De rodillas mirando a la pared...
Mi primer colegio era uno de esos antiguos donde, pese a no ser de monjas o curas, se rezaba cada mañana antes de empezar la clase. Techos muy altos, suelos muy fríos y donde la calefacción brillaba por su ausencia. Vestíamos uniformes con falda de cuadritos, camisa blanca y jersey azul marino. Yo siempre fui una niña muy tímida, calladita, no me gustaba llamar la atención. Cada año heredaba de mis hermanos mayores los libros usados y una profesora sesentona de esas que te ponían deberes, y mientras los hacías ellas tejían ropa a sus nietos. Como mis hermanos eran muy buenos estudiantes también solía heredar el cariño que las maestras les tenían a ellos.
A los siete años la buena de Doña María unos meses antes de finalizar el curso se jubiló, y la sustituyó una profesora joven que se llamaba Josefina. Era una tiparraca odiosa, yo estaba acostumbrada a mis maestras bonachonas y esta chica gritaba, daba golpes en la mesa… era una agria. Una mañana olvidé en casa el libro de lectura y cuando Josefina se enteró después de la bronca de turno, me castigó de rodillas al fondo de la clase mirando a la pared. Era la primera vez que alguien me castigaba, no entendí entonces tal castigo, creía y creo aún que fue excesivo para un simple olvido. Recuerdo que el suelo estaba helado y después de varias horas, me dolían mucho las rodillas…pero más aún me dolió ese castigo por dentro. De haberse enterado mi padre habría ido a hablar con la profesora, pero el nunca se enteró, yo no sabía que hacer y decidí callarme y no decir nada, sentía tanta vergüenza que opté por borrar aquella mañana de mi memoria.
Hoy viniendo a trabajar en el coche sonó en la radio esta canción de maná:
“A donde van los desaparecidos… busca en el agua y en los matorrales
y por que es que se desaparecen… por que no todos somos iguales
y cuando vuelve el desaparecido… cada vez que lo trae el pensamiento
como se le habla al desaparecido… con la emoción apretando por dentro…”
Desde hace unas semanas vuelvo a sentir ese frío en mis rodillas, ¿es un castigo?, si de verdad lo es, no sabría decir si esta vez es justo o no… solo se que otra vez no se que hacer… ni que decir…o si tengo que decir algo....ni siquiera se si puedo hacerlo.
Supongo que solo me queda esperar el indulto…así es que hasta nueva orden cumplo con este castigo...estaré aquí esperando con mi falda de cuadritos, mi camisa blanca y mi jersey azul marino, de rodillas y mirando a la pared como me dijo Josefina aquella mañana…y ya puestas a confesar...por que no decirlo... con la emoción apretando por dentro, como dice la canción.
A los siete años la buena de Doña María unos meses antes de finalizar el curso se jubiló, y la sustituyó una profesora joven que se llamaba Josefina. Era una tiparraca odiosa, yo estaba acostumbrada a mis maestras bonachonas y esta chica gritaba, daba golpes en la mesa… era una agria. Una mañana olvidé en casa el libro de lectura y cuando Josefina se enteró después de la bronca de turno, me castigó de rodillas al fondo de la clase mirando a la pared. Era la primera vez que alguien me castigaba, no entendí entonces tal castigo, creía y creo aún que fue excesivo para un simple olvido. Recuerdo que el suelo estaba helado y después de varias horas, me dolían mucho las rodillas…pero más aún me dolió ese castigo por dentro. De haberse enterado mi padre habría ido a hablar con la profesora, pero el nunca se enteró, yo no sabía que hacer y decidí callarme y no decir nada, sentía tanta vergüenza que opté por borrar aquella mañana de mi memoria.
Hoy viniendo a trabajar en el coche sonó en la radio esta canción de maná:
“A donde van los desaparecidos… busca en el agua y en los matorrales
y por que es que se desaparecen… por que no todos somos iguales
y cuando vuelve el desaparecido… cada vez que lo trae el pensamiento
como se le habla al desaparecido… con la emoción apretando por dentro…”
Desde hace unas semanas vuelvo a sentir ese frío en mis rodillas, ¿es un castigo?, si de verdad lo es, no sabría decir si esta vez es justo o no… solo se que otra vez no se que hacer… ni que decir…o si tengo que decir algo....ni siquiera se si puedo hacerlo.
Supongo que solo me queda esperar el indulto…así es que hasta nueva orden cumplo con este castigo...estaré aquí esperando con mi falda de cuadritos, mi camisa blanca y mi jersey azul marino, de rodillas y mirando a la pared como me dijo Josefina aquella mañana…y ya puestas a confesar...por que no decirlo... con la emoción apretando por dentro, como dice la canción.





