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LA COSECHA DE LAS PALABRAS
Pan del alma la lectura
Acerca de
El placer de leer de gozar de la lectura es el propósito del autor de este blog que irá buscando aquí allá y más allá de la red post y textos de toda índole talento y gracia Quedo agradecido a los autores por la licencia que me tomo de tomar lo suyo para todos Es menester que así sea Que alguien ilumine para que los demás vean Gocemos pues de la cosecha de las palabras...
Sindicación
 
La educación sentimental (2)



Walt Disney fue el inventor de la orfandad como género cinematográfico. Sus heroes, todos, desde Hugo, Paco y Luis hasta el Rey León, pasando por Pinocho y la Cenicienta, son huérfanos. Disney lo era, de una forma confusa y ominosa: el único certificado de nacimiento con su nombre tiene una fecha de 11 años anterior a su nacimiento, y en él figuran nombres distintos a los de sus padres oficiales. A cambio de las delaciones que hizó antes la Comisión de Actividades Artinorteamericanas, Edward Hoover pusó a su disposición la maquinaria de la CIA para aclarar el tema, y el resultado de las investigaciones no pudo ser peor: su padre había tenido dos hijos con otra mujer en su Málaga natal, uno era su hermano mayor y el otro un tal José que había nacido once años antes que Walt. Aquella mujer sirvió a los Disney como criada 35 años después de que se mudarán a los Estados Unidos en busca de oro. La decepción fue tal que Disney paró la producción de Pinocho, y rehizó la historia eliminando a la mujer de Gepetto.

Probablemente, dos de las muertes más terribles que se han presentado en la pantalla tienen su firma (aunque los dibujantes fueron otros, y muy mal pagados). Una era la de la mamá de Bambi a manos de un cazador, y que se resolvía con el lejano estruendo de un disparo y un río de aguas oscuras que fluía a los pies del cervatillo. La otra, más dura, era la del padre de Simba, en el Rey León, quien cae desde lo alto de una montaña y muere aplastado por una estampida de caribúes. Ante su cuerpo exánime, el leoncito lo llama, lo empuja, intentando reanimarlo y diciendo suavemente "Papá..."

En la sala de cine, mi sobrino Damián (6 años) le dice a mi hermano (30):
-Papí, se va a levantar, ¿verdad?
A lo que mi hermano, con la barbilla temblando, le responde:
-¡NO!
Y rompe a llorar.
El resto de la película, Damián le sostuvo la mano.

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Texto de La oruga gritona
Blog: La oruga gritona
http://laorugagritona.blogspot.com/
Fecha: Noviembre, 5, 2004
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