<?xml version="1.0" encoding="ISO-8859-1" ?><rss version="2.0" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"><channel><title><![CDATA[LA AMANTE]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/laamante/rss20.xml]]></link><description><![CDATA[ADICTA A LOS HOMBRES COMPROMETIDOS (BUENO, A LOS HOMBRES EN GENERAL)]]></description><language><![CDATA[ES]]></language><generator><![CDATA[http://www.ya.com]]></generator><item><title><![CDATA[OS ESPERO]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/laamante/c_223.htm]]></link><description><![CDATA[Justo <a target="_blank" href="http://www.blogs.ya.com/lablogsulta">aquí...</a>]]></description><author><![CDATA[Amanda, amante, amada.]]></author></item><item><title><![CDATA[MIS LECTORES]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/laamante/c_222.htm]]></link><description><![CDATA[En realidad no tengo idea de cuántos sois, pero sois muchos más de lo que yo hubiera podido esperar.<br/><br/>No nos pongamos tiernos en esta despedida.<br/><br/>Volvamos a los teclados y a los momentos de pausa entre expediente y expediente, entre paciente y paciente, entre cliente y cliente.<br/><br/>El lunes, sin permiso ni licencia, abro mi blogsulta.<br/><br/>Algo así como la recopilación de todos aquellos mails publicables (previa aceptación por parte de su autor original) recibidos en este año y mis reflexiones al respecto.<br/><br/>Os advierto: el noventa por ciento son mails que hablan de cuernos, sospechas de cuernos, amores prohibidos, amantes, sexo mejorable, sentimientos ante la separación, ¿me divorcio o no?, ¿me acuesto con mi jefe casado o no?, ¿me follo a la vecinita cachonda?.. en fin, muy en mi línea.<br/><br/>Si os apetece ver cómo Amanda desgrana el mundo de la pareja gracias a vuestras palabras, ya sabéis, el lunes, en la Blogsulta de Amanda.<br/><br/>Y si no, siempre nos quedará La Amante.<br/><br/>Pd.: No dudéis en suscitarme temas escribiéndome a la_amante_amada@hotmail.com]]></description><author><![CDATA[Amanda, amante, amada.]]></author></item><item><title><![CDATA[Epílogo.]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/laamante/c_220.htm]]></link><description><![CDATA[En el amor hay espacio para todo.<br/><br/>Hay espacio para el dolor y la desesperación de la separación y la pérdida.<br/><br/>Hay espacio para la ilusión y la emoción del encuentro.<br/><br/>Hay espacio para la pasión y la entrega.<br/><br/>Hay espacio para la renuncia y la negación.<br/><br/>Todo cabe en un sentimiento perfectamente universal, que atrapa a hombres y mujeres, a jóvenes y a no tan jóvenes, a solteros y a casados.<br/><br/>Durante un año he hablado de amor y he escrito de amor.<br/><br/>He contado mi historia, que es la historia de tantas otras mujeres que, un día, se enamoraron de hombres que ya pertenecían a otras. Y he contado, también, la historia de Luis, que es la historia de tantos hombres que, un día, se enamoraron de mujeres cuando ya tenían otra.<br/><br/>He contado la historia del desengaño, de la ilusión renovada, de la emoción y el sexo que une a personas en el marco único de la intimidad y la complicidad que sucede, cuando la química, la física, la sin razón y los instintos menos básicos confluyen entre dos personas.<br/><br/>Ha sido un largo camino hacia mí: he renunciado al domingo en familia, a la boda acompañada, al beneplácito social. Y lo he hecho única y exclusivamente por amor.<br/><br/>Tengo una vida razonablemente feliz. Una hija sana. Un hombre maravilloso que ha cuidado y cuidará de mí en la distancia de sus circunstancias. Un trabajo que me permite no sólo pagar mi hipoteca, si no pagar todas y cada una de mis deudas con la mente enajenada y la locura sin remedio de quien, desafortunadamente, no encuentra ese camino que yo encontré.<br/><br/>Sé que muchos no me entenderéis jamás.<br/><br/>Y sé que muchos seguiréis pensando que Amanda no es más que una realidad modelada al gusto de la cobardía y la indecisión.<br/><br/>No importa.<br/><br/>La historia, mi historia, no es sólo la historia de Amanda.<br/><br/>Es la historia de quienes, como yo, se han enamorado alguna vez.<br/><br/>Es, en realidad, vuestra historia.<br/><br/>Amanda.]]></description><author><![CDATA[Amanda, amante, amada.]]></author></item><item><title><![CDATA[El porqué de todo esto.]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/laamante/c_219.htm]]></link><description><![CDATA[Salí del hospital a las siete de la tarde y me di cuenta de que había olvidado mi paraguas y estaba lloviendo a mares.<br/><br/>No quise volver sobre mis pasos, estaba cansada y había dejado el coche en el taller para su revisión habitual, así que enfilé la calle principal en dirección al metro, saltando de portería en portería para no mojarme demasiado.<br/><br/>Tengo uno de esos cabellos indefinidos, ni liso ni rizado, que con la humedad se torna en una especie de ondulación sin forma alguna, y pretendía llegar hasta la estación con el cabello lo más liso posible.<br/><br/>En realidad, sólo estaba pensando en eso, en mi pelo, y en las pocas posibilidades que tenía de llegar con él en condiciones hasta casa y ni siquiera me acordaba ya de la última visita que había hecho. Si alguien me hubiera preguntado acerca de ésta, posiblemente hubiera tenido que esforzarme en recordarla.<br/><br/>Entonces sonó mi móvil, y lo cogí medio cabreada, no era fácil ocuparse del pelo, de no mojarse y  de sacar el móvil y contestar. Pero vi que era él y me hizo ilusión, pensé que iba a contarle mis problemas con la lluvia y contesté como siempre le contestaba: “holaaaaaa”. Así, estirando la “a” mucho rato, como si quisiera transmitirle la felicidad que me provocaba cada una de sus llamadas y que, desde hacía meses, era diarias.<br/><br/>Pero no me dejó acabar con esa palabra, empezó a hablar y dijo: “lo siento, Amanda, pero he estado pensando en ello, y yo ya no te quiero. Y lo que quiero es dejarlo.”<br/><br/>No dije nada. Creo que ni siquiera me despedí de él. Colgué el teléfono y seguí saltando de portería en portería, y entonces me acordé de la última visita que había sido con Juan, un paciente de 50 años con una depresión mayor que llevaba arrastrando desde hacía dos años. Pensé que tenía que hablar con José Antonio y pedirle que le subiera la medicación porque no estaba mejorando nada y había verbalizado en tres ocasiones que la vida no merecía la pena.<br/><br/>Luego llegué hasta el metro y me senté a esperar y seguí pensando en Juan y su problema y en qué tipo de pautas podríamos hacer para la siguiente semana y así se me pasaron los minutos y luego fueron horas, hasta que se hizo de noche y me metí junto a Lili en la cama y entonces me di cuenta de que él me había dicho que ya no me quería.<br/><br/>Empecé a llorar como no lo había hecho nunca, desconsolada junto a Lili dormida y seguí llorando durante dos años. <br/><br/>Todos los días de mi vida durante dos años me desperté pensando en que él ya no me quería y lloraba, lloré tanto que pensé que no volvería a reírme jamás, que todo en mí era llanto y todo porque él ya no me quería.<br/><br/>Me llamé imbécil, gilipollas, idiota y me odié, me odié hasta desear estar muerta, porque había perdido lo único que había amado de verdad y ni siquiera supe porqué, me pasé dos años preguntándome por qué, y no encontré una respuesta, sólo lloraba.<br/><br/>Me despidieron del hospital porque no iba a consulta, me saltaba las guardias y apagaba mi teléfono por las noches.<br/><br/>Me quedé sin trabajo y llorando.<br/><br/>Me daba igual.<br/><br/>Cuando dos años más tarde, una mañana, José Antonio me llamó para pedirme que volviera, que la que había sido mi sustituta se había marchado a otra ciudad y necesitaban que yo volviera, me presenté en el despacho de mi jefe llorando.<br/><br/>Me dijo que tenía una depresión y preguntó qué podía hacer para ayudarme y entonces le dije:<br/><br/>- Sólo quiero saber por qué me dejó de querer.<br/><br/>Entonces él me dijo que nadie deja de querer de la noche a la mañana a quien ha sido el amor de su vida, y que las frases como esa, cuando no tienen un motivo, ni parten de una base, ni hay nada que las provoque, no son más que huidas hacia delante, que Enrique tenía otra vida que había elegido vivir sin mí, y eso no tenía nada que ver con el amor.<br/><br/>La última vez que vi a Enrique fue hace dos años, cuatro años más tarde de que él hiciera aquella llamada.<br/><br/>Yo había recuperado mi trabajo, mi vida, mis ilusiones. Estaba enamorada de un hombre maravilloso que me adoraba y que, casado o no, era quien me protegía todos los días.<br/><br/>Me acerqué a Enrique, estábamos en un bar y apareció él y hacía tanto tiempo que no le veía y había tantas conversaciones que no habíamos tenido que ni siquiera le dije “hola”.<br/><br/>Sólo le pregunté lo mismo que, años atrás, había preguntado a José Antonio y me había estado preguntando a mí misma.<br/><br/>- Sólo quiero saber por qué me dejaste de querer.<br/><br/>Entonces Enrique me acarició el cabello y me miró a los ojos y a lo lejos vi a su novia mirándome con mucho celo y mucha rabia, pero él no se detuvo, siguió acariciándome y mirándome a los ojos y dijo:<br/><br/>- Yo nunca te he dejado de querer, Amanda, mi amor. <br/>- Eso me dijo José Antonio.<br/>- Es buen psiquiatra, el jodido.<br/>- Y un buen jefe.<br/>- Y tú tienes mucha suerte, preciosa.<br/>- Y tú tienes un paquetorro muy sexy bajo los vaqueros, pero tu novia me está mirando con cara de odio y creo que me va a asesinar.<br/><br/>Y nos reímos.<br/><br/>El día que me reí por primera vez con Enrique después del poderoso proceso de duelo que supuso su pérdida, entendí que ya estaba curada.<br/><br/>Y sobre entendí que nunca más volveré a enfermar de amor.<br/><br/>Y por eso soy, y seré, para siempre, la Amante.<br/><br/>Y fin.]]></description><author><![CDATA[Amanda, amante, amada.]]></author></item><item><title><![CDATA[Promiscuidad y otros cuentos chinos.]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/laamante/c_216.htm]]></link><description><![CDATA[En el fervor de catalogarlo absolutamente todo, a los psiquiatras de la APA (a no confundir con la Asociación de Padres de Alumnos, que nada tienen que ver con la American Psiquiatry Association, al menos no aparentemente), no se les ha ocurrido otra cosa que crear un índice para diagnosticar si alguien es promiscuo sexualmente hablando.<br/><br/>A mí no me hace falta calcular el índice: apuesto cualquier cosa a que soy promiscua y a mucha honra, que la promiscuidad me ha aportado un buen número de orgasmos y encima me ha presentado a un montón de hombres.<br/><br/>Pero ha sido el sujeto de debate de este mediodía en el Hospital.<br/><br/>¿Eres o no eres promiscuo?<br/><br/>Debatir lo del índice me parecía más interesante… ¿es necesario calcular si uno lo es? ¿No es suficiente con creer que se es promiscuo o, en caso de desearlo así, convencerse de que no se es?<br/><br/>Pero al tema, que me desvío.<br/><br/>Tómese como referencia la edad actual de la persona indexada: 35.<br/>Tómese la edad en que se mantuvo la primera relación sexual: 16.<br/>Tómese la cantidad de años que se estuvo en pareja siendo perfectamente fiel: 11.<br/>Réstense todas estas cifras: 8<br/>Recuérdese el número total de parejas sexuales que se han tenido a lo largo de toda la vida: 3<br/>Divídase ésta última por el resultado de restar las tres primeras cifras: 0’37.<br/><br/>Si el índice es superior a 5, somos promiscuos. Si no lo es, no lo somos.<br/><br/>(Sí, vale, mentí en el número de parejas sexuales… pero no quería poneros los dientes largos.) <br/>]]></description><author><![CDATA[Amanda, amante, amada.]]></author></item><item><title><![CDATA[Todo lo que hay que saber del sexo de los hombres…]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/laamante/c_208.htm]]></link><description><![CDATA[(Pequeño decálogo barato a lo Elena Francis, para poco experimentadas… las “másters” más que aprender, ¡que aporten ideas!) <br/><br/>… ¿y nunca te has atrevido a preguntar?<br/><br/>Mal hecho.<br/><br/>Si a las mujeres nos da un poco por saco que nos estén preguntando en mitad del mete – saca si lo que nos gusta es el mete – saca o la posición de la Flor del Loto, con los hombres no hay que cortarse: la pregunta siempre tiene respuesta.<br/><br/>Ahora bien, como algún comentarista ha apuntado muy acertadamente, no le cuentes tu vida al machote, o corres el riesgo de que su fabulosa erección se convierta en un incómodo gatillazo. <br/><br/>No es el momento de hablarle del color de las paredes de la habitación, de la terapia de té rojo que estás haciendo para la retención de líquidos, o de lo bien que quedarían seis críos correteando por el pasillo de tu casa.<br/><br/>Contente: el acto sexual es para hablar del acto sexual o más bien, para que él hable del acto sexual.<br/><br/>Así que dale a las preguntas abiertas, del tipo: “¿qué te gustaría ahora mismo, cariño?” o “¿qué pasaría si ahora me dedicara exclusivamente a tu pene?” y añade un par de adulaciones (“oh, tienes la polla más grande que he visto en mi vida”) aunque sea mentira y un par de afirmaciones categóricas (“me voy a entregar en cuerpo y alma a darte más placer del que has recibido jamás”) aunque también sea mentira.<br/><br/>Tengo un buen montón de ex amantes convencidos de que son los mejores en la cama y lo único que espero es que no se encuentren todos un día porque se iban a dar rápidamente cuenta de lo exagerada que soy.<br/><br/>Pero al tema, que yo soy yo, y los demás son lo demás.<br/><br/>Cada hombre es un mundo: quien crea que el hombre sólo es una polla es que ha visto mucha peli porno o no ha visto ninguna.<br/><br/>Hay hombres, por ejemplo,  a los que no les gusta el sexo oral, así que no te empecines en metértela hasta la campanilla o puedes encontrarte con una luxación de mandíbula sin fruto alguno (¿sorprendida? Pregunta, pregunta.)<br/><br/>Algunos se sienten especialmente cómodos en la posición del misionero y sus variantes, porque controlan su orgasmo, mientras pierden el ritmo si te pones a cuatro patas.<br/><br/>En general, les gustan más las posiciones en que no les estás mirando, se sienten más libres porque al estar frente a ti, pueden sentir la responsabilidad de demostrarte sentimientos o emociones, mientras que penetrándote desde tu espalda, se dejan ir. Pero no siempre es así: a algunos les gusta mirarte y observar tus gestos faciales. Así que no te apliques la máxima por las buenas, mejor averígualo.<br/><br/>El sexo anal es un mito mal sobrevalorado, a la mayoría no les gusta tanto como la penetración vaginal, pero puede provocar un morbo especial.<br/><br/>Déjate de velitas, perfumitos y chorraditas: lo mejor es la luz a todo trapo y el silencio absoluto. A mí, personalmente, me molestan las musiquitas de fondo estropeándome los gemidos. Y me lo agradecen todos mis amantes.<br/><br/>Los hay maniáticos con los olores, no pierdas la oportunidad de preguntar si quieren que te des una ducha antes. Y si te dicen que sí, no te ofendas: cada uno tiene sus preferencias. Te das la ducha, vuelves con la toallita cubriendo apenas nada y le invitas a ponerte la crema corporal. <br/><br/>Los hay, por el contrario, fanáticos de tus flujos que tú consideras asquerosos: pues si son fanáticos, no les prives de ellos. Perfumarse el coñito ante un tío que prefiere tu olor natural es un error de consecuencias impredecibles.<br/><br/>No te olvides de sus otras anatomías: tócale los cojones un poco, en sentido literal. Si le molesta, déjalos estar. Hay hombres muy sensibles con sus saquitos reproductores. Otros, en cambio, enloquecen ante una ligera presión, un masaje e incluso una mamada escrótica. Si no tienes ni idea de cómo hacerla, no experimentes, que la puedes fastidiar. Pídele que te ayude o te enseñe, no vayas por libre, que no son muñequitos de trapo.<br/><br/>El ano es tabú para muchos hombres, puedes intentar masajear con un dedo el perineo (sí, buscad en el diccionario), y preguntar si quiere que sigas más abajo. Si te dice “no”, es “no”: te aseguro que los hombres saben mucho mejor que nosotras qué les gusta y qué les disgusta.<br/><br/>Si te dice que sí, prueba suavemente y comparte con él la intensidad: algunos quieren que les metas un dedo hasta el fondo (no pasa nada: el recto es una zona limpísima. Pero si te da mal rollo hazlo con un dedo enfundado en un preservativo con lubricante) y otros que apenas roces la zona exterior. <br/><br/>Los pezones también son fuente de placer, pero de nuevo los hay encantados, los hay indiferentes y los hay que no quieren ni que los roces. Yo pruebo siempre con un lametón inocente y entonces levanto mi rostro y pregunto “¿te gusta?”. Si es que sí, te lo dirá, si es que no, te dirá que prefiere otra cosa.<br/><br/>A partir de allí, existen pequeñas e inocentes perversiones que a los hombres les encantan: pide que te las cuente y si te apetecen, compártelas con él.<br/><br/>Ejemplos que he vivido personalmente: hacerte el amor frente al espejo para mirarte bien, filmarte o fotografiarte, violentarte un poco (siempre con respeto y consenso) dándote azotes suaves en el culito, llamándote “guarra mía” o estirándote del cabello, correrse en lugares “semi éticos” (tus tetas, tus labios, tu cara), una paja cubana (colocar su pene entre tus pechos), una paja a secas (y tú mirando), un sesenta y nueve (siempre, por favor, siempre, con la mujer encima: lo contrario es incomodísimo para nosotras y poco placentero para ellos), meterte o dejarse meter cositas por diversos orificios, gritos salvajes o verborrea incontrolada (no somos las únicas que hablamos, que a muchos de vosotros os da por afirmar eso de “te gusta, verdad, dime cuánto te gusta” constantemente).<br/><br/>No hablo de otras que existen y no me parecen mal, pero no practico ni he practicado nunca: lluvias doradas, sado-maso, porno escénico (tú vestida de colegiala y él dándote con la regla por no saberte la lección) o  folleteo en público. Pero no está de más preguntar y si te apetece compartirlo, hacerlo.<br/><br/>Esto no pretende ser un decálogo de la buena amante, que yo para algunos he sido absolutamente mediocre en la cama, pero os aseguro que con la pregunta y dejándote el pudor en el armario, te lo vas a pasar de puta madre y él te va a volver a llamar.<br/><br/>Y dicho esto, ala, todos a follar.<br/><br/>Pd.: un pequeño truco que ha resultado muy eficaz hasta ahora: en una penetración anal, pídele que meta los dedos en la vagina y así note el tacto de su pene penetrándote por otro lado… ¡se vuelven locos!<br/>]]></description><author><![CDATA[Amanda, amante, amada.]]></author></item><item><title><![CDATA[Presionando un poco.]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/laamante/c_207.htm]]></link><description><![CDATA[Me contaron que la mayoría de las mujeres en su primer encuentro sexual con un hombre, se ponen a pensar en sus tetas, su culo, su celulitis y sus olores corporales.<br/><br/>Me contaron, también, que los hombres en su primer encuentro sexual con una mujer, se ponen a pensar en sus hermosas tetas, su culo sexy, sus curvas sensuales y sus eróticos olores corporales.<br/><br/>Ambos piensan en las mismas cosas, sólo que desde puntos de vista muy distintos.<br/><br/>A mí me gustan particularmente los primeros encuentros sexuales, porque es cuando más atractiva me siento: me dedico a observar como él me lame, me descubre, me besa, me come, me toca, me desea y me mira, y me siento guapa a rabiar.<br/><br/>Pero hace años que ya no juego a las psicólogas en la cama, y desde luego, por mucho empeño que le ponga el chico, si no es perfecto, no pierdo el tiempo con él más allá de la primera oportunidad.<br/><br/>Definamos “perfecto” según el criterio Amanda, que en esto del sexo, lo perfecto para mí puede resultar aburrido, malo e incluso inadmisible para cualquier otra mujer.<br/><br/>Lo primero es lo primero: eso de los preámbulos, como que no. Me dan tirria. Allí tenemos al machote con la polla mocillona, haciendo todas aquellas cosas que no le gustan, pero ha leído que son importantes para nosotras, venga a darte caricias en el codo, besitos en la punta del pie, y susurritos ridículos en el oído.<br/><br/>Pero, ¿a dónde vas, chiquillo? Deja ya de sobarme el pelo, acariciarme el rostro y manosearme la espalda, que me recuerdas a mi madre.<br/><br/>Así que cojo su cabeza y la coloco en la entrepierna: dedícate a darle marcha a tu lengua. Pero nada de dejarme a medias, tremendo error. Si te pones, acabas. Igual que si me coloco tu polla (ahora mucho más dura) en mi boca, no es para darte un calentón, si no para tragarme hasta la última gota de tu esencia. <br/><br/>El sexo oral es un acto en sí mismo, no un aperitivo, leñe, a ver cuando alguno de mis amantes se entera de eso, y deja de provocarme espasmos inacabados al apartar su lengua de mi clítoris cuando mejor me lo estoy pasando: ¡no me cortes el rollo así!<br/><br/>Y si te la como y no eres capaz de volverla a levantar en medio minuto, plantéate lo de la viagra. Tío con un único orgasmo es amante desechado automáticamente, que una quiere divertirse, no entretenerse. <br/><br/>Una vez dentro, entérate de que a mí no me gusta acabar con un chichón en la cabeza a base de embestidas animales contra la pared de la habitación, que a veces parecéis toros embravecidos y yo el capote que os putea.<br/><br/>Nada, nada: movimientos rítmicos. Como bailar. Sensual, pero no desenfrenado. Tampoco es una balada de Céline Dion, que parece más bien que me estés meciendo. Punto justo. Ya sabes, ahora un poco de caña, ahora un poco de calma, ahora un par de brutales, ahora otro par de sensuales.<br/><br/>Deja de preguntarme si “ya”. Si es “ya” te vas a enterar, te lo aseguro. Deja de contenerte durante tres horas, que me tienes escocida. A veces no me corro y no pasa nada, porque luego te voy a pedir que acabes conmigo, no temas. Así que córrete cuando te apetezca, aunque si te digo: “no te corras”, no te corras. Que no sé porque algunos tíos tienen la manía de justo escuchar “no te corras”, correrse.<br/><br/>Las poses, las justas: tres en un polvo máximo, que tanto moverme se me baja la líbido. Y hay poses que algunas mujeres no podemos hacer, como esa de levantar mi pierna por encima de tus hombros y abrir la otra tocando la mesita de noche: no soy Nadia Comanecci, jodido.<br/><br/>Pero tampoco te me quedes allí encima todo el rato, apretado a mí: me ahogo, joder. Si quieres estar encima, dame un respiro de vez en cuando y levanta tu cuerpo, como esas flexiones que haces en el gimnasio, que me aplastas las tetas.<br/><br/>Y por detrás, no penetres como si hicieras diana, tienes que ir poco a poco, el culito es una zona pensada para otras cosas, a ver si te crees que tiene la flexibilidad de la vagina, y también pasa una cabeza de niño por allí.<br/><br/>Y lo peor, lo peor que puedes hacer, es acabar de follar y levantarte enseguida a lavarte, so guarro. Lávate antes, pero no después, que yo también tengo todos tus flujos y no me voy a echar lejía, sobre todo después de haberme compartido enteramente contigo.<br/><br/>Si para ti el después es sucio, te jodes, no haber entrado en el antes.<br/><br/>Un beso y un abrazo es suficiente, no te pegues. Tampoco te largues a los cinco segundos, podemos compartir un cigarrillo y, si no fumas, podemos compartir el “qué tal hemos estado” y déjate criticar, es sano, no te ofendas si te digo: “creo que si echamos un tercero, lo vamos a bordar”.<br/><br/>Y echa el tercero, no te cortes. Yo pondré todo mi empeño en levantarla otra vez. Verás como el tercero es perfecto, mastúrbate si ya no puedes encontrar el punto, mastúrbame a mí, deja que yo te lo haga, o deja que me lo haga yo.<br/><br/>En el tercero se aúna la confianza máxima, no se trata de un mete-saca, se trata de descubrir como podemos llegar tres veces al placer estando juntos.<br/><br/>Y si no eres así, si al primero te das la vuelta, si no te inspiro un segundo, si no me lo inspiras tú a mí, entonces “ya te llamaré, querido.”<br/><br/>Y cierra la puerta al marcharte.<br/>]]></description><author><![CDATA[Amanda, amante, amada.]]></author></item><item><title><![CDATA[Qué vergüenza.]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/laamante/c_206.htm]]></link><description><![CDATA[Primavera del 99.<br/><br/>Paco me dice que si le acompaño a ligar y le digo que si para ligar necesita compañía, es que la cosa está muy malita.<br/><br/>Me dice que la cosa está muy malita.<br/><br/>Nos metemos en el primer lugar que se nos ocurre, nos pedimos un par de wiskies, y Paco me dice que quiere ligar con la chica alta de la camiseta negra.<br/><br/>Me acerco a ella:<br/><br/>- ¿Rocío? ¡Rocío, tía, cuánto te has adelgazado! ¡Estás irreconocible!<br/>- Debe ser, porque ni siquiera yo sabía que era Rocío.<br/>- ¿No jodas? Pero si ahora me estaba diciendo Paco “joder, qué guapa se ha puesto Rocío, parece una modelo”.<br/>- Pues dile a Paco que no soy Rocío.<br/>- Pues le voy a dar un disgusto. Es que te había visto tan espectacular que ya estaba el tío diciéndome que siempre había sabido que Rocío con unos kilos menos sería una mujer de bandera.<br/>- Bueno, bueno, dile que no soy Rocío y ya está.<br/>- Vale, lo siento, perdona. Pues aunque no seas Rocío mi amigo tiene razón y eres guapísima.<br/>- Oye, mira, ¿y quién es tu amigo?<br/>- Ese, el del pelo negro.<br/>- Ah, ya. No paraba de mirarme, y yo pensando ¡qué pesao!<br/>- Claro, claro. Perdona. Te pareces mucho a Rocío. Por eso te miraba tanto. Lo siento.<br/>- Bueno, pues ya le digo yo que no soy Rocío.<br/>- Pues como quieras, pero le va a sentar fatal. Rocío nos cae muy bien.<br/><br/>Y las siguientes cinco horas pierdo de vista a Paco y a “Rocío”.<br/><br/>Me aburro sola en la barra y tengo a un tío dándome la espalda y de paso rozándome con ella. Cuando ya soy consciente de que Paco no aparecerá esa noche, apuro mi copa y me dispongo a volver a casa. <br/><br/>Es entonces cuando el tío de la espalda me pregunta que si ya me voy.<br/><br/>-&#9;No, me he puesto el bolso y la chaqueta porque me gusta asarme de calor en la discoteca.<br/>-&#9;¡Qué casualidad! Yo tengo la misma manía.<br/><br/>Y se pone la chaqueta.<br/><br/>Me río.<br/><br/>- Oye, ya que estamos entrando en fase “sauna”, ¿nos tomamos un caldito de pollo bien caliente?<br/>- El mío que sea de verduras con tropezones.<br/>- Eso está hecho.<br/><br/>Pide dos copas y me acerca una.<br/><br/>- Es que en aquí nos gusta servir el caldito con hielo y en vaso de tubo. Yo le echo Coca-cola, para darle sabor.<br/>- Justo como a mí me gusta.<br/>- Joder, rubia, tú y yo somos almas gemelas.<br/>- Ya te digo: nunca debes salir de casa sin tu cuchara porque tu alma gemela puede aparecer en cualquier esquina invitándote a un caldito con hielo.<br/><br/>Se parte.<br/><br/>Le cuento quién soy, de dónde vengo y a dónde voy pero que eso último lo puedo cambiar si me invita a salir de la sauna a tomarme otro caldito con Coca Cola en el bar de enfrente.<br/><br/>Allí, nos pasamos tres horas de bla bla estimulante, tan estimulante que acaba en mi habitación con mm mm ah ah oh oh mucho más estimulante.<br/><br/>Pablo me duró lo que dura un suspiro, o tres.<br/><br/>Después de cuatro meses viéndonos fin de semana sí y fin de semana también, de acudir a los últimos estrenos, hasta de ir al parque los miércoles por la tarde con una Lili en plena infancia, le envié a la mierda tras una noche de marcha con sus amigos en donde me dio por subirme a la barra de la discoteca a bailarme un no sé qué mientras me vitoreaba desde abajo hasta el apuntador.<br/><br/>El problema no fue subirme a la barra, el problema fue que a Pablo le dio por decirme, de regreso a casa y yo con todo mi subidón de felicidad alcohólica y de buen rollo nocturno, que había hecho el ridículo con el numerito de la barra, y que en su vida había pasado tanta vergüenza ajena.<br/><br/>- Pues mira, querido, tu vergüenza ajena me provoca arcadas y ni yo tengo ganas de vomitar ni creo que tú tengas ganas de sentir que yo no estoy a la altura de tus modismos.<br/>- No digas tonterías, Amanda. No se puede ir a la discoteca a subirse a una barra a bailar cuando estás con tu novio.<br/>- Pues no estoy segura de querer un novio, pero estoy completamente segura de querer seguir siendo yo misma en caso de que lo tuviera.<br/><br/>La anécdota es una nimiedad. Pero si Pablo pensaba que con él había de comportarme según su criterio de comportamiento de novias, resultaba evidente que en poco tiempo, ese código no se limitaría a no subirse a la barra a bailar.<br/><br/>Hice bien.<br/><br/>Pablo se casó hace dos años con una mujer muy correcta a la que le pone los cuernos con mi amiga Andrea. <br/><br/>Andrea dice que a la barra no se suben, ni él ni ella, pero no veas la de veces que se le sube encima y le pide que le meta el dedo en el culo mientras se la folla llamándole “putita mía”.<br/><br/>]]></description><author><![CDATA[Amanda, amante, amada.]]></author></item><item><title><![CDATA[Mi abuela.]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/laamante/c_205.htm]]></link><description><![CDATA[Mi abuela sigue, muy a su pesar, viva a los 92 años.<br/><br/>Digo “muy a su pesar” porque ella era la mujer más digna que he conocido jamás. No sé qué coño pensará ahora, metida en una residencia, babeando sin poder evitarlo, comiendo papillas, y dejándose limpiar el culo por la enfermera de turno.<br/><br/>Lo único que me consuela es que mi abuela ya no piensa, vegeta.<br/><br/>Más allá del afecto y amor que se puede profesar a una mujer que ha formado parte de tu vida durante años, mi abuela y yo nunca conectamos.<br/><br/>Era de esas mujeres que sentencian categóricamente, sin posibilidad de réplica alguna. Tú le contabas que habías ido al cine a ver una película que te había encantado y ella te decía: “esa película es una mierda”. Y seguía comiendo sin apartar la vista del televisor.<br/><br/>El día en que me casé, tras presentarse a todos los invitados como “la abuela de la novia”, me llevó a un rincón apartado y me dio un sobre con dinero, no soy capaz de recordar cuánto.<br/><br/>Después me dijo: <br/><br/>- Cometes un error, pero al menos pégate un viaje de novios que provoque la envidia de todos.<br/>- ¿Por qué me dices que cometo un error? ¿Ni siquiera el día de mi boda puedes ser un poco cursi y decir cosas como “que seáis muy felices”?<br/>- Es que estás enamorada, nena, y casarte enamorada va a llevarte directamente al divorcio.<br/><br/>Me costó años entender aquella frase y muchas otras made-in mi abuela, pero la jodida tiene (o tenía) más razón que un santo.<br/><br/>Y es que el matrimonio nunca fue ideado ni creado sustentado en la emocionabilidad, si no en la racionalidad. Durante siglos, hombres y mujeres se han casado como se casan las multinacionales en una joint-venture, en una fusión o en una adquisición: mero objetivo lucrativo.<br/><br/>En la pareja, el objetivo tenía objetivos secundarios del tipo “descendencia” o “territorialidad”, incluso “escisión de deuda” o “te jodes y te casas con mi hija, por capullo.”<br/><br/>El amor no tenía nada que ver con aquello, hasta que hace unos años, no tantos, empezó a liarla.<br/><br/>Y es que la pasión mata la pareja, tal cual lo digo, tal cual lo pienso.<br/><br/>Porque la pasión conlleva la decepción, los celos, la posesión, la inquietud, la inseguridad y un largo bla bla de emociones negativas y destructivas para la pareja.<br/><br/>Si nos casáramos con un buen amigo, con quien nos lleváramos especialmente bien, para tener niños, ir al cine los domingos, y acudir a todas las bodas, bautizos y comuniones en que fuéramos invitados, pero hacia quien no sintiéramos ningún tipo de amor (y fuéramos correspondidos de igual manera), nos iba a importar un bledo que volviese a las cinco de la mañana todo mamao, o se follara a la vecinita del quinto.<br/><br/>Del mismo modo, a él se la sudaría que nos arreglásemos para salir a ligotear los viernes por la noche con nuestras amigas, chateásemos de madrugada o confesáramos estar enamoradas del último becario que ha entrado en el hospital.<br/><br/>Seríamos la pareja perfecta. Dividiríamos los costes y multiplicaríamos los beneficios. Consensuaríamos la educación de los niños, y nos daría igual tener o no orgasmos con él. Podríamos incluso decirle que la culpa la tiene él por no ponerse el anillo vibrador todas las noches o por tenerla tan pequeña: como no hay amor, le daría igual lo que opinásemos.<br/><br/>Eso sí, buen entendimiento, objetivos comunes, respeto total, y ni un solo día de “¿por qué cojones está echando barriga?” o “¿es este el hombre con quien me casé enamorada?”<br/><br/>La figura del amante ha sido durante cientos de años, una realidad necesaria para el entendimiento de la pareja, para el matrimonio: el amor se vivía fuera de casa y dentro se vivía lo que se tenía que vivir.<br/><br/>Los que se enamoraron acabaron retándose en duelo con los amantes y muertos o asesinando.<br/><br/>Los que no, vivieron matrimonios para toda la vida, disfrutando igualmente del amor, sin las inconveniencias de la monotonía y la rutina y sobre todo, sin la tontería esa de las expectativas que nunca se cumplieron.<br/><br/>Pero como ahora nos ha dado por quererlo todo, vamos dando bandazos de lado a lado de nuestras emociones y jodiéndonos la salud mental.<br/><br/>Queremos trabajar, tener hijos, amar, ser amigos, tener un sexo fabuloso, ser libres, estar acompañados, comprar muchas cosas, tener tiempo libre, hacer deporte, estar buenísimos, ser comprendidos, ser envidiados, ostentar, discutir, ser felices… y todo esto en un el marco del matrimonio.<br/><br/>Pero claro, no queremos que nos pongan los cuernos, no queremos que nos digan lo que tenemos que hacer, no queremos aburrirnos, no queremos ser infelices, no queremos sufrir, ni decepcionarnos, ni perder de vista las mariposillas del estómago al cabo de unos años.<br/><br/>Mi abuela fue perfectamente feliz. Se casó con un hombre bien, hizo lo que le dio la gana toda su vida, trabajó hasta los 65 años, cogió un par de chachas para que le limpiaran la casa y se lo pasó bomba con mi abuelo que era un cachondo.<br/><br/>Y se enamoró de tres o cuatro hombres a lo largo de su vida, sin que aquello supusiera problema alguno en su pareja. Con él tuvo hijos, y tuvo estabilidad, y tuvo prestancia y dignidad. Y con sus amantes tuvo amor.<br/><br/>A veces hay quien dice que soy liberal, incluso libertina.<br/><br/>Como diría mi abuela: “y una mierda.” <br/><br/>Es que yo soy, en realidad,  de otra época.<br/><br/>Pero me tocó vivir en esta.<br/><br/>Y por cierto, la película que le conté, era “La Cenicienta.”<br/><br/><i>(un beso a mi abuela, que aunque esté aun aquí, creo que hace años que se fue muy lejos, y seguro que estará con su marido comentando que por fin, la nena, está haciendo lo correcto)</i>]]></description><author><![CDATA[Amanda, amante, amada.]]></author></item><item><title><![CDATA[Onanismo mental.]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/laamante/c_200.htm]]></link><description><![CDATA[<i>Inciso (de los míos): ya.com me ha pedido disculpas y dado una explicación más que creíble al hecho de no estar mi blog entre los más leídos (coincide con un contador que me dio por poner yo solita e invalidó el contador de ellos.) Así que dejad de machacar su mail, volveréis a la lista en unos días… Fin del inciso.</i><br/><br/>Como llevo varios días masturbándome el cerebro en busca de un resolutivo final que no llega por más que le de al tema, he decidido que, ya puestos, me hago una paja de las de verdad.<br/><br/>Y es que veo cierta tendencia en la blogesfera por hablar de onanismos variados.<br/><br/>Follamos poco, queridos.<br/><br/>Me incluyo.<br/><br/>Yo follo poquísimo.<br/><br/>Otra cosa es que folle con distintos hombres.<br/><br/>Pero para mí, que me gusta más el sexo que a un tonto un lápiz, reducir mi sexualidad a encuentros con Luis y la más reciente variante de encuentros con Carlos, ambos distantes de mi ciudad en número casi idéntico de kilómetros, es, cuanto menos, desconsolador.<br/><br/>Y hablando de consoladores, ¿por qué cojones no los hacen en un tamaño estándar?<br/><br/>¿Es que una, para darse una alegría, tiene que meterse un trabuco de dos por dos en durísimo metal o en poliéster en forma de polla inhumana?<br/><br/>Vamos a ver, ¿no hemos quedado en que la media nacional es de 13 cm por pene? Pues ¿a qué coño de inventor con complejo de inferioridad le dio por fabricar consoladores de treinta centímetros?<br/><br/>Una se va al sex shop toda contenta, dispuesta a encontrar un compañero que no diga ni mú y se dedique a su clítoris en lugar de meterla con ímpetu de Conan el Bárbaro, y lo único que encuentra son pollas de plástico que ni Nacho Vidal ni Carlos ni ná.<br/><br/>Pero, claro, si para darte un gustito, te da por echarte una sesión de dvd, ¡prepárate! Disponte a ver a tíos feísimos con bigote y barriga follándose a tías que cuando las ves ni te excitas ni nada, lo que te da es por llamar a información y pedir que te pongan con la chica en cuestión y te dé el teléfono de su cirujano plástico. <br/><br/>Estás allí con tus consoladores de camionero y de pronto ves una rubia espectacular haciendo “uh, uh, ah, ah” y tú te miras las tetas y las tuyas cuelgan y esas ni se mueven por mucho que el bigotudo le de embestidas de toro bravo. Te entran todos los complejos del mundo.<br/><br/>¿Por qué no harán pelis con tíos guapísimos y tiparracas horrendas? Porque esa tontería de que esperamos a que se casen y tal es una memez: lo que esperamos es que el tío cuando se la esté follando de pronto se gire y diga: “uff, qué delgadita estás, reina… a mí lo que me pone son las mujeres normales, de verdad, con celulitis y barriguita, y que no griten tanto, ¡leche! Que me dejas sordo.”<br/><br/>Pero a nadie se le ha ocurrido filmar algo así.<br/><br/>Total, te vas a la sección de “only men” a ver si te aparece una revista con Keanu Reeves erecto y lo que te encuentras es a unos tiarrones impresionantes, guapísimos, espectaculares… ¡a los que les importas una mierda porque ellos lo que quieren es follarse también a Keanu Reeves!<br/><br/>Así que te vas a casa frustradísima pensando que tú no puedes competir con el gay depilado.<br/><br/>Con todo el calentón.<br/><br/>Enciendes el pc, vamos a buscar un Chat calentito… ¿calentito? Aquello parece una retahíla de babosos que te entran con “hola coñito, echamos un polvete” que ni imaginación le ponen al tema. ¿Podría algún cachondo de la red empezar la conversación con algo así como “Hola, preciosa, ¿me dejas seducirte hasta que todos los poros de tu piel se estremezcan con mis palabras?”. Pues no, te jodes. Todos son bastos, o tontos, o encefalogramas planos de los de verdad. <br/><br/>¿Y esa manía de encenderte la cam a las primeras de cambio? Jodido, me gusta imaginar que eres Keanu Reeves, no un tío calvo con una camiseta de promoción de J&B. Te has cargado la magia poniéndome tu cara de salido.<br/><br/>Luego os quejáis de que las mujeres nos masturbamos poco. ¡Si es que así no se puede!<br/><br/>Yo quiero excitarme, subir mi líbido hasta el límite, sentir pasión y deseo, tomar mi mano, acompasarla sobre mis pechos, bajar lentamente hasta mi sexo, notarlo húmedo y ansioso, moverme imaginando a Keanu haciéndome el amor a horcajadas, y llegar al placer abandonándome a todo.<br/><br/>Y eso, si eres mujer, o tienes mucha imaginación y muy buena sintonía con tu deseo, o te las tendrás que arreglar con el dvd del bigotudo y la top model, el vibra tamaño xxxl, y un Chat mal llevado por un idiota.<br/><br/>Es lo que tiene el onanismo: que es de género masculino.<br/>]]></description><author><![CDATA[Amanda, amante, amada.]]></author></item></channel></rss>
