Estrecheces y brevedades (24)
BEBIDO
La camisa hecha un trapo, los pantalones hechos pedazos. El suelo hecho un asco, la cara echa una pena. La dignidad hecha añicos.
Estaba bebido otra vez.
Lo peor de haber llegado a ese estado ya no eran las secuelas físicas. Ni siquiera el que sus amigos se hubieran acostumbrado a verle así, o que a él cada vez le costaba menos trabajo ponerse al servicio del Dios Baco. Había quién decía que le había visto emborracharse hasta con agua. Lo peor era que, dentro de su estado de borrachera crónica, de mierda interminable, el muy cabrón se mostraba lúcido en sus razonamientos. Más sensato que los sobrios, dentro de su aspecto de rico mendigo.
– ¡Dejadme en paz! – se zafaba cuando alguien le andaba con moralinas. – Yo sólo bebo para recordar.






