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Acerca de
Y la cabeza sigue dando vueltas. Y cada vuelta que da, encuentra un motivo para dar otra. Con el impulso de las dudas y el propósito de elegir lo correcto ¿y eso que es? Muchas veces se detiene a inventar historias, dejando la mía a medio escribir. No sé qué haría yo sin mi cabeza. Donde la vida es más interesante que fuera de ella.
Sindicación
 
El divorcio
Hoy se acabó. Lo nuestro ha durado poco más de un año. Sé que al principio nos costó entendernos. Pero ahora que habíamos llegado a un buen punto, donde no nos hacía falta ni hablar para saber si necesitábamos algo la una del otro o viceversa, nos separamos. Ni siquiera me voy lejos. De hecho nos vamos a seguir viendo todos los días. No vamos a estar codo con codo, pero no vamos a perder el contacto. Es lo último que pretendo.

Yo soy el mayor culpable. La he dejado por otra. Que no es mejor ni peor, simplemente, es otra. No sé si seré más feliz a su lado, ni siquiera si me tratará tan bien como ella. Pero es un cambio que necesitaba. No es por su culpa. Está en mí. Necesitaba ese cambio de aires, aunque sé que al principio será difícil. Espero acostumbrarme pronto a mi nuevo sitio, a esa otra persona a la que rendir cuentas. Seguro que acabamos entendiéndonos tan bien como lo he hecho hasta ahora con ella. De hecho, llevámos tiempo entendiéndonos. Estos últimos meses he llevado una "doble vida", un juego en el que tenía que tener contentas a las dos, aunque siempre tiraba para un lado. Ahora puede que tire para el otro. O tal vez no, porque algo queda de mi "relación" anterior. El eterno dilema de intentar quedar bien con todo el mundo cuando no siempre se puede.

Hoy se acabó. He dejado la creatividad por la actividad comercial. Cambio de raza, de bando. Cambio de "pareja". ¿Seré más feliz en mi nueva vida? ¿O volveré corriendo a los brazos de mi fiel creatividad? Joder, vaya pollo que estoy montando con mi cambio de departamento. Como se nota que mi vida gira últimamente casi en exclusiva en torno al trabajo. Y gracias.
 
El día que quise ser gay
No, este no es un post sobre mi cambio de acera. No tiene nada que ver con mis desafortunados (y contados) encuentros con el sexo contrario. No es una historia de dudas sobre la identidad sexual de quien escribe. Simplemente me hubiera gustado ser gay el día que mi jefe me preguntó si lo era.

Supongo que todo comienza el día que entré a trabajar. No entré sólo yo, sino que lo hice junto con mi compañero de piso. Nos presentamos a la oferta para la beca y por suerte, fuimos los únicos que nos presentamos para dos puestos. Así, fuimos conociendo poco a poco a la gente del trabajo y, lo que pasa en estos casos, acabas hablando con todo el mundo de donde vienes, donde vives y esas cosas. Y la verdad es que nuestro caso es peculiar. Por aquel entonces no sólo vivíamos juntos sino que además íbamos juntos a clase (fuimos compañeros de universidad y decidimos venirnos a Madrid a hacer el Master). El chiste, por lo tanto, era fácil. Compartimos casa, clase, trabajo... "¿lo hacéis todo juntos?" era el comentario más común. Y la verdad es que nunca hicimos nada por atajar esos comentarios, que por otra parte no nos preocupaban.

Y supongo que, como pasa en estos casos, los rumores corren, las historias se exageran, y los hechos se cuentan de la forma más graciosa. No me cabe duda de que ha corrido por la oficina el rumor de que eramos pareja. Allá cada cual con sus chismes. Si ellos son felices pensándolo, no seré yo quién los saque de su idea. Incluso cuando me preguntan por él (dejó de trabajar allí hace unos meses), suelo contestar algo como: "pues en casa me está esperando, preparándo la cena". Es hasta divertido.

Pero cuando es tu jefe el que te lo pregunta en voz alta delante de una mesa de ocho personas, pues la cosa es para mosquearse. Quiero pensar que lo hizo para hacerse el gracioso. La verdad es que no tuvo ni puta gracia. No porque pueda pensar que lo soy, que me preocupa tanto como saber quién ganará la Isla de los Famosos, sino porque sospecho que, de pensar que soy gay, no estaría muy contento de tenerme en plantilla. Por supuesto, no le respondí. Bueno, cuando enfocó la pregunta de otra manera, sí le contesté. "Eres normal, ¿no?" "Pues sí, soy normal." A saber lo que entiende por "normal". No es que sea un jefe cabrón. Incluso se esfuerza por ser gracioso. Valoro esos esfuerzos, pero cuando se pone en plan homófobo o racista, no lo aguanto. Recuerdo la cara que puso un día cuando hablaba de la "escala machote" en el cine. Fue de las primeras veces que hablaba con él. Explicaba que había dos tipos de películas, "las de soldados, y las de gays". Ocurrente yo, le solté: "bueno, luego están las de soldados gays". Fue el fin de la conversación.

Por eso digo que me hubiera gustado ser gay, para decírselo delante de todos y ver qué cara se le hubiese quedado. Y que se le ocurriera ponerme las cosas difíciles por serlo, que entonces me iba a encontrar. Pero como no es el caso, me conformaré con regatear sus comentarios de la mejor forma. Y de salirme de las conversaciones cuando sale el tema de la inmigración, más que nada para no soltarle una burrada un día de estos. Que despedirme por ser gay no, pero por decirle las cuatro cosas que pienso, sí lo podría hacer.

Como contrapartida, también tiene sus cosas buenas. Nos ha puesto una nevera en el departamento y nos financia el cargamento de Coronitas y pacharán. Las reuniones de los viernes después de comer son otra cosa desde que nos dejan hacer botellón en ellas.
 
Estrecheces y brevedades (14)
DIEZ DE JUNIO

"Buenos días, hoy es martes 10 de junio de 2010 y son las 8 de la mañana, una hora menos en nuestras preciosas islas Canarias". El atasco de las ocho era tanto o más grande que otras veces. "Hoy, amigos, tenemos algo muy grande que celebrar. Se cumple un año de la muerte en accidente de tráfico de Sebastián Giménez." Los pequeños coches eléctricos se agolpagan en los cruces. "Y por si alguno de nuestros oyentes anda despistado, le recordamos que Sebastián Giménez pasará a la historia por ser la última víctima mortal en nuestras carreteras". Sin embargo, todo el conjunto se movía con una fluidez sanguínea. Ni un sólo claxon, ni un sólo conductor nervioso. "Eso quiere decir que llevamos 365 días sin una sola víctima de tráfico". Por fin, después de años lamentando tantas desgracias, los sistemas de seguridad, la normativa de tráfico, las campañas de concienciación y la mejora de la red de carreteras habían conseguido suprimir la mortalidad al volante. Todo encajaba. Atrás quedaban los coches potentes, el olor a gasolina y el derroche de potencia. Ahora sólo había fluidez, cordialidad...

Sebastián Giménez se frotaba los ojos. "Sólo he entornado un poco los ojos, no estoy cansado", se decía. La siguiente curva le despertó del todo. No eran las 8 de la mañana, sino noche cerrada, y conducía un descapotable de 16 válvulas. Demasiado tarde. Un árbol puso punto final a su sueño, a su trayecto y a su vida. La fecha: 10 de junio de 2009.
 
Cuando no son bastos...
Extraña es esta vida.

Cuando voy con ganas de trabajar, no tengo nada que hacer.
Cuando estoy más holgazán, prisas por todo y a hacer horas extra.
Cuando estoy poco creativo, me ponen a inventar.
Cuando estoy creativo, no hay nada por inventar.
Cuando se me ocurre una idea genial, no le gusta a nadie.
Cuando esa idea gusta a alguien, al cliente no le parece bien.
Cuando al cliente le parece bien, a su jefe le parece mal.
Cuando al jefe le parece bien, se dan cuenta de que lo querían todo azul.
Cuando lo pongo todo azul, no les gusta la tipografía.
Cuando les gusta la tipografía, hay que mover los textos.
Cuando no hay textos que mover, me lo pones todo verde.
Cuando falta poco para entregar un trabajo, el cliente acepta el diseño.
Cuando el cliente acepta el diseño, a mí entonces no me gusta.
Cuando a mí no me gusta, me jodo y lo maqueto.
Cuando lo maqueto, me dicen que no corría tanta prisa.

Buf, qué a gusto me he quedado... si es que cuando no son bastos, son copas, pero el caso es que parece que lo hacen a posta. Nunca nada encaja cuando tiene que encajar. Y lo más gracioso de todo: cuando más ganas tengo de que me cambien de departamento, ahora no me apetece irme. Demasiado tarde. El día 1 de junio se incorpora mi sustituta. Lo que vendrá después, es toda una incógnita. Sé que más tranquilo no voy a estar. Tampoco más estresado. O sí, yo que sé. Sólo que si me lo llego a pensar un poco no acepto el cambio. O sí. Joder, si soy yo el primero que no lo tiene nada claro. Bueno, que sea lo que Philip Kotler quiera. Me quedan quince días como creativo.
Luego, me tendré que comprar una corbata.
 
This boots are made for goaling
Faltan cinco minutos para que acabe el partido. El marcador es de 3-2 a favor de Eróticas Consecuencias, o sea, vamos ganando. El equipo contrario aprieta, y parece que el empate está cerca. Es el momento de un cambio. Es el último partido de la liga y Chema se dispone a jugar sus últimos minutos, de una temporada por la que ha pasado sin pena ni gloria. El tiempo justo de recibir un balón dento del área y ajustar un disparo suave que se cuela después de tocar la madera. No hay tiempo para más. El árbitro pita el final del partido. Sin ese gol también habríamos ganado, pero no me puedo ir más contento a casa.

Hace algo más de medio año que me apunté a esta liga de fútbol. En realidad era una excusa para obligarme a hacer algo de deporte y además, buscarme un entretenimiento para los domingos por la tarde. Como no soy una gran figura, en principio estos eran mis objetivos. Pero había algo más. Mi reto era poder marcar algún gol. No había jugado nunca nada que no fueran pachangas con los amigos, así que no sabía lo difícil que podía ser. Y vaya si lo ha sido. He tenido que esperar hasta el último minuto del último partido para conseguirlo. Esto no quiere decir que sea mejor jugador, ni que la gente me vaya a querer más. Pero para mí ha significado mucho por varias razones.

La más importante es que demuestra que no hay que perder nunca la fe. A pesar de lo difícil que resulta marcar gol para un jugador de mi nula calidad, siempre he puesto la misma ilusión y las mismas ganas en todos los partidos. Nunca me he venido abajo hasta que me he salido con la mía. La moraleja es, por tanto, fácil. Y ya no hablo de deporte. Creo que además es el resumen de mi vida. Nunca he tenido las cosas fáciles, pero con ese empeño, creo que he conseguido y conseguiré aquello que pretenda. O por lo menos, me habré esforzado por conseguirlo. Y lo que pretendo, ahora mismo, no es fácil, lo sé. Pero hasta que pite el árbitro el final hay tiempo, no? Pues hale, ya está todo dicho. Salto al terreno de juego, que se prepare el equipo rival...
 
Las películas acaban, pero las historias que cuentan no
Ilsa permaneció callada todo el viaje. Victor la miraba de vez en cuando, pero conocía esa mirada perdida lo suficiente como para saber que no debía molestarla a no ser que le apeteciera discutir. Lo que no llegaría a saber era el porqué de ese silencio.

"Siempre nos quedará París... ¡Y una mierda!" Ilsa sabía perfectamente que ese recuerdo se borraría, o se mezclaría con otros. Era cuestión de tiempo que París pasase a no significar nada. No era capaz, sin embargo, de saber quién de los dos había sido más cobarde. Él la había lanzado a otra vida, y ella lo había aceptado, obligados por un destino incierto, caprichoso y miserable, pero desde luego, no inexorable.

Desde aquella última noche en Casablanca las dos palabras que más odiaba en su idioma fueron "y si…"
 
Estrecheces y brevedades (13)
PIEL

Y de pronto un día llegó. No era algo que esperase cuando sus cuerpos chocaron una noche más. Una noche más. Eso es lo que parecía. Nada que la hubiera hecho memorable, o no más que los cientos de noches anteriores. Salvo por aquella rugosidad. Al pasar la mano por la espalda de Sofía descubrió que la tersura de su piel se había vuelto una suave rugosidad. ¿Era lo que pensaba? Se contuvo un momento para confirmarlo. Por fin. Durante demasiado tiempo había esperado encontrar aquello en alguna parte del cuerpo de su amante...

La piel de gallina.

Pero inmediatamente se sintió mal. Aquello llegaba demasiado tarde. Hacía un mes que a ella había dejado de pasarle cuando estaban juntas.
 
Operación Retorno
Desconexión total. Eso es lo que suele pasar cuando te alejas 400 kilómetros durante 5 días de la rutina diaria. Y qué bien me han sentado, vaya. Mañana vuelta al curro, pero semana de tres días. Seguro que se pasan volando. Además, nada más llegar a Madrid, una buena noticia: se ha desconvocado la huelga de Metro para mañana. Espero que sea de forma definitiva. Con el calor que está empezando a hacer, casi prefiero levantarme dos horas antes para irme andando al trabajo. No creo que los empujones y el olor a humanidad no se hayan acabado, pero es que antes era insoportable.

¿Y para qué han servido estos días, además de para hacerme olvidar por un tiempo de Madrid, del trabajo, del Metro y demás cosas divertidas de mi vida? Pues, entre otras cosas, para:

- Demostrarme una vez más que los juegos de inteligencia se me dan mejor que los de deportes, aunque estos últimos me diviertan más.

- Dejar muestras de mi nula habilidad para improvisar discursos, y más teniendo delante una cámara, estando rodeado de borrachos, y sin haber probado una gota.

- Ser invitado a la boda de un amigo, dentro de un mes y en un restaurante que está a diez minutos andando de mi casa, el del Parque Municipal. Todo son ventajas, en principio. Lo malo: por ser dos fines de semana seguidos, y por un tema económico más que nada, me quedo sin ir a la despedida. Total, ¿qué me pierdo? ¿una borrachera más? ¿un espectáculo a cargo de un dúo lésbico? Hay cosas sin las que puedo vivir... :-S

- Descubrir cómo en Elche por fin la oferta de restaurante aumenta. ya tenemos hasta cocina creativa.

- Desarrollar un odio mortal hacia el "artista" todavía conocido como Huecco, y su canción Pa mi guerrera. Pensé que después de haberla oído en un local, me la iban a convalidar. Pues no. Resulta que la acabé escuchando en TODOS los sitios donde estuve. Hasta 5, creo recordar. Rogaría a alguien que se haya atrevido a analizar a este hombre y su música que me lo explique. Porque no es rap, pero si ves el videoclip sin voz, lo parece. Tampoco es rumba, y no sé qué pensaran los puristas de este respetable estilo musical al oir la palabra "rumbaton". Y por supuesto, no es heavy metal, pero el tipo utiliza una voz gutural que no sé si es por influencia, o sólo para disimular que canta como el ojete. Estoy empezando a estar un poco harto de que las discográficas utilicen la palabra "fusión" para permitirse cometer flagrantes crímenes contra el oído humano.

- Saber que las posibilidades de irme a París el 17M son muy pequeñas. Aún así lo intentaré. A ver si trabajar en una empresa francesa me ayuda.

- Hacer un regalo absurdo pero especial en forma de politono.

- Volver a traerme a Madrid el porta CDs con los capítulos de "Perdidos" que pensaba ver en casa. Después de tanto tiempo aún sigo pensando que voy a tener tiempo libre para estas cosas...

- Recibir dos consejos diferentes de dos personas diferentes, y quedarme con el que a mí me parece. Conclusión: me gusta que me aconsejen, pero muy poco hacer caso a esos consejos. Sobretodo si es sobre un tema del que empiezo a tener una decisión tomada.

- ¡PLAYA! Es curioso como me he transformado en un madrileño de pura cepa. Cuando tenía la playa a quince minutos, pasaba de ella. Y ahora me peleo con quien haga falta para pisarla. Ya se me había olvidado lo lento que pasa el tiempo cuando se está tumbado en la arena. Hasta me ha cogido un poco de color, para presumir en la oficina.

Hasta dentro de un mes no vuelvo por los elches. Para entonces, ya tendré nuevo puesto. Este es el siguiente capítulo de mi serial. La semana pasada empezaron los castings para sustituirme antes de irme del departamento. Creo que a partir de esta semana empezaré a ponerle fechas al cambio. Ya empiezo a tener ganas.