Estrecheces y brevedades (19)
LEVANTARSE
Levantarse de nuevo. Alzar la vista. Entender que el muro que se tiene delante no supone más que unos centímetros en el camino que se quiere recorrer. Dar dos pasitos atrás. Echar a correr...
¡Croc!
Había perdido la cuenta de las veces que lo había intentado. Las suficientes para hacer que le doliera todo el cuerpo, seguramente. Pero sabía que no había otra forma de hacerlo. O lo creía. Se volvió a levantar. Volvió a alzar la vista. Otros dos pasos atrás...
¡Croc!
Se echó a reir. Desde varios golpes atrás había olvidado qué esperaba encontrar al otro lado. Llegado a este punto, la única forma de recordarlo era derribar el puñetero muro.
Levantarse de nuevo. Alzar la vista...
Estrecheces y brevedades (18)
VOLVER
Una tecla. Después otra. Un par de ellas más para conseguir una palabra. Enlazarlas para que tengan algo de sentido es más difícil, pero sólo aparentemente. No se trata de que exista, se trata de que lo creas. Aquí bien podría aparecer una jirafa azul sin que nadie quedara extrañado. Pero no es ese tipo de relatos. A veces, para decir lo que se quiere no hace falta más que dos palabras. Otras, toda una vida. Y lo mejor de todo es que no hace falta nadie que lo lea, o que lo crea. El significado no está en los ojos de quién lee, sino en el corazón de quién escribe. ¿O más arriba? ¿Tal vez más abajo? Bien mirado, escribir es fácil. Volver, también. Lo complicado es recordar el camino de vuelta. ¿Y a quién le importa si nada de lo anterior tiene sentido? ¿O sí?
Una tecla. Después otra. Un par de ellas más para conseguir una palabra. Enlazarlas para que tengan algo de sentido es más difícil, pero sólo aparentemente. No se trata de que exista, se trata de que lo creas. Aquí bien podría aparecer una jirafa azul sin que nadie quedara extrañado. Pero no es ese tipo de relatos. A veces, para decir lo que se quiere no hace falta más que dos palabras. Otras, toda una vida. Y lo mejor de todo es que no hace falta nadie que lo lea, o que lo crea. El significado no está en los ojos de quién lee, sino en el corazón de quién escribe. ¿O más arriba? ¿Tal vez más abajo? Bien mirado, escribir es fácil. Volver, también. Lo complicado es recordar el camino de vuelta. ¿Y a quién le importa si nada de lo anterior tiene sentido? ¿O sí?






