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Y la cabeza sigue dando vueltas. Y cada vuelta que da, encuentra un motivo para dar otra. Con el impulso de las dudas y el propósito de elegir lo correcto ¿y eso que es? Muchas veces se detiene a inventar historias, dejando la mía a medio escribir. No sé qué haría yo sin mi cabeza. Donde la vida es más interesante que fuera de ella.
Sindicación
 
Los once del 2006

Se acerca el fin de año. Y yo me pregunto: ¿por qué nos da por desear cosas y pedirlas como si no costara precisamente en este momento? Nunca le he acabado de ver el momento mágico a la NocheVieja. Bueno, en realidad pocas cosas suelo recordar de las noches de Fin de Año. Quizá eso sí tenga algo de mágico. Pero bueno, como pedir no cuesta nada, ahí van mis deseos para el nuevo año. ¿Que cuantos son? ¿Tres? Anda ya. Una vez puestos, yo pido once, faltaría más...

1.- El principal: enterarme pronto qué es lo que me van a ofrecer en el curro. Se supone que me iban a subir el sueldo y de momento, lo único que sé es que me han renovado con las condiciones que tenía. O sea: ful de Estambul.

2.- Que si no me convence el nuevo contrato, encuentre pronto un curro donde me paguen más, me divierta y me pueda tocar más las narices. Y si puede estar a un paso de casa, mejor.

3.- Que si no puedo encontrar un trabajo que me encaje, tenga el suficiente valor de montar mi propia empresa. Bien mirado, este debería ser mi primer deseo.

4.- Si no me puedo montar mi propia empresa porque no tengo pasta, que me toque la lotería. Ojo, que es un deseo modesto. Con 50 millones de euros me conformo

5.- Que si no me toca la lotería, se arreglen los "trámites burocráticos" que está haciendo mi padre y me pueda llevar una parte del "pellizco".

6.- Que sea un año menos estresante que el 2005. Sobre todo, que no se me haga tan corto como éste.

7.- Poder hacer algún viaje. Alemania, Perú, Cuenca... cualquier destino me vale, pero por lo menos tener unas vacaciones como es debido, que creo que me lo he ganado.

8.- Que mi espalda recupere su forma habitual, o por lo menos, que dejen de saltarme las vértebras. Este deseo incluye un mal de ojo para mis "sofás" y cama, respectivamente.

9.- Que ganemos algún partido de la liga Sierra Norte, o que por lo menos, no los perdamos todos de forma humillante.

10.- Más fútbol: que el Elche C.F. suba a primera. O por lo menos, que no se deshaga, hasta que yo pueda hacerme cargo de él.

11.- Que, pase lo que pase, y esté donde esté, la vida en mi cabeza siga siendo igual de interesante. Aunque algo interesante que contar, de vez en cuando, tampoco vendría mal.

Hala, ahí van los once del 2006. Alguno está metido con calzador, pero es que si no, no me salían 11... Ya sabéis, es tiempo de pedir. Ahora, no está demostrado que lo que se pida ahora se vaya a cumplir el año que viene. Aunque a veces, todo es cuestión de poner un poco de nuestra parte...

La Cabeza de Chema se despide hasta el año que viene. Pasadlo muy bien. Y no comáis uvas, que no va a cambiar nada y corréis el riesgo de oclusión gutural... Además, si no comeis fruta en todo el año, que nos conocemos.
 
Un e-mail
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From: "Chema"

To: alguien@hotmail.com, alguien_mas@hotmail.com, etcétera@hotmail.com...

Subject: Felices Fiestas (Con un abeto bajo el brazo)

Hola!

Estaba yo pensando que no he mandado todavía mi felicitación navideña a mi lista de contactos de hotmail. Y me preguntaba por qué no lo habia hecho todavía. Bueno, la razón principal debe de ser que se me había pasado. Esto no quiere decir que me haya olvidado de vosotros/-as (ya lo sé: - Mala suerte - pensaréis). Pero es que estaba también meditando si contaros algo que me va a cambiar la vida. Finalmente he decidido que lo voy a contar, ya que no es nada malo. Más bien al contrario. Así que, de paso que os felicito las fiestas, os anuncio que dentro de, a lo sumo, siete meses está prevista la llegada de un nuevo (o nueva) Martínez.

Vayamos por partes. Comenzaré por la pertinente felicitación navideña: En estos tiempos tan entrañables, os deseo paz y armonía, para una mejor convivencia bajo el amparo de la Constitución y la sana convivencia de los pueblos. O dicho de otra manera menos monárquica: que os lo paséis muy bien, joder. Que encontréis motivos para sonreir, y que cuando se acaben, encontréis otros que os hagan sonreir más, y cuando éstos se acaben, pues para eso está el champán. O los amigos. Y aquí teneis uno, y bien contento, por si necesitais lo que sea. En resumen: FELICES FIESTAS y FELIZ AÑO NUEVO.

En cuanto al otro asunto... supongo que son cosas que pasan. Ya sé que, quien me ha estado viendo últimamente no ha podido siquiera imaginar que pudiera estar embazado. Pues parece ser así. Bueno, no exactamente. La verdad es que no soy yo el embarazado, es Sandra quién lo está por parte de los dos. Para evitar especulaciones, os diré que sí, que la conozco desde hace poco tiempo, pero creo que no me hace falta conocerla más para asegurar que es una tía estupenda. Ya os contaré más. Si es que ya sabia yo que irme a Madrid me iba a cambiar la vida... aunque no tanto la verdad.
Bueno, nada más. Pues eso, que de momento no tengo más palabras. Aún sigo en una nube. Siempre te preguntas cómo te puede afectar una cosa así. Yo, estoy muy ilusionado. Y era algo que me apetecía contar. A lo mejor no es la forma más adecuada de dar este tipo de noticias, pero ya sabéis cómo me cuesta hablar de ciertos temas en persona...

Hala, pues ya os he soltado el rollo.

Saludos, abrazos y besos para tod@s, que cada un@ coja lo que más le guste.

Bye,
Chema)

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Mañana, la explicación a este mail. Aunque algun@s ya la sabéis.
 
Pesadilla durante Navidad



Sólo hay una al año. Menos mal. Porque son unas fiestas fácilmente aborrecibles. Pero como de una vez para otras no nos acordamos mucho, pues parece que son hasta diferentes cada año. Pero si nos fijamos, son lo mismo una y otra vez... luces, cervatillos, gorros rojos, nieve artificial, sonrisas artificiales... si se piensa bien, llega a ser hasta deprimente.

Sin embargo, este he sacado del cajón ese espíritu navideño que tenía arrugado y lleno de moho últimamente. Este año tenía yo ganas de que llegara la Navidad. ¿Que son unas fiestas sobrematerialistas y que El Corte Inglés es uno de los mayores interesados en mantener una mentira? Ya. ¿Y eso es malo? No tiene porque serlo. Mejor dicho: NO lo es. Porque vamos a ver: si todo el mundo reconoce que la Navidad es una mentira y bla, bla, bla... ¿a quién engaña? A estas alturas no me vale eso de que el consumismo es una máquina tirana y los pobres curritos somos unos desgraciados que no sabemos diferenciar el bien del mal. El que se funde la tarjeta y se endeuda hasta el verano sabe muy bien lo que hace. Y seguro que podría ser feliz sin comprar regalos. Pero tal y como está montado esto, no creo que nadie obligue a nadie.

Bueno, ya he montado mi defensa. Ahora ya puedo reconocer que yo también he salido a comprar regalos estas fiestas. Y que he colaborado a montar la cena de Nochebuena. Claro que el hecho de vivir lejos de casa hace que tuviera ganas de una cena familiar, y que tener sobrino y primos pequeños a los que veo poco hace que me haga ilusión llevarles cosas.

Y tengo que reconocer que el pasado sábado fue la mejor nochebuena en tiempo. Veinte personas delante de la mesa. No había percebes, ni langostas, pero quién necesita grandes manjares teniendo a la familia reunida. Y no lo digo en plan entrañable-familiar. Lo digo porque creo que no me había reído tanto en toda mi vida. Ver a ciertos familiares con dos copas de vino de más, riéndose a más no poder, fue todo un espectáculo. Y por supuesto, los pequeñajos fueron los protagonistas. Regalos a capazos para todos ellos, traídos por el mismisimo Papa Noel. Bueno, era Papa Noel, o una mezcla entre éste y el hermano feo de los Calatrava. Pero en divertido. Creo que no hace falta decir qué primo mío estaba bajo el disfraz... Pero lo más friki fueron nuestros "villancicos": La Barbacoa, tema estrella de la noche. Y nada de esperar a recoger la mesa ni nada... durante la cena, con un par.

En resumen, que estas navidades pintan bien. Lo malo: que ni siquiera deshago las maletas. Hoy mismo he estado trabajando. Y lo haré toda la semana. Y la siguiente, y la otra... Y encima mudanza en el curro. Qué pereza. Espero que por lo menos la Nochevieja valga la pena. Hace tiempo que no la paso en Elche, ya veremos...


Pero eso será otra historia. Bueno, y por si no lo había dicho hasta ahora... BON NADAL!!!!!!
 
Ahora sí, ahora no, ahora sí, ahora no...

... y así sustantivamente.

Definitivamente, si hay una palabra que puede definir mi vida es esta: indecisión. Y no lo digo sólo por mí. Valga empezar diciendo que yo debo ser de las personas que más tardan en tomar una decisión. Bueno, no es que tarde, sino que me lo pienso demasiado. Tanto que, a veces, ocurre que cuando he tomado la decisión ya es demasiado tarde. Aunque eso sí, una vez tomo una decisión, muy raro será que la cambie. Ahí sí soy bastante estable, para bien o para mal.

Pero no he venido aquí a criticar la forma en la que llevo mi vida. He venido para maldecir al mundo, centrándome en la gente que me rodea. Y es que ¿para qué está un blog si no es para poner a caldo a los demás y quedarnos más anchos que estrechos?

El caso es que, por culpa de las malditas indecisiones, lo que sería un pequeño estrés provocado por la acumulación de trabajo, se está convirtiendo en algo parecido a angustia.

En primer lugar, y afectandome a corto-medio plazo, está el tema laboral. A diez días de finalizar mi contrato en la empresa, y aún sabiendo que me van a proponer un contrato indefinido, sigo sin saber qué carajo pasará conmigo dentro de los próximos meses. No sé si es que no lo tienen decidido o que les conviene tenerme con la incertidumbre, pero nadie se ha puesto en contacto conmigo para decirme cuál será mi situación dentro de tan sólo una semana. Aunque, bien mirado, para que me lo digan y me den un disgusto, casi prefiero esperar a después de las fiestas. Pero por si acaso, ya le estoy echando un ojo a las ofertas de empleo que antes borraba antes de leer.

Por otra parte, estoy que trino con mis amigos. Se está gestando que pronto reviente y descargue con ellos mi estrés del curro. Claro que, en parte, se lo merecen. Llevamos desde hace tres meses planeando Nochevieja. Y ya nos hemos tomado las uvas en Granada, en Murcia, en Madrid, en Almería en Alicante y en Elche. Planes que van y que vienen. Sé que es muy difícil ponerse de acuerdo cuando el grupo es numeroso y, encima, cabezones como una mula parda. Pero lo que me ha acabado de cabrear es que a última hora me cambien un plan que teníamos casi decidido y que, sorprendentemente, no se parecía a lo que hemos hecho otros años. Bueno, sí se parecía, pero con matices. Y es que parece que no a todo el mundo le convencía eso de irse a 20 km. de Elche y gastarse 50 euros en una fiesta "privada" con unas 150 personas, la mayoría de ellas -para más datos-, del último curso de la carrera de Publicidad. La alternativa: irnos a la misma puñetera discoteca de todos los sábados a hacer lo mismo que siempre (por mi parte, aburrirme), pero con serpentinas y confetti. Pero, lejos de estar decidido, la cosa puede alargarse hasta la semana que viene. Esto amenaza con acabar con mi paciencia, y conmigo celebrando el Año Nuevo en compañía de mi aparato de DVD y una manta.

¿Lo peor de todo? Que al final, ni una cosa ni otra acabarán como a mí me gustaría, pero tonto de mí, seguiré satisfecho con mi trabajo y acabaré pasándolo bien en Nochevieja. Anda que como me toque la lotería mañana, me van a ver el pelo, tanto unos como otros. Me pillo un avión y me voy al Perú. Prometo seguir actualizando desde allí.
 
Consejos que no dan las madres

Permitidme tomar prestado el título de una sección del magnífico programa "No somos nadie" de Pablo Motos, que, de paso, os recomiendo. Todas las mañanas de 7 a 10 en M80. (Nota: si algún responsable de la cadena quiere compensar este gesto publicitario, ruego se ponga en contacto conmigo).

Pero el caso es que el título viene al pelo para lo que me ha pasado hoy. He aprendido una lección vital. Una reunión con un Director Financiero no tiene porqué ser aburrida. Si te lo propones, puedes conseguir que sea una gran experiencia. Sólo tienes que poner en práctica una serie de consejos:

- Imprescindible llevar una libreta y un boli. Con ello, no sólo conseguirás reforzar el efecto "estoy prestando atención", sino que te servirá para hacer más amena la experiencia. Eso sí, prohibido escribir cosas relacionadas con lo que la gente explica. Eso es aburrido, y no estamos en la reunión para aburrirnos.

- Puedes hacer un "ranking de aburridos". Mira las caras de tus compañeros y anota una muesca a cada uno al que veas hacer gestos de aburrimiento. Luego acércate al ganador y le das una palmada en la espalda y dile: "¿Divertida la reunión, no?"

- Anota cualquier expresión graciosa que diga el Director Financiero, o que pueda tener un doble sentido. Luego lo puedes comentar con los compañeros y seguro que echais unas risas.

- Imagina qué pasaría si a alguien se le vuelca un café o tira algo al suelo. Si lo piensas bien, es una situación graciosa siempre que no te pase a tí, claro.

- Ten siempre algún comentario gracioso para decir. En algún momento de la reunión el director financiero soltará una gracia y la gente se reirá. Aprovecha entonces para decir algo chistoso y así descargas la diversión acumulada. No es bueno contener la risa mucho tiempo.

Prohibiciones:

- Comentar con alguien las gracias en voz baja. Ya no podrías contarla cuando acabe, porque perdería la gracia. Además, corres el riesgo de que te pregunten qué es lo que estais comentando.

- Cuando el director financiero dice alguna palabra mal, o ha dicho algo que tenga doble interpretación, no mires a quien sabes que está pensando lo mismo que tú. Acabaréis descojonados y os tocaría justificar el motivo de la risa.

Con estos consejos y un poco de imaginación, a partir de ahora, vuestras reuniones de trabajo serán mucho más divertidas. No hace falta que me deis las gracias. Pero eso sí, si se os ocurren más cosas divertidas para hacer, no dejéis de contármelas...
 
Estrecheces y brevedades (10)

EL ÁRBOL

No lo podía entender. Por más vueltas que le daba, cada explicación que encontraba tenía menos sentido que la anterior. Había subido miles de veces a aquel árbol. Tal vez una docena sólo en el último mes. Sin embargo, aquella tarde se veía incapaz. De repente era un enano al lado de aquella secuoya. Tras caerse al suelo en un desesperado intento, maldijo a quién fuera que estuviese regando su árbol durante la última noche. Desde el suelo miró la valla de madera que había detrás del árbol. También había cambiado. Ahora medía kilómetros de altura. Ni un agujero, ni el más mínimo resquicio que le dejase ver lo que había detrás. Aunque, bien mirado, puede que ni la valla ni el árbol hubiesen cambiado, sino lo que había detrás... ¿Y para qué subir ahora, si sabía que ella ya no estaba al otro lado?
 
La Boda Chanante

Cuanto tiempo sin echarme una boda a las espaldas. Desde el año 2000, donde fijé el récord de cuatro en 6 meses, sólo había estado en una. Ya tenía yo ganas. Además, era una boda de un familiar "directo" (el entrecomillado es largo de explicar, lo dejo para otra ocasión). Así que la cosa no podía pintar mejor. La ocasión perfecta para ver a toda la familia y además pasar un buen rato. Vamos, lo que suele ser una boda. Pero la realidad... la realidad es que no fue una boda como las demás.

Para empezar, me quedo sólo por la mañana en casa. Había quedado con mi primo para irme con él, ya que mis padres iban a la casa de la novia una hora antes, y como que no me apetecía. Primer dilema: ¿corbata o no corbata? No he tenido ocasión de preguntar a la gente qué se iba a poner, y como el banquete iba a ser en el bar de mi tía, en plan campestre, cabe la posibilidad de que la gente haya tirado por el camino cómodo. Decido que mejor pasarme por encima que por debajo, y me coloco mi traje más nuevo (de los dos que tengo, vaya). Después de mirarme cuatrocientasmil veces en los espejos, llego a la conclusión que es la ropa adecuada. Y digo cuatrocientas veces, porque tuve que esperar a mi primo hora y media más de lo planeado... Para colmo, cuando bajo a su casa y me abre la puerta, me doy cuenta de algo. Mi primer comentario: "¿Tú y yo no vamos al mismo sitio, verdad?" El muy freak se había puesto el look "Space of Sound", con camiseta negra sobre camisa rosa, americana blanca y vaqueros. "Un conjunto que me he inventado", dice el muy cabrón. Nos volvemos a mirar y nos echamos a reir. "Anda, tira p'alante, que llegamos tarde, conjuntos". Mi primo es una de las personas más divertidas que conozco. Habría ido a la boda aunque sólo supiera que él iba. Tenemos la misma edad, y hemos estado siempre juntos. Nosotros dos, y un tercer primo, con un año más, se podría decir que somos casi hermanos. Lo que ocurre es que este iba por su lado, porque tenía que recoger a su novia (qué le vamos a hacer, todos cometemos errores).

Una vez llegamos a la Iglesia (sorprendentemente, llegamos justo para ver salir a los novios), me doy cuenta que ni mi primo ni yo íbamos a parecer bichos raros por la ropa que nos habíamos puesto. Tal vez yo me haya pasado con el traje, porque de mi familia nadie lo llevaba. Pero bueno, como soy el sobrino que está trabajando en una multinacional en Madrid, el rollo ejecutivo le daba más gracia a la historia. Que, dicho sea de paso, tuve que contar unas veinte veces. Para hacernos una idea de lo "atípico" de la boda, nada más llegar, vamos a saludar a los hermanos de la novia y el menor ya nos suelta: "Como es la boda de mi hermana, me voy a poner más ciego que en toda mi vida". Ole. Dicen que en España somos aficionados al alcohol. ¿Aficionados? Lo que somos es profesionales. Por otra parte, no me extraña nada, porque lo siguiente que hacemos es sentarnos en el bar de enfrente a tomarnos un litro de cerveza per capita. Novios incluidos, no os penseis que se fueron directos a hacerse el reportaje fotográfico. Lo primero es lo primero, vaya. Resultado: llegamos tarde al banquete, y nos toca sentarnos desperdigados por ahí, ya que la distribución se había hecho por el sistema de "mariquita el último". A mí me toca entre la hermana de la novia, cuyo marido no había querido sentarse con la familia y se sentó por su lado en el último rincón (...), y mi madre. Inmediatamente, me doy cuenta de que aquello va a ser divertido. "Ya tengo ganas yo, de verte de periodista en Madrid, entrevistando a los famosos", me dice mi prima. "Sí, hija, pues toma esta silla que parece cómoda y siéntate a esperar, porque me parece que lo más parecido que puedo llegar a hacer es llamar a la línea caliente de Rappel". Desisto de explicarle en qué consiste mi trabajo, mientras me dedico a hablar con mi tío de los problemas de las fábricas de calzado en Elche, y de cómo la ausencia de fabricantes que cuiden su marca está provocando que entren productores extranjeros con productos más baratos, que están haciendose con altas cuotas de mercado. "Que abran la barra libre ya, por favor."

Por suerte, el menu es rápidamente ingerido (¿desde cuando la ensaladilla es un plato para un banquete de bodas?), y pronto empiezan a desatarse las hostilidades. Tras el intento fallido de fumarnos un puro, (no fuimos capaces de encenderlo antes de que se nos deshiciera) mi primo y yo le echamos el ojo al "self-service bar", al mismo tiempo que empezamos a interesarnos por el bando contrario (usea, las primas-hermanas-amigas del novio). El panorama no puede ser más desalentador. Finalmente, nos convencemos de que somos los únicos solteros mayores de edad de la fiesta, y cambiamos nuestra estrategia por la de irnos con la parte de la familia que conocemos, que por lo menos sabemos de qué hablar con ellos. Obviamente, no podía faltar la media hora de arreglar los problemas del fútbol ilicitano con el marido de mi prima. Este hombre es una enciclopedia, por Dios. Empieza a recitarme la alineación del último equipo con el que el Elche subió a Primera (allá por el 89). De fondo suenan Camarón, Estopa, los Chunguitos y King África.

El fin de fiesta fue apoteósico. Unas cuatro horas después la situación era: diez o doce borrachos (me incluyo), dando botes en la "pista", al compás de una dulce melodía de la discoteca KKO, mientras los padres de los novios nos esperan pacientementre con cara de "mira, qué bien se lo pasan los chiquillos". La música dance tiene el efecto de conseguir despejarme un poco, lo justo para conseguir arrebatarle las llaves del coche a mi primo y llevármelo para casa. No creo que yo fuera en condiciones de conducir, pero él... bastante tuve con conseguir que no se bajara del coche en marcha. Llegamos por fin a nuestro barrio, le aparco el coche y en lugar de subir a su casa, no se le ocurre otra que llamar a un amigo ¡para irse de fiesta!. Su cuerpo no conoce límites. De mayor quiero ser como él. Yo también muevo los hilos para salir por la noche, pero después de cenar, el sofa y una mantita me convencieron de lo contrario. Menos mal, porque habría acabado arrastrándome por el suelo. Un poco cansado sí andaría, porque sólo aguanté diez minutos de película. Claro que "Encuentros en la Tercera Fase" no debe ser una película adecuada para ver después de un día entero de borrachera...

Chema's Head - OST: "Viva Las Vegas", de Elvis Prestley