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Acerca de
Y la cabeza sigue dando vueltas. Y cada vuelta que da, encuentra un motivo para dar otra. Con el impulso de las dudas y el propósito de elegir lo correcto ¿y eso que es? Muchas veces se detiene a inventar historias, dejando la mía a medio escribir. No sé qué haría yo sin mi cabeza. Donde la vida es más interesante que fuera de ella.
Sindicación
 
La Sinuosa Odisea de la María de Alcózares
(Continúa de capítulo I)

II

Los corrillos en el pueblo habían inventado un origen para la dulce bailarina. Nadie iba a corroborar semejante historia, pero ésta había sido contada tantas veces, que empezaba a convertirse en parte de la vida de la muchacha. Cientos de veces había tenido que escucharla de boca de sus parroquianos, modificada y exagerada hasta extremos insospechados. Para algunos era una huérfana que alguien abandonó a la puerta del dueño del club, otros contaban que era hija de él y de una de las primeras putas del local. Pero casi todas las historias coincidían en un punto. El nombre de María se lo puso el propio Mariano, en homenaje a una célebre actriz mexicana, con la que el viejo presumía de haber tenido una historia en su juventud.

Mariano era un hombre peculiar. Hombre religioso donde los hubiera, no había día que no pasara por la casa de dios. Su devoción por la iglesia era sólo comparable a la que profesaba por las mujeres. Le gustaba decir que él había reinventado el negocio de la prostitución, haciendo que las mujeres de sus locales no sólo fueran simples trozos de apetecible carne. El insensato hablaba de valores éticos y de moral, mientras las paredes de su burdel guardaban las mismas historias de vejaciones y profanación que cualquier otro prostíbulo en cualquier lugar del mundo.

Pero con María todo parecía diferente. No en vano, su milagrosa piel le había convertido en un personaje popular. Ya no tenía que avergonzarse ante las miradas de la gente por la calle. La debía demasiadas cosas a la niña. Más allá del dinero que pudiera hacerle ganar. Se trataba de algo superior. María le había traído el respeto de sus vecinos. Pensaba que ahora sí podía morir en paz. Era por eso que permitía a la chica ciertos privilegios, como tener un vestuario para ella sola, donde solía encerrarse veinte minutos antes y veinte minutos después de cada actuación.

Sin embargo, aquella noche la joven estaba tardando demasiado en salir. El público agotaba sus bebidas, y la inquietud empezaba a ser manifiesta. Mariano apagó el cigarrillo que colmaba el cenicero y se acercó por tercera vez a la puerta. “María, tesoro, los hombres del público está empezando a perder la paciencia y las erecciones. Sal antes de que la sangre les vuelva a la cabeza.”

No hubo respuesta.

Preocupado, resolvió forzar la puerta para ver qué podía pasarle a su niña. Se tranquilizó al verla. Estaba de pie, desnuda frente al espejo. Pero no se movía ni respondía a los requerimientos del viejo. Al acercarse, pudo comprobar que había dos cosas que no solían estar en el cuerpo de la muchacha: una marca morada junto al pezón derecho, y una lágrima que le recorría la mejilla.

Continúa pronto en La Bitácora Indescriptible
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