Estrecheces y brevedades (25)
NIÑOS
- ¡Qué graciosa!
La risa cómplice de la pequeña fue la respuesta a la carantoña que le hizo al cruzarse. No pudo evitar hacerlo, porque ella se le había quedado mirando, con sus mofletes colorados. ¿Qué edad podría tener, apenas un año, dos como mucho? Puede que esa risa, a espaldas de su madre, fuera sólo un acto reflejo a su mueca, o a cualquier mueca. ¿Pero qué otra cosa podía provocarle, sino gracia, bienestar? De esas pequeñas cosas que te alegran la tarde.
- ¿Qué haces, Héctor? ¿Vienes? – su novia no sonreía tanto. Al parecer llevaba un rato tirándole del brazo para hacerle avanzar. - ¿Qué te pasa, conoces a esa niña?
- No, no. Es sólo que...
- ¿Qué?
- Olvídalo. Es una tontería. Sigamos. – a última hora se echó atrás. Simplemente pensó que no era el momento de confesarle a Sandra que le empezaban a gustar los niños.
- ¡Qué graciosa!
La risa cómplice de la pequeña fue la respuesta a la carantoña que le hizo al cruzarse. No pudo evitar hacerlo, porque ella se le había quedado mirando, con sus mofletes colorados. ¿Qué edad podría tener, apenas un año, dos como mucho? Puede que esa risa, a espaldas de su madre, fuera sólo un acto reflejo a su mueca, o a cualquier mueca. ¿Pero qué otra cosa podía provocarle, sino gracia, bienestar? De esas pequeñas cosas que te alegran la tarde.
- ¿Qué haces, Héctor? ¿Vienes? – su novia no sonreía tanto. Al parecer llevaba un rato tirándole del brazo para hacerle avanzar. - ¿Qué te pasa, conoces a esa niña?
- No, no. Es sólo que...
- ¿Qué?
- Olvídalo. Es una tontería. Sigamos. – a última hora se echó atrás. Simplemente pensó que no era el momento de confesarle a Sandra que le empezaban a gustar los niños.






