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Acerca de
Y la cabeza sigue dando vueltas. Y cada vuelta que da, encuentra un motivo para dar otra. Con el impulso de las dudas y el propósito de elegir lo correcto ¿y eso que es? Muchas veces se detiene a inventar historias, dejando la mía a medio escribir. No sé qué haría yo sin mi cabeza. Donde la vida es más interesante que fuera de ella.
Sindicación
 
La Sinuosa Odisea de la María de Alcózares

Capítulo I
Capítulo II
Capítulo III
Capítulo IV
Capítulo V

Capítulo VI:

Vidrio.
Hielo, whiskey.
Chispa.
Gas.
Fuego.
Tabaco...

Humo.

Desolación.

El viejo Mariano permanecía de espaldas al ahora vacío escenario. No lo quería ver. había pensado que no volvería a mirarlo en la vida. Le traía demasiados recuerdos. Por un momento pensó en lo estúpido de la situación. Sólo diez meses atrás era una rata despreciable. Mariano, el de las putas. Ahora era sólo Mariano. La gente del pueblo había logrado comprenderle y hacerle un hueco. De vez en cuando hasta lo paraban por la calle, para preguntarle por María. Todos la echaban de menos. Pero juntos no la añoraban ni la mitad que él.

Aquello no era amor. Era algo que estaba por encima. No era capaz de encontrar palabras para expresarlo, ni las necesitaba.

Se preguntaba todas las noches porqué le había tocado a él. O por qué le había tocado él a María. Cualquiera podría haberla encontrado tras aquel viejo chopo. María. Nadie la necesitaba tanto como el viejo Mariano. A pesar de que una notable mayoría del público del pueblo seguía yendo a tomar una copa al espectáculo de las doce. Casi todos iban con la ilusión de volver a ver esa piel blanca, irrepetible. Otros por simple compasión. El negocio iba mejor que antes de María. Pero inevitablemente peor que antes de irse María.


Si hubiera tenido un arma aquella noche... Una y otra vez, paseaba por su cabeza el encuentro con el forastero. ¿Por qué aquel tipo sabía que María tenía una quemadura en el pecho esa noche? Nadie la volvió a ver desnuda desde aquello. Y ese hombre de acento irreconocible se empeñaba en entrar a verla. Decía conocerla. ¿Pero cómo permitir que la viera? Algo dentro de él le decía que no era buena idea que la joven viese a alguien conocido. Podría recordar su pasado... y largarse. Algo que acabó sucediendo cuando, mientras ellos dos discutían, María se asomó por la puerta entreabierta. Su cara era más blanca que de costumbre. Casi transparente. La joven echó a correr. Pero inesperadamente, el forastero impidió a Mariano hacer algo. Le sujetó. "Ella necesita irse ahora. No debes impedirlo." Mariano comenzó a llorar por dentro: "Si tuviera mi vieja pistola..."


Ahora sí la tenía. Cargada con una única bala. No necesitaba más para llenar el vacío que le dejó la muchacha. Apuró el último trago del whiskey y salió del club.

Por la calle se cruzó con Toni, el gordo que vendía carne en el mercado.

- ¿Quién nos ofrecerá esta noche un bonito espectáculo, Mariano?

Mariano pasó de largo sin mirarlo.

- Yo - murmuró mientras se dirigía al viejo chopo...

Continúa pronto en La Bitácora Indescriptible
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