logotipo

img_google
.
.
Acerca de
Y la cabeza sigue dando vueltas. Y cada vuelta que da, encuentra un motivo para dar otra. Con el impulso de las dudas y el propósito de elegir lo correcto ¿y eso que es? Muchas veces se detiene a inventar historias, dejando la mía a medio escribir. No sé qué haría yo sin mi cabeza. Donde la vida es más interesante que fuera de ella.
Sindicación
 
Medalla de bronce!!!

Finalizadas las votaciones del concurso de relatos de Rincón del Vago, ha saltado la sorpresa. Sorpresa al menos para mí, que no imaginaba que pudiera quedar tercero. Mejor puesto de lo que nunca hubiera pensado, pero peor de lo que nos hubiera gustado.. ¿verdad? De todos modos, ya gané el día que alguien me dijo que le gustaba. Para mí eso es más importante que cincuenta millones de mensajes.

Como siempre me pasa en estas cosas, participo pensando en ganar, pero luego me desanimo pronto. Muy pocas cosas de las que escribo me convencen al 100%. Tengo que reconocer que me gustaba más el relato que mandé antes que este. Por lo visto, no sería yo un buen juez para estas cosas.

Bueno, no me enrollo más, que esto no es el discurso del ganador. Ha ganado "Gusanos", un relato con más literatura que el mío. Yo sólo quiero agradecer esos 257 votos que he sacado. Sé que mucha gente ha votado, incluso sin conocerme. Lo agradezco mucho, de verdad. Pero me gustaría destacar el empeño que ha puesto mi yonki favorita. Si algún día me meto a político (cosa que dudo), te contrataré como Relaciones Públicas. Gracias por todo.
 
Finiquito
Detrás del escritorio, un hombre con una cuidada barba blanca lo miraba con extrañeza.

- Vamos a ver si le he entendido. Usted ha causado baja por su propia voluntad, ¿es así, Sr. Agulló?
- Sí, en principio sí. Pero entiendo que no actué de la forma correcta, por eso vengo aquí, para ver si podemos llegar a un acuerdo.
- Ja, ja, ja – no pudo evitar soltar una carcajada, pero se reprimió al ver el gesto del señor Agulló.- Discúlpeme. ¿Qué no actuó de la forma correcta? Pero eso ya se lo puedo decir yo. Es más, lo sé desde que me informaron de su cese. Tal vez incluso un poco antes.
- Fue una decisión precipitada. No estaba pasando un buen momento...
- Ya, lo de siempre. – lo interrumpió con seriedad, a pesar de que sus ojos rebosaban bondad –Pero Sr. Agulló, ¿Cuánto tiempo lleva usted con nosotros?
- Veintiséis años.
- Y seguro que en veintiséis años habrá tenido momentos incluso peores que este que me comenta. Pero, sobretodo, habrá tenido tiempo para pensar en esta decisión que ha tomado, buen hombre – se quitó las gafas y lo miró con misericordia - ¿Acaso no sabe que el despido voluntario le priva a usted de cualquier derecho de contraprestación por parte nuestra?
- Esa es una de las razones por las que vengo. Siempre he pensado que todo este tiempo he recibido menos de lo que mi aportación merecía.
- Dígame una cosa, señor Agulló. Imagino que estará enterado de que, por normas de organización interna, las consecuencias de su decisión son inexorables. No estoy en condiciones de… -se volvió y sacó una carpeta del archivador- Déjeme, de todas formas, que revise su ficha.

Se acomodó unas viejas gafas sobre la nariz y revisó los papeles con atención, pero su gesto indicaba que sabía lo que iba a encontrar.

- Lo que yo pensaba. Efectivamente, en todo este tiempo, su aportación ha sido superior a lo que ha recibido a cambio. Sé que lo que le voy a decir no es lo que usted ha venido a buscar. Pero lo lamento profundamente. Y déjeme decirle que los de arriba, también. Pero me gustaría que lo entendiera. Ustedes son demasiados para nuestros sistemas de control. Tratamos de ser justos con todos, pero no somos capaces de evaluar qué nos aporta cada persona por separado. Me gustaría enseñarle nuestros baremos y la forma en que establecemos las compensaciones, pero no puedo dedicarle más tiempo. - al otro lado de la mesa, el señor Agulló, que había perdido toda esperanza, ponía cara de conformidad, y asentía sin prestar mucha atención - Así que voy a pasar a contarle el final de la historia...
- Déjelo. Me va a decir que por haberme ido por mi propia voluntad, todo lo que obtengo a cambio es una patada en el culo. Ya veo para qué han servido mis veintiseis años de dedicación.
- Créame que le comprendo. Pero de momento, es todo lo que podemos ofrecerle como contrapartida. Haga el favor de acompañarme.


- Bienvenido a su nuevo puesto, señor Agulló. - un personajillo con traje y camisa negros le antecedía por un estrecho pasillo - la 29D, hemos llegado.
La habitación no podía ser más estrecha ni más triste.
- ¿Y qué se supone que tengo que esperar que pase aquí?
- Ésto no es más que una de las miles de "Salas de Espera de Compensaciones". El funcionamiento es sencillo: ústed se sienta ahí - señaló la única silla que decoraba el lugar - y espera. Cuando el Sindicato haya estudiado su caso, y negociado con el Comité de Dirección una compensación aceptable, seré yo mismo quién le venga a buscar. Pero le advierto que pueden pasar años.
- Ya lo imagino. He leído sobre el Purgatorio.
- Uy, hace mucho que no le llamamos así. Cosas del marketing, ya sabe. - espero unos segundos una risa que no llegó - Dígame una cosa, señor Agulló. Por simple curiosidad. ¿De qué manera hizo lo de...?
- ¿Lo de qué?
- ¿Pues qué va a ser, señor mío? Que de qué manera se suicidó.
 
Domingo de resurrección
Pues aquí acaba la semana santa (Sí, yo mañana trabajo, que hace tiempo que no estoy en la Comunidad Valenciana, donde el lunes es fiesta todavía). Y una vez más, se demuestra uno de los principios de mi religión: cuando la vida se pone hija de puta no puedes hacer nada por evitarlo, salvo sonreir. Pero también sucede que, de la misma forma que la vida se pone hija de puta, se puede poner amable. Y tampoco podemos hacer nada. Antes de este puente estaba en un punto negro, era una de esas veces que parece que todo es una mierda, y que las buenas noticias se han olvidado de ti. Pero sólo cuatro días han bastado para cambiarme la cara. Bueno, la cara no. Ya he comentado que las malas noticias no me quitan la sonrisa. El resumen de este fin de semana podría ser:

Capítulo Uno: la visita.

No sé si lo he comentado alguna vez, pero me encanta recibir visitas. Supongo que porque es una excusa para acercarme a Madrid de otra forma. Me convierto de nuevo en turista y visito sitios a los que no iría de otra forma. Por ejemplo, no permito que ninguna visita se vaya de Madrid sin comer o cenar en Alfredo's Barbacoa, donde hacen las mejores hamburguesas de Madrid. Pero lo mejor de todo es que casi nunca les pregunto si quieren ir. Directamente les llevo. El día que venga alguien vegetariano, no sé dónde me voy a meter... Empiezo a pensar que utilizo las visitas en mi provecho. Aunque hasta ahora nadie ha tenido queja de mi labor como guía.

Capítulo Dos: De los Soportales a la Escuela.

Sin embargo, el viernes dejé mi papel de guía turístico para dejarme llevar por alguien que conociera su ciudad. Me refiero a Segovia, segunda parada del viaje. Fue un día para enmarcar. Una ciudad acogedora y buena compañía. Nuestros guías no sólo se preocuparon de enseñarnos los lugares emblemáticos de la ciudad, sino además, hicieron lo posible por mostrarnos la vida nocturna. Resulta que Segovia tiene más bares que iglesias, cosa que nunca habría imaginado. Acabamos en la "Escuela", donde una sesión de house sirvió para disimular mi demostrada capacidad para quedarme en el banquillo aún cuando el partido se pone de cara. Tampoco me importó, la verdad. Acostarme a las once de la mañana sirvió además, para desmostrarme que aún puedo seguir dando de mí si la situación lo requiere.

Capítulo Tres: La Llamada.

Y ese mismo viernes, a eso de las 2 de la tarde sonó mi teléfono. Un asunto familiar nos tiene preocupados estas últimas semanas. Las noticias no estaban siendo buenas, y una conversación reciente con mi madre no indicaba que eso fuera a cambiar. Pero, por fin, una buena noticia. La "buena noticia" no es que sea definitiva, pero sirve para que mantengamos la ilusión de momento. Seré más explícito cuando esta noticia sea más fiable. Este asunto era una de las razones de mi bajón, así que recibir esta noticia sirvió para hacer mi día en Segovia aún mejor.

Capítulo Cuatro: Vuelve la resaca.

Nada como una resaca bien reposada para hacerte sentir vivo. El sábado acabó pronto, a las once de la mañana. A partir de ahí, salvo el rato que bajé a por al cena, no existí como persona. Como nuevo. Lo malo es que por culpa de la resaca no pude ver entera una de mis películas de cabecera: "Eternal Sunshine of the Spotless Mind" (Nota para los distribuidores de vídeo en España: ¿A quién coño se le ocurrió traducirla como "Olvídate de mí"? No sólo se carga un título imaginativo y diferente, sino que no hace justicia al argumento. No sé como explicarlo sin destrozar la película, así que lo mejor es que la veáis y lo entenderéis, cosa que os recomiendo muy mucho.

Capítulo Cinco: consejos para un domingo:

- Una ración de porras es un buen desayuno siempre que se acompañe bien. Una taza de chocolate blanco no es un experimento fiable en estos casos.

- Un puente no es una buena fecha para ir de museos. Y menos un domingo que, aunque los públicos son gratis. Y es que hacer cuarenta minutos de cola en el Prado... no tiene precio.

- ¿de verdad tiene sentido hacerle una foto a un cuadro? No lo llego a comprender por más que lo intente. Hoy en día es más fácil encontrar una buena imagen de cualquier obra de arte en Internet, y seguro que con una calidad mucho mayor. Además, yo soy de los que piensan que la gracia de las pinturas está en verlas en directo. No se puede sentir lo mismo ante un lienzo (con su tamaño, distancia e iluminación adecuados) que delante de una pantalla de ordenador.

Moraleja:

No sé como acabará la historia de la "buena noticia". Pero ahora mismo soy bastante optimista. Aunque ya estoy concienciado de que la rueda puede caer en cualquiera de los dos lados. Lamentablemente, la ciencia no es infalible en estos casos...

Postdata:

Muchas gracias a los que habéis votado y lo seguís haciendo. Tras un comienzo fulgurante, "Abrazo" se ha consolidado entre los tres primeros. Parece que el tercer puesto es bastante factible. Aunque la última palabra no está dicha... ;-) (bah)
 
Feliz (¿?) Semana Santa


Pues eso, pasadlo bien, los que tengáis motivos para ello. Y los que no, también. Nadie lo va a hacer por vosotros.
 
La Guerra del Agua y el Hombre Oxidado

Siempre me he considerado una persona tranquila. Hay pocas cosas o personas que consigan sacarme de mis casillas. Pero en los últimos días están consiguiendo ponerme de mal humor. Y es que con las cosas de beber no se juega.

Ahora que llega el buen tiempo, y a falta de un grifo de cerveza en la oficina, la mejor forma de reducir el calor es un buen vaso de agua fría. El aire acondicionado también lo sería, pero aunque tengo una salida al lado, no sé cómo será que siempre tengo calor. Por suerte, tengo cerca un dispensador de agua. Bueno, o como se llame, con una garrafa de 20 litros y un serpentín que la mantiene fría. El problema es que en una oficina de 30 personas, los veinte litros dan para poco. No lo sé bien del todo, pero unas 3 o 4 veces sí que cambiamos la garrafa. Bueno, cambiamos no. Mejor dicho, cambio. Aquí es donde empieza mi cabreo.

El caso es que me da igual tener que estar cambiando la garrafa. No me importa cargar desde la sala del café con un peso de 20 kilos. Ni siquiera el hecho de que los demás se beneficien de que sea yo el que la cambie. Siempre he pensado que si quiero algo para mí, y no hay nadie que lo vaya a hacer por mí, lo hago, sin importarme de que nadie se aproveche de mi esfuerzo. Como prueba valgan mis resumenes de apuntes en la Universidad (quién no conoce "El señor de los Pinillos", con el que todavía se estarán haciendo chuletas las generaciones de futuros publicistas de la UA), o el que sea yo el que tenga que planificar las vacaciones de verano, cuando todo el mundo pasa, y luego les falta tiempo para apuntarse una vez está todo hecho. Lo dicho: me da igual, mientras yo sea el primero que sale beneficiado. Lo que me mosquea en el tema del agua es que tenga que ser yo el que la cambie cuando voy a beber, cuando sé positivamente (tengo la máquina delante) que antes otra gente ha intentado sacar agua sin éxito y se ha vuelto a su sitio sin más. Lo peor de todo es la rabia que da no encontrar agua fría cuando uno la necesita.

Pero no podía dejar las cosas así. Mi venganza no se ha hecho esperar. En un exceso de crueldad por mi parte, he decidido dar un escarmiento a toda esa gente que no cambia la garrafa y... ¡poner un cartelito para recordárselo! Si es que hasta yo mismo me sorprendo de lo cabrón que puedo llegar a ser. Bueno, qué queréis, el Photoshop y la ironía son las armas que mejor sé utilizar. El cartel en cuestión dice algo así como: "SALVEMOS AL AGUA FRÍA. Si a tí también te gusta encontrar agua fresquita cuando la vas a buscar, cambia la garrafa cuando seas quien la vacía. No cuesta nada. Y pedírselo a alguien si tú no puedes, menos aún." Terrible, lo sé. Fuera coñas, parece que el invento funciona. Lo puse hace un par de días y desde entonces no he tenido que cambiarla. A ver lo que duran las buenas costumbres.

Y debe ser por culpa de tanta agua que me estoy convirtiendo el el Hombre Oxidado. Hace una semana que tomé la detereminación de salir todas las tardes a hacer un poco de ejercicio, para aprovechar el buen tiempo y el parque que tengo al lado de casa. Y, de paso, recuperar mi poco más que risible forma física. Pero cuando, sorprendentemente, no he fallado durante una semana a mi cita con el pantalón corto, resulta que un extraño dolor de piernas no me deja completar ni siquiera diez minutos de ejercicio. Al principio parecían sólo agujetas, pero se está convirtiendo en un dolor pinzante que no me gusta nada. Así que, contrariamente a lo que me gustaría, lo voy a dejar por esta semana, y ya volveré el lunes a ver qué ocurre. Joder, para una cosa que cojo con ganas...
 
Vote for E. A. Moe
Acaban de salir publicados los 12 microrrelatos finalistas del IV Concurso de Microrrelatos de Rincondelvago. Se trataba de escribir una historia en menos de 500 palabras. Y claro, qué queréis, demasiada tentación como para no intentarlo.

La sorpresa es... que estoy entre esos finalistas! Mi relato se llama "Abrazo". Y, por supuesto, no voy a copiarlo aquí. Tendréis que entrar para leerlo. Y ya que estáis allí, tenéis la oportunidad (yo diría la obligación), pues.... no sé como decirlo sin parecer corrupto... que me votéis, vaya!!

El premio no es para tirar cohetes, pero es bastante útil: 500 SMS vía wanadoo si estoy entre los 10 primeros. ¿Fácil, no? Hale, pues cuento con vosotr@s...

P.D.: La canción de hoy, como no, está dedicada a mi Musa. ¿Qué te puedo decir, que no sepas ya? Que sin tu ánimo no habría participado y sin tu inspiración no habría escrito un cuento ganador. De momento, sólo te la dedico. Algún día puede que te la cante.
 
Creatas y ejecutas
Desde tiempos inmemoriales, dos razas han dominado el mundo del marketing y la publicidad, al tiempo que disputaban una guerra interna por llevarse los méritos de los éxitos conseguidos. Los "cuentas" han sido la "clase adinerada". Su trabajo suele estar más reconocido desde la propia empresa, puesto que son ellos los que mantienen el trato con el cliente y, en teoría, responsables primigenios de la consecución de resultados, por ser los que (en principio) planifican la estrategia de cara al beneficio de los clientes. Pero su trabajo no sería nada sin la colaboración de los "creativos". Los creativos no tienen coche de empresa, ni se reúnen (salvo excepciones) con los clientes. Visten de forma menos más informal y, por lo general, suelen cobrar menos por su trabajo. Pero sin su participación, los resultados no serían los mismos. Si los cuentas son estrategas, los creativos son hombres de acción. Su trabajo es el que reconoce el público final, y el que finalemente, es recordado o no por sus éxitos. Por norma general, creativos y cuentas no pueden vivir los unos sin los otros, pero tampoco se suelen poner las cosas fáciles.

Y, como agencia de marketing, mi empresa no es una excepción, claro. Si bien es verdad que al ser pocos estamos mejor avenidos, y la tensión entre las dos razas nunca ha llegado a grandes cotas. En cuanto a mí, desde que acabé la carrera de publicidad,he pertenecido a la raza de los creatas. Disfruto con el diseño y la creatividad. Mi trabajo actualmente está en el departamento de creatividad de la empresa. Como ya he comentado varias veces, se trata de un departamento de dos personas, tan sólo. En estos doce meses (ayer cerré mi primer año en la empresa, como pasa el tiempo...) mi compañera y yo hemos formado un buen equipo. Hemos colaborado en proyectos interesantes, otros no tanto, hemos tratado con clientes pesados, con otros más majos, con prisas, quedándonos hasta más tarde si hacía falta... y siempre apoyándonos entre nosotros. Ahora nuestra situación es mejor que nunca. Con la nueva reestructuración se nos ha quedado un "pisito" muy chulo. Nuestro espacio en la planta es la envidia de todos los compañeros. Ayer sin ir más lejos, bromeábamos con la directora de Recursos Humanos el porqué la gente no nos tomaba como pareja, con lo juntos que estábamos siempre.

En resumen: que hasta el momento puedo decir que estoy muy a gusto en mi trabajo. Sin embargo, siempre he tenido claro que, aunque me divierta, no quiero ser un creativo toda mi vida. Siempre me ha llamado la atención la labor del "bando contrario". Se trata, además, de un trabajo más parecido a lo que he estudiado en el master. De hecho, cuando las cosas no estaban muy claras, eché algún ojo a las ofertas para departamentos de cuentas. Así se lo dije, además, a mi jefe cuando me preguntó donde me veía dentro de un par de años. Creo que tengo más futuro en un departamento de cuentas que en uno creativo, donde creo que ya he dado todo lo que soy capaz de dar. Aunque no lo hago mal, creo que puedo dar mi máximo en el otro lado. Tengo curiosidad por probar si eso es así.

Y hete aquí que, sin comerlo ni beberlo, me ha salido la oportunidad. La directora de cuentas necesita un ayudante y, antes de salir fuera a por él, me preguntaron si me interesaba. Y les he dicho que sí. En principio, el trabajo será más administrativo que otra cosa. Supongo que pasará tiempo hasta que pueda llevar una parte del contacto con los clientes, o incluso cuentas enteras. Pero creo que vale la pena a medio / largo plazo.

Pero mientras se hace la transición (hay que buscar antes a alguien para mi puesto), estoy en una situación extraña. Me fastidia irme de un departamento por el que he peleado, y desde el que se ha peleado por mí. Y lo siento sobretodo por mi compañera, con la que he aprendido mucho y ha apostado por mí. Cuando se enteró se sintió un poco traicionada, pero creo que al final saldrá ganando si mi relevo es mejor diseñador que yo. Además, sabe que contará con un apoyo desde el departamento de cuentas. Mi intención es no cambiarme hasta que no esté bien cubierto mi puesto.

Así que, por el momento, y hasta nueva orden, estoy agotando mis últimos días como creativo. Espero no echarlo de menos.