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Acerca de
Y la cabeza sigue dando vueltas. Y cada vuelta que da, encuentra un motivo para dar otra. Con el impulso de las dudas y el propósito de elegir lo correcto ¿y eso que es? Muchas veces se detiene a inventar historias, dejando la mía a medio escribir. No sé qué haría yo sin mi cabeza. Donde la vida es más interesante que fuera de ella.
Sindicación
 
La Sinuosa Odisea de la María de Alcózares
Capítulo I
Capítulo II
Capítulo III
Capítulo IV
Capítulo V
Capítulo VI
Capítulo VII
Capítulo VIII
Capítulo IX

Capítulo X:

Entre las blancas casas, a lo lejos en la calle, María centraba su vista en un viejo cartel, en el que parecía distinguir una palabra que le era muy familiar.

- Efectivamente, María - la voz del Maestro Silas podía escucharse dentro de la Cúpula del Espacio - eso que estás mirando son las oxidadas puertas del Galaxia. Pero no te he traído aquí para que evoques esos recuerdos. Centra tu atención, por favor, en el joven que está a punto de entrar en el colegio.

Las sensaciones dentro de aquel habitáculo eran, por decirlo de algún modo, confusas. Aunque tenía una percepción "visual", sabía perfectamente que se encontraba totalmente a oscuras. Pero aquello no le impediría ver cualquier cosa que estuviese sucediendo en cualquier parte del mundo... y en cualquier momento en el tiempo. Era como si todo el mundo estuviese dentro de su cabeza, atado de algún modo a sus recuerdos.

- Ya sé que no reconoces del todo tu último destino. Te he situado en el momento que requiere nuestro cometido. Algunas cosas han cambiado en Alcózares. Tal vez te alegre saber que el viejo Mariano no pudo resistir tu ausencia, convirtiéndose de un disparo en el mártir que precisabamos.

- Mártir - la joven se estremeció

- Llámalo "sacrificio involuntario", si quieres. Verás: una vez todos los habitantes del pueblo hubieron pasado por el Galaxia, y cada uno de ellos dejara alguna marca en tu cuerpo, nos habíamos asegurado que sus almas habían sido limpiadas de "residuos".

María buscó entre la oscuridad la cicatriz de su pecho. Ya no estaba allí, pero podía sentir el dolor como si estuviera en carne viva.

- Siento haberte hecho pasar por esto, pero créeme, el mundo ha cambiado demasiado para intentar hacer esto por el método antiguo. Continúo: habíamos convertido Alcózares en un pueblo "limpio", pero aún así, teníamos que asegurarnos que nada enturbiaría esa tranquilidad. Un suceso tan trágico como un suicidio no trajo más que un entierro sencillo, sin absurdos sentimentalismos ni angustias. Ahora han pasado tres meses, y todo sigue igual. Es tu momento, María. Debes volver a Alcózares.

- ¿Volver a Alcózares? Pero el Galaxia...

- No te preocupes - exclamó Silas, divertido - esta vez no habrá burdeles, ni baile, ni quemaduras. Ese trabajo está hecho. Y esta vez, bien hecho. Todos los cálculos están tomados. Según el Consejo del Tiempo, tan sólo bastará que estés allí en el momento indicado para que se desencadene el proceso. Cuando veas al maestro salir de la escuela, agárrate con fuerza a la columna que tienes al lado. Pronto estarás de nuevo en el viejo chopo. Dentro de un mes pasaré a verte...



ÚLTIMA entrega, proximamente en... ¿?¿?¿?

 
La Sinuosa Odisea de la María de Alcózares
Capítulo I
Capítulo II
Capítulo III
Capítulo IV
Capítulo V
Capítulo VI
Capítulo VII

Capítulo VIII:

Ninguna de las Marías que salieron de aquella carpa tenía nada que ver con cualquiera de las que había entrado. Antes del proceso, había en ellas demasiados restos de dolor, de sufrimiento humano. Todas las situaciones anteriormente vividas quedaron en el interior de aquella máquina quasi viva.

Silas las guió entonces hasta el lago de Marfil. En el centro del mismo había una fuente, de la que manaban cuatro grandes chorros de un líquido blancuzco, casi metálico. Volvieron a sentir aquel aire gélido de antes de entrar a la carpa. El aire provenía del centro de aquel lago, y coincidía su presencia con un aumento de la fuerza de los chorros de agua. Sin mediar palabra, las jóvenes se quitaron las ropa y avanzaron en dirección a los surtidores.

Después de sumergirse en la blanca y brillante agua, cosa que hicieron casi sin necesidad de ser requeridas para ello, la piel de todas ellas había recuperado aquella blancura eterna, que hizo que todo el pueblo de Alcozares se enamorara de su María. Lo mismo que pasó en todos los pueblos por los que pasó una de las bellas niñas. La salida de las jóvenes del agua pudiera bien haber sido la más bella escena que se pueda contemplar jamás. Decenas de cuerpos blancos, brillantes, a los que el frío líquido les había otorgado un aspecto celestial.

- Señoritas, tras quince minutos, en los que la brisa del lago terminará de restablecerles la piel, me gustaría que se acercaran al Patio de las Cariátides, donde se les explicará aquello que se están preguntando: para qué les hemos traído aquí... de nuevo. - inquirió la voz lejana, amplificada de Silas.

Todas ellas se quedaron entonces mirando hacia el lugar donde no menos de veinte columnas con forma de mujer trazaban un contorno elíptico, en el centro del cual había un atrio de oro, en torno al cual Silas daba vueltas, impaciente.

A estas alturas, era imposible diferenciar cuál de aquellas relucientes damas era la María de Alcózares. Ni por fuera ni por dentro. Los recuerdos más lejanos que tenían se remontaban a un diván, del que bien podían pensar que habían nacido, pues nada había sucedido antes para ellas...

... sin embargo, al tomar posición dentro de aquel foro circular, de pie junto a las demás, una palabra rondaba la mente de una de ellas...

- Galaxia, Galaxia, Galaxia, Galaxia, Galaxia, Galaxia, Galaxia...

Continuará en La Bitácora Indescriptible
 
La Sinuosa Odisea de la María de Alcózares

Capítulo I
Capítulo II
Capítulo III
Capítulo IV
Capítulo V

Capítulo VI:

Vidrio.
Hielo, whiskey.
Chispa.
Gas.
Fuego.
Tabaco...

Humo.

Desolación.

El viejo Mariano permanecía de espaldas al ahora vacío escenario. No lo quería ver. había pensado que no volvería a mirarlo en la vida. Le traía demasiados recuerdos. Por un momento pensó en lo estúpido de la situación. Sólo diez meses atrás era una rata despreciable. Mariano, el de las putas. Ahora era sólo Mariano. La gente del pueblo había logrado comprenderle y hacerle un hueco. De vez en cuando hasta lo paraban por la calle, para preguntarle por María. Todos la echaban de menos. Pero juntos no la añoraban ni la mitad que él.

Aquello no era amor. Era algo que estaba por encima. No era capaz de encontrar palabras para expresarlo, ni las necesitaba.

Se preguntaba todas las noches porqué le había tocado a él. O por qué le había tocado él a María. Cualquiera podría haberla encontrado tras aquel viejo chopo. María. Nadie la necesitaba tanto como el viejo Mariano. A pesar de que una notable mayoría del público del pueblo seguía yendo a tomar una copa al espectáculo de las doce. Casi todos iban con la ilusión de volver a ver esa piel blanca, irrepetible. Otros por simple compasión. El negocio iba mejor que antes de María. Pero inevitablemente peor que antes de irse María.


Si hubiera tenido un arma aquella noche... Una y otra vez, paseaba por su cabeza el encuentro con el forastero. ¿Por qué aquel tipo sabía que María tenía una quemadura en el pecho esa noche? Nadie la volvió a ver desnuda desde aquello. Y ese hombre de acento irreconocible se empeñaba en entrar a verla. Decía conocerla. ¿Pero cómo permitir que la viera? Algo dentro de él le decía que no era buena idea que la joven viese a alguien conocido. Podría recordar su pasado... y largarse. Algo que acabó sucediendo cuando, mientras ellos dos discutían, María se asomó por la puerta entreabierta. Su cara era más blanca que de costumbre. Casi transparente. La joven echó a correr. Pero inesperadamente, el forastero impidió a Mariano hacer algo. Le sujetó. "Ella necesita irse ahora. No debes impedirlo." Mariano comenzó a llorar por dentro: "Si tuviera mi vieja pistola..."


Ahora sí la tenía. Cargada con una única bala. No necesitaba más para llenar el vacío que le dejó la muchacha. Apuró el último trago del whiskey y salió del club.

Por la calle se cruzó con Toni, el gordo que vendía carne en el mercado.

- ¿Quién nos ofrecerá esta noche un bonito espectáculo, Mariano?

Mariano pasó de largo sin mirarlo.

- Yo - murmuró mientras se dirigía al viejo chopo...

Continúa pronto en La Bitácora Indescriptible