sentido.
Querido Diario:
Hoy te voy a contar cómo fue la primer visita que Aye me hizo en la facu.
Fue espectacular!
Como ya te había contado antes, queridísmo diario, me encanta darle celos a mi amorcito.
Bué, la cuestión es que sí hay una chica rubia que siempre me mira con ojitos enamorados, pero es de otro curso, así que no tuvo excusa para hablarme más que un par de veces y de rebote.
Por ahí le de miedo avanzar a una menor.
No nos olvidemos ese pequeño detalle.
Como te podrás imaginar, querido diario, no traicionaré a mi amorcito por la susodicha rubia (que es bastante linda, debo confesar), ni por ninguna otra.
Sin embargo, me halaga que una chica más grande y muy linda me mire de ese modo y más me gusta hacerla reventar de celos a Aye.
Como te decía, querido diario, nos encontramos con mi amorcito en la cafetería de la facu.
Mientras nos tomábamos unas cocas y fumábamos unos koolcitos, quién estaba en una mesa justo enfrente nuestro?
Bingo! la rubia de ojitos celestes y enamorados!
A que no sabés qué? Aye se avivó de cómo me miraba!
Uyuyuyyyyy! no quieras saber cómo se puso...
Parecía un tomate de lo colorada que estaba!
Como no le salían las palabras, empezó a hacer lo que siempre hace cuando está muy nerviosa: frotarse las manos y mirar para todos lados.
Y yo? como te imaginarás, querido diario, haciéndome la tonta, como si nada.
Una lady inglesa.
- Ves cómo te mira la rubia esa?
- Qué decís Aye? no te escucho...
- Digo que cómo te está mirando esa hija de puta de la rubia que está sentada ahí adelante...
- Shhhh! No me hagás pasar vergüenza, que por ahí andan todos mis compañeros y un par de profes...
- De cuál rubia me hablás?
- Ésa, la de negro... para colmo se parece a Natalia Oreiro, la muy hija de puta...
- Ah! Romina? es una chica de segundo año.
- Qué? la conocés?
- Si, la otra vez, en el pasillo...
- Estuviste hablando con ellla?
- Si, le pregunté por un apunte...
- Te sigue mirando así y la mato, mirá!
- Te querés calmar Aye? o me levanto y me voy.
En este punto debo reconocer que la cosa se estaba poniendo pesada, así que dejé de meterle fichas a la pobre Ayelén, que estaba a punto de reventar.
- Y se puede saber de qué te habló? Hija de puta, mirá el pelo rubio que tiene... se debe hacer un baño de crema cada quince minutos... yegua!
- Te podés calmar Amorcito? acaso no te juré amor eterno?
Justo en ese punto del diálogo, Aye quiso manotear la botellita de coca, pero estaba tan loca que le dió con la punta de los dedos y salió volando como un misil, rociando coca-cola para todos lados y reventando contra el piso justo en esos raros momentos en que se hace el silencio...
Nos miraba todo el mundo: Aye toda colorada y yo con cara de aquí no ha pasado nada.
Para colmo, la rubia se dió cuenta de todo... mamita querida!
Yo no aguanté más: me dió tal ataque de risa que Aye se quedó helada... y como no paraba, como siempre, la terminé contagiando.
Terminamos cagándonos de risa juntas, mientras todo el mundo nos miraba como si fuésemos un par de payasos que no hacen reír a nadie.
Como verás, queridísimo diario:
CONDENADAS AL RIDÍCULO.
Fue espectacular!
Como ya te había contado antes, queridísmo diario, me encanta darle celos a mi amorcito.
Bué, la cuestión es que sí hay una chica rubia que siempre me mira con ojitos enamorados, pero es de otro curso, así que no tuvo excusa para hablarme más que un par de veces y de rebote.
Por ahí le de miedo avanzar a una menor.
No nos olvidemos ese pequeño detalle.
Como te podrás imaginar, querido diario, no traicionaré a mi amorcito por la susodicha rubia (que es bastante linda, debo confesar), ni por ninguna otra.
Sin embargo, me halaga que una chica más grande y muy linda me mire de ese modo y más me gusta hacerla reventar de celos a Aye.
Como te decía, querido diario, nos encontramos con mi amorcito en la cafetería de la facu.
Mientras nos tomábamos unas cocas y fumábamos unos koolcitos, quién estaba en una mesa justo enfrente nuestro?
Bingo! la rubia de ojitos celestes y enamorados!
A que no sabés qué? Aye se avivó de cómo me miraba!
Uyuyuyyyyy! no quieras saber cómo se puso...
Parecía un tomate de lo colorada que estaba!
Como no le salían las palabras, empezó a hacer lo que siempre hace cuando está muy nerviosa: frotarse las manos y mirar para todos lados.
Y yo? como te imaginarás, querido diario, haciéndome la tonta, como si nada.
Una lady inglesa.
- Ves cómo te mira la rubia esa?
- Qué decís Aye? no te escucho...
- Digo que cómo te está mirando esa hija de puta de la rubia que está sentada ahí adelante...
- Shhhh! No me hagás pasar vergüenza, que por ahí andan todos mis compañeros y un par de profes...
- De cuál rubia me hablás?
- Ésa, la de negro... para colmo se parece a Natalia Oreiro, la muy hija de puta...
- Ah! Romina? es una chica de segundo año.
- Qué? la conocés?
- Si, la otra vez, en el pasillo...
- Estuviste hablando con ellla?
- Si, le pregunté por un apunte...
- Te sigue mirando así y la mato, mirá!
- Te querés calmar Aye? o me levanto y me voy.
En este punto debo reconocer que la cosa se estaba poniendo pesada, así que dejé de meterle fichas a la pobre Ayelén, que estaba a punto de reventar.
- Y se puede saber de qué te habló? Hija de puta, mirá el pelo rubio que tiene... se debe hacer un baño de crema cada quince minutos... yegua!
- Te podés calmar Amorcito? acaso no te juré amor eterno?
Justo en ese punto del diálogo, Aye quiso manotear la botellita de coca, pero estaba tan loca que le dió con la punta de los dedos y salió volando como un misil, rociando coca-cola para todos lados y reventando contra el piso justo en esos raros momentos en que se hace el silencio...
Nos miraba todo el mundo: Aye toda colorada y yo con cara de aquí no ha pasado nada.
Para colmo, la rubia se dió cuenta de todo... mamita querida!
Yo no aguanté más: me dió tal ataque de risa que Aye se quedó helada... y como no paraba, como siempre, la terminé contagiando.
Terminamos cagándonos de risa juntas, mientras todo el mundo nos miraba como si fuésemos un par de payasos que no hacen reír a nadie.
Como verás, queridísimo diario:
CONDENADAS AL RIDÍCULO.





