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LA COSECHA DE LAS PALABRAS
Pan del alma la lectura
Acerca de
El placer de leer de gozar de la lectura es el propósito del autor de este blog que irá buscando aquí allá y más allá de la red post y textos de toda índole talento y gracia Quedo agradecido a los autores por la licencia que me tomo de tomar lo suyo para todos Es menester que así sea Que alguien ilumine para que los demás vean Gocemos pues de la cosecha de las palabras...
Sindicación
 
Cuentos de la tradición Sufi







« Ayunar es una forma de ahorrar en comida.
La vigilia y la oración son labores para la gente vieja.
El peregrinaje es una ocasión de hacer turismo.
Dar pan de limosna es algo para los filántropos.
Enámorate:
¡Eso es hacer algo! »
Ansari

Bahlúl el Sabio Tonto, se encontró casualmente un día con el Califa Harún al-Rashíd.
- ¿De dónde vienes así, Bahlúl? - le preguntó el gobernante.
- Del infierno - fue la pronta respuesta.
Harún, asombrado le hizo otra pregunta:
- ¿Qué estabas haciendo ahí?
Bahlúl explicó:
- Se necesitaba fuego, señor, así que pensé en ir al infierno para preguntar si les sobraba un poco. Pero el individuo que estaba a cargo ahí dijo: "No tenemos fuego aquí". Por supuesto pregunté "¿Cómo va a ser? ¿No es el infierno el lugar del fuego? Su respuesta fue: "Te digo, en verdad no hay fuego aquí abajo. Cada uno trae su propio fuego consigo cuando viene".

En completo asombro, Harún al-Rashid hizo aún otra pregunta:
- Dímelo, Bahlúl ¿qué debería yo hacer para no llevar fuego allí abajo?
Bahlúl, el Sabio Tonto, desapareció a toda prisa gritando "Justicia... justicia... justicia..."


Sheikh Muzaffer


Nasrudin, el mulah [otro sabio tonto], fallecía de hambre cuando pasó por una aldea y escuchó que un rico terrateniente agonizaba.
- Soy doctor - les dijo a los aldeanos -, llevádme a su lado.
Una vez ahí, le tomó el pulso al enfermo y pidió una comida con pasas, pan y queso de cabra frescos. Los sirvientes se la trajeron y se fueron. Nasrudin comió los alimentos y rogó a Dios por el viejo.
Justo cuando dejaba la villa, el hombre murió.
- Tu remedio resultó contraproducente - le increparon los aldeanos.
- Agradeced - replicó Nasrudin -, si no hubiese sido por mi remedio, serían dos los que hubiesen muerto.


***

Otro día Nasrudin llegó a un pequeño pueblo donde fue invitado a dar un sermón. Él, que en verdad no sabia que decir, se propuso improvisar algo y así salir del atolladero. Entró muy seguro, se paró frente a la gente, abrió las manos y dijo:
- ¿Cuántos de ustedes saben lo que tengo yo hoy que decirles?
Nadie dijo nada porque nadie tenía idea. Entonces Nasrudin dijo:
- Si ustedes vinieron hasta aquí sin saber qué es lo que yo vengo a decirles, entonces no están preparados para escucharlo - y se fue.

La gente quedó sorprendida y le dio la razón. Así que le solicitaron que diera un segundo sermón.

Nasrudin, después de mucho empeño de los que insistían, accedió. Al día siguiente regresó, se paró frente a ellos y preguntó:
- ¿Cuántos de ustedes saben lo que tengo yo hoy que decirles?
Todos levantaron la mano esta vez.
- ¡Bien! Si todos ya saben qué es lo que tengo que decirles, no veo la necesidad de repetirlo - y se volvió a ir.

La gente quedó estupefacta. "¡Brillante!", dijeron y se propusieron invitarlo una tercera vez.

Una delegación de los notables fue a ver a Nasrudin, quien dijo que no, que de ninguna manera, que él no tenia conocimientos para dar tres sermones y que, además, ya tenia que regresar a su ciudad de origen. Pero al final lograron persuadirlo y Nasrudín fue ante ellos al siguiente día por última vez.
- ¿Cuántos de ustedes saben lo que tengo yo hoy que decirles?
Esta vez la gente, puesta de acuerdo, levantó la mitad la mano y la otra mitad, no.
- ¡Maravilloso! - dijo Nasrudin - En ese caso, los que saben... cuéntenles a los que no saben - y dicho esto se fue a casa.


El sufismo es una religión mística de origen persa con raíces en el Islam, aunque hay quienes lo consideran incluso anterior a éste.

Es la religión de la inmediatez. Su filosofía es la de lo relevante en el aquí y el ahora. Son devotos de lo absurdo y detractores de los dogmas. Su búsqueda es la de la verdad que sólo se encuentra mirando adentro de uno mismo, porque nada está afuera, aunque se esté en el mundo.

Conscientes de la imposibilidad de transmitir su sabiduría mística en lenguaje común, adoptaron el uso de la parábola poética para indicar que la verdad de La Vida yace detrás de sus múltiples apariencias. Los personajes de sus historias son casi siempre los mismos maestros que han corrido siglos de aventuras. Nasrudin, por ejemplo, el malhumorado mulah, fue en la realidad un maestro que vivió en el s.XIII en Persia y que se convirtió en uno de los más típicos de los llamados "Sabios Tontos": independientes, ingeniosos, surrealistas, cuyo talento es la supervivencia, porque para sobrevivir se requiere estar atentos a La Vida.

El sufismo es rico no sólo en cuentos y parábolas, también lo es en poemas. Mawlana Jalal'ud-Din Rumi es uno de los más importantes y antiguos.


« La brisa de la mañana guarda secretos para ti
No te vayas a dormir.
Debes pedir lo que realmente quieres
No te vayas a dormir.
La gente va y viene a través del umbral
Donde los dos mundos se tocan
No te vayas a dormir. »
Rumi



El Amor es el Vino, libro en línea sobre sufismo del mismo Sheikh Muzaffer Ozak Al-Yerrahi Al-Halveti.


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Autor: Patricia Arevalo
Blog: Asakhira
http://asakhira.blogspot.com/
Fecha: 24.2.05


 
Cristina se ha vuelto loca





Cristina tiene veintiocho años y se ha vuelto loca. Luego de dos semanas sin poder digerirle las palabras, a causa del cabreo monumental que cogió por mi pequeña incursión exploratoria a lo “think & broadcast”, en la que, según ella, la traté de modo denigrante... después de dos semanas, decía, se vino a pasar el fin de semana en el piso. Me estuvo mirando a destiempo con un aire temeroso-reflexivo, cocinó mi plato preferido, me cortó las uñas de los pies y los pelitos asomados por la nariz, me sacó algunas espinillas y me aceitó los codos porque a según, los tenía resecos. Y en una de esas, cuando ya había dejado de extrañarme la situación, ¡zas!, me apuñaleó a traición mientras me bebía un café volcánico a sorbitos. ¿Sabes qué? – me dijo – creo que deberíamos formalizar lo nuestro.

Seguí sorbiendo como para disimular, pero como los hombres no podemos sorber café y pensar simultáneamente, no alcancé a fraguar una contra-defensa inteligente. Así que con ademán desenfadado le pregunté: ¿A qué te refieres con formalizar, cariño? (ese “cariño” actúa como sufijo atenuante en la mayoría de los casos) ¿Qué más va a ser, pues? respondió (ese “pues” con retintín, actúa como reproche implícito ante la ausencia de una respuesta harto evidente) formalizar... enseriarnos, completó.

La cosa más compleja que se ha inventado con el lenguaje hablado, es la metáfora afectivo-vinculante. Aunque viéndolo detenidamente, no inventamos nada, lo que hizo el homo sapien fue trasladar pelo a pelo, la intencionalidad difusa de las señas y los gestos de cuando no tenía aún desarrollado el aparato fonador, a un conjunto de frases y palabras sobre las que se espera que la contraparte haga interpretación. Es decir, lo que Cristina deseaba evaluar era si yo interpreto formalizarse y enseriarse de la misma forma que ella.

Tengo un amigo colombiano en el trabajo, y de él tomé prestado un comodín aclaratorio, que antes me ha funcionado muy bien. Dejé la tacita vacía encima del posavasos y le pregunté: Amor, ¿¡cómo así!? (ese “Amor” ya no sirve de nada ante tanta rehuída, pero bueno, lo usé por si colaba). Se incorporó serena del sofá, y mientras recogía la tacita para llevarla de vuelta a la cocina, me dejó una frase, dicha mirando hacia atrás con vocación de lapidaria. Cariño, yo te comprendo, pero deberías ir pensado en desprenderte de ese miedo al compromiso, típico de todos los hombres... y siguió, desde la cocina, con un tratado de madurez y sentido de la vida, del cual perdí la pista luego de haber entrado en shock.

¡Por la ceguera de Borges! Cómo puede decirme que le tengo miedo al compromiso, si he firmado una hipoteca con ella por los próximos treinta años y que gracias a eso, vivo una vida de riesgo limpiando cristales todos los días. Definitivamente, en el diccionario van a tener que hacer hueco para otra acepción, porque el compromiso, al menos en el protocolo de los afectos, se ha convertido más bien, en un estado de ánimo íntimamente ligado a las expectativas del ego.


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Autor: Ocatrapse
Blog: Cartas Jeroglíficas
http://www.ocatrapse.org/b2evo/blogs/
Fecha: 17/02/2005

Reflexiones, Divertimento reflexivo
 
MAMÁ YO QUIERO SABER...




Por allá, por el año 1.923, el Trío Matamoros puso de moda un Son cubano, cuya primera estrofa va así:

Mamá yo quiero saber
de dónde son los cantantes
que los encuentro galantes
y los quiero conocer
por sus trovas fascinantes
que me las quiero aprender.

Y es que en aquellos tiempos, toda muchacha de buen ver, no hacía preguntas que podían resultar inapropiadas en labios de una dama. Ese Son, no refleja más que la moral y los valores del momento.

Pero los tiempos cambian. ¡Y en qué forma!

Estaba yo, como de costumbre, sumergido en la vida de otros. Es decir, curioseaba blogs. Yo, que después del encontronazo con LITA, me creía curado en salud y libre de espantos, me ví sacudido por el planteamiento que encontré en un blog de connotada tendencia femenina: CALDERO DE BRUJAS.

En el mismo, la joven LEANAN plantea a los 4 vientos una inquietud. Es algo que la intriga. Al parecer, no sólo le quita el sueño, sino también el apetito. De comida, se entiende.

La verdad, me resulta difícil decirlo. Me corto todo. Nuestra LEANAN quiere saber...¡caramba! ¿cómo decirlo? Bueno, voy a tener que recurrir a la sabiduría de mi abuela. Una mujer analfabeta, pero con Magíster y PhD. en las cosas de la vida. Mi abuela diría que lo que LEANAN quiere saber es: ¿por qué los hombres son... bolicheros?

Acudí pues al oráculo de Itaca y le dije:

- tú, que eres conocida por tu alto pensamiento y limpia emoción, dime por favor, ¿qué atormenta a las dueñas de este blog?

A lo que MALÉFICA respondió, con un no disimulado mohín:

-“se ve que estas mozas, todavía no han compartido lecho con mancebo”. (sic)

Este...bueno. Yo sé perfectamente el peso, por no decir el valor, que tiene la palabra de MALÉFICA en VENEBLOGS. Pero hay cosas que...Allá por los años de 1.925, García Lorca, recitaba con elegancia (en su Romancero Gitano) la desventura, de la ya difícil empresa, de conseguir doncella:

Y yo me la llevé al río
creyendo que era mozuela
pero tenía marío.

Pero, debemos tener presente que: De todo hay en la Viña del Señor. Recordemos que en VENEBLOGS tenemos EL BLOG DE UNA VIRGEN. ¿Por qué, no podemos tener entonces, un grupo de brujas con “caldero” no contaminado?


A decir verdad, MALÉFICA tiene razón. Toda mujer, descubre con estupor (después de la luna de miel) lo allegados y bien avenidos que resultan ser, su esposo y la “caja de herramientas” de él. A partir de ese momento, la cónyuge desarrolla un maniático y exagerado control por la higiene. Si su esposo intenta abrir el refrigerador, ella le espetará: -¿te lavaste las manos? Si va a acariciar al perrito de ella (malditas las ganas) que más parece un felpudo: -¿te lavaste las manos? Si va y se antoja de ponerse cariñoso con ella: -¿te lavaste las manos?

Otra de las facetas, que la nueva desposada descubrirá en su cónyuge, es la fuerte dependencia que tiene el hombre de “su herramental” para lograr mantener una rica y fluida comunicación conyugal. Veamos el siguiente ejemplo, de todos conocido:

Noche del jueves. Juego de béisbol en la TV. El señor de la casa se encuentra en shorts, cómodamente sentado en el sillón reclinable. Es el ciere del noveno. Hay 2 outs en la pizarra, las bases están llenas y el bateador de turno está en 3 y 2.

-Mi amor, dice su media naranja, ¿te puedo hacer una pregunta? (¿acaso no es eso ya, una pregunta?)

-Sí, responde él nerviosamente, dando lugar al primer toque de bola personal. Ojo, no del juego.

-¿Te acuerdas de Yaritza? Dice su mujercita.

-Sí, responde él rápidamente, previo tanteo de la ubicación de sus corotos, y sin importarle o tener la más remota idea de la mentada Yaritza.

-Chico, dice su intuitiva esposa, la hija de la señora Mercedes que vive al final de la calle.

-Sí...sí, nueva respuesta evasiva, con apoyo emocional de su preciado equipo. Ojo, el propio. No el del juego.

Entre toque y toque de bola, tanto por el cónyuge, como por el juego de béisbol, transcurrirá la conversación. ¿El resultado? Bueno...el juego terminará, sin que nuestro amigo sepa quién ganó el partido. Como si fuera poco, le aparecerá una horrible irritación cutánea, a nivel del escroto.

Todo profesional de la dermatología, sabe muy bien, que detrás del prurito genital de un hombre casado, se encuentra oculta una parlanchina y (en extremo) preguntona esposa.


Llegarán los niños y la nueva madre verá como los bebes varoncitos pasan todo el día con el “pirulín” en la mano. Ella se lo achacará a lo que los psicólogos han dado en llamar la fase exploratoria anal. Pero, pasará el tiempo y la madre descubrirá horrorizada que eso de la fase anal era un bodrio. El niño (al cual ya no le va esa denominación) llegará y, en el lugar más inadecuado y en el momento más inoportuno, hará gala del dominio de su habilidad motora fina.

Les voy a ser sinceros: el planteamiento de LEANAN, no encierra mas que una situación de envidia o exacerbado complejo por los genitales masculinos. Sí.

A las mujeres les choca que el hombre no tenga la necesidad de agacharse para hacer pipí. O que, llegado el caso, puedan hacerlo en una botella de las del Oso Pedroso. Les molesta, sobremanera, que no tengan un refrán (para hablar de la hermandad del gremio femenino) como aquel de los hombres, que ilustrativa y pedagógicamente señala que: “entre bomberos no se pisa la manguera”

A las mujeres les resulta insoportable que nuestro, bueno...que el Presidente hable en términos beisbolísticos. ¿Razón? Bueno, es que cuando Radio Prestao’ arranca con su monserga, las féminas se imaginan al catcher, agachado, manoseándose las entrepiernas en todas las formas habidas y por haber, y encima, al camarógrafo de TV desesperado por hacer close up (toma cerrada, que le dicen) sobre esa zona tan masculina y personal.


Y si creen que lo que digo no es verdad, me tomo la libertad de citar al poeta del pueblo venezolano: Andrés Eloy Blanco. El padre de Juan Bimba.

En la época de Rómulo Gallegos le tocó ser diputado por “el partido del pueblo”. Si...si, el populismo no es un fenómeno de hoy en día. Ya existía desde hace décadas. Decía..., que siendo Andrés Eloy diputado por AD, dio en ensayar unos versos en donde se hacía mención al carácter godo (por ser blancos, y solventes económicamente, en su mayoría) de los copeyanos, en contraposición al carácter “popular” de AD.
No recuerdo en qué momento, ni dónde fue que los dijo, pero los mismos van así:

Dos cosas que son un fiasco
y que jamás habrás de ver:
mujer orinando en frasco
y negro inscrito en COPEY.


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Autor: Kbulla
Blog: KBULLA
http://kbulla.blogspot.com/
fecha: martes, febrero 15, 2005



 
El viaje



el viaje
yo era la partida y el destino
y
el ayahuasca era el camino
partimos tarde por la noche
con los perfectos cánticos de aquel hombre pequeño
protegiendo la travesía,
primero fueron las luces y los brillos,
la sensación desagradable de despegar a la velocidad de la luz,
me abrí de tajo el pecho,
y solo me quedó rebuscar,
trozos desperdigados,
mi propia historia,
cuando llegué
me encontré con un desierto
amplio y sanador,
mi viaje recién empezaba
y
sentia mis dedos penetrar mi carne,
me encontré contigo,
te abracé,
te hablé,
nos perdonamos las ausencias,
nunca me sentí tan bien
y en armonía con las cosas,
yo era las cosas,
las piezas del rompecabezas
reordenandose a lo largo de la noche,
la mañana
me pescó
hablando sola en la sala.

el viaje había terminado.

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Autor: hope
Blog: Rebotes en mi habitación
http://malditaflorecita.blogspot.com/
Fecha: Friday, February 04, 2005


 
La escritura de Bohumil Hrabal





Me enamoré de la escritura de Bohumil Hrabal cuando leí Una soledad demasiado ruidosa de la que ya les platiqué hace unos meses, en julio del año pasado para ser precisa (¿recuerdan al sensible Hanta, el prensador de libros?), y ahora he terminado Yo que he servido al rey de Inglaterra y no puedo más que reiterar que es un extraordinario escritor que parece conocer tan bien la condición humana que al ir leyéndolo se estremece nuestro ser. Para mí esta es literatura justamente, en todo lo que esta palabra significa. En Hrabal los argumentos toman vida, desde la primera página logra introducirnos a lo entrañable de lo que narra, es como si caminaramos junto a Ditie, el joven protagonista, y gozáramos de lo que goza y sufrieramos con él los momentos difíciles que vive (son los años antes de la Segunda Guerra Mundial). Mucho me gustaría hablar de lo que percibo en este autor, podría escribir hojas y hojas intentando describirlo desde mi ángulo de fascinación por su obra, les puedo asegurar que si a alguien no le gusta la literatura y lee a este autor, nunca dejaría ya de leer. Si no lo han leído, léanlo por favor, en verdad que es un autor para sentirse, y si ya lo leyeron ojalá que nos dieran su opinión para aprender más sobre Bohumil Hrabal. Les daré un ejemplo, Ditie es un jovencito, un "pequeño aprendiz de camarero" en un hotel checo que nos cuenta su vida. Va por primera vez a Casa Paraíso (junta dinero cada semana para poder ir), una casa donde hay prostitutas y elige a una chica rubia. Están en su habitación:


[...] cuando estaba tendido desnudo y miraba el techo, la rubia acostada a mi lado, mirando igualmente el techo, de buenas a primeras me levanté y saqué del florero una peonía y quitándole los pétalos, cubrí el vientre de la señorita, todo él, aquello era tan hermoso que me sorprendí y la señorita se levantaba y miraba también su propio vientre, pero las peonías se caían, así que la volví acostar tiernamente, para que quedase tendida, y fui a coger un espejo colgado de una escarpia y lo puse de tal manera que la señorita pudiese ver qué hermoso era su vientre decorado con los pétalos de peonías, le dije que sería hermoso, que siempre que viniese y hubiera flores a mano, le cubriría la tripita con ellas, y ella dijo que esto aún no le había sucedido nunca, semejante honor a su belleza, y me dijo también que se había enamorado de mí por aquellas flores y yo le dije que sería hermoso que, cuando en Navidades cortase ramitas de abeto, le cubriese la tripita con aquellas ramitas, y ella dijo que sería más hermoso si le decorase el vientre con muérdago, pero que lo mejor de todo sería, y esto lo tenía que encargar, que hubiese un espejo colgado desde el techo justo sobre el canapé, para que nos viésemos acostados, sobre todo ella, para que pudiera contemplar qué hermosa es cuando está desnuda con la corona de flores en torno al conejito, corona de flores que variaría según las estaciones del año y las flores típicas de cada mes, qué hermoso sería cuando más adelante la cubriera con margaritas y lagrimitas de la Virgen María, crisantemos y dalias y también con hojas de colores otoñales... y entonces yo me levanté y la abracé y me sentía grande [...] comprendí que con dinero no sólo puede adquirirse una bella muchacha, sino que con dinero también es posible comprar poesía.


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Autor: Magda
Blog: El blog de Magda
http://magdadm.blogspot.com/
fecha: martes, febrero 08, 2005

 
Me engañas con el tabaco





Sueño con el día en que, cuando estoy contigo, se te olvide que el tabaco existe. Que tu síndrome de abstinencia sea el anhelo de mis besos, ¡y no otro! Que tus venas no precisen cigarrillos. Que mi saliva sea el antídoto de ese cáncer que te estás metiendo. Que tus pulmones me respiren a todas horas. Que mi olor de hombre te distraiga del hollín alquitranado. Que no quieras nicotina sino la miel embriagadora de mi boca. Que no busques sucedáneos. Que no me traiciones, quemando instantes con pitillos. Porque te quiero viva. Y cuando, por ese absurdo placer del humo, flirteas con la muerte, me dices: "me estoy odiando". Me dices: "ya no te quiero".

Y yo, que ya no soporto el tabaco, que lo he visto matar a más de uno, no obstante sigo muriéndome por tus huesos.

Ven, que quiero desbordar tu boca con el sabor de mi beso.




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Autor: Eros.
Blog: Ardibeltza
http://ardibeltza.blogia.com/
fecha: 06/02/2005


 
Epílogo



Mi nombre es Claudia, tengo 25 años y escribo.

Hace no sé cuanto ya, empecé a escribir este diario un día cualquiera de agosto como un intento inocente de contar algunas cosas mías (hayan sido reales o no, todo lo contado aquí han sido cosas mías).

Pero a la larga esto pasó de ser inocente a convertirse en tinta vertida con malicia, con premeditación y alevosía, a sentarme frente a un folio en blanco e incendiarlo o llenarlo de golpes, o de guiños y saliva, esto entonces pasó a ser el lugar donde cometí crímenes perfectos y resucité muertos, doble cucharas, redimí asesinos; aquí he sido juez y parte, he sido exhibicionista y a la vez he visto por los ojos de la cerradura; he sido yo, he sido nadie, he sido dios y he sido una línea finísma de tinta en medio de mis propios borrones.

Escribir aquí ha sido una experiencia que disfruté mucho y alguna vez, al final y sin querer, (como todo lo bonito) resultó siendo algo que me ha servido tanto, casi como hacer un hoyo en el suelo y dar un grito de dolor o de desesperación, pero al fin y al cabo un grito al vacío, un grito como tantos que vuelan a nuestro alrederor a cada instante (recuerdo que una vez escribí sobre los gritos y era yo quien gritaba entonces).

Al escribir un diario -de ficción pero también con páginas de mucha realidad- he podido decir verdades a secas, pero también he mentido, he escrito entre líneas pero también he escrito las cosas clarísimas sin fondo ni revés.

Como esté epílogo: clarísimo, sincero, abierto, sin temblor en las letras, el primero que escribo yo misma, Claudia y no vesania.

Yo.

Cerrar este blog fue un portazo.

No pensé cerrarlo. De hecho lo dejé en hibernación pues pensaba escribir otra vez al volver de unas vacaciones las cuales esperaba que fuesen como cualquier otra.

Pero debí saber que no sería así.

Cada vez que hago un viaje, veo las cosas desde otra perspectiva, se me cambian mis propios esquemas personales, a veces llego convertida en otra persona, alguien a quien miro en el espejo y no reconozco o que quizás empiezo a reconocer y a meterme en su piel y de pronto soy yo la del espejo y dejo de ser la del otro lado. Quizás así fue cuando un buen día en mi adolescencia empecé a ser vesania y empecé a escribir.

Hacer un viaje es remover cajitas de recuerdos, de cristales rotos, de olores de madrugadas, de insomnios, hacer un viajes es vaciar esas cajitas, llenarse de otros nuevos, es un movimiento constante de todo a la vez, como todo viaje lo es en si mismo.

Embarcarte, hacer escalas, esperar, atravesar pasillos, volar, hacer maletas, despedirte, deshacer maletas, aterrizar.

Así pues me he movido por los aeropuertos de mi alma, me he deslizado por los pasillos del olvido, he hecho las maletas del reencuentro y he deshecho las maletas de la tristeza, he hecho escalas en la sorpresa, el impacto, la alegría intensa y me he saltado el control de la inmigración de mis pasiones más profundas e ilegales cruzando fronteras clandestinas y de paso, me he movido de un lado a otro, me he sentado en salas de espera con personajes que me han marcado, y he perdido el vuelo de la esperanza y por eso me he cansado y me he quedado hecha polvo pues me he despedido de pedazos de mi alma que se quedaron en tantas partes y en tantas piezas.

Por eso he dado un portazo. Un portazo no de salida, sino de llegada a la nada.

He volado muy alto, pero también he aterrizado, de esto hace no mucho y he tocado fondo.

Así, este último viaje caótico me cambió la mirada, la voz, el pulso, me cambió los adjetivos, el ritmo, las horas, el acento, me cambió hasta por un momento el color de mi tinta y las palabras.

Sin embargo sigo siendo la misma, la misma que escribía aquí.

Siento de la misma manera, hago las mismas cosas, tengo la misma vida, sigo tomando café en las mañanas y leyendo el periódico y pierdo la misma línea del autobus donde aún el chofer no me saluda pero ya me conoce.

Portazos he dado miles en mi vida. Me he ido de tantos lugares y tantas veces, algunas sonriente y sin equipaje otras hecha trizas y triste arrastrando toneladas de todo y de nada, pero cada vez que me he ido de algun lugar, cada vez que he cerrado una puerta, siempre he abierto otra nueva.

Así vengo viviendo de un tiempo a esta parte.

Decidí escribir este epílogo, esta noche y de pronto al volver tarde de ninguna parte; cuando releí algunas palabras dejadas a raíz del portazo que dí hace días–con el grito de Alberti- en este sitio, esas sus palabras las que releí hoy sólo las pude entender de una manera distinta: las sentí tan cercanas a pesar de las pantallas, las distancias, las ficciones y los anonimatos.

Este epílogo va para todos aquellos que me han venido leyendo, que me han dejado algunas palabras, visibles o invisibles, para todos aquellos que me ha hecho preguntas en voz alta o en silencio, este epílogo es una respuesta para todos ustedes.

Y este epílogo es también una respuesta a mis propios silencios.

Gracias.

Y ahora sí cierro esta puerta definitivamente y dejo abierta esta otra...
sábado, febrero 12, 2005
Epílogo
Mi nombre es Claudia, tengo 25 años y escribo.

Hace no sé cuanto ya, empecé a escribir este diario un día cualquiera de agosto como un intento inocente de contar algunas cosas mías (hayan sido reales o no, todo lo contado aquí han sido cosas mías).

Pero a la larga esto pasó de ser inocente a convertirse en tinta vertida con malicia, con premeditación y alevosía, a sentarme frente a un folio en blanco e incendiarlo o llenarlo de golpes, o de guiños y saliva, esto entonces pasó a ser el lugar donde cometí crímenes perfectos y resucité muertos, doble cucharas, redimí asesinos; aquí he sido juez y parte, he sido exhibicionista y a la vez he visto por los ojos de la cerradura; he sido yo, he sido nadie, he sido dios y he sido una línea finísma de tinta en medio de mis propios borrones.

Escribir aquí ha sido una experiencia que disfruté mucho y alguna vez, al final y sin querer, (como todo lo bonito) resultó siendo algo que me ha servido tanto, casi como hacer un hoyo en el suelo y dar un grito de dolor o de desesperación, pero al fin y al cabo un grito al vacío, un grito como tantos que vuelan a nuestro alrederor a cada instante (recuerdo que una vez escribí sobre los gritos y era yo quien gritaba entonces).

Al escribir un diario -de ficción pero también con páginas de mucha realidad- he podido decir verdades a secas, pero también he mentido, he escrito entre líneas pero también he escrito las cosas clarísimas sin fondo ni revés.

Como esté epílogo: clarísimo, sincero, abierto, sin temblor en las letras, el primero que escribo yo misma, Claudia y no vesania.

Yo.

Cerrar este blog fue un portazo.

No pensé cerrarlo. De hecho lo dejé en hibernación pues pensaba escribir otra vez al volver de unas vacaciones las cuales esperaba que fuesen como cualquier otra.

Pero debí saber que no sería así.

Cada vez que hago un viaje, veo las cosas desde otra perspectiva, se me cambian mis propios esquemas personales, a veces llego convertida en otra persona, alguien a quien miro en el espejo y no reconozco o que quizás empiezo a reconocer y a meterme en su piel y de pronto soy yo la del espejo y dejo de ser la del otro lado. Quizás así fue cuando un buen día en mi adolescencia empecé a ser vesania y empecé a escribir.

Hacer un viaje es remover cajitas de recuerdos, de cristales rotos, de olores de madrugadas, de insomnios, hacer un viajes es vaciar esas cajitas, llenarse de otros nuevos, es un movimiento constante de todo a la vez, como todo viaje lo es en si mismo.

Embarcarte, hacer escalas, esperar, atravesar pasillos, volar, hacer maletas, despedirte, deshacer maletas, aterrizar.

Así pues me he movido por los aeropuertos de mi alma, me he deslizado por los pasillos del olvido, he hecho las maletas del reencuentro y he deshecho las maletas de la tristeza, he hecho escalas en la sorpresa, el impacto, la alegría intensa y me he saltado el control de la inmigración de mis pasiones más profundas e ilegales cruzando fronteras clandestinas y de paso, me he movido de un lado a otro, me he sentado en salas de espera con personajes que me han marcado, y he perdido el vuelo de la esperanza y por eso me he cansado y me he quedado hecha polvo pues me he despedido de pedazos de mi alma que se quedaron en tantas partes y en tantas piezas.

Por eso he dado un portazo. Un portazo no de salida, sino de llegada a la nada.

He volado muy alto, pero también he aterrizado, de esto hace no mucho y he tocado fondo.

Así, este último viaje caótico me cambió la mirada, la voz, el pulso, me cambió los adjetivos, el ritmo, las horas, el acento, me cambió hasta por un momento el color de mi tinta y las palabras.

Sin embargo sigo siendo la misma, la misma que escribía aquí.

Siento de la misma manera, hago las mismas cosas, tengo la misma vida, sigo tomando café en las mañanas y leyendo el periódico y pierdo la misma línea del autobus donde aún el chofer no me saluda pero ya me conoce.

Portazos he dado miles en mi vida. Me he ido de tantos lugares y tantas veces, algunas sonriente y sin equipaje otras hecha trizas y triste arrastrando toneladas de todo y de nada, pero cada vez que me he ido de algun lugar, cada vez que he cerrado una puerta, siempre he abierto otra nueva.

Así vengo viviendo de un tiempo a esta parte.

Decidí escribir este epílogo, esta noche y de pronto al volver tarde de ninguna parte; cuando releí algunas palabras dejadas a raíz del portazo que dí hace días–con el grito de Alberti- en este sitio, esas sus palabras las que releí hoy sólo las pude entender de una manera distinta: las sentí tan cercanas a pesar de las pantallas, las distancias, las ficciones y los anonimatos.

Este epílogo va para todos aquellos que me han venido leyendo, que me han dejado algunas palabras, visibles o invisibles, para todos aquellos que me ha hecho preguntas en voz alta o en silencio, este epílogo es una respuesta para todos ustedes.

Y este epílogo es también una respuesta a mis propios silencios.

Gracias.

Y ahora sí cierro esta puerta definitivamente y dejo abierta esta otra...
http://septimamadrugada.blogspot.com


Autor: Vesania
Blog: Aqui cabe toda la Vesania
http://vesania.blogspot.com
sábado, febrero 12, 2005

 
Adusta 2




En Japón, entre los 20 y 30 años te tienes que casar. Tienes que aportar a la sociedad por lo menos dos hijos (para que luego tomen tu lugar). Debes trabajar 25 años para poder jubilarte y durante ese tiempo tu sudor mantiene funcionando el sistema con la obligatoriedad de tus impuestos. Ocho, diez, doce... de las veinticuatro horas que tiene el día, discurren en una oficina o en una fábrica. El resto se reparte entre tu casa, tu mujer, tus hijos, el bar, el karaoke, los amigos, la amante, la puta, el sake y las cervezas. Para el rubro alcohol, tabaco y diversión destinas religiosamente el 5 por ciento de tu salario anual. Eso quiere decir que vives tapando huecos y pagando tarjetas de crédito. Vives (¿o te viven?) al día sin saber que cinco, diez, veinte años se pasan volando. Hasta que un día llegas a casa y te encuentras con una mujer que te mira como te mira ella (ver ilustración) y sólo entonces te das cuenta de que ella existe y que es tu compañera de toda la vida.




Autor: Takeshi
Blog: EGAKU, de dibujos e ilustraciones.
www.egaku.blogspot.com/
11/02/2005.
 
abecedario




Los aviones de papel aterrizan en la papelera mientras crecen mis ganas de conocer el último verso que duerme entre los pliegues de tu bufanda. Necesitamos un tendedero sin cuerdas y unas tijeras con la punta redonda, hojas sueltas de un calendario antiguo y una estrella que nos quepa en el bolsillo junto a tu mano y la mía. La tarde suena a carpetas amontonadas y caramelos flotando en una taza de café. Tu mano transmitiendo información a la mía a través de un centímetro de aire y preguntas sin respuesta. Recuérdame cada promesa que no voy a romper. Pídeme que te rapte y huyamos a ese bar en el que la última ronda es siempre gratis, al banco bajo el árbol de todos los inviernos de mi vida. Todavía no ha empezado a nevar y ya me apago sin ti; nunca entendí la lógica que encierra tu forma de aparecer en cada pequeña escena, como un marcapáginas en ese libro que tuvo demasiadas visitas y segundas oportunidades. Tengo una caja vacía de cuentos que contarte; cuando quieras regalarme consonantes, pídeme a cambio una vocal.


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Texto de jesus
Blog: Abismo de tus labios
http://abismodetuslabios.blogspot.com/
Fecha:Nov iembre, 22 , 2004
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SOBRE LA ACERA



Ocurrió esta tarde, a las 15.45 aproximadamente. Giré la calle hacia Paseo de Gracia y... lo vi todo. Una chica joven, de pelo largo, delgada, yacía sobre la acera.
Será un desmayo, pensé. Pero pronto vi el revuelo de gente alrededor, que a su vez, miraban hacia las ventanas del edificio más cercano. Confirmado, esa chica, había decidido acabar hoy con su vida. Se había lanzado desde lo alto del edificio.
Pronto llegaron ambulancias, polícia, enfermeros pero... ya no había nada que hacer .
Y yo mientras, allí, un poco ajena a todo pero la vez asustada, preguntándome qué es lo que puede llevar a una persona a ese extremo, a acabar con todo, a no querer saber nada más de nadie y de nada.
Muchas cosas se me han pasado por la cabeza en ese momento y durante toda la tarde: su familia, sus amigos, la gente que la quería, ella misma.
Y pensar que este hecho ocurre a diario en cualquier parte del mundo me estremece, y no lo entiendo, o no lo quiero entender.
Ella descansa, yo sigo con mi vida, que a veces no valoro, que a veces no vivo.
Hoy he sentido más que nunca unas ganas locas de vivir.


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Texto de TIRITA
Blog: La espuma de los días
http://pupitas.blogspot.com/
Fecha: Noviembre, 11, 2004
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REINAS DEL ABISMO




El 25 de octubre de 1938, ALFONSINA STORNIPocos días antes de su muerte escribió "Voy a dormir", con aquel premonitorio "Voy a dormir, nodriza mía, acuéstame", que terminaba así:
... Gracias. Ah, un encargo:
si él llama nuevamente por teléfono
le dices que no insista, que he salido...
A principios de 1941, el estado mental de VIRGINIA WOOLF era tan precario que Leonard, su marido, decidió sacarla de Londres e instalarla en su casa de Rodmell.
El 29 de marzo de 1941 Virginia sale a dar un paseo hasta la orilla del río Ouse, se llena los bolsillos de piedras y se adentra en el agua para provocar, como le dijo una vez a su amiga Vita Sackville-West, "la única experiencia que nunca podré escribir".
La muerte del padre de SYLVIA PLATHDos meses después de cumplir los 30 años, el 11 de febrero de 1963, Sylvia Plath deja a sus dos pequeños hijos -de tres y un año- dormidos, mete la cabeza en el horno y enciende el gas.
Su último poema, 'Límite', comienza así:
"La mujer alcanzó la perfección.
Su cuerpo muerto muestra una sonrisa de realización
Desde muy joven, ALEJANDRA PIZARNIKEl 25 de septiembre de 1972, la autora de "Extracción de la piedra de locura", mientras pasa un fin de semana fuera de la clínica psiquiátrica donde está internada, se toma cincuenta pastillas de Seconal.
Pocos días antes había escrito:
"Camina silenciosa hacia la profundidad
la hija de los reyes."


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Texto de bryda.
Blog: Hay cosas más imposibles
http://blogs.ya.com/tengoqueolvidarte/
Fecha: Diciembre, 02 , 2004
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Soltero Mesías


Me imagino a Jesucristo con su iluminación y tal. Que descubre a dios en todas las cosas y el amor para todo el mundo. Y un buen día necesita focalizar su amor en una persona. Y esa persona resulta ser de puta madre. Y al poco, para que su relación prospere resulta que tiene que renunciar a la contemplación de dios en las briznas de hierba y su amor por todo el mundo. Y resulta que le resulta imposible ya que le pueden dar latigazos pero sin su dios en la hierba pierde su fe. Así que finalmente le da un beso en la frente a su pareja y sigue su camino.
Por eso los mesías son tan solteros.


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Texto de La vida de los gorilas.
Blog: La vida de los gorilas.
http://www.lavidadelosgorilas.org/
Fecha: Diciembre, 02, 2004
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Insecto


Me siento muy insecto. Y sobre todo, cuando me mira mi perro. Porque se sienta y observa. Y su mirada transmite un tipo de cariño piadoso, como el que le produce a uno ver a una mariposa seca, atravesada con un alfiler, y aislada por un cristal. Me mira pero no me entiende. Y, la verdad, prefiero que no lo haga. Que mantenga esa relación de perro-insecto que tenemos ya desde hace tanto tiempo. No vayamos a meternos en problemas intentando comprendernos.


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Texto de almu
Blog:La coctelera (AMQS)
http://www.lacoctelera.com/amqs/
Fecha: Noviembre, 26, 2004
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Diez segundos



No soportaba a la persona Cela, pero adoraba al escritor Cela.

Y uno se para a pensar: Pero… ¿Es que no son la misma persona? ¿Qué diferencia hay entre el viejo que hablaba en televisión y el viejo que hablaba en las páginas de los libros?

La diferencia son diez segundos para pensar.

Dime la verdad, ¿cuánto tiempo piensas lo que vas a decir? Tú y yo sabemos como funciona esto de las conversaciones. Alguien te habla y tu cerebro responde. No tú, sino él. Hablar es un acto reflejo. Odio cuando la gente dice: “¡Es que habla sin pensar!”. ¿Acaso alguien habla pensando? Cela era encantador, pero sus reflejos eran groseros.

Yo soy la persona que va diez segundos por detrás del cretino que parezco. Sí, quizá yo también sea un cretino, pero es seguro que somos cretinos diferentes.

Ojalá pudiera hablar en persona con alguien… Pero no puedo. Alguna vez, cuando alguien me hace una pregunta, le digo a mis reflejos: “Esperad, dadme diez segundos, dejadme contestar a mí”. Mis reflejos son obedientes y me conceden esa petición, pero no ocurre lo mismo con mi interlocutor. Nadie te da más de cinco segundos para contestar. Nadie comprende mi latencia.

Al final, los reflejos toman el control de nuevo, con una sonrisilla despectiva, como diciendo: “Ay, anciano lánguido, tú dedícate a escribir, que es lo tuyo. Yo me encargo del parloteo.”

Yo solo digo la primera frase, las demás no son mías. No me las tengáis en cuenta.

(Porcentaje de realidad: 95%)

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Texto de Alber
Blog: El malvado ventrílocuo de Saint Olaf
http://alberdigital.blogspot.com/
Fecha: Diciembre, 04, 2004
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Descascarado




Hace unos días, lavándome las manos luego de colocar los platos sucios en el lavavajillas, descubrí que a un costado de mi dedo pulgar derecho se levantaba un pequeño trozo de piel. Al examinar de cerca la herida, noté que por debajo del pellejo no se asomaba la carne viva que era de esperar, sino otra capa de piel, oscura y bruñida. Intenté revelar algo más y comprobé, con más curiosidad que horror, que podía desollarme en largas tiras indoloras. En menos de cinco minutos, con los jirones de mi urbanamente occidental aspecto acumulados a mi alrededor como aserrín, el espejo me devolvía la imagen de un aviezo cazador tutsi, de ojos vivaces y grandes manos, experto en atrapar antílopes y cebras en la zona de los grandes lagos africanos.

Esta nueva apariencia resultó tan fácil de desprender como la original. Sucesivos descascaramientos fueron revelando otras encarnaciones ocultas: un campesino griego de principios del siglo veinte, un esquimal muy ducho en el arte de construir cómodos iglúes, un herrero en la selva negra alemana, un pescador de la Polinesia. De hecho, me siento a escribir estas líneas en la piel de un guerrero maya ataviado con sus mejores ropajes de batalla y mancho el teclado con la sangre de un malogrado conquistador europeo.

Tal parece que el encargado de mis resurreciones resultó ser un vago irrecuperable que prefiere ahorrar tiempo y simplemente pintar por encima, en lugar de lijar a conciencia y arrancar de cero. Será cuestión de resignarme al inevitable destino de un karma berreta.

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Texto de Amor Entintado
Blog: Amor Entintado
http://amorentintado.blogspot.com/
Fecha: Noviembre, 1, 2004
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Ayyy, esos besos limeños...



Aveces no entiendo xq le dan tanta importancia a un beso.
Un beso es un beso.
Estoy de acuerdo en que si está bien dado y coordinado,
no hay nada mejor y se puede volver una completa adicción.
Pero, ¿otorgarle tanto poder?
¿A qué se debe esta obsesión limeña por el beso?
Que si besas cuando te provoca, te hacen fama de puta,
que si besas antes de tiempo, puedes echar todo a perder.
Pero la verdad que yo jamás entendi cual era el momento justo,
creo que nunca encontré el timing perfecto...
¿será por eso que ninguna de mis relaciones ha durado? ja!
¿Xq tanto shock, tanto chisme, tanta gloria después de un beso?
Que no daría yo por regalar mis besos al que los necesite y
que me inviten los que yo pida.
Ayyy...un beso es un beso y punto!!!
Y si es sólo un beso lo que buscabas, perfecto,
entonces estoy feliz de habértelo regalado!
Pero...¿estás seguro que no quieres otro?


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Texto de Blackbird
Blog: Broken Wings
http://askmewhy.blogspot.com/
Fecha: Septiembre, 9, 2004.
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todo el mundo cambia historias




Piensa en una historia. Cualquier historia. Alegre o triste, real o ficticia, que acabe bien o mal, eso no importa. Que no sea ni larga ni corta, longitud media. Y cuando ya la tengas, intenta transmitirla en cadena: tú la contarás a una persona, ésta a otra y así sucesivamente, hasta pasar por cinco personas. Interroga a la quinta persona sobre la historia, y verás como, irremediablemente, ha cambiado algo. Puede que los cambios sean pequeños, casi imperceptibles: algún personaje, situación, o alguna palabra. Pero también puede que el cambio sea más significativo: un nuevo sentido a la historia, un giro inesperado o un final totalmente diferente. Sí, lo sé, te parecerá una tontería, o te recordará a algún juego infantil. Pero lo cierto es que esto pasa todos los días en todas partes, cientos, miles, millones de veces.


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Texto de gasord
Blog: Every time closer: Cada vez más cerca
http://legasord.blogspot.com/
Fecha: Noviembre, 29, 2004.
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Tal vez
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Escrito por este que escribe hace mucho tiempo, texto rosa y dulzón no apto para diabeticos. (Andérez)
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Tal vez no te dije todo lo que necesitabas oír y por eso te enfadaste. Tal vez te dije cosas que no debías saber y por eso me odiaste. Tal vez te pedí perdón sin sentirlo y tal vez fue demasiado tarde. Tal vez si hubiera aprendido la lección a la primera no me hubieras abandonado dando un portazo. Tal vez si hubiera salido a la calle a detenerte no hubieras cogido el coche. Tal vez si hubiera conducido yo no te habrías encontrado con un coche en dirección contraria por la autovía. Tal vez si te hubiera querido lo suficiente seguirías viva. Tal vez.


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Texto de Andérez
Blog: Experimentos blog
http://www.experimentos.tk/
Fecha: Diciembre, 1, 2004
 
¿De dónde somos?


Vamos a ver si queda claro lo que somos.Si decimos "España", el pais vasco y los catalanes se quieren salir (que desde el Barça-Madrid catalonia is not spain); si decimos "la península ibérica", metemos a Portugal y a los monos de gibraltar y dejas fuera a las islas, Ceuta y Melilla;si decimos "los castellanoparlantes" metemos a media sudamérica y dejamos fuera a los extranjeros.Total, que no sabemos qué decir para quedar todos definidos y que todos estén contentos (lo cual es imposible porque para gustos, colores).

Pues yo me quedo con mi propia definición: soy de mi padre y de mi madre, mi patria empieza en mi cabeza y acaba en mis pies y lo demás es hablar por hablar.Así que la vida consiste en conquistar otras patrias y hacer que nazcan hijos (también llamados compatriotas).
A todos esos nacionalistas del lugar que sea les digo esto.Si cuando estabas en la cola de nacimientos tu destino hubiera sido siberia seguro que no pedías independencia para nadie, así que déjate de historias y dame cáliz on the rocks.

Todo viene por el complejo de inferioridad que tienen los catalanes ante los madrileños que con eso de ser la capital de España son engreidos, chulos y egocéntricos.Si se hubiera quedado la capital en Toledo estarían más callados.
Y ya vale que odio hablar de política.

Hoy estoy: Confuso

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Texto de Julio
Blog: Paradas de cerebro
http://paradasdecerebro.blogspot.com/
Fecha: Noviembre, 24, 2004.
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El teósofo inexistente



Si Hubbert Spandau hubiera existido y vivido en el siglo XVIII seguramente habría formulado su teoría sobre el alma y la mente. Spandau habría dicho que el alma humana viaja a través del tiempo, que cuando recordamos no hacemos sino viajar mentalmente al pasado y que nuestra mayor o menor capacidad para hacerlo es la razón de que nuestros recuerdos sean más o menos claros; que cuando imaginamos nuestros futuro realmente oteamos nuestra infinidad de futuros posibles, y que aquellos con muchísima capacidad para hacerlo han sido llamados profetas y videntes en tiempos pasados.

Si Hubbert Spandau hubiese existido, hoy seguramente me habría encontrado por primera vez con esa teoría y hoy la habría considerado cierta, al menos secreta e internamente. Porque hoy navego entre un mar de recuerdos y de incertidumbres, hablo con fantasmas que han sido o que serán, y pienso en ese futuro que parece un pomelo a punto de estallar y que tanta cara de pasado tiene. Porque hoy sólo me une al presente un etéreo cordón plateado, mientras mi mente se pierde entre el fuí y el seré.

Es una pena que Hubbert Spandau nunca haya existido.

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Texto de Biyu
Blog: Viene a ser biyu
http://vieneaserbiyu.blogspot.com/
Fecha: Noviembre, 22, 2004
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COMO LA VIDA MISMA



Le pidió que se sentara y se sentó en frente de él con las piernas cruzadas sobre la cama.
Le dijo que se estaba perdiendo la magia de la vida.
Le dijo que el sexo es el amor al otro, al cuerpo del otro, a la emoción del otro.
Le dijo que sin eso el placer físico duraba un instante, y su recuerdo un minuto.
Le dijo que acariciar es querer con las manos y que besar es querer con la boca.
Le dijo que daba igual lo que ocurriese al día siguiente.
Que la ternura es el alimento de los hombres, y que sin ella todo es gris y todo es frío.
Que no es necesario amar mañana, pero sí era imprescindible quererse en ese momento.
Le dijo que jugar a eso lo hacía todo mucho más divertido. Le dijo que los dos sabían que era un juego, y que por eso nadie resultaba dañado. Que si los dos se querían esa noche, los dos se dejarían de querer al día siguiente con una sonrisa en los labios.

Uno: En realidad le hubiera gustado poder decirle todo eso, pero no pudo. Después de la primera frase él había salido corriendo de la habitación. No se hizo la miel para la boca del cerdo, pensó ella con un suspiro.

Dos: En realidad le hubiera gustado poder decirle todo eso, pero no pudo. Él no la dejó acabar y a ella no le importó. Estaban muy ocupados queriéndose con la boca.

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Texto de G
Blog: From lost to the river
http://yapuestos.blogspot.com/
Fecha: Noviembre, 26, 2004
 
La madre Teresa de Calcuta


Calcuta el purgatorio


La mañana que conocí a la madre Teresa de Calcuta fue muy tormentosa. Por entonces, Calcuta no era una ciudad para divertirse, como París o Río de Janeiro, aunque tampoco tan tétrica como el infierno. En todo caso, podría ser comparada con el purgatorio.
Había mucha pobreza, mucho abandono del hombre, lo cual tampoco era un privilegio sino algo común en muchos pueblos del mundo. En Calcuta muchos hombres morían al amanecer y sus cadáveres eran recogidos por camiones carroñeros. No es hablar mal de Calcuta, pero lo que yo vi fue muy desesperante
Mi guía, Shabrir, me condujo por unos caminos abigarrados, calles umbrías, ricones absurdos; pasamos sobre el río Ganges y luego, llegamos al Mirnal Hriday (Corazón Puro) un viejo templo al que arribaban solo los viajeros que se iban al otro mundo. No era un hospital, era un moritorio.

La madre Teresa, una monja que pertenecía a una orden dedicada a enseñar a las niñas de las más altas castas de Calcuta, se rebeló contra ese estado de cosas. Pensó mejor en fundar una orden destinada a un fin más cristiano aunque más insólito: ayudar solo a los moribundos. Le pidió perdón por el ex abrupto a Pío XII, y al mismo tiempo, permiso para fundar una nueva Orden, la de las Misioneras de la Caridad. Y esperó. Diez años después, Pío XII le concedió el permiso. Era el año 1949.
Desde entonces, la madre Teresa se dedicó a ayudar solo a las gentes que se estaban muriendo no por falta de medicinas sino por carencia de amor humano y de Dios, cualquiera que Este fuera. Estableció un lema rotundo y definitivo: "Si el hombre vivió indignamente, por lo menos, que muera dignamente".

Una monja en el desierto

La vi de lejos en Calcuta y la vi de cerca en Etiopía cuando la sequía de los años 80. Entonces, la monja surcaba en un jeep el desierto de Mekele y luego descendía para limpiarles el sudor de la muerte a los moribundos, la saliva que escasamente se resbalaba por sus comisuras, La madre les espantaba las moscas que como nubes hacían más terrible el espectáculo de la muerte por hambre.
De su historia de moribundos, la madre Teresa había pasado a servir a los locos, a los tarados, a los cancerosos, a los minusválidos, a los leprosos, a los tullidos, a los con Sida o con síndrome de Dawn, a los solitarios -porque la pobreza de la soledad es muy amarga, decía ella-; en fin, a todos los desheredados de la Tierra.
La madre Teresa era silenciosa, hablaba muy poco, porque oveja que bala pierde bocado en esta pradera donde los lobos son más que los corderos; otro era el imperativo que constituía su quehacer primordial sobre la Tierra: llevar la esperanza a los hombres que se consideran desprendidos de las manos de Dios.
En mis contactos con el hombre en todas las latitudes de la Tierra, he conocido a muy pocos, tal vez cinco como los dedos de mi mano, capaces de olvidarse de si mismos, hábiles para entregarse a los demás sin esperar recompensa, enemigos del oro y de la plata y del poder. El Abate Pierre en París me conmovió cuando salía a recoger cobijas para los vagabundos infelices que atenazados por el frío invernal se morían en los "metros" de París; y me conmovió el Papa Juan Pablo II cuando apareció ante los periodistas que lo esperábamos -la mañana en que recibiría a Lech Walesa- y nos sonrió como si fuéramos los viejos amigos de un curita de aldea, de pueblos insignificantes; simple Juan Pablo, humilde, sin los aires imperiales de Pio XII, sin poses de divinidad sino poses de este mundo.
Sin embargo, la madre Teresa tenía mucho más virtudes, más carisma, más alma; no se notaba que existía, caminaba como impelida por un viento interior capaz de llevarla a consumar hechos morbosos, como limpiar con sus propias manos los sudores turbios, sacarle los gusanos de las llagas, el miasma o limpiarles las babas a los enfermos.

El rosario, el rosario...

Un hindú ilustre decía que la madre Teresa no le ha hecho ningún bien a Calcuta y en todo caso se convirtió en millonaria con tantos donativos ajenos. Las evidencias son otras habría que decirle con humildad cristiana a ese ilustre hindú. El premio Nobel que recibió la madre Teresa lo distribuyó entre los desheredados de la tierra. Pablo VI le regaló una limoussine blanca para que pudiera movilizarse con facilidad. La monja albanesa sonrió para sus adentros y rifó el regalo. Con lo que obtuvo construyó una aldea donde cobijó a cuatrocientas familias de leprosos, porque solo en Calcuta hay mucho más de 40 mil enfermos.
Se sabe que quien fue beata Teresa, y esperamos que, santa Teresa lo más pronto que puedan los cánones de la Iglesia, no tuvo jamás ni cuentas corrientes en los bancos ni bienes privados ni nada que no fuera amor humano y divino.
Cuando, con cierta malicia, la mañana de privilegio en que conversé con ella, le pregunté cuánto dinero llevaba en su bolsita de yute, la madre sorprendida me contestó que nada. Me explicó que las monjas de su Orden nunca llevan dinero. Ahí, supe que solo tienen dos hábitos blancos con bordes celestes: llevan uno pueto mientras lavan el otro.
Tuve curiosidad, entonces, y le pedí que me enseñara lo que había dentro del bolso. Lo abrió, me hizo hurgar. Miré hasta el fondo como a un abismo y luego, la madre metió la mano y sacó algo que resultó ser su rosario. Entonces, se lo pedí. "Obséquiemelo, madre, por favor ", -le pedí con decisión y mando. "Obséquiemelo, madre Teresa", le imprequé por segunda vez ante el estupor de la monja.
No necesité de una tercera vez. Recuerdo el rostro prematuramente zanjado de la madre Teresa, su ternura, su humildad, su voz de fuego apagado, sus ojos disminuidos en fulgor, pero no en fuerza. Hubo una especie de tironeo entre ella - que no me lo quería dar- y yo que se lo pedía enérgicamente. Entonces, me apercibí que su bondad divina pudo más que su orgullo humano: besó su puño que guardaba la joya y me la obsequió.
Toda la ciudad quedó pequeña para que cupiera en mí tanto alborozo.
Nunca podré evaluar si ese fue uno de los momentos espirituales más impresionantes de mi vida: ser dueño del rosario de quien algunos años más tarde será colocada en los altares de Dios. Un sentimiento comparable solo a la primera vez que vi la imagen de la Virgen de la Puerta del pueblo donde nací.
¿Valdrá la pena averiguar cuál sentimiento vale más?.

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Texto de Manuel Jesús Orbegozo
Blog: El Mundo, un día.
http://mjoh.blogspot.com/
Fecha: Noviembre, 30, 2004
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El jardín japonés



Para L.K.


A los nueve años, mi padre me rentaba una puta. Una puta, lógicamente, de nueve años. He olvidado la ropa, los juguetes, la comida, todo lo que era mi vida a los nueve años, pero no he olvidado a la puta.
Fabiana no se acostaba conmigo. O, mejor dicho, se acostaba conmigo y nada más. Mi padre insistía en que durmiéramos juntos y se aseguraba de que nos abrazáramos bajo las cobijas de la cama. Nunca probamos a desnudarnos —cómo me angustiaba a los catorce años, al recordar a Fabiana y mi indiferencia hacia ella—, y apenas si alguna noche nos atrevimos a juntar los labios en algo que sería generoso calificar como beso.
Fabiana llegaba a la casa los viernes, a la hora de la cena, con una mochila de ropa en el hombro y una película en la mano. Pasábamos el fin de semana en mi casa y dormíamos y nos bañábamos en la alberca, pero nunca fuimos juntos a la ducha —cómo lo recordaba, torturándome, a los catorce, al acariciar cada gota de las paredes de la ducha donde nunca estuve con ella.
Mi padre decía que yo no tenía suficientes amigos y se afanaba por reunirme con Fabiana. Yo, de hecho, tenía amigos, pero mi padre no terminaba de resignarse a que jugara con los hijos de la servidumbre y jamás hubiera permitido que durmiera con uno de ellos. “No quiero, Jacobo , que te pienses que la servidumbre juega contigo por amistad”, me decía. “Juegan contigo porque les pago”.
Supe que Fabiana era una puta por boca de un compañero de la escuela. Mauricio había orinado las camas a lo largo de sus nueve años, había mojado camas de primos y hermanos, de hospitales, de terapeutas y de amigos, de hoteles en Mónaco lo mismo que en Tlaxcala. Así que sus padres decidieron probar con Fabiana: los movía la esperanza de que su hijo, atemorizado por una presencia extraña en la cama, se contuviera. No fue así, al menos de entrada. Durante sus primeras noches juntos, Fabiana se encargaba de despertarlo al sentirse inundada, y lo ayudaba a cambiar las sábanas. Nunca salió de su boca un reproche o una queja. Quizá por ello, a la vuelta de unos meses Mauricio dejó de orinarse. “Fabiana tiene algo que ayuda a la gente”, decía mi amigo. “Por eso, mis padres la rentaron para mí”. Mauricio le había preguntado a un primo adolescente cómo podría llamarse a una mujer que se renta para ayudar. El primo lo pensó un momento, e incluso consultó un diccionario. “Una puta”, concluyó. Así que Fabiana era una puta.
Ahora bien, si mi padre había requerido los servicios de Fabiana, era porque pensaba que yo padecía algún mal tan serio, al menos, como la incontinencia de Mauricio. Que yo tuviera o no amigos no podía ser el asunto que lo preocupaba: incluso él debía aceptar que pasarse la tarde jugando al futbol con los hijos de la servidumbre hacía de mí un niño normal. Aunque tuviera que pagar por ello. ¿Cuál sería, entonces, el problema que se esperaba que Fabiana remediara?
Antes de que pudiera resolver el enigma, o antes de que el influjo benéfico de Fabiana hiciera inútil la resolución, mi padre sufrió un ataque y murió. “No dejes de traerle a la niña”, alcanzó a decirle a mi tío antes de expirar. Mi tío, en cierta medida, fue ejemplar. Custodió con honradez mi herencia, y se encargó de aumentar mi robusto patrimonio con inversiones prudentes y certeras. Cuando estuve en edad de administrarlo, era claro que jamás tendría que estudiar ninguna carrera productiva o rebajarme a buscar un empleo. Sin embargo, al asumir mi tutela, mi tío decidió que el hecho de que yo durmiera con una niña —y más todavía, una niña rentada— resultaba inadmisible. Así que Fabiana dejó de ir a la casa. A veces la veía en los jardines comunes del fraccionamiento —su casa estaba a unos metros de la mía—, acompañando siempre a algún niño con pinta de muestrario de taras psiquiátricas. Cuando nuestras miradas se cruzaban, Fabiana sonreía con anhelo. Probablemente, estaba insatisfecha por no haber tenido suficiente tiempo para acabar con mi problema, cualquiera que fuese.
Un par de años después, la familia de Fabiana vendió la casa y los muebles y desapareció. El ama de llaves comentó que el padre de la niña seguramente había cometido algún delito, porque decenas de agentes policiacos llegaron al fraccionamiento después de la arrebatada mudanza para hacer preguntas sobre la familia.
De Fabiana sólo conservé una lapicera de colorines que había olvidado en mi recámara en nuestra última noche juntos. Durante años, fantaseé con la idea de buscarla, y caminar hasta ella y apartarla un momento del paranoico o hiperactivo o esquizoide en turno y decirle: “Esta es tu lapicera”. A los catorce años, mi fantasía incluía un largo beso de reconciliación.
Cuando fui mayor de edad y la custodia de mi tío llegó a su fin, contraté un detective para que localizara a Fabiana. El detective era un ex policía grasiento, que había sido guardaespaldas del padre de Mauricio. Administró con talento mi esperanza y mi desesperación: a lo largo de tres años, me hizo creer que se aproximaba cada día más a Fabiana, y que ésta, convertida en alguna suerte de astuta y elusiva espía, lograba escapar en el último momento. Un día contraté a otro detective —un tal Santa Marina, a quien elegí al azar en la guía telefónica—, para apalear al primero. Se metió a su oficina una noche y le pegó tanto que le provocó un derrame cerebral. Santa Marina me trajo el archivo correspodiente a Fabiana que el primer detective había compilado, unos pocos apuntes sobre la desaparición de la familia —asunto que yo conocía mejor que él— y una tarjeta de presentación en la que se leía: “Revista Caras. Fabiana Urrutia, colaboradora”. La tarjeta era lo suficientemente lustrosa para permitirme albergar esperanzas de que esa dirección y ese teléfono fueran los adecuados.
Pasé unos días decidiéndome a marcar el número de la tarjeta. Temblaba durante el día y me estremecía durante la noche. Soñaba con la escena de la entrega de la lapicera y la modificaba en decenas de variantes épicas, sexuales o meramente sentimentales. Santa Marina se tomó la libertad de investigar a la familia de Fabiana y me trajo un informe: sus padres habían muerto por inhalación de gas, poco después de que se supiera que habían sido demandados por una pareja extranjera que reclamaba haberles hecho un fuerte préstamo. “Iban a abrir una clínica. Pero el dinero fue retirado del banco y la familia escapó”. Las muertes se habían producido unos meses después de la mudanza del fraccionamiento.
Esa noche cené con mi tío en su estudio y le referí el asunto. “Eran una pareja peculiar”, dijo con su acostumbrada voz de barítono. “Rentaban a la hija para que hiciera cosas raras con los enfermos. Tú quizá no lo recordarás, pero durante un tiempo tu padre la rentó y ella iba a tu casa todos los viernes”.
“Así que mi padre pensaba que yo tenía alguna enfermedad”.
Mi tío me miró sin alarma.
“No: sólo pensaba que te hacían falta amigos”.
Cobardemente, le pedí a Santa Marina que la llamara por mí. A su lado, yo trataba de adivinar la voz de Fabiana en la bocina. Caras era una revista de sociales y Santa Marina, presentándose como mi secretario, la invitó a conocer el nuevo jardín japonés de mi casa, para hacer unas fotografías “y quizá platicar con el licenciado”. Mi casa no tenía un jardín japonés. Yo no tenía un título de licenciado.
Perdimos la tarde en buscar plantas y bambúes, y terminamos por comprar unos quimonos para la servidumbre. Un poco avergonzado, Santa Marina improvisó un hipotético compromiso y se abstuvo de asistir a la entrevista. “Trataré de llegar después, y la seguiré al irse”, prometió.
Fabiana estaba bellísima, mucho más de lo que aparecía en mis nostalgias de ducha y fantasías de lapicera. La vi detrás de la cortina del estudio, mientras el ama de llaves —incómoda y restirada dentro de su quimono—, la invitaba a pasar.
“El licendiado la recibirá en su estudio cuando usted termine de retratar el jardín”, le dijo la mujer, según lo convenido. Fabiana dio una mirada perezosa al remedo oriental —que había quedado espantoso, pese a los afanes de Santa Marina por darle alguna estética—, y emprendió el camino al estudio. Respiré profundamente y bajé a su encuentro, aferrando la lapicera en la mano como un crucifijo.
“Fabiana”.
“Jacobo . Eres tú. Y esa es mi lapicera”.
No pude negarlo. Se la acerqué con un murmullo. Las palabras de la fantasía se atoraban entre mis dientes.
“Esta es tu lapicera”.
“Jacobo . Llevo esperando este día hace años”.
“Esta es tu lapicera y...”.
“Llevo esperando este día toda mi vida”.
“Esta es tu lapicera y...”.
“Jacobo”.
Su boca era húmeda como las paredes de la ducha.
Por mi mente pasó la imagen de mi padre, sonriente, espiándonos como solía espiarnos bajo la manta para asegurarse de que estuviéramos abrazados.
“¿Todavía te gusta que te abrace?”.
“Todavía”.
“¿Quieres hacerlo de nuevo?”
“Quiero”.
“Muy bien. Serán quinientos pesos. ¿O quieres algo especial?”
“¿Qué sabes hacer?”.
“Lo que sea. Sé ayudar a la gente”.
“¿Podrías...?”.
“Sí”.
Por la mañana, mandé que Santa Marina desmontara el jardín japonés. Parecía irritado. Me dijo que el primer detective usó mi dinero en pagarse decenas de noches con Fabiana. “Si mi dinero acabó en sus manos, estuvo bien empleado”, le arguí. “¿Y qué más puedo hacerle al tipo, si ya usted lo dejó en estado vegetal?”.
Le ofrecí un sueldo fijo para que siguiera a Fabiana y me informara de sus actividades. El detective se rehusó pero recomendó a un colega competente. Nos estrechamos las manos como generales victoriosos y él emprendió el camino a la puerta, cargado de macetas y bambúes.
Yo subí al estudio y me senté a esperar la llegada del viernes.

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Texto de antonio ortuño.
Blog: El arte de la guerra.
http://www.elartedelaguerra.blogspot.com/
Fecha: viernes.
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Mesoamérica


En Monterrey acabé ligando a una regia después de una noche de farra. Luego de unas copas le dije que nos fuéramos a otro lado. La chica sonrió y aceptó de buena gana. Mientras intentaba parar un taxi que nos llevara a un hotel, dije algo que le pareció extraño. La verdad no recuerdo expresamente que era, pero se volteo a verme muy sería. Luego me preguntó “¿Pues de donde eres cabrón?” Me quedé callado un rato. Pensé muchos estados, Yucatán, Veracruz, Sinaloa, en decir que era de Los Ángeles, que había nacido en una embajada en Tombuctú, cualquier cosa, menos que era del DF.
De Tlaxcala, dije como tres veces, como para no dejar lugar a dudas. “Chilango, contestó lapidariamente. Pinches chilangos. A mi no me gustan los chilangos.”
“No, de Tlaxcala, cerca de Puebla, de Hidalgo, de Veracruz.” Comencé a tartamudear, ante la posibilidad de perder la buena presa, sintiéndome como negro frente al Ku Kux Klan, como judío huyendo de las SS, como palestino huyendo del Gobierno Sionista de Ocupación.
“Por eso, chilango. Todos esos son chilangos morro. Lárgate y no me molestes.” Si, soy de Mesoámerica, pinche chichimeca, pensé para mis adentros.
Y me quedé con la calentura entre las piernas. inemdiatamente sentí una ira tremenda sobre el accidente geográfico que me llevó a nacer en la ciudad de México y que me traicionaría todos los días de mi existencia.
Bueno, cuando menos no nací negro y musulmán en Alemania.

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Texto de ivan
Blog: Villachica blog
http://luzdefosfeno.blogspot.com/
Fecha: septiembre 27, 2004
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porque


porque ya no tengo preguntas, porque ya no tengo respuestas
porque ahora estás más lejos que antes, porque ahora estás más cerca que siempre
porque tuve miedo de dejar de quererte y empezar a amarte
porque tuve agallas para dejar de quererte y empezar a amarte

porque te admiro por lo que eres, porque me caes mal, porque me heriste, porque me decepcionaste
porque lo sigues haciendo
por lo que sigues haciendo
porque me sigues esperando

porque ahora hay cada vez menos "por qués" y más "porqués"

porque sigues viendo boas indigestadas en vez sombreros
porque ya no levantas murallas, porque ya no se pasean tus fantasmas en mi delante
porque me dejaste que te hiciera el amor, y aunque no me hubieses dejado...
porque te dejé que me hagas el amor, y aunque no te hubiese dejado...
porque nunca hicimos el amor
por todas la veces que hicimos el amor

te estoy viendo
ya no te imagino

porque no me resisto a repetirte cosas:
ya nunca te veré igual
todo está bien hasta que te apareces
me es imposible matarte
tu pupo siempre me pertenecerá

porque ahora eres varón y no mujer
porque contigo no perdí nada, porque contigo lo perdí todo
porque se puede estar muy triste y muy alegre a la vez
porque eres todos los amigos que no conozco

por todo eso, te quiero

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Texto de B612
Blog: B612
http://b612-blog.com/
Fecha: noviembre, 16, 2004
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Diarios


Nunca pude imaginar, cuando conocí a Eloisa que todo fuera a terminar como ha terminado. Todos conocemos el procedimiento. Al principio la emoción del momento. Esas declaraciones de amor desesperadas y nada sensatas. Volver a sentirte como un adolescente, aunque tu barriga cervecera y tu historial de fracasos no sean tan juveniles. Sin darme cuenta en menos de un mes ya me había mudado a su casa y estabamos viviendo juntos. Todo fue muy rápido. Después, claro, llega la rutina, el aburrimiento. Normal en toda relación de pareja. Y también en este caso fue muy rápido. Empecé a sentir la asfixia y claustrofobia que producen los lugares cerrados. No veía oportunidad para desaparecer. Es tan difícil decir ciertas cosas. Pero también esta sensación desapareció. El día en el que empecé con mi pequeña afición, toda esta necesidad de evadirme de aquella casa se disipó. Fue el día que encontré su diario. No voy a argumentar en mi defensa que en principio intentara por todos los medios no leerlo, que intenté doblegar mi voluntad para no ser desleal con la persona con la que estaba durmiendo. No, eso sería demasiado mezquino. Tan sólo estaba buscando un par de calcetines que ella necesitaba y lo encontré oculto bajo su ropa interior. Nada más ver aquella tapa roja, limpia, sin nigún tipo de señal o título, supe que se trataba de un diario, y lo abrí, mientras podía oír su voz preguntándome si los encontraba.
Es imposible describir con palabras la sensación que sentí aquella primera vez. Podría compararse tal vez con el primer orgasmo o con esa sensación infantil que produce el descubrimiento de un nuevo juego. Sin embargo, a pesar de recordar con todo detalle aquella sensación, soy incapaz de traer a mi memoria lo primero que leí.
Me dije que necesitaba leerlo con más calma. Lo guardé donde lo había encontrado y actué como si no se me hubiera revelado uno de los mayores secretos de ella.
Nunca sentí ningún tipo de remordimiento por leerlo. Ella me había ocultado su escritura, yo le ocultaba su lectura. Era así de simple. En mi vida había conocido a nadie como conocí a Eloisa. Aquellos escritos suyos me desvelaban cada recodo en su cabeza, cada manera de actuar, de sentir, de pensar. Y sin embargo, continuaba sorprendiéndome. Pronto abandoné aquella estúpida intención de abandonarla. Es más, me mortificaba la idea de la distancia. Ahora me había convertido en el mejor de los amantes. Odiaba separarme de ella, aunque fuera por viajes de trabajo. En realidad odiaba separarme de sus diarios, o que fuera ella la que se alejaba de ellos. Durante esos días no tenía aquella dosis de lectura que mi cuerpo necesitaba e, incluso, notaba cómo mi carácter cambiaba y se volvía más agrio. El día que conoció a Guillermo fue un día especial para ambos. Para ella por enamorarse al instante, como confesaba. Para mi por darme cuenta de que no me importaba lo más mínimo que se hubiera enamorado de otra persona. Aquellos días fueron los mejores de todo el tiempo que he vivido con ella. Me encantaba repasar las confidencias que se hacían a escondidas, lo que le contaba de mi, la manera en que se citaban a escondidas. El día que hicieron el amor por primera vez quise hacérselo yo también, con la única finalidad de leer al día siguiente si se lo había dicho a él o no. Pero la angustia volvió pronto. Sus reflexiones pronto abandonaron a Guillermo y se centraban en cómo iba a decirme que quería dejarme, que quería irse a vivir con su nuevo amante, que quería que abandonara su vida. Hasta hoy.
Cuando he vuelto de trabajar, como todos los días he buscado en su cajón, y como todos los días ahí estaba lo que había escrito en mi ausencia. Hoy era más escueto que otras veces, tan sólo decía: "Adiós, nunca volveré. Puedes quedarte mi diario porque, en realidad, es lo único que quieres de mi". Todavía la estoy esperando aquí sentado. No creo que sea capaz de irse sin su libreta de tapas rojas.

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Texto de Puagh
Blog:Donde viven los camiones de basura
http://www.blogs.ya.com/donde/
Fecha: Junio, 16, 2004
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Modelo



Diana era una mente inquieta, que necesitaba llenar sus tardes con algo interesante. Compró el periódico, buscó en los anuncios y, tras tachar unos, subrayar otros, encontró unas palabras que le llamaron la atención:

Se necesita mujer expresiva.

Y a continuación un número de teléfono y una dirección. Ya que no tenía nada que hacer, decidió acercarse al lugar, que estaba a sólo unas calles de allí.

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Curioseó un poco a través del escaparate de aquella tienda de pintura, de dos pisos. Cuadros colgados en aquella primera planta, muñequitos articulables, pinceles y pinturas, un perchero con varios abrigos, y una mujer al otro lado del mostrador, que la miraba sorprendida. La saludó a través del cristal, y entró.

-“Hola, venía por el anuncio del periódico.”
-“Eres perfecta. Baja por las escaleras, y entra en la primera puerta, allí, mi marido te explicará en que consiste el trabajo.”

Un poco extrañada, Diana dio media vuelta, y comenzó a bajar por las escaleras. La mujer, mientras tanto, sonreía y asentía con la cabeza.

La puerta estaba entreabierta, y pudo escuchar como alguien explicaba las diversas tonalidades de sombras que se pueden realizar con un carboncillo.
Llamó, y entró.

Se trataba de una sala enorme, con unas veinte personas de pie, frente a sus respectivos trípodes y lienzos, y un hombre, paseando entre ellos, con un pincel en su mano, haciendo gestos.

Éste se le acercó, mientras la miraba de arriba abajo, aprobatoriamente.

-“Sabes de que va el trabajo?”
-“No, me dijeron arriba que usted me lo explicaría.”
-“Modelo.”
-“Modelo?”
-“Sí, no estarías más de tres horas todas las tardes, y se paga bien. Quieres empezar ya?”
-“Ya? Y que tengo que hacer?”
-“Desnudarte y sentarte sobre ese cubo.”

Diana lo miró curiosa. Él tenía muy claro lo que quería, y ella también.

Pasó detrás de un biombo, se desnudó, y salió a enfrentarse con todas aquellas miradas, que buscaban acallar con sus trazos los temores.

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Texto de Galatea
Blog: Galatea
http://blogia.com/galatea/
Fecha: Noviembre, 19, 2004
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Los huérfano de Paterna


Ayer estuve con mi padre y mi hermano en el cementerio de Paterna. Allí hay enterrados miles de republicanos fusilados desde que acabó la guerra hasta el año 1957. En su mayoría se encuentran en fosas comunes como la de mi abuelo, en donde hay del orden de varios centenares enterrados.

Cada año, mi padre, como los miles de hijos e hijas que dejaron visitan estas fosas comunes. La tristeza es inmensa, incluso después de 60 años, pues los que se acercan a visitarlas eran entonces niños de 7, 8 ó 9 años, como mi padre. Jamás podrán olvidar el dolor de ese niño, o niña, cuando le arrebataron a su padre de forma brutal.

Allí hay de todos los pueblos de Valencia y de otros sitios de España, desde muchachos de 17 o 18 años hasta abuelos de 70, muchos de ellos campesinos como mi abuelo.

Ayer había una mujer que había venido desde Gandía, nos decía que todos los años, mientras pueda, vendrá a visitar la tumba de su padre. Con lágrimas en los ojos recordaba que era una niña de 8 años cuando lo juzgaron, y pasó todo el juicio escondida escuchándolo todo detrás de la silla de su padre.

Ella como nosotros sacaría de la fosa a su padre, pero se preguntaba cómo lo iba a hacer si en la misma fosa, de apenas 4 metros cuadrados, había varios centenares de personas.
Con ese dolor morirán todos los huérfanos de Paterna como la mayoría de los huérfanos de las fosas comunes de uno y otro bando.

Los huérfanos de Paterna lo serán hasta que mueran. Me sobrecoge pensar en los nuevos huérfanos de Paterna que aparecen cada día en el mundo, y en los años que les quedan para sobrellevar su tragedia.

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Texto de salvador
Blog: Mensaje en una botella
http://mensajenabotella.blogspot.com/
Fecha: Noviembre, 10, 2004
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Comment (1)
 
La educación sentimental (2)



Walt Disney fue el inventor de la orfandad como género cinematográfico. Sus heroes, todos, desde Hugo, Paco y Luis hasta el Rey León, pasando por Pinocho y la Cenicienta, son huérfanos. Disney lo era, de una forma confusa y ominosa: el único certificado de nacimiento con su nombre tiene una fecha de 11 años anterior a su nacimiento, y en él figuran nombres distintos a los de sus padres oficiales. A cambio de las delaciones que hizó antes la Comisión de Actividades Artinorteamericanas, Edward Hoover pusó a su disposición la maquinaria de la CIA para aclarar el tema, y el resultado de las investigaciones no pudo ser peor: su padre había tenido dos hijos con otra mujer en su Málaga natal, uno era su hermano mayor y el otro un tal José que había nacido once años antes que Walt. Aquella mujer sirvió a los Disney como criada 35 años después de que se mudarán a los Estados Unidos en busca de oro. La decepción fue tal que Disney paró la producción de Pinocho, y rehizó la historia eliminando a la mujer de Gepetto.

Probablemente, dos de las muertes más terribles que se han presentado en la pantalla tienen su firma (aunque los dibujantes fueron otros, y muy mal pagados). Una era la de la mamá de Bambi a manos de un cazador, y que se resolvía con el lejano estruendo de un disparo y un río de aguas oscuras que fluía a los pies del cervatillo. La otra, más dura, era la del padre de Simba, en el Rey León, quien cae desde lo alto de una montaña y muere aplastado por una estampida de caribúes. Ante su cuerpo exánime, el leoncito lo llama, lo empuja, intentando reanimarlo y diciendo suavemente "Papá..."

En la sala de cine, mi sobrino Damián (6 años) le dice a mi hermano (30):
-Papí, se va a levantar, ¿verdad?
A lo que mi hermano, con la barbilla temblando, le responde:
-¡NO!
Y rompe a llorar.
El resto de la película, Damián le sostuvo la mano.

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Texto de La oruga gritona
Blog: La oruga gritona
http://laorugagritona.blogspot.com/
Fecha: Noviembre, 5, 2004
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1.10.04


Un prestigioso psiquiatra hablaba el otro día acerca del valor terapéutico de la palabra. Decía que el potencial curativo de la palabra es tan alto que incluso hablarle a las plantas, o hacerlo a uno mismo frente a un espejo, o el simple monólogo interior, son beneficiosos para la paz de espíritu. Yo me hablo mucho. Ahora, como estoy en una etapa en la que me siento más sociable, estoy ampliando mi círculo de relaciones. Ayer tuve una jugosa conversación con el microondas, y esta mañana he cambiado unas palabras con la tostadora. Pero lo que me ha abierto nuevos horizontes es lo de hablar con los contestadores telefónicos. Eso sí que me produce una gran paz interior.

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Texto de Bart
Blog: Bartleby el escribiente
http://bartlebyelescribiente.blogspot.com/
Fecha: Octubre, 1, 2004