BREVE RECESO
Caros amigos lectores de La Cotubía:
Estos días que se presumen en lontananza los he de dedicar, en justa correspondencia, a un ser querido que necesita de mi sombra para volver a irisar con su luz.
Por este motivo mi compaña, mi hálito, mis besos y lo que esté en mi persona el ofrecer han sido empeñados y puestos a su entera disposición, para lo que fuera menester pedir y estar en mi mano el conceder.
Postergo por un tiempo (esta semana, seguramente) mis comparecencias en esta vuestra bitácora y en la blogosfera en general.
Recibid el acostumbrado abrazo o arrobado beso, según sea el caso, y espero estar de regreso la próxima semana.
POR ESCRIBIR SOBRE LA VIDA...
...Vine a ver morir la tarde en la línea de un horizonte de renglones torcidos. A tocar la flauta de hueso de melodías monosilábicas. A encender la hoguera de la furia y no hundirme en las grietas del abandono.Ecuación de tiempo y espacio robada a la relatividad de todo lo que hasta ahora de ella se ha escrito.
La vida tiene labios exuberantes, rostro anguloso, manos que ambicionan conocer los secretos del maleable barro. Es muérdago extraño que pende del dintel de una puerta, añorando el beso de un amante despechado. Una luciérnaga acechada por una mantis que reza sus maitines.
Saturno devorando a su hijo que no figuraba en el menú del día, mientras los amigos de Ulises se ofrecen para colgar de los percheros los abrigos de los comensales.
-¡Traiga la cuenta!. – Avisa Jesús al posadero y todos los apóstoles proceden a rascarse el bolsillo.
- Yo sólo tengo suelto. – Advierte Judas, quien mira de soslayo a su maestro.
La vida: Harina fina del ocaso derramándose en acuarelas que pintan montañas azules, colgadas del horizonte. Fiero animal atigrado con piel de papiro y manchas de tinta oculto tras un espeso follaje de folios en blanco.
Botella que encierra un genio sin ingenio, enterrada en el desierto esquilmado del olvido. Fanal prendido en la noche de azogue surcada por una luna cadavérica.
Estatua plantada en mitad de un parque que llora su soledad con lágrimas verdinosas. Chimenea que sólo fuma en invierno y vive el resto del año combatiendo el síndrome de abstinencia con parches de ceniza.
Ola que dice adiós al tocar el espigón del puerto y morir entre espasmos de blancos espumarajos. Una ludópata que se juega a las tragaperras las monedas destinadas a Caronte, prefiriendo el purgatorio de un premio en metálico.
Y en lo más profundo y oscuro del océano, es un buzo que maldice su suerte, una lágrima le ha empañado la escafandra, y al abrir la boca su voz se convierte en burbujas de monóxido de carbono, que ascienden raudas hacia la superficie, y al tocarse entre ellas forman palabras.
De la escatología pura y dura al trascendentalismo existencial, es lo bueno de tener un cerebro criogenizado, aunque a veces escribes para matar el tiempo y a los relojes les da por llevar chalecos antibala.
LOS PELIGROS DEL TRANSPORTE PÚBLICO
Nuevamente comparezco y vengo a advertir de la malsana naturaleza de este escrito. De la escatología implícita que hay en los hechos que en él se refieren, y hago saber a la distinguida audiencia, que las personas de natural sensible, podrán sentirse indispuestas, por lo que les conmino a abandonar la lectura de este texto, emplazándolas para una próxima ocasión, cuando el tema de disertación vuelva a su acostumbrada inocuidad.
El ser pasajero asiduo del transporte público de este país, no deja de tener sus riesgos inherentes e incluso, en algunas situaciones, encubre una vocación algo suicida en quien tiene el valor de enfrentarse a lo que ocurre dentro del fuselaje de un autobús de línea urbana.
A la consabida masificación, hay que unir la cacofonía de charlas variopintas, como las de las “chachas” que van a trabajar, desprendiendo un tufo irrespirable a lejía y que animadas por la presencia de otras compañeras de oficio, se dedican a despiezar a sus respectivas jefas, asestándoles viperinas y mañaneras mojadas con sus lenguas afiladas como estiletes.
Pero el verdadero peligro de todo viaje en autobús es la presencia siniestra, temida y llorada cuando acontece del GUARRO/A PROFESIONAL. Individuos en franco retroceso, pero de los que aún, para desgracia de la parroquia que muy de cuando en cuando frecuentamos el transporte público, campean algunos variopintos ejemplares empeñados en perpetuar las maravillas de la especie.
EL GUARRO PROFESIONAL, BREVE DESCRIPCIÓN:
Ser ( no sabemos hasta que punto entroncado con el género humano) cuyas características morfológicas más pronunciadas son:
1) En el macho: Pecho tamizado de frondosa pelambrera, cuanto más vello posea, mayor valor ornamental y nivel de pureza de raza. En algunos ejemplares se ha llegado a comprobar que el tipo de pelo que cubría ampliamente el tórax, espalda y hombros era en realidad vello púbico. (Normalmente suelen llevar un crucifijo con un Cristo provisto de un GPS para que se oriente entre el denso follaje)
En la hembra:Suele presentar un cuadro de obesidad considerable. Pechos que pueden ser usados como tirantes. Vestidos amplios con cercos en las axilas. Enaguas y suspensorio de color carne, medias con más carreras que un lebrel.
2) El macho de la especie también presenta lo que algunos investigadores creen que es una malformación genética, un tamaño desmesurado de la uña del dedo meñique de su mano derecha. Se utiliza para diversas funciones de primitivo acicalamiento personal, por ejemplo: extracción de cerumen auditivo e igualmente sustracción de elementos extraños depositados en la dentadura tras la ingesta de alimentos. Estas funciones, ampliamente difundidas, son el resultado de un dilatado proceso de aprendizaje evolutivo.
El GUARRO/A PROFESIONAL: Utiliza una serie de signos distintivos para delimitar su espacio vital en el autobús y advertir a otros pasajeros de su presencia mediante señales eminentemente olorosas:
- Los cercos de sudor en las axilas se utilizan preferentemente para disuadir a otros pasajeros a asirse a la barra de donde pende colgado el guarro como un jamón. En verano, para más INRI, suelen colocarse frente a una de las salidas del aire acondicionado para que el efecto ventilador se encargue de expandir aún más su particular olor.
- También en época estival y especialmente en horarios vespertinos, el guarro profesional suele emplear señales onomatopéyicas que sirven para marcar su índice de jerarquía entre el pasaje del autobús. Así cuando sienten amenazado su asiento, se defienden profiriendo eructos que lanzan dilatando sus tráqueas cual pelícanos. Estos eructos suelen estar acompañados de regüeldos de función anestésica. Particularmente temido es el regüeldo gazpachero con alto contenido en ajo porro (castaño), cuyos efectos entre el pasaje pueden ser demoledores.
Se han realizado estudios sobre el baremo de peligrosidad de estos individuos mediante el análisis de la ropa íntima que utilizan tras varios días de uso continuado de la prenda. Lamentablemente el suicidio de parte del equipo de investigadores checo que llevó a cabo el experimento, que prefirieron ser rociados con ácido sulfúrico a ser expuestos a la contemplación de los suspensorios de los pacientes estudiados, ha retrasado la salida a la luz pública de los resultados de la investigación y que básicamente son éstos:
- Individuo temeroso: (base de la pirámide jerárquica) presenta una ropa interior en la que destaca una tinción de tonalidad amarillenta en la parte frontal del slip.
- Individuo Excitable: Multitud de máculas con diferentes escalas de relieve en la parte trasera del slip. Individuo fácilmente alterable y con episodios de intensa actividad aerofágica. Están abonados al “cuesco decapitado”, que es aquél al que se le corta la cabeza con un certero y leve movimiento de esfínter, evitando así su libre expulsión y el consiguiente ruido que ella genera.
- Individuo Agresivo: Ropa interior agujereada por continua incidencia de aparato eléctrico. Su slip puede ser empleado como arma de destrucción masiva.
Con éste último ejemplar es con quien me he encontrado esta mañana. Un tipo orondo, con unos pantalones que harían las delicias de Boris Izaguirre. Calcetines blancos con raquetas en rojo cruzadas y las tres bandas consabidas: negra, blanca y verde, acompañadas del pertinente zapato negro. Cabellera peinada al agua lacia sobre los hombros.
No han tenido el gusto de presentarle la colonia, y el desodorante no es que le abandonara, ¡es que nunca le encontró!. Está parado en medio de la escalerilla de acceso al autobús, yo estoy justo detrás de él. Sus glúteos fláccidos frente a mi rostro recién afeitado. De repente un ruido acuoso asoma sin disimulo de entre sus ropajes de popa ( su culo, hablando en román paladino) y una suave y hedionda brisa viene a mesar mis cabellos y a conferirle a mi faz un cierto deje de Otelo mañanero con sobre dosis de rayos uva. - ¡Habemus Papam!- digo en voz alta malhumorado sin que el andoba se diera por aludido. Hay risas en la escalerilla mientras el hongo tóxico se expande en racimo alcanzando a los de abajo.
El guarro de turno ya pende colgado de la barra del autobús, extrañamente hay un amplio espacio a su alrededor. Se pasa un dedo por debajo de la nariz de la que pendía un reguerillo blancuzco. Por fin arranca el vehículo. No sé si ha sido coincidencia, pero a pesar del viento huracanado de la mañana, no se me ha movido un pelo de la cabellera. ¡Si al final va a resultar que la higiene no es tan buena como la pintan!.
El ser pasajero asiduo del transporte público de este país, no deja de tener sus riesgos inherentes e incluso, en algunas situaciones, encubre una vocación algo suicida en quien tiene el valor de enfrentarse a lo que ocurre dentro del fuselaje de un autobús de línea urbana.
A la consabida masificación, hay que unir la cacofonía de charlas variopintas, como las de las “chachas” que van a trabajar, desprendiendo un tufo irrespirable a lejía y que animadas por la presencia de otras compañeras de oficio, se dedican a despiezar a sus respectivas jefas, asestándoles viperinas y mañaneras mojadas con sus lenguas afiladas como estiletes.
Pero el verdadero peligro de todo viaje en autobús es la presencia siniestra, temida y llorada cuando acontece del GUARRO/A PROFESIONAL. Individuos en franco retroceso, pero de los que aún, para desgracia de la parroquia que muy de cuando en cuando frecuentamos el transporte público, campean algunos variopintos ejemplares empeñados en perpetuar las maravillas de la especie.
EL GUARRO PROFESIONAL, BREVE DESCRIPCIÓN:
Ser ( no sabemos hasta que punto entroncado con el género humano) cuyas características morfológicas más pronunciadas son:
1) En el macho: Pecho tamizado de frondosa pelambrera, cuanto más vello posea, mayor valor ornamental y nivel de pureza de raza. En algunos ejemplares se ha llegado a comprobar que el tipo de pelo que cubría ampliamente el tórax, espalda y hombros era en realidad vello púbico. (Normalmente suelen llevar un crucifijo con un Cristo provisto de un GPS para que se oriente entre el denso follaje)
En la hembra:Suele presentar un cuadro de obesidad considerable. Pechos que pueden ser usados como tirantes. Vestidos amplios con cercos en las axilas. Enaguas y suspensorio de color carne, medias con más carreras que un lebrel.
2) El macho de la especie también presenta lo que algunos investigadores creen que es una malformación genética, un tamaño desmesurado de la uña del dedo meñique de su mano derecha. Se utiliza para diversas funciones de primitivo acicalamiento personal, por ejemplo: extracción de cerumen auditivo e igualmente sustracción de elementos extraños depositados en la dentadura tras la ingesta de alimentos. Estas funciones, ampliamente difundidas, son el resultado de un dilatado proceso de aprendizaje evolutivo.
El GUARRO/A PROFESIONAL: Utiliza una serie de signos distintivos para delimitar su espacio vital en el autobús y advertir a otros pasajeros de su presencia mediante señales eminentemente olorosas:
- Los cercos de sudor en las axilas se utilizan preferentemente para disuadir a otros pasajeros a asirse a la barra de donde pende colgado el guarro como un jamón. En verano, para más INRI, suelen colocarse frente a una de las salidas del aire acondicionado para que el efecto ventilador se encargue de expandir aún más su particular olor.
- También en época estival y especialmente en horarios vespertinos, el guarro profesional suele emplear señales onomatopéyicas que sirven para marcar su índice de jerarquía entre el pasaje del autobús. Así cuando sienten amenazado su asiento, se defienden profiriendo eructos que lanzan dilatando sus tráqueas cual pelícanos. Estos eructos suelen estar acompañados de regüeldos de función anestésica. Particularmente temido es el regüeldo gazpachero con alto contenido en ajo porro (castaño), cuyos efectos entre el pasaje pueden ser demoledores.
Se han realizado estudios sobre el baremo de peligrosidad de estos individuos mediante el análisis de la ropa íntima que utilizan tras varios días de uso continuado de la prenda. Lamentablemente el suicidio de parte del equipo de investigadores checo que llevó a cabo el experimento, que prefirieron ser rociados con ácido sulfúrico a ser expuestos a la contemplación de los suspensorios de los pacientes estudiados, ha retrasado la salida a la luz pública de los resultados de la investigación y que básicamente son éstos:
- Individuo temeroso: (base de la pirámide jerárquica) presenta una ropa interior en la que destaca una tinción de tonalidad amarillenta en la parte frontal del slip.
- Individuo Excitable: Multitud de máculas con diferentes escalas de relieve en la parte trasera del slip. Individuo fácilmente alterable y con episodios de intensa actividad aerofágica. Están abonados al “cuesco decapitado”, que es aquél al que se le corta la cabeza con un certero y leve movimiento de esfínter, evitando así su libre expulsión y el consiguiente ruido que ella genera.
- Individuo Agresivo: Ropa interior agujereada por continua incidencia de aparato eléctrico. Su slip puede ser empleado como arma de destrucción masiva.
Con éste último ejemplar es con quien me he encontrado esta mañana. Un tipo orondo, con unos pantalones que harían las delicias de Boris Izaguirre. Calcetines blancos con raquetas en rojo cruzadas y las tres bandas consabidas: negra, blanca y verde, acompañadas del pertinente zapato negro. Cabellera peinada al agua lacia sobre los hombros.
No han tenido el gusto de presentarle la colonia, y el desodorante no es que le abandonara, ¡es que nunca le encontró!. Está parado en medio de la escalerilla de acceso al autobús, yo estoy justo detrás de él. Sus glúteos fláccidos frente a mi rostro recién afeitado. De repente un ruido acuoso asoma sin disimulo de entre sus ropajes de popa ( su culo, hablando en román paladino) y una suave y hedionda brisa viene a mesar mis cabellos y a conferirle a mi faz un cierto deje de Otelo mañanero con sobre dosis de rayos uva. - ¡Habemus Papam!- digo en voz alta malhumorado sin que el andoba se diera por aludido. Hay risas en la escalerilla mientras el hongo tóxico se expande en racimo alcanzando a los de abajo.
El guarro de turno ya pende colgado de la barra del autobús, extrañamente hay un amplio espacio a su alrededor. Se pasa un dedo por debajo de la nariz de la que pendía un reguerillo blancuzco. Por fin arranca el vehículo. No sé si ha sido coincidencia, pero a pesar del viento huracanado de la mañana, no se me ha movido un pelo de la cabellera. ¡Si al final va a resultar que la higiene no es tan buena como la pintan!.
Aclarar quisiera.
No está en mi ánimo el ser pendenciero. Al andar no arrastro ruido de hierros, que en la silente noche, a la luz lóbrega de una tea que reverbera encendida en una sucia calleja, pudiera delatarme ante la purrela, ante los rufos que mercadean el disfrute ajeno del jardín de las delicias de alguna flor del mal que crece al pie de una farola.
No ejerzo de sicofante, porque poco puede delatar quien tiene por costumbre hablar a sotto voce y a la cara. Ni soy vocinglero porque amo el arrullo maleable del silencio y huyo del tufo mefítico de una verborrea a destiempo que emponzoñarlo pueda.
Ni se estila en mi sevicia alguna o querencia por la reyerta, que uno ha visto algo de mundo (poco, para que engañarnos) y lleva con orgullo en el cuerpo más perdigonadas dadas que tiros tiene pegados la bandera de Nápoles ( que diría mi hermano Ángel), suficiente experiencia, me temo, para administrar las justas refriegas.
Quiero quedar claro ante todo que siempre aceptaré una crítica a mis escritos, que me gusta creer que quien pierde su precioso tiempo leyéndome regala esas flores o esos dardos encendidos en los comentarios porque se lo dicta el ánima y no se recrea en una reiteración de adjetivos melíferos, ni regala lisonjas impregnadas de láudano mercenario simplemente para dejarse ver, porque no creo que esta bitácora sea la más transitada y por tanto la indicada para adquirir cierta notoriedad.
Ya os referí, que mi oficio menestral no es el de escribiente, aunque alguna sórdida y soterrada relación guarda. Escribo como terapia, porque a veces un silfo extraviado, al caer la tarde, me susurra al oído alguna historia que mi memoria de pez se ve obligada a plasmar rauda en el papel, sino quiero ver partir el cuento levantando el polvo del olvido.
Antes de atreverme siquiera a juntar letras, pasé un tiempo leyendo a escritores que vivieron o viven eternamente bajo el mecenazgo de las musas, lo que no sirvió en absoluto para que dejara de ser un iletrado que al menos mostraba cierta empatía con algunos autores y una querencia respetuosa por sus obras.
Cierto hermano mío, a quien ya mencioné en estas páginas virtuales, me dio siempre el aliento necesario para lanzarme a garabatear papeles. Me ayudó a desprenderme de ese miedo pusilánime que me atenazaba en un principio y en gran medida esta bitácora bebe las aguas de sus muchos ánimos y su constante apoyo.
Con ello quiero decir que no soy escritor, ni lo pretendo. No percibo remuneración alguna como hacen éstos por ejecutar con más o menos acierto su menestral oficio. No tengo mesada que recolectar por estas “perlas” que dejo olvidadas en esta agua cristalina que les sirven de lecho, y por tanto no veo la necesidad de plagiar a otros por el simple hecho de “publicar”, porque no me creo tan importante ni necesario para comparecer en esta tarima, en este escenario abierto en plaza pública y propalar con insana magaña un discurso que no es el mío. Porque haría de la platea cadalso y daría por finiquitado el asunto llevándome bajo el brazo el cartapacio donde guardo mis escritos.
¡ No haya más pendencia!, ¡Loor a la concurrencia que se deja ver por estos pagos!. Queda dado por zanjado el asunto del malentendido y son otros los mundanos quehaceres que ocupan mi mente y mi ánimo que resurge de las catacumbas vistiendo un sayo con lamparones de orín ( entiéndase aquí como símil de herrumbre, no es que tenga pérdidas mingitorias). Tapándose el rostro pues sus desacostumbrados ojos aún no están hechos al brillo irisado de este sol de abril.
Gracias a todos por vuestros encendidos ánimos para superar esta recaída mía en nicotinosos brazos, de momento sigo sin llevarme un pitillo a la boca.
No ejerzo de sicofante, porque poco puede delatar quien tiene por costumbre hablar a sotto voce y a la cara. Ni soy vocinglero porque amo el arrullo maleable del silencio y huyo del tufo mefítico de una verborrea a destiempo que emponzoñarlo pueda.
Ni se estila en mi sevicia alguna o querencia por la reyerta, que uno ha visto algo de mundo (poco, para que engañarnos) y lleva con orgullo en el cuerpo más perdigonadas dadas que tiros tiene pegados la bandera de Nápoles ( que diría mi hermano Ángel), suficiente experiencia, me temo, para administrar las justas refriegas.
Quiero quedar claro ante todo que siempre aceptaré una crítica a mis escritos, que me gusta creer que quien pierde su precioso tiempo leyéndome regala esas flores o esos dardos encendidos en los comentarios porque se lo dicta el ánima y no se recrea en una reiteración de adjetivos melíferos, ni regala lisonjas impregnadas de láudano mercenario simplemente para dejarse ver, porque no creo que esta bitácora sea la más transitada y por tanto la indicada para adquirir cierta notoriedad.
Ya os referí, que mi oficio menestral no es el de escribiente, aunque alguna sórdida y soterrada relación guarda. Escribo como terapia, porque a veces un silfo extraviado, al caer la tarde, me susurra al oído alguna historia que mi memoria de pez se ve obligada a plasmar rauda en el papel, sino quiero ver partir el cuento levantando el polvo del olvido.
Antes de atreverme siquiera a juntar letras, pasé un tiempo leyendo a escritores que vivieron o viven eternamente bajo el mecenazgo de las musas, lo que no sirvió en absoluto para que dejara de ser un iletrado que al menos mostraba cierta empatía con algunos autores y una querencia respetuosa por sus obras.
Cierto hermano mío, a quien ya mencioné en estas páginas virtuales, me dio siempre el aliento necesario para lanzarme a garabatear papeles. Me ayudó a desprenderme de ese miedo pusilánime que me atenazaba en un principio y en gran medida esta bitácora bebe las aguas de sus muchos ánimos y su constante apoyo.
Con ello quiero decir que no soy escritor, ni lo pretendo. No percibo remuneración alguna como hacen éstos por ejecutar con más o menos acierto su menestral oficio. No tengo mesada que recolectar por estas “perlas” que dejo olvidadas en esta agua cristalina que les sirven de lecho, y por tanto no veo la necesidad de plagiar a otros por el simple hecho de “publicar”, porque no me creo tan importante ni necesario para comparecer en esta tarima, en este escenario abierto en plaza pública y propalar con insana magaña un discurso que no es el mío. Porque haría de la platea cadalso y daría por finiquitado el asunto llevándome bajo el brazo el cartapacio donde guardo mis escritos.
¡ No haya más pendencia!, ¡Loor a la concurrencia que se deja ver por estos pagos!. Queda dado por zanjado el asunto del malentendido y son otros los mundanos quehaceres que ocupan mi mente y mi ánimo que resurge de las catacumbas vistiendo un sayo con lamparones de orín ( entiéndase aquí como símil de herrumbre, no es que tenga pérdidas mingitorias). Tapándose el rostro pues sus desacostumbrados ojos aún no están hechos al brillo irisado de este sol de abril.
Gracias a todos por vuestros encendidos ánimos para superar esta recaída mía en nicotinosos brazos, de momento sigo sin llevarme un pitillo a la boca.
C10H14N2
¡Mira que eres puta!. Justo cuando te tenía olvidada, cuando eras un recuerdo que dormitaba en el fondo de los estantes de la memoria. Reapareces de nuevo con tu gabán color ceniza.
Agazapada, siempre acechante, esperando el momento preciso, el contexto situacional, la daga fría que se desliza, cada anochecer de fin de semana, por la garganta en forma de elixir de alta graduación.
Tus ojos glaucos clavados en mi sombra, sabes que soy débil, que mis charlas se alimentan de recuerdos que te tuvieron presente. Protestabas histéricamente porque te ignoraba a propósito, porque te hacía el vacío y tu ego primitivo y resinoso no aceptaba el no ser el centro de atención.
Me exilié del lazareto de los apestados. Un día, mientras me miraba al espejo, un líquido amarillo y espeso cayó de mi nariz y supe que había llegado el momento de ponerte cerco. Levanté una empalizada con retazos de amor propio. Busqué en el vademécum de las excusas, de los pretextos. Me dormía escuchando mi respiración agitada. Me abracé a esa fe que no tengo, desasí los nudos de mi garganta. Todo me parecía poco para tenerte lejos.
Pasado un tiempo, al fin respiré tranquilo. Me libré de tus besos con lengua de cianuro, de tu hedor cuando me cogías la mano, de la ictericia en mis dedos. Fue como si nunca hubieras estado. Te relegué a ese lóbrego lugar donde entierro mis secretos más oscuros. Por fin me sentí libre de tus ataduras, de la esclavitud que me impusiste durante años y de la que no era consciente.
Por una vez me sentí orgulloso de mí mismo, serví de espejo a algunos amigos. No eché de menos las noches contigo, cuando volvíamos a casa arrastrando ese olor a cenicero viejo en la ropa. Mi corazón latía con fuerza y sentía el tránsito de una sangre nueva fluyendo por mis venas. Adelgacé pese a condenar a mi ego a una obesidad mórbida. Supe apagar el humo de mi pira antes de arder en el infierno de los mártires.
Ayer volviste de repente, encendiendo todas las luces rojas de alarma. Conjugaste el presente aprovechándote de un pretérito imperfecto. Volviste a tomarme de las manos, a besarme con tu lengua pastosa.
Te juro que volveré a vencerte, venderé mi alma en el empeño. Vieja meretriz que has besado tantas bocas, me olvidé de tu nombre de guerra y ahora lo vuelves a grabar a fuego en mi garganta y me lo deletreas lentamente en el oído – N- I- C- O- T- I- N- A..- Dices cruelmente, mientras clavas tus garras de humo en mi pecho.
LA FASCINANTE VIDA SEXUAL DEL CHANQUETE SALVAJE
Quien haya querido adivinar la temática de este infecto escrito entroncándolo con las pretéritas evoluciones sexuales del fenecido Antonio Ferrandis en aquella famosa serie de "caspa y ensayo" que fue "Verano Azul", se equivoca de pleno. ¡Ojo!, y no porque el entrado en carnes "Chanquete" ( el de la serie) no hubiese podido entablar carnal ayuntamiento con, por ejemplo, esa mojigata redomada de Julia la pintora ( ¡ mira que era lánguida la pobre!, vivía instalada en la nostalgia, parecía sacada de la portada de un disco de Cecilia), y es que hay mujeres, como sospecho esa Julia, que es mentarles la mar y ver un traje de marino ( aunque sea el de la Primera Comunión) y se les caen dos lágrimas. Pero como decía, antes de esta barroca y macarrónica exposición, no es este el tema sobre el que versa esta nueva muestra de literatura (eufemismo, entiéndase!!) lisérgica, de licuefacción neuronal.
El Chanquete Salvaje ( Chanquetus pajilleris), es uno de los pececillos más promiscuos que pueblan el océano. Provisto de un enorme ( comparado con el resto de su anatomía) pene de forma helicoidal, se entrega a toda clase de prácticas insanas y allí donde encuentra oquedad susceptible de ser taponada, allí que, como el que no quiere la cosa, introduce su adminículo amatorio. Dentro de la familia del chanquete salvaje existen varias subespecies, por ejemplo:
- El Chanquete Loco Mía: Se caracteriza por tener una aleta dorsal en forma de abanico ( de ahí recibe el nombre), la puede contraer y extender a voluntad. También es característica de esta especie la expulsión de pequeñas manchas de aceite acompañadas de unos guiños de ojos, estilo Marujita Díaz, cuando se encuentran con algún macho del género pajilleris.
- El Chanquete Farruquito: El más estilizado de la especie, tiene unos característicos caracolillos que le asoman de las branquias y una pequeña mancha en mitad del pecho que recuerda a una medalla de la Virgen de la Macarena. En cuanto oye a un par de almejas abrir y cerrar las conchas se arranca a bailar por bulerías y fandangos, hace diabluras si hay algún camarón cantaor entre la concurrencia.
- El Chanquete aburrido: Vive entre las ostras ( de ahí el nombre), es igual de fogoso que su pariente el chanquete salvaje y en cuanto tiene la oportunidad y ve que una ostra abre esa boquita que tienen a lo Carmen de Mairena, allí que introduce su aparato. Acompaña el rápido movimiento con un silbido característico. Pero las ostras no son tan permisivas como sus primas las almejas y en cuanto notan el pinchazo cierran de un golpe sus conchas, por eso si alguna vez ha visto una perla con pelos... ejem.
El Chanquete Salvaje, es especialista por ejemplo en desalojar de sus caracolillos ( que les sirven de morada) a los cangrejos ermitaños, para ello utiliza un viejo truco que sin duda habrá asimilado gracias a siglos de aprendizaje evolutivo. Una vez localizado el cangrejo de marras que se parapeta en su caracola, de la cual sólo asoma sacando su cabeza y las pinzas, el chanquete salvaje, en una maniobra envolvente, coloca cerca de su víctima una caracola mayor que la que le sirve de morada a éste. Ya se sabe que la envidia es el mal de nuestros días y de ella no está exenta ni el reino marino. Una vez el cangrejo se ha dado cuenta de la bonanza de la nueva residencia, recoge sus escasas pertenencias y procede a instalarse en la nueva morada.
Con la particularidad de que nuestro héroe ( el chanquete, se entiende) se ha introducido previamente en la caracola y espera recostado en la pared y con un cigarrito aflorándole de la comisura de los labios a que plácidamente se instale el cangrejo ermitaño, canturreando aquella tonada de " fumando espero..." que ya hiciera célebre Sara Montiel en el Medioevo.
Cuando el molesto molusco (por la mudanza, se entiende), toma posesión de su nuevo hogar lo hace introduciéndose de espaldas (es un decir) y de golpe, para así poder defenderse con las pinzas del posible ataque frontal de un enemigo. Es entonces cuando la víctima recibe la llave cárnica de bienvenida a su nueva vivienda y tras el puyazo de órdago en el “hoyo de las agujas” le quedan el orto como la bandera de Japón. Se han dado casos en que de la acometida dada por el chanquete, el cangrejo ha salido despedido desprovisto de su armadura como impúdica gamba de cóctel.
Otras de sus víctimas favoritas son las gambas con gabardina (gambas exhibicionistas).
Una de las características más sobresalientes de este pececillo trotón, es que mantiene una relación particular de proxenetismo con las almejas, que se pasan más horas abiertas que una tienda de comestibles regentada por chinos. Así cuando algún mejillón taciturno que ha bebido como una esponja se niega a pagar los servicios prestados por la almeja de turno, el chanquete le presenta sus credenciales haciéndole “el salto del tigre” con doble tirabuzón. De ahí que si ven ustedes en la pescadería un cartel que diga “mejillones tigre”, deben deducir que el nombre no se debe a la ferocidad, impropia de los moluscos, sino a que han sufrido en sus carnes el arponeo de este genital discípulo de Longinos.
Pese a tener una agitada vida sexual, el chanquete salvaje también se caracteriza por un desarrollado intelecto y ha elaborado un amplio y complejo vocabulario para manifestar su predisposición o no a la cópula. Por ejemplo una apertura de boca con una burbuja expulsada significa: "hoy no ando fino". Dos aperturas de boca y dos burbujas expulsadas: "voy más caliente que el pistón de un Jumbo" y el tercer gesto característico suele hacerlo soplándole en la nuca a su víctima por lo que desconocemos la parafernalia previa, aunque no dudamos de su rotundo significado.
El tema es que me han regalado uno de estos pequeños pececillos fusiformes o faloformes ( según se mire) y se me ocurrió meterlo en mi pequeño acuario en donde guardo algunos ejemplares que he recabado en mis muchos viajes por la mar océana. Pero el caso es que desde que el nuevo inquilino ha llegado, la piraña (este era otro que salía en la serie que mencionamos al principio) se me ha quedao más flaca que el Pancho ( sí, er nota ese que era un quinqui, un pelúo, que también salía en la serie esa y se pegaba un día en la playa con el Javi porque quería llevarse al huerto a la Bea, que estaba mú güena y tenía una amiga que se llamaba Desi y que hablaba mú raro como si tuviera metía en la boca una morcilla de Burgos)... retomamos.
Decía, antes de la ida de pinza, que la piraña está anoréxica perdida con su traje de Pertegaz de escamas y ha perdido algunos molares y caninos ( la muy perra). El caballito de mar que tenía se ha vuelvo pony trotón y anda todo el día desfondado, sólo relincha como jamelgo viejo y nada que se las pela cuando ve desperezarse al chanquete al empezar la jornada. Para colmo tenía una figura de un buzo que disimulaba la toma de oxígeno del acuario y el muy bestia del chanquete le arrancó la escafandra de cuajo en una furiosa y carnal acometida y ahora el pobre buzo tiene que conformarse con una inmersión a snorkel y eso que er nota es exfumador y tiene los pulmones como dos lentejas. Pero la que peor lo pasa es la anguila eléctrica con la que antes me ahorraba un dinerillo apurando mis lecturas por la noche cerca del acuario, ahora presa del estrés se me revela dando menos luz que un mechero en un concierto de Camela ( por el ángulo que adopta, se entiende).
La culpa la tienes tú Alicia, por sacarme estos temas de conversación una madrugada de sábado.
LAS OTRAS HOJAS MUERTAS
Declina la tarde y sobre una plazuela concurrida se alzan casas que la circundan. En el ala derecha de la misma y en balcón suspendido, entre geranios y rosas silvestres está una mujer mirando desde una ventana. Su vista perdida al final de la plazuela, donde se alza otro balcón en el que un hombre se adivina, pues su sombra se recorta a la luz de una lámpara, en la oscuridad de la tarde.
Don Alonso.- Saca de un bolsillo una carta que acaba de recibir. El sobre no tiene remite, pero desprende un tenue olor a rosas recién cortadas. La abre y empieza a leer.
Carta de Dolores.-
Esta carta que ahora tenéis en vuestras manos, la llevé yo en mi pecho largo tiempo y sospecho que la tinta que la adorna se ha insuflado de la sangre de mi corazón, del calor de mi pecho, y los rasgos pronunciados de mi grafía se deben al palpitar alocado de un corazón que por vos muere.
Noble Señor por vos profeso un amor desbocado y haciendo honor a mi nombre me retuerzo como el estertor último de la sierpe solamente al contemplaros.
En la mañana cuando os veo salir de vuestra casa atravesando la plazuela, llena del bullicio de las gentes que pululan, imagino que venís a buscarme y llamáis a la puerta de este torreón solitario en donde vivo. Porque aunque vivan junto a mí, mi madre y mis dos hermanas, mi corazón está solo sin vos, más si lo acompañase un regimiento entero seguiría sulfatándose en este olvido al que lo habéis confinado.
Cuantas veces he soñado tocar vuestras manos que presumo cálidas y ponerlas en mi pecho para que vos también oigáis el alocado engranaje que chirría falto de unos besos lúbricos. En vuestros ceremoniosos ojos de un verde profundo que se diluyen en un rostro bondadoso, he soñado muchas veces que me bañaba y ungía mi cuerpo de verde aguamarina. Pero al salir de estas ensoñaciones veía la triste realidad en que me hallaba, los negros grajos volando en torno a la torre que se levanta paralela a vuestra ventana y el ojo ciego y blanco del reloj que tantas veces he oído en la madrugada sin poder conciliar el sueño, sintiéndome presa de mis sábanas, que me abrazaban como quisiera que hicierais vos.
Y ahora en estos días grises de otoño mientras la lluvia resbala en los cristales de mi ventana y a veces el viento aúlla y mece las copas desnudas de los árboles, pego mi cuerpo a mi ventana, como la mosca que espera un resquicio para entrar al calor del hogar y os intuyo a través de las gotas de lluvia, aparecéis caleidoscópico, recortado también en vuestra ventana, iluminada la estancia por un quinqué.
Mientras en la calle el sereno con su larga vara enciende las lámparas de gas y los viandantes últimos buscan el refugio de sus casas, yo os imagino leyendo esta carta, escrita con la sangre de toda una vida, con la sangre que he robado de un débil corazón, que por vos palpita.
He de despedirme, ¡pero cuesta tanto!. Volveré a mis oscuros desvelos, a mis noches de obligado insomnio. Sin más me despido deseando veros pronto y que Dios os guarde, tal es mi deseo.
Suya siempre.
Dolores.
Al fin la noche extiende su negro velo. La plazuela está desierta, algunas hojas secas se arremolinan en torno a los pies de los faroles, una lluvia liviana cae incesante. Se empiezan a encender las luces en el interior de las casas, las ventanas parecen celdas de un panal monocromático.
El sonido de un piano se filtra melancólico surgiendo de algún balcón vecino. El mundo se envuelve en la sombra; sombra que es patrimonio de los borrachos, de las prostitutas, de los poetas y bohemios. Y allí parado en la misma ventana, don Alonso continúa mirando la misiva y de vez en cuando alza su rostro y pierde su vista a través de los cristales, escrutando la noche y las ventanas vecinas, que ya empiezan a apagarse para dejar sumidos en sueños a los seres que continuamente las abren. Algunos gorriones ateridos se amontonan en las copas de los árboles, imberbes de hojas, y parecen murmurar como quejándose de la cercana presencia de un vecino inoportuno.
Don Alonso deja de mirar la carta, la arruga apretándola fuertemente, luego la hace pedacitos y la arroja al fuego encendido que crepita como agradeciendo el nuevo combustible.
En alguna parte no muy lejos de allí, también se ha partido en pedazos un corazón enfermizo por un amor no correspondido.
"... No hay reposo ni guarida para tu breve fulgor, incierta hoguera aterida". Amor Nómada. Carmen Martín Gaite
UN CAMALEÓN BAJO LA LLUVIA
El hombre con ojos de camaleón se lamentaba en un rincón del bar. Hundía su rostro entre sus hombros y el flequillo le caía lánguido sobre la frente. Fumaba deprisa y a veces la fumata blanca del humo de su cigarrillo, al metérsele en los ojos, anunciaba el nuevo papado de una lágrima. Parecía perplejo, quizás se preguntara por qué las cervezas saben a soledad, mientras se llevaba aquel zumo espeso de malta a la boca. Había un silencio extraño en el café, un silencio de tarde de domingo, en las que se inventaron los velatorios. Apenas un murmullo revoloteaba en al aire como si la gente contuviera el aliento para no respirar el hedor del difunto fin de semana. Sólo el reloj de pared, agujereado de carcoma, se hacía oír con su tic tac inexorable.Al hombre con ojos de camaleón le quedaban pocos días de vida. Eso le espetó un galeno taciturno una mañana de lunes, bajo una luz cenital que anunciaba el purgatorio.
Dejó de remover la cerveza con un palillo para hacer espuma y me miró con ojos de vidriera de catedral.
- No sabría decirte las horas que llevo aquí sentado, parece que formara parte del mobiliario – me dijo con voz de muñeco roto y una extraña mueca en la cara. Cogió su gabardina y hundió el cigarrillo en el cenicero.
- Adiós, no me llames, yo te encontraré – y estrechó mi mano débilmente. Noté un sudor frío recorriendo la palma de su mano y los nudos retorcidos de sus venas. Atravesó el pequeño pasillo levantando un polvo antiguo a su paso, un extraño aura le acompañaba y le daba apariencia de ser seráfico.
Todavía no estaba muy lejos cuando casi le grité – hay una calle aquí cerca donde un hombre dibuja sonrisas en caras de los transeúntes. – El se giró, parecía algo confundido -¿ y quién quiere una sonrisa?, preguntó extrañado.
Se marchó cerrando la puerta de un golpe, la pequeña campanilla que pendía sobre ella empezó a sonar violentamente. A través del enorme ventanal pude ver que afuera lo esperaba un coche de lunas tintadas. El cristal del copiloto se bajó y vi el rostro de un insecto que sonrío al hombre con ojos de camaleón. Le habló con un zumbido y ambos rieron.
Cuando salí del bar, con la misma borrachera triste, la tarde era un plomillo de pesca suspendido en un cielo de aguas negras. Empezó a llover y la gente corrió a guarecerse a los soportales. Corrí calle abajo sorteando los árboles plantados en la acera. Al cruzar una esquina vi en un callejón el cuerpo de un hombre tendido en el suelo, le habían disparado entre ceja y ceja. Todavía flotaba en el aire el olor de la pólvora y la sangre espesa, pese a la lluvia, le había calzado un antifaz. Reconocí aquella gabardina sobre la que la lluvia trazaba meandros de formas caprichosas. Me acerqué para identificar el cadáver; era el hombre que dibujaba sonrisas en la cara de los transeúntes.
EL PROYECTO "FÍGARO V. 1.0"
El pentágono, (que desde el 11-S es un cubo, no sé por qué se empeñan en seguirle llamando pentágono) ha ofrecido 12 millones de dólares ( unos 9 millones de euros) a los investigadores que consigan construir un robot capaz de realizar operaciones quirúrgicas en pleno campo de batalla. Alentados por esta gran noticia, el Comité Científico de la Orden Cerumítica, reunido en pleno, ha decidido presentarse a tamaño concurso y ha puesto a trabajar (es un decir) a sus más nocivos cerebros esponjiformes con el objeto de construir el robot cirujano-barbero "Fígaro V.1.0".Para ello pusieron en marcha el secuestro de uno de los más famosos investigadores en el campo de la robótica y la nanotecnología el eminente doctor Von Sai. En un principio se trasladaron a Holanda en su busca ( por el apellido creyeron que era de esa nacionalidad), pero cuando lo encontraron en Japón, les sorprendió la corta estatura del sujeto, su ictericia galopante y sus ojos rasgados que delataban que era presa de una intensa gastroenteritis, además de expresarse en un idioma gutural que para nada recordaba al holandés, más bien a un intento de arrancar una Suzuki 650 c.c. con perla incluida.
El doctor Von Sai opuso una fiera resistencia a la célula secuestradora, se atrincheró tras un biombo de papel de arroz armado con un cortaúñas "King-Size" mientras profería toda clase de amenazas gitanas contra sus raptores. Lograron finalmente convencerle para que se entregara, tras amenazarle con circuncidar a su caniche con un pelo de sierra para marquetería delante de sus ojos.
El proyecto de "Fígaro V.1.0" ha visto la luz, tras varios meses de ingente trabajo. Se trata de un robot cirujano-barbero que es capaz de intervenir a un herido en el campo de batalla al mismo tiempo que, por ejemplo, le iguala las patillas al paciente o le rasura la barba o le da mechas, etc. Todo ello con una precisión milimétrica que ha sorprendido a los gerifaltes del Pentágono. Y eso que en su presentación al público (antes de ser mostrado al pentágono) y en una simulación de operación para la que se prestó el famoso actor porno John Cinojo, (el mismo que protagonizó las parodias de películas famosas "El Señor de los Frenillos" y "El Guardanalgas"), el chip que produce el movimiento de los brazos robotizados sufrió un cortocircuito que provocó un zarandeo violento de dichas extremidades articuladas, que involuntariamente causaron la amputación del arma de trabajo del famoso actor.
Mientras éste se retorcía en el suelo del desierto del Gobi, donde se realizó la prueba, la unidad "Lazarus Vivitus", (consistente en un pequeño adminículo al que va adosado un espejo que se coloca sobre el rostro del herido para comprobar que todavía respira), al desplegarse sobre el rostro del compungido actor, provocó el llamado "efecto lupa", dejando el careto del sujeto del color de un bistec tártaro.
Solucionados estos pequeños inconvenientes, y tras la preceptiva indemnización al bueno de J. Cinojo, al que se le prometió participaría en la próxima película de Steven Spielberg "Fimosis III, el Faraón Eunuco", el proyecto fue finalmente exhibido ante la cúpula del Pentágono, quienes pudieron comprobar como el robot suturaba la herida de un enfermo realizándole un dibujo con punto de cruz en el que se podía apreciar la cara de George Washington, lo que provocó un sonoro aplauso entre la concurrencia y que finalmente el proyecto "Fígaro V.1.0" se adjudicase el concurso.
En cuanto a sus habilidades como peluquero, el robot ha sido equipado con un potente software en el que se ha sintetizado las más actuales técnicas de alta peluquería. Para ello se contó con la ayuda de dos de los mejores peluqueros de este país, el de la Duquesa de Alba, que dispone de mucho tiempo libre y el peluquero de "Las Supremas de Móstoles".
No se sorprendan por tanto, si en una de esas imágenes idílicas que nos muestra el telediario a mediodía, mientras probamos las pitanzas que buenamente ha elaborado nuestra parienta o pariente, mostrando toda clase de casquería fina, evisceraciones, amputaciones traumáticas con chorros sanguinolentos llenando el objetivo de la cámara, ven evolucionar entre los heridos al robot cirujano-barbero "Fígaro V.1.0". Lo reconocerán porque en misión humanitaria luce una bandera de España en uno de sus glúteos robotizados y trabaja con música de fondo, para hacer más llevadera al herido su operación ( ahora mismo trabaja bajo el compás de "Paquito el Chocolatero" versión de King África, en los casos realmente graves sirve para acelerar el óbito del paciente).
En fin, otra contribución más de la Orden Cerumítica para que este sea un mundo "más mejor".
P.D: ¿Se pueden volatilizar 12 millones de dólares en un solo fin de semana?, ¿ se puede metabolizar tanto alcohol?, no duden de que nuestros hígados adiposos están prestos a afrontar tamaña prueba, nos debemos al empirismo puro y duro. Un abrazo para todas/os, que me perdonen los bitacoreros a quienes no he contestado debidamente, pero que prometo leeré atentamente en sus respectivas bitácoras y os deseo un excelente fin de semana. Nos vemos/ olemos el lunes, si es que aún sigo en este mundo.





