Tormentas de Pasión (Continuación)
Desesperada, subí a casa... fui a buscar el celular a mi carterita, tenía que hablar urgente con Aye, esto no podía quedar así... ni seguir empeorando.
Si algo había aprendido en estos últimos meses, era que los problemas debían ser enfrentados mientras podían ser resueltos... quedarme encerrada o al borde de un acantilado no me llevaría a nada bueno.
Mamá me vio pasar como un relámpago... ni le di tiempo de preguntarme nada o retarme... empecé a revolver mi cartera como una loca... dónde estaba el maldito móvil?
- Mamá! dónde está mi celular?
Mamá apareció en mi cuarto.
- Ahora me vas a explicar qué estuviste haciendo nena!
- Te voy a explicar todo, pero dónde está mi celular?
- Qué lo perdiste también?
- También...? bueno... ahora te cuento... esperá.
Inutilmente busqué el celular... no aparecía, así que la llamé a Aye desde el teléfono de casa.
Me atendió el padre... me dijo que ya me atendía, que estaba en su dormitorio, que espere...
Pasó un minuto interminable... cuando creía que ya no me atendería escuché su voz tensa.
- Para qué me llamás? No tengo ganas de hablar con vos.
- Escuchame Aye, tenemos que hablar...
- Te equivocás pendeja, no tenemos nada de qué hablar.
- Escuchame amorcito, dejame explicarte qué pasó... te juro que no hice nada malo!
Aye no contestó, yo sentía su respiración agitada en el auricular...
- Por favor Aye, si me dejás que te explique vas a entender... o acaso cuando te conocí vos no me robaste un beso, eh? Eso fue lo que pasó.
- Así?... tan fácil?
Decidí decirle toda la verdad de golpe:
- Fue Romina, en su auto... Me robó un beso. Yo le dije que tenía novia, que me lleve a casa. Creeme. Es la verdad, amorcito. Nunca te traicionaría.
Aye no contestó. Seguí escuchando su respiración agitada.
- Me oís amorcito? Nunca te traicionaría, preferiría matarme. Palabra de honor!
Tenía que creerme... era mi juramento... la fórmula mágica que jamás podía romperse bajo ningún concepto. Que siempre respeté.
- Estoy muy caliente todavía. Llamame mañana.
- Por favor amorcito... te lo juro... yo no hice nada malo... te puedo contar todo. Ya me voy para tu casa.
- Pará Dita, pará un poco, dejá que se me pase el enojo.
Se notaba que ya no estaba tan enojada: ya no me decía Melisa.
- Dale Aye, soy yo: Dita, la misma de siempre. Romina no existe. Vos sos mi amorcito. A vos te prometí amor eterno.
- Oíme Dita, porqué no me dijiste que esa rubia hija de mil putas te había llevado a tu casa? Porqué lo ocultaste? Y encima te hiciste la boluda, que es lo que más bronca me da!
- Ya sé que estuve mal en no avisar de entrada... pero era para que no te enojes Aye. Te juro que yo no la provoqué ni me gustó que me besara.
- Esa rubia hija de puta es mucho más linda que yo!
Esto último Aye lo dijo bajito y llorando. Sentí como si me estrujaran el corazón.
- Vos sos la chica más linda del mundo Aye! Mucho más linda que cualquiera... Y sos mi amorcito y nunca te voy a cambiar por nadie!
La escuché llorar bajito y soplarse los mocos... no soportaba que Ayelén sufriera de ese modo por mi culpa.
- Ya me voy para tu casa Aye, no aguanto escucharte llorar y no tenerte para abrazarte.
- Dita... escuchame...
- Ya salgo amorcito, no te muevas de tu casa!
Otra vez salí corriendo como una loca. Mamá me miraba con cara de preocupación. Había escuhcado todo, obviamente.
- Yo te llevo nena, está diluviando y hace un frío terrible.
Salimos volando para el garage.
Si algo había aprendido en estos últimos meses, era que los problemas debían ser enfrentados mientras podían ser resueltos... quedarme encerrada o al borde de un acantilado no me llevaría a nada bueno.
Mamá me vio pasar como un relámpago... ni le di tiempo de preguntarme nada o retarme... empecé a revolver mi cartera como una loca... dónde estaba el maldito móvil?
- Mamá! dónde está mi celular?
Mamá apareció en mi cuarto.
- Ahora me vas a explicar qué estuviste haciendo nena!
- Te voy a explicar todo, pero dónde está mi celular?
- Qué lo perdiste también?
- También...? bueno... ahora te cuento... esperá.
Inutilmente busqué el celular... no aparecía, así que la llamé a Aye desde el teléfono de casa.
Me atendió el padre... me dijo que ya me atendía, que estaba en su dormitorio, que espere...
Pasó un minuto interminable... cuando creía que ya no me atendería escuché su voz tensa.
- Para qué me llamás? No tengo ganas de hablar con vos.
- Escuchame Aye, tenemos que hablar...
- Te equivocás pendeja, no tenemos nada de qué hablar.
- Escuchame amorcito, dejame explicarte qué pasó... te juro que no hice nada malo!
Aye no contestó, yo sentía su respiración agitada en el auricular...
- Por favor Aye, si me dejás que te explique vas a entender... o acaso cuando te conocí vos no me robaste un beso, eh? Eso fue lo que pasó.
- Así?... tan fácil?
Decidí decirle toda la verdad de golpe:
- Fue Romina, en su auto... Me robó un beso. Yo le dije que tenía novia, que me lleve a casa. Creeme. Es la verdad, amorcito. Nunca te traicionaría.
Aye no contestó. Seguí escuchando su respiración agitada.
- Me oís amorcito? Nunca te traicionaría, preferiría matarme. Palabra de honor!
Tenía que creerme... era mi juramento... la fórmula mágica que jamás podía romperse bajo ningún concepto. Que siempre respeté.
- Estoy muy caliente todavía. Llamame mañana.
- Por favor amorcito... te lo juro... yo no hice nada malo... te puedo contar todo. Ya me voy para tu casa.
- Pará Dita, pará un poco, dejá que se me pase el enojo.
Se notaba que ya no estaba tan enojada: ya no me decía Melisa.
- Dale Aye, soy yo: Dita, la misma de siempre. Romina no existe. Vos sos mi amorcito. A vos te prometí amor eterno.
- Oíme Dita, porqué no me dijiste que esa rubia hija de mil putas te había llevado a tu casa? Porqué lo ocultaste? Y encima te hiciste la boluda, que es lo que más bronca me da!
- Ya sé que estuve mal en no avisar de entrada... pero era para que no te enojes Aye. Te juro que yo no la provoqué ni me gustó que me besara.
- Esa rubia hija de puta es mucho más linda que yo!
Esto último Aye lo dijo bajito y llorando. Sentí como si me estrujaran el corazón.
- Vos sos la chica más linda del mundo Aye! Mucho más linda que cualquiera... Y sos mi amorcito y nunca te voy a cambiar por nadie!
La escuché llorar bajito y soplarse los mocos... no soportaba que Ayelén sufriera de ese modo por mi culpa.
- Ya me voy para tu casa Aye, no aguanto escucharte llorar y no tenerte para abrazarte.
- Dita... escuchame...
- Ya salgo amorcito, no te muevas de tu casa!
Otra vez salí corriendo como una loca. Mamá me miraba con cara de preocupación. Había escuhcado todo, obviamente.
- Yo te llevo nena, está diluviando y hace un frío terrible.
Salimos volando para el garage.





