<?xml version="1.0" encoding="ISO-8859-1" ?><rdf:RDF xmlns:sy="http://purl.org/rss/1.0/modules/syndication/" xmlns:ti="http://purl.org/rss/1.0/modules/textinput/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:co="http://purl.org/rss/1.0/modules/company/" xmlns:rdf="http://www.w3.org/1999/02/22-rdf-syntax-ns#" xmlns="http://purl.org/rss/1.0/"><channel rdf:about="http://blogs.ya.com/laamanteamada/rss20.xml"><title><![CDATA[La Amante (al completo)]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/laamanteamada/rss20.xml]]></link><description><![CDATA[¿Cómo no va a gustarme el matrimonio? Es mi fuente de amantes...]]></description><dc:publisher><![CDATA[Publisher]]></dc:publisher><dc:creator><![CDATA[creator]]></dc:creator><dc:rights><![CDATA[rights]]></dc:rights><dc:date><![CDATA[12/12/2004]]></dc:date><sy:updatePeriod><![CDATA[hour]]></sy:updatePeriod><sy:updateFrequency><![CDATA[123]]></sy:updateFrequency><sy:updateBase><![CDATA[BASE]]></sy:updateBase><items><rdf:Seq><rdf:li resource="http://blogs.ya.com/laamanteamada/c_109.htm"/><rdf:li resource="http://blogs.ya.com/laamanteamada/c_108.htm"/><rdf:li resource="http://blogs.ya.com/laamanteamada/c_106.htm"/><rdf:li resource="http://blogs.ya.com/laamanteamada/c_105.htm"/><rdf:li resource="http://blogs.ya.com/laamanteamada/c_104.htm"/><rdf:li resource="http://blogs.ya.com/laamanteamada/c_103.htm"/><rdf:li resource="http://blogs.ya.com/laamanteamada/c_102.htm"/><rdf:li resource="http://blogs.ya.com/laamanteamada/c_101.htm"/><rdf:li resource="http://blogs.ya.com/laamanteamada/c_100.htm"/><rdf:li resource="http://blogs.ya.com/laamanteamada/c_99.htm"/></rdf:Seq></items></channel><item rdf:about="http://blogs.ya.com/laamanteamada/c_109.htm"><title><![CDATA[98. ROBERTO]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/laamanteamada/c_109.htm]]></link><description><![CDATA[Hoy toca hablar de Roberto.<br/><br/>Roberto tiene la inaccesibilidad de los hombres accesibles. Te crees que es fácil entenderle porque te sonríe cuando le miras y te abraza cuando te acercas a su imponente cuerpo de metro ochenta y cinco.<br/><br/>Piensas que es claro y transparente cuando te dice que hoy es un mal día y cuando te dice que hoy es un día maravilloso.<br/><br/>Te dejas llevar por su inquietante seguridad y la certeza absoluta de que cuando dice “sí” es “sí” y cuando dice “no” simplemente es “no.”<br/><br/>Te enganchas a su discurso siempre ágil, salpicado de inteligente sentido del humor, amenizado por acentos de tierras soleadas y de alegrías contagiosas. Te sientes acompañada en cada palabra y en cada beso te sientes deseada y en cada caricia te sientes amada.<br/><br/>Dejas que te explique todas las cosas que quiere mostrarte sabe explicarte, y te rodeas de sus experiencias como si fuera la primera vez que las escucharas, aunque las escucharas por octava vez.<br/><br/>Forma parte del paisaje al que te lleva, ilusionado, confundiéndose con el mar y la brisa, oliendo a tierra mojada, a hierba húmeda, a exóticas tisanas, a chocolate dulce, a aceite de primera prensada.<br/><br/>Es como un vino macerado en barrica de roble, con gusto seco y poderoso, y deja que su piel se confunda con la tuya, mirándote a los ojos, apartando la mirada cuando ya no puede sostenerla por más tiempo, regalándote su entrega, como si te lo diera todo en aquel momento, y tú tomas y tomas más, y no deja de sonar la música que los dos queréis escuchar.<br/><br/>Luego se desploma sobre tu cuerpo aun despierto, y pide que le escuches de nuevo, no quiere dormir, Roberto nunca quiere dormir, Roberto quiere que le sientas, y tú no haces otra cosa que sentirle.<br/><br/>Y entonces preguntas, pero a Roberto no puedes preguntarle nada.<br/><br/>Porque detrás de la personalidad más fina, trabajada, elegante, imponente, arrolladora, sensual y fuerte que Amanda ha conocido jamás, se esconde el puro misterio de la inseguridad, del temor profundo al dolor, del convencimiento del fracaso, del error marcado a fuego.<br/><br/>De eso no puedes hablar con Roberto.<br/><br/>A Roberto sólo puedes disfrutarle.<br/>]]></description></item><item rdf:about="http://blogs.ya.com/laamanteamada/c_108.htm"><title><![CDATA[99. EL PORQUÉ DE TODO ESTO]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/laamanteamada/c_108.htm]]></link><description><![CDATA[<br/>Salí del hospital a las siete de la tarde y me di cuenta de que había olvidado mi paraguas y estaba lloviendo a mares.<br/><br/>No quise volver sobre mis pasos, estaba cansada y había dejado el coche en el taller para su revisión habitual, así que enfilé la calle principal en dirección al metro, saltando de portería en portería para no mojarme demasiado.<br/><br/>Tengo uno de esos cabellos indefinidos, ni liso ni rizado, que con la humedad se torna en una especie de ondulación sin forma alguna, y pretendía llegar hasta la estación con el cabello lo más liso posible.<br/><br/>En realidad, sólo estaba pensando en eso, en mi pelo, y en las pocas posibilidades que tenía de llegar con él en condiciones hasta casa y ni siquiera me acordaba ya de la última visita que había hecho. Si alguien me hubiera preguntado acerca de ésta, posiblemente hubiera tenido que esforzarme en recordarla.<br/><br/>Entonces sonó mi móvil, y lo cogí medio cabreada, no era fácil ocuparse del pelo, de no mojarse y sacar el móvil y contestar. Pero vi que era él y me hizo ilusión, pensé que iba a contarle mis problemas con la lluvia y contesté como siempre le contestaba: “holaaaaaa”. Así, estirando la “a” mucho rato, como si quisiera transmitirle la felicidad que me provocaba cada una de sus llamadas y que, desde hacía meses, era diarias.<br/><br/>Pero no me dejó acabar con esa palabra, empezó a hablar y dijo: “lo siento, Amanda, pero he estado pensando en ello, y yo ya no te quiero. Y lo que quiero es dejarlo.”<br/><br/>No dije nada. Creo que ni siquiera me despedí de él. Colgué el teléfono y seguí saltando de portería en portería, y entonces me acordé de la última visita que había sido con Juan, un paciente de 50 años con una depresión mayor que llevaba arrastrando desde hacía dos años. Pensé que tenía que hablar con José Antonio y pedirle que le subiera la medicación porque no estaba mejorando nada y había verbalizado en tres ocasiones que la vida no merecía la pena.<br/><br/>Luego llegué hasta el metro y me senté a esperar y seguí pensando en Juan y su problema y en qué tipo de pautas podríamos hacer para la siguiente semana y así se me pasaron los minutos y luego fueron horas, hasta que se hizo de noche y me metí junto a Lili en la cama y entonces me di cuenta de que él me había dicho que ya no me quería.<br/><br/>Empecé a llorar como no lo había hecho nunca, desconsolada junto a Lili dormida y seguí llorando durante dos años. <br/><br/>Todos los días de mi vida durante dos años me desperté pensando en que él ya no me quería y llorando, lloré tanto que pensé que no volvería a reírme jamás, que todo en mí era llanto y todo porque él ya no me quería.<br/><br/>Me llamé imbécil, gilipollas, idiota y me odié, me odié hasta desear estar muerta, porque había perdido lo único que había amado de verdad y ni siquiera supe porqué, me pasé dos años preguntándome por qué, y no encontré una respuesta, sólo lloraba.<br/><br/>Me despidieron del hospital porque no iba a consulta, me saltaba las guardias y apagaba mi teléfono por las noches.<br/><br/>Me quedé sin trabajo y llorando.<br/><br/>Me daba igual.<br/><br/>Cuando dos años más tarde, una mañana, José Antonio me llamó para pedirme que volviera, que la que había sido mi sustituta se había marchado a otra ciudad y necesitaban que yo volviera, me presenté en el despacho de mi jefe llorando.<br/><br/>Me dijo que tenía una depresión y que podía hacer para ayudarme y entonces le dije:<br/><br/>- Sólo quiero saber por qué me dejó de querer.<br/><br/>Entonces él me dijo que nadie deja de querer de la noche a la mañana a quien ha sido el amor de su vida, y que las frases como esa, cuando no tienen un motivo, ni parten de una base, ni hay nada que las provoque, no son más que huidas hacia delante, que Enrique tenía otra vida que había elegido vivir sin mí, y eso no tenía nada que ver con el amor.<br/><br/>La última vez que vi a Enrique fue hace dos años, cuatro años más tarde de que él hiciera aquella llamada.<br/><br/>Yo había recuperado mi trabajo, mi vida, mis ilusiones. Estaba enamorada de un hombre maravilloso que me adoraba y que, casado o no, era quien me protegía todos los días.<br/><br/>Me acerqué a Enrique, estábamos en un bar y apareció él y hacía tanto tiempo que no le veía y había tantas conversaciones que no habíamos tenido que ni siquiera le dije “hola”.<br/><br/>Sólo le pregunté lo mismo que, años atrás, había preguntado a José Antonio y me había estado preguntando a mí misma.<br/><br/>- Sólo quiero saber por qué me dejaste de querer.<br/><br/>Entonces Enrique me acarició el cabello y me miró a los ojos y a lo lejos vi a su novia mirándome con mucho celo y mucha rabia, pero él no se detuvo, siguió acariciándome y mirándome a los ojos y dijo:<br/><br/>- Yo nunca te he dejado de querer, Amanda, mi amor. <br/>- Eso me dijo José Antonio.<br/>- Es buen psiquiatra, el jodido.<br/>- Y un buen jefe.<br/>- Y tú tienes mucha suerte, preciosa.<br/>- Y tú tienes un paquetorro muy sexy bajo los vaqueros, pero tu novia me está mirando con cara de odio y creo que me va a asesinar.<br/><br/>Y nos reímos.<br/><br/>El día que me reí por primera vez con Enrique después del poderoso proceso de duelo que supuso su pérdida, entendí que estaba curada.<br/><br/>Y sobre entendí que nunca más volveré a enfermar de amor.<br/><br/>Y por eso soy, y seré, para siempre, la Amante.<br/>]]></description></item><item rdf:about="http://blogs.ya.com/laamanteamada/c_106.htm"><title><![CDATA[97. DERRAPANDO]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/laamanteamada/c_106.htm]]></link><description><![CDATA[<br/>Ser la amante de un hombre casado tiene un noséqué de caótico que ninguna de mis amigas me envidia y que a mí me pone, pero “pone” de “poner”, no de “ponerse”. Vamos, que me pone cachonda (ya basta de tanta cursilería.)<br/><br/>Es que yo llevo regular lo de aburrirse y teniendo en cuenta mi condición de madre divorciada, apuntarme al gimnasio o a hacer macramé no me parece lo más adecuado, teniendo en cuenta que en tal caso debería dejar a mi hija sola en casa y no es plan.<br/><br/>Como fregar tampoco va con mi personalidad (ni la de nadie, mucho me temo), me abstengo de llegar a casa y ponerme a darle al mocho, igual que me abstengo de limpiar, hacer la colada y planchar. Me gasto una buena parte de mi sueldo en vestir a los hijos de Jessica Jennifer, la venezolana que se dedica a estos menesteres tres veces por semana.<br/><br/>Total, entre que no puedo encontrarme un hobbie, no me gustan las labores del hogar, la tele y yo somos incompatibles (excepto para ver a Grishom en CSI), y leer con Lili jugando a los cochecitos de ambulancias a todo trapo no es muy edificante, me queda aburrirme en casa.<br/><br/>Tiempo que dedico o bien a escribir o bien a aburrirme.<br/><br/>Así que si Luis me llama de pronto, me dice que va a hacer escala en mi ciudad durante una hora escasa, y mi vecina se presta a ocuparse de Liliana (más bien el hijo de mi vecina, que me da a mí que en breve ya no va a querer jugar a las ambulancias, si no a los médicos con mi hija), derrapo todo lo que mi humilde utilitario se permite derrapar y me planto en el aeropuerto para plantarle un morreo al hombre de mi vida.<br/><br/>- Eres una arrastrada, - me dice Clara -. El tío te tiene cuándo quiere y cómo quiere.<br/><br/>Pues sí.<br/><br/>A veces no estoy muy segura de si yo soy la salsa de la vida aburrida de Luís o si Luís es la salsa de mi aburrida vida.<br/><br/>Lo que tengo más claro es que Carlos le pone la pimienta a mis fines de semana, y eso que estoy pensándome seriamente en sustituirle por algún autóctono, que mi tarjeta echa humo.<br/><br/>Es curioso como Carlos, pudiendo, no demanda jamás.<br/><br/>Él podría pedirme todos los fines de semana que fuera a verle y probablemente obtendría un sí por respuesta y mi banco un crédito más a altos intereses.<br/><br/>Es curioso como Luís, limitado por sus viajes profesionales, su matrimonio y sus hijos, demanda constantemente.<br/><br/>A horas intempestivas, en fechas imposibles o en momentos inoportunos.<br/><br/>También obtiene un sí por respuesta, no vaya a ser que yo pierda la oportunidad de olvidarme un rato de mi trabajo-niña-trabajo para estar entre sus brazos, a veces incluso para estar frente a él sin poder siquiera tocarle, porque hay tráfico en el aeropuerto y no hay que arriesgarse demasiado.<br/><br/>Todo eso no me importa en absoluto: lo hago egoísta y plenamente consciente del beneficio que obtengo a cambio.<br/><br/>Ni sacrificios ni leches.<br/><br/>Salgo derrapando de mi monotonía y me hundo en mi fantasía, cultivando así mis emociones.<br/>Con Carlos me cuesta más.<br/><br/>Primero, ya lo he dicho, porque él no lo pide.<br/><br/>Así que soy yo la que siempre acabo llamándole y diciéndole que me muero por tomar un avión.<br/><br/>Segundo, porque en esas idas y venidas sí hay un punto de sacrificio que no me acaba de convencer: esa sensación de pesadez que da hacer maletas, empaquetar ilusiones y enfrentarse a la duda de si va o no salir todo perfecto.<br/><br/>Luego, cuando regreso de los dos, me queda esa sensación de volver a trabajo-niña-trabajo y a todas mis limitaciones económicas, sociales y maternales.<br/><br/>Adoro a mi hija, no nos confundamos: ella es la única capaz de hacerme sentir completamente acompañada.<br/><br/>Pero odio ser tan burdamente normal.<br/><br/>Podría, como dice Clara, enamorarme de un hombre de aquí, soltero y dispuesto a compartir conmigo todos mis días.<br/><br/>- Sí, Clara, ya lo sé. Pero es que entonces, ¿no volvería a derrapar jamás? Pues no sé, pero mi coche lo necesita y yo, honestamente, me alimento de esas locuras que para ti no tienen sentido y para mí, lo son todo.<br/>]]></description></item><item rdf:about="http://blogs.ya.com/laamanteamada/c_105.htm"><title><![CDATA[96. CHEK IN, CHEK OUT]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/laamanteamada/c_105.htm]]></link><description><![CDATA[<br/>Estábamos solos en el restaurante. Llevábamos dos horas compartiendo las vivencias de los últimos días. No podía apartar mis ojos de ti. Saltábamos de un tema a otro (trabajo, amor, hijos) sin dejar de enlazar nuestras manos. Era como estar constantemente unidos en aquel enclave de vino, palabras y gestos. Tú y yo. Solos y enteros. Inmensos. Juntos.<br/><br/>Te miraba y pensaba cuánto te quería. Cada segundo transcurrido, cada palabra dicha, cada mirada congelada en ti o en mí, era un segundo menos: el tiempo que se escapaba de nosotros mientras lo estrujábamos sin piedad.<br/><br/>Más vino. Más risas.<br/><br/>Me incliné interrumpiendo tu discurso:<br/><br/>- Te deseo dentro de mí.<br/><br/>Sonreíste. <br/><br/>- Vamos al hotel.<br/>- No, -dije-, esta vez en el hotel no. Esta vez te quiero dentro de mí en mi casa, en mi cama, entre mis sábanas.<br/>- Dormiremos en tu casa. Pondré el despertador a la cinco y me dará tiempo para ir a recoger mi maleta al hotel y tomar un taxi hasta el aeropuerto.<br/>-  Hagamos una tontería.<br/>- ¿Dormir son follar?<br/>- Eso no sería una tontería, sería un desperdicio.<br/><br/>Te reíste.<br/><br/>- Vayamos a tu hotel y hagamos el chek out.<br/>- ¿Sólo tres horas después del chek in?<br/>- Sólo.<br/><br/>Ni lo pensaste. ¡Eres tan generoso cuando se trata de hacerme feliz! Fuimos a tu hotel y antes de las doce de la noche, ya estabas fuera, maleta en mano, subiendo medio cómplice, medio ladrón, como si aquello fuera tu gran trasgresión: le habíamos robado a tu empresa una noche de hotel. Y nos la íbamos a comer entre caricias y gemidos.<br/><br/>Nos amamos mejor construyendo mi habitación. Siempre nos pasa. Nos perdemos bajo el edredón y nos miramos a media luz o a luz entera. ¡Me haces sentir tan deseada cuando me miras así, cuando me agarras por detrás y siento tus manos temblando al contacto de mi piel! Te quedaste dormido abrazado a mí, agotado, tras dos horas infinitas de risas, pasión, amor y sexo. <br/><br/>Nos despertó un sonido conocido, el de la despedida. Eran las seis de la mañana. Te acompañé al aeropuerto medio dormidos los dos. Y mientras hacíamos ese trayecto que no me perdería por nada del mundo, reíamos como locos recordando la noche anterior. Dijiste:<br/><br/>- ¡Qué jodida eres, Amanda! Sea la hora que sea, siempre estás de buen humor.<br/>- Y... ¿por qué no iba a estarlo?<br/><br/>Apoyé mi mano en tu pierna mientras conducía. Te encanta ese gesto. Te hace sentir especial. No sé muy por qué.<br/><br/>Llegando a la terminal, te despediste como siempre, con un beso y un te quiero.<br/><br/>Y entonces sucedió. Hiciste algo que nunca antes, en tres años y medios y decenas de despedidas, habías hecho: al irte hacia la terminal, con tu maleta en mano, tu impecable traje de profesional, tu caminar seguro y firme, ese que nunca mira hacia atrás... te giraste. <br/><br/>Me quedé tan sorprendida ante aquel gesto que no supe sino sonreír. Llevo tres años y medio viéndote partir, adivinando tu espalda, como si al decirme “adiós” entraras en tu otra vida, cerraras la vida que es la tuya y la mía, hicieras tu check in hacia tu mundo en el que yo no tengo presencia.<br/><br/>Y ese día caminaste con la mirada puesta en mí, murmurando “te quiero” y esbozando sonrisas. Ese día, ¿verdad mi amor? Ese día aun estabas en chek out.<br/>]]></description></item><item rdf:about="http://blogs.ya.com/laamanteamada/c_104.htm"><title><![CDATA[95. NO ENTIENDO]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/laamanteamada/c_104.htm]]></link><description><![CDATA[A veces trato de entender por qué la mujer de Luís no ve en él todo lo que yo veo.<br/><br/>Por qué no desea su cuerpo todos los días, y todos los días desea escucharle y todos los días desea hablarle.<br/><br/>No entiendo que no le enternezcan sus sonrisas a medias, sus irónicas apreciaciones o sus sarcásticos comentarios.<br/><br/>Tampoco entiendo que no se sienta orgullosa cada vez que parte de viaje a algún país extraño, entre comités de dirección o asesoramientos directivos.<br/><br/>Y que no pase con él noches enteras hasta la madrugada riendo y conversando, tirando de palabrería romántica o de pícaras intenciones, retrasando el momento de hacer el amor con él hasta tenerlo frenético de pasión.<br/><br/>Que no aproveche todas las mañanas para desperezarse con su cuerpo, frotarse entre su piel, y despertar así sus instintos más básicos, haciéndolos suyos, comiendo su boca a besos y su alma a emociones.<br/><br/>No entiendo que la mujer de Luís no sea feliz todos los días por sentirse a su lado, por compartir con él viajes e ilusiones, futuros y pasados, presentes que están llenos de sensaciones, instantes privados y sólo suyos, de ella y de él.<br/><br/>No entiendo que no le ame con tanta fuerza que le aprisione con su querer benévolo, dándole la libertad que sólo quien ama sabe dar, entregándole sus secretos y sus inseguridades, sus miedos y sus certezas.<br/><br/>Disfrutar todas las noches de su compañía, ofrecerle su abrazo para consolarle, y su razón para hacerle entender. Y su paciencia para admitirle. Y su cariño para aceptarle.<br/><br/>Vibrar, llorar, reír, querer, amar, soñar, sí, soñar con él todas las noches aun teniéndole cerca, provocarle, y después apaciguarle.<br/><br/>No entiendo porque ella no ve el hombre intenso e inmenso que es, el hombre solitario y cómplice al mismo tiempo, el hombre interesante, atractivo, maravilloso, único, exclusivo, Luís, el Luís que yo veo y lleva cuatro años y medio siendo el hombre que yo siempre esperé en mi vida.<br/><br/>No.<br/><br/>No lo entiendo.<br/><br/>Pero le doy las gracias.<br/>]]></description></item><item rdf:about="http://blogs.ya.com/laamanteamada/c_103.htm"><title><![CDATA[94. TREKKING]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/laamanteamada/c_103.htm]]></link><description><![CDATA[Carlos me preguntó si quería acompañarle a hacer trekking el fin de semana. Le recordé que el único deporte que yo practicaba era la maratón sexual, y que, ya que hablábamos de practicar deporte, podía ir a verle en quince días: me metería en su cama nada más bajar del avión y la abandonaría cuando hubiéramos tenido diez orgasmos cada uno.<br/><br/>Se rió. Me dijo que para el trekking habían alquilado una casa rural, que estarían todos sus amigos, que caminaríamos juntos y cocinaríamos spaghetti a la carbonara. Le dije que para tener diez orgasmos cada uno tendríamos de comprar el anillo vibrador, el lubricante efecto frío-calor y un par de bolas chinas.<br/><br/>Volvió a reírse.<br/><br/>Me dijo que me llamaría al día siguiente y miraría cómo lo tenía para recibirme en su casa en quince días.<br/><br/>El viernes me di cuenta de que habían pasado diez días, y él no había llamado. También me di cuenta de que quería estar con él. Sabía que el sábado se reunirían todos para tomar un autobús, así que cogí mi maleta y me puse a observar mi armario, a ver qué tenía para acompañarle a hacer trekking.<br/><br/>Desestimé la idea de llevarme la minifalda nueva y las sandalias de tacón con hebilla de raso. Tampoco me pareció adecuado enfundarme en el vestido rojo largo estrecho sobre el conjunto rosa de blonda con tanga a juego.<br/><br/>Después vi mis vaqueros y solté un gritito de alegría: llevaba años sin ponerme esos vaqueros viejos y deshilachados en los bajos. Tomé dos camisetas blancas, unas zapatillas gastadas y perfectas para caminar a su lado, un jersey por si hacía frío y un pijama de corazones muy cursi. Desenterré mi caja de coleteros, y la de pendientes sólo para ponerse en caso de que no se quiera estar despampanante.<br/><br/>Busqué un billete por Internet y encontré una oferta fantástica. Llamé a mi hermano que practicaba deportes variados y le pregunté si para ir a una casa rural tenía que llevarme un saco de dormir y mi hermano me dijo que me llevara muchos condones y dejara de darle el coñazo que estaba estudiando.<br/><br/>Y así, me planté en la puerta de casa y pensé en la cara de sorpresa que pondría Carlos al verme con mi mochila, preparada para compartir sus ilusiones, para ser su compañera de fin de semana, para cocinar con él y sus amigos en la casa rural, para caminar y caminar y estar juntos en ese caminar y me apeteció tantísimo que me pregunté cuánto era capaz de hacer y de arriesgar por él.<br/><br/>Y entonces, mientras me iba preguntando todo eso, me iba respondiendo, y las respuestas no me gustaron, y me fui desinflando y se me comieron las dudas y los miedos y las inseguridades.<br/><br/>Y allí me quedé, con mi vaquero deshilachado y mi camiseta blanca, en el rellano de la puerta, con mi móvil a punto de marcar su número, sin ser capaz de hacerlo.<br/><br/>Al final marqué el teléfono de la Compañía Aérea y pregunté si era posible cambiar el vuelo. Me dijeron que tenía que pagar 30 euros y elegir otro día y destino. Pronuncié la ciudad de Luis sin vacilar ni un segundo. Después dejé todo en el pasillo, me lancé a mi Messenger y le dije a Luis que en unos días iría a pasar un par de noches con él.<br/><br/>Luis me dijo que era preciosa y maravillosa, y que me quería más que nunca por darle aquella sorpresa. Luego estuvimos hablando con nuestros cascos a lo teleoperadora de compañía de telecomunicaciones hasta que nos dieron las tres de la mañana.<br/><br/>Carlos no llamó nunca más.<br/><br/>La mochila con mis ilusiones y con esa Amanda que un día decidí no volver a ser, se quedó en el fondo del armario. Decidí no deshacerla. Quizás esa Amanda, algún día, postrada en la puerta de su casa, se vuelva loca de valor y sí marque su número de teléfono.<br/><br/>]]></description></item><item rdf:about="http://blogs.ya.com/laamanteamada/c_102.htm"><title><![CDATA[93. CON LA VERDAD POR DELANTE]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/laamanteamada/c_102.htm]]></link><description><![CDATA[<br/>Dicen que a las personas se nos puede clasificar en dos paquetes.<br/><br/>Para los de la hamburguesería de en frente o somos de mostaza o somos de Ketchup.<br/><br/>Para el 90% de mi unidad en el hospital, o somos de tendencia depresiva o somos de tendencia ansiosa.<br/><br/>Para mi madre, o somos unos triunfadores o somos unos fracasados.<br/><br/>Para los hombres, o somos esposas o somos amantes (sí, ya sé: no me bombardeéis el post para reivindicar que las hay esposas y amantes, que me fastidiáis el discurso.)<br/><br/>Para mí, o somos de verdades enteras (por muy duras que sean) o de mentirijillas a medias.<br/><br/>Que yo soy de estas últimas es evidente.<br/><br/>Pero es que a mí, los del primer paquete, me dan un no sé qué parecido a meter los dedos en un enchufe justo cuando estás sobre un charco de agua.<br/><br/>Y no hablo hoy de celos, cuernos, infidelidades y deslealtades.<br/><br/>Hablo de los que les encanta decírtelo todo, absolutamente todo.<br/><br/>Porque, vamos a ver, ¿de verdad es necesario que yo sepa que los dedos gordos de mis pies son feos?   <br/><br/>“Pues tú tienes la nariz que parece un cráter de tantos puntos negros y no te lo voy recordando cada vez que te veo, bonita.”<br/><br/>Hay cosas que todos más o menos sospechamos, pero que no queremos saber.<br/><br/>Yo no quiero saber que mi sueldo es una mierda a pesar de trabajar en turnos de diez horas diarias y de haber estudiado tres carreras que, con la honrosa excepción de la de psicología, no me han servido de nada.<br/><br/>Tampoco me interesa mucho saber que la falda que me compré por 60 euros jodiendo un poco más mi mísero sueldo, me queda como una patada en el trasero.<br/><br/>Ni que estaba mucho más guapa antes de pasar por la peluquería y probar lo de los reflejos de plata sobre mi cabello rubio.<br/><br/>O que Luís parece mi padre más que mi amante.<br/><br/>O que Carlos parece mi hermano pequeño más que los cuernos que le pongo a mi amante.<br/><br/>Elvira, nuestra recepcionista, mucho más paciente que nuestros pacientes, está gorda como una vaca y no se lo digo cuando me pregunta si está gorda. Yo le digo que la adoro, porque es verdad que la adoro.<br/><br/>Mónica anda medio salida con el informático y no se lo digo a su marido.<br/><br/>Igual que tampoco le cuento a Jose Antonio que sé perfectamente que tiene a una de las farmacéuticas doblada cada dos por tres sobre la estantería sisando Viagra para él.<br/><br/>Y por supuesto no entro jamás a decirles a mis amigos, a mis amigas, a mis personas tan queridas, qué de su personalidad no acaba de gustarme y deberían cambiar inmediatamente.<br/><br/>Quizás algunas cosas de Luís, de Carlos, de Sonia, de Paco, de la propia Elvira o de Mónica me molesten a diario.<br/><br/>Pero me callo.<br/><br/>Sólo en caso de que su conducta pueda afectarme directamente a mí, me permito el lujo de soltar un simple: “me has hecho daño con eso. Lo siento, pero así lo he vivido yo.”<br/><br/>Por tanto pido a todos los que me rodean obren en consecuencia, y dejen de llevarme a tomar café para decirme que ser la amante de un hombre casado no es lo que yo merezco, y estoy malgastando mi tiempo.<br/><br/>Aunque últimamente tengo cada vez más claro que si tienen que andar preocupándose por mi vida es porque, seguramente, la suya sea un asco.<br/><br/>Y por cierto, yo soy de mostaza.<br/>]]></description></item><item rdf:about="http://blogs.ya.com/laamanteamada/c_101.htm"><title><![CDATA[92. ONANISMO MENTAL]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/laamanteamada/c_101.htm]]></link><description><![CDATA[<br/>Como llevo varios días masturbándome el cerebro en busca de un resolutivo final que no llega por más que le de al tema, he decidido que, ya puestos, me hago una paja de las de verdad.<br/><br/>Y es que veo cierta tendencia en la blogesfera por hablar de onanismos variados.<br/><br/>Follamos poco, queridos.<br/><br/>Me incluyo.<br/><br/>Yo follo poquísimo.<br/><br/>Otra cosa es que folle con distintos hombres.<br/><br/>Pero para mí, que me gusta más el sexo que a un tonto un lápiz, reducir mi sexualidad a encuentros con Luis y la más reciente variante de encuentros con Carlos, ambos distantes de mi ciudad en número casi idéntico de kilómetros, es, cuanto menos, desconsolador.<br/><br/>Y hablando de consoladores, ¿por qué cojones no los hacen en un tamaño estándar?<br/><br/>¿Es que una, para darse una alegría, tiene que meterse un trabuco de dos por dos en durísimo metal o en poliéster en forma de polla inhumana?<br/><br/>Vamos a ver, ¿no hemos quedado en que la media nacional es de 13 cm por pene? Pues ¿a qué coño de inventor con complejo de inferioridad le dio por fabricar consoladores de treinta centímetros?<br/><br/>Una se va al sex shop toda contenta, dispuesta a encontrar un compañero que no diga ni mú y se dedique a su clítoris en lugar de meterla con ímpetu de Conan el Bárbaro, y lo único que encuentra son pollas de plástico que ni Nacho Vidal ni Carlos ni ná.<br/><br/>Pero, claro, si para darte un gustito, te da por echarte una sesión de dvd, ¡prepárate! Disponte a ver a tíos feísimos con bigote y barriga follándose a tías que cuando las ves ni te excitas ni nada, lo que te da es por llamar a información y pedir que te pongan con la chica en cuestión y te dé el teléfono de su cirujano plástico. <br/><br/>Estás allí con tus consoladores de camionero y de pronto ves una rubia espectacular haciendo “uh, uh, ah, ah” y tú te miras las tetas y las tuyas cuelgan y esas ni se mueven por mucho que el bigotudo le de embestidas de toro bravo. Te entran todos los complejos del mundo.<br/><br/>¿Por qué no harán pelis con tíos guapísimas y tiparracas horrendas? Porque esa tontería de que esperamos a que se casen y tal es una memez: lo que esperamos es que el tío cuando se la esté follando de pronto se gire y diga: “uff, qué delgadita estás, reina… a mí lo que me pone son las mujeres normales, de verdad, con celulitis y barriguita, y que no griten tanto, ¡leche! Que me dejas sordo.”<br/><br/>Pero a nadie se le ha ocurrido filmar algo así.<br/><br/>Total, te vas a la sección de “only men” a ver si te aparece una revista con Keanu Reeves erecto y lo que te encuentras es a unos tiarrones impresionantes, guapísimos, espectaculares… ¡a los que les importas una mierda porque ellos lo que quieren es follarse también a Keanu Reeves!<br/><br/>Así que te vas a casa frustradísima pensando que tú no puedes competir con el gay depilado.<br/><br/>Con todo el calentón.<br/><br/>Enciendes el pc, vamos a buscar un Chat calentito… ¿calentito? Aquello parece una retahíla de babosos que te entran con “hola coñito, echamos un polvete” que ni imaginación le ponen al tema. ¿Podría algún cachondo de la red empezar la conversación con algo así como “Hola, preciosa, ¿me dejas seducirte hasta que todos los poros de tu piel se estremezcan con mis palabras?”. Pues no, te jodes. Todos son bastos, o tontos, o encefalogramas planos de los de verdad. <br/><br/>¿Y esa manía de encenderte la cam a las primeras de cambio? Jodido, me gusta imaginar que eres Keanu Reeves, no un tío calvo con una camiseta de promoción de J&B. Te has cargado la magia poniéndome tu cara de salido.<br/><br/>Luego os quejáis de que las mujeres nos masturbamos poco. ¡Si es que así no se puede!<br/><br/>Yo quiero excitarme, subir mi líbido hasta el límite, sentir pasión y deseo, tomar mi mano, acompasarla sobre mis pechos, bajar lentamente hasta mi sexo, notarlo húmedo y ansioso, moverme imaginando a Keanu haciéndome el amor a horcajadas, y llegar al placer abandonándome a todo.<br/><br/>Y eso, si eres mujer, o tienes mucha imaginación y muy buena sintonía con tu deseo, o te las tendrás que arreglar con el dvd del bigotudo y la top model, el vibra tamaño xxxl, y un Chat mal llevado por un idiota.<br/><br/>Es lo que tiene el onanismo: que es de género masculino<br/>]]></description></item><item rdf:about="http://blogs.ya.com/laamanteamada/c_100.htm"><title><![CDATA[90. LOS CELOS, A DEBATE]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/laamanteamada/c_100.htm]]></link><description><![CDATA[Los celos, a debate.<br/><br/>“¡Muy buenas tardes a todos! Bienvenidos otra vez a “cuéntanos tus miserias y danos de comer a los periodistas”. Hoy les hemos preparado un programa espectacular, con un tema complejo, apasionado, intenso: los celos.<br/><br/>¿Quién no ha sentido celos alguna vez? ¿Quién no ha sido víctima de celos infundados por parte su pareja? ¿Quién no ha visto los celos destrozar otras parejas, otras historias de amor? Pues hoy hemos querido profundizar sobre ese tema, debatirlo, hablarlo y, por supuesto, conocer sus historias.<br/><br/>Nos acompañan nuestros colaboradores habituales: la Doctora Pérez, el sociólogo Mémez, la periodista Tétez y el Padre Pépez. ¡Bienvenidos a todos!<br/><br/>- Hola Marujilla, un placer estar otra vez contigo.<br/>- Gracias, Doctora, el placer es recibirla a usted y sus sabias aportaciones.<br/><br/>Bien, vamos a dar paso, sin más, a nuestra primera historia.<br/><br/>Hoy nos acompaña en plató Amanda.<br/><br/>- Hola, Amanda, bienvenida.<br/>- Hola Marujilla.<br/>- Bien: Amanda ha querido estar hoy aquí con nosotros para exponernos su caso.<br/>- Pues sí, eso mismo.<br/>- Cuéntanos Amanda.<br/>- Pues que yo tengo un novio. Bueno, no es un novio. Es un rollo. Tampoco. En fin, que yo tengo una relación de cierta intensidad y estabilidad con un hombre casado.<br/>- Interesante… ¿Qué tal lo lleva su mujer?<br/>- Sr. Mémez, no es el momento.<br/>- Ops, perdón.<br/>- Sigue, Amanda.<br/>- Pues eso. Que desde hace un tiempo me enrollo con otro hombre, ya sabes, echar unos polvotes bien ricos y unas cañas. Como echarse una cana al aire, sólo que con cañas y con polvos. ¿Tú me entiendes, no?<br/>- ¡Pecadora impura!<br/>- Padre, conténgase. Amanda, te escuchamos.<br/>- Entonces como que él se enteró, o sea Luís, el casado, bueno, no se enteró, pero sospechó. Y se cogió un ataque de cuernos. Y todo el día dale que te pego a “¿y quién es él y en qué lugar se enamoró de ti?”<br/>- Psicológicamente es una actitud lógica. Cualquier hombre o cualquier mujer que sospeche que su pareja le es infiel, buscará solventar sus dudas.<br/>- ¿Eso opina, Doctora Pérez? ¡Pero si el tío está casado!<br/>- ¡Pecador impuro!<br/>- Padre, cállese.<br/>- Que esté casado no implica que no sienta celos. Otra cosa es que se ponga pesado a exigir fidelidad y esas cosas.<br/>- Sociológicamente, el hombre es un ser polígamo. Pero nunca se dijo gran cosa acerca de la mujer.<br/>- ¡Arderéis en el infierno!<br/>- Padre ¡un poquito de por favor!<br/>- Yo lo que creo es que si siente celos se ha de joder un rato, porque yo me jodo cada vez que se folla a su mujer aunque yo no me entere, pero sé que lo hace y me jode. Pues si follo con otro, que se joda él también.<br/>- ¿Pero hay fotos del encuentro?<br/>- Sra. Tétez, ¡Usted siempre buscando la noticia!<br/>- Es que una exclusiva es una exclusiva, majete, a ver cómo te crees que me iba yo a pagar el BMW de la puerta.<br/>- Mujer, Amanda, una cosa es que tenga derecho o no a pedirte fidelidad, y otra es que sienta o no sienta celos.<br/>- Es decir, ¿los sentimientos no atienden a razones?<br/>- Las emociones parten de pensamientos que no utilizan ni la lógica, ni la experiencia, ni la demostración empírica: son cualquier cosa, menos ciencia. Las razones, los motivos, las explicaciones son el resultado de aplicar conocimientos, aprendizajes y lógica. Puede que uno sienta celos y, en su razón, no exista ni motivo, ni derecho.<br/>- ¿Cómo el amor?<br/>- Como el amor.<br/>- ¡Qué sabréis vosotros de amor, infieles!<br/>- Padre, ¡quieto callao! Padre, ¿qué está usted haciendo en el suelo con ese rosario? ¡Padre, Padre!<br/><br/>Bien, pues este ha sido el testimonio de Amanda y la opinión de nuestros expertos.<br/><br/>Ahora nos vamos a publicidad unos minutos, y volvemos enseguida.<br/><br/>¡No se vayan! Aún hay más…”<br/>]]></description></item><item rdf:about="http://blogs.ya.com/laamanteamada/c_99.htm"><title><![CDATA[91. DOS NOCHES Y UN DÍA]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/laamanteamada/c_99.htm]]></link><description><![CDATA[A las doce del mediodía me sorprende José Antonio pidiéndome que le sustituya en el congreso del día siguiente.<br/><br/>No tengo tiempo de organizar con quien dejar a Lili, no tengo ganas de coger otro avión más, no tengo energía suficiente para despertarme a las cinco de la mañana y estar en esa ciudad a las ocho en punto.<br/><br/>- ¿Qué ciudad has dicho?<br/>- Ya sabes: el congreso de tres días.<br/><br/>Me lanzo al teléfono, le digo que sí, que sí, me da la risa, José Antonio no entiende nada, se marcha de la consulta y yo sigo en mi llamada.<br/><br/>- ¿Me invitas a cenar mañana?<br/>- ¡Mi rubia preciosa! ¿Vienes mañana?<br/>- Tengo un congreso: dos días. Dos. Enteritos. Con sus noches. Dos fantásticas noches con todas sus horas.<br/>- ¿Para llenarte de besos?<br/>- Para llenarme de lo que tú quieras.<br/><br/>A las seis de la tarde salgo del Congreso y un compañero me acompaña hasta su casa. Estoy cansada y necesito una ducha.<br/><br/>Carlos abre la puerta con la mejor de sus sonrisas.<br/><br/>Me besa por todas partes.<br/><br/>Me desnuda.<br/><br/>Enjabona mis pechos bajo el chorro cálido del agua.<br/><br/>Levanta mi pierna izquierda y me penetra sin dejar de besarme.<br/><br/>Confundo el suave masaje del agua sobre mi cuerpo con sus caricias expertas en mi clítoris. Su pasión se funde con la mía, el ansia se apodera de nosotros, la búsqueda infinita del orgasmo perfecto. <br/><br/>- Estírame del cabello.<br/>- ¿Así? ¿Así te gusta preciosa? <br/>- Así, con fuerza.<br/>- Tan fuerte como mi polla, ¿verdad? Venga, mi niña, deja que te lleve al cielo.<br/>- Vente al cielo conmigo. Vamos, Carlos, vamos.<br/>- Sí, preciosa, sigue moviéndote así. Verás como me corro contigo.<br/><br/>Y así, Carlos baila bajo el agua sobre mi cuerpo, llevándome tan lejos que sólo le siento a él a mi lado y el resto del mundo ya no existe.<br/><br/>Dos días.<br/><br/>Dos noches.<br/><br/>Nada existe, sólo Carlos y yo, y nuestras manos y nuestros cuerpos desnudos, y todas esas palabras y todos esos besos y todos esos orgasmos compartidos.<br/><br/>Nos despedimos en un andén. Me duele su beso por primera vez. Me duele separarme de él. Me duele volver a mi ciudad. Pero regreso llena de cariño y pasión.<br/><br/>Y entonces, estando en casa, con Lili dormida ya en el sofá, y acabando en mi portátil un informe y justo después de haber pasado media hora al teléfono con Carlos recordando algunos momentos vividos y riendo, me doy cuenta de que tengo otro dolor en el alma y es un dolor mucho más profundo que no estar junto a él.<br/><br/>Olvidé que, uno de esos dos días en que yo estaba follándome la vida, Luís y yo cumplíamos cuatro años de amor.<br/><br/>Accedo a mi mail y Luís me ha escrito y se me parte el corazón en su “¿mi princesita se ha olvidado de un día tan bonito para nosotros?”<br/><br/>Y entonces, sólo entonces, me doy cuenta de que tengo tomar una decisión.<br/>]]></description></item></rdf:RDF>
