SOBRE LANCES FOLLETINESCOS
Bajan revueltas, de un tiempo a esta parte, las procelosas aguas por las que navega el mundo literario. Hace algo más de un mes, Arturo Pérez Reverte, en su parcela reservada “Patente de Corso”, en el Semanal del grupo “El Correo”, publicaba un incendiario artículo en el que arremetía contra Francisco Umbral por un comentario que éste había realizado sobre su persona, en la entrega del polémico premio Planeta de este año. Umbral propalaba que la novela ganadora, escrita por María de la Pau Janer, "es la novela sin estilo, pero tampoco Pérez-Reverte tiene estilo y no se le critica por ello".
Reverte, emulando a ese hijo literario suyo que la he dado fama mundial y que no es otro que el Capitán Alatriste, no ha tardado en reaccionar y ha metido mano a la vizcaína, dispuesto a reducir a jirones el apolillado coleto de Umbral. No tiene desperdicio la perla que don Arturo ha sacado de las profundidades de esos mares por los que navega, y en el artículo que dedica a su colega de armas, se incluyen frases cargadas de -como a él mismo le gusta decir- “posta lobera” que a buen seguro habrán hecho mella en la enjuta anatomía de don Francisco.
Es ampliamente conocido el torvo carácter umbraliano, que como el de su fenecido amigo Cela, busca llamar la atención por la herrumbrosa vía del escándalo y lo que resulta curioso es que en el personaje, hasta tiene su gracia y hay una nutrida cohorte de palmeros que esperan el exabrupto del genio para plegarse en genuflexiones loándolo hasta la náusea.
Reconocido - aunque en contadas ocasiones- mentor de entre otros Manuel de Prada (de quien se deshizo en elogios al publicar éste su primera novela y de quien reniega en la actualidad tras mantener con él una agria polémica) Umbral, raramente ha amparado bajo su rala sombra de mecenazgo a los nuevos "novilleros" literatos. Más que apoderado ha oficiado de avieso picador. Más que aplausos, se ha prodigado en hincar la puya hasta el hueso.
Así es Umbral, un caprichoso carpintero con el don de transmutar el altar en cadalso cuando, por extrañas cuitas del destino, el personaje al que encumbró deja de caerle en gracia.
Recuerdo que no ha mucho, en el periódico Hoy, apareció otro artículo que hablaba de Umbral. El que lo escribió, creo recordar, era un periodista extremeño que había viajado a Madrid por razones de trabajo y que acudió a una comida a la que también estaba invitado Umbral. Inevitablemente surgen corrillos de comensales y Umbral al enterarse de la procedencia del periodista, espetó a los allí concurridos con esa voz cavernosa y carente de emoción alguna: “Extremadura es como Marte pero con cabras”, lo que provocó la risa de los allí reunidos, incluida la del periodista extremeño, lo que soliviantó aún más al escritor, que únicamente busca la respuesta airada del que ha sido asaeteado por sus dialécticos dardos.
En cuanto al artículo de don Arturo, miembro de la Real Academia de la Lengua y escribiente que goza del beneplácito de público y buena parte de la crítica, creo que le sobra pólvora, mala ostia e incluso navajeo portuario a la hora de acusar a Umbral de bajeza moral, como cuando le espeta: “... O a insultar y señalar con el dedo a antiguas amantes y a mujeres que le negaron sus favores; aunque esto lo hace sólo cuando no pueden defenderse y sus maridos están muertos o en la cárcel".
Reverte peca de anacrónico, como su taciturno Alatriste, arrojando en este lance quevediano ( que parece más propio de una noctámbula refriega de burdel, de un fatuo bodevil de tres al cuarto) su guante al gongorino rostro de Umbral. Y todo don Arturo porque le han mentado el estilo.
Dice Reverte que da por zanjado el asunto, pero en el fondo, se le revuelven las tripas al ver que Umbral disimula la afrenta pagándole con la más cara y gravosa de las monedas; el silencio.
Reverte, emulando a ese hijo literario suyo que la he dado fama mundial y que no es otro que el Capitán Alatriste, no ha tardado en reaccionar y ha metido mano a la vizcaína, dispuesto a reducir a jirones el apolillado coleto de Umbral. No tiene desperdicio la perla que don Arturo ha sacado de las profundidades de esos mares por los que navega, y en el artículo que dedica a su colega de armas, se incluyen frases cargadas de -como a él mismo le gusta decir- “posta lobera” que a buen seguro habrán hecho mella en la enjuta anatomía de don Francisco.
Es ampliamente conocido el torvo carácter umbraliano, que como el de su fenecido amigo Cela, busca llamar la atención por la herrumbrosa vía del escándalo y lo que resulta curioso es que en el personaje, hasta tiene su gracia y hay una nutrida cohorte de palmeros que esperan el exabrupto del genio para plegarse en genuflexiones loándolo hasta la náusea.
Reconocido - aunque en contadas ocasiones- mentor de entre otros Manuel de Prada (de quien se deshizo en elogios al publicar éste su primera novela y de quien reniega en la actualidad tras mantener con él una agria polémica) Umbral, raramente ha amparado bajo su rala sombra de mecenazgo a los nuevos "novilleros" literatos. Más que apoderado ha oficiado de avieso picador. Más que aplausos, se ha prodigado en hincar la puya hasta el hueso.
Así es Umbral, un caprichoso carpintero con el don de transmutar el altar en cadalso cuando, por extrañas cuitas del destino, el personaje al que encumbró deja de caerle en gracia.
Recuerdo que no ha mucho, en el periódico Hoy, apareció otro artículo que hablaba de Umbral. El que lo escribió, creo recordar, era un periodista extremeño que había viajado a Madrid por razones de trabajo y que acudió a una comida a la que también estaba invitado Umbral. Inevitablemente surgen corrillos de comensales y Umbral al enterarse de la procedencia del periodista, espetó a los allí concurridos con esa voz cavernosa y carente de emoción alguna: “Extremadura es como Marte pero con cabras”, lo que provocó la risa de los allí reunidos, incluida la del periodista extremeño, lo que soliviantó aún más al escritor, que únicamente busca la respuesta airada del que ha sido asaeteado por sus dialécticos dardos.
En cuanto al artículo de don Arturo, miembro de la Real Academia de la Lengua y escribiente que goza del beneplácito de público y buena parte de la crítica, creo que le sobra pólvora, mala ostia e incluso navajeo portuario a la hora de acusar a Umbral de bajeza moral, como cuando le espeta: “... O a insultar y señalar con el dedo a antiguas amantes y a mujeres que le negaron sus favores; aunque esto lo hace sólo cuando no pueden defenderse y sus maridos están muertos o en la cárcel".
Reverte peca de anacrónico, como su taciturno Alatriste, arrojando en este lance quevediano ( que parece más propio de una noctámbula refriega de burdel, de un fatuo bodevil de tres al cuarto) su guante al gongorino rostro de Umbral. Y todo don Arturo porque le han mentado el estilo.
Dice Reverte que da por zanjado el asunto, pero en el fondo, se le revuelven las tripas al ver que Umbral disimula la afrenta pagándole con la más cara y gravosa de las monedas; el silencio.