La Sinuosa Odisea de la María de Alcózares
Capítulo I
Capítulo II
Capítulo III
Capítulo IV:
El recorrido hasta el que fue su asiento durante el resto del viaje se le hizo eterno. Le costaba asimilar aquello. Un asiento tras otro, decenas de jóvenes muchachas la miraban con ojos de lástima. Tenía la impresión que sabían algo que ella aún no había alcanzado a comprender. Encontró al fin acomodo apenas un par de filas antes del fondo del autobús. Se sentó justo al tiempo que el conductor pisaba con desprecio el acelerador. El vehículo crujió por completo. María se tapó la cara con las manos, intentando hacerse una idea de la situación.
Una situación a todas luces incomprensible. ¿Cómo era posible que en aquel autobús pudiesen viajar no menos de cuarenta chicas, en mitad de la noche, por una carretera que no aparecía en los mapas, y que absolutamente TODAS se pareciesen entre sí? Las diferencias entre unas y otras eran perceptibles. Sin embargo, el pelo azabache, la edad, y el blanco inconfundible de sus pieles eran comunes a las ocupantes de los asientos de aquel trasto infernal.
Lentamente, sus ojos se abrieron camino entre los dedos, hasta que se pudo familiarizar con la tenue oscuridad que envolvía el trayecto. Tímidamente, se giró para ver a la joven que tenía al lado, y descubrió, no sólo unos rasgos casi familiares, sino algo más. Pues la belleza del rostro de la chiquilla estaba salpicada con una marca inconfundible. María se asomó entre los botones de su propia camisa. No podía ser. La misma quemadura...
Un ligero cuchicheo se podía escuchar en todo el autobús. Las jóvenes iban perdiendo el miedo e intercambiaban experiencias y asombro. Las voces iban aumentando de volumen hasta que el camino del autobús se detuvo al lado de otro burdel.
Las voces se contuvieron. Nadie subió ni bajó.
El autobús reemprendió su marcha, mientras las jóvenes miraban hacia el lado donde dejaban el club. "¿De cuál vienes tú?" inquirió la joven de al lado de María. "¿Galaxy?", respondió dubitativa.
- ¿Trabajabas en el club Galaxy?
- S, sí - ya empezaba a dudar si lo que hacía allí era "trabajar"
- El mío se llamaba "Caricias".
No volvieron a intercambiar palabras hasta, por lo menos, cuarenta minutos después. Lo que se contaron después no era más que un calco de lo que María ya conocía: su numerito habitual, las quemaduras, los bailes, la milagrosa recuperación de su blanca piel, la amnesia... y vuelta a empezar. Pero también estaba lo de la quemadura, aquel extraño, esos ojos verdes... absolutamente todas las chicas que le acompañaban habían pasado, aparentemente, por la misma situación.
Pero nadie, absolutamente nadie, fue capaz de decir adónde se dirigían y porqué.
Cuando se quisieron dar cuenta, ya había amanecido. Sin embargo, no parecía la mañana de aquella noche que habían dejado atrás. Era como si hubiesen retrocedido o avanzado varios años. El sol era distinto. Otra época. Otra ciudad, otro país. Otro mundo...
- Por cierto, no me he presentado: - dijo entre bostezos su compañera de viaje - me llamo María.
El autobús se detuvo.
Próximo capítulo pronto en La Bitácora Indescriptible.
Capítulo II
Capítulo III
Capítulo IV:
El recorrido hasta el que fue su asiento durante el resto del viaje se le hizo eterno. Le costaba asimilar aquello. Un asiento tras otro, decenas de jóvenes muchachas la miraban con ojos de lástima. Tenía la impresión que sabían algo que ella aún no había alcanzado a comprender. Encontró al fin acomodo apenas un par de filas antes del fondo del autobús. Se sentó justo al tiempo que el conductor pisaba con desprecio el acelerador. El vehículo crujió por completo. María se tapó la cara con las manos, intentando hacerse una idea de la situación.
Una situación a todas luces incomprensible. ¿Cómo era posible que en aquel autobús pudiesen viajar no menos de cuarenta chicas, en mitad de la noche, por una carretera que no aparecía en los mapas, y que absolutamente TODAS se pareciesen entre sí? Las diferencias entre unas y otras eran perceptibles. Sin embargo, el pelo azabache, la edad, y el blanco inconfundible de sus pieles eran comunes a las ocupantes de los asientos de aquel trasto infernal.
Lentamente, sus ojos se abrieron camino entre los dedos, hasta que se pudo familiarizar con la tenue oscuridad que envolvía el trayecto. Tímidamente, se giró para ver a la joven que tenía al lado, y descubrió, no sólo unos rasgos casi familiares, sino algo más. Pues la belleza del rostro de la chiquilla estaba salpicada con una marca inconfundible. María se asomó entre los botones de su propia camisa. No podía ser. La misma quemadura...
Un ligero cuchicheo se podía escuchar en todo el autobús. Las jóvenes iban perdiendo el miedo e intercambiaban experiencias y asombro. Las voces iban aumentando de volumen hasta que el camino del autobús se detuvo al lado de otro burdel.
Las voces se contuvieron. Nadie subió ni bajó.
El autobús reemprendió su marcha, mientras las jóvenes miraban hacia el lado donde dejaban el club. "¿De cuál vienes tú?" inquirió la joven de al lado de María. "¿Galaxy?", respondió dubitativa.
- ¿Trabajabas en el club Galaxy?
- S, sí - ya empezaba a dudar si lo que hacía allí era "trabajar"
- El mío se llamaba "Caricias".
No volvieron a intercambiar palabras hasta, por lo menos, cuarenta minutos después. Lo que se contaron después no era más que un calco de lo que María ya conocía: su numerito habitual, las quemaduras, los bailes, la milagrosa recuperación de su blanca piel, la amnesia... y vuelta a empezar. Pero también estaba lo de la quemadura, aquel extraño, esos ojos verdes... absolutamente todas las chicas que le acompañaban habían pasado, aparentemente, por la misma situación.
Pero nadie, absolutamente nadie, fue capaz de decir adónde se dirigían y porqué.
Cuando se quisieron dar cuenta, ya había amanecido. Sin embargo, no parecía la mañana de aquella noche que habían dejado atrás. Era como si hubiesen retrocedido o avanzado varios años. El sol era distinto. Otra época. Otra ciudad, otro país. Otro mundo...
- Por cierto, no me he presentado: - dijo entre bostezos su compañera de viaje - me llamo María.
El autobús se detuvo.
Próximo capítulo pronto en La Bitácora Indescriptible.
Comentario:
saludos cabeza de verano de chema!
Un abrazo
Un abrazo
Comentario:
No había tenido tiempo de mirar los blogs últimamente pero tengo que daros la enhorabuena, una idea super original y por supuesto muy bien expresada, redactada, pensada, imaginada y continuada. Os sigo y espero la continuación impaciente!
Comentario:
aja! veremos que sigue...
asi q la cabeza del verano, eh???... provecho.
Un abrazo inmenso y gracias por tus palabras... nos vemos y no t pierdas eh! ;) (aunque la que se pierde soy yo :s)
asi q la cabeza del verano, eh???... provecho.
Un abrazo inmenso y gracias por tus palabras... nos vemos y no t pierdas eh! ;) (aunque la que se pierde soy yo :s)
Comentario:
Por fin me he podidoponer al día de vuestras historia!!! Está interesante, eh???
Seguiré, seguiré... Jajaaja!!!
Besotesss
Seguiré, seguiré... Jajaaja!!!
Besotesss






