<?xml version="1.0" encoding="ISO-8859-1" ?><rss version="2.0" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"><channel><title><![CDATA[.]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/lacabezadechema/rss20.xml]]></link><description><![CDATA[.]]></description><language><![CDATA[ES]]></language><generator><![CDATA[http://www.ya.com]]></generator><item><title><![CDATA[Salto a la fama]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/lacabezadechema/c_149.htm]]></link><description><![CDATA[<br/>Envidioso del éxito de <a target="_blank" href="http://youtube.com/watch?v=a1Y73sPHKxw">Dramatic Chipmunk</a>, Coco ha decidido hacerle sombra. Con una mejor interpretación, y su simpatía habitual.<br/><br/>Con todos vosotros... DRAMATIC COCO!!!<br/><br/><object width="425" height="350"><param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/qQPCzgqxkwM"></param><param name="wmode" value="transparent"></param><embed src="http://www.youtube.com/v/qQPCzgqxkwM" type="application/x-shockwave-flash" wmode="transparent" width="425" height="350"></embed></object>]]></description><author><![CDATA[Chema]]></author></item><item><title><![CDATA[Estrecheces y brevedades (25)]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/lacabezadechema/c_148.htm]]></link><description><![CDATA[NIÑOS<br/><br/>- ¡Qué graciosa! <br/><br/>La risa cómplice de la pequeña fue la respuesta a la carantoña que le hizo al cruzarse. No pudo evitar hacerlo, porque ella se le había quedado mirando, con sus mofletes colorados. ¿Qué edad podría tener, apenas un año, dos como mucho? Puede que esa risa, a espaldas de su madre, fuera sólo un acto reflejo a su mueca, o a cualquier mueca. ¿Pero qué otra cosa podía provocarle, sino gracia, bienestar? De esas pequeñas cosas que te alegran la tarde.<br/><br/>- ¿Qué haces, Héctor? ¿Vienes? – su novia no sonreía tanto. Al parecer llevaba un rato tirándole del brazo para hacerle avanzar. - ¿Qué te pasa, conoces a esa niña?<br/>- No, no. Es sólo que...<br/>- ¿Qué?<br/>- Olvídalo. Es una tontería. Sigamos. – a última hora se echó atrás. Simplemente pensó que no era el momento de confesarle a Sandra que le empezaban a gustar los niños.<br/>]]></description><author><![CDATA[Chema]]></author></item><item><title><![CDATA[Estrecheces y brevedades (24)]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/lacabezadechema/c_147.htm]]></link><description><![CDATA[<br/>BEBIDO<br/><br/>La camisa hecha un trapo, los pantalones hechos pedazos. El suelo hecho un asco, la cara echa una pena. La dignidad hecha añicos.<br/><br/>Estaba bebido otra vez.<br/><br/>Lo peor de haber llegado a ese estado ya no eran las secuelas físicas. Ni siquiera el que sus amigos se hubieran acostumbrado a verle así, o que a él cada vez le costaba menos trabajo ponerse al servicio del Dios Baco. Había quién decía que le había visto emborracharse hasta con agua. Lo peor era que, dentro de su estado de borrachera crónica, de mierda interminable, el muy cabrón se mostraba lúcido en sus razonamientos. Más sensato que los sobrios, dentro de su aspecto de rico mendigo.<br/><br/>– ¡Dejadme en paz! – se zafaba cuando alguien le andaba con moralinas. – Yo sólo bebo para recordar.<br/>]]></description><author><![CDATA[Chema]]></author></item><item><title><![CDATA[Estrecheces y brevedades (23)]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/lacabezadechema/c_146.htm]]></link><description><![CDATA[SEMÁFORO<br/><br/>Una calle poco transitada. Un coche. Verano. Martes.<br/>Él conduce. Ella calla<br/>Él fuma. Ella no.<br/>Él detiene el coche en el semáforo. Ella calla.<br/>Él mira al cielo. ¿No hace demasiado calor para llover? Ella sigue a la gente con la mirada.<br/>Él juguetea con el dial de la radio. Pero no la escucha. Ella calla.<br/>Él tiene la mirada perdida. Desconecta. Ya no está en el coche. Ella mira el reloj con preocupación. Tiene ganas de bajar del coche.<br/>Él sigue con la mirada perdida. Ella todavía calla.<br/><br/>El semáforo se pone en verde.<br/><br/>Ella piensa en porqué no se mueven si el semáforo está verde. Él ni siquiera piensa. <br/>Ella se gira. Se da cuenta que él está en cualquier sitio menos en la luz del semáforo.<br/>Ella tiene prisa. Quiere bajar cuanto antes del coche.<br/>Ella le vuelve a mirar. Él sigue con la mirada perdida.<br/>Ella calla.<br/><br/>El semáforo vuelve a ponerse en rojo.<br/>]]></description><author><![CDATA[Chema]]></author></item><item><title><![CDATA[Estrecheces y brevedades (22)]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/lacabezadechema/c_145.htm]]></link><description><![CDATA[VOLANTE<br/><br/>Un ligero mareo. La visión borrosa. Un fuerte dolor de cabeza y, quizás, una pequeña brecha. Es todo lo que tenía en el momento que apareció al volante de aquel coche. Un coche que, definitivamente no era el suyo. Por momentos ni siquiera podía recordar si sabía conducir. Por suerte se trataba de un modelo automático. Bastante trabajo le costaba acordarse de respirar como para poder prestar atención a la palanca de cambios. <br/><br/>Se sorprendió a sí mismo conduciendo a más de 100 kilómetros hora por aquel camino sinuoso, por el que circulaba (medio en penumbras) por primera vez en toda su vida. Y, de repente, también de forma automática, un volantazo le hizo salir del camino. Bajó del coche.<br/><br/>Cigarro en mano, ella le esperaba a la puerta de algún sitio que él aún no acertaba a reconocer. <br/><br/>- Hola - ella sí parecía conocerle a él - Pensaba que ya no llegabas. ¿Te dolió mucho el golpe esta vez?]]></description><author><![CDATA[Chema]]></author></item><item><title><![CDATA[Estrecheces y brevedades (21)]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/lacabezadechema/c_143.htm]]></link><description><![CDATA[ENVIDIA<br/><br/>El mismo día. La misma parada de autobús. La misma máquina expendedora. Dos chocolatinas iguales. Sacadas ambas con sólo unos segundos de diferencia. Y todo un abismo de diferencia. ¿Porqué me daba la impresión de que aquel tipo estaba comiendo el mejor manjar del mundo, y yo sólo matando el hambre hasta la hora de la comida? Tal vez sólo fuera una impresión sin más. Pero viéndole comer diría que desde el momento que la abrió no existía nada más. Que disfrutaba cada bocado como si fuera el último. O el primero. Una simple chocolatina era capaz de hacerle feliz. Sólo una chocolatina. <br/><br/>Le envidiaba. Me preguntaba en qué momento dejé de disfrutar con las pequeñas cosas. ¿Tan exigente me había vuelto con la vida? ¿A partir de qué situación decidí que sólo grandes decisiones, grandes banquetes, podían hacerme feliz? ¿Porqué quedarme esperando que ese banquete llegara, en lugar de saborear cada onza de chocolate que se me ofrece?<br/><br/>Tiré el resto sin haberla acabado. Sabía que nunca tendría respuesta a esas preguntas. Puede que ese gran banquete un día me haga el más feliz del mundo, pensé. Pero para entonces el hombre de la chocolatina habrá sido feliz durante más tiempo que yo...]]></description><author><![CDATA[Chema]]></author></item><item><title><![CDATA[Estrecheces y brevedades (20)]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/lacabezadechema/c_140.htm]]></link><description><![CDATA[MININO<br/><br/>Todos los meses la misma historia. Después de dos horas de viaje en autobús, los treinta minutos de parada y fonda se hacen eternos. Tiempo más que suficiente para desalojar una vejiga de tamaño medio, hacer una llamada de duración media-alta, hojear dos revistas de la tienda y ojear los bocatas del self service, para acabar degustando una bolsa de patatas onduladas. Y es gracias a ella que hago mi conquista del día. Al poco de haberla abierto, un gatito aparece a mi lado, y se acerca cuando le ofrezco una patata. Su ronroneo al aceptarla me resulta familiar. Es extraño, pero tengo la sensación que me recuerda del mes anterior. Me siento su amigo, su complice. Compartimos hasta el final la bolsa de patatas.<br/><br/>"Es un gato vagabundo. Se iría con cualquiera que le ofrezca unas migas."<br/><br/>"Gracias conciencia, pero me gustaba más la idea de ser alguien importante para este gato." Ignoro ese comentario y subo al autobús, mientras me pregunto si el minino seguirá allí el mes siguiente...]]></description><author><![CDATA[Chema]]></author></item><item><title><![CDATA[Estrecheces y brevedades (19)]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/lacabezadechema/c_142.htm]]></link><description><![CDATA[<br/>LEVANTARSE<br/><br/>Levantarse de nuevo. Alzar la vista. Entender que el muro que se tiene delante no supone más que unos centímetros en el camino que se quiere recorrer. Dar dos pasitos atrás. Echar a correr...<br/>¡Croc!<br/><br/>Había perdido la cuenta de las veces que lo había intentado. Las suficientes para hacer que le doliera todo el cuerpo, seguramente. Pero sabía que no había otra forma de hacerlo. O lo creía. Se volvió a levantar. Volvió a alzar la vista. Otros dos pasos atrás...<br/>¡Croc!<br/><br/>Se echó a reir. Desde varios golpes atrás había olvidado qué esperaba encontrar al otro lado. Llegado a este punto, la única forma de recordarlo era derribar el puñetero muro.<br/><br/>Levantarse de nuevo. Alzar la vista...]]></description><author><![CDATA[Chema]]></author></item><item><title><![CDATA[Estrecheces y brevedades (18)]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/lacabezadechema/c_141.htm]]></link><description><![CDATA[VOLVER<br/><br/>Una tecla. Después otra. Un par de ellas más para conseguir una palabra. Enlazarlas para que tengan algo de sentido es más difícil, pero sólo aparentemente. No se trata de que exista, se trata de que lo creas. Aquí bien podría aparecer una jirafa azul sin que nadie quedara extrañado. Pero no es ese tipo de relatos. A veces, para decir lo que se quiere no hace falta más que dos palabras. Otras, toda una vida. Y lo mejor de todo es que no hace falta nadie que lo lea, o que lo crea. El significado no está en los ojos de quién lee, sino en el corazón de quién escribe. ¿O más arriba? ¿Tal vez más abajo? Bien mirado, escribir es fácil. Volver, también. Lo complicado es recordar el camino de vuelta. ¿Y a quién le importa si nada de lo anterior tiene sentido? ¿O sí?]]></description><author><![CDATA[Chema]]></author></item><item><title><![CDATA[Conversaciones con La Cabeza]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/lacabezadechema/c_139.htm]]></link><description><![CDATA[<i>Es de noche. La oscuridad de la habitación no pronostica que nada diferente vaya a ocurrir. Pero de repente, con un gesto inquieto, una mano aparece entre la penumbra, y al poco le sigue el resplandor de un monitor de ordenador. Son las 3 de la mañana y está a punto de suceder algo terrible...<br/><br/>Chema (pensando): Vamos a ver, creo que estaba por aquí la opción... blogs punto ya punto com... puede que si toco aquí...<br/><br/>Cabeza: ¡Eh! ¿Donde vas, listo? ¿Qué te crees, que porque esté aquí medio asobiná, no me doy cuenta de lo que estás haciendo?<br/><br/>Chema: Eh? Como? Yo no estoy haciendo nada.. He entrado a... consultar la cartelera del cine.<br/><br/>Cabeza: Ya, la cartelera del cine... ¿Tú te crees que yo soy tonta, verdad?<br/><br/>Chema: Bueno, vale. Tienes razón. Iba a...<br/><br/>Cabeza: ... cerrar el blog, no?<br/><br/>Chema: Resumiendo, sí<br/><br/>Cabeza: Y no pensabas consultarme, claro<br/><br/>Chema: Ya sé lo que opinas, no necesito consultarte para que me digas que no quieres que cierre el blog, que para algo lleva tu nombre, que la mayoría de cosas las has escrito tú, que blablabla... Pero lo cierto es que tampoco me das solución. Ya no inventas historias como antes. No hace falta que te recuerde el tiempo que llevamos sin postear nada en condiciones, o el hecho de que ya no nos lee nadie.<br/><br/>Cabeza: Antes eso no te importaba. Siempre me habías dicho que este diario era para ti. Que no te importaba que lo leyeran miles, millones, o ninguna persona.<br/><br/>Chema: Sigue sin importarme. Además, sé que no hago bien en culparte. Tengo tanta parte de responsabilidad como tú en este oasis creativo.<br/><br/>Cabeza: Que bonito.. hasta haces metáforas sin mi ayuda...<br/><br/>Chema: Mantente lejos de la ironía, Cabeza<br/><br/>Cabeza: Mira, ya te he dicho mil veces lo que pienso, pero te lo voy a dejar muy clarito. Me estás dando mucho trabajo últimamente. Y no me refiero sólo a tu profesión. Esa es mi labor y la asumo. Pero hay otros temas que debes tratarlos con los órganos afectados. No me importa ayudarte, pero creo que para ciertos temas debes hablar con... otras vísceras, ya sabes.<br/><br/>Chema: Lo sé, lo sé. Sabes que siempre he confiado más en ti que en... esas "otras vísceras".<br/><br/>Cabeza: Escúchale alguna vez, te hará bien.<br/><br/>Chema: Mira, vamos a hacer una cosa. Intentaré liberarte de mis movidas más personales, a cambio de que te hagas cargo tú del chiringuito.<br/><br/>Cabeza: Me parece justo. ¿Cuándo quieres que empiece?<br/><br/>Chema: Tómate tu tiempo. Nadie está esperando que publiques, así que...<br/><br/>Cabeza: Bueno, me pongo a ello. De todas formas, ya sabes que siempre que quieras y tengas algo que contar, estarás invitado a hacerlo. Y si necesitas que te ayude a algo, no tienes más que decírmelo.<br/><br/>Chema: Trato hecho, pues. Apagaré el ordenador. Buenas noches Cabeza. Oye... ¿te he dicho alguna vez que te quiero?<br/><br/>Cabeza: Vete a tomar por culo, anda. Buenas noches.</i><br/><br/><br/>Y esta, amigo lector (si es que existes), es la historia del día en que la cabeza de Chema tomó el control absoluto de La Cabeza de Chema. Dentro de pocos días podremos ver si, efectivamente, vuelve la creatividad a este blog. Todo parece indicar que será así. Tampoco dudéis que Chema acabará apareciendo en algún rincón del blog. Puede que no sea hoy, ni tampoco mañana. Pero aparecerá. Ya sabéis que sin su Cabeza, Chema no sería nada.]]></description><author><![CDATA[Chema]]></author></item></channel></rss>
